"No soy un chico guapo, soy un lobo feroz. Dentro del bosque suelo cazar. Cazo la flor de tu juventud."

"Bien lobo, juguemos un juego. Bailemos una danza alegre. Cantemos canciones de amor."

"No soy un chico guapo, soy un lobo feroz. Dentro del bosque suelo cazar. No me agradan los juegos de niños sino los juegos siniestros contigo."

Canción: OMNOS, Banda: ELUVEITIE

Capítulo IV: Lo que siento por ti…

-Hace mucho tiempo que no lo hacemos.- Su voz no fue más que un susurro.- Dime la verdad, pensaste en dejarme ¿No es así? Querías romper conmigo. – Eiri le sacó la camiseta que llevaba y se dio cuenta que estaba muy frío. Ante el silencio no pudo más hacer que ponerse a llorar, era demasiado angustioso verlo de esa forma.- Cuando te fuiste tú ya tenías a un lugar dónde ir…y me di cuenta que yo no tenía adónde ir, no tengo nada, ni un solo lugar dónde escapar fuera de aquí…No quiero que mi familia se preocupe por mí y ya no quiero depender de Hiro, él siempre pregunta por qué sigo intentándolo y la verdad es que ni si quiera lo sé.

El rubio terminó de desnudarlo pero no hizo nada por disminuir la angustia en Shuichi, lo metió en el agua y comenzó a pasar la esponja con dedicación por su cuerpo y lavó su cabello con el shampoo de frutas que solía usar.

Ambos estaban en silencio hundidos en sus pensamientos, el rubio se debatía entre decirle o no decirle que había descubierto una parte de él que le decía que estaba bien si se iba, porque había comprobado que podía vivir sin él. Con Takeda o con quien fuera y la verdad era que no soportaba más los celos, los reclamos, las actitudes casi enfermizas y momentos como aquél, en los que terminaba borracho y llorando.

Lo sacó del agua, lo envolvió en la toalla grande y lo paró frente al espejo. Tomó una toalla más pequeña para secarle el cabello, lo giró mirando al espejo pero su amante no miraba el espejo. Pensó mucho, pensó durante mucho tiempo mientras el sabor agrio amenazaba con llegar a su boca.

-Terminemos.

Esa palabra que tanto deseaba salir de sus labios escapó al fin, pero no de los suyos propios sino del contrario. El escritor paró en seco y tragó duro. Su estómago se contrajo dolorosamente como si lo hubieran golpeado pero Shuichi parecía recompuesto, con una máscara de frialdad.

-Si no me quieres ¿Qué haces perdiendo tu tiempo conmigo? Ya no me tocas… y tengo miedo de perder el control en cualquier momento. Y sé bien que sientes lo mismo que yo…

-¿Ya no me amas?

Shuichi permaneció unos segundos mirándolo por el reflejo del espejo y luego se miró así mismo.

-La verdad es que si no cogieras tan bien no sé si seguiría contigo.

Le secó el pelo con algo de brusquedad y de igual forma le peinó el cabello mientras le hablaba.

-Mira al espejo. –Le tomó la barbilla para que mirara su rostro en el espejo.-¡Mírate al espejo! Dime ¿Sabes quién es él?

Shuichi no respondió como si meditara que era lo que debía decir, pero sin quererlo una lágrima se le escapó.

-Ese chico es Shindou Shuichi. Y ese hombre que se encuentra a su lado no deja que nadie se meta en su vida, pero ese hombre…le pidió a Shuichi que fuera la única persona que se quedara a su lado para siempre. Nunca le pidió a nadie más algo como eso. –Shuichi cerró fuertemente los ojos unos segundos y dejó escapar varias lágrimas más.- Abre los ojos ¡Míralo! –Gritó.- Ese chico que vez ahí es lo más importante en su vida… ¿Lo entiendes? Shuichi ¿Lo entiendes?

El pelirosa tuve que sostenerse del mármol para no caer cuando el rubio lo soltó con furia dejándolo en el baño. Sabía que no saldría de allí hasta dentro de un rato, seguramente estaría llorando, pero se encontraba demasiado furioso como hablarle. Sonrió con ironía al pensar que había tenido la oportunidad perfecta para dejarlo…pero lo que sintió fue más terrorífico…pensar en estar unos días lejos era posible, no así pensar en una vida sin él era imposible.

Shuichi salió al rato un poco más calmo.

-Hasta ayer a la noche no sabía si volverías y después de tanto tiempo pensé en quitarme la vida -Le hablaba desde el umbral de la puerta del baño.- ¿Tanto miedo tienes de decirme que habías decidido terminarme? No importa lo que hayas dicho hace unos minutos, no deja de lastimar que hayas pensado en abandonarme.

-Estás borracho, Shuichi.

-¡No! Sé que no lo vas a reconocer, pero sé perfectamente que querías dejarme. Ahora soy yo quien no sabe si quiero seguir con esta mierda que tenemos.

Al día siguiente Shuichi hizo que Eiri lo llevara al aeropuerto. Había comprado un boleto para irse durante el fin de semana diciendo que necesitaba algo de espacio para pensar. "Lo siento." Le dijo Yuki mientras lo abrazaba por la espalda.

-Esto es por los dos. –Dijo el pelirosa sin girarse.- ¿Por qué simplemente no puedes dejarme? Si tuvieras el valor de decirme realmente lo que sientes todo sería más fácil para los dos.

Durante esos días el rubio lo llamó varias veces, durante los cuales tuvieron charlas incómodas pero que ninguno desistía, en una de ellas el escritor le dijo "Estaré esperando a que vuelvas" y cuando lo escuchó del otro lado llorar supo que Shuichi volvería. Nunca le dijo adónde se iba y mucho menos le dijo adónde se hospedaría para que no pudiera buscarlo.

Pero cuando lo vio llegar al aeropuerto Shuichi estaba hecho un mar de lágrimas que no dudó en correr a sus brazos y el escritor lo abrazó con fuerza. "No te vuelvas a ir de esa forma. Al menos hazme saber que estás bien, no dejes que me preocupe de esa forma Shuichi", "¿Cómo sabías a qué hora volvería?, "No lo sabía, llegué hace seis horas y si te soy honesto, es pura casualidad que te haya encontrado."

El escritor lo había ido a esperar en dónde Shuichi le había dicho que se quedara la primera vez que se despidieron, para asegurarse que no supiera adónde iba pero el escritor no necesitaba ver su rostro o cabello para saber que era él, incluso juraba que estando ciego podría reconocer su presencia.

La semana comenzaría y el escritor sabía que Shuichi tendría que trabajar al día siguiente, como había estado en el departamento y el cantante no llegaba, decidió ir a esperarlo, no iba a admitir que a cada hora que pasaba sus esperanzas de que el pelirosa volviera iba dejando lugar a la desesperación a tal punto que creyó que si lo llamaba con la mente muy fuerte Shuichi aparecería. Podía ser infantil, pero creía que eso era lo que había devuelto al cantante a sus brazos. Comenzó a cuestionarse por qué si en un momento pensó que podría dejarlo ahora no podía hacer otra cosa más que desear que volviera…

Entrada la mañana aprovechó a llamar a la editorial para negociar que se le diera un plazo más extenso por problemas personales pero se mostraron renuentes y molestos porque ya se había excedido del período máximo. Intentó actuar como lo que era…uno de los escritores más importantes de la editorial pero aquello solo empeoró la situación en la cual por primera vez le colgaron el teléfono. Se enfureció tanto que no volvió a llamarlos.

Fue a la editorial personalmente, supo por Mizuki que el director había vuelto de sus vacaciones. No tenía demasiada confianza con él, solo lo veía en entregas de premios o eventos sociales, pero por lo que le habían dicho la decisión de no darle más plazos había venido de su parte.

Qué podía decir de un tipo que nunca estaba en el lugar, sus empleados apenas conocían su rostro. Se la pasaba en viajes por el mundo y había heredado la empresa hacía unos años pero no significaba que fuera para peor, a pesar de todo no hubo cambios radicales.

-Lo siento Sr. Uesugui pero el director Matsuda no puede atenderlo, se encuentra ocupado.

-Es la cuarta vez que me dicen lo mismo esta semana.- Dijo perdiendo los estribos con la empleada que para su desgracia debía estar demasiado acostumbrada a ese tipo de trato. Ella levantó su vista para mirarlo sobre sus lentes.

-Lo siento, es un hombre ocupado. Le pido si es tan amable, puede esperarlo a que se desocupe o puede arreglar una cita como todos hacen.- Le dijo mientras transformaba su rostro semi-amable a uno de total irritación.

