El miércoles muy temprano, Regina recogió a su hermana en la puerta de su casa. Un Robín mimoso la tomo de la cintura y le dio un último beso.
—Chicos, que no nos vamos al fin del mundo ni vamos a estar fuera más que diez o quince días.
—Tú no lo entiendes. La voy a echar mucho de menos.
—Y yo a ti, amor.
—No te preocupes, Robín, no voy a dejar que ni un hombre se le acerque a menos de diez metros.
—Más te vale. Resuelvan pronto los asuntos y vuelvan cuanto antes. Zelena se separó Robín a duras penas y Regina sintió una profunda envidia de la relación que tenían su hermana y su cuñado. Si ella hubiera encontrado a alguien así no andaría dando tumbos de cama en cama a sus treinta y seis años. Pero en su vida solo había habido mujeres superficiales, atraídas en su mayoría por su dinero y por la fama que pudiera ofrecerle una relación con la hija menor de Henry Mills.
—¿Hacia dónde, hermana?
—Iremos a Brooklyn
—Tú mandas, yo solo soy la conductora asignada. ¿O prefieres conducir tú?
—No, hoy no. Estoy muerta.
—¿Una despedida movidita, eh?. Zelena se echó a reír.
—Bastante. ¿Y tú, no te has despedido de Elsa?
—No le he dicho que me iba.
—Ah…
—No la he visto desde la fiesta de cumpleaños.
—Ah…
—Deja de decir eso, ¿quieres? Elsa se está creyendo una cosa que no es, y cuando vuelva tengo que hablar seriamente con ella. Pero necesito estos días de calma para pensar cómo hacerlo, cómo decirle que no quiero que volvamos a vernos.
—A pesar de los… ¿Cómo los llamaste? ¿Polvazos?
—Sí, a pesar de eso. Creo que ha llegado el momento en que debo buscar algo más que sexo en una mujer.
—Ya era hora, hermana. Roland necesita primos.
—Eh, para el carro… Primero tengo que encontrar a la mujer adecuada, y eso no es tan fácil. Soy muy exigente.
—A lo mejor ella te encuentra a ti.
—¿Quién sabe? Aunque lo veo difícil.
—No, es muy fácil, solo tienes que dejar de salir corriendo cuando la veas venir, como has hecho siempre. O simplemente buscar en el lugar adecuado.
—¿Y según tú cual es el lugar adecuado?
—Ni las pasarelas, ni las fiestas de sociedad. Quizás tu entorno, tus vecinas, tus colegas, el gimnasio… Una mujer normal, que no se cuelgue de tu brazo porque eres Regina Mills.
Regina para no seguir la conversación, se inclinó y puso música.
El primer día sin Regina en la redacción se le hizo a Emma muy raro. Las chicas desayunaron sin el habitual alboroto de risas que acostumbraba acompañar ese rato cuando ella estaba presente. Y a ella la mañana se le hizo muy larga sin la reunión diaria para hablar sobre la revista.
Revisó los artículos que la había dejado, material más que suficiente para cubrir las dos semanas que iba a estar de vacaciones. No podía dejar de preguntarse dónde iría, si la acompañaría Elsa. Si sería un viaje especial para ellas, un aniversario o algo así. La sola idea la irritó, y se sorprendió pensando en que ya podía haberla dejado para una época en que hubiera menos trabajo, en vez de dejarla a ella con todo. Luego se dijo que eso era lo que quería, dirigir Mixtrum ella sola, demostrar a todos que podía hacerlo mejor que con la colaboración de Regina.
Cuando se dio cuenta de sus pensamientos contradictorios, trató de sacar a Regina Mills de su cabeza y concentrarse en el trabajo.
Leyó de nuevo los artículos que la había dejado, tratando de decidir cuál publicaría primero. Regina le había dado carta blanca, pero no se decidía. Eran buenos, tenía que reconocer contra su voluntad que era un gran articulista, cuando se decidía a hacer algo serio en vez de estupideces de consultorios sentimentales. Y era aún mejor con las entrevistas. La que le había hecho a su padre era genial, le había hecho decir cosas que jamás pensó pudiera reconocer David White. Escogió tres al azar y empezó a dar formato al ejemplar de la semana.
El día se le hizo muy largo, y cuando al fin dieron las cinco, se apresuró a apagar el ordenador y recoger sus cosas para marcharse a casa.
