Capítulo uno
3:00 AM, Algún lugar dentro de Reino Unido
Arrastraban sus pies llagados entre el barro. Algunos no podían seguir caminando y caían como peso muerto al piso. Sus yugos tenían órdenes directas de no detenerse frente a este tipo de situación y los eliminaban con un simple avada kadabra para luego desaparecerlos y mandarlos a un lugar que solo ellos conocían.
-¡Jack! –exclamó uno de ellos.
-Dime Robert.
-La última camada que llegó es un desastre, al menos a un tercio de ellos hemos tenido que suprimirlos, ¿Qué le diremos al jefe?
-Lo mismo que siempre le decimos, tarado, el número que ha llegado a la base. Nosotros nos limitamos a eso.
-Lo sé, solamente pienso que estamos perdiendo a muchos.
-¿Estás teniendo ramalazos de compasión Rob? –Bufó burlón-.
-¿Estás loco? Estoy pensando en todos los galeones que perdemos idiota. ¡Cómo si me pudieran importar estas ratas!
-Entonces tranquilízate, sabes muy bien que estos gusanos se reproducen como conejos, aunque suprimiéramos a la mitad seguiríamos ganando una fortuna.
-Espero que sepas lo que haces, porque si el negocio fracasa créeme que voy a encontrar a alguien con quien desquitarme.
-Si sigues haciendo tal cual lo que te digo, todo seguirá como la seda. Nadie se ha dado cuenta de las desapariciones; son muggles perdidos en el mundo, sin documentación o alguien que se preocupe de ellos. El jefe sabe lo que hace.
Abrió los ojos con pereza, siempre le había costado levantarse temprano cuando no lo requería, pero si quería salir adelante con defensa debía practicar el patronus hasta que al menos le saliera un escudo protector. El profesor Pearson le estaba empezando a sacar de sus canillas con el temita.
Sacó un pie de la cama a explorar la temperatura; por supuesto, estaba más helado que cueva de yeti. Se arrastró hacia la ducha y se lavó con mi mimo el cuerpo. Después de secarse se vio detenidamente en el espejo.
Tenía unos ojos almendrados castaños con pestañas de mediano largo pero gruesas y unas cejas gruesas por encima de aquellos. Hacia el sur tenía una nariz respingada cubierta de pecas –más larga de lo que a mí me gustaría pensó con desánimo- y una boca bien formada con labios rellenos. Su cara tenía forma de corazón, coronada por una larga melena partida hacia el lado que Lily nunca se tomaba la molestia de peinar. Su cuerpo, al igual que su cara, estaba lleno de pecas. Le sobresalía la clavícula, de la cual se asomaba un cuello largo y delgado.
Una parte de ella quiso seguir mirando hacia abajo pero se contuvo con un escalofrío. A ella le incomodaba todo lo que se acercara ligeramente a su propia sexualidad y mirarse, para ella, contaba como eso. Rápidamente se puso un suéter grueso y unos jeans holgados para luego ponerse una capa encima de su ropa.
Caminó por el castillo dormido, como cabía esperar de un día sábado a las ocho de la mañana. De pronto se encontraba con un fantasma que deambulaba taciturnos y también tuvo un encontrón con Peeves que dormitaba bajo un arco y le pedía un beso para poder pasar.
Finalmente llegó a la bendita sala de estudio. Era un lugar que habían habilitado recientemente, para que los estudiantes pudieran practicar los hechizos sin molestar a sus compañeros en las respectivas salas comunes.
Bostezando Lily sacó el libro de DCAO para leer un poco más de teoría antes de practicar. Concentrada en esto, no notó que había llegado alguien más a la sala.
-¡Potter! Pensaba que no iba a encontrar nadie a esta hora –exclamó un sorprendido Scorpius recién duchado.
-Preferiría que me llamaras Lily, si no es problema para ti.
-Sí, claro que no es problema. Pensaba que si te llamaba así pensarías que me estaba desubicando contigo.
-Scorpius, no creo que nadie en todo el castillo pensaría que tú te saltarías alguna etiqueta en cuanto a modales, además, te lo pido teniendo en cuenta que hay otros dos Potter en el castillo y se torna un tanto molesto. –Suspiró Lily-.
-Te entiendo, y ahora, si se puede saber ¿Por qué estás levantada un día sábado a las ocho de la mañana?
-Prefería aprovechar el día, además, solo me puedo concentrar en la mañana o en la noche. En la tarde soy un verdadero desperdicio.
-Si tú quieres que te llame Lily, tú tienes que dejar de llamarte desperdicio, o tonta, o todos los adjetivos que te he ido escuchando los días jueves –dijo suavemente Scorpius tomándola de un brazo.
-Vaya, creía que los había dicho en un tono bajo –respondió ella sonrojándose de un modo que Scorpius encontró adorable.
-Lo dijiste en un tono bajo, pero yo poseo un oído muy fino Potter –comentó él con sonrisa lupina.
-Muy bien Malfoy. Tú ganas. Estoy leyendo un poco de teoría para practicar el patronus. A pesar de todos mis esfuerzos no soy capaz de invocar ni el más inútil escudo. –explicó ella con frustración.
-Bueno Lily, es que precisamente defensa es una de las materias que más que teoría vale más practicar. Por más que leas, en este ramo es mucho de intuición y rapidez.
Scorpius cerró el libro de Lily y la instó a pararse. Haciendo una floritura con la varita cerró los ojos y exclamó el encantamiento. De su varita salió un hermoso halcón que fue a posarse en el brazo de ella.
