Siento el retraso, tuve problemas con mi proveedor de internet, pero en fin, vayamos a lo que han venido a ver ... nuestro siguiente capítulo de estas dos chicas. Ahora en que otra situación se han metido. Gracias de por vuestros comentarios :D
Emma se encerró en la oficina y nadie tuvo el valor de llamar a su puerta el resto del día. Un rato después, el teléfono se iluminó con la tecla correspondiente a la oficina de Regina, pero ni siquiera descolgó. Pocos minutos después un mensaje interno le llegó al correo electrónico.
«El trato era una. La segunda sobraba. Regina»
Se apresuró a responder.
«Considérala una propina. Emma»
Aquella tarde en el coche mientras conducía hacia su casa, Emma se dirigió a Rubí con una pregunta inesperada tratando de distraer a su amiga del interrogatorio que sabía que estaba deseando hacer le.
—¿Has tenido noticias de Belle? ¿Se han reconciliado?
Su amiga la miró extrañada. Emma sabía perfectamente que seguían separadas.
—¿Por qué me preguntas ahora eso?
—No sé, pensé que quizás habías tenido noticias suyas.
—Hemos hablado por teléfono un par de veces, pero no voy a volver con ella si no acepta mis condiciones. No sirve de nada intentar lo de nuevo si el problema sigue ahí. Ya sufrí mucho teniendo que esconderme en la adolescencia para seguir igual ahora a los treinta y dos.
—Haces bien. Las cosas hay que tenerlas claras.
—Y hablando de tener las cosas claras…
—¡Rubí, no!
—¿Cómo qué no? ¿Crees que no te voy a preguntar lo que ha pasado hoy en la oficina?
—No ha pasado nada.
—Por supuesto que ha pasado algo, pero no tengo ni la menor idea de qué. Porque se supone que tú también tienes las cosas claras, ¿no?
—Clarísimas.
—Entonces empieza a hablar.
Emma suspiró.
—Pues que Regina ha intentado desmentir nuestra «relación» y no lo ha conseguido, y a la señora se le ha ocurrido fingir que echábamos un polvazo para acallar las habladurías.
—¿Fingir ? Pues se merecen un Oscar, por que desde fuera parecía que estaban revolcándose como fieras.
—Sí, Regina se metió de lleno en el papel. Se pasó un buen rato empujando contra la mesa con las manos.
—¿Y tú qué?
—Yo solo la miraba sentada en el sillón, desde el otro lado del escritorio.
—¿Segura?
—Pues claro que segura.
—¿Y tu cabello?
—Me deshizo la coleta, para dar credibilidad.
—¿Y el suyo?
—¿Esto qué es, un interrogatorio?
—En toda regla.
—Yo también le revolví el suyo, a dos manos. Y le arranqué los botones de su blusa. ¿Satisfecha?
—Ni por asomo. Sigue.
—Bueno… sí… también le di un chupetón en el cuello con todas mis fuerzas. Quería que le dejara marca, y por mis ovarios que la va a tener durante una temporada.
Rubí soltó una sonora carcajada.
—¿En serio? ¿Y qué más?
—Nada más, Rubí. Nada más.
—Algo más debió de haber sucedido, porque le diste dos bofetadas.
—Eso también estaba planeado. Para romper delante de todos.
—Puede que estuviera planeado, pero la mala leche que llevaban las bofetadas era autentica.
—Tengo que reconocer que estaba un poco furiosa, sí.
—¿Un poco? Si no llega a tener la cabeza firmemente sujeta al cuello, se la arrancas con la fuerza de los golpes.
—No es para tanto, solo me metí en el papel.
—Igual que con la mesa…
—¡Vale ya! Regina lo planeó y yo le di lo que quería. Nada más.
—¿Y te gustó?
—¿Qué carajo me va a gustar ? Entérate de una vez, lo hicimos solo para dar un poco de morbo a las tres chismosas que estaban fuera esperando oír «gemidos y susurros».
