Vale que hoy si me tarde más en actualizar, pues me enferme y ni ganas de nada, sin más demora, siento la tardanza y espero que les guste este capítulo :)


August llamó al teléfono de Emma y esta empezó a preocuparse. Cada vez que lo hacía era sinónimo de problemas, y ya estaba empezando a cansarse.

—¿Pueden venir a mi oficina un momento Regina y tú?

—¿Problemas?

—No lo sé.

—Regina no ha llegado todavía, estará de camino. Ha pasado la noche en un hotel ¿Puedes esperar a que llegue o voy yo sola?

—Esperaré, no hay prisa.

Cuando Regina llegó a media mañana, lo primero que le dijo fue:

—August quiere vernos inmediatamente. Ella sacudió la cabeza.

—Vaya, pensaba descansar y relajarme un poco. Emma se la quedó mirando muy seria.

—Tú también intuyes problemas, ¿no?

Regina se encogió de hombros. Se le veía algo cansada.

—Vamos; cuanto antes nos enfrentemos a ello, mejor.

—No tienes buen aspecto. ¿No has dormido bien?

—No demasiado.

—¿Te has ido con alguien que te ha tenido ocupada toda la noche?

—No es eso.

—Si tienes algún problema y puedo ayudarte…

—Podrías, pero no vas a querer, así que dejémoslo.

Emma la siguió hasta la oficina de August. Después de que se sentaran, este dijo sin preámbulos:

—Lo que voy a decir no es nada oficial, pero las afecta y creo que deberían saberlo. Me ha llegado el rumor de que un particular está haciendo los trámites para comprar los derechos de Mixtrum.

—¿Qué?

—Es solo un rumor, Emma. Pero no quiero que se lleven una sorpresa si se convierte en realidad.

—¿Y tienes idea de quién?

—No.

—¡Ahora que todo iba bien! La revista se vende, y el anexo también tiene su público, y aunque no da grandes beneficios, tampoco genera pérdidas. No hay motivos para eliminarlo.

Dirigió la mirada hacia Regina, que no había dicho ni una palabra.

—¿Crees que tu padre puede estar detrás de todo?

—No.

—Joder. ¿Querrá despedirnos? ¿Hacer cambios? ¿Otra vez habrá que ponerlo todo patas arriba para contentar a alguien?

—Emma, no te pongas así. Vuelvo a repetirte que es un rumor, que…

—No es un rumor —dijo Regina—. Yo he comprado Mixtrum.

Emma saltó en el sillón y se enfrentó a ella con una furia que hacía muchos meses que no sentía.

—¡¿Que tú qué?!

—Que yo he comprado Mixtrum… Bueno, estoy en trámites, pero prácticamente es cosa hecha… y no tendrás que hacer ningún cambio que no quieras hacer.

—¿Y se puede saber a qué estabas esperando para decírmelo?

—A que el papeleo estuviera terminado. Lamento que se haya filtrado la noticia, quería que fueras la primera en saberlo. Quería decírtelo yo.

—Tenías que habérmelo dicho antes de empezar, joder.

Regina miró al redactor jefe, que las observaba desde el otro lado del escritorio.

—August, si no te importa me gustaría hablar esto con Emma en privado.

—Por supuesto.

—Más tarde me pondré en contacto contigo para ver la forma de utilizar nuestras rotativas. De momento no tengo infraestructura para poner Mixtrum en la calle yo sola.

—No habrá problema con eso, llegaremos a un acuerdo. Y sí, es mejor que esto lo arreglen entre ustedes.

Emma se levantó con brusquedad y salió de la oficina de August a grandes zancadas, furiosa. Regina la siguió hasta su oficina. Al pasar por la antesala, Rose y Ashley las miraron cruzarla sin decir palabra. Rubí estaba sentada ante el ordenador de Emma, y levantó la cabeza al verlas entrar. No tuvo ninguna duda de que algo grave había sucedido entre ellas.

—Por favor, Rubí, ¿te importaría salir un momento? —preguntó Regina.

Miró a su amiga, pidiéndole su parecer, y Emma asintió con la cabeza en silencio. Cerró la puerta cuidadosamente al salir, a pesar de que hacía varios meses que esta permanecía abierta cuando ambas estaban juntas en la oficina.

—¿Desde cuándo lo tenías planeado?

—No estaba planeado. Ha surgido sobre la marcha.

—No te creo.