-Lo que necesito hablar es urgente, no puede esperar tres semanas para que me atiendan.

-Por favor sensei, baje la voz. –Rogó Mizuki a su lado.

-¿Qué es todo este escándalo?

La voz profunda se escuchó antes que la puerta de la oficina se abriera de forma brusca y diera paso a un hombre de grandes proporciones e intimidante.

-Disculpe Sr. Matsuda. El Sr. Uesugui desea hablar con usted. Le dije que estaba ocupado pero no…

-Deja que yo me encargue. –Se dirigió con su mirada severa al escritor, obviamente molesto. Era increíble que solo tuviera unos cinco años más que él. –Síganme.

Una vez que entraron a la oficina, los guió e hizo que se acomodaran en los asientos y quitó los papeles que estaban regados por el escritorio. El escritor le expuso de manera correcta lo que había pasado y que no sabía ni siquiera si aún seguía trabajando para ellos.

-¿Usted tiene la más mínima idea de cuántos escritores quisieran tener el contrato con el que usted cuenta? ¿Le parece justo que siendo de esa forma usted se pueda permitir no cumplir con los términos del contrato? –Su mirada era severa e intimidante. El hombre le recordaba a la figura de un policía retirado, más que al director de una editorial. – Tenemos contratos firmados con varias empresas que se encargan de imprimir y de diseñar los libros, todo el dinero se va a perder porque las correcciones no estarán a tiempo, porque el libro no ha sido escrito ni decidido su aprobación porque, justamente, no contamos con un escritor responsable que haya cumplido con la propuesta de una idea y le recuerdo Sr. Uesugui que ha superado ampliamente el límite máximo de plazos. En cuatro meses deberíamos estar imprimiendo el libro para que salga en la fecha programada. Si no podemos hacerlo tendremos que rescindir del contrato con usted y deberá pagar una suma importante de dinero por incumplimiento contractual.

-Deme dos meses. – Los ojos de Mizuki se abrieron enormemente.- Sé que en un mes puedo preparar algo que supere sus expectativas y supongo que las correcciones llevaran un mes más.

-Lo siento pero no puedo arriesgarme a esperar tanto tiempo por un escrito que además necesita ser pulido en las ideas que se presente.

-Pero…si trabajo con alguien más seria posible. –Por primera vez el rostro de Matsuda mostró interés.- ¿Qué diría si consiguiera escribir un libro con Minako Takeda?

-Bueno…eso salió mejor de lo que pensé. –Afirmó el rubio que sentía que tenía todo a favor.

-Usted está loco ¿Cómo se atrevió a comprometer a Takeda en un trabajo que no lo incumbe? ¿Y usted qué sabe si él no está trabajando en algo nuevo? ¿Si no acepta?

El escritor fingió estar preocupado por ello y sacó el teléfono y marcó el teléfono de Takeda.

-Oye Minako.- La editora frunció el ceño por la familiaridad usada.- ¿Quieres que trabajemos juntos? –Al parecer del otro lado el castaño estaba confuso por la propuesta.- Llama a tu editor, voy con Mizuki a tú casa.- De nuevo se hizo una pausa.- Bueno, entonces vamos a mi departamento.

-¿Qué dijo?

-Que en su casa no es posible trabajar gracias a unos molestos vecinos. Iremos a mi departamento.

-¿Shindou estará bien con ello?

-Hoy no va a estar hasta tarde, tiene psicólogo.

-Me siento mal por él. –Dijo la editora en voz baja.

-¿Por qué?- Presionó el escritor para saber si se atrevería a decirle lo que pensaba, y tuvo razón ella no se atrevió.

Se reunieron en el departamento del rubio y luego de cruzar algunas palabras, Minako no lo dudó, dijo que la mejor opción que tenían era darles una oferta a la que no se pudieran negar y esa era claramente que ambos escritores se unieran para sacar un libro. Estuvieron tan entretenidos con lo que le propondrían a la editorial y arreglando tantos detalles sobre ello que solo lo recordó cuando Shuichi cruzaba el umbral de la puerta.

Se sintió molesto porque sabía que podría haber evitado el desafortunado encuentro si hubiera estado alerta.

-¡Hola Yuki!- Se detuvo de inmediato.- Oh, Lo siento. Hola. No sabía que había alguien más.

-Hola Shindou-kun.

Le dijo con una dulce sonrisa que el cantante devolvió con el saludo. Antes que pudiera frenarlo, el joven castaño se levantó de su lugar para saludar a Shuichi también y unos pasos detrás su editor quien se mantuvo serio.

-Oh. Tú debes ser Shindou Shuichi. Eh escuchado mucho acerca de ti. –El rubio miraba la escena irreal mientras ambos estrechaban las manos. Shuichi se sonrojó ante la atención de Minako, el rubio estaba en guardia por cualquier cosa que dijera o hiciera el otro escritor. –Me llamo Minako Takeda y soy escritor.

Fue leve, pero el cantante se sorprendió y le dio una mirada veloz al escritor sin ser notado por el resto. Luego volvió su mirada al editor que se encontraba delante de él ahora y lo saludó algo incómodo.

-Shuichi estamos trabajando ¿Puedes dejarnos?

-Hai...Hai…Podrías saludarme antes ¿Sabes? –Lo miró ahora un poco molesto. –Lo siento.-Dijo dirigiéndose al resto con una sonrisa.- Iré a tomar una ducha y luego a la habitación.

Mizuki fue la primera en dirigirle una mirada de reprimenda pero el escritor que éste ignoró, lo único que quería era sacar de allí a Shuichi. Pero Takeda tenía la mirada fija en Shuichi sin expresión alguna, como si intentara atravesarlo o desentrañar, seguramente qué era lo que tenía aquél chico. Podía afirmar que había un rastro de algo parecido a los celos u odio, se giró y se encontró con la mirada del rubio pero al parecer Shuichi lo notó porque frunció el ceño.

-No creo que sea necesario.- Dijo Takeda con falsa cortesía.- Creo que hemos avanzado bastante por hoy.

Los vio marcharse y ambos permanecieron mirándose uno al otro y el rubio pensó rápidamente que lo había descubierto.

-Yuki ¿Ese tipo no es tú rival? –Señaló adonde se habían ido.- ¿Qué es eso de que van a trabajar juntos?

-Ah…eso.- Suspiró aliviado.

-¿A qué viene ese suspiro? –Preguntó mientras lo seguía camino a la cocina.- ¿Hay algún problema?

-No la verdad. –abrió y se llevó una cerveza a los labios. No quería contarle que podría ser que se quedara sin trabajo en la editorial.- Solo que tal vez trabajemos juntos en un libro.

-¿Por qué? Siempre odiaste trabajar con alguien más. –Frunció el ceño.- Además ¿No fue por su culpa que estuviste de tan mal humor durante la nominación de premios al mejor escritor del año?

Esta vez quien frunció el ceño fue el rubio y levantó los hombros restándole importancia. –No hay nada que pueda hacer. La propuesta es muy buena y no puedo rechazarla ¿Cómo te fue hoy en el trabajo?

El joven de cabellos rosados ignoró el cambio tan poco sutil de tema, por parte del escritor con una mueca. –Bien...creo.

-Pensé que tenías turno con el psicólogo.

-Noup. Tengo los jueves. –El rubio asintió, dándose cuenta que había confundido el día.

-¡Diablos! Hoy tendría que haber ido a buscar un traje para la entrega de premios. -Shuichi lo miró como si aquello no le importara demasiado.- ¿Tú tienes el tuyo?

-¿Mi qué? – Dijo mientras tomaba un durazno de la heladera.

-Tú traje ¿O piensas que iré solo a la gala?

-Como no lo mencionaste, no sabía si querías que te acompañara.

-Asumí que ya lo dabas por hecho.

-Bien.- Dijo frunciendo el ceño un poco.- Entonces tendremos que ir de compras.

-¿Compras? –Bufó el escritor con sarcasmo.

-¿De nuevo recibiste un traje de diseñador? –El rubio tomó su cerveza mientras asentía con la cabeza.

-Bueno, creo que es genial que los diseñadores de ropa te pidan que uses solo sus modelos aunque siempre te niegues a modelar y solo los uses para eventos sociales.

Eiri recibía varias propuestas para sacarse fotos con ropa de muchos diseñadores y marcas, aunque hasta ahora se negaba a las sesiones de fotos, o ser la cara de alguna marca o producto. Él decía que era escritor y no modelo, creía firmemente que le quitaría credibilidad a su carrera cuando se reuniera en eventos con otros escritores. En cambio el cantante optaba por ir a algunas tiendas con las que trabajaba y le hacían los trajes que usaba en las giras. En realidad, el cantante disfrutaba de ir de compras.

