"Sarah entregó su alma a cambio del poder de no sentir

Es triste pero es así, es una historia que no es novedad

La mente más hermosa que alguna vez fue gentil ahora también ha cambiado."

Canción: EVIL ROOTS –Banda: Dark Sarah

Capítulo III: Adiós cordura

Estaba seguro que no quiso hacerlo, estaba seguro que no hubo mala intención. Estaba seguro que el filo de aquél cuchillo no era para él si no para sí mismo…

Simplemente se abalanzó sobre el escritor, no fue hasta que sintió el dolor punzante en un constado derecho que notó lo que había ocurrido. "Shui…chi" llamó al otro que comenzó a llorar "¿Qué hiciste?" en ese momento el terror se hizo presente en su rostro de niño, aún mantenía ambas manos en el cuchillo pero no escapó si no que se apoyó en su pecho en medio de lágrimas. "¿Por qué no puedo ser solo yo?" Preguntó con la voz llena de dolor.

El escritor se encontraba doblado y al no aguantar el peso de ambos cayó lentamente al suelo mientras abrazaba al pelirosa con un brazo sobre sus hombros. El menor seguía llorando, manchando su rostro con la sangre del escritor cuando intentaba secarse las lágrimas. Se arrodilló con el escritor sin abandonar su pecho, había arrepentimiento en sus ojos y el escritor sintió pena por él. "Es una criatura llena de tristeza" le había dicho Takeda y ahora lo veía, ahora lo veía realmente como era. Era como si fuera la primera vez que se hubiera detenido a observarlo y no podía evitar preguntarse qué era lo que había intentado hacer.

"Está bien" sedijo en voz baja intentando no pensar en el dolor punzante "Está bien" repitió como un mantra para los dos, lo abrazó durante un tiempo dándole confort mientras le repetía que todo estaría bien. Luego de un momento sintió que la sangre comenzaba a formar un charco en el suelo, en ese momento tomó real magnitud de lo que estaba sucediendo, la herida era mucho más grave de lo que creyó en un primer momento, el mango negro del cuchillo era lo único que se veía.

Se esforzó con algo de dificultad en acercarse a la mesa donde se encontraba el celular sin soltar del todo al cantante que seguía llorando en un ataque de shock. Marcó un número conocido, a la única persona que podría ayudarlo en tal situación "Thuoma.- El cuerpo del menor se estremeció ante el nombre aprisionándose más contra el pecho del mayor como si supiera que no le esperaba algo bueno cuando se enterara de lo sucedido.- Necesito que vengas a mi departamento" del otro lado se escuchó un ¿Está bien? –No.-Respondió el escritor.- Por favor trae a una ambulancia contigo.

Ambos permanecieron abrazados en el suelo hasta que llegara Thuoma no solo con el médico si no también con la policía que forzó la puerta, cosa que lo molestó en primer lugar. El peso de Shuichi fue retirado del lugar donde se encontraba de un tirón, la pérdida de sangre lo había dejado aturdido y entumecido a tal punto que no pudo retenerlo a su lado cuando escuchaba que Shuichi lo llamaba. Solo cuando los vio allí sintió el cansancio y el peso de lo que ocurría cayó sobre él, se sintió repentinamente agotado, a lo lejos escuchó su nombre pero quedó inconsciente antes de reconocer quién era que lo llamaba.

Se despertó en una clínica y luego de insistir a su cuñado le terminó confesando que habían internado a Shuichi en un hospital psiquiátrico.

-¡Sácalo ahora mismo!- Aún no podía moverse del todo.- ¡Él no hizo nada malo!

-¡Eiri. Casi te mata!

-Fue un accidente- Gritó nuevamente haciendo que las miradas molestas del lugar se clavaran en ellos.

-No, no lo fue y lo sabes. Tienes que dejarlo. ¿Por qué no me dijiste que Shindou tenía tendencias suicidas? -El rubio lo miró impactado porque hasta ese entonces no había nada que delatara al pelirosa.- Encontraron marcas en sus muslos. No está bien, deben separarse. Ese chico te matará.

-No lo hará.

Thuoma se tomó su tiempo para explicarle al escritor por qué debería dejarlo. Le dijo que Shuichi no era como él pensaba, que el cantante tenía un amante en el trabajo y que cuando lo había descubierto Shuichi simplemente se le quedó viendo con suficiencia y con desafío, dándole a entender que le daba igual si se enteraba Eiri o no.

-Incluso –El dueño de NG dudó en seguir.- Incluso… en alguna oportunidad intentó seducirme.

Lo ojos del escritor se abrieron como platos, le sonaba todo tan surrealista. –Estás mintiendo.

-No creo que lo haga.- La voz de su hermano provino desde la puerta de la habitación, su expresión era dura, pocas veces lo había visto de esa forma. –Shuichi incluso intentó seducirme a mí también.

Esa confesión le pareció menos grave que la anterior porque después de todo su hermano y él eran más que parecidos, lo único que los diferenciaba era el color de piel, ojos y pelo. Ellos siguieron hablando de una persona que no era el Shuichi que él conocía, no era el chiquillo que lo amaba. Cuando por fin estuvo solo con sus pensamientos comprendió que necesitaba respuestas, necesitaba hablar con él porque sentía que su odio seguía creciendo, celos y odio por la traición.

Luego de insistir en repetidas ocasiones logró encontrar el lugar donde el cantante se hallaba internado. Entró a hurtadillas aunque realmente sabía que no era necesario, el lugar prácticamente no estaba vigilado, la gente entraba y salía constantemente. Al entrar lo que parecía el comedor común lo encontró mirando un gran ventanal, su vista en parte mirando la nada y en parte sus propias manos con expresión vacía.

Solo cuando corrió su vista hacia él y pareció reconocerlo una sonrisa apareció en su rostro compungido. "Yuki" dijo casi a punto de llorar y se arrojó a sus brazos. No pudo evitar pensar: ¿Ese era el chico del que todo el mundo hablaba? ¿Ese era el chico que todos le decían que le engañaba? Lo apretó contra sí y no le importó que el olor de sus cabellos no fuera el de frutas, no le importó que estuviera pálido y ojeroso. Para él, estaba hermoso como siempre.

"¿Estás bien?" preguntó el escritor y el dolor se hizo presente en sus amatistas. Se separó para mirar en su costado, allí donde había clavado el cuchillo. "Fui yo quién te lastimó Yuki y ¿Tú me preguntas si estoy bien?" Las lágrimas aparecieron en sus enormes ojos pero las retuvo "¿Estás bien?", el menor le devolvió la pregunta. "Sí" respondió el escritor antes de volver a abrazarlo frente a la expresión de alivio en el rostro del menor. "Te amo tanto Yuki. Si algo te hubiera pasado yo…" Nuevamente esas ideas suicidas en la cabeza del cantante. "Pregunté pero nadie quería decirme nada de ti".

