Mil perdones por la tardanza, chicos. Habría jurado y perjurado que ya había subido este capítulo. El 2015 fue un año extraño y no he escrito ningún fanfiction más que este.

A final, tal como pensé, será una historia de tres capítulos (en el siguiente verán por qué)

Advertencia: Lime por el momento 1313


II

Le costó trabajo dormir la primera noche después de presenciar la escena amorosa entre Alfred y Li Hua. A la mañana siguiente se presentó a clases sin pegar un ojo. Tuvo la suerte de comprender todas las materias del día, pero sabía que tenía que superar haber metido sus narices dode nadie lo llamó, porque el recuerdo de la escenita no se le iba a olvidar tan fácil, ni a él ni a ellos.

En el fondo sentía ansiedad por saber si Li Hua perdonaría a Alfred por haberla hecho protagonizar aquel bochornoso incidente: él le gustaba, sí, pero odiaba la idea de causarle problemas con la chica que con la que ligaba solo para verlo disponible de nuevo. No era un niño para desear cosas como esa. Además, soltero o comprometido, Alfred seguía siendo hetero. Esa era la raiz del problema.

El teléfono sonó en sus bolsillos.

― ¿Sigue en pie lo de esta tarde? ―oyó la voz tsundere de Arthur al otro lado de la línea. Sonrió apaciblemente mientras lo escuchaba―. Voy a estar esperándote después de clases, por si no lo recuerdas. ―No lo había llamado desde su último encuentro. Normal que sonara defensivo.

―Por supuesto, Arthur-san. Iré tan pronto termine las clases de hoy.

Guardó nuevamente el teléfono en su bolsillo. Esa era la señal indicada de que tenía mejores cosas que hacer que pensar en su compañero de vivienda.

XOX

Cuando llegó a casa esa noche no se encontró con Alfred en la sala de estar. Ni en ninguna otra parte. Supuso que tal vez había hecho las pases con Li Hua y ahora habían salido a celebrar el acontecimiento como solían hacerlo los occidentales. Eso o ambos estaban teniendo una reunión privada en casa de de ella para evitar malos entendidos como los que causaron el conflicto inicial.

Sacudió la cabeza con fuerza inmediatamente. No era de su incumbencia lo que esos dos hicieran. Cansado y suspirando por la lentitud con la que parecía ir su romance con Arthur, subió a su habitación sin cenar porque el apatito se le había esfumado. Apenas llegó a su habitación cerró la puerta con llave y se echó sobre la cama agradecido de no sentir la usual dureza del futón.

No entendía. Era obvio que le gustaba a Arthur y le había dado a entender a él que era correspondido implícitamente en más de una ocasión, de la forma más sutil e implícita posible, pero el joven inglés poco parecía captarlo. O peor aún, disimulaba bastante bien su deseo. Sabía que si no era correspondido hace mucho que Arthur se habría alejado con sus primeras insinuaciones ―los casuales roses con las manos cuando recibían algo del otro, la prolongada mitada que se sostenían, la agitada respiración que los invadía cuando sus rostros estaban demasiado cerca...―. No. las señales eran más que evidentes.

¿Por qué su caballero inglés no daba el primer paso? ¿O es que acaso estaría esperando a que él lo hiciera? Sonrió un poco ante lo gracioso que eso le parecía. Era evidente que no se imaginaba a sí mismo haciendo eso: dar el primer paso, tomar la iniciativa.

Era un madito pasivo en más de un sentido.

Se quedó mirando el blanco del techo y se dio cuenta de un problrma más inmediato que sus relaciones amorosas: dormir. Necesitaba dormir y no podía. En su juventud cuando deseaba dormir se masturbaba pensando en chicos de su instituto que le parecían atractivos, y de vez en cuando esos chicos se convertían en sus personajes 2D favoritos de sus propios mangas personales, bien guardados en sus cuadernos de de dibujo que después quemaba por miedo a ser descubierto. Metió la mano en su pantalón y cogió su miembro semierecto.

Trató de evocar las mismas imágenes de sus arruinados trabajos que no alacanzarona ver otros ojos que los suyos, pero todo en lo que podía pensar era en Alfred encima de Li Hua en la Sala de Estar. Se concentró un poco más en esa imagen mental apretando los ojos con fuerza y agitando el bulto entre sus manos con mayor vigor.

De pronto, se dio cuenta de que en su mente que quien estaba abajo de Alfred no era Li Hua, sino él, el tímido KiKu Honda. El chico que venía de intercambio al cual aquel delicioso arquetipo americano amasaba sus partes íntimas que ya no estaban cubiertas por sus calzoncillos. Era él al que el chico rubio tocaba como si fuera su dueño y al cual estaba abriendo de piernas de par en par mientras usaba el líquido presiminal que se le escurría de la punta para lubricar su estrecha entrada antes de partirlo por la mitad con ese miembro duro en el cual no había dejado de pensar desde que había tenido la oportunidad de ver en plena errección en esa ocasión.

«Te va a doler como el infierno», le susurraba el Alfred imaginado al oído. Su única respuesta fue acorralarlo con sus piernas para asegurarse de que se lo metiera bien a fondo.

Oh sí.

Oh por Dios sí ¡sí!

