NOCHE DE QUIDDITCH

Bien, todo había empezado por una fantástica idea, rememoraba Harry mientras yacía en el suelo con la lluvia precipitándose por su cuerpo, limpiando los rastros de lodo de su rostro sucio y mallugado. Tal vez no, reconsideró, parpadeando desorientado cuando el rostro de Ron se alzó sobre su campo de visión, bailando de un lado para otro de manera distorsionada, sus labios moviéndose con rapidez.

— Compañero, ¿estás bien?… — su voz se escuchaba lejana, retumbante dentro de su cabeza — ¡Lo siento tanto!, jamás pensé que realmente pudiera golpearte. Tú sabes, realmente, REALMENTE — subrayó.

Harry inhaló una profunda y dolorosa bocanada de aire, sintiendo la sangre de su hemorragia nasal mezclándose con la lluvia misma de aquella tormentosa tarde.

— Dolor — fue lo único que pudo registrar su atrofiado cerebro, antes de dejar caer los parpados con pesadez, sintiendo el cansancio llevarlo a la inconsciencia.

—… ¡No!, ¡tú cierra el pico, Ronald Weasley!, ¡fuiste tú, gran neandertal, quien lo puso en ése estado!, — despotricaba Hermione en algún lugar dentro de la cabeza de


Harry, sonando como un enjambre de furiosas abejas por los atropellados susurros en que hablaba — ¡Si no estuvieran siempre con sus juegos de barbaros, él estaría bien, no tirado en una camilla en la enfermería con una enorme bola sobresaliendo en su frente y bajo el efecto de fuertes pociones analgésicas para prevenir una grave contusión! — le chilló furiosa.

— ¡Oh, vamos, no exageres!, ¡como si yo hubiera ido como: "Hey Harry, vamos a jugar a que te parto la cabeza"! — dramatizó Ron.

Un golpe, seguido de un gemido ahogado, junto a una maldición entre dientes y una nueva amenaza por parte de Hermione, hicieron que Harry comenzara a reaccionar, moviéndose con lentitud.

— Yo te daré algo para exagerar… — siguió Hermione.

— En serio, ¿por qué no simplemente te casas?… — le espetó adolorido — ¡Ssss!, ¡Hermione, por Merlín! — gimió sin aliento.

— Ya no peleen — murmuró Harry, entreabriendo los ojos para descubrir como las mejillas de Hermione se sonrojaban, soltando la oreja de Ron con rapidez y abalanzándose sobre él, únicamente para detenerse bruscamente a su costado, viéndolo con ansiedad, conteniendo el aliento; como si el simple hecho de respirar frente a su lecho pudiera lesionarlo más de lo que ya se sentía.

— ¡¿Estás bien?! — barboteó preocupada.

— ¡Ves!, ¡te dije que no le iba a pasar nada!… — interrumpió Ron con arrebato, masajeando su sonrojada oreja — por los pantalones de Merlín, si Voldemort no pudo acabar con él en ninguno de sus intentos de asesinato, yo no lo iba a mandar a la tumba por culpa de un "bludgerazo" — rezongó.

Hermione giró el rostro hacia los pies de la cama, donde Ron se había colocado, y lo fulminó con la mirada.

— Bludgerazo te daré yo cuando te ponga las manos encima, Weasley — le espetó, dando un paso hacia él de manera amenazante. Ron retrocedió precipitadamente sobre sus pasos, enredándose con los doseles que dividían el cubículo en el que estaba el pelinegro, y el siguiente.

Harry se llevó una mano a la frente, sintiendo una punzada de dolor cada vez que ellos hablaban, siseando de dolor cuando sus dedos palparon una enorme protuberancia justo encima de su cicatriz. El vago recuerdo de una bludger dirigiéndose rápidamente a su rostro, lo hizo cerrar los ojos, maldiciendo en silencio por su brillante idea de permanecer en la espera del impacto.

— ¡Merlín, Hermione, me vas a dejar igual que a George!, — se quejó Ron cuando su oreja fue apresada nuevamente por una sonrojada castaña, quien sólo aumentó la fuerza de su agarre al escucharlo expresarse así de su hermano mayor — ¡Ahh!, ¡ya mujer, que aún te lo dejé en una pieza para que te lleve a la graduación!… — se defendió, quedando arrinconado entre un poste y la castaña cuando logró liberarse — Y ni me mires así porque ambos sabemos perfectamente bien que tienen ésa cita y ése baile pendientes desde hace mucho tiempo — añadió al recibir su mirada fulminante una vez más.