—Estás en tu derecho; pero te estoy diciendo la verdad. Es largo de explicar y me hubiera gustado hacerlo tranquilamente, fuera de aquí y delante de una taza de café o una copa. Explicarte mis motivos desde el principio; pero debía haber supuesto que es imposible mantener nada en secreto en esta editorial de cotillas.

—Hazlo ahora. Tienes diez minutos, y recuerda que todavía guardo el borrador de una carta de dimisión, que no dudaré en utilizar. Estoy hasta los ovarios de Mixtrum, de ti, de mentiras y de traiciones.

—No serán suficientes diez minutos. No, con el enfado que tienes. Cálmate un poco y déjame explicártelo con calma luego, fuera de aquí. Dame la oportunidad de recoger del notario la documentación de la compra, que probablemente ya esté lista a última hora de la tarde.

—Tienes diez minutos. Ahora.

—Está bien, resumiré. A mediados de semana hablé con mi padre sobre asuntos personales que no tengo tiempo de explicarte en diez minutos y me dio a entender que tenía planes para mí y para Mixtrum. Sentí que de nuevo la revista se nos escapaba de las manos y decidí hacer algo al respecto. Si la compraba las dos podríamos hacer con ella lo que quisiéramos, publicar lo que nos diera la gana. Hablé con mi abogado y le consulté sobre la compra. Me dijo que era posible y le di carta blanca.

Creo en Mixtrum, en nuestro proyecto en común… y sí, tal vez debí decírtelo, pero no quería hacerlo hasta estar segura de que era viable, de que mi padre no iba a poner pegas. No quería que te hicieras ilusiones, que después se quedarían en nada. Sé lo importante que es Mixtrum para ti.

—¿Lo estás intentando disfrazar de generosidad hacia mí? ¿De caridad? ¿Tratas de decirme que has comprado Mixtrum para mí?

—Para ti no, para nosotras. Y para entenderlo y no juzgarme como lo estás haciendo deberás leer la documentación de la compra.

—No quiero tu generosidad, siempre tendría que estarte agradecida y no pienso hacerlo. ¡No vas a comprarme con este gesto! Ni quiero trabajar con alguien que actúa a mis espaldas, que miente y traiciona con la misma facilidad con que respira.

—No pretendo comprarte, pero ya sé que es inútil que intente explicártelo en estos momentos… No voy a decir nada más, no ahora. Solo te pido que no presentes la carta de dimisión hasta que te haga llegar la documentación de la compra. Y todavía no he firmado nada, no iba a hacerlo hasta hablar contigo. Llamaré al notario y trataré de hacerlo lo antes posible. Espera hasta entonces, por favor.

—Tus diez minutos han terminado. Pero haré lo que me pides, esperaré. Aunque no creo que sirva de mucho.

—Gracias. Y quiero que sepas que yo no soy tu padre; no juzgues a todas las personas por el mismo rasero.

Regina salió de la oficina y Emma enterró la cara entre las manos. Se sentía fatal: traicionada, enfadada, dolida. Sabía que no era mala idea lo de comprar Mixtrum, que era la forma de poder hacer las cosas a su modo, al de ambas, pero ¿por qué en secreto? ¿Por qué no se lo había dicho? Y ella, ¿por qué se sentía más dolida que enfadada?

Tal como había previsto, Rubí entró a los pocos minutos.

—¿Qué ocurre, Emma? Tanto Regina como tú están descompuestas.

—Ha comprado Mixtrum.

—¿Quién?

—Regina.

—Pues yo diría que es una buena noticia. ¿Acaso quiere que te vayas de ella? No lo creo.

—No, pero yo… creo que me voy a ir.

—¿Por qué?

—Porque lo ha hecho a mis espaldas, porque me ha mentido… Por que no quiero trabajar para ella. Ser su obra de caridad, permitirle que me deje publicar lo que quiero para que yo cumpla mi sueño. Entiéndelo Rubí. Ahora estamos las dos en el mismo plano, luchamos contra los accionistas codo con codo… y está funcionando. Podemos trabajar juntas; pero si Regina se convierte en la dueña yo sentiré que está siendo condescendiente y generosa conmigo. Y no estoy segura de querer hacerlo. Trabajar con ella, sí; para ella, no.

—Joder, Emma, qué complicada eres.

—¿Ahora te das cuenta? Me ha pedido que no haga nada hasta que me dé la documentación de la compra para que le eche un vistazo, y le he prometido hacerlo.

