Una promesa es una promesa y trato de actualizar lo más pronto que pueda . La verdad que escribir esto me ha sacado muchos demonios que me remordían la consciencia jajaja. ¿Qué tal? ¿Listos para un capítulo más de Nevermind?

Como todos sabemos, no fui la genio y afortunada que creo DGM. Todo se debe a Hoshino-sama, ¡Gracias Hoshino!

Advertencia: Me salté un par de escenas (o capítulos :v :v :v) de la versión original porque los consideré como… "relleno". ¡Pero no se preocupen! No pienso matar la comedia que escribí ;)


Era un sábado en mediodía, y el grupo de siempre se encontraba estudiando para los exámenes parciales al siguiente semestre. Estrés, estrés por doquier. Los chicos la pasaban aún peor con el calor tan intenso.

-Yo… Necesito pasar estos exámenes…- Lavi recargó su rostro por un lado sobre la mesa, soltando el lápiz dramáticamente al suelo. Rane inclinó la mirada, mirándolo acusadoramente.

-No mueras conejo,- comenzó, -pronto llegan las bebidas.

Del otro lado de la mesa estaban Lenalee, quien simulaba un abanico con su mano, y Miranda, tirada en el suelo con los brazos esparcidos por el suelo.

-Que mal que no haya podido venir Lenia,- Comentó Miranda, levantando su barbilla para mirarnos a todos. –Me pregunto que estará haciendo.

La china rodó los ojos encima de ella y recargó su codo sobre la mesa con su barbilla sola la palma. –Comer, tal vez. Como siempre.

Se encontraban en la casa de Rane, no era un lugar muy espacioso pero como solo habitaban ella y su madre, era un lugar adecuado para estudiar sin interrupciones. Por un momento la china creyó que su hermano insistiría a que fuesen a su hogar a estudiar, y de la emoción no los dejaría en paz o molestaría. Quizá utilizaría a los chicos como conejillos de indias para sus experimentos… pero ante su buena suerte, el ya no comentó nada más.

El largo silencio no permaneció por mucho, y se vio interrumpido cuando un zapato salió volando en cuanto la puerta fue forzada abierta. Todos se pusieron de pie sorprendidos, inclusive Miranda se levantó como si fuera Drácula del suelo.

-¿¡Pero que carajos, Moyashi?! Tch. ¡Me sacas de quicio!

Entraron por esa puerta los bueno camaradas, uno jalando al otro por la greña y el segundo por el cuello de su camisa polo. En su intento para ingresar la sala, constantemente sus hombros tensaron en las orillas de la puerta.

-Por dios, estos tontos, no duran ni 5 minutos en paz…- Suspiró el pelirrojo, tomando unos de los bocadillos sobre la mesa y recostando su rostro sobre su palma.

-¿Ja?- El albino soltó al japonés, y dio unos pasos al pelirrojo. –No soy un tonto, Lavi. ¡Más bien dilo por Bakanda!

-¡Tch! ¡¿Pero qué dices, Moyashi?!- El japonés le jaló la playera por la espalda, haciéndolo retroceder una vez más. El albino ahorita irritado, le tomó la muñeca y se impulsó de ella para alejarlo.

-Me llamo Allen

-Pero es que si ambos actúan como niños…- El pelirrojo suspiró, poniéndose de pie.

-¡Por favor, no comiencen ahora!- Lenalee suspiró preocupada, cayendo una gota de sudor por su nuca. Ciertamente estos chicos actuaban como niños, toooodo el tiempo. Por el otro lado Miranda parecía estarse divirtiendo con una pequeña sonrisa en su rostro, y la última pelinegra solo soltaba unas carcajadas ante los dos idiotas.

-¡Que va, Lena! Déjalos ser…- le dio una ligera palmada en el hombro ante la china irritada.

-¡Tap out! ¡Taaaaap out!

De un movimiento repentino, ambas miraron donde sonó lo que pareció un fuerte estruendo contra el suelo. Al principio, ignorantes ante su vista, miraron perplejamente ahora al trio que se encontraba en el suelo.

-¡¿Pero qué rayos?!- La italiana se puso de pie, aguantándose la risa. La china solo enchuecó su mueca, incómoda.