Por un breve instante, sólo por uno, Harry agradeció que su rostro ya estaba lo suficientemente enrojecido como para que notaran el cambio en su sonrojo, pero cuando sintió un escozor nacer desde detrás de su entrecejo, viajando hacia su tabique, se estremeció de dolor y desagrado ante la repugnante sensación, llevándose las puntas de los dedos a palpar con cuidado la mallugada carne; acto que a Ron le salvó de la furia de Hermione, cuando ésta volvió a centrar toda su atención en Harry.

— ¿Qué pasa?, ¿estás bien?, ¿empezó a sangrarte nuevamente la nariz?… — inquirió ansiosa — Harry, ¿te sigue doliendo? — insistió al no recibir respuesta.

— No tanto como el orgullo, — dejó salir Ron en voz alta — Vaya trastazo que te metiste compañero — recordó en una risa ahogada.

— ¡Que le metiste tú, querrás decir! — le riñó la castaña, regresando a verlo con las manos crispadas en dos puños.

Ron apretó los dientes, rodando los ojos con exasperación.

— Que no fue mi intención, Hermione. Merlín, realmente eres tan terca a veces — vociferó con fastidio.

— ¿Qué acabas de decir? — le cuestionó con frialdad.

— Por favor, ambos, ya basta de peleas — les pidió Harry con la voz tomada, cual si tuviera la nariz… bien, irónicamente congestionada.

Pero antes de que Ron o Hermione empezaran a rebatir una en contra del otro, la puerta se abrió, apareciendo la cabellera pelirroja de Ginny en escena, viéndolos con un dejo de humor mientras se acercaba.

— ¿Despertó "El Petrificado" ?, escuché sus chillidos por todo el pasillo — les dijo.

Harry la regresó a ver con reprobación por el apodo usado.

— Yo no chillo — espetó Ron con voz estridente.

— Cual cerdo — murmuró Hermione malhumorada, arrancando una carcajada por parte de Harry y Ginny. La castaña, dándose cuenta de lo que había dicho en un arranque de exasperación, se llevó las manos a la boca, viéndolos con los ojos desorbitados.

El rostro de Ron resplandeció escarlata, bufando cual toro enfermo, sus mejillas se inflaron levemente, un músculo le comenzó a temblar en la mandíbula cuando apretó los labios; y entonces, una estridente risotada subió desde su estómago, trepando por su pecho, explotando en su boca, encorvándose en un ataque de incontrolable risa, hipando en busca de aire.

— ¡Ves lo que me haces decir!… — le exclamó Hermione, escondiendo su enrojecido rostro entre sus manos mientras sus amigos seguían riendo sin reparo — Ya cállense, ¡harán que madame Pomfrey nos eche de aquí! — le recordó a modo de reprimenda.

— Por mí no se preocupe, señorita Granger, el señor Potter es libre de marcharse una vez que pueda dejar de reírse; claro, siempre y cuando se lleve con él al "chillante" señor Weasley — apareció la enfermera, trayendo consigo un par de frascos con contenido de apariencia nauseabunda. Ginny medio gritó medio se carcajeó al escuchar a la enfermera, mientras Ron se silenciaba, totalmente sonrojado.

Y Harry se callaba inmediatamente, pasando saliva, con la mirada fija en las pociones.

— Debo suponer que ya sabe que es esto, ¿no es así? — le preguntó madame Pomfrey con una disimulada sonrisa, levantando una pequeña probeta con algo pastoso y de color grisáceo nadando dentro cuando lo agitó débilmente.

Harry sólo pudo volver a pasar saliva con un amargo gesto de dolor en el rostro.

— Crece huesos — musitó de manera ahogada.

— Y una pequeña poción que, me complace decir, es de mi creación — asintió, señalándole una de consistencia cristalina, la cual burbujeaba cual si fuera brebaje antiácido.