Antes que se diera cuenta Shuichi estaba cerca suyo acariciando su mejilla y en su mirada había adoración.

-A veces te envidio, eres demasiado perfecto. –Le dio una dulce sonrisa.- Los demás pueden verlo también. Te envidio porque estoy seguro que no sabes lo que es ser rechazado.- Agregó de forma casi pensativa, mientras su mirada se perdía por la piel pálida.- No sabes lo que es sentir algo de vergüenza o timidez. –La sonrisa se desvaneció y ya no quedaba rastro de la escena anterior, parecía haber algo de tristeza. – Siempre eres tan seguro…me gustaría ser como tú.

Nadie veía a Shuichi como una persona atractiva, la imagen infantil que él daba era muchas veces lo que hacía que olvidaran que se trataba de un adulto con una vida sexual activa, gracias a él. Eran muy pocas las veces que el cantante le mostraba aquella inseguridad que tapaba tan bien en su hiperactiva actitud. Pero él creía que era mejor así, nadie lo miraría, era solo para él.

Tomo la mano de su mejilla y la besó, logrando un sonrojo y un brillo de deseo en la mirada del menor. Dejó la cerveza a un lado y lo besó profundamente. Esa noche hicieron el amor con intensidad, el rubio quería borrar todo mal pensamiento del menor que se aferró con desesperación a lo que se le ofrecía. Casi había olvidado lo que era estar de esa forma con el cantante y él mismo, se obligó a olvidar sus propios pensamientos acerca de que Shuichi pudiera lastimarlo, aunque no pudiera quitarse ese pensamiento de la cabeza del todo, en especial porque siempre Shuichi acariciaba la herida que le había provocado con el cuchillo. La besaba dulcemente y decía que quería borrar el dolor que le había causado era solo en ese momento cuando se sentía extraño, realmente…no quería borrar el recuerdo de que fuera Shuichi quién la hizo.

La mesa redonda se encontraba llena, su jefe Matsuda y su asistente se encontraban con ellos. Mizuki y Shuichi se encontraban cada uno a su lado, en frente de ellos Takeda y su editor. Ese evento era para entregar premios a los escritores, uno de no demasiada importancia. Estaban anunciando a los nominados a mejor relato publicado en revistas literarias, futuros escritores o personas que tal vez nunca volvieran a publicar algo en su vida.

Giró a ver a Takeda y se encontró con la mirada de éste, que luego de una sorpresa por saberse descubierto mirándolo le sonrió. Observó a Shuichi por el rabillo que estaba hablando con Mizuki que por lo que le entendió le explicaba las grandes figuras de la escritura que se encontraban allí esa noche, de las que seguramente Shuichi no tenía ni la más pálida idea de quiénes eran.

Cuando observó detenidamente a Shuichi se sorprendió, al comienzo le había insistido para que llevara un traje pero le dijo que confiara en él. Le tendría que haber hecho caso, tenía una boina negra sobre sus cabellos rosados y vestía como si fuera un pintor de arte conceptual, llevaba un tapado negro con agujeros ajustado al cuerpo, debajo una remera roja, un pantalón ajustado y botas de cuero negro con plataforma. Le sorprendió que hubiera elegido él mismo esa vestimenta, le había pedido previamente ver lo que él llevaría para que su remera combinara con el rojo vino de su camisa, el simplemente llevaba un traje negro y una corbata angosta negra.

Antes de entrar al salón fueron abordados por cientos de periodistas y les sacaron más fotos que a cualquiera de los otros presentes, había algunas fanáticas de Shuichi o de la pareja como siempre, que gritaban sus nombres a todo pulmón.

Habían pasado cuarenta minutos y el rubio ya había ganado tres estatuillas, en cambio Takeda había ganado dos. Por cada vez que lo hacían se dirigían al escenario con su editora, su jefe y decían algunas palabras de agradecimiento, pero no se encontraba satisfecho todavía…y por lo que veía Takeda tampoco. En ninguna de las nominaciones ambos se habían cruzado…solo en una lo harían.

-Y los nominados al mejor libro del año. Son… - La presentadora hizo una pausa donde demostraba toda su fingida y extrema torpeza para abrir un sobre que no estaba pegado, solo para crear más tensión.- Fervor, de Cassandra Usme. 1872, de J.B. Ikari. Los ojos de Kasumi, de Ukyo Sananda. El fin de las horas, de Takeda Minako. Quédate por siempre, de Yuki Eiri.

El rubio no notó lo tenso que estaba hasta ese momento, a comparación de los otros libros el suyo sonaba como un libro para estúpidas adolescentes enamoradas ¿Por qué no lo llamó "Dime amor"? Sintió vergüenza de lo mal que sonó el título entre todo el resto. Era el único libro de romance entre ellos. Cómo se le ocurrió pensar que podría ser tomado en serio con un título como ese, ahora esperaba que fuera un detalle menor y al menos se hubieran dedicado a leer su interior.

Incluso el libro de Takeda sonaba con un tinte de delicadeza en su título, ¡cómo le permitieron ponerle ese nombre tan patético! Iba a matar a Mizuki en el momento que pudiera hacerlo por permitirlo.

La pequeña mano sobre la suya lo apretó debajo de la mesa llamando su atención. Shuichi lo miraba intentando calmarlo y por fin, pudo tomar un poco de aire y exhalar, apretando la mano del menor.

-Y el ganador es… "Quédate por siempre." de Yuki Eiri. –Gritó la presentadora y todas las dudas de Eiri se esfumaron, él sabía desde un principio que iba a ganar…por qué había dudado tanto al final. Pasó en frente por tercera vez siendo acompañado de gritos de felicitaciones y apoyo.

-Muchas gracias. –Dijo cuando los aplausos no dejaban de sonar.- Muchas gracias. La verdad ya me eh quedado sin palabras…no puedo terminar de agradecer a toda la gente que hizo posible que este libro se publicara. Haber ganado este premio entre escritores que admiro y entre trabajos tan buenos como "Los ojos de Kasumi" – Buscó con la mirada a su escritora quien asintió con una sonrisa mientras lo aplaudía.- y "El fin de las horas", -Dirigió su mirada a Takeda que también sonreía y le daba a entender que sabía que Eiri ganaría.-me hace sentir realmente orgulloso. –Su vista se clavó en esa persona que también se encontraba en la mesa con una enorme sonrisa de orgullo.- Pero éste libro te lo dediqué a ti, éste libro fue escrito completamente para ti…así que es justo que también te dedique este premio. Esto también es para ti Shuichi.

Amó el rostro que lo miró con sorpresa, sus manos dejaron de aplaudir atónito y sus enormes ojos se cristalizaron casi de inmediato, sabía que era un llorón y que lo hacía hubiera o no gente. El rubio se abrazó y saludó a la gente a su alrededor en el escenario tan rápido como pudo para después correr y abrazar a Shuichi con fuerza. Su corazón latía a mil por la adrenalina y la felicidad de haber ganado.

Esa noche luego de la entrega de premios, se quedaron, a lo que era la fiesta posterior. El cantante se había calmado bastante y una multitud de personas del ambiente se acercaron a felicitarlo, así que dejó a cargo de Mizuki del cantante, que también se encontraba sorprendida por lo que había hecho el escritor. Nunca antes había dedicado nada a nadie más que por cortesía y ella tenía que admitir que estaba feliz por haberlo visto hacer algo así.

Eiri se rodeó de otros escritores y Minako apareció a su lado, todos comentaban cosas de la gala o se felicitaban entre ellos. Pudo notar ciertas miradas de recelo y molestia que le dirigía, pero aquél lugar no era el indicado para preguntar qué rayos le pasaba.

En un momento pidió permiso y se fue al baño, para fijarse como lucía en el espejo, al rato Minako entró detrás de él poniendo seguro al baño después de revisar que estuvieran solos.

-¿Qué haces? –Las manos del joven se posaron en su pecho por encima de la camisa y le habló al oído con un tono molesto.

-Así que "Un libro que fue escrito completamente para ti" ¿No?

-No me digas que estás celoso por eso. –Le dijo con burla el rubio. Takeda acarició y bajó un poco sus manos hasta donde empezaba el pantalón, subiendo y bajando.

-No tengo razones para ponerme celoso de él. Aunque admito que me molesta verte tan cariñoso

-Es mi pareja.