—Me alegro. Y voy a darte un consejo, que espero escuches. Tener Mixtrum para ustedes, aunque sea trabajando para Regina Mills es bueno. No permitas que tus sentimientos hacia ella lo estropeen y te hagan cometer el error más grande de tu vida.

—Yo no tengo sentimientos hacia Regina.

—Claro que los tienes, desde el primer momento en que la conociste; lo que ocurre es que esos sentimientos han ido cambiando. Al principio la aborrecías, la despreciabas; luego empezaste a respetarla como periodista y al final has llegado a apreciarla como persona. Si no fuera así no te habría molestado que comprase Mixtrum sin decírtelo, sino que la estarías besando los pies por hacerlo, por quitarte a los accionistas de la nuca. Piensa en todo esto con calma, y no te precipites. Dale una oportunidad. Lee lo que te mande y luego consúltalo con la almohada.

—Mi almohada no me da buenos consejos últimamente. Es una cabrona traidora.

Rubí se echó a reír.

—Entonces, déjala al margen y piensa con la cabeza.


A las cuatro y media de la tarde, Emma empezó a recoger para marcharse al hotel que tenía programado esa semana. Con toda la movida de la mañana ni siquiera le había preguntado a Regina su impresión como solía hacer.

La sección había funcionado bien desde el primer momento, y en el mes y medio que llevaba publicándose se había abierto una especie de foro de opinión de clientes que se habían alojado en ellos facilitando su opinión sobre las distintas versiones que daban Emma y Regina. Y ella disfrutaba alojándose una vez en semana en un sitio nuevo, descubriendo paisajes y entornos que nunca antes había apreciado.

Había echado un vistazo por Internet al que iba esa noche, y le había parecido especialmente bonito y no demasiado lejos. Pero aun así iba a salir con tiempo para dar un paseo por los alrededores antes de la cena.

Como siempre, aquella mañana se había llevado el equipaje en un bolso de fin de semana, y cuando terminó entró en el baño a cambiarse de ropa. Había cogido la costumbre de quitarse la de trabajo y ponerse algo cómodo para conducir.

Cuando entró de nuevo en la oficina, vistiendo unos vaqueros azul oscuro, una camiseta holgada color salmón y una sudadera también azul, en previsión del frío de la noche, Regina la esperaba en ella. Tenía un fajo de documentos en la mano.

—Llamé al notario y me dijo que la documentación para la compra estaba terminada. He pasado a recogerla en la hora del almuerzo y me gustaría que te la llevaras y le echaras un vistazo si tienes tiempo esta noche.

—¿No has almorzado?

—Desayuné fuerte. Esto es más importante.

—Me marcho ahora, podías haber esperado a mi vuelta.

—No; no quiero que pienses que he tenido tiempo de amañar la compra para convencerte. Quiero que te quede claro que es así como lo planeé desde el principio. Por favor, échale un vistazo y me llamas cuando lo hayas hecho. Quiero aclarar las cosas cuanto antes.

—De acuerdo. Yo también.

—Y el hotel… es precioso. Vas a tener difícil para ponerle pegas.

—Algo encontraré. Y ahora me marcho. Hasta mañana.

—No olvides llamarme, no importa lo tarde que sea.

—Vale.

Cogió su bolsa de viaje y salió de la redacción. Condujo tranquila por la carretera secundaria hasta el hotel de montaña que debía ser objeto de sus críticas esa semana. Regina había tenido razón. Era precioso.

Se registró y se asomó a la ventana de su habitación. Dudó si coger los documentos que tenía en la maleta o dar ese paseo que había pretendido. El sol estaba todavía alto, aunque no le quedaba mucho tiempo en el cielo. Decidió que el paseo era ahora o nunca, y los papeles podían esperar un rato, por muy ansiosa que estuviera de saber su contenido. Cogió la llave de la habitación y un reproductor de mp4 y salió del hotel.

El paseo le sentó muy bien. Fue relajante y le sirvió para pensar en lo sucedido aquel día, en las palabras de Rubí y en su propia reacción. Estaba hecha un lío, quizás leer aquellos malditos papeles la hicieran pensar con claridad.

Regresó cuando las primeras sombras de la noche caían. Subió a la habitación y, sentándose cómodamente en la cama, cogió el fajo de documentos y comenzó a leer.