Varios minutos después, y con un gran sorbo de poción Cual Fuera Su Nombre, Hermione y Ron subían las escaleras arrastrando a un muy sonriente Harry que apenas era capaz de poner un pie enfrente del otro en línea recta, dejando escapar risillas amortiguadas cada cierto tiempo, riendo de las tonterías que venía diciendo Ginny tras ellos.

— Oye, Harry, Harry… — volvió a llamarlo — ¿Qué opinas de Slughorn?, ¿crees que nos pida ser miembros honorarios del club "Honremos a Harry Potter, nuestro salvador"?

— Seguro. Hasta haremos la obra de teatro. Tú interpretaras el papel de "El Elegido", porque eres pelirroja y nadie puede contra los pelirrojos, por supuesto; mientras yo represento a "¡Rupert!", el galante compañero de aventuras, compinche en asaltos a Gringotts — dramatizó.

Ron lo regresó a ver con las orejas rojas, haciendo caso omiso del chillido que soltó Hermione cuando los hizo trastrabillar a propósito en el siguiente escalón.

— ¿Acaso buscas matarnos?, ¿o simplemente no fue suficiente el golpe que le diste a Harry? — le escupió Hermione con acritud.

— Sólo tumbarle los dientes por gracioso. Y de paso que aplaste a mi "adorada" hermana — respondió impasible.

Ginny lo fulminó con la mirada.

— Es serio, júrenme que yo no actué así de idiota cuando estuve a punto de morir por culpa de los chocolates envenenados de Romilda — gimió, recordándolo de pronto.

Hermione desvió la mirada hacia las escaleras, haciendo caso omiso del repentino escozor que asaltó sus mejillas; sintiendo la penetrante mirada de Ginny en su nuca.

— Peor — le respondió Harry repentinamente serio.

— ¿Peor?, — se estremeció Ron — ¿peor, deja de hacerte el chistosito?, ¿o peor, mejor cierra el maldito pico y evita la humillación pública? — inquirió asustado.

Hermione miró sobre su hombro cuando alcanzaron el final de las escaleras y se encaminaron por un pasillo; sus ojos encontrándose con los risueños de Ginny.

— Peor, terminaste olímpica e hilarantemente con Lavender y ni siquiera lo recuerdas — repuso la pelirroja.

— Oh Merlín, díganme cómo, sea lo que sea, lo afrontaré… Vamos, por favor… — les rogó, pasando su mirada desesperada de uno a otra, alternadamente — Chicos, ¿nadie me dirá?… ¿Tan mal fue?, ¿compañero? — lo miró esperanzado.

— No sé Ron, yo prefiero pensar en cosas agradables — hizo una mueca de dolor.

Ginny ahogó una carcajada; su sonrisa ampliándose cuando una sombra emergió desde el final del pasillo, cortándoles el paso apenas estuvieron a un par de metros de la sala común.

— Hey, chicos. Qué tal… ¿la nariz?; Merlín, Harry, está bien eso de limpiártela de vez en cuando, pero no uses las ramas del sauce boxeador para hacerlo — comentó Neville con gracia.

— Ja, ja. Que chistosito Longbottom… — ironizó Ron, deteniéndose y ayudando a Hermione para que Harry dejara de balancearse de un lado para otro — Qué haces aquí ¿eh?, sabes bien que no puedes entrar a la sala común, sólo es para alumnos, y TÚ no lo eres. Además, ¿no se supone que deberías estar en el Gran Comedor junto a los demás? — le cuestionó.

— Hacia allá me dirigía, tan sólo tomé un atajo y vine a ver si Ginny…

— No necesitas darle explicaciones, Nev — lo cortó la aludida, dando un par de pasos hacia él, colocándose a su lado.

Ron pasó la mirada de uno a otra con sospecha, sus orejas tiñéndose prontamente de color rojo.

— Ah, no. ¡Eso sí que no!… — bufó, frunciendo los labios — ¡Tienes terminantemente prohibido…!

— Sí, sí, como digas… — lo frenó Ginny con expresión aburrida — Nos vemos luego. Mejórate Harry. Relájate "Rupert". Nos vemos "Er… my… nee" — chilló ahogadamente, reprimiendo una carcajada.

— Ginny — le advirtió la castaña.