-Mira, en primer lugar no es justo que te enojes contigo misma si no te sale. Es algo difícil de lograr y existen muchos magos talentosos que no son capaces de lograr invocar a un animal, solo un escudo y es lo primero que debes intentar hacer.
-Creo que precisamente ese es mi problema. Me concentro en el animal de inmediato y no en el escudo; el resultado es que no me resulta ninguno de los dos.
-Para lograr cualquiera de las dos, debes enfocarte en un recuerdo feliz.
"Pues eso va a ser más difícil de lograr" Pensó ella. Por más que pensara en recuerdos felices, y de hecho los tenía, se le venía inmediatamente otro recuerdo que opacaba todos esos momentos en que había sido feliz.
Siguieron practicando un rato más pero pronto resultó evidente que la atmósfera había cambiado y había algo tenso e incómodo entre ellos. Al sonar la campana de las diez ella se escapó con alguna excusa saliendo rápidamente de la sala. Por suerte para Scorpius, en su apuro Lily había dejado el libro de defensa encima de la mesa.
El lunes en la tarde Scorpius se dirigió a su clase de pintura a varita. Era algo que hacía desde pequeño y a instancias de su abuela Narcisa no había dejado de practicar ni siquiera cuando había ingresado al colegio.
Albus Potter era el alumno estrella de esa clase pero Scorp no sentía celos del chico; era prácticamente imposible de odiar ya que Potter nunca daba bola a nada que no fuera el arte y hablar con él era algo casi terapéutico. El ravenclaw nunca había visto a Albus alterarse, además, como él era Slytherin ayudaba a que se llevara bien con Malfoy, porque esas dos casas siempre se habían sentido cercanas.
-Albus, Albus, ¡ALBUS! –Gritó Scorpius-
-Ay, sí ¿Me decías? –Respondió Albus- Estaba demasiado concentrado al parecer –dijo con una sonrisa avergonzada.
-Bueno, si te dijera que tu hermana despierta mi interés, ¿Cuál sería tu respuesta? –dijo Scorpius sonriendo pícaramente.
De pronto todos se sobresaltaron al escuchar como uno de los bancos de estudiantes se caía al levantarse Albus con violencia. Malfoy nunca lo había visto así, estaba líbido, y apretaba muy fuerte su varita.
-Acompáñame Scorpius –dijo el castaño en un tono peligroso.
Los dos salieron a un pasillo cercano y el rubio estaba dispuesto a decir que había sido una inocente broma cuando sintió que lo levantaban del cuello.
-Mira Malfoy, yo sé que eres un buen chico. Pero créeme cuando te digo que no quieres meterte con mi hermana. Es una chica dulce e inocente que no debes herir.
-Si quieres hablar primero bájame –susurró Scorpius con toda la fuerza de sus pulmones que pudo reunir, es decir, nada.
Recién en ese minuto Albus se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y abriendo los ojos soltó al chico que cayó como saco de papas al suelo.
-¡Por Merlín Potter solo fue un comentario!
-Sí, lo sé, perdóname. Pero por favor, si no fue una broma, y en serio estás interesado en mi hermana, por su propio bien, déjala estar.
Confundido, Albus agarró sus cosas y salió disparado a la sala común.
Lily tenía el dormitorio común hecho un desastre. Por más que buscara no podía encontrar el texto de defensa. Para su mala suerte el libro estaba hecho a prueba de robos y no podía ser llamado con un accio. Había ido a todas partes y la teoría de que se le hubiera quedado en la sala de estudios y Malfoy lo hubiera tomado era cada vez más probable.
Ella no quería encontrarse con él. Lo evitaba como los ratones a los gatos pensó irónicamente. Ese día con él sintió algo que más valía enterrar. Como había sido siempre que alguien le llamaba la atención. Nadie podía entender a Lily más que su círculo familiar y si Malfoy despertaba sentimientos en ella Lily sabía que junto con eso se abriría la caja de pandora que tan bien había encerrado en su corazón.
No, Lily tenía que recuperar el libro de otra manera y ella tenía que asegurarse que ambos acortaran el contacto al mínimo necesario.
Acarició el libro con suavidad, sabía que a pesar de ser poco estratégico y lógico, no había sido capaz de devolverle el libro de Lily. Él tenía como certeza que de devolvérselo sin pensar en el cómo, todo el lazo que los unía en ese momento iba a desaparecer.
Tocar el libro lo llenó de sentimientos confusos, pensó en la cantidad de veces que Lily había tomado el libro y se lo había posado en su falda. Pensó en aquellas noches en que ella se había quedado dormida con el libro en el pecho subiendo y bajando suavemente con el movimiento de su respiración.
Scorpius notó su mano temblar y se sintió como un auténtico pervertido. Cómo era posible que un libro lo tuviera así pensó. Pero no era libro y lo sabía, era ella, que como un afilada espina se había metido dentro suyo lenta pero profundamente y no se había dado cuenta hasta ahora. En que le dolía todo y se sentía con una verdadera fiebre, que le consumía por dentro.
Silenciosamente, para no despertar a sus compañeros, bajó su mano hasta su pantalón y se acarició tortuosamente por encima del pantalón. Tenía dos opciones: darse una ducha de agua helada, o librarse momentáneamente de su necesidad.
Lentamente, metió su mano por debajo del pijama y apretándose empezó un movimiento rítmico, pensando que no era su mando, sino una pecosa y pequeña.
Estoy muy contenta de subir el primer capítulo de esta historia. ¿Les gustó? ¿Tienen alguna crítica o sugerencia que hacer? Por favor dejen un review con su opinión, porque como dice una autora que admiro mucho, un fanfic con review es un fanfic feliz :3!