El primero era una solicitud de compra dirigida a la junta de accionistas de Mixtrum. El segundo una respuesta por parte de la misma, fijando el precio. Un precio razonable. El tercero la aceptación por parte de Regina de ese precio y el inicio de la compra-venta. Documentos bancarios, forma de pago, etc. Y el último documento la dejó perpleja. Era la formación de una sociedad al cincuenta por ciento por la propiedad de Mixtrum entre Regina Mills y Emma Swan. Según el documento, Regina le vendía la mitad de Mixtrum justo por la mitad del precio que ella pagaría por ella, y la forma de pago quedaba a la elección de Emma.

Lo leyó dos, tres veces, hasta estar completamente segura del contenido, hasta que no hubo ni una coma que no hubiera desmenuzado. Regina había comprado Mixtrum para ellas, no para ella. Ni generosidad ni favores, solo la propiedad compartida y pagada por ambas. Igualdad de condiciones.

Todo el enfado que le quedaba se desvaneció y sintió la apremiante necesidad de llamarla, de escuchar su voz y disculparse. Siempre le había costado trabajo pedir disculpas, pero en ese momento sentía la urgente necesidad de hacerlo, aunque hubiera preferido que fuese en persona y no por teléfono. Además, Regina había insistido en que la llamase y ahora entendía la razón.

Cogió el móvil y marcó el número. Como si lo hubiese tenido en la mano, Regina respondió al instante.

—Lo has leído.

—Sí.

—¿Y…?

—No sé qué decir. Lo único que se me ocurre es pedirte disculpas.

—No son necesarias; solo di que sí, que aceptas.

—Acepto… pero tenías razón, esto no es para hablarlo por teléfono, ni con prisas sino cara a cara. ¿Debo entender que has tenido tus motivos para no decírmelo antes?

—Así es.

—Bien, entonces tendrás que contármelo despacio.

—En el momento que quieras.

—Podríamos quedar mañana por la tarde después del trabajo.

—¿Y por qué no ahora?

—Porque ahora estoy en el Hotel que nos tocaba.

—Bueno si sirve de algo estoy a tres habitaciones más allá de la tuya.

—¿Aquí? ¿En el hotel?

—Sí.

—Pero…

—Te dije que quería solucionar esto cuanto antes. Y sabía que querrías hablarlo en cuanto leyeras los documentos. Apenas media hora después de que te vinieras, salí yo. Te he visto regresar de tu paseo desde mi ventana.

—¿Te has hecho otro montón de kilómetros para hablar conmigo?

—Sí.

—Joder … No sé qué decir.

—No digas nada ahora. Hazlo delante de una buena cena, mientras te cuento todo desde el principio. Estoy hambrienta.

—¿Sigues sin comer ?

—Tomé un café y un sándwich antes de venir.

—Bien, te invito a la cena más abundante que seas capaz de tragar, señora Mills.

—Si vas a compartir conmigo la propiedad de Mixtrum tendrás que aprender a llamarme Regina.

—¿Por qué? Me gusta llamarte Mills.

—Hagamos un trato. Mills para el trabajo y Regina fuera de él.

—De acuerdo.

—A cambio, tú vendrás a trabajar vestida de persona.

—Eso tengo que pensarlo… Y sin duda pediré algo a cambio.

—Bien, estoy dispuesta a aceptar lo que sea.

—¿En diez minutos en el comedor ?

—Perfecto.

Emma se cambió de ropa. Si iba a cenar con Regina no le apetecía hacer lo con un vaquero y una sudadera. Se dio una ducha rápida y se puso un jersey fino y ajustado encima del vaquero. Se cepilló el pelo dejándolo suelto y bajó al comedor, con casi cinco minutos de retraso.

Regina ya la esperaba en la puerta, vistiendo la ropa de la mañana y un jersey de cremallera encima. Su aspecto cansado había aumentado desde la última vez que la vio.

—¿Mesa para dos? —les peguntó el maître.

—Sí, por favor.

Las acomodaron junto a una ventana. Regina pidió una cena abundante.

—¿Vino? Hay que brindar. Ella asintió.

Guardaron silencio mientras les sirvieron y cuando ya los primeros entrantes estaban sobre la mesa, Regina empezó a hablar.

—La semana pasada fui a cenar con mis padres. Lo hago a menudo, igual que con mi hermana y su familia. Mi padre empezó a hablar del día en que me incorporase al negocio familiar, y me pareció el momento idóneo para decirle que no lo iba a hacer. Que el negocio familiar estaba perfectamente llevado por mi hermana y que yo quería dedicarme al periodismo.