No supo si quiso creerle o le creía de verdad, porque era la persona junto a la que compartió dos años de su vida. Antes que creerle a los demás prefería creerle a la persona que quería. Su rostro era el de un ángel, su rostro tan aniñado entre lágrimas…le parecía que era un ángel llorando. No podía ser otro más que el Shuichi que él conocía.

Notó que lo abrazaba pero con especial cuidado de no tocar la herida.

-¿Todavía te duele?

-No mucho, solo cuando hago algún esfuerzo o cuando los puntos se enganchan con la ropa. -Dijo el rubio restándole importancia.- Dentro de diez días dijeron que me los van a sacar.

Notó que el pelirosa no sabía qué decirle, no parecía arrepentido pero sí culpable. Quería preguntarle más que nada qué era lo que quiso hacer.

-¿Va a dejar marca?

-Sí. -El rubio lo miró curioso por la pausa silenciosa que le siguió.- ¿Quieres que deje marca? -No sabía cómo sentirse con respecto a eso, en especial porque la forma en que lo vio mirarlo de forma brusca le dijo que lo había descubierto.

-Yo...

-Shuichi ¿Qué quisiste hacer? ¿Qué te está pasando?

-No lo sé.

-¿Por qué tenías un cuchillo cuando fuiste a verme?

-No sé...no, sé...

-¿Querías matarme?

-¡No! –Respondió con desesperación.

-¿Entonces? -El cantante puso distancia entre ambos y se removió algo ansioso, bajo la mirada ámbar.- ¿Me odias?

El pelirosa apretó los ojos fuertemente y negó.

-Jamás podría odiarte Yuki. Es que…me duele…no soporto la idea de que estés con alguien más o que pienses en alguien más ¿Por qué necesitas tener a alguien más si ya me tienes a mí? ¿De verdad no te importa que sea hombre o es que solo yo no te soy suficiente? –Levantó sus manos a su rostro para cubrírselo porque había empezado a llorar y al parecer tenía vergüenza de hacerlo en aquel lugar. El rubio se acercó a abrazarlo de forma protectora pero podía escucharlo hablar. - ¿Por qué tenías ese libro? Creí que ya habías superado a Kitazawa...entonces ¿Por qué guardas sus cosas? ¿Por qué necesitas recordarlo a él cuando me tienes a mí? Creí que teníamos algo más fuerte que esto, nunca lo dijiste pero no te entiendo…hay a veces que siento que me lo dices, me confundes…

El rubio miró alrededor, era algo característico de él…buscaba la excusa para evadir la respuesta.

-¿Podemos salir al patio? Todos nos están mirando.- Sintió el asentimiento del menor y decidió sacarlo de allí.

Durante el corto trayecto el chico pareció calmarse un poco sin volver a tocar el tema, se sentaron debajo de un árbol. Se notaba que quería su contacto pero no podía hacerlo para no atraer miradas indiscretas, después de todo era un patio trasero compartido pero por lo que le había dicho las habitaciones eran individuales pero no se les permitía tener las puertas cerradas o estar en aquél lugar durante el día, cuando le preguntó la razón le respondió que era porque debían relacionarse todos.

-Si fuera una mujer no tendríamos que pasar por esto. –El rubio lo miró y sin dudas su mirada era anhelo, un anhelo desconocido para él.- Nadie dice nada cuando es una chica y un chico los que se toman de la mano. Nadie dice nada cuando se dan un beso.

Él recibía muchas críticas por tener una pareja del mismo sexo, pero él era fuerte y muchos no se atrevían a burlarse delante de él. Pero Shuichi no lo era, imaginaba que el pelirosa debía tenerlo más difícil.

-¿Cómo te tratan aquí? –Lo vio levantar los hombros.

-Algunos bien…otros no tanto.

-¿Te hicieron algo?

Lo vio bajar la cabeza. –No…físicamente.- Se notaba que le costaba decirlo y miró a su alrededor asegurándose que nadie lo escuchara.- Pero…es normal que se burlen de un cantante famoso que cayó en un psiquiátrico. Los escuché hablar y dicen que seguramente la fama me hizo mal y que perdí el rumbo por el alcohol y las drogas, como la mayoría de los cantantes de rock.

-Eso es estúpido.

Lo vio de nuevo levantar los hombros nuevamente. – No hay nada que se pueda hacer…no es como si me hubieran encerrado injustamente.

-No digas eso…yo también tuve la culpa. – Ni Shuichi, ni él hicieron mucho por profundizar el tema de culpas. –Voy a hablar con Thuoma para que te saque de aquí.

-No creo que Thuoma tenga ni la más mínima intención de hacerlo, después de todo él me encerró.

-Voy a convencerlo ¿Puedes aguantar un tiempo más aquí?

-Bueno...dicen que es un lugar V.I.P, pero no me gusta nada. Gritan mucho, no importa si es de día o de noche. Y lo cierto es que tengo miedo que algún día las molestias no sean simplemente verbales. Mientras más tiempo está aquí, más corro riesgo de que la prensa se entere.

El rubio lo miró nuevamente, le parecía tan pequeño e indefenso era obvio que se encontraba solo en ese lugar.

-Tengo que irme Shuichi. –volteó su vista con desesperación dibujada en ella.

-No…por favor no te vayas, no me dejes…te necesito.

El escritor desistió de inmediato en su intento de marcharse aunque sabía que tendría que haber trabajado pero debido a todo lo que había ocurrido no pudo hacerlo, estuvo casi diariamente hablando con Mizuki que lo había ido a visitar al hospital pero ahora…la pastilla que había tomado en la mañana estaba dejando de hacerle efecto y sentía la necesidad de acostarse.

Pero decidió quedarse lo más que pudiera al lado del cantante en aquél lugar que le pareció algo inquietante, había luces y era un lugar iluminado, pero ver a las personas allí caminando sin hacer nada y algunos con ojos vacíos siendo algunos acompañados constantemente por enfermeras le hizo pensar que Shuichi no debería estar ahí. Había presenciado algunas personas que gritaban sin razón y en aquél momento lo vio taparse los oídos y cerrar los ojos porque parecía que lo alteraba.

