Vale un poquito tarde, pero ya esta aquí :D


Emma estaba corrigiendo el último artículo del ejemplar que se publicaría la semana siguiente, cuando le sonó el teléfono desde el exterior.

—¿Diga?

—¿Emma?

—Sí, soy yo.

—Soy Zelena Mills

—¿Señora? ¿Es su mujer ? ¿Regina está casada? Mire, si lo que quiere es que le aclare lo del cuello, que se lo explique ella. Fue idea suya y no es en absoluto lo que parece.

Zelena tuvo que hacer un esfuerzo para no soltar una carcajada. De modo que la señorita Swan había sido la responsable del estado del cuello de Regina.

—Creo que está en un error, no soy la mujer de Regina, sino su hermana. Y por supuesto no me tiene que dar ninguna explicación de nada —dijo volviendo al usted, puesto que Emma le hablaba en los mismos términos.

Esta sintió que se relajaba. Por un momento temió haber sido la causante de una riña doméstica.

—Bien, entonces usted dirá.

—Quisiera pedir le un favor. La próxima semana es el cumpleaños de Regina y quisiera preparar le una pequeña fiesta sorpresa. Nada muy ostentoso, solo una pequeña reunión de amigos íntimos.

Emma no dijo nada, pero enarcó una ceja preguntándose por qué aquella mujer la consideraba una amiga íntima de Regina.

—Me gustaría invitar a su equipo de trabajo, usted y las redactoras de Mixtrum. Ya sabe, las chicas con las que desayuna habitualmente.

—Bien, se lo transmitiré. Pero quizá quiera excluir me a mí de la invitación. Le aseguro que no me sentiré ofendida.

—¿No quiere venir ? ¿Por algún motivo?

—No, en absoluto, salvo que no me considero amiga íntima de la señora Mills. Ni siquiera amiga.

—Bueno, las enemigas íntimas también están invitadas. Emma no pudo menos que reír.

—En ese caso acudiré. Y se lo diré a las chicas.

—Es sorpresa.

—No se lo diré hasta el último momento. Ashley es incapaz de guardar un secreto.

—Bien, las espero entonces el próximo sábado a las ocho. Anote mi dirección. Será una reunión informal, no es necesario vestirse de etiqueta.

—De acuerdo. Hasta el sábado.

Zelena colgó el teléfono y miró satisfecha a su marido, que se estaba preparando para ir al trabajo.

—¿Se puede saber qué estás tramando?

—Nada, solo le estoy preparando una fiesta sorpresa de cumpleaños a Regina.

—¿No es un poquito mayor para esas cosas?

—Nadie es lo bastante mayor para eso.

—¿Y cómo vas a conseguir que venga sin saber lo? Probablemente tenga sus propios planes.

—Hum, sé cómo conseguir lo. Roland le dirá que le ha preparado una tarta el mismo, y ya sabes que tiene debilidad por nuestro hijo. No le hará un desaire.

—No, en eso tienes razón. ¿Y a quién piensas invitar ?

—A sus compañeras de trabajo. Emma ya ha aceptado en nombre de todas. Que, por cierto, se ha creído que yo era la mujer de Regina y me ha intentado dar explicaciones por el chupetón del cuello.

—¿Ella…? ¿Emma la insoportable…?

—Esa misma.

—Joooder.

—También invitaré a algunos de sus amigos, Lily, Daniel, Carol… Y a Elsa.

—¿A Elsa? Pero si Regina dijo el otro día que las cosas entre ellas se iban enfriando, que no le apetecía quedar con ella.

—Sé lo que dijo. Pero Elsa no puede faltar, la ecuación no estaría completa sin ella.

—¿Qué estás tramando, mi amor?

—Nada, solo intento hacer le una fiesta de cumpleaños a mi hermana.

—¡Y una mierda! Eso díselo a quien no te conozca.

—Tú déjame, que nos vamos a divertir mucho el sábado.

—Te divertirás tú, yo me parece que voy a sudar sangre.

—No será para tanto, maridito. Ya verás.

—¡Miedo me das!

—Anda, ve al trabajo que yo me ocuparé de todo.

—De acuerdo. Ocúpate tú, yo no quiero saber nada de nada. Zelena besó a su marido en la boca.