La pelirroja tan sólo sonrió con inocencia, tomando a Neville del antebrazo y guiándolo de regreso por el camino que habían seguido.

— ¡Te recuerdo que eres el asistente de Sprout, Longbottom!, ¡no puedes socializar con los estudiantes! — Ron le levantó voz, debatiéndose entre salir corriendo tras ellos, o sostener a Harry.

Neville lo ignoró, siguiendo con su camino, levantando un brazo en señal de despedida mientras se escuchaban las risas amortiguadas de Ginny.

— ¡MUCHO MENOS CON MI HERMANA! — su voz se transformó en un estrangulado chillido inentendible casi al final de la oración, haciendo eco al final del corredor.

— Olvídalo Ron. Ni él, ni Ginny, te escuchan ya — lo frenó Hermione.

— Ése Neville, siempre supe que ésa actitud zalamera era una cubierta para enrollarse con cuanta chica encontrara — resopló furioso.

Harry soltó una risita al ver como sus orejas se ponían rojas.

— Que bonito te ves cuando te sonrojas — comentó en tono meloso.

— Tú cállate lengua de trapo — lo golpeó en las costillas, sus mejillas escarlatas.

— ¡Ron!… — chilló Hermione con histeria, fusilándolo con la mirada. Su brazo rodeando protectoramente la cintura y el pecho de Harry mientras éste se acurrucaba contra ella con cara de mártir — ¡Eres un maldito insensible! — le espetó molesta.

— No fastidies Hermione, fue sin intención. Es culpa de Ginny por molestarme — se justificó, volviendo a cruzar un brazo por la cintura de Harry para que la castaña no lo detuviera con su propio cuerpo.

— ¡Exacto!, ¿por qué la pagas contra Harry?; él sólo hizo una observación. Y te recuerdo que está bajo los efectos de muchas pociones por TU culpa — le sermoneó.

— Me pegó, Hermione. ¿Viste?, ¿viste?; y se dice mi mejor amigo — Harry la miró con una mueca de exagerado dolor. La castaña le sonrió débilmente, tomando su mano con el brazo libre en una señal de apoyo.

Ron hizo caso omiso, arrastrándolos hasta el retrato de la dama gorda, quien fingió no haberlos estado observando todo ése rato cuando el pelirrojo prácticamente le ladró la contraseña con una mirada fulminante. Y Hermione no pudo reprenderlo por tal descortesía pues apenas se abrió el retrato, Ron los haló al interior, apachurrándolos contra el estrecho pasillo; soltando un suspiro de alivio cuando finalmente se encontraron en medio de la sala común.

— Hey Ron, te juego una partida de ajedrez mágico, para limar asperezas — le sugirió Harry, emprendiendo la caminata hacia los sillones, olvidando su estado de convalecencia y yéndose de bruces, siendo interceptado inmediatamente por sus mejores amigos.

— Sí, ya lo creo — ironizó Ron, enderezándolo.

— No, debes descansar Harry — le negó Hermione.

— Pero…

— Madame Pomfrey dijo estrictamente: reposo y descanso — recitó.

— Eso es lo mismo — respondieron a la par Ron y Harry. Pero ella los ignoró.


Y si arrastrar a Harry por las escaleras cambiantes había sido un problema, nada se comparó al camino de la sala común al dormitorio de los chicos de séptimo año, el cual ciertamente fue el momento más estresante para Hermione y Ron cuando trataban de avanzar por un ridículo pasillo en el cual apenas cabía uno, con otro detrás, y luchando por ver quien pasaba de último, deteniendo el peso de Harry. Apenas habían pasado la puerta que marcaba como tercer grado, cuando Ron soltó una blasfemia, golpeándose el pie por cuarta vez.

— ¿Les he dicho alguna vez, que ustedes dos, son los mejores amigos que pudiera tener? — les preguntó Harry con una sonrisa melancólica.

Ron compartió una mirada con Hermione por encima del pelinegro. Un brazo entrelazado con el de su mejor amigo mientras lo guiaba, con la castaña empujándolos desde atrás.

— Sí, compañero, ya lo dijiste. Y nos quedó muy claro cuando derrotamos a Voldemort y nos abrazamos todos emotivos — le respondió.

— No te burles de él — le riñó Hermione entre dientes.