Intentaba distraerlo con cualquier tema, cosa que el cantante agradecía aunque veía que cada vez le costaba más ignorar el lugar donde se encontraba. Por Shuichi supo que le habían puesto una psicóloga y que llevaba una semana haciéndose tratar, pero que odiaba estar ahí lo hacía sentir inquieto.

Solo le bastó una visita para encontrar el lugar incómodo. "Quiero ir a casa" le terminó confesando después de que les anunciaran que en unos minutos el horario de visita terminaría. Caminaron hacia la puerta de entrada principal donde Shuichi le abrazó fuerte hundiendo su cabeza en el pecho del mayor como si intentara impregnarse de su olor. "Por favor…déjame estar así un momento más" se aferró con fuerza a la camisa del escritor.

-"Prométeme que no verás a nadie más.- Shuichi lo miró con los ojos anegados en lágrimas.- Prométeme que me esperarás"

Le costó mucho dejarlo en ese lugar, le costó mucho también calmarlo y convencerlo de que no haría nada. No pudo besarlo para despedirse, la sala central estaba llena de gente y no quería llamar la atención, especialmente si había entrado sin autorización. Tenía que hablar urgentemente con su cuñado para convencerlo de sacarlo de ese lugar, estaba seguro que estando en ese lugar la situación del cantante no haría nada más que empeorar.

Esa noche recordó las palabras del pelirosa, se acostó en la cama con la mirada fija en el celular que sonaba en la oscuridad con el nombre de Takeda en la pantalla. No había podido convencer a Thuoma y la cabeza le dolía por el intento.

Visitó diariamente al pelirosa, que casi como una rutina imprevista esperaba a que llegara en un asiento que daba a la entrada del recibidor pero por el cual él nunca se anunciaba pero no era necesario muchas personas ya lo reconocían, siempre hablaban afuera y la cara de decepción cuando le decía que Thuoma le había dado una nueva negativa era dolorosa incluso para él y como si fuera poco, para evitarlo, se fue de viaje de negocios según Mika.

Shuichi le pedía que le hablara constantemente, él no era de hablar pero lo veía intentar concentrarse en él por completo, le decía que lo había extrañado, le decía que quería verlo todo el tiempo y cuando lo veía sonreír sabía que era porque se sentía feliz de verlo de nuevo. Al comienzo pensó que era algo como lo que siempre decía pero cuando pasaron tres semanas del encierro de Shuichi en aquél lugar comenzó a sentir que le estaba haciendo imposible quedarse en ese lugar. Le decía que la comida le revolvía el estómago, que le costaba dormir pensando en dónde estaría Yuki, que se preocupaba por el futuro de la banda, Hiro no había ido a visitarlo y ni siquiera sabía si su familia sabía algo de él.

Por muy estúpido que fuera, él tampoco mostró el más mínimo interés en decirles a la familia del cantante y a sus amigos dónde se encontraba. Es más, cuando recibió un llamado del pelirrojo le dijo que se habían tomado unas vacaciones y que no los molestaran, le pidió a Thuoma que avalara lo que él dijera y parecía haber funcionado…suponía que ni siquiera sabían lo que le había hecho Shuichi.

Le pidió que comiera, le dijo que debía aguantar y mantenerse bien para el día en que pudiera salir de allí. Solía llevarle algunos dulces de contrabando y Shuichi se reía de él cuando hacía esas cosas, inevitablemente, el rubio terminaba algo ofendido.

En ese momento Shuichi estaba despidiéndose de él, como siempre, aferrándose a su camisa. "Yuki ¿Me dejarías tú camisa?" El escritor se separó un poco para mirarlo, pero no parecía ni sorprendido, ni escandalizado, porque muchas veces el cantante dormía aferrado a sus prendas cuando desaparecía por varios días.

Se alejaron a un lugar más oculto donde el escritor se sacó la camisa celeste que llevaba y luego de dársela se colocó el saco negro y lo abrochó. Lo vio sonreír como un niño que recibe lo que quiere para Navidad y por fin pudo besarlo antes de despedirse como ambos habían querido desde hacía tiempo.

El chico vio la marca en el costado del escritor pero no había hecho ningún comentario hasta ese momento.

-¿Te duele todavía?

-No. El dolor ya casi desapareció, solo va a quedar una marca más blanca.

-Esa marca te hace más sexi.- Lo acarició levemente sobre el saco y sonrió.- Ninguna marca intencional quedaría tan bien como esa.

-¿Eso lo dices porque lo hiciste tú?

Tuvo miedo de la reacción que podría provocarle a Shuichi pero la sonrisa no se borró de sus labios y le sacó la lengua rápido en un gesto infantil.

-Lo digo porque esa marca es mía. Porque eres mío, solo mío. – Lo acercó y lo abrazó de nuevo.-¿Cuándo me vas a sacar de aquí?

-No lo sé,- Dijo el rubio a la vez que acariciaba su cabello, que con el tiempo el chico había vuelto a cuidar para esperarlo a él cada día.- Tal vez debería dejarte encerrado aquí para que aprendas que eres solo mío.

- Estás bromeando ¿Cierto?

Pero la respuesta se hizo esperar un buen tiempo. -Por supuesto.- Terminó contestando el escritor.

El rostro de Shuichi ahora mostraba algo de inseguridad. El escritor fue el que cortó el silencio ahora.

-Dilo de nuevo.

-¿Qué cosa?- Dijo algo desconcertado en un comienzo el cantante.

-Dime que me amas.- A punto estuvo el cantante de explotar en llanto.

-Te amo Yuki. Te amo más que a mi vida.

Eso era todo, eso era todo lo que necesitaba escuchar. Así pasaron varios días, juntos, hasta que notaron que las visitas se iban de aquél lugar, el escritor creyó conveniente marcharse antes que todo quedara en calma. Se quedaron sentados en el sillón de la sala, con los días les empezó a importar cada vez menos las miradas indiscretas, el menor se encontraba sobre las piernas del mayor, recibiendo caricias por parte de este. "Cuando salgas de aquí vendré a buscarte" El cantante abrió los ojos claramente sorprendido. "¿Vendrás?" La duda apareció en su rostro "¿Aún quieres que esté contigo después de lo que hice?". El rostro del escritor se transformó en uno de preocupación "Jamás dije que no quisiera." La mirada amatista aún lo esquivaba hundiéndose más en su pecho "Podría haberte matado". "Pero no lo hiciste" Insistió el rubio apretándolo más. "Yuki Quiero estar contigo" "Lo estamos" "¡No!" Por primera vez lo miró a los ojos con reproche "Tú no estás conmigo como cuando estás con ellas. A veces me ahoga saber que no es como cuando estás conmigo. Yo quiero todo de ti. Quiero conocer todos tus gestos y todo lo que piensas, yo ya…no creo que pueda conformarme con menos que eso."