-¡Maldito conejo, te cortaré las piernas y las usaré de colgante!- Gritaba el japonés, que se encontraba sobre el alegre –ahora no tan alegre- pelirrojo. Le hacia una sumisión por el cuello, mientras que el otro desesperado ponía sus manos sobre los brazos que los estrangulaban, y pataleaba como loco.

-¡Yuu— suplicaba, -¡Respirar!...¡No pu-puedo!

-¿Qué pasó?- Miranda alzó su pregunta desconcertada a la repentina aparición de la estrangulación. -¿Ahora qué hizo?

El japonés finalmente lo soltó, tomó asiento en el sofá más cercano y colocó su katana entre su axila y su cuello. Cerró los ojos y con calma apunto su rostro al suelo, así, fácil y simple como si nada hubiera parecido o su previo acto de semi-homicidio hubiera sido imaginación de todos.

Lavi comenzó a toser para poder aclarar su garganta y la frotó entre su palma. Poniéndose poco a poco de pie, miró a Yuu con una expresión horrorizada.

-Si lo único que dije es que Bakanda realmente queda bien…

Kanda chasqueó sus dientes, lanzándole una mirada penetrante. Por cada palabra que pronunciaba el pobre pelirrojo, este parecía enojarse aún más.

-No vuelvas a repetirlo, ¡JAMÁS!

-S-Sí, señor…- El pelirrojo abrazó sus brazos del terror y quedó en silencio.


Pasaron un par de horas y todos se retiraron de sus momentos de "estudio", evidentemente fracasando tras las seguidas discusiones entre el albino y el japonés y también, las peleas y agresiones que enfrentaba Lavi con el mismísimo Kanda.

Cada quién fue por su lado, Miranda se retiró primero y después le siguieron los chicos, Kanda y Allen decidieron irse y Lavi pensó en quedarse un rato más. Lenalee se despidió de la peli negro y el pelirrojo y también se dirigió a su casa.

-Tch. ¿Por qué el conejo pasa tanto tiempo con esa mujer?- Retumbó el japonés tras el silencio que invadía entre los dos rivales.

-Hm, que sé yo. Nunca me ha comentado nada.- Respondió el albino sin querer darle una clara respuesta. -¿Estás celoso? ¿Ya no tienes a quién molestar?

-Cállate, Moyashi.


Cayó la noche, Lenalee se encontraba recostada sobre su cama haciendo un escrito en su lap. Abrió un nuevo proyecto y escribió por consiguiente el nombre:

-Querido diario…- Murmuró a sí misma. Miró la pantalla un poco pasmada y la re-leyó un par de veces hasta estar contenta con sus palabras.

-No, ¡eso es demasiado cliché!- Dejó presionado el botón de eliminar hasta que deshizo el texto. Se quedó pensando un momento.

Ella jamás había escrito tal cosa como un diario. Sus días siempre eran normales, no pasaba nada excitante, siempre hacia amigos pasajeros ya que tenía que irse repentinamente de su hogar, nunca conocía gente lo suficientemente interesante, pero todo había cambiado…

Todo había cambiado desde que lo conoció.

Sus días pasaban lentamente, ella disfrutaba estar con sus compañeros, ansiaba volver a la escuela, hablar con todos, tomar el almuerzo en la azotea, estudiar juntos en la casa de alguno, salir con todos, y sobre todo, tener sentimientos.

Hermosos sentimientos que revoloteaban no solo en ella, sino en todos a su alrededor. Se sentía ligera y feliz.

Yo quiero redactar mis días… Pensó la china, con una ligera sonrisa de melancolía en su rostro. Yo quiero saber todos los días lo importante que él es para mí.

Nuevamente, colocó sus dedos sobre el teclado para comenzar a escribir. Pero su mente volvía a esfumar las ideas y quedaba totalmente en blanco. ¿Qué era lo que realmente quería escribir? ¿Qué era lo que ella quería leer y leer una y otra vez para que le de estos hermosos recuerdos?

¿Qué era?

-Yo…- Volvió a murmurarse a sí misma para recobrar ideas. Miró de nuevo la pantalla, y ahora sin ver qué era lo que sus dedos escribían en el teclado, escribió inconscientemente algo en esa pantalla.

Mis días amando a Allen Walker

De nuevo miró el texto, sin realmente percibir lo que había hecho. Un momento más profundizó sus pensamientos, hasta que su cara se tornó roja y se cubrió las mejillas.