Ron rodó los ojos, teniendo el vago pensamiento que con la facilidad con que Hermione lo exasperaba, un día de estos terminaría con los ojos en blanco permanentemente.

— Pues lo son. ¡Los mejores!… — reafirmó con énfasis — Y si alguien me pregunta alguna vez, yo les diré que ustedes ¡son los mejores! — clamó con la voz ronca.

Hermione no pudo evitar sonreír con gracia al escucharlo hablar, reprendiéndose inmediatamente por encontrar divertida la situación.

— Oye Ron, ¿y tú crees que Luna acepte ir contigo a la graduación? — Harry cambió de tema bruscamente.

Hermione levantó las cejas hacia el pelirrojo, disfrutando del sonrojo en éste.

— No sé de qué hablas — masculló nervioso.

— ¿No se lo has pedido aun?, es en tres días — le recordó.

— No sé de qué hablas — enfatizó.

— Yo creo que sí sabes… — canturreó Hermione sin poder disimular su risa — Y honestamente, ¡ya era hora!

— ¿Hablamos de "ya era hora"? — la regresó a ver significativamente.

La sonrisa de Hermione se congeló, pasando saliva con nervios. Pero afortunadamente ya no tuvo que escuchar a Ron, pues finalmente habían alcanzado la habitación de los chicos.

— Cuídala Ron, vale oro… como su cabello rubio — murmuró Harry cuando lo dejaron caer en la cama.

— Sí, sí, compañero, lo que tú digas… — asintió Ron, subiendo sus pies a la cama, y cubriéndolo con una manta desde el pecho. Mientras Hermione colocaba cuidadosamente, sobre la mesita de noche, los frascos con pociones que les había dado madame Pomfrey — Así que, ya cumplí, iré a cenar — sacudió sus manos, enderezándose.

— ¿Así sin más?, realmente…

— Realmente debes dejar de sermonearme Hermione. Comprendo que sólo nos quedan dos semanas juntos, y después tú a la academia de Leyes Mágicas y yo a la de Aurores; pero en serio, nos volveremos a ver, incluso te dejaré jalarme las orejas sin chistar, pero por favor, no te desquites conmigo como si fuera el último día que tuviéramos para pelear — le rogó.

Las mejillas de Hermione se sonrojaron, apartando la mirada hacia un semiinconsciente Harry, quien veía el techo de la habitación con los ojos entreabiertos.

— Está bien, supongo que exageré un poco — otorgó.

— ¿Un poco? — ironizó.

— No presiones Ronald.

— De acuerdo… — arrastró las palabras — Iré a cenar.

— Querrás decir a vigilar a Ginny — lo corrigió Hermione regresando a verlo.

Ron hundió las manos en sus bolsillos, cual si buscara su varita con disimulo.

— Por una vez, te daré la razón. Sí iré a vigilar a Ginny.

— Ron, necesitas confiar en Neville. Nunca te ha dado razones para dudar de él. Respeta a tu hermana, y lo sabes muy bien — replicó.

— No, si de él nunca he desconfiado. Pero Ginny, déjala cinco minutos con Merlín, y te lo pervierte desde la punta de los pies hasta el último pelo de su barba — se estremeció.

Hermione chasqueó la lengua para amortiguar el sonido de su sonrisa.

— ¿Neville tiene barba?, no me había fijado… Quizás es porque ahora es asistente de profesor. Ron, ¿tú crees que me saldría barba si le ayudo a McGonagall un día de estos? — meditó Harry en voz alta.

Ron y Hermione voltearon a verlo con similares expresiones de desconcierto.

— Sí, seguro te crece, y hasta más larga que a Dumbledore… — le respondió con seriedad — Yo mejor le daba otra dosis de ésa cosa, a ver si se duerme, — le dijo a la castaña, señalando el frasco con poción analgésica mientras hacia su camino de regreso a la puerta — Oh, y Hermione, el Muffliato puede ser realmente útil a veces. Digo, por si la dosis crea un efecto adverso al de mantenerlo "dormido" — alzó las cejas con picardía.