»Al principio intentó convencerme, pero luego, sabiendo lo terca que soy, se pasó al extremo opuesto y decidió ayudarme. Dijo que me financiaría mi propia editorial, que dejase de jugar a publicar una revista de segunda y que fuera a algo grande. Que Mixtrum no tenía futuro, que probablemente se iba a dejar de publicar por no ser lo bastante rentable y que te la dejase a ti mientras todavía estuviese en el mercado. Que me saliera de un barco que iban a hundir los accionistas.

—¿Piensan dejar de publicarla?

—Eso parece, aunque no inmediatamente. No genera los beneficios espectaculares de otras publicaciones.

Regina bebió un sorbo de vino para acompañar el sabroso revuelto de productos de la tierra que estaba tomando de primer plato.

—Cuando llegué a casa, me puse a hacer un estudio de mercado, pedí «confidencialmente» un índice de gastos y beneficios de Mixtrum desde que empezó a publicarse, y comprendí que era viable, que generaba los beneficios suficientes para cubrir nuestros salarios y los de Rubí, Ashley y Rose, si quieren venirse con nosotras, y el alquiler de un local pequeño donde establecer nuestra editorial. Tendríamos que pagar por el alquiler de las rotativas para la publicación, pero aun así era posible. Mixtrum es nuestra, Emma. Tuya, mía y de las chicas, y no pienso dejar que la manden al carajo una panda de avariciosos, entre ellos mi padre. Al día siguiente lo llamé y le dije que quería comprarla, que quería empezar por mi cuenta, con mi propio dinero y mis propios medios, y eso mi padre lo entiende y lo respeta. Accedió a hablar con el resto de accionistas y vendérmela. No sé cuál es tu situación económica, de modo que decidí poner yo el dinero y luego arreglar las cosas entre nosotras, pero en ningún momento pensé en que fuera solo mía. Puedes pagarme tu mitad como quieras, del tirón, en dos veces, a plazos...

—Dispongo de buena parte del dinero, y puedo pedir un préstamo por el resto. No hay problema con eso.

—Todo sucedió muy rápido. Pilló por medio el fin de semana, pero algo me decía que debía dar me prisa porque el precio podía subir, de modo que preparé la documentación y se la envié al notario para que terminara los arreglos. Pensaba decírtelo mañana por la tarde, cuando volvieras de tu viaje, pero alguien se fue de la lengua antes. Lamento tu enfado y que te enterases así.

—Bueno, bien está lo que bien acaba. Yo te vuelvo a pedir disculpas por no haberte dado la oportunidad de explicarte y por haber pensado que me estabas traicionando sin darte la opción a defenderte.

—No importa. Como bien dices, bien está lo que bien acaba. Ahora, cuando terminemos de cenar, iremos a tu habitación y ambas firmaremos la sociedad de una revista en la que podremos hacer y deshacer a nuestro antojo por fin. Y por la que espero seguir teniendo contigo buenas y divertidas broncas laborales, aunque me gustaría que fuéramos amigas cuando saliéramos del trabajo. Ya sabes, un café, una copa y un rato de charla. O una amigable cena como esta.

—Tengo que reconocer que te lo estás ganando a pulso, Mil… Regina. De acuerdo, amigas fuera del trabajo.

Regina volvió a llenar las copas con el resto del vino.

—Por nosotras, y por nuestra sociedad. Ella aceptó el brindis y bebieron.

Después recorrieron el hotel, tomaron una copa y continuaron charlando sobre su proyecto. Emma empezó a sentirse achispada, el vino y los dos rones con cola que se había tomado después le empezaron a hacer desear algo que no era oportuno ni aconsejable en aquel momento. Regina y ella estaban estableciendo una relación profesional seria en aquel momento y no era buena idea meter el sexo por medio. Tenía que controlar la atracción que Regina Mills ejercía sobre ella en cuanto se tomaba dos copas. Quizás tendría que volverse abstemia para hacer funcionar Mixtrum.

—Estoy cansada, Regina. Y tú debes estar agotada. Creo que es hora de irnos a la cama.

—¿No vamos a firmar la sociedad antes?

—Puede esperar a mañana por la mañana —dijo temerosa de que si Regina pisaba su habitación, no la dejara salir de ella en toda la noche. Que era lo que deseaba hacer.

—Está bien; como quieras.

Subieron hasta la planta que compartían y se despidieron en la puerta de la habitación de Emma.

—¿Estás segura de que no quieres que entre a firmar ? Sería solo un momento… Pero sus ojos desmentían sus palabras.

—Sí, estoy segura —dijo, y también los suyos mentían.

—Buenas noches entonces, Querida.

—Hasta mañana, Mills