-¡No! ¡Eso no es verdad!- Nerviosa, cerró la lap sin haberla apagado. Se sentó en la orilla de su cama, y comenzó a darse pequeñas palmadas en su mejilla.

-¡Nunca lo admitiré! Eso no es verdad, yo no lo amo…

Lenalee miró al suelo y recargó ahora sus palmas en las orillas del colchón. Finalmente había dado un paso adelante, había admitido esos sentimientos que ella temía tener, que ella desconocía y principalmente, creía no tener por nadie.

Además, aunque no parezca, él era una persona peligrosa. Si con tener una simple relación con él ya era suficiente para caer como blanco de la Familia Noah, ahora queriendo mantener una relación amorosa.

-¡Él es solo mi compañero!- Empuñó sus manos frente a ella, con decisión en su rostro. Ella no volvería a debatir entre un amor y una amistad.

-¿Quién es solo tu compañero?

Tras escuchar esa suave y tranquila voz, se marcó un estrecho silencio. Le tomó un par de segundos a Lenalee a mirar en dirección a la ventana, procesando lo que a su vista era la persona menos esperada en el momento. Dio un pequeño salto hacia atrás, juntando sus palmas en su pecho.

-¡Kyaa! ¡¿Walker?!- Horrorizada y sorprendida, amplió su mirada en como el británico estaba sentado sobre el marco de la ventana abierta con una calma y una pacífica mirada. Déjà vu.

-¡¿Sabes que mi hermano está allá abajo?!- La china apuntó dramática hacia el suelo, suponiendo la planta baja. El peliblanco solo se hundió de hombros.

-Sí, lo sé.

Ahora la sorpresa de la peliverde se volvía más rabia. -¿Acaso piensas en que te mate? ¡¿En que experimente contigo?!- Un escalofrío pasó por la espalda de ambos al imaginar que haría el hombre al descubrir que el chico se encontraba solo, en la habitación de su pequeña e inocente hermanita.

-B-Bueno, tienes un punto,- el chico sudó por la nuca, preocupado. –Pero en realidad, quería verte.

La china se sonrojó, dejándola totalmente muda. No es como que ella también quería verlo, ¿verdad? ¡No es como si ella también lo quisiera!

Ella tiró su mirada a otro lugar, sin dirigírsela y esconder su rostro ruborizado, no quería que él se diera cuenta de lo nerviosa que estaba.

-S-Sí solo quieres la tarea, m-mejor te la doy mañana… durante c-clases- Respondió ella nerviosa, buscando una excusa para que él se retirara. No es como que ella quería que él se fuera, ¿verdad? ¡No es como si ella quisiera que él se quedara!

-¿Já? No vine por la tarea, vine a verte.- El albino enchinó sus ojos, retirándose del marco de la ventana, y caminando hacia ella. Rotó su cabeza un poco hacia abajo para observar detenidamente a la china. -¿Qué sucede?

-¡Nada! Nada…- La peliverde se rió nerviosamente, sentándose nuevamente sobre la colcha pero ahora sobre la lap que se encontraba cerrada debajo de ella.

-Me estas escondiendo algo.- comenzó a sospechar, y la china miró hacia los lados de manera culpable.

-No sé de qué hablas, jé…- Lenalee tragó de su propia saliva.

-¿Qué es eso? ¿Qué tienes debajo de las piernas?

Dio justo en el blanco.

-¿Queeeé? Es sólo mi laptop.

-Sí, y, ¿qué hay en ella?- Él se sentó a un lado de ella, tomando la orilla del dispositivo, pero ella puso su mano para detenerlo.

-No hay nada.

-Lenalee, tu comportamiento es muy raro. Anda, déjame ver, no me reiré.

-¡NO!

La sala dio un enorme estruendo. Hasta casi podía sentirse como las cosas sobre los estantes y los muebles temblaban. Los dos se quedaron perplejos, mirando el uno al otro, el albino sorprendido. La china, se dio cuenta de su posición y puso sus manos sobre su boca, arrepintiéndose de su acto previo.

-Ah, ya veo.

Lenalee asintió en negación en cuanto el británico comenzaba a levantarse. -¡Espera! No era mi intención.

-No te preocupes,- el solamente sonrió fingidamente. –Creo que será mejor si me voy.

-No

Se dirigió por donde salió para brincar al exterior del edificio.