—No sigas por ese camino que no me voy.

—Sí te vas. Tengo mucho que hacer esta mañana. Hasta luego.

Robín cogió el maletín con el portátil y salió sintiendo lástima por su cuñada, fuera lo que fuera lo que Zelena tenía en mente.


El viernes a última hora, Emma pidió a las chicas de su equipo que se quedasen un rato más. A pesar de que todas tenían planes, ninguna se negó.

Cuando se reunieron en su oficina comentó:

—Tengo que decirles una cosa.

—¿Regina no viene?

—No, ella no puede saber lo. Rubí frunció el ceño.

—¿Qué pasa? ¿Qué ha hecho ahora?

—Nada, no es un asunto de trabajo.

Todas se relajaron. Regina les caía bien y aunque se divertían mucho con la guerra abierta entre su jefa y ella, intentaban ser neutrales y no meterse en medio.

—Hace un par de días me llamó la hermana de Regina, pues mañana estamos invitadas en su casa a una fiesta de cumpleaños en honor de la señora Mills.

—¿En serio?

—Sí, Rose.

—¿Y cómo nos lo dices ahora? ¡No tengo nada que ponerme!

—Me ha recalcado que será una reunión informal, que no hace falta ir vestidas de gala. Una reunión de amigos.

—¿Y tú vas a ir ? —preguntó Ashley recordando las dos bofetadas y la ruptura de las que habían sido testigos unas semanas atrás y de la frialdad con que se trataban desde entonces. Rubí reprimió una sonrisita.

—He intentado excusarme, pero no lo he conseguido. Esa señora estaba muy decidida a que fuéramos todas, de modo que sí, yo también iré.

—¿Y qué te vas a poner tú? ¡No irás a ir así!

—Tranquila, Rose, yo me ocupo de que vaya bien vestida —dijo Rubí.

—La fiesta es sorpresa, así que a nadie se le ocurra llamar a la señora Mills para preguntar le nada.

—¿Y qué le vamos a regalar ? Tiene tanto dinero que seguro que tiene de todo.

—No te agobies, Ashley, ya se nos ocurrirá algo.

—Es que es mañana. No hay tiempo.

—Quizás una blusa, seguro que las mujeres se las rompen en su prisa por …

Ashley se encontró con la mirada de Emma y recordó los botones saltados de la blusa de Regina la última vez que se reunieron en la oficina a puerta cerrada.

—No he dicho nada.

—Ya lo tengo: una caja regalo de esas en las que puedes elegir entre una cena, un spa o cualquier otra cosa que venga dentro.

—Es buena idea. Con eso acertamos siempre.

—Yo me encargo —dijo Rubí—. Compraré una de las caras y la pagamos entre todas, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.


El sábado a las ocho menos diez, Regina aparcó en la puerta de la casa de su hermana. Se extrañó de qué Roland no saliera a recibir la como siempre y pensó que quizás estaría terminando la tarta que había prometido hacer le, indudablemente con la ayuda de su madre.

Cuando Robín le abrió la puerta, le dio un abrazo y le susurró:

—Feliz cumpleaños… Y yo no tengo la culpa de nada.

—¿Tan mala ha salido la tarta? Sé que Zelena no es una gran cocinera, pero normalmente sus platos se pueden comer.

—Anda, pasa.

Al entrar en el salón lo primero que vio fue a su amigo de la infancia, Daniel, hablando con Elsa. Se volvió a su cuñado que se encogió de hombros.

—Yo no he sido.

Roland se abalanzó sobre ella y se abrazó a sus rodillas.

—¡Felicidades, tita! Te hemos hecho una tarta de chocolate.

—Qué bien, mi favorita.

—Y la mía.

Elsa dejó la conversación y apartando con cuidado al niño, le echó los brazos al cuello efusivamente.

—Regina, querida. Felicidades, los años te sientan como al buen vino. «Qué cursi, por Dios», fue lo único que se le ocurrió pensar a ella antes de decir :

—Gracias.

El timbre de la puerta volvió a sonar y aparecieron sus dos mejores amigos de la facultad de derecho, Carol y Lily.

Esta vez se encaró con Zelena.