— ¿De qué estás…?… ¡Ronald Weasley, ya te daré yo tu Muffliato cuando te ponga las manos encima! — con el rostro desencajado por la vergüenza, Hermione soltó un bufido para nada femenino, deteniéndose en su persecución por Ron cuando éste salió corriendo, cerrando de un portazo a su espalda, alejándose de su alcance.

El suspiro de Harry, en la cama, la hizo mirarlo sobre su hombro.

— ¿Alguna vez te dije que mi deporte favorito es el Quidditch? — le preguntó con expresión soñadora.

Hermione dejó caer los hombros, regresando sobre sus pasos, hacia él, sentándose a los pies de la cama con una mirada de resignación.

— No Harry, nunca me lo habías dicho — le contestó.

Y Hermione deseó no haber pronunciado ésas palabras cuando vio sus ojos brillar de la misma manera en que alguna vez lo hicieron los de Cormac al relatar "Las cien mejores salvadas de McLaggen". Aunque revivir "Las diez mejores capturas de snitch de Potter", sin duda valía la pena escuchar. Sobre todo, cuando el primer relato empezó con:

— Inteligente, de abundante y suave cabello castaño, olor a vainilla; me apoyaba desde las gradas…

Para cuando Harry empezó el relato de su último partido de Quidditch para la casa Gryffindor, y el cual se había disputado hacia exactamente un mes atrás, Hermione se encontraba sentada a su lado, en la cama, con la espalda apoyada en un par de almohadas, que había conjurado, y el cabecero de madera; mientras Harry la veía hacia arriba con ojos brillantes…

— La sensación de caída se incrementaba, el nudo que sentía en el pecho era como tener un millón de fuegos artificiales a punto de estallar; no podía respirar, no podía escuchar. Sólo estaba yo, volando a tres metros del suelo, aunque me sintiera fuera de toda gravedad, y ella… tan cerca de mí, cosquilleando en la palma de mi mano… — murmuró ronca — Y lo único en que podía pensar, es que no había un lugar más en el mundo en que quisiera estar; y que, por primera vez, ya no me faltaba nada.

Hermione perdió el aliento, sus labios curvándose en una sonrisa de ternura.

— Pero ¿sabes que es lo mejor de todo?, ¿de lo que me di cuenta? — finalizó emocionado.

Hermione lo miró con los ojos brillantes.

— ¿De qué? — murmuró expectante.

Una sonrisa apareció en el rostro de Harry, quien soltó un suspiro entrecortado.

— De que ganamos la copa. Tenía la snitch en mi mano.

Cual suave cristal estrellándose contra el suelo, una sensación parecida experimentó Hermione cuando parpadeó desorientada, escuchando el eco de sus esperanzas haciéndose añicos; una arcada de pura frustración y decepción escaló desde su vientre, haciéndola crispar los puños, tan fuerte que cortó la palma de sus manos con sus cortas uñas.

— Que… bien — replicó con labios temblorosos.

Y apartó la mirada hacia cualquier lugar que no fuera los ojos risueños de Harry, tomando una larga respiración buscando tranquilizar su atolondrado corazón. Aunque siempre había la posibilidad de darle una buena bofetada para desquitar su frustración, al fin de cuentas, estaba más anestesiado que un mago bajo el efecto de miles de pociones tranquilizantes, pensó con ironía.

Pero entonces Harry se acurrucó contra ella, descansando su cabeza en su regazo, cerrando los ojos con una sonrisa plena en sus labios.

— Y eso no se comparó siquiera al abrazo que me dio mi castaña — rememoró soñadoramente.

Hermione lo regresó a ver con rapidez, sin darse cuenta del ligero malestar que le causó a su cuello cuando casi se auto rompió las cervicales al inclinarse más cerca de Harry, creyendo haber oído mal, mirándolo con ansiedad.

— ¿Ella estaba…?… ¿ella significó…? — se enredó con las palabras.

Harry abrió los ojos, contemplándola como si no hubiera nada más en el mundo que importara más para él que el simple acto de mirarla, respirando de su cercanía.

— Ella estaba, y ha estado, en cada momento que ha significado todo y nada para mí — le confesó.

Una extraña sensación se liberó en el pecho de Hermione, cual, si miles de hormigas corretearan alegremente por su organismo, sus labios se entreabrieron sin exhalar sonido alguno, las manos le temblaron cuando Harry las tomó entre las suyas y las colocó sobre su pecho, notando el eufórico ritmo de su corazón a través de su camisa.