-No te vayas…- Murmuró la peliverde en cuanto él pudo salirse. Miró para abajo y sus ojos comenzaron a calentarse. Se sentía muy, muy mal. Como si hubiera lastimado a alguien profundamente, ella no quería hacer eso. Ella no quería tratarlo mal, no quería esconder nada de él ni mucho menos quería herir sus sentimientos.

A los pocos momentos se escuchó un toque en la puerta, en lo que la china volteó, su hermano abrió lentamente la puerta.

-¡LENALEE!- Gritó su hermano, con una cara de terror. -¡¿QUÉ PASÓ, LENALEE?!

Ella rápidamente se talló los ojos y se puso de pie, -¡No me ha pasado nada, nii-san!

-Pero…- Aunque suspiró en alivio, aun parecía preocupado. –Te escuché gritar, ¿segura que no era nada?

¡Es verdad! El grito de antes… Lenalee pasó tan desapercibida de que su hermano podría escuchar todo lo que dice desde la planta alta.

-Ah, n-no. Solo era un insecto.- Fingió una pequeña risa, rascando su codo.

-Ya veo, está bien entonces.- Volvió a suspirar ahora con más pesadez y cerró la puerta nuevamente y bajó las escaleras. Hasta que dejó de escuchar sus pasos sobre el concreto, se tiró sobre la colcha de nuevo y viajó en su tren de pensamientos. Cubrió su cara con sus manos.

-¿Por qué hice eso?- Arrepentida de su acto previo. –Soy una tonta, lo que menos quería era hacerle sentir mal.

-Sí, ya lo sé.

De nuevo, al escuchar esa suave voz familiar la china se estremeció y dejó de cubrirse la cara quedando en silencio puro. Miró en dirección a la ventana y pudo ver al albino asomándose por el marco de la ventana.

-¿Qué no te habías ido?- La china preguntó sorprendida, con un poco de felicidad dentro de ella.

-Claro que no.- El respondió, extrañado. –Pero hubiera sido problemático que tu hermano me hubiera visto aquí.

De alguna forma, ella se sentía apenada pero a la vez estaba halagada. Su cara se ruborizo de nuevo, y apretó sus ojos, cerrándolos completamente.

Lo amo. Pensó, cubriendo sus mejillas con sus manos. Definitivamente lo amo.

Ella tenía este sentimiento enorme de expresarlo, e ir a decírselo a todo el mundo. Ya no le importaba más, ella se encontraba perdidamente enamorado del chico de cabello blanco, del mismísimo Allen Walker.

-Siií, ¡es verdad!- La china tomó un respiro y respondió con una enorme sonrisa. Se sentía realmente bien.

-Bueno, ¿entonces me enseñarás lo que estabas escribiendo?

La chica se pausó un momento, y proceso las palabras de Allen. ¿Escrito?

-¿C-Cómo sabes que estaba escribiendo?- Preguntó nerviosa. Puso sus dedos sobre sus labios delicadamente.

-Te escuché decir algo sobre un diario…- El comentó, recargando su barbilla sobre su mano. –Pero si no quieres mostrármelo ahorita, está bien.

Lenalee soltó un suspiro de alivio. Pero las palabras del chico aun no terminaban.

-Sin embargo, prométeme que algún día me lo mostrarás.

La china lo miró, enchinando los ojos en desconfianza.

-¿Y tú para que quieres leer mi diario?

-¿Qué no es obvio?- El albino ingresó de nuevo al cuarto y mostró una pícara sonrisa que sedujo rápidamente a la china. –Quiero saber que escribiste sobre mí.

No podía contenerse más. Ella estaba ahora más que avergonzada, sus palabras la habían atrapada totalmente y no había nada en ese momento que pudiera impedir que sus sentimientos crecieran. Ese nudo que sintió en su pecho por varias ocasiones se había liberado finalmente.

-¡Está bien! ¡Lo haré! Pero, prométeme que no te reirás…- Susurró las última palabras mientras bajaba su mirada. El peliblanco dio con una pequeña risilla y puso su mano sobre la mejilla rosada de la china.

-Te lo prometo.


-Bien, supongo que ya me retiraré.- El pelirrojo suspiró mirando la hora. Se encontraba acostado sobre el pasto fresco con sus brazos cruzados atrás de su cabeza. La pelinegro recién llegaba a donde el, jadeando y recargando sus palmas en sus muslos.

-¿Ya terminamos?- Preguntó Rane tratando de recuperar su aliento. Lavi se sentó sobre el suelo y se rascó la nuca.