Finalmente el rubio encontró a su cuñado que había vuelto. Habló con Thuoma para que lo dejara salir al cantante de aquél lugar, el ex tecladista de NG le dijo que era una locura soltar a una persona que podía matarlo en cualquier momento. "Eiri ese chico no está mentalmente estable, te está manipulando ¿No lo entiendes?". "Él no me hará nada solo fue un ataque de furia que sé que yo provoqué. Puedo defenderme de él llegado el caso", "¡Terminaste con un maldito cuchillazo en tú estómago!", "Fue solamente porque lo provoqué inconscientemente. El me preguntó si lo amaba, yo no le respondí y junto a eso se juntaron otros hechos…" No le contaría a su cuñado sobre sus ex amantes embarazadas. "Tuvo razones para perder la compostura de esa manera, créeme, no tuvo la culpa"

-¿Acaso ustedes son masoquistas? –Preguntó el oji-esmeralda sorprendido.-Esto es completamente enfermo. Estás intentando justificar una relación que no va hacia ningún lado.

-No exageres Thuoma.

-Ese chico te matará. –El rubio se quedó de piedra ante la declaración. Pero decidió responder con algo que creyó que se ajustaba a ese momento aunque ni si quiera su cuñado sabía las cosas que había hecho.

-El karma es una perra ¿No es así?

-¿De qué hablas? No me digas que ahora crees que te mereces lo que te ocurrió. –Con un suspiro busco entre los cajones de su escritorio.-Estuve investigando.

-Por qué no me sorprende.- Acotó el escritor.

-No voy a hacer ningún comentario acerca de eso…pero ¿Sabías que Shuichi había consultado por un cambio de sexo?

Ok. Eso fue demasiada información para el escritor, que se quedó de piedra mientras miró con desconfianza la carpeta que le ofreció su cuñado y no la tomó, así que el mayor la colocó delante de sí y desparramó algunos papeles.

-¿De qué estás hablando?

-Así como lo escuchas. Estuvo haciendo unas consultas en una clínica para cambiar de sexo, pero…no es como si se pudiera hacer eso así como así. Necesitaba la aprobación de un psicólogo que luego de tratarlo determinara si era o no prudente seguir. Ya sabes…para saber si creía que era mujer o no.–Su cuñado bajó la mirada a los papeles que tenía en las manos, pero el escritor comprendió que solo intentaba ganar tiempo para encontrar las palabras pero a pesar de ello no quería interrumpirlo. – Durante las sesiones…Shindou-san dijo que quería hacerlo porque quería gustarle a su pareja.

-¿Qué?

-Dijo que había veces que…no se sentía seguro, que creía que si tal vez fuera mujer te sentirías atraído por él y que con el tiempo eso se convertiría en amor. Dijo que no soportaba la idea de salir a la calle y no poder tomarte de la mano sin recibir algún insulto, de no poder darse un beso en público y...varias cosas más.- El mayor hizo una pausa como si no quisiera ahondar más pero siguió revisando los papeles, buscando algo más que contarle. El escritor comprendió que eran los papeles del psicólogo que atendió al cantante. – Por supuesto que se lo negaron. Ninguna de las razones que ofreció era válida para que hiciera aquello.

-¿Qué quieres decir Thuoma? –Estrechó los ojos al saber adónde quería dirigirse su cuñado aún sin decirlo.- Si lo que insinúas es que yo lo llevé a tener una idea tan estúpida como esa puedo asegurarte que no tengo nada que ver.

-Lo sé.- Pareció sentirse avergonzado porque la idea sí había cruzado su cabeza. –Pero…tienes que dejarlo. Ese chico no está bien de la cabeza…tiene demasiados altibajos. Ha estado tomando antidepresivos, incluso se lo ha visto llegar a estar borracho al trabajo o luego de alguna gira. Él ya no es el mismo. Tú no eres el mismo. -El rubio mayor suspiró antes de seguir.- No me gusta tener encerrado a Shindou-san, estoy gastando enormes cantidades de dinero en callar al personal y otro tanto lo estoy perdiendo por incumplimientos laborales. Shindou tenía que grabar un comercial de un perfume para una reconocida marca y cumplir con varias entrevistas.

-¿Y crees realmente que encerrándolo en un loquero vas a conseguir que mejore?

-No. Pero al menos va a contar con ayuda profesional necesaria para no volver a hacer a cometer una locura.

-Yo puedo cuidarlo mejor que ellos. Todo lo que necesita yo puedo dárselo.

-No insistas. La decisión ya está tomada. No dejaré que un chico desequilibrado ponga en riesgo tu vida.

-¡No es ningún chico desequilibrado!- Respondió Eiri con furia contenida.- Agradezco que quieras cuidarme pero todo lo que necesita Shuichi para estar mejor, soy yo.

-¡No! Lo que ustedes tienen es una maldita relación enfermiza en la que tarde o temprano una tragedia va a pasar…y yo voy a intentar que la víctima no seas tú.

-Thuoma…por favor.- Intentó sonar conciliador ya que veía que de otra forma no conseguiría lo que se proponía.- Yo puedo cuidarlo, su familia e incluso Nakano creo que podemos darle el sustento que necesita.

-Sí, justamente ¿Eso no fue lo que falló la vez anterior? –Ironizó. - ¿Cómo crees que reaccionarán cuando se enteren que les ocultamos todo lo que ha pasado hasta ahora?

-Thouma tú no quieres esto y yo puedo asegurarme que no vuelva a pasar algo así… Solo dame la oportunidad de demostrarlo. Además, como dices, aún nadie sabe dónde está Shuichi, esto es casi un secuestro. Hemos hecho desaparecer a la cara de N.G. Tienes que sacarlo, ahora.

El rubio pareció pensarlo y sabía que habían cometido algo que se puede considerar ilegal, cómo reaccionarían todos si se enteraran de lo que habían hecho.

-De acuerdo. - Se masajeó un poco los hombros con los ojos cerrados y se colocó recto tomando una decisión.-Dejaré que le den el alta, pero mi condición será que tendrá que seguir un tratamiento con un psicólogo una vez a la semana. Y debes asegurarte que lo haga, si vez algo raro debes decírmelo, no me lo dejes pasar…él, es peligroso.