Y Hermione no pudo más que recordarles a sus pulmones seguir respirando cuando vio brillantes y pequeños puntos frente a sus ojos; sorprendiéndose de sobremanera cuando una hilera se liberó, dejando una línea húmeda a lo largo de su mejilla.

Una lágrima de sincera emoción.

— Harry — musitó sin aliento, un nudo adhiriéndose a su garganta.

— ¿De verdad no lo recuerdas?… — le preguntó con debilidad, levantando la mano y trazando el trayecto que siguió su lágrima, borrándola con su tacto — ¿No recuerdas nada… en absoluto? — la miró esperanzado.

Hermione pasó saliva, intentando recuperar la respiración, mirándolo con un dejo de pesar.

Imágenes de Harry trayéndole un sándwich, haciéndola comerlo, leyéndole un libro, proyectándose frente a sus ojos.

Un beso consumado, el que había anhelado por mucho tiempo.

— Harry — repitió su nombre con nerviosismo, sus mejillas resplandeciendo, abrasantes por su toque.

Harry dejó escapar un suspiro desalentador, bajando su mano y soltando la de ella sin darse cuenta, asintiendo en silencio.


— Harry, Harry, despierta, debes tomar la poción — zarandeaba Hermione al pelinegro varias horas después, cuando la oscuridad rodeaba la habitación y su mejor amigo se hubiera dormido sobre su regazo sin darse cuenta del alboroto que llegaba desde la sala común, donde todo el alumnado estaba reunido teniendo una fiesta clandestina dedicada a los de último año.

El pelinegro, lejos de despertar, se sacudió su mano con un débil manotazo, entrelazando sus brazos alrededor de su cintura, exhalando un gemido de comodidad, sonriendo entre sueños.

Hermione sonrió ante su gesto, y se permitió apreciar lo pacífico que se veía cuando dormía, desnudo de preocupaciones; pasó una mano por su cabello alborotado, amando la manera en que se escurría entre sus dedos, despejando su frente para trazar su cicatriz con un dedo inseguro, temiendo lastimarlo por el golpe aun palpable que tenía encima de ésta.

El recuerdo de aquella noche en el bosque de Dean, cuando pasó horas en vela cuidando de él, luego de estar a punto de morir a manos de Voldemort y Nagini; viajó a su mente. Y rememorar la sensación desoladora que la consumió minuto tras minuto, creyendo que podría perderlo para siempre si cerraba los ojos, dejándola completamente sola; la hizo estremecerse.

Exhaló un agonizante suspiro.

Aquel día en que descubrió que estaba enamorada del mejor amigo incorrecto. Pues amar a Harry era lo más difícil de todo, porque una vez que aceptó amarlo, era imposible concebir una vida sin él en ella. Era dar su corazón por completo, sin fecha de devolución.

Cuando sus manos se entretuvieron delineando la línea de su mandíbula, el rostro le estalló en llamas al descubrirse observada por sus profundos ojos verdes, contemplándola con atención.

— Yo… Es hora de que tomes tu siguiente dosis de poción analgésica — musitó conteniendo el aliento; su mano congelada sobre la línea de su mandíbula, cerca de su oído izquierdo.

— Estoy bien, ya no siento dolor — le comunicó sin pestañear.

Hermione sintió un nudo formándosele en la boca del estómago, y lentamente fue retirando la mano de su rostro; pasando saliva cuando Harry se incorporó con la misma letanía, haciéndole frente, sus rodillas a la altura de sus muslos, rozándola, su cuerpo inclinado levemente hacia ella, que sólo pudo parpadear nerviosa.

— Tal vez deberías tomar la poción… — razonó, intentando mantener la serenidad en su voz — El dolor podría volver y…

Harry meneó la cabeza, callándola.

Hermione desvió la mirada de sus ojos verdes, restregándose las manos contra la colcha para eliminar la capa de sudor que las humedeció; y volteó a verlo.

— Harry…

— No puedo — clamó dolorosamente.

El entrecejo de Hermione se frunció, y entonces las manos de Harry la tomaban de las mejillas, uniendo sus labios en un beso cargado de sentimiento, robándole el aliento.

