No crean que me he olvidado de esta historia, solo que no me había dado el tiempo de actualizar, y cuando he querido no podía entrar jaja.
Regina aparcó el coche en la puerta de la casa de su hermana. Como era habitual, nada más cerrar la puerta del coche su sobrino salió corriendo a su encuentro. Lo levantó en brazos y giró con el haciéndolo reír a carcajadas.
—Hola, tita.
—¿Cómo está mi sobrino favorito?. El frunció el ceño.
—Soy el único que tienes tita.
—Vaya.. que listillo eres
—Como mi mamá
—Eso no lo dudo.
—¿Te vas a quedar a cenar, tita?
—Si tu madre me invita, claro que sí.
Con el niño todavía en brazos entró en el salón. Zelena salió de la cocina y la besó con cariño.
—Hola. ¡Que caro te vendes últimamente!
—Estoy muy ocupada. El mundo del trabajo es muy absorbente. Zelena sonrió.
—¿Sigues peleando con la señorita Swan?
—Eso no cambia.
—¿Y quién va ganando?
—Vamos a dejar lo en tablas.
—O sea, que todavía ninguna ha logrado expulsar a la otra de la revista.
—Al contrario. Ahora nos vemos obligadas a trabajar juntas en el ejemplar de cada semana.
—Bueno, si todavía no ha llegado la sangre al río es que no es tan malo. Regina sonrió.
—Es divertido y estimulante.
—Me alegro de que te guste el trabajo.
—Me encanta. Y como sé que sabes guardar un secreto, te confesaré que nuestro padre puede olvidarse de mí si piensa que voy a ingresar en la dirección del negocio familiar. Le he agarrado el gusto a lo editorial y pienso continuar en él. Me temo que Robín tendrá que conformarse con el tiempo que le dediques.Y hablando de Robín, ¿dónde anda?
—Cena de negocios. Quédate a cenar y lo esperas, le gustará verte.
—Si no es molestia…
—No lo es, puesto que voy a ponerte a pelar patatas para hacer una tortilla. Aquí nadie come gratis.
Le largó un cuchillo y una bolsa de patatas, así como un delantal.
—Esto es lo que mas envidio de ustedes. Que a pesar de que estas forrada de billetes, tu casa es una casa normal, y se comen tortillas de patatas y lentejas, y las cocinas tú misma después de venir de trabajar. Ojala encontrara alguien que quiera compartir una vida así, hasta dejaría la soltería.
—No la encuentras por que no la buscas en el sitio adecuado. Las modelos como Elsa solo comen lechuga y tofu. ¿Me equivoco?
—A veces también comen yogur desnatado. Pero no son las únicas que no saben disfrutar de una comida.
—Ya imagino por quién lo dices.
Regina se echó a reír mientras cortaba las patatas en rodajas pequeñas.
—Y hablando de comida… Tengo que llevar la a cenar y no sé muy bien dónde.
—¿A Elsa?
—No, a Emma.
—Otra apuesta.
—No, le hice un favor y a cambio le pedí una cena pero es muy especial con lo que se mete en la boca...
—Algo de pescado, quizás… o tal vez un restaurante griego. Suele haber mucha variedad. Conozco uno bastante bueno, pero queda un poco lejos del centro.
—Entonces es perfecto. No queremos encontrarnos con conocidos. Zelena levantó la vista de los huevos que estaba batiendo y miró a su hermana fijamente.
—¿Me estoy perdiendo algo?
—Claro que no, Zelena. Es una cena entre colegas, nada más. Siento curiosidad por ver a la señorita Swan fuera de su uniforme de trabajo.
—Ya la viste, en la velada de promoción.
—Esa tampoco era la auténtica Emma. Representaba un papel igual que lo hace en el trabajo. Le pedí que en la cena mostrara a la auténtica Emma.
—¿Y crees que lo hará?
—Le hice un favor muy grande. Sí, creo que lo hará.
—¿Y puedo preguntarte por qué quieres conocer a la auténtica Emma?
—Zelena… deja de jugar a la psicóloga conmigo. No hay segundas intenciones y si piensas que tengo algún interés en la señorita Swan, te equivocas. Me gusta confraternizar con los compañeros de trabajo; de hecho desayuno todos los días con las otras chicas del equipo, Rubí, Rose y Ashley.
—¿Y con Emma no?
—La invité el primer día, pero se negó por que al parecer solo toma infusiones diuréticas. Y nosotras tomamos tarta de chocolate, donuts y… magdalenas de arándanos... —añadió con una sonrisa.
—¿Las magdalenas de arándanos tiene algún significado especial? Por que las has mencionado con un tono de voz diferente.
—No se te escapa nada, ¿eh? Prefiero no hablar de eso, seguramente te harías una idea equivocada.
—Como quieras. Anda, cuaja tú la tortilla, eres mejor cocinera que yo.