—Creía que iba a ser una reunión familiar. ¿Cuánta gente más va a venir ?

—Poca, tres o cuatro personas más.

—Vale, pero ya sabes que no me gustan estas cosas.

—Al niño le hacía ilusión hacer te una fiesta, hermana. No iba a negarme. Unos cuantos amigos y ya está.

Robín le sirvió una copa y se sentaron en el amplio sofá rinconera a charlar mientras Zelena empezaba a sacar bandejas con canapés que indudablemente no había preparado ella, y a colocarlas sobre la gran mesa del comedor situada estratégicamente en un rincón.

A las ocho en punto, y cuando se estaba llevando a la boca un pequeño aperitivo de salmón, volvió a sonar el timbre de la puerta. Se volvió intrigada y casi se atraganta al ver entrar a Emma, seguida de Rubí, Rose y Ashley.

Emma llevaba un pantalón negro muy ajustado y un top rojo con un llamativo escote en V tanto delante como detrás. Se le secó la boca al verla, y agradeció que no se hubiera vestido así el día que cenaron juntas por que le hubiera costado mantener la compostura.

Al ver entrar a las cuatro mujeres, todas guapas y sexys, Regina se levantó para saludar las y sus tres amigos también se levantaron inmediatamente del sofá y se acercaron a ellas con la intención de ser presentados.

Mientras, las chicas fueron besando a la homenajeada una a una, y Emma se quedó la última. Sus miradas se encontraron por un momento, ambas conscientes de que tanto Rose como Ashley estaban muy pendientes de su saludo.

—¿Tú no me das un beso?

—Claro que sí, pero solo por que es tu cumpleaños y sin que sirva de precedente, Mills. se acerco ligeramente y la besó en la mejilla.

—¿No presentas a tus amigas, Regina?

—Son compañeras de trabajo, Lily.

—Y amigas, si no, no estarían aquí, ¿verdad?

Regina hizo las presentaciones e inmediatamente Elsa se acercó a ella con un canapé de hojaldre que le metió en la boca con coquetería y la arrastró hacia el otro extremo del salón.

—Prueba esto, querida. Está exquisito. Regina abrió la boca y aceptó el bocado.

—De modo que ustedes trabajan con Regina —dijo Daniel

—Sí.

—¡Qué suerte tiene esta cabrona! Emma le lanzó una mirada seria.

—En mi… nuestro departamento se va a trabajar, no a ligar.

—Pero Regina es Regina. Es como es y no puede cambiar. Seguro que alguna de ustedes… Y antes que nada quisiera saber quién de ustedes es. No me gustaría entrar en conflicto con ella.

—Ninguna de nosotras es la chica de la señora Mills —recalcó Emma y Ashley desvió la vista discreta.

Rubí aceptó una copa de vino de la bandeja que Robín se acercó a ofrecer les.

—Yo no he venido aquí a ligar —aclaró Emma—. Ni siquiera debería haber venido, pero… En fin, aquí estoy.

Un chica, guapa le preguntó:

—¿Y por qué no deberías haber venido? Emma se encogió de hombros.

—Pues por que Regina y yo no nos llevamos especialmente bien.

—¿En el trabajo?

—Sí, en el trabajo. No tenemos ningún tipo de relación fuera de él. Ni siquiera me reúno con ellos en el desayuno. Por eso dije que no debería estar aquí, pero su hermana invitó a todo el equipo y la verdad, no supe cómo negar me sin hacer un desaire.

La chica la cogió suavemente por el codo y la condujo hacia el sofá.

—¿Tú eres…?

—Lily, compañera de Regina de la facultad de Derecho.

—¿Derecho? ¿Regina no estudió entonces en la Facultad de periodismo?

—También, pero yo solo soy abogada.

—Ah…

—Pues si no se llevan bien no tienes por qué ser especialmente cortés con ella, ¿no? Puedes sentarte a charlar aquí conmigo un rato. Eso de trabajar en una revista tiene que ser muy interesante. ¿Y qué haces en ella exactamente?

—La dirijo.

—Creía que eso lo hacía Regina.

—Ambas lo hacemos, de ahí los problemas.

—Comprendo.