—Yo no lo esperaba, y la verdad es que me sorprendió muchísimo. Y mucho más cuando vi salir a Regina en el estado que iba.
—Ella empezó deshaciendo mi penado, de modo que hice lo mismo.
—No me refería al cabello.
—¿Ah, no?
Rubí se echó a reír.
—No, me refería a sus pezones duros que apenas cubría su blusa.
—En eso no me fijé.
—¿De verdad?
—De verdad.
Esta vez Rubí le creyó. Emma parecía sinceramente sorprendida.
—¿Y qué vas a hacer ahora?
—Pues nada. Oficialmente, «hemos roto» y ahora podremos trabajar en paz otra vez. O en guerra, como siempre.
Aquella noche Regina se encontraba en su casa preparándose la cena, cuando sonó el timbre de la puerta. Se sintió contrariada, no tenía ganas de visita. Cuando abrió, se encontró a Elsa en el umbral con una botella de vino en la mano.
—¡Sorpresa!
Se sintió irritada. Normalmente la telefoneaba antes de presentarse en su casa, pero en los últimos tiempos se estaba tomando unas libertades que sobrepasaban el tipo de relación que tenían.
—No te esperaba.
—Por eso es sorpresa.
—Ya…
—¿No me invitas a pasar ?
—Claro… pasa. Estaba preparándome la cena.
—¿Puedo auto invitarme?
—Creo que ya lo has hecho. Traes hasta el vino.
—Fue un impulso.
—La próxima vez llama antes. Y no podrás quedarte mucho rato, tengo trabajo.
—Segura que puedes dejar lo para otro momento.
—No, me temo que no puedo. Debo entregar un artículo mañana por la mañana —mintió.
—No irás a decirme que te tomas ese trabajo en serio.
—Muy en serio.
—¡Por Dios, Regina, ni que lo necesitaras para vivir !
—No lo necesito para vivir, pero es mi trabajo. Y el trabajo de una serie de personas depende de que yo haga el mío, somos un equipo.
Regina se giró hacia la encimera y la luz de la cocina le dio de lleno en el cuello. Elsa paró en seco la frase que estaba a punto de decir.
—¿Qué demonios significa eso?
—¿Qué?
—La marca que tienes en el cuello. ¿Qué es?
—Ah, no me acordaba. Pues creo que es evidente.
—¿Me has puesto los cuernos?
Regina respiró hondo.
—No, Elsa, no te he puesto lo cuernos puesto que tú y yo no estamos saliendo juntas. Nos acompañamos a veces la una de la otra a alguna fiesta o acto social, nos acostamos de vez en cuando y nada más. Te lo dejé claro al principio y tú estuviste de acuerdo. Ni te prometí fidelidad ni te la exigí nunca.
—Pero de eso hace ya dos años.
—Para mí nada ha cambiado. Y no creo haberte dado a entender lo contrario. Esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas.
—De acuerdo. Abriré el vino y cenaremos tranquilamente. Y luego… prometo no entretenerte mucho, pero te he echado de menos.
Regina cogió la botella de la encimera donde Elsa la había colocado y se dispuso a abrirla. No le apetecía que se quedara a dormir, pero reconoció que no le vendría mal un polvo rápido para quitarse de la cabeza lo ocurrido en la oficina aquella mañana.
A la mañana siguiente, Regina se presentó en la redacción luciendo dos moratones, uno a cada lado del cuello. Elsa también había querido dejar su huella.
Después de desayunar, cuando regresó a su oficina sin pasar por la de Emma, Rose le dijo a Rubí:
—¿Ayer tenía un chupetón o dos?
—Creo que uno, pero tampoco lo podría jurar.
—¿Lo habrá hecho para vengarse de las bofetadas de ayer ?
—No lo sé. Pero sea como sea, a la jefa no le va a gustar.
—Eso me parece.
—Por Dios que daría algo por ver le la cara cuando se dé cuenta.