Cuando Rubí entró para preguntarle si se marchaban, ya tenía todo recogido y la chaqueta puesta.
—Vaya, parece que tienes prisa por marcharte hoy.
—Prisa no, simplemente lo tengo ya todo listo.
En ese momento le sonó el móvil. Dio un respingo y se apresuro a responder. Era un número desconocido.
—¿Diga?
—Hola Emma. Soy Lily.
—Ah, hola.
—¿Es muy pronto? Regina insistió mucho cuando me dio tu número en que no te llamara en horas de trabajo. Dijo que no atendías llamadas antes de las cinco.
—¿Eso te dijo?
—¿No es verdad?
—En realidad sí lo es, no mezclo mi vida privada con el trabajo —dijo, pero se sintió molesta por que se hubiera tomado la libertad de hablar en su nombre.
—Bueno, puesto que ya son las cinco y cinco, supongo que te imaginas para qué te he llamado.
—Pues no, la verdad. Regina solo me preguntó si te podía dar mi número y le dije que sí.
—Bueno, en vista de que lo pasamos bien el sábado, había pensado que quizás te apetecería salir conmigo el fin de semana. Quizás a ver una película, ya que a ambas nos gusta el cine, o a cenar, o a tomar una copa… Si te apetece, el plan lo eliges tú.
Emma se lo pensó unos segundos. Hacía mucho que no tenía una cita.
—Por qué no.
—Estupendo. ¿Qué quieres hacer ?
—El cine está bien.
—¿Y tomar algo después?
—De acuerdo.
—¿Viernes, sábado, domingo?
—Mejor el sábado.
—Ya, el domingo tienes que hacer la limpieza, ¿no?. Emma rio.
—Entre otras cosas.
—¿A qué hora te recojo?
—No me recoges, iré en mi coche. Dime el cine y allí estaré.
—¿Cenamos antes o después?
—Si no te importa prefiero cenar algo en casa antes de salir —dijo pensando en que si la velada no era de su agrado, una copa era fácil de tomar en poco tiempo, mientras que una cena requería al menos una hora. Siempre lo hacía así cuando quedaba con alguien por primer a vez—. ¿Te parece bien que nos veamos a las nueve y media o las diez?
—De acuerdo. Ya te he dicho que tú mandas.
—Ya me dirás el sitio.
—Elígelo tú también.
—Entonces ya te llamaré.
—Hasta el sábado entonces.
—Hasta el sábado.
Colgó y se enfrentó a una Rubí que la miraba divertida.
—¿He oído mal o acabas de concertar una cita para el sábado?
—Has oído bien.
—¿Y puedo preguntar con quién?
—Con Lily.
—¿El bombón amiga de Regina?
—Ajá.
Emma salió de la oficina seguida de su amiga. Bajaron al aparcamiento y subieron al coche. Una vez en él, Rubí preguntó:
—¿Lo sabe Regina?
—Supongo, fue ella quien le ha pasado mi teléfono a Lily para que me llamara. Pero vamos, la señora Mills no le importa con quién salgo, aunque sea amiga suya. Aunque se tomó muchas molestias para que no lo hiciera.
—¿En serio? ¿Y por eso has decidido aceptar su invitación?
—Claro que no. La verdad es que ya hace mucho que no tengo una cita...
—Desde Walsh.
—Sí. Y de eso hace ya casi un año. Ya toca divertirme un poco.
—Walsh no te rompió el corazón.
—Claro que no, ni siquiera llegó a él. Ese fue el problema, que no me llenaba ni fuera ni dentro de la cama, que me aburría soberanamente con él en todos los sentidos.
—¿Y crees que con Lily puede ser diferente? No la veo tu tipo.
—Solo voy a salir al cine y a tomar algo. Nada más.
—¿Y si quiere algo más?
—No sé, Rubí. Estás muy preguntona. Si quiere algo más lo decidiré en el momento. Aunque también va siendo hora de que eche un polvo, joder, ya casi ni me acuerdo de lo que era. Y si hay que hacerlo con una tipa por la que no siento nada, mejor una que esté guapísima, ¿no?
—Por supuesto. Solo quería asegurarme de que si te acuestas con ella es porque te apetece y no para fastidiar a Regina Mills.
—Mis historias con Regina se quedan dentro de la redacción, no traspasan a mi vida privada.
—Vale.
