Disclaimer: THG y todos sus personajes no me pertenecen, son parte de la maravillosa obra de Suzanne Collins.

Fuera


"...A revolution has begun today for me inside
the ultimate defense is to pretend
..."

— R-Evolve, 30 Seconds To Mars


Un olor penetrante y fuerte se colaba lentamente por las brumas que cubrían mi cerebro, y poco a poco fui recuperando la consciencia.

Me llamo Karniss Everdeen. Participé en los Juegos del Hambre. Me sacaron de la arena. Fui el Sinsajo. Mi hermana murió. He vuelto al Distrito 12. Peeta también está aquí. Ahora duerme conmigo. Peeta tuvo un ataque. Me sacaron de su casa…

Conforme la negrura en mi mente se dispersa, los recuerdos vuelven a surgir. Y revive el sentimiento en mi pecho de desesperación. Necesito llegar a Peeta, ayudarlo. Seguramente el Capitolio ya sabe que ha vuelto a tener un ataque y esta vez lo consideran peligroso.

Mis ojos se sienten muy pesados, y me cuesta abrirlos, pero sé que hay alguna lámpara en la cercanía. Mi cuerpo se encuentra paralizado. Es tan similar a la aquella vez en que irrumpieron el Vasallaje, que no puedo evitar estar aterrorizada. La única vez que me alejaron de Peeta, las cosas no pudieron haber salido peor.

"Lo único que no quería darles, lo único que no estaba dispuesto a perder. Me convertirán en un monstruo"

Sus palabras en mi sueño vuelven a mí, y me pregunto si en realidad no es una reconstrucción de lo que me dijo tanto tiempo atrás en la azotea antes de los primeros juegos, antes de todo, cuando aún era un enemigo, cuando no sabía que sería mi aliado y que lo único que él quería era protegerme. Peeta, el Peeta de entonces, siempre lo entendió, siempre supo quién era, siempre fue fiel a sí mismo.

Pero el Peeta que me devolvió el Capitolio, no es quizás sino una sombra de lo que fue entonces. Y hay noches, muchas noches, en las que me pregunto si éste Peeta podrá alguna vez volver al que fue antes.

Aunque este no es el momento para pensar en ello, no puedo evitar que cruce mi mente. Porque es lo que temo que vea cuando levante mis parpados.

Sin embargo, cuando lo hago, lo único que alcanzo a vislumbrar, debido a la debilidad de la luz que hay en la habitación, que emana de una pequeña lámpara a mi derecha, es a Haytmitch sentado en una silla, inclinado hacia mí con un sucio trapo en sus manos, muy cerca de mi rostro. Al respirar noto que éste desprende olor a alcohol, que fue lo que me levantó, o quizás viene de la botella que está a los pies de la silla, o del mismo Haytmitch.

En menos de tres segundos mi mano sale propulsada hacia su rostro, dándole de lleno. No puedo creer que sea él otra vez quien me alejó de Peeta. La rabia me consume, y me preparo para levantarme y golpearlo nuevamente, pero él ya está preparado y se sienta sobre mi pecho.

— De verdad, cariño, uno creería que con tanto tiempo ya habrías superado tus… — sus palabras salen cortadas mientras forcejea con mis manos, para inmovilizarlas — problemas de conducta.

— Déjame… déjame, maldito borracho traidor, bueno para nada — y aunque sé que es poco lo que le molestan mis palabras, no importa, solo necesito que se aleje, para poder ir a buscar a Peeta.

— Vamos, cariño, deberías calmarte un poco. El chico está bien.

Su voz suena demasiado calma, demasiado pasiva. Y aunque no me reconforta completamente, aun a pesar de todo sigo, sin saber porque, confiando en la palabra de Haymitch, así que dejo de removerme, e intento tranquilizarme.

No es que funcione muy bien, pero algo es algo.

— ¿Dónde está Peeta, Haymitch? — y logro que mi voz salga medianamente firme y distante.

— Él muchacho está bien.