—Y yo.
Sin embargo, durante dos días Emma y Regina estuvieron trabajando cada una por su lado sin encontrarse, como si se evitaran mutuamente. Pero al fin, tuvieron que reunirse para poner en común el contenido del siguiente número. Cuando Regina traspasó el umbral, la voz de Emma sonó fría.
—Deja la puerta abierta, Mills.
—Como quieras, Querida.
Regina se sentó frente a ella y abrió el ordenador. La mirada de Emma se posó en su cuello como atraída por un imán y sintió revolvérsele la bilis en su interior. Sin embargo no dijo nada, aunque su voz sonó más brusca aún cuando se dirigió a ella.
—¿Qué tienes para esta semana?
Regina le mostró sus artículos.
—Esto es una mierda.
—¿Perdona?
—Lo que oyes. No sé dónde tienes la cabeza, pero esto no es más que relleno.
—No estoy de acuerdo, Emma. Son buenos artículos.
—No lo son. No podemos publicar esto, tráeme algo medianamente interesante.
—¿Como qué? ¿El contenido del subsuelo? ¿La regeneración de la capa de ozono? Eso no vende, señorita remilgada.
Regina estaba empezando a enfadarse. Los artículos que había presentado no eran muy diferentes de otros que se habían publicado con anterioridad. No sabía si Emma seguía fingiendo enfado para que se enterasen desde la sala exterior o realmente estaba enfadada. La dura mirada que le dirigió, la hizo suponer lo segundo, aunque no comprendía el motivo. Además, le molestaba sobremanera que la hablase así con la puerta abierta.
—¿Qué te pasa hoy, Querida? ¿Olvidaste tomar los All-Bran anoche?
—Deja de decir tonterías y céntrate en el trabajo, o estarás fuera de Mixtrum antes de que te des cuenta.
—Eso es lo que tú quisieras, pero te equivocas. Si se hiciera una votación de los lectores, seguro que tus artículos no los leería nadie.
—Y los tuyos solo los leen los incultos y los desesperados sexualmente. Regina cogió una hoja de papel y después de garabatear unas palabras, se la pasó.
«Emma, modérate. La puerta está abierta. ¿Quieres que a mediodía esta conversación corra de boca en boca por toda la redacción?»
Ella le dio la vuelta al folio y escribió a su vez:
«Francamente, me importa una mierda. Lo que has escrito es basura.» Regina retomó la conversación, comprendiendo que Emma no estaba fingiendo enfado, sino que por algún motivo lo sentía realmente.
—Emma, tú tienes tu estilo y yo el mío. Por eso Mixtrum funciona, ¿recuerdas?
—No estoy hablando de estilos, sino de calidad. Dame algo bueno y lo aceptaré, sea el tema que sea.
—¿Qué consideras tú algo bueno?
—Algo interesante. Un buen artículo, una entrevista… Si eres capaz de hacer la, claro.
—¿Una entrevista?
—Sí, pero a alguien interesante, no a unos de tus amigos. A alguien que tenga en la cabeza algo más que serrín.
Regina tuvo que hacer un gran esfuerzo para no responder con una grosería. Realmente Emma se estaba pasando mucho aquella mañana y no estaba dispuesta a consentírselo.
—De acuerdo, tendrás tu entrevista. Y si es buena la tendrás que publicar.
—Por supuesto, Mills.
Se levantó bruscamente y cogiendo el ordenador salió del oficina sumamente irritada.
Rubí, Rose y Ashley fingieron enfrascarse en su trabajo para disimular que no se habían perdido ni una sola de las palabras que habían intercambiado.
Regina se dirigió a su oficina y se puso a buscar información, mientras mascullaba.
—Si quieres una entrevista la vas a tener. Vaya si la vas a tener, Emma Swan.
Uhh... que será lo próximo que se avecina ? .
De antemano gracias por sus comentarios... Nos vemos hasta la próxima. :D