Emma maniobró para entrar en el aparcamiento mientras pensaba: «Y si lo hago no es para fastidiarla, sino para olvidar el sabor de su cuello, que no puedo quitar de mi boca, por mucho que lo intente. Si la cosa se pone a tiro, será al sabor del cuello de Lily el que recuerde de ahora en adelante».
Regina y Zelena después de pasar la noche en un pequeño hotel, al día siguiente fueron bajando según un plano que Zelena ya tenía confeccionado. Visitaron un hotel tras otro; algunos, solo su aspecto las hizo desistir de indagar más a fondo. Otros las invitaron a entrar y probar una comida, dar una vuelta por el interior. En otros decidieron quedarse a pasar una noche y experimentar los servicios que pudiera ofrecer.
El sábado por la mañana, estaban terminando de desayunar cuando Regina recibió una llamada de Lily. Casi escupió el sorbo de zumo de naranja que tenía en la boca cuando vio el nombre en la pantalla.
—¿Sí, Lily? —preguntó seca.
—Hola, espero no haber interrumpido nada.
—No, estábamos desayunando. Dime.
—Bueno, quería decirte que estabas equivocada con respecto a Emma. Ha aceptado salir conmigo esta noche.
—Genial —dijo como si se hubiera tragado un trozo de iceberg.
—Me gustaría preguntarte si hay algo que deba o no deba hacer. Ya sabes, como tú la conoces mejor…
—Yo solo trato con Emma en el trabajo, no hay ningún consejo que te pueda dar, salvo que odia los recetarios de cocina. Y tú eres lo suficientemente experta en mujeres como para no necesitar consejos de nadie como si fueras una principiante. Con la señorita Swan te las tendrás que apañar sola.
—Bueno, sí, algún problema con la comida debe tener porque no ha querido cenar conmigo. Hemos quedado más tarde para ir al cine y a tomar algo después.
—¿Pues entonces qué consejo quieres? ¿Saber si le metes mano en el cine o esperas a después?
—No, no es eso. Bueno, ya veo que no es buen momento. Hablamos en otra ocasión. Y disculpa la interrupción.
Regina apagó el móvil con fuerza y mascullo:
—¡Que te jodan!
Zelena la miraba fijamente.
—¿Era Lily?
—Sí.
—¿Y va a salir con Emma?
—Eso parece —dijo apartando lo que le quedaba del desayuno.
—Y a ti no te gusta que lo haga.
—A mí me importa un carajo.
—Ya veo…
—Déjalo, Zelena. Simplemente estoy molesta por que me ha utilizado como intermediaria para llegar hasta ella. Ya no estamos en la facultad, tiene mi edad y me jode que me siga utilizando para que le arrime chicas. Y seguro que si algo sale mal la señorita Swan me echará las culpas a mí y el trabajo se resentirá.
Zelena soltó una carcajada.
—¡Vamos, Regina, compórtate como una adulta! Lo que tienes no es un enfado motivado por eso que has dicho, lo que tienes es otra cosa. Reconócelo.
—Está bien. Lo que tengo son celos. Putos y endemoniados celos de que vaya a salir con ella y de que se acueste con ella. ¿Ya estás contenta?
—¿Y qué piensas hacer al respecto?
—¿Hacer ? Nada. La señorita Swan se dejaría clavar miles de alfileres envenenados antes que permitir que yo le pusiera una mano encima, lo cual no quita que me esté muriendo por hacerlo.
—¿Te has enamorado de ella?
—¿Amor? No lo creo, pero me excita como hace mucho tiempo que no me excitaba ninguna mujer. Me paso la mayor parte del tiempo que estoy cerca de ella mojada como una quinceañera llena de hormonas.
Zelena soltó una sonora carcajada.
—No te rías, joder, que no tiene ni puta gracia.
—Claro que la tiene, hermana, claro que la tiene.
Emma aparcó el coche delante del centro comercial donde había quedado con Lily. Ella ya la esperaba delante de las taquillas del cine. La besó en la cara para saludarla.
Estaba muy guapa con su pantalón vaquero de marca y su jersey negro ajustado. Un look cuidadosamente estudiado para ser informal. Emma pensó que en Lily todo parecía estudiado.
Ella no se había esmerado tanto en vestirse. Unos leggins marrones y un jersey largo color caramelo, con un foulard a juego anudado al cuello con desenfado le había parecido suficiente. Lo que sí había cuidado más era la ropa interior, y había elegido un conjunto de sujetador y braguitas malva que la favorecían mucho. Si iba a haber algo después de la copa, quería estar preparada.