— ¿Dónde?

— En su casa.

— ¿Solo? — no puedo ocultar la incredulidad en mi voz.

La expresión en la cara de mi ex mentor es más que suficiente para que lo entienda. Después de arrastrarme lejos de allí, no ha vuelto por Peeta. No ha ido a ver siquiera cómo está. Nuevamente empiezo a revolverme.

— ¡Quítate! — finalmente grito al verme impedida de librarme de su peso por mi misma.

— No puedes ir ahora, ya sabes cómo es cuando tiene uno de los fuertes.

— ¡No lo sé!

Los ojos de Haymitch se abren desproporcionadamente, y por unos momentos me mira como si me hubiera crecido una segunda cabeza, pero luego de unos segundos se recupera, e intentando sonar displicente, pregunta:

— ¿Quieres decir que él nunca tuvo uno delante de ti? ¿Nunca lo viste?

Lo sorprendido de su voz me molesta más de lo que estoy dispuesta a admitir. ¿A qué se refiere? No es como si todos lo hubieran presenciado o como si ocurriese a menudo…

— Solo quítate de una vez.

Y de un solo movimiento ya se encuentra parado a mi lado, con una expresión impasible, una mueca burlona bailando en su boca.

— Entonces creo que deberías verlo ahora.

El repentino cambio de decisión, y la expresión de su cara, me hacen sentir como un animal entrando a una trampa, sé que lo más adecuado es hacer exactamente lo contrario de lo que él dice, pero la seriedad en su voz y lo mucho que quiero ir a ver por Peeta, hacen que me revele contra mis propios instintos.

No menos de un par de minutos después estoy cruzando la puerta de calle de su casa. Aun es de noche, y si no fuera por las luces de mi casa, todo estaría sumido en la más completa oscuridad. Tampoco se oyen ruidos, además del viento y de los insectos. ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? No puedo imaginar que haya sido más de unos minutos, y aunque no hubieran sido más que segundos, el tiempo en que dejé a Peeta me tortura.

Aunque, técnicamente, fue él quien me dejó.

Su casa ya no tiene las luces encendidas, y no se oye ni el más leve movimiento. Y Peeta nunca fue silencioso. Inmediatamente, imágenes en las que veo su cuerpo tendido en el suelo, desparramado sobre algún mueble o a los pies de la escalera inundan mi mente. Y el terror en mi se va en crescendo. Las puertas siguen cerradas, pero ahora las cortinas están echadas, ¿habrá sido Peeta? ¿Alguien más lo haría por él?

Una idea cruza mi mente. La casa de Peeta es exactamente igual a la mía. Exactamente igual. No recuerdo haber corrido tan rápido en mi vida, quizás en los juegos. Antes de detenerme a pensar que tan estúpido puede ser esto, fui y volví de mi casa, solo que ahora traigo conmigo el manojo de llaves. Y por más ridículo que suene, funciona. Si la situación fuese otra, seguramente me reiría.

Enciendo las luces, y empiezo a recorrer la sala de estar de Peeta, sin hallar rastros de él. Paso a la cocina y al comedor, después al estudio, el baño e incluso miro en el closet. Mi corazón martillando en mi pecho cada vez más fuerte, subo las escaleras, mis pasos rápidos y mi respiración pesada.

Que esté en algún lado, que esté en algún lado.

No soy consciente de que desde que entré no he dejado de repetir eso en mi mente, rogando por encontrar a Peeta dónde sea, cómo sea.

Cruzo el umbral de la habitación principal y enciendo la luz, pero tampoco hay nada. Con mis manos temblando y mi corazón palpitando fuertemente en mi pecho, llegó a vislumbrar un haz de luz saliendo de la puerta del baño del dormitorio, que está entreabierta. Con miedo de lo que vaya a encontrar allí, pero con mucho más miedo de no encontrarlo me dirijo hacía allí.

Que esté aquí, por favor, que esté aquí.