Se habían sentado ambos a un extremo del sofá. A través de la habitación Emma sintió sobre ellos la mirada ceñuda de Regina, de pie junto al bufé. Aquella chica rubia se colgaba de su brazo con aires de propietaria y le sonreía afectadamente. Regina se dejaba hacer, y al ver la así, el poco respeto que empezaba a sentir por ella, desapareció. Se volvió hacia la guapísima mujer que tenía al lado y se dejó llevar.

—¿Qué quieres beber ? —le preguntó Lily.

—Una copa de vino estaría bien.

—Te la traigo —se ofreció y Emma reprimió la frase de que podía ir sola a por una copa y la dejó hacer. Si Lily quería mimar la, se lo permitiría, con ella no tenía ningún contencioso abierto.

—Gracias.

Lily se levantó y regresó poco después con una copa de vino y un gin-tonic para ella. Desde el otro extremo del salón Regina las observaba charlar amigablemente, y apenas escuchaba a Elsa que parloteaba sin cesar a su lado.

—No me habías dicho que trabajabas con unas mujeres tan guapas. Regina se encogió de hombros.

—Nunca te cuento cosas de mi trabajo, no veo por qué tenía que hablarte de las compañeras.

—Dime, Regina, no es por nada, pero… ¿Alguna de ellas es la responsable de… ya sabes… la marca que tenías en el cuello?

—Tengo por norma no mezclar el sexo con el trabajo. Si te lías con una compañera, cuando aquello acaba, y siempre acaba mal, Elsa, la relación y el buen rollo en el trabajo se jode. Si quieres saber si estoy liada con alguna de ellas, la respuesta es no. Pero vuelvo a repetirte lo mismo de la otra noche: no eres la única mujer con la que salgo. Las cosas son así, y así van a seguir. Lo tomas o lo dejas.

—Pero… no hay ninguna otra mujer en esta fiesta aparte de tus compañeras y yo. ¿Eso significa que soy algo especial?

—Eso significa que Zelena no las conoce, si no te aseguro que tendrías aquí a todo mi harén de amiguitas pasadas, presentes y futuras. A Zelena le gusta hacer experimentos con la gente, es su forma de diversión.

—¿Yo soy un experimento?

—No, tú eres mi amante en este momento y por eso estás aquí. El experimento creo que está ahí entre mis amigos y mis compañeras de trabajo.

Elsa se relajó.

—¿Te traigo otro canapé?

—No hace falta, iré yo misma. Y también sé el camino hasta mi boca, no tienes que metérmelo en ella.

—En la cama te gusta que te dé de comer. Regina sonrió con picardía.

—Eso es en la cama, y esto es una reunión social.

—Bueno, entonces lo dejaremos para más tarde. Ella se encogió de hombros.

—Quizás. Ahora deja que dedique un poco de tiempo a mi sobrino, es el quien ha preparado esta fiesta para mí —dijo soltándose del brazo de Elsa que en ningún momento había abandonado el suyo y acercándose a Roland. Ella la siguió. Regina reprimió las ganas de decir le que la dejara respirar un poco, pero no era ni el momento ni el lugar.

Se sentó junto a su sobrino, no muy lejos de donde estaban Emma y Lily y pudo escuchar retazos de conversación. Hablaban de temas que nada tenían que ver con el periodismo. De cine, concretamente. De vez en cuando le llegaba el nombre de algún director o de alguna película.

Regina se dedicó a su sobrino, y Elsa se sentó junto a ellos, manteniendo todo el tiempo una sonrisa de anuncio de dentífrico. Emma la observaba de vez en cuando por el rabillo del ojo y no dejaba de preguntar se qué demonios veía Regina en ella. ¿Cómo podía estar con alguien así? Parecía una muñeca de porcelana que al menor gesto no estudiado podría romperse. Y la sonrisa…

—¿Entonces a ti también te gusta Tarantino? —le preguntó en aquel momento Lily.

—¿Qué? —respondió al darse cuenta de que se había distraído observando a Elsa.

—Que si te gusta Tarantino.

—No demasiado. Lo considero un director interesante, pero cuando termino un duro día de trabajo lo que me apetece es relajarme y ver algo menos complicado.

—¿Entonces qué tipo de cine te gusta?