-Frente a otros, pero como amante me tienes a mí. –Le abrazo que le dio por la espalda fue casi posesivo y a la vez cálido.

-Ya te dije lo que pasa con él…

-Lo sé, pero yo te amo más que él ¿Por qué no puedes estar conmigo? –Su rostro mostró algo de tristeza.- No puedo soportar que tengas que cumplir con él.

-¿Cumplir?

-Sí como un marido con su esposa solo porque estuvieron muchos años y no quieren divorciarse. Es obvio que estás aburrido de él, no por nada me tienes a mí.

El rubio se soltó del agarre para mirarlo de frente sin expresión, Takeda no necesitaba explicaciones. El castaño estaba hermoso con el cabello peinado hacia un costado y el traje ajustado a su silueta. El joven notó la mirada sobre su cuerpo y entonces le acarició suavemente el pecho bajando por su vientre hasta su bulto que se despertaba poco a poco.

-¿Por qué no lo dejas? Ven a vivir conmigo. –Le abrió la bragueta y bajó sus pantalones, buscando su miembro.- Yo puedo darte todo lo que quieras. –Lo sacó de la ropa interior y lo llevó a su boca. Realizándole un trabajo dedicado, lo cual le hizo sonreír burlón…por lo menos hasta el momento que comenzó a disfrutarlo con gemidos roncos y fuertes. Apretó los cabellos castaños sobre su hombría hasta que con fuerza acabó en ellos, le dio un beso de agradecimiento, luego de subirse los pantalones de forma egoísta lo dejó en el baño para que se arreglara solo, no sin antes decirle.

-Deberías estar feliz. Ahora somos compañeros de trabajo y pasaremos mucho más tiempo juntos.- Dijo Eiri, Minako le dedicó una sonrisa traviesa.

-Créeme. Estoy feliz por eso.

Cuando regresó no tardó en encontrar con la mirada a Shuichi que ahora hablaba con su jefe y Mizuki. Les sonreía pero parecía algo incómodo porque cuando lo vio le sonrió ampliamente.

-Eiri ¿Dónde estabas? Todo el mundo preguntaba por ti. –Le dijo en voz baja y el rubio le respondió de igual forma.

-Me escapé un rato, ya no aguantaba estar aquí.

-Yo tampoco…me saludan llamándome por mi nombre y no sé si debería o no, conocerlos.

Se acercaron al grupo y se disculparon diciendo que al día siguiente el cantante tenía que prepararse para un pequeño tour y debía descansar. En el auto que manejaba el rubio, Shuichi estaba callado y cuando lo miró estaba dando un gran bostezo.

-¿Uh? Ahora que lo pienso…no me despedí de Takeda.

-Descuida que no se va a morir por eso.- Dijo el rubio sin inmutarse.

-Lo sé, me refería solo a ser algo cortés. ¿Sabes?…me cayó bien ese escritor.

Eiri se quedó en silencio, intentando pensar qué quería decir con que "le había caído bien". Estaba hablando sin saberlo de su amante, el que hacía unos minutos atrás estaba diciéndole que debía dejarlo.

-Digo…me pareció agradable.

-No puedes decir que alguien te cae bien solo por haber cruzados dos palabras con él. –Dijo molesto, a lo que Shuichi se sorprendió porque no lo esperaba.

-¿Qué te pasa? ¿Qué hice mal ahora para que me trates así?

-Nada. Disculpa…tuve un mal día.

Permanecieron en silencio un rato hasta que el cantante volvió a hablar.

-¿Ése tipo es el jefe de la editorial?

-Sí, Matsuda.

-Sí, él. Me hace sentir incómodo cuando lo veo.

-Todo el mundo se siente incómodo al verlo.

-¿En serio? Es que…se comporta como si fuera un policía o algo así. Es algo intimidante.

-Digamos que tiende actuar así, es como un sargento cuando se trata de trabajo.- Pensó un poco más.- Y cuando no se trata de trabajo también.

Shuichi se rió por el comentario.

-¿Cuándo van a empezar a trabajar en el nuevo libro?

-No lo sé ¿Por qué?

-Bueno porque supongo que necesitaran más espacio en el departamento ¿No?

-Podemos arreglarnos para trabajar mientras estás en N.G.

-Es que quería decirte que no hay problema por eso, la semana que viene empezamos un tour por varias ciudades, así que solo tendrás que soportarme estos días nada más.

Bueno, no era que le molestara la presencia de Shuichi pero la verdad sería incómodo que Takeda estuviera allí con Shuichi alrededor.

Cuando llegaron al departamento el cantante se acercó rápido hacia él para robarle un beso que lo dejó helado. Shuichi se separó al no ver respuesta y necesitó explicarse. –Gracias por la dedicatoria. –El pelirosa volvió a besarlo más profundo pero el escritor no se sentía capaz de hacerlo después de tal día y lo que había hecho en el baño con Minako lo había dejado agotado. Así que tratando de ser lo más suave posible, habló.

-Lo siento Shuichi, hoy estoy cansado.

-Oh…sí, lo siento. No lo pensé.

-¿Shu? –Lo miró fijamente al ver una expresión que no le gustó. Era una mezcla entre decepción y tristeza.- ¿Qué pasa?

-Nada.- Negó con la cabeza, pero su voz sonó algo amarga.- Vamos a acostarnos.

Lo tomó por el brazo antes que se pudiera alejar más y Shuichi lo miró, aún llevando esa dolorosa expresión.

-¿Qué...está pasando?

Pareció pensarlo antes de hablar.- Estoy seriamente pensando…por qué me tienes aquí si ya casi no me tocas .Te siento distante…

Se liberó del agarre y lo vio marcharse hacía la habitación, dejándolo en la sala. Caminó al baño y vio a Shuichi cambiarse para dormir…cuando salió del baño Shuichi estaba fingiendo estar dormido, podía decirlo porque su respiración no era profunda. Se acostó de costado hacia el lado del cantante, dudando en buscar algún contacto o no, a su vez Shuichi miraba hacia el armario.

Cerró los ojos buscando dormir pero en medio de la oscuridad y ya pasada poco más de una hora, la luz del celular de Shuichi lo despertó. El chico tapaba la pantalla para que no le diera en el rostro, pero se iluminaba toda la habitación ¿A quién diablos le escribía cuando creía que él dormía? Fácilmente eran las tres de la madrugada y permaneció mandando y recibiendo mensajes durante un buen tiempo, hasta incluso lo escuchó ocultar una risa…eso lo molestó.

Se despertó al día siguiente solo en la cama, para notar que era tarde y Shuichi se había marchado sin despedirse. Hermosa forma de levantarse, Takeda vendría para comenzar con el borrador a las once porque imaginaban que luego de la entrega de premios se acostarían tarde. Eso le dio tiempo a bañarse, ordenar algo la casa y buscar escritos con las ideas que podría proponer. Cuando el castaño llegó lo hizo con un pastel, en ese tiempo Takeda había aprendido sobre sus gustos por lo dulce. Increíblemente lograron crear un esquema de una historia en cinco horas hasta el final, ya fuera porque ambos eran profesionales o porque a ambos les apasionaba crear mundos completos en sus cabezas, se sincronizaban como nunca antes lo habían hecho estando solos, incluso se permitieron escribir el comienzo del borrador de la novela a la cual le calcularon unas 300 páginas.

Había por momentos que discutían de forma inevitable, al dar ideas de cómo se desarrollaría la escena en la que relataban la idea y el escritor estaba pendiente de la llegada de Shuichi. Cosa que Takeda notaba que al rubio lo incomodaba.

-¿A qué hora llega Shuichi?

-A las 21. –El castaño se sorprendió porque apenas eran las seis.

-Eso significa que todavía tenemos mucho tiempo.- Dijo con insinuación.

-Primero tenemos que avanzar con esto.

Suichi llegó un poco más de las nueve con una bolsa de comida, le había mandado un mensaje para que no cocinara. El escritor lo notó algo ido pero cuando le preguntó le dijo que estaba cansado porque K quería que terminaran la grabación pero su voz por el agotamiento se había vuelto ronca y no lograba alcanzar los tonos. Lo observó dirigirse a la habitación luego de bañarse solo despidiéndose con un "Buenas noches". Aún no había resuelto el rechazo que le había dado el día anterior, le dolió que tampoco el cantante hubiera querido solucionar eso…pero seguramente esta vez realmente estaba cansado y con ese pensamiento se acostó de nuevo a su lado, boca abajo, no se atrevió a tocarlo pero permaneció mucho tiempo mirando su espalda hasta dormirse.