Abro la puerta lentamente y asomo mi cabeza, el vapor de la habitación me da en el rostro y corro más la puerta para que salga y se disperse un poco. Doy un paso adentro, y entrecierro mis ojos para ver. Veo a Peeta en la tina, y por unos segundos dejó salir el aliento que no sabía que estaba conteniendo.

Un paso más, y noto que está vestido, con la ropa mojada y pegada al cuerpo. Otro paso, y veo sus ojos cerrados, mi corazón se detiene por un instante y mis ojos se abren completamente.

— ¿Peeta? — no llego a notar el tono ronco de mi voz, solamente me acerco un par de pasos un poco más a prisa.

Pero él no da señales de haberme escuchado, sigue allí tendido, y respirando pesadamente.

— ¿Peeta? — repito un poco más fuerte, y de manera más urgente, mientras me arrodillo a su lado.

Sus parpados tiemblan, pero no se abren. Mi mano se acerca a su rostro muy despacio, hasta tocar su mejilla. Peeta se remueve un poco pero no abre sus ojos. Para este instante la mayor parte del vapor se ha ido, y puedo verlo claramente.

— Peeta... — susurro, insegura de qué hacer.

— Vete — sus labios a penas se mueven para decirlo, y doy un respingo al escuchar su voz.

Una punzada atraviesa mi pecho, al volver a sentirme rechazada, pero aunque mi mirada se endurece no puedo dejarlo atrás. Al contrario, me levanto y me inclino para ayudarlo a levantarse, pero él se sacude y se aparta de mí. Esto duele más.

— He dicho que te vayas — suena como si estuviese por dormirse.

Aunque la parte orgullosa y egoísta en mí quiere dejarlo aquí por todas las veces que me alejó está noche, otra parte dice que no puedo dejarlo mojado en la tina, menos luego de uno de sus ataques. Mi parte racional dice que, de todas maneras, será imposible para mí moverlo sin su cooperación.

— Vamos a la cama Peeta, una vez que te hayas acostado me iré, lo prometo — intento negociar con él.

Una risa rota, ronca y sin fuerza sale de su garganta, pero más allá de eso no da señales de haberme oído.

— Por favor, Peeta — digo mientras me inclino nuevamente e intento levantarlo.

Esta vez, deja que lo tome de los brazos pero no se mueve. Lo observo más de cerca, y noto como su cabello se pega a su cuerpo, y que es sudor lo que cubre su cara, su boca está levemente abierta, y aprieta levemente sus ojos cerrados.

Muevo mi mano para tocar su frente, en un gesto que me recuerda a mi madre, y la siento hirviendo.

— Peeta, vamos, tienes que ayudarme, levántate.

— Es gracioso como piensas que "tengo que" ayudarte — su voz sale más firme que antes, y mientras eso me alivia, sus palabras me desconciertan.

Elijo no contestar, y me pregunto si Haymitch me ayudaría a moverlo, pero no creo que lo haga, parecía más que dispuesto a dejarlo recuperarse solo. Maldito borracho.

Mientras considero mis opciones, sin dejar de mirarlo, se mueve nuevamente, y aparto mis manos de él.

Un segundo luego lo veo pararse por sí mismo, y dejó salir un suspiro al verlo volver a sus cabales. Se sostiene un momento de la pared y cierra los ojos con fuerza, apoyando su otra mano en mi hombro. Me acerco un poco, y paso mi mano por su cintura para ofrecerle soporte, pero él se aparta y se recarga contra la pared.

— Dije que te vayas, Katniss.

El tedio en su voz es palpable, y retrocedo un paso al sentirme indeseada. Peeta, no parece notarlo o no le importa, porque sin separar su mano de la pared va hacia la habitación paso a paso, pasando a mi lado sin siquiera mirarme.

Vete.

No estoy segura de qué voy a hacer cuando salgo tras de él, pero al verlo dejarse caer bocabajo en la cama, pienso que no sería racional guiarme por lo que una persona enferma, y probablemente delirante por la fiebre, dice. Así que me acerco a la cama, y empiezo a desatar sus zapatos.