Eiri terminaba de bajar la maleta antes de entrar al departamento, a su lado el cantante permaneció mirando el edificio antes de entrar como si lo hubiera invadido la timidez y no quisiera hacerlo solo. El escritor supo de forma acertada que lo único en que pensaba era lo que había pasado allí antes de irse. Intentó animarlo a hacerlo, cosa que pareció funcionar.

Se dirigieron a la entrada a buscar el correo y entre ellas como siempre se encontraban cartas de fans y algunos presentes. Eiri separaba para quien iba dirigida cada una pero una de ellas no llevaba nombre. Llegó a la puerta y la abrió dándole paso al cantante. "¿Tienes hambre?" "No, comí en la clínica antes de venir" "Sí, pero eso es comida de clínica." "¿Y qué?" El rubio frunció el ceño "Que es asquerosa. No es comida." afirmó como si fuera lo más obvio del mundo. "Toma, es tu correspondencia", y por si acaso se quedó con aquella que no tenía no destinatario, ni remitente.

Cada uno tomó una taza de café en la isla de la cocina.

-No me mires así.- Dijo Shuichi algo incómodo frente al escrutinio.

-Así cómo.

-No lo sé…como si estuvieras esperando que hiciera algo malo.

El escritor se sorprendió, no se había dado cuenta de que tuviera alguna expresión como esa.

-Lo siento, no me di cuenta. Una cosa, cuando hablé con Thuoma llegamos a un acuerdo…debes seguir con el psicólogo.-Pareció pensarlo un tiempo demasiado largo entonces el escritor insistió.- Vamos Shuichi, no es demasiado lo que nos pidió, es solo una vez a la semana.

-¿Durante cuánto tiempo?

-No lo sé. Hasta que el psicólogo considere que estás bien.

-No quiero.- Dijo el pelirosa a la vez que apretaba sus manos en la taza.

-¿Quieres estar conmigo? –Le preguntó de forma inmutable.

-¡Por supuesto!

-Entonces tienes que hacerlo…hazlo por nosotros ¿Quieres que nos separemos?

El chico negó insistentemente con la cabeza.

-No quiero.- Dijo de forma determinante pero luego su tono cambió a uno inseguro.- ¿Tú quieres…?

-No, pero algunas personas creen que deberíamos darnos algo de tiempo. –Shuichi comenzó a sollozar, rodeó la isla y lo abrazó fuerte por la cintura.

-Yo todavía te amo Yuki. Yo todavía te necesito.

El rubio no respondió de inmediato solo lo rodeó con los brazos. –Entonces…vamos a intentar que esto funcione pero necesito que me ayudes ¿De acuerdo?- La cabeza rosada sintió varias veces. –Otra cosa, tú familia y tus amigos creen que estuviste de vacaciones conmigo. Ellos no saben nada de lo que pasó.

-¿Por qué no les dijeron?

-Viste la reacción de Thuoma ¿Cómo crees que hubieran reaccionado el resto si supieran todo?

Hiro y su familia le hubieran echado la culpa al escritor por ser infiel, los hubieran querido separar tal como todos y muchos hubieran intentado internarlo, si no conseguían algo peor como poner una denuncia por intento de asesinato y su madre, y su hermana, la preocupación las superaría.

-Entiendo. Pero…si yo me esfuerzo, entonces, quiero que tú también hagas algo por mí. No quiero que tú me vuelvas a engañar. No quiero que me engañes con ninguna de esas mujerzuelas, ni nadie.

-No lo haré.

-En serio Yuki. En serio que si vuelves a hacerlo no sé qué puedo llegar a hacer.

-No lo haré.- Repitió.

El cantante pareció más que feliz por aquella mentira, tal vez en ese momento el escritor sintió que había dicho la verdad. Pero ahora no podía dormir en las noches sin pensar en que cualquier momento la persona a su lado podría atacarlo…era como si un miedo casi irracional lo hubiera invadido desde que salieron de la clínica, recién ahora notaba que tal vez porque constantemente había gente alrededor no había experimentado el miedo. Incluso la relación se volvió algo extraña, era como si no encontraran el punto en el cual pudieran volver a ser amantes. Pero Eiri no quería dejarlo, era mejor aquello antes que el cantante se fuera de su lado.

Necesitaba hablar con Tachibana, necesitaba contarle a alguien lo que le estaba pasando por su cabeza pero nuevamente su amigo no se encontraba en aquél lugar, el mozo se acercó para darle una cerveza con una sonrisa que no pudo descifrar. Desde que había comenzado a frecuentar aquél lugar, veía a Tachibana cruzar algunas palabras con el bar man.

-Oye, ¿Sabes algo de Yoshiro?

-¿No lo sabes aún?

-¿Qué?

-Tachibana se suicidó. –El shock en el rostro del escritor debió haber sido muy evidente, porque el bar-man continuó con su explicación. – Hace unos días vino la policía preguntando por personas que lo conocieran. Solo lo hicieron para confirmar la hipótesis del suicidio.

-Todavía no me lo creo. Él estaba muy feliz, es más me había dicho que estaba en vías de reconciliación con su ex mujer.

-Eso sí que es raro. -El mozo terminó por encogerse de hombros.-Sí, bueno…la gente miente, ya sabes…Por lo que dijeron los polis él estaba solo en su casa cuando lo hizo y no encontraron el cuerpo hasta que los vecinos denunciaron olores de ese lugar. Ni si quiera el lugar donde trabajaban se preocuparon por saber de él, se dice que lo despidieron unos días antes…creen que fue eso lo que lo llevó al suicidio. Fue muy triste…-Dijo con pesar.- Ni siquiera dejó una carta dirigida a alguien, ese hombre estaba completamente solo.

Eiri volvió temprano del bar, se había sorprendido demasiado por la noticia de la muerte de su amigo. Shuichi se encontraba jugando a los videojuegos en la televisión mientras llevaba a la boca unas papas fritas. Se giró a mirarlo y lo saludó desde lejos, con una sonrisa que el apenas devolvió. Eiri se sentó detrás de él, para mirarlo jugar. Se sentía extraño, había perdido a alguien que en poco tiempo había considerado algo así como un amigo. Shuichi se giró y lo miró algo preocupado.

-Yuki ¿qué pasa?

El rubio no dijo nada pero unas ganas enormes de llorar lo invadieron al escuchar simplemente la pregunta y el pequeño corrió a sentarse en su regazo y abrazarlo sin preguntarle nada más, simplemente sabía cuando debía hacerlo. Eiri correspondió el abrazo, él no sabía por qué lloraba pero sentía un vacío enorme. Se dio cuenta que no sabía nada del hombre con el que había hablado y que posiblemente nadie sabía sobre Tachibana las cosas que él sabía o creía que era verdad. Se dio cuenta que tal vez podría haber ayudado a alguien porque tal vez no tuviera a otra persona. Fueron a buscar "amigos" de ese sujeto a un bar ¡Por Dios! el solo pensamiento lo hacía tambalear. Qué tan solo se encontraba ese hombre que nadie sabía que llevaba semanas estando muerto.