Al día siguiente, nuevamente se levantó solo. No hubo un aviso de que el cantante se hubiera ido y era temprano incluso para que se fuera a trabajar ¿Cuánto tiempo iba a estar enojado por haberlo rechazado a tener relaciones?

Takeda llegó esta vez temprano y comenzaron con el trabajo. Al comienzo trabajaron sin problemas, comentaron algunos huecos a medida que avanzaban, él era bueno con los diálogos y Takeda era bueno en detallar las escenas y buscar palabras que embellecieran la narrativa.

-Emilie espera el tren que la lleva lejos y… ¿Después qué? ¿Cómo hacemos para que no suba a él?

-Mmm…-Sacó su cigarrillo y se alejó un poco del monitor.- Si ponemos que le roban es demasiado obvio…en realidad cualquier desgracia sonaría forzada.

-Pero si ponemos que se queda sin ninguna razón va sonar muy vacío.

-Entonces…digamos que comienza a pensar que no tiene ningún otro lugar al que ir, no tiene amigos y el dinero no le alcanza más que para unos días de comer. Una mujer joven, sola, indefensa y con un grave problema de pánico al relacionarse con personas de otras clases. Se encuentra con que no puede alejarse de su marido a menos que renuncie a todo…entonces decide volver a averiguar si realmente su marido, el amor de su vida, en realidad era el monstruo que vendía esclavos.

En todo el tiempo que permaneció concentrado la mirada de Minako permaneció sobre él, con deseo absoluto. Se mordía con fuerza su labio inferior visiblemente excitado y aquello le produjo una reacción al escritor pero que intentó aguantar, iban bien con el tiempo no podían perderlo ahora. Pero el castaño no estaba dispuesto a perder la batalla, se acercó y lo besó con desesperación.

-Te amo Eiri. Por favor…házmelo.

El último rastro de cordura salió volando de su cabeza ante la voz ronca del joven, el chico lo apretó contra sí y disfrutó de hacerlo varias veces en el sofá de su santuario. No fue hasta que satisfecho de tal acción, recordó que al cantante solo una vez le había permitido hacerlo en aquél lugar. Alguien que supuestamente se merecía de su parte, más que nadie, un buen trato.

-Deberíamos seguir.- se levantó seguido por un molesto Takeda. Ambos se arreglaron la ropa, se limpiaron e intentaron concentrarse nuevamente pero les llevó un tiempo lograrlo.

-¿Hice algo mal?

-No. Es solo que no me gusta hacerlo aquí…se supone que es algo así como el lugar que utilizo solo para trabajar. –A pesar de haber respondido, solo miraba la pantalla en frente suyo.

-Te da culpa hacerlo bajo el mismo techo que compartes con él ¿No es así? Porque si ese es el problema, dile que trabajaremos en mi casa.

-¿Por qué no propusiste eso antes?

-Porque quería saber todo de ti, dónde vives, qué piensas. Quiero saber qué tipo de relación tienes con él y saber cómo es que no lo has dejado después de tanto tiempo.- El rubio podría haberse enojado por lo que decía el castaño, pero no lo hizo, no quería hablar del tema ni siquiera pensarlo. Takeda se mordió el labio pero ésta vez de frustración.- Shuichi ¿Se victimiza?

-¿Qué?

-Digo, te amenaza con hacerse daño si lo dejas porque, si es así, entiendo que estás con él pero creo que deberías hablar con su familia para que sean ellos quienes se hagan cargo de él. -El escritor tenía una sonrisa burlona mientras negaba con la cabeza por las palabras del castaño.-Puedes…dejarle el departamento y venir a vivir conmigo. No tienes por qué quedarte aquí, cuidando a alguien con quien no tienes relación.

-Lo pensaré.- Fue lo único que respondió para dejar el tema.

El cantante llegó temprano ese día, por suerte Takeda se había marchado ya que habían avanzado bastante con el borrador. Simplemente se tiró en el sofá y se colocó unos enormes auriculares, ignorándolo de una forma que lo hizo sentir mal. Lo miraba varias veces, esperando que sintiera su mirada y que le preguntara qué era lo que le pasaba…incluso, tenía la respuesta en su cabeza.

No notó que estaba hasta que salió de su estudio y lo encontró allí. Se le acercó hasta estar delante de él y vio como se sacó los auriculares.

-¿Por qué no me dijiste que habías llegado?

-Creí que estabas ocupado.

- ¿Hace cuánto que estás aquí?

Miró desinteresado el reloj.- Dos horas.

- Podrías al menos haber saludado.

-Preferí ahorrarme el grito por interrumpir tu trabajo.

Era cierto que en ocasiones anteriores le había dicho que no quería ser interrumpido pero no entendía por qué ahora le decía aquello, aunque pensándolo mejor…

-¿Te ibas a ir a dormir antes que saliera del estudio para no verme?

-Ése era el plan. –Dijo con su mirada fija en el celular que momentos antes reproducía música.

Suspiró derrotado, se masajeó la frente para luego colocarse a la altura del cantante.

-¿Esto tiene algo que ver con lo del otro día?

-No tiene nada que ver con eso.- Dijo pero no lo miró.

-Entonces ¿Con qué?

-Esto…me hace mal.- Admitió.- No le veo sentido a lo que estamos haciendo, no sé ni siquiera lo que tenemos.

-¿Lo hablaste con tú psicólogo? ¿Qué te dijo?

Se rió irónicamente.- Dejé hace tiempo de ir a las sesiones.

-¿Por qué hiciste eso? –Le gritó enojado.- ¿Eres estúpido? ¿No quieres recuperarte? ¿Adónde estuviste yendo todo este tiempo?

-¡Porque fue el psicólogo era el que insistía todo el tiempo en que tenía que dejarte! Porque decía que querías controlar todo lo que yo hacía y decía.-Gritó el pelirosa con aflicción.- Decía que mi humor dependía totalmente de cómo era que me tratabas y me di cuenta que tenía razón, pero es algo que no quiero cambiarlo. Prefiero quedarme solo y sin nada, antes que perderte.

El rubio lo tomó y lo abrazó fuerte, no lo había dicho pero seguramente había alejado a personas que quería mucho solo para estar con él…por eso le decía que cuando lo dejó no tenía adonde ir. Se aferró al amplio pecho con fuerza.

-Te amo Yuki…Dios, te amo tanto.

-No te vayas Shuichi. Deja todo…no vayas de gira…

-Tengo que trabajar Yuki…-Dijo el pelirosa con una sonrisa, seguramente pensando en que bromeaba.

-Hablo en serio Shuichi…deja todo yo puedo trabajar por los dos, no necesitas trabajar. Quédate todo el tiempo conmigo.

El chico negó con la cabeza todavía sin alejarse.- No puedo hacer eso…tengo que aprender a no depender de ti. Siempre tengo el miedo de que cuando me dejes no pueda conmigo mismo.

-Eso no va pasar.

-Por favor…sé que no lo entiendes, pero por favor…necesito pensar en algo más aparte de ti. Tienes que entenderlo…no quiero quedarme sin nada cuando me dejes.

No importó cuántas veces le dijo que no lo haría, Shuichi no le creyó e insistió en que debía independizarse de lo que sentía por él. Luego de eso entendió que Shuichi en realidad estaba tratando de "desenamorarse" de él. No le permitió tocarlo en la noche porque decía que eso lo iba a confundir, al escritor lo molestó porque lo consideró estúpido.

A los días el malhumor lo acompañó y se sintió enojado por la distancia que el cantante había comenzado a trazar entre ambos. Una vez leyó que existe una cantidad de veces que se podían hacer el amor…el resto era costumbre y sexo. Pero para él, todavía había amor entre ellos.

Uno de aquellos días fue a trabajar a lo de Minako, donde lo volvieron a hacer pero por suerte el trabajo estaba más que avanzado. Ambos estaban felices por eso.

Entrada la tarde caminó hacia el departamento, sabía que el cantante aún no había llegado. Llevó la portátil a la sala donde puso la t.v. de fondo. Shuichi tendría una entrevista en un canal de música. Vio como la banda completa apareció y llamativamente no parecían nerviosos, seguramente todos habían perdido la cuenta de cuántas entrevistas habían dado anteriormente. El cantante estaba vestido con un pantalón de jean rotos y una remera ajustada que tenía varios accesorios y con algunos agujeros en el estómago, mostrando algo de piel.

La entrevistadora llevaba el cabello de varios colores y algunos piercings en la cara. Todos con sonrisas hablaron de su nuevo proyecto y del nuevo single que presentarían. Shuichi estaba realmente entusiasmado cuando les contaba acerca de ello y del álbum, disculpándose personalmente con los fans por el retraso que justificó con problemas de salud.