Regina compartió la cena con su hermana y su sobrino, que inmediatamente se fue a la cama. Un rato después llegó Robín, y Zelena empezó comentando los pormenores del negocio en expansión.
Los Mills tenían una cadena de hoteles de lujo, querían ampliar el negocio a pequeños hoteles con encanto para cubrir un sector de turismo de invierno. Su padre le había propuesto a Zelena que hiciera un recorrido por el interior para localizar pensiones y pequeños hoteles dispuestos a vender para añadir a la cadena. Esta no se encontraba muy feliz de dejar a su familia y dedicarse durante un par de semanas a recorrer pueblos en solitario.
—¿Por qué no la acompañas tú, Regina? —le propuso Robín—. Cuatro ojos siempre ven más que dos. Y así no se siente tan sola.
—¿No será que la quieres tener vigilada?
—Cuando un miembro de la pareja quiere poner le los cuernos al otro, no hace falta que salga de viaje. Solo tiene que proponérselo. No, no es eso, pero pienso que les vendría bien hacer un viaje juntas. Últimamente no tienen muchas ocasiones para pasar un rato de «hermanas». ¿Cuándo fue la última vez que hicieron un viaje juntas?
Regina y Zelena se miraron y se echaron a reír.
—A los veinte años, cuando supuestamente nos fuimos de crucero y cambiamos los billetes sin que mi padre lo supiera y nos fuimos a Alemania. Fue genial.
—Pues pueden repetirlo.
—Pues la verdad es que me apetece, aunque el trabajo…
—Vamos, Regina, la señorita Swan no va a cargarse Mixtrum en un par de semanas. Parece bastante competente.
—Lo es, de eso no hay duda. Bien, lo hablaré con ella. Siempre puedo dejar le una buena cantidad de artículos para que los publique en mi ausencia.
—Regina… no se te ocurra invitar a Elsa —advirtió Zelena.
—¿Elsa en un hotel rural? No, por Dios. Ella no se alojaría en algo inferior a un cinco estrellas. Además, las cosas no van bien, se está creyendo con derechos que no tiene. La otra noche tuve que aclarar le algunos puntos que parece haber olvidado.
Zelena enarcó las cejas, interrogativa.
—Me pidió explicaciones sobre esto —dijo Regina señalando la marca del cuello que le había hecho Emma, ya bastante desvaída—. Y no tiene ningún derecho a hacer lo. Desde el primer momento le dejé claro que lo nuestro no era una relación y que ambas éramos libres de vernos con otras personas.
—¿Y cómo reaccionó?
Regina soltó una sonora carcajada.
—Me echó un polvazo y me marcó el otro lado del cuello —dijo mostrando la otra señal. —Cada vez me apetece menos quedar con ella.
—Por que hay otra… la de la otra marca.
—No, no tiene nada que ver. Es que Elsa cada vez me aporta menos.— Voy a cumplir treinta y seis en unas semanas y ya no es suficiente. He tenido muchos buenos polvos a lo largo de mi vida, es tiempo de buscar algo diferente.
—¿Te estás haciendo vieja? ¿Planeas sentar cabeza?
—No tengo ningún inconveniente en sentar cabeza, o al menos iniciar una relación estable, pero me temo que no encuentro a esa persona especial.
—Regina —dijo Zelena—, como te dije antes, buscas en el lugar equivocado.
—Es posible que tengas razón, Zelena, pero me da pereza buscar. No estoy desesperada; si llega, llega y si no, estoy bien así. Desearía tener un hijo, pero mientras me presten a Roland de vez en cuando para ejercer de tía todo está bien.
—Pues te lo prestamos cuando quieras. Hace mucho que no tenemos un fin de semana para nosotros.
—Quizás cuando volvamos del recorrido, para compensar la ausencia.
—No cantes victoria antes de que hable con la señorita Swan. Es muy estricta en lo que se refiere a faltar al trabajo.
—Pero en todos los trabajos se toman vacaciones.
—Ella no.
—Bueno, pues tendrás que ingeniártelas para convencer la.
—La llevare a cenar al griego. Ya veré. Y ahora me voy, ya sabéis que entro a trabajar temprano.
Regina se despidió y se marchó y Robín se enfrentó a su mujer.
—Está rara, ¿no?.
Ella asintió.
—Ha hablado de sentar cabeza, y al parecer ha sustituido a Elsa. ¿Tienes idea de por quién?
—No, creo que está confusa y dando palos de ciego. Ya se aclarará. Es posible que ahora pase por una etapa de «me follo todo lo que se mueve», hasta que se aclare.
Robín pasó un brazo por los hombros de su mujer.
—Cuando hablas como una psicóloga me pones muy cachondo. Vamos a dejar a mi cuñadita que solucione su vida y aprovechemos nosotros, que si Dios no lo remedia vamos a estar sin vernos un par de semanas.
Zelena sonrió y rezó mentalmente para que Roland no se despertara apenas se hubieran metido en la cama, como sucedía a menudo.