En un segundo lo miraba con confusión, al siguiente su rostro se inclinaba sobre ella, y entonces todo quedaba en blanco.

Excepto una cosa…

— ¡Te amo!… — exclamó agitado, separándose apenas un centímetro — Te amo bajo mil pociones analgésicas. Te amo sobre el dolor palpitante de un millón de heridas… Te amo cada vez que respiro. Y te amo ahora, aquí, rogándole a tu convicción que jamás me regreses mi corazón, pues ha sido tuyo desde hace mucho tiempo — sus manos temblaron, sosteniéndola con indecisión a pesar de la firmeza en sus palabras. Vulnerable ante el inminente rechazo que esperaba recibir.

La barbilla de Hermione vibró cuando apretó los labios, callando un sollozo, y se abalanzó sobre él, rodeándolo del cuello, exhalando un entrecortado suspiro cerca de su oído. Colmada de alegría.

— Te amo porque no puede ser nadie más que tú… — susurró, separándose para verlo de frente. Sus ojos anegados en lágrimas — Porque nunca habrá nadie más. Ni un después de ti. Y me quedo con tu corazón por la eternidad, porque es el pago que obtendré para que tú cuides del mío — terminó sin aliento.

Y sus labios volvieron a unirse, clamando el oxígeno del otro, prometiendo sinceridad en cada palabra dicha. Absorbiendo y dando la vida misma con cada caricia otorgada.

Era mejor que el final esperado de tu libro favorito. Mejor que sentir el viento acariciando tu rostro a cien metros sobre el cielo, con todos clamando tu nombre.

Era la ambrosía. Y Merlín, que nunca dejarían de probarla.

Pero fue más fuerte el cargo de conciencia que experimentó Harry cuando la escuchó susurrar su nombre a través de sus labios unidos, que se obligó a separarse de ella, recibiendo una mirada desconcertada.

— Yo sólo, realmente te amo, pero… No fui honesto contigo antes. Verás… — tartamudeó — la lesión. Ron no me golpeó por accidente… — le confesó. Hermione lo miró expectante — Le pedí que me golpeara con la bludger y así madame Pomfrey me diera algún tipo de poción para poder…

— Lo sé — lo interrumpió Hermione.

— ¿Lo sabes? — repitió Harry con confusión, sus mejillas escarlatas.

— Nunca has sido un buen mentiroso — se encogió de hombros, sonriendo.

Harry sintió su rostro desprender vapor, llamándose "Idiota" a gritos por siquiera haber pensado que la había engañado. Por Merlín, ella lo conocía mejor que él mismo.

— Pero entonces ¿por qué…? — se humedeció los labios.

Una sonrisa nerviosa bailó en el rostro de Hermione.

— Necesitaba arriesgarme y saber si el final de mi libro, era igual de bueno al que había leído, o tan maravilloso como el sueño que me había rondado cada noche desde que subiste a mi torre en tu escoba — sus ojos brillaron cuando lo regresó a ver significativamente.

Harry sonrió abiertamente.

— Me gusta más el de tu sueño, definitivamente — opinó solemne.

— ¿Y tú cómo sabes cuál es el de mi sueño? — inquirió suspicaz, enarcando una ceja.

— Me hago una idea — rozó sus labios con su dedo índice, mirándola embobado.

— Tú realmente puedes ser muy perceptivo a veces… — replicó Hermione, sonriendo cuando Harry se inclinó a besarla — Pero espero que no le pidas a Ron que te parta la cabeza con una bludger la próxima vez que quieras confesarme que me amas — lo frenó, poniendo una mano sobre su hombro, mirándolo divertida.

— Merlín, nunca más… — aseguró Harry rápidamente, sus ojos adquiriendo un brillo pícaro cuando la regresó a ver a los ojos — La próxima vez, sólo te leeré "Orgullo y Prejuicio" — añadió con sabiduría.

— ¡Harry!, yo jamás usé mi lib… ¡mmmff! — oh Merlín, ¿a quién quería engañar?, pensó, entrelazando sus manos tras su cuello.

Y no pudieron estar más agradecidos por finalmente estar juntos, todo por ésas maravillosas noches de pociones.