Inevitablemente preguntaron cómo iba la relación con el escritor y el éste notó como la sonrisa pareció forzada. Seguramente nadie lo notaba, pero nadie sonríe y saluda al público mientras le están haciendo una pregunta.

-Estamos bien. –Dijo casi con simpleza.- Lamentamos un poco tal vez no tener más tiempo para para estar juntos pero nos queremos mucho. Pero creemos que la base de una buena relación es la comprensión.

Eso sí lo había hecho levantar la vista hacia el monitor e intentar leer entre líneas para saber de qué rayos era de lo que estaba hablando.

-Sabemos que nunca dejamos de ser nosotros, es decir, nunca dejo de ser Shindou Shuichi y él nunca deja de ser Yuki Eiri. Tenemos que convivir con ello y encontrar el equilibrio en la relación.

La entrevistadora pareció satisfecha con la respuesta, no era como si a él no le preguntaran lo mismo pero ¿Qué esperaba que dijera? No lo sabía, pero algo no estaba bien…Shuichi había hablado como si hubiera ensayado la respuesta. Cosa que nunca hacía, siempre decía lo mucho que lo amaba, lo mucho que lo extrañaba entre gira y gira. Fue demasiado frío al referirse a él. No había el brillo especial con el que lo miraba o el entusiasmo de siempre cuando tenía que hablar sobre él ¿Qué diablos estaba pasando?

Tomó su celular con desesperación cuando el programa terminó.

-¿Shuichi?

-Hola Yuki.- Dijo el cantante.- ¿Viste la entrevista?

-Sí. Saliste muy bien.- Era extraño decirlo y suponía que también era extraño para el cantante escucharlo decir algo semejante. Incluso fue incómodo la pausa que le siguió. No quería sonar ansioso.- ¿Vendrás al departamento? –Lo preguntó esperando que le dijera que sí, después de todo, no tenía razones para pensar lo contrario.- Si quieres puedo ir a buscarte.

-Oh. –Dijo Shuichi sin demasiado entusiasmo.- Los productores del canal nos invitaron a cenar y luego K se ofreció a llevarnos. No pensé que te molestaría, después de todo sé que tienes trabajo.

¿Shuichi siendo considerado con su trabajo? No pudo hacer más que bufar. Era cierto que a veces no quería molestarlo cuando lo hacía pero no llegaba a ese nivel de consideración.

-¿Por qué siento que no quieres verme? –Soltó molesto antes de siquiera pensar en sus palabras.

-Yu..ki…-Susurró.- ¿De qué estás hablando? Solo estoy yendo a una comida con la banda.

-Sí ¿Y esperas que me crea eso?

-¿Por qué me hablas así?

-¡Ven ahora mismo!

-No puedo hacer eso.

-¿Desde cuándo te quedas en tú trabajo más tiempo del necesario? –Terminó por explotar.- ¡Ven ahora mismo si no quieres que se termine todo!

Sentía una urgencia porque Shuichi estuviera ahí, por sentir que le importaba lo demasiado como para dejar al resto.

-¿Cómo quieres que vaya? K se encuentra aquí esperando que todos nos vayamos juntos.

-Toma el metro o el bus.

-Ya es tarde y no tengo dinero para el pasaje.

El rubio se estaba cansando de las excusas. –Dime dónde diablos estás entonces Iré a buscarte.

Una pausa se hizo del otro lado antes de ceder, mientras tanto el escritor apagaba su portátil para ir a buscarlo. Le había pedido que lo esperara dentro del edificio de la planta baja, había manejado lo suficientemente rápido.

Apenas llegó tocó la bocina y Shuichi corrió a su encuentro antes que alguien pudiera reconocerlo, aunque muchos se giraron a verlo pero fue tan rápido que no pudieron reaccionar.

Se subió pero apenas le dirigió la mirada, seguramente molesto porque no le permitió quedarse allí con sus amigos. Manejó el silencio unas cuadras hasta frenar en un semáforo en rojo. El rubio se giró y lo atrajo en un beso apasionado que sin dudas tomó como sorpresa al pelirosa robándole el aliento pero que no se negó a aquel recibimiento. Toda queja, todo reclamo murió en ese beso. El rubio lo tomó por el cabello y tiró de él para mirar el efecto que había dejado en el cantante. Estaba con la mirada vidriosa, mientras jadeaba y las mejillas sonrojadas. Sin dudas verlo de esa forma lo excitó.

Se sintió demasiado feliz al ver como había quedado el cantante, que reaccionara de esa forma solo por un beso suyo.

-¿Estás listo para ir a casa?

La sonrisa en el rostro del más joven fue confirmada con el asentimiento, giró la vista frente y el semáforo había cambiado. Ya no soportó más la distancia que el cantante le había impuesto y por lo que veía Shuichi tampoco.

No iba a negárselo, lo había visto mandar mensajes a la noche, podía decirlo porque lo escuchaba vibrar y no quería parecer paranoico o celoso haciéndole preguntas. Pero últimamente no solo de noche lo hacía, de día también.

El día antes de marcharse el escritor sospechó que tal vez se fuera con su amante y no a aquel tour, no importó que viera los poster con las fechas y los lugares en los que se presentarían por internet, la idea lo cegó porque tendrían algunas bandas soportes y estaría rodeado de otros artistas, productores, gente del staff. Él no podía seguirlo porque tenía que cumplir con la fecha de entrega.

Así que, ciego de rabia y celos, tomó una tijera y se ocupó personalmente de romper todo lo que estaba en las maletas y el bolso de viaje. Ese día discutió con el cantante que no terminaba de entender su actitud, si tantas veces antes había salido de gira y ni siquiera había preguntado adónde había tocado.

Aún así eso no detuvo al cantante que con una expresión fría dijo que se marcharía sin importar lo que hiciera, era pocas las veces que lo veía tan molesto, pero ¿Él no podía enojarse? O… ¿No podía hacerle una escena de celos?

El día que Shuichi se marchó a ese tour llovía, no importó la mala cara que su hermosa obsesión rubia llevaba en su rostro, su manager lo había pasado a buscar con la camioneta y se lo llevó.

Durante los días que les siguieron avanzó con su novela a paso constante, intentó hundirse en ella y no pensar en que lo había dejado. Ambos escritores estaban orgullosos de la trama original que le habían dado en especial al pensar en tantos otros trabajos hechos por colegas. A pesar de todo no olvidaba la persona con quién estaba escribiendo, así que decidió que fueran a su propio departamento a hacer el trabajo porque no se sentía cómodo trabajando en otro lugar que no fuera su propio estudio y al parecer a Minako le ocurría lo mismo, pero por Eiri lo soportaba, no solo eso sino que también soportaba ser el cuerpo en el cual descargaba todas sus frustraciones ocultas.

Los viejos sentimientos de envidia habían dejado de entorpecer la colaboración, pero el castaño cada vez fue más insistente en mostrar sus sentimientos, el que el pelirosa estuviera de gira hizo que mostrara más esfuerzo en su intento por enamorarlo.

-Eiri ¿Sientes algo por mí?

Cada vez que se lo preguntaba era extraño lo que sentía porque se le quedaba mirando el gesto sobre su precioso rostro. Sin dudas era un amante hermoso, inteligente y que tampoco podía decir que fuera mala persona, porque hasta ahora le había demostrado que no lo era. Pensó un poco en lo que diría, pero tenía que ser honesto.

-Admiración.

-¿Qué?

-Te admiro. –Lo miró seriamente y Takeda parecía por primera vez desconcertado, cómo si bien no se esperara que le dijera aquello, lo cierto es que tampoco era lo que más le hubiera gustado escuchar. –No es lo que esperabas ¿Cierto?

-Bueno. Creo que eso…es bueno ¿No?

-Depende de cómo quieras verlo…la admiración es una de las caras de la envidia.

-Y ¿Qué es lo que el escritor Yuki Eiri envidia de mí?

-Tú talento, lo joven que eres, lo hermoso y fresco de tú personalidad. –Minako le sonrió aceptando la caricia del escritor en su mejilla. –Eres como un respiro en todos los sentidos…

Pero había algo más que no fue capaz de decirle en ese entonces…lo vio como una persona tan perfecta que quería destruirlo. Deseaba hacerle lo que le había hecho a Shuichi…lograr que se convertirse en su mundo y que girara a su alrededor.