Cómo podía explicarle a Shuichi que lloraba por alguien de quien jamás le habló, cómo le podría hacer entender a otras personas que lloraba por alguien que prácticamente había sido como un fantasma para todos. No…para él no, para él no era un fantasma…Tachibana había sido real y tal vez él era el único en ese momento que lloraba por su muerte.

-No me dejes Shuichi…nunca me dejes…

Ese chico que estaba en sus brazos era la única prueba de quién era él en realidad, él sentía que Shuichi viviría más que él y que sería la persona que lo defendiera cuando él no pudiera…pero estaba tan concentrado en eso que no notó que Shuichi nunca respondió.

En la noche le hizo el amor de forma desenfrenada mientras le pedía que no lo olvidara. Quería que Shuichi lo recordara siempre y que si no estaba, lo extrañara. Que si alguna vez estuviera con algún otro hombre o quién sabe, una mujer, recordara que nadie podría ser como era él. Que se diera cuenta que era irremplazable.

El rubio lloraba sobre él mientras repetía "Recuérdame siempre", se lo hizo tan intensamente que las piernas del cantante no dejaban de temblar.

-¿Me volviste a engañar? –Preguntó con voz insensible y la mirada clavada en el techo de la habitación.

-¿Qué?

-No es común escucharte decir algo tan dulce. –Eso produjo la furia del escritor.- ¿Me volviste a engañar?

-¿Qué? ¿No puedo decirte algo de esa forma sin engañarte?

Shuichi lo miró fijo y honestamente respondió.- No.

-¡Vete al carajo, Shuichi! –Gritó y lo dejó solo en la cama. No entendía qué diablos le había pasado, pero tampoco entendía qué le pasaba al pelirosa. Era cierto que últimamente no lo habían hecho, que parecía que Shuichi debía tener razones para creer que era raro que lo hubieran hecho de tal forma. Pero últimamente tenía miedo de él, fue casi inconsciente que estuvo pendiente de todo lo que hacía el pelirosa en el departamento y aquello también afectó a su amante que parecía dolido cada vez que lo descubría hacer algo así.

Le solía preguntar adónde se había ido el amante atento que lo iba a visitar al psiquiátrico porque había cambiado totalmente una vez que volvieron y a decir verdad, le gustaba cuando Shuichi estaba encerrado porque sabía que solo estaba ahí esperando por él y por nadie más. Pero ahora que estaba suelto no podía tenerlo vigilado tofo el tiempo, la mezcla de inseguridad y miedo lo embargaban hasta frustrarlo, era estúpido lo sabía…pero mentiría si dijera que lo que le dijo Thuoma y su hermano acerca de esa otra personalidad del cantante lo hubiera olvidado.

No pasó mucho tiempo que Shuichi saliera de la clínica para que él se pusiera de nuevo en contacto con Minako…le pareció que el chico lo quería de verdad porque en lugar de enojarse por haber desaparecido mostró preocupación y lo consoló de forma que había dejado de encontrar en el cantante. Pero eso en lugar de hacerlo sentir contento, lo hizo sentir triste.

Pasaron algunos días rutinarios en los que se encerró en su estudio y comenzó a mandar mensajes a Takeda, creía que por fin había dado con la historia que quería escribir pero apenas mandó un saludo fue consciente que no podría contarle aquello. Él era su rival en lo profesional y no debía olvidarlo, aunque no evitaba que lo sintiera como un compañero, no amigo como lo fue Tachibana, si no que sentía con la atracción sexual y en él encontró a alguien con quién hablar sobre lo que hacía y lo entendía.

Shuichi estaba dormido cuando decidió ir a visitar a Takeda, tomaron algunas cervezas y charlaron sobre temas banales. Quién había sacado un nuevo libro, el trabajo de que autores contemporáneos les había parecido mejor. Se abrazaron y se dieron algunos besos, algo que usualmente el rubio no permitía a otras personas.

-¿Puedo preguntarte algo?-Se acomodó en el suelo con su espalda en el pecho del rubio.- ¿Qué es esa cicatriz? ¿Es reciente? –Aún se veía que la marca tenía un color rosado. –Parece ser profunda…

El rubio miró la marca en el costado, que apenas se dio cuenta cuando el castaño intentó tocarla se apartó por puro instinto.

-Lo siento ¿Te duele? – Preguntó Minako con preocupación.

-No. Ya no…pero no dejo que nadie lo toque.

-¿Por qué? ¿Cómo te lo hiciste? –El rubio lo miró serio y al castaño le dio a entender que no obtendría nada.- No entiendo por qué no me cuentas nada. ¿Con él también eres así? ¿Cómo te soporta?

-Ese es problema de él. –Dijo algo molesto. El castaño jugó con sus propios dedos.

-¿Por qué sigues con él? ¿Qué te gusta de él?

-¿Para qué quieres saberlo?

-No lo sé…aún sigues con él y no lo dejas ¿Qué es lo que hace para retenerte?

-No lo sé…creo que me gusta tener a alguien alrededor.

El castaño lo miró un momento sorprendido.

-Es decir…que ¿No hay nada real entre ustedes? Ya te lo he preguntado alguna vez pero, en serio, ustedes… ¿Tienen un acuerdo o algo así?

-¿Qué?

-Estuve pensando…Es mentira todo eso de la pareja de Japón ¿Cierto? Es solo por prensa ¿No es así? Me refiero, a que ese chico es como una tapadera. Tú puedes salir y hacer tu vida mientras nadie te molesta con eso de encontrar a alguien.

No, no era así pero no quería decírselo. Jamás quiso hablarle sobre Shuichi a alguien más. Optó por quedarse en silencio y ante eso el joven sonrió como aliviado y se relajó nuevamente sobre su pecho, envolviéndose en los brazos de Eiri.

-Eiri.- La voz dudosa lo sacó de sus pensamientos, Minako se giró nuevamente entre sus brazos con una expresión insegura en el rostro. –Eiri…creo que te amo.

Los ojos dorados lo observaron como si no supiera cómo debería reaccionar ante la declaración y el castaño comenzó a removerse como si temiera haberse precipitado a preguntárselo pero a la vez quisiera una respuesta.