La película no le gustó, le pareció demasiado existencial y excesivamente larga, aunque cuando finalizó y miró el reloj, solo habían pasado ochenta y cinco minutos.
Salieron a la calle y Lily la condujo hasta un bar de copas cercano. Se sentaron y pidieron las bebidas. Un martini para Lily y un licor sin alcohol ella.
—¿No bebes alcohol?
—Tengo que conducir después.
—El otro día bebiste una copa de vino.
—Eso fue el otro día.
—¿Eres de las que pierden la cabeza con el alcohol?
—En absoluto. Solo pierdo la cabeza cuando la quiero perder.
—Me gustan las mujeres con las ideas claras.
—Yo siempre las tengo.
—Eso me dio a entender Regina esta mañana.
—¿Has hablado hoy con ella?
—Sí, y debí interrumpir algún momento romántico, por que estuvo un poco desagradable. Y eso que esperé a las doce de la mañana para llamarla. Creí que sería buen momento, pero en vacaciones ya se sabe… Me dijo que estaban desayunando, pero no le sentó bien mi llamada, así que intuyo que el desayuno sería en la cama.
—Probablemente.
Durante un rato charlaron de naderías, se tomaron una segunda copa y a la hora de marcharse, Lily le preguntó:
—¿Te apetece tomar la última en mi casa?. Emma fue más directa.
—Si lo que quieres es echar un polvo, dímelo claramente.
—De acuerdo. ¿Quieres echar un polvo?
—Sí, vale. Pero no en tu casa. Ni tampoco en la mía. Nunca llevo a nadie a mi casa ni voy a la de ellos. Si te parece bien un hotel…
—Me parece perfecto. Aquí cerca hay uno que está bastante bien.
—Vamos.
Fueron caminando. Lily intentó cogerla de la mano, pero Emma rehusó.
—Vamos a follar, Lily. No somos novias.
—Vale, como quieras.
Entraron en el hotel y Lily se registró por una noche. Subieron a la habitación y nada más cerrar la puerta Lily la abrazó y comenzó a besarle. A Emma le costaba concentrarse. La verdad era que nunca se había visto anteriormente en esa situación y le pareció muy frío. A pesar de todo intentó de concentrarse y respondió al beso de forma mecánica.
Sintió las manos de ella desnudarla prenda a prenda, luego se desnudó Lily sin que Emma consiguiera siquiera alzar las manos para ayudarla.
Los senos de Lily no se veían tan apetecible como los de Regina y Emma no pudo evitar recordar el deseo que había sentido de acariciarlos cuando le arrancó los botones de la blusa en la oficina.
Al ver que su mente se desviaba hacia Regina, se irritó, sobre todo por que imaginó que en aquel momento era Elsa quien probablemente la estuviera acariciando. Alargó las manos y las pasó por los senos de Lily con las palmas abiertas. Lily se excitó de inmediato y la arrastró hasta la cama.
Le quitó la ropa interior que le quedaba y se terminó de desnudar también.
Se tendió a su lado y empezó a acariciarla por todo el cuerpo, sin que Emma consiguiera excitarse lo más mínimo. Intentó concentrarse en el cuerpo hermoso y escultural que tenía delante, Lily descendió sus manos en busca de su clítoris y consiguió humedecerse lo suficiente, pero cuando la penetró solo pensaba en que acabara cuanto antes.
Lily lo intentó, se esforzó en ir despacio, en darle tiempo, pero cuando Emma tuvo claro que Lily ya no podía aguantar más, fingió un orgasmo y luego le devolvió su turno a Lily. Y se juró a sí misma que nunca más iba a irse con alguien simplemente a follar. Todavía estaba Lily a su lado y su pensamiento fue que se había excitado mucho más con Regina en la oficina sin haber hecho nada, que aquella noche. Y que el cuello de Lily, donde había depositado un fuerte chupetón le había sabido a perfume y no a piel, Y que maldita fuera, todavía tenía el sabor del cuello de Regina Mills en su boca.
Cuando transcurrió el tiempo suficiente para no parecer que huía, se levantó, se vistió y ante las protestas de Lily para que se quedase, murmuró una excusa y se marchó.
Mientras conducía hasta su casa, se dijo a sí misma que de la única cosa de la que se arrepentía en su vida era de aquel polvo estúpido e insatisfactorio.