Estaba profundamente resentido con el pelirosa porque cada vez mostraba más que no todo giraba a su alrededor, se había ido a una gira y él sentía que le había prácticamente rogado que se quedara, ahora sentía vergüenza por ello pero el cantante se negó y lo dejó de nuevo.

Cuando Shuichi volvió de la gira se lo notaba más relajado y hasta podría decirse feliz por el éxito que habían tenido. Cada vez que volvía del trabajo les traía algo de café, un pedazo de pastel que compraba en la pastelería que al rubio le gustaba.

Siempre los saludaba con una sonrisa que Minako correspondía, le salía tan fácil fingir, cosa que cada vez le costaba más al rubio. La tensión se le hacía tan insoportable al verlos juntos que el cantante lo confundía con malhumor por interrumpirlos.

Cuando se marchaba a la habitación Minako siempre se excitaba de inmediato, le gustaba hacerlo sabiendo que Shuichi se encontraba al lado, justamente, porque lo odiaba. Decía que no era justo que él tuviera que conformarse con ser su amante, si él lo amaba más que Shuichi. Simplemente se sentía celoso del pelirosa hasta cuando éste lo llamaba para preguntarle o decirle algo sin importancia.

-¡No puedo creer que terminamos! – Gritó Minako a su lado y en realidad fue un milagro que lo hicieran, estaban muy felices y el castaño lo abrazó y le dio un beso en los labios por la excitación. El rubio estaba sorprendido pero después sonrió. Minako aún permanecía abrazando sus hombros.

-Solo falta que nuestros editores revisen estos dos últimos capítulos y podemos darlo por hecho.

Era bastante tarde y el escritor se ofreció a llevarlo a su casa, cosa que el otro encantado aceptó.

-Espera a que guarde y cierre el archivo.- En eso estaba hasta que golpearon la puerta que por suerte estaba cerrada con llave. –Te lo enviaré por mail.

-Yuki, ya llegué.

El escritor miró a Minako y luego a su ordenador para ver la hora…11:25 pm. Se molestó porque era bastante tarde, se levantó con el ceño fruncido para ir a hablar con Shuichi quien se había ido a la habitación.

-¿Por qué llegaste tan tarde?

-Bueno…eso es porque estuve con hablando con Thuoma. Estuvimos planeando qué vamos a hacer para tú cumpleaños. –Comentó mientras casi de inmediato buscaba algo más cómodo que ponerse.

-¿Mi cumpleaños? ¿Por qué tienen que planear algo para mi cumpleaños?

-Porque si no lo hacemos nosotros, tú no lo harás. Seguchi quiere preparar algo más reservado en N.G. para que no termines huyendo.

-Luego hablaremos de eso. Voy a llevar a Takeda a su casa.

-¿Por qué no me dijiste que estaba?

-Porque ya se va.

-Oh entonces deberías invitarlo.

-No. –Dijo el rubio inmutable.-Él no tiene por qué estar en mi cumpleaños.

-Eiri…creí que se llevaban bien. Hace tiempo que están trabajando juntos…

-Eso no tiene nada que ver…él no va a estar y punto.

Shuichi estaba algo sorprendido pero sabía que cuando el escritor se ponía de esa forma no había nada más que discutir, así que el pelirosa se limitó a subir y bajar los hombros. –Bueno…al menos no dijiste que no querías la fiesta .Estuvimos planeándola desde hace tiempo, así que no quiero que salgas con excusas ¿Entendido? Tienes que estar allí sí o sí.

Llevó a Minako a su casa, insistió para saber qué era lo que ocurría pero se negó rotundamente a contarle algo acerca de la pequeña charla con el cantante. No podía evitar imaginar qué era lo que le había preparado esta vez, el año anterior habían armado un pequeño escenario en N.G. donde tocaron Bad Luck y Nittle Graspper para ellos y al final todo resultó en convertirse en algo similar a un karaoke dónde todos terminaron sobre el maldito escenario.

El día de la fiesta, todos estaban reunidos en el gran salón de eventos que Seguchi tenía en el edificio. Todos se encontraban allí, Seguchi, Mika, Thatsuha con Ryuchi quienes después de tanto tiempo hicieron pública su relación por la cual el escritor no quiso saber ni siquiera cómo fue que se inició. Por supuesto se encontraban Suguru por ser el primo de Thuoma e integrante de Bad Luck, y Hiro con Ayaka que jamás se perdía un cumpleaños suyo y vino acompañada por Thatsuha desde Kioto. Que estuviera Bad Luck significaba que también estuvieran K y su familia, Sakano y Noriko.

Pero hubo algo que lo sorprendió, Shuichi había invitado a algunos escritores con quienes había hablado en la entrega de premios, a Mizuki y al director Matsuda.

Eiri se encontraba hablando con algunos escritores dándoles las gracias por haber ido y a su vez lo felicitaban por su cumpleaños y aún por el premio recibido. Había cruzado una mirada con Shuichi quien le sonrió de lejos y alzó una copa de champagne. Se sentaron y los mozos pasaron por las mesas llevando comida a los invitados, tendría que reconocer que era la primera vez que estaba disfrutando de una cena o al menos no quería salir huyendo. La noche fue avanzando y cortaron un enorme pastel que repartieron entre todos.

En la mesa principal Shuichi no dejaba de hacer reír a todos contando anécdotas de los tours, todos las conocían de cierta forma pero las contaba de una forma que hacía reír hasta a los más serios.

En un momento se sintió agotado y agobiado, y decidió salir a la antesala donde la puerta se abrió dejando pasar a un hermoso castaños de ojos chocolates. Su expresión era inmutable, mientras se acercaba a él.

-Feliz cumpleaños.

-Gracias.

Detrás del escritor apareció Mizuki sorprendida de ver a Takeda allí.

-Oh, Hola sensei. –El castaño devolvió el saludo a la joven editora.- Eiri, el director Matsuda está preguntando por usted.

No pudo evitar chistar con la lengua. –Solo salgo a respirara un poco y ya me están atosigando de nuevo. –Lo miró a Takeda.- ¿Quieres venir?

-No pensé que lo dirías.- Dijo molesto. –Después de todo, invitaste incluso al director y no me invitaste a mí.

El rubio frunció el ceño no quería armar escándalo en aquél lugar, se acercó al castaño para decirle algo.

-Sabes muy bien que está Shuichi. No hay nada que pueda hacer aquí.

Mizuki estaba sorprendida, no era que no supiera lo que pasara entre ambos pero creía que Takeda estaba siendo demasiado desubicado al presentarse en aquél lugar sin invitación y conociendo la relación entre el cantante y el escritor.

-¿Por qué? ¿Solo porque soy tú amante crees que iré a contárselo a todos aquí? O tal vez debería decirle de una vez por todas que estás conmigo.

Al escritor aquello le sonó a provocación y solo se acercó a él demostrando que no podría arruinarlo.

-Lamentablemente aunque se lo dijeras él no te creería.

-¿Qué dijiste?

No podía creer que le pasara eso justo en aquél momento, se giró a ver a Shuichi parado en el umbral que separaba la antesala de la sala principal.

-¿Qué acabas de decir? –Volvió a preguntar el cantante frente a un castaño que dudaba. Shuichi paseó la mirada por Mizuki, quién la evitó avergonzada de haber sido cómplice de aquello. El rubio miraba a Takeda porque no podía enfrentar a Shuichi pero sentía su mirada y terminó en Takeda que aún no terminaba de caer en lo que estaba ocurriendo.

-¿Nadie piensa aclarármelo? –Presionó de nuevo el cantante al no encontrar respuesta.- No puedo creerlo. –Suspiró fuertemente.- Así que eso era lo que hacían cuando estaban solos en el departamento ¿Éste es tu amante?

-Será mejor que te vayas de aquí.- Dijo el rubio mientras llevaba de un brazo al castaño a la salida.

-¿Por qué debería?- Preguntó cuando reaccionó.- ¡Díselo de una vez!

-No lo empeores más.

-¿Qué tienes que decirme?- Exigió saber el cantante.- Eiri ¿Qué tienes que decirme?

El escritor lo miró fijo sin soltar el brazo de Takeda, no queriendo hablar sabiendo que lo único que haría sería empeorar la situación.

-Eiri.- Lo llamó Minako para que le dijera lo que tenía que decirle, que lo dejaba y que había conocido a alguien mejor que él en todos los sentidos. –Díselo. –Rogó a la vez que lo tomaba del brazo.

El rubio no podía hablar, se sintió abrumado.