—Hummmm, cualquiera que me distraiga. Depende de mi estado de ánimo.

En aquel momento, Zelena trajo una hermosa tarta de chocolate con muchas velas. La colocó sobre una mesa de centro y todos se agruparon alrededor. Regina se sintió un poco ridícula teniendo que soplar como si fuera una niña, pero la cara ilusionada de su sobrino la hizo cambiar de idea.

—Tienes que apagar las todas, tita, y pedir un deseo. Elsa respondió tratando de ser graciosa.

—Tu tía tiene de todo, pequeño. ¿Qué puede desear ?

Emma no pudo evitar responder a semejante estupidez, que había hecho ensombrecer la cara del niño.

—Pues claro que hay muchas cosas que tu tía puede desear. Cosas que no se compran con dinero, por ejemplo tener algún día un niño como tú.

Regina posó en ella una mirada agradecida y apuntó mentalmente hablar muy seriamente con Elsa… O quizás mejor, dejar de hablar con Elsa. Últimamente la irritaba cada vez más. Se inclinó sobre la tarta y en el momento de soplar su mirada se encontró con el escote de Emma, pero no formuló ningún deseo. Simplemente sopló con todas sus fuerzas y apagó de una sola vez las treinta y seis velas.

—¡Lo has conseguido, tita! Ahora tu deseo se cumplirá.

—Seguro que sí —dijo y cogiéndolo en brazos le puso en la mano un cuchillo romo y le guió la manita.

—Ahora entre los dos vamos a cortar esta tarta que tan buena pinta tiene.

—La hemos hecho mamá y yo.

—Tiene que estar riquísima.

Cortaron pequeñas porciones y las fueron repartiendo. Elsa rehusó la suya.

—Los dulces engordan, una modelo no se los puede permitir.

«Así que es modelo», pensó Emma alargando su plato. Regina la miró fijamente, consciente de su anterior negativa a tomar pasteles.

—Pues yo no suelo comer dulces tampoco, pero esta tarta tiene una pinta tan estupenda que no me puedo resistir. Un buen trozo, por favor, Regina.

Ella le tendió el plato con un buen pedazo de tarta, ante la sonrisa complacida de Roland, y ella y Lily se volvieron a sentar en el sofá a comer y a charlar. Esta vez Rubí, Rose y Carol se unieron a la conversación. También Regina se acercó al grupo y se integró en la misma. Elsa permaneció a su lado, marcando territorio y Regina empezó a sentirse cada vez más irritada, no sabía si por el comportamiento de Elsa o por el de Emma, que estaba mostrando su lado más encantador y sociable. Parecía hasta humana.

Zelena se llevó a su hijo para acostar lo y la conversación en el salón se generalizó.

Un par de horas después, Emma se despidió.

—Yo me marcho ya, mañana tengo que hacer.

—Mañana es domingo —protestó Lily.

—Las personas trabajadoras también tenemos cosas que hacer los domingos.

—¿Como qué?

—La limpieza, cocinar para toda la semana y cosas así.

—¿Tú haces ese tipo de cosas? ¿No puedes pagar para que te las hagan?

—No es cuestión de dinero, prefiero hacer las yo.

—Te acompaño entonces.

Regina contuvo el aliento esperando la respuesta.

—No, no hace falta, he traído mi coche.

—Yo me marcho contigo, Emma, si no te molesta acercarme —dijo Rose—. Estoy cansada.

Rubí y Ashley se unieron a la despedida.

—Gracias por venir —les dijo Zelena al marchar se. Y en un aparte se dirigió a Emma—. Sé que no te apetecía.

—Lo he pasado bien —admitió.

Y al acercar se finalmente a Regina y despedirse, esta le dijo en tono seco y molesto:

—Supongo que el lunes no habrá quien te aguante. Esta noche has derrochado toda tu simpatía de al menos seis meses.

Emma sonrió.

—Mi simpatía la sacó a relucir cuándo y dónde me apetece. Y mira por dónde, hoy me apetecía. Que disfrutes de lo que te queda de cumpleaños —añadió mirando a Elsa con ironía—. Aunque dudo que nada pueda superar esa magnífica tarta de chocolate. Hasta el lunes, Mills.

—Hasta el lunes, chicas.