-Olvídalo.- Sonrió falsamente, alejándose del cuerpo del rubio.- No sé por qué lo dije…¿Quieres un café?

-¿Qué es lo que quieres decirme? -Takeda lo miró sorprendido pero a la vez algo avergonzado.- Dilo.

-Es solo que pensaba que…si estás con él solo por eso… ¿Por qué no te quedas conmigo? Puedes ser mi amante…vivir aquí y seguramente la prensa también sería aún mayor. Piénsalo, seríamos colegas y podríamos escribir novelas, juntos.

-Entonces… ¿Era eso lo que escondías entre las palabras "te amo"?

-No. –Se apresuró a responder.- De verdad te amo…todo es una excusa para que te quedes conmigo y quiero que algún día me correspondas. No me gusta que después de estar conmigo tengas que volver con él y no me gusta tener que esperar a que él no esté, para poder verte. Tú mismo dijiste que nosotros nos entendemos mejor y lo siento si suena a vanidoso…pero realmente no entiendo ¿Qué pudo haber llamado tu atención de ese chico?

Había escuchado demasiado…no necesitaba que alguien hablara sobre cosas que no sabían. El mismo a veces necesitaba recordarse por qué no dejaba a Shuichi ¿Acaso éste estúpido sabía algo las veces que Shuichi había soportado sus intentos por alejarlo de su vida? ¿Acaso sabía que alguna vez Shuichi soportó una violación de varios tipos solo para que su reputación no fuera manchada? ¿Acaso sabía que era la única persona que no se había dado por vencido con él? cuantos tantas otras personas se alejaron y le dejaron muy en claro que no tenía solución.

Ese tipo le acababa de demostrar que era exactamente la clase de estúpido que no soportaba.

-Dime ¿Por qué me amas? –El rubio se acercó de forma lenta observando cada expresión del otro.- ¿Qué te gusta más mi rostro o mi cuerpo? O…tal vez ¿Cómo te hago sentir en la cama?

-Sabes que no es así. –Le dijo frunciendo el ceño.- Te conozco. Pude conocer todo de ti y pude encontrar fue a alguien inteligente que a pesar de que tenemos gustos diferentes eres tolerante. La primera vez que nos encontramos admito que esperé encontrar a alguien arrogante, vanidoso y que esperaba que le lamieran las botas…

-Y por eso lo primero que pensaste fue ¿Por qué sale con una persona tan poco atractiva como Shindou Shuichi? ¿Qué te hizo simplemente pensar que yo podría dejarlo?

-¡Siempre te quejas de él! Dices que no te entiende, que vive en su mundo y que no deja de celarte cada vez que sales. Incluso dices que es un idiota. ¿Por qué no pensar que lo dejarías?

-Ese no es asunto tuyo.

-¿Es que acaso te gusta tanto que esté de esa forma encima de ti? ¿Por eso dejas el celular prendido para ver si te llama o si se preocupa por ti?

-Basta.-Gritó en forma amenazante.

-Te encanta que te busque ¿No es así?

-Cierra la boca.

-Respóndeme ¿Qué tiene ese chico que sea mejor que yo? ¿Qué hace que yo no pueda hacer?

El rubio permaneció en silencio durante un momento, durante el cual aprovechó para componerse y pensar en que no deseaba perder a Minako como estaba sintiendo que estaba perdiendo a Shuichi.- Nada. Exactamente, no hay nada que él haga que tú no puedas hacer.

-Entonces ¿Por qué sigues con él?

-Shuichi…no está bien. –Admitió en voz alta a tal punto que le sonó extraño.

-¿A qué te refieres con que no está bien?

-No sé por dónde empezar…es demasiado complejo.- Takeda lo miró con algo que le pareció preocupación sincera.- Está teniendo, algunos problemas laborales y stress…a veces frente a situaciones extremas no reacciona como una persona…normal. Por ahora está bien, está haciéndose tratar con un especialista.

-No lo sabía.

-No tenías cómo saberlo.

-¿Y su familia?

-Están con él todo el tiempo que pueden…pero tienen sus propias obligaciones. No puedo dejarlo solo ¿Lo entiendes? –El castaño asintió.- Lo que menos necesita ahora es que alguien desorganice su mundo. Él necesita estabilidad.

Pero por mucho que lo pensara había cosas incómodas acerca del cantante. Era como si el chico ahora llevara una especie de aura oscura adónde iba, cada vez que hablaba parecía sospechar de cada cosa que él hacía o decía. Lo celaba, a veces hasta ahogarlo A veces lo expresaba y otras, lo veía apretar la mandíbula, mordía con fuerza su labio a tal punto que en su labio se formó una boquilla o apretaba los puños hasta que sus nudillos quedaban blancos. Vivía molesto la mayor parte del tiempo pero seguía cumpliendo con su trabajo y con las visitas al psicólogo…al menos era lo que Shuichi solía decir, que iba a verlo. Mentiría si dijera que había visto algún avance, a veces notaba que había estado bebiendo y discutían por ello.

A veces escucharlo lo sacaba de quicio, su voz se volvía chillona y siempre terminaba llorando. Él sabía que el mocoso no podía dárselas de mojigato, después de todo también lo había engañado, así que odiaba todo reclamo que viniera de él. Ambos habían elegido su propio camino y aceptar las consecuencias.

Antes que se diera cuenta, todo comenzó a salirse de control… Primero Mizuki comenzó a llamarlo para darle algunos mensajes de Takeda para verse. Sus encuentros con su nuevo amante se hicieron más frecuentes y ya no había distinción entre el día y la noche.

Eiri aprovechaba esos momentos en los que Shuichi visitaba a su psicólogo para escaparse a ver a Takeda. Era como una salida fácil a sus problemas, al menos los olvidaba por momentos. Comenzó a sentir algo más por fuerte por el joven, sintió que cada vez se aferraba más a él para escapar de la realidad y se vio correspondido. Le agradaba estar con alguien tan inteligente como Minako, se sentía comprendido y el humor que compartían ambos era similar. Era extraño pero era el único amante al que no había podido dejar, por él no solo había lujuria si no también admiración.

-Toma.

-¿Qué es?- Preguntó el rubio.

-Es la llave de mi casa. Quiero que la tengas para que puedas venir siempre que quieras.

-No creo que debiera tenerla. –Yuki vio aquello como un compromiso, un nivel más en la relación. El castaño se encogió de hombros.

-Es solo por precaución. A veces no estoy y no quiero que esperes afuera, o tal vez si no quieres ir a tu casa eres libre de venir aquí. Esta semana tengo una firma de autógrafos, así que por unos tres días no voy a estar por aquí.