«¡Oh, mi Dios!», pensó mientras se apresuraba a encender la lampara de noche para comprobar cómo su otra mano estaba cubierta de su esperma que acababa por escucrrirse hasta las sábanas.

En su mente existía la contradicción de saber que terminaba de tener el orgasmo más fuertedetodo su vida, pero también en el que más había hecho un desastre. Se apresuró a cambiar las sábanas e ir con ellas al cuarto de lavandería antes de que Alfred llegara. Para su fortuna no había pista de su presencia y el resto de la casa seguía a oscuras. Se había ahorrado todo el mal rato del interrogatorio camino a la lavandería para su suerte. Cuando ya había dejado las sábanas dentro y la máquina echó a andar, se permitió pensar acerca de su fantasía más reciente.

¿Cómo iba a ver a Alfred a la cara desde ahora? Primero aquel bochornoso encuentro y ahora esto. No todos los días uno fantasea con su compañero de vivienda y va coo si nada por la casa que comparten. No quería hacerle eso al pobre chico. No se lo merecía: no era su culpa ser del gusto de su compañero gay de closet y lo que menos deseaba era causarle molestias después de lo bien que se había portado desde que cruzó por primera vez en la puerta de su hogar.

No podía ser un cretino ingrato después de eso.

XOX

―Tenemos que hablar ―Alfred salió de la nada asomándose a su habitación mientras leía uno de sus mangas. Por su cara de incomodidad, era evidente que se trataba de un tema incómodo para él.

Lo primero que pensó Kiku fue que se había enterado de todo de alguna forma ―aunque no sabía cómo ni cuál―. Sudó a mares fríos en un minuto antes de que Alfred abriera de nuevo la boca.

―Quería decirte algo… ―repitió con seriedad justo en el momento en que sentía el corazón se le iba a salir por la boca. Alfred se rascaba el cabeza, algo incómodo.

― ¿Hay algo que pueda hacer por usted? ―preguntó aparentando no saber nada de nada. Alfred suspiró.

―Verás… ―entró a su habitación y se sentó al costado de su cama como si nada. Un escalofrío recorrió su columna, pero lo asoció a su falta de costumbre más que a una posible e inminente erección al acortar tan repeninamente la distancia entre ambos. Cuando el silencio se volvió incómodo, Alfred continuó―. Li Hua y yo pensáamos, bueno, ya sabes cómo han estado las cosas entre nosotros dos últimaene, y yo le sugerí…―se aclarró un poco la garganta como quien sabía pedía alguna impertenencia. De inmediato Kku se imaginó lo peor y mentalmente se hizo unaa lista de las razones para no deprimirse―…pesamos en ir a esquiar este fin de semana, pero después me acordé que ahora vivo contigo y como acabas de llegar, sería grosero de mi parte pedirte que cuides las casa―de imediato se corrigió moviendo enérgicamente las manos, notando algo que sonaba muy mal en su discurso― ¡No es que no confíe en ti! ¡por supuesto que no! Es que como tu anfitrión me parece que estoy pidiéndote mucho.

Kiku suspiró. El corrazón regresaba al lugar que correspondía a su pecho. No podía creer que, en cosa de breves minutos, todos sus miedos de un tirón habían desaparecido.

Sonrió suavemente. Alfred no tenía idea de cuán agradecido estaba de que fuera eso.

―No se preocupe, Alfred-san ―comenzó diciendo inmutable―como responsable de los conflictos entre usted y la señorita Li Hua, no tengo derecho alguno para protestar. Su principal prioridad ahora es recuperar la confianza de su novia ¿no es así? Yo sabré encargarme de su hogar.

Alfred se sonrojó ante la palabra "novia" con la que Kiku se había referido a Li Hua, pero no le dijo nada de nada. Además se sentía bastante halagado por las palabras de su compañero de vivienda. No pudo resistirse a darle una palmada amistosa en su hombro con la que el pequeño japonés le quedó viendo sin comprender del todo y después de una disculpa rápida, huyó deprisa a su habitación para llamar a Li Hua y llenar su equipaje.

Kiku suspiró, pero ni siquiera tuvo tiempo de recogerse cuando Alfred regresó:

―Hombre, por cierto que este fin de semana puedes hacer lo que quieras con la casa ―hizo un esto bastante cómplice con sus cejas rubias que de inmediato le hizo captar la insinuación. No se trataba de la simple advertencia de una fiesta―. Siempre que no rompas nada…―rió y con la misma velocidad de antes se marchó hasta su alcoba.

Kiku se quedó pesando. De pronto el silencio se había hecho demasiado denso y cuano se dio cuenta, ya habían pasado casi dos hoas desde que Alfred se acercó para hablar. Lo único que había hecho en esos minutos había sido mirar la pared con un bloqueo mental.

Se sentía muy, muy idiota por pensar tanto.

Cogió su teléfono móvil, abrió sus contactos y se deslizó hasta encontrar el nombre de Arthur Kirkland en la lista. Presionó para llamar.

Moshi moshi, Arthur-san―habló plestañeando un rato por culpa del nerviosimo. Tragó saliva porque la voz no le salía y necesitaba continuar hablando cuando él le respondió―. ¿Tiene planeado hacer algo este fin de semana?


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