Peeta me deja hacer, consciente o no. Tiro sus zapatos al suelo, lejos. Siguen sus calcetines, y me preocupa el frío de su pie. Me muevo alrededor de él, pensando en como sacarle los pantalones y la camisa, quizás debería voltearlo. Tomo el brazo que cuelga y empiezo a empujar, pero no es fácil, Peeta nunca fue delgado, a pesar del hambre que pasábamos, siempre tuvo masa muscular, y en los últimos tiempos lo he visto recuperar, quizás hasta superar, su peso, ayudado claro por todo el esfuerzo en la reconstrucción de la panadería.

Siento como su cuerpo se mueve, y queda de espaldas ahora, sus ojos siguen cerrados.

— Que te vayas quiere decir que salgas de aquí y que dejes solo.

Casi se me escapa una pequeña sonrisa por la forma en que lo dice, como si explicara algo muy complejo.

— Lo sé — digo mientras comienzo a desprender los botones de su camisa.

Una vez que acabo, me planteo qué hacer ahora. Me decido por desprender también su pantalón.

— ¿Sabés que cualquier otra persona en mi lugar podría entender otra cosa de tus acciones, verdad? — siento calor en mis mejillas por su insinuación, pero él sigue — Sin embargo, yo sé que ese tipo de sentimiento, y casi cualquier otro está fuera de tu alcance.

Siento un golpe sordo en el pecho al oír sus palabras.

— Peeta, yo... — no sé cómo continuar la frase, porque no sé qué decirle, por suerte él me interrumpe.

— ¿Si te ayudo a desvestirme te irás?

Vamos que vendría genial el que me ayudase, pero eso no evita que sienta un nudo en la garganta ante sus obvios deseos de tenerme lejos.

— Acabaré más rápido de seguro — es lo mejor que puedo hacer.

Un segundo después se sienta en la cama, y a parta la camisa mojada, levantando las caderas empuja con esfuerzo el pantalón junto con su ropa interior. Ahora estoy segura de que mi cara está completamente colorada, pero a él no parece importarle, aunque ahora sus ojos están abiertos, pero con los párpados caídos.

— Tira de las perneras — dice con voz monótona.

Intentando ocultar mi vergüenza, vuelvo a los pies de la cama y termino de quitarle los pantalones, que tiro cerca de sus zapatos. Él vuelve a acostarse, completamente desnudo y con los ojos cerrados. Mis ojos se dirigen por un segundo inevitablemente, y creo que mis mejillas van a prenderse en llamas en cualquier momento.

— Creo que ya estoy completamente desvestido, Katniss, debes irte.

Mi sonrojo pronto se convierte en uno de enfado, y me paro al lado de su pecho mirándolo fijamente. Creo que lo nota, porque abre sus ojos y me mira entre sus largas pestañas. Levanta las cejas interrogando.

Mi temperamento aumenta ante esa arrogancia tan poco característica de él. Pongo mis manos en mis caderas y frunzo el ceño.

Me inclino lentamente, sin apartar mis ojos de los suyos ni un instante, hasta estar a unos centímetros de él, casi sonrío cuando lo escucho tomar aliento, extiendo mi brazo y entrecierro mis ojos. Y cuando lo veo abrir la boca para decir algo, tomo el cobertor del otro lado de su cuerpo, tiro de el y lo cubro.

Me enderezo rápidamente, y sigo mirándolo fijamente.

— Tienes fiebre.

— Tengo calor — y con eso, vuelve a destaparse.

Mis orificios nasales se extienden de enfado, y mi enfado escapa de lo razonable. ¡Me está desafiando! ¡Peeta, el dulce! ¡A mí!

— Tienes fiebre — repito y vuelvo a cubrirlo con fuerza.

— Tengo calor —intenta volver a levantar el cobertor pero yo tomo su mano.

— Detente.

— Vete.