-Sí, esto será todo por hoy.

-El entrenamiento… es duro.- La italiana se frotó la espalda y estiró sus brazos seguido a eso. El conejo se puso de pie y también se estiró.

-Pues, ¿Qué esperabas? ¿Protegerte con esa condición que tenías?

La pelinegro le sacó la lengua molestamente, y comenzó a trotar en su lugar. –No me subestimes, ¡yo soy fuerte!

Le pegó un leve puñetazo en su brazo simulando una pose de box. El pelirrojo, perplejo, sudó por la nuca y solo asintió en afirmación.

-Sí, sí, sí, lo que diga srita. Norris.

Rane dejó de dar sus pequeños movimientos y tomó sus cosas del suelo y las colocó sobre uno de sus hombros. El pelirrojo estaba por irse cuando ella de repente lo detuvo.

-Oye, conejo.

-¿Hm?- Lavi solo se dio media vuelta, ignorando el hecho que lo acababa de llamar conejo. Ella pateó por un momento las piedrecillas que se encontraban en el suelo y apretó el mango de su mochila.

-¿Nos pasará algo?

El chico parecía confundido. Tal vez no había entendido a que se refería, ¿qué pasaría? Quería aclarar esa duda por lo que amplió sus preguntas.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno…- Exhaló una larga respiración y soltó un gran suspiro y lo miró directamente a los ojos. –Ellos, vendrán por nosotros, ¿cierto? ¿Qué pasará con Lena?

Lavi alzó sus cejas comprendiendo la situación. Alejó la mirada para pensar un momento, ladeando los ojos. La miró una vez más para dar su respuesta.

-No lo sé. Lo único que queda es ser precavidos.

-Pero ella no sabe nada, ¿o sí?- Se encontraba preocupada por su amigo, ya que tenía una fuerte relación con Allen.

-La verdad no tengo idea.

-Ya veo.- La mirada de la chica ahora pasó al suelo.

El pelirrojo la miró fijamente, y dio unos pasos adelantes para acercarse a ella. Rane levantó su mirada para verlo cara a cara y el colocó su mano sobre la cabeza de ella. Frotó cariñosamente su cabello desordenándolo un poco.

-No te preocupes,- comenzó, -todo saldrá bien. Podemos protegerlos a todos.

Ella no tuvo de otra que devolverle una pequeña sonrisa, un poco fingida pero a la vez aliviada por sus palabras. Eso la motivó un poco. Pasó su brazo por el mango suelto de la mochila para llevarla sobre ambos hombros y sonrió ampliamente cerrando sus ojos.

-Sí, ¡tienes razón!


Ella no podía creerlo.

Finalmente había aceptado sus sentimientos sobre él.

En ese mismo momento en que se dio cuenta, él tuvo que estar ahí.

Y para empeorar las cosas, estaban en alto riesgo de ser descubiertos por su hermano.

El temible Komui.

Esto no está pasando… La china ladeaba su mirada de un lado a otro, constantemente mirando hacia la puerta, esperando el momento en que esa puerta abra con una fuerza brutal y encuentre su pequeña escenita.

Ella se encontraba recostada sobre su propia cama, mirando al techo. Todo normal.

Pero, él… acostado a un lado de ella, mirándola fijamente. Había una pequeña tensión entre ambos en los que: Lenalee no soltaba ninguna sola palabra de los nervios, y Allen parecía estar lo suficientemente cómodo y distraído para iniciar una conversación.

Definitivamente se tenía que romper el hielo aquí.

-W-Walker…- Comenzó la china, tornándose roja, sin dejar de mirar la puerta. -¿Acaso no tienes que ir a tu casa? D-Digo, es tarde… y hay… clases, m-mañana.

Cruzaron miradas, haciéndola más evidente de que él se percatara de la situación. Pero no dijo nada. Se mantuvo en silencio y siguió contemplando el rostro de la china. Ésta trago un poco más de su saliva esperando el momento que el mirará a otro lugar.

-Llámame por mi nombre.

-…¿Eh?- Lenalee sorprendida reaccionó ante la inesperada petición del británico. ¿Llamarle por su nombre? ¿Su primer nombre?

-¿Por qué?