Eiri se convenció y las guardó antes de darle un beso en agradecimiento. La mayoría del tiempo se la pasaba desnudos, lo hacían como si fueran conejos en cada lugar de aquella casa. Al rubio le gustaba apretar tantos las caderas del menor que le dejaban marcas de dedos rojos en su piel blanca.

Se encontró disfrutando tanto de la compañía del castaño que por primera vez se planteó que podría dejar a Shuichi, tomar algo de distancia de todos los problemas que habían estado teniendo. Podía replantearse si realmente "Necesitaba" al cantante.

-¿Quieres que vaya contigo?

Preguntó y el castaño luego de una sorpresa inicial en la cual se quedó sin palabras, le dijo que le encantaría que fuera con él. No sería difícil poner alguna estúpida excusa a Shuichi, fuera verdad o mentira, no le creería. Sería un viaje de en auto de ocho horas y se hospedaría con Minako.

Lo de Shuichi no fue nada sencillo, cuando se lo dijo el cantante se enfureció mucho y le preguntó por qué si sabía que haría un viaje por negocios no se lo había dicho antes y el escritor se aferró a la excusa de que luego de la pelea de hacía unos días el pelirosado se iba temprano y llegaba muy tarde para no verlo.

Esa escapada lo cambió mucho para bien, era agradable caminar por otra ciudad y si bien la mayor parte del día no lo pasaba con Takeda, que iba a las interminables firmas de autógrafos y conferencias que daba en algunos clubs literarios. Lo compensaba demasiado bien en las noches. Una de esas noches decidieron ir a cenar a un lugar que le habían recomendado a Takeda. Comieron varios platos acompañados de vino, ya habían terminado la cena cuando la charla dio un giro.

-Dudo que cosas como estas calmen tu apetito, pero algo es algo ¿No? – Insinuó.

-No entiendo.

-Eiri, leo a los escritores de éxito como tú. ¿Cuál es tú secreto para atraer al público?

Le sonrió con algo de burla.-Todavía no puedo responder eso.

El castaño suspiró mientras lo miraba con algo parecido a la adoración.- No te ofendas pero…a veces creo que es tu belleza más que tu talento. –Revolvió la copa de vino entre sus dedos.- ¿Siempre escribes acerca de ti mismo?

-No creo que sea yo.

-Pero escribes en primera persona.

-Tú también lo haces.

-Sí, pero yo admito que soy cada uno de mis protagonistas.

Eiri sonrió con algo de ironía, por muy cercanos que fueran, le dejaba muy en claro aquella charla que eran rivales. Lo único que opacaba un poco lo que tenían era cuando tocaban el tema profesional, cuando se referían a sí mismos como escritores y hablaban con cierto decoro sobre las obras que los habían tenido a ellos como autores.

Sorprendentemente los días pasaron y apenas se acordó de Shuichi, solo se acordaba ocasionalmente, cuando notaba que al final del día nunca lo había llamado. Ni un solo mensaje para decirle que estaba bien. Takeda estaba a su lado y lo vio suspirar.

-¿Qué pasa?

-Nada. Es que mañana tendremos que volver.

El rubio esperaba una respuesta pero el castaño se hundió en sus pensamientos y Eiri sabía perfectamente qué era lo que pensaba. Tendrían más tiempo si dejara al cantante, ésta vez no le sería fácil escapar a lo que dijera el pelirosa.

Cuando llegó al departamento era bastante tarde y la sala estaba oscura.

-¿Shuichi?

-Estoy aquí. –Dijo la voz del cantante arrastrando las palabras y estando algo ronca por el esfuerzo.

Al instante sus ojos notaron el ventanal abierto de par en par, dejó el pequeño bolso que se había llevado en la entrada y cuando llegó al balcón encontró a Shuichi sentado en una reposadera con una botella de whisky en el suelo y un vaso en la mano. Estaba despeinado, con los ojos cerrados con rastros de lágrimas…era una imagen bastante patética incluso para él.

El rubio se encontraba cansado pero no dijo nada más que un "Vamos" mientras lo agarraba de un brazo. El chico no se negó cuando le quitaron el vaso de la mano con suavidad. Intentó que se levantara por su cuenta pero al notar la torpeza en sus movimientos lo sostuvo por la cintura y lo llevó al baño. Bajó la tapa del inodoro antes de sentarlo y abrió la canilla del agua, con una paciencia tal que en tan pocas veces había tenido con el cantante.

Shuichi se cubría el rostro de la luz del baño, su vista estaba demasiado irritada y los párpados hinchados. Buscó varias cosas que hacer mientras la tina se llenaba, buscó jabones y toallas pero en ningún momento miró a Shuichi. Solo cuando fue necesario se acercó a él para desvestirlo, comenzando por sus zapatillas.

-Hace mucho tiempo que no lo hacemos.- Su voz no fue más que un susurro.- Dime la verdad, pensaste en dejarme ¿No es así? Querías romper conmigo. – Eiri le sacó la camiseta que llevaba y se dio cuenta que estaba muy frío. Ante el silencio no pudo más hacer que ponerse a llorar, era demasiado angustioso verlo de esa forma.- Cuando te fuiste tú ya tenías a un lugar dónde ir…y me di cuenta que yo no tenía adónde ir, no tengo nada, ni un solo lugar dónde escapar fuera de aquí…No quiero que mi familia se preocupe por mí y ya no quiero depender de Hiro, él siempre pregunta por qué sigo intentándolo y la verdad es que ni si quiera lo sé.

El rubio terminó de desnudarlo pero no hizo nada por disminuir la angustia en Shuichi, lo metió en el agua y comenzó a pasar la esponja con dedicación por su cuerpo y lavó su cabello con el shampoo de frutas que solía usar.

Ambos estaban en silencio hundidos en sus pensamientos, el rubio se debatía entre decirle o no decirle que había descubierto una parte de él que le decía que estaba bien si se iba, porque había comprobado que podía vivir sin él. Con Takeda o con quien fuera y la verdad era que no soportaba más los celos, los reclamos, las actitudes casi enfermizas y momentos como aquél, en los que terminaba borracho y llorando.

Lo sacó del agua, lo envolvió en la toalla grande y lo paró frente al espejo. Tomó una toalla más pequeña para secarle el cabello, lo giró mirando al espejo pero su amante no miraba el espejo. Pensó mucho, pensó durante mucho tiempo mientras el sabor agrio amenazaba con llegar a su boca.

-Terminemos.