Con esa simple palabra vuelve el dolor. No lo entiendo.

— ¿Por qué? ¿ Qué ocurre?

El vuelve a cerrar los ojos y gira su cabeza hacia el otro lado.

— Solo vete, Katniss, y déjame en paz.

— Tu nunca me dejas en paz cuando yo te lo pido.

Y es cierto, más de una vez le he gritado o dicho que se vaya, que me deje en paz. Ahora es culpa lo que me inunda al pensar que se siente como yo ahora cada vez que lo hago. Él no contesta.

— Peeta, ¿qué pasó está noche?

— Sabes que pasó —su voz sale cortante.

Espero que continúe, pero él no dice nada. Todo en mí quiere saber que ocurre, y todo en mí me dice que me vaya, que no pierda el tiempo. Pero yo sé que no podré irme, que no podré dormir sin él, así que entre pasar una noche en vela en mi casa sin nada que hacer o aquí, prefiero quedarme.

Los minutos pasan y me pregunto si estará dormido. Pero algo dentro de mí me lleva a pensar que no, que solo pretende ignorarme para que me vaya, y me pregunto porque está tan raro, me pregunto si algún día volverá a ser el mismo, no este ser incompleto que quedó. No es que antes Peeta acudía a mi con sus problemas, o que me contaba cada detalle de su vida, principalmente porque yo no lo permitía, pero ahora no siento que quiera hacerlo. Guarda cada una de sus cosas dentro de sí, las oculta de mí. Y las contadas veces en que le pregunto algo sobre sí, sus respuestas monosilábicas y esquivas dejan más que claro que hay una línea, es rápido para dirigir la conversación hacía mí, o intenta hacerlo, dado que mis respuestas tampoco son exactamente amplias y profundas. Pero yo siempre fui así, ¿cuál es su excusa?

Bueno, pregunta tonta.

Sin decir palabra, vuelvo al cuarto de baño, busco un paño y lo mojó con agua fría. De momento no sé que más hacer, tengo miedo de llamar al doctor Aurelius, y no sé si algo de lo que puedo darle no le haga mal sumado con las demás pastillas que ha de tomar. Cuando pongo el paño en su frente, él solo respira.

— Vete Katniss, por favor.

Su voz sale cansada, simple y sencillamente cansada.

— No, necesitamos hablar.

Ya he tomado una decisión, y es simple.

— No es el mejor momento Katniss.

— ¿Necesitas descansar? ¿Quizás algún medicamento? — pregunto solicita.

— ¡Necesito estar solo! ¡No quiero que estés aquí! ¡Vete! Vete y déjame en paz. ¿Es que no lo entiendes? Tu, menos que nadie, puedes ayudarme ahora, solo lo harás peor — grita sentandose en la cama, su respiración pesada y sus mejillas rojas.

Hay solo cierta cantidad de veces que puedo soportar el rechazo, solo cierta cantidad de veces que puedo escuchar lo mala que soy, solo cierta cantidad de veces que puedo recordar todo lo que salió mal.

Sin decir palabra, miro sus dilatados ojos una vez más , antes de girar sobre mi misma, y abrir la puerta. Sin embargo no llegó a atravesarla completamente, hasta que noto que sigue ha vuelto ha hablar.

— ¡Eso! ¿A qué no era tan difícil, eh? ¡Haz como siempre! Anda, anda, y enciérrate. No es la primera y seguro no será la última vez. — su voz truena por toda la casa, yo bajo la velocidad de mis pasos, pero no paro de caminar — Déjame atrás otra vez, que lo peor ya ha pasado. Jodida-

Ya no escuchó más, mi cuerpo y mi cerebro se detienen en un instante. Son sus palabras lo que activan algún tipo de mecanismo en mi cerebro, y mientras un escalofrío recorre mi espalda, pienso que está equivocado, lo peor no ha pasado, no con él, al menos, pues sigue aquí, conmigo.