El levantó su torso, sentándose sobre la colcha y recargando los brazos a los lados de la cabeza de Lenalee. Al percatarse de ello, la china nerviosa, miró hacia la puerta esperando que precisamente en este momento no se le ocurriera a su hermano abrir esa maldita puerta. No solo estaba muerta del suspenso, estaba excitada. Se sentía encantada con estos pequeños gestos, movimientos y detallitos que él le dedicaba a ella y solo a ella en estos momentos tan preciados.

-Quiero oírte decirlo. Llámame por mi nombre.- Repitió el albino, mirándola curiosamente. Sus ojos estaban entrecerrados, una cara un poco seria, provocándola aún más la forma en que su frente se despejaba al caer sus flecos de su cara. Podía verle su rostro completo, y solo le llenaba más la cabeza de ideas.

-N-No puedo…- Dijo totalmente nerviosa, alejando su mirada de él. Éste enchuecó su mueca y se acercó un poco más a la china, ahora recargándose con los codos.

-Dilo.

La china mordió sus labios y apretó sus ojos, hasta que se decidió. Lo miró fijamente, ojo a ojo, examinó su rostro entero y dejó escapar su dulce voz.

-A…Allen…

Volvió a apretar sus ojos nerviosa y cubrió su rostro con sus manos. Quería irse de ahí, esto era demasiado. Solo escuchó una pequeña risilla y dejó de sentir la presencia de sus brazos a sus lados. Descubrió uno de sus ojos y observó como el peliblanco, ligeramente sonrojado, se levantaba y se dirigía a la ventana. Ella rápidamente se sentó sobre la cama.

-¿Y-Ya te vas?- Lenalee se cubrió la boca tras haber dejado que esas palabras se resbalaran de sus labios.

-Ah, bueno sí. Tienes razón, es tarde.- El la miró y luego se rasco la nuca enchuecando su mueca. –Igual tampoco quiero matarte de los nervios, sé que esperabas a tu hermano por esa puerta.

La china se ruborizó como un tomate. -¡Eso no es verdad!

Una risa escapó del peliblanco y se sentó sobre el marco de la ventana y se agarró desde la parte de arriba listo para irse. –Entonces, nos vemos.

Ella se acercó hacia él y se acarició el cabello. –N-Nos vemos…

Le dio la espalda la chica y estaba a punto de irse, hasta que por último momento, giró su cuello para verla de reojo, y viéndola desprevenida, tomó tu brazo para acercarla hacia él.

Antes de que ella pudiera darse cuenta, él se encontraba plantándole un suave beso sobre sus labios. Quedó tan quieta como una piedra, ampliando sus ojos sorprendida. Él se alejó lentamente y antes de brincar por esa ventana se despidió una última vez con una dulce sonrisa.

-¡Adíos!


Al siguiente día, el calor se calmó un poco más, pero era evidente que los vientos frescos y las lluvias no volverían por un rato. Poco a poco se acercaba más el verano y todos estaban ansiosos por terminar el año escolar. Había una gran cantidad de estudiantes fuera de sus aulas, platicando, tirando un chisme, o tomando su material de los casilleros. Por la puerta principal se paró una chica peculiar, una chica de un tamaño muy pequeño para su edad pero sin embargo muy introvertida. Cargaba su mochila pequeña en su espalda con ambos hombros, vestía una pequeña falda negra con una blusa un poco larga para su torso abotonada hasta el cuello. Unas largas calcetas de variados colores cubrían sus piernas hasta sus muslos y llevaba consigo una enorme paleta de espiral.

Caminó lentamente por los pasillos, captando algunas miradas o algunos comentarios de lo pequeña y linda que era. Ella simplemente sonrió y siguió caminando, esperando encontrarse con su nueva aula de clases.

-¡Espero divertirme mucho con todos!- Susurró a si misma poniendo una larga sonrisa maléfica en su rostro.


¡Hasta que actualicé! ¿No? Espero que les haya gustado el capítulo, y como les mencioné anteriormente, eliminé algunas cosas de la versión anterior que yo consideré extra o irrelevante para la historia y la quise hacer más dramática, dulce y emocionante agregándole otras más. A decir verdad, ¡ya extrañaba esta sensación de poder publicar mi historia y esperar que el próximo quede listo! ;-; ¡Muchas gracias a todos! ¿Me dejan un review? ¿Una queja? ¿Una amenaza, una confesión, una crítica? ¡Cualquier cosa se vale!

¡Nos vemos el próximo capítulo!