Sus gritos siguen resonando por doquier, pero mi mente se encuentra recubierta, como si fuera un cristal que camufla los sonidos, dejando que pase solo un difuso eco.

Otra vez la furia se apodera de mí, y mi cuerpo tiembla. En unos segundos me encuentro frente a Peeta nuevamente, que parece impactado un instante al verme, pero que se repone enseguida y vuelve a acometer. Sin embargo, nada de eso llega a mi, porque en este momento nada va a pasar a mi cabeza.

— ¡Cállate! ¡Cállate ya!

Las cejas de Peeta se alzan tanto por mi exabrupto que casi se pierden en su flequillo, y sus ojos se abren más de lo que creí posible.

— ¿Que me calle? ¿Que me calle por qué? — grita a la vez que se arrima a la orilla de la cama y apoya sus piernas en el suelo — ¿Solo porque lo dice la Chica en Llamas? Se acabaron los tiempos Katniss en que tu palabra era ley; yo ya no lo soporto, no puedo y no quiero. ¿No te gustan las cosas que digo en mi propia casa? Después de que te repetí en varias ocasiones que te largaras. ¿No te gusta oír la verdad?

Ambos respiramos agitados ahora, y en mitad de su discurso el se levantó de la cama, apoyándose en el cabecero.

— ¿La verdad? No me hagas reír — creo que pocas veces mi voz salió tan venenosa como en este momento — Tu menos que nadie sabe qué es verdad. Tu, que ni siquiera sabes quien eres, que alternas entre quién te dijeron en el Capitolio que eres, y quién te dijeron en el Trece que eres — sé que es ir muy lejos, y sé que voy a hacer doler, pero es por eso que no puedo parar, en este momento solo deseo hacerle daño — Me juzgas a mí, pero la única verdad es que tu eres otro chico perdido, igual que yo. ¡La única diferencia es que yo nunca fui un muto del Capitolio!

Y antes de que termine de salir la palabra 'muto' de mis labios se que he ido demasiado lejos, y la forma en que las pupilas de Peeta se dilatan, los espasmos que recorren su cuerpo, y como sus puños se aprietan solo me lo confirman.


¡Hola a todos!

No me da la cara de la vergüenza por la demora, han sido meses muy raros, y todo se salió un poco de control, pero creo que ahora se está acomodando, así que he vuelto, decidida a darles el fic que merecen (bueno, no creo ser capaz de darles el fic que merezcan, pero voy a hacer el mejor que pueda).

Verán que al final del capítulo tanto Peeta como Katniss son un poco OoC, pero al menos en el caso de Peeta es por el ataque y en el próximo chap se explica un poco. Pero la verdad es que hay más de un lado de ellos que me gustaría explotar, ya que si los hago lo más parecido que me salen al libro, estarían por releer mi otro fic. Así que, voy a intentar encontrar el justo medio, ¿qué opinan?

En una nota que no tiene nada que ver con el fic, quería expresar mi apoyo a toda esa gente en diversas partes del mundo que está pasando por momentos complicados, Ucrania, Siria, Somalia, y todos aquellos lugares en los que viven la desolación y misera de las guerras, el terrorismo, los conflictos internos; especialmente a la gente de Venezuela, la polarización social va a arrastrarse por mucho tiempo, y no creo que haya nada peor que un país dividido. En este mundo de hoy, no puedo más que soñar, desde mi lugar de simple ciudadana, con la conciliación, el diálogo y la tolerancia, en todo y para todo el mundo. No nos quedemos callados, las cosas no están bien, y es importante saberlo y decirlo.

Ahora, luego del descargue, muchas muchísimas gracias por los reviews y PM, y lamento no haberlos contestado, pero hoy abrí FF desde hace más de dos meses y luego de leer sus msj solo quise traerles un capítulo más.

Así que, ¿qué les pareció? Saben que adoro leer sus opiniones y críticas y que me motivan a escribir, así que cualquier cosa que quieran trasmitir, siéntanse más que bienvenidos.

¡Muchas gracias por leer!

06/03/2014