-El problema es que creías que eras diferente.- El cantante permaneció evidentemente molesto y los ojos entornados en Minako.- Pero Eiri solo permaneció contigo porque estás loco. Lo único que haces es victimizarte para retenerlo y si mantiene su atención en ti es porque tiene miedo que le hagas algo. -El rubio lo iba empujando en silencio a la salida pero éste se resistía, mientras gritaba.

Shuichi bufó detrás de él y volvió a la sala principal donde estaban todos los invitados. Eiri quiso ver cómo estaba, no podría decirlo simplemente por como se fue de allí.

El castaño se deshizo molesto e incrédulo del brazo que lo aprisionaba y se marchó, con una expresión entre decepcionado y furioso. "Eres un idiota" El rubio ignoró lo que le decía Mizuki y volvió lo más rápido que pudo sin levantar demasiadas sospechas a la fiesta donde vio a Shuichi sentado en la mesa principal hablando con una copa en la mano y tomándola de forma poco delicada de un trago.

El escritor se acercó a él y se sentó a su lado, notando la tensión inmediata en el cuerpo del menor. El pelirosa tomó otra copa mientras como buen anfitrión siguió hablando amenamente con los invitados con una sonrisa fingida. Durante todo ese tiempo el escritor intentó llamar su atención pero era ignorado, sabía perfectamente que no duraría aquella aparente calma. Lo vio tomar otra copa que el mozo le había ofrecido y el rubio se debatía entre detenerlo o dejarlo que se calmara.

Pasaron casi cuarenta minutos durante los cuales en lugar de que Shuichi se calmara se volvió más escandaloso. Comenzaba a hacerse evidente que había estado tomando desde hacía rato comenzando a incomodar a algunas personas. Lo veía hablar de tal forma que llamara la atención sobre sí y que no permitía que pudiera alejarlo de la vista de los demás pero notaba que no estaba del todo bien, sus ojos y mejillas estaban rojas por el esfuerzo de retener el llanto. Cada vez era más evidente que no podía quedarse inquieto y que su mano en la copa temblaba, comenzó a hablar sin pensar en lo que decía y sin querer realmente consciente del lugar dónde estaban.

-Cuando estábamos de gira por Tokyo, en uno de los conciertos, unas fanáticas nos corrieron cuando salimos. Debido al susto, tuvimos que correr a la camioneta de K-san. Al día siguiente las fanáticas dijeron que fuimos muy irrespetuosos con ellas, que debíamos dar mejor trato a quienes nos seguían ¿Pueden creerlo? Si no hubiéramos hecho eso simplemente nos podrían haber destrozado. ¿No aman la hipocresía?

-Shuichi.- Lo llamó el escritor, dejándole saber que ese no era un tema para hablar en la mesa. Shuichi levantó las manos alejándolo mientras le decía que estaba bien que aún era consciente de sus actos.

-Por favor Eiri, todavía no estoy loco. –Le dijo en voz baja pero aún los que estaban a su alrededor pudieron escucharlo. Shuichi comenzó a llamar la atención de todos mientras se levantaba. -Creo que todos los presentes deberíamos felicitar de nuevo al gran Yuki Eiri. Por su cumpleaños, por su premio y por su nueva vida.- Comenzó a aplaudir fuerte, seguido por algunos de las personas de forma titubeante. –Por eso quiero dedicarle algunas palabras, si me lo permiten.

-Shuichi , siéntate. –Dijo el escritor entre dientes, esto no auguraba nada bueno.

-Deberíamos felicitar a Yuki Eiri por ser tan bueno y considerado con todos. Por ser una persona tan talentosa y admirable- La mirada de Thuoma fue de completo shock al dirigirse al escritor al notar el evidente sarcasmo, todos comenzaron a ponerse en pie y el cantante comenzó a alzar su voz para ser escuchado encima de los murmullos.

-Basta Shuichi.- Casi rogó el escritor que intentó agarrarlo para que tomara de nuevo asiento.

-¿Por qué si no estoy haciendo nada malo?- Le dijo en voz baja pero con una risa tonta.- ¡Escuchen esto porque no lo van a escuchar en ningún…lo siento –Dijo al notar que se había tropezado con alguien atrás suyo.- Porque no lo van a escuchar en ningún medio…y ustedes mis queridos invitados tendrán la primicia. Eiri ha comenzado un nuevo romance, oficialmente la pareja de oro de Japón se terminó. –El rubio lo miró ocultando la expresión de asombro pero su estupefacción fue suficiente para que los que se encontraban en la mesa principal se interpusieran entre él y el cantante que seguía hablando.- No por favor, no miren alrededor su amante no nos está acompañando esta noche. Eiri fue lo bastante considerado para sacarlo de la fiesta que organicé.

Las miradas se dirigieron al escritor algunas sorprendidas, otras acusatorias y los comentarios de asombro sonaron de fondo. El escritor intentó que las personas soltaran al cantante pero entre empujones recibidos no podía ahora llegar a él.

-Suéltalo, yo lo llevaré.

En especial de Hiro era de furia contenida que intentó hacer que todos lo soltaran para poder llevárselo. El pelirosa comenzó a llorar pero mantenía ese estado de borracho en el cual no borraba la sonrisa tonta.

-Mientras estaba de gira, él se revolcaba con quien decía que era su compañero de trabajo. –Decía en voz alta para que todos lo escucharan.- En serio, Eiri, creo que tienes un gran futuro como actor.

El escritor vio como éste era arrastrado por Hiro a la salida, no se atrevía a quedarse allí…avergonzado y humillado. Se acercó al guitarrista que lo llevaba de un hombro, lo tomó del otro brazo que el cantante rechazó.

-¡No me toques! –Gritó el cantante- ¡Me das asco!

Aún no habían llegado a la antesala así que todos vieron el momento que el cantante se giró con brusquedad perdiendo un poco el equilibrio, soltándose del agarre del guitarrista, teniendo que sostenerse de una mesa cercana que se encontraba detrás de él. Estaba llorando muy fuerte, era desgarrador de verlo de esa forma…pero sabía que dijera lo que dijera cualquier palabra sería inoportuna en ese momento.

El escritor intentó acercarse de nuevo para llevarlo y que no lo vieran así, no quería que lo miraran de esa forma, no quería que vieran lo que le había provocado. Hiro hizo un intento por acercarse para que no lo tocara pero Shuichi fue más rápido que ambos…los pedazos de vidrio color musgo cayeron al suelo. Le había golpeado con una botella de champagne en la cabeza al rubio, éste se mantuvo inmutable y todos alrededor exclamaron horrorizados. Las personas presentes los rodearon pero nadie se metió. Lo único que podía mirar era la sangre en la mano del cantante, que se tapó el rostro y comenzó a llorar mientras se encogía en el suelo.

-Shuichi ¿Estás bien? –Dijo el pelirrojo intentando levantarlo.- Vamos, levántate.

El rubio se acercó e hizo a un lado a Hiro con firmeza pero sin lastimarlo.

-¿Por qué no lo dejas en paz? ¿No hiciste suficiente?

El pelirosa seguía llorando hecho un ovillo y negándose a levantarse de ese lugar. Era la primera vez que una actitud como esa que él solía ver a veces en Shuichi era vista por los demás, su instinto de protector nació de él nuevamente e intentó levantarlo por más que se negara, para notar que estaba temblando en medio de una crisis de nervios.

El rubio se agachó nuevamente y lo alzó, el cantante escondió su rostro en el cuello del mayor. El pelirrojo se acercó para evitar que se lo llevara.

-Hiro, déjalo. –Tenía tanta vergüenza que permaneció de aquella posición. –Luego te llamo. Iré por mis cosas.

El escritor permaneció con la vista inmutable hacia el frente pero eso no significaba que aquellas palabras lo destrozaran. Tenía que convencerlo de que se quedara…no era la primera vez que pasaban por esto. Estaba seguro que lo soportaría de nuevo, que decidiera estar con él un poco más era porque también quería que hablaran.

Lo sentó en el lado del acompañante del auto y manejó en silencio notando que estaba un poco más calmado pero que no lo miraba.

-¿Te lo cojiste? –La pregunta tan burdamente formulada lo dejó sorprendido. El cantante no era de soltar malas palabras a menos que estuviera furioso.- ¿Era eso lo que hacías cuando me decías que trabajabas? ¿Mizuki también lo sabía? Obvio que lo sabía.- Se respondió a sí mismo con la voz tomada.- ¿Qué se siente haberme tomado de idiota? –Preguntó el cantante dolido.- Espero que de verdad te hayas reído mucho con lo idiota que fui. De verdad fue muy gracioso. Todavía no entiendo cómo no lo vi antes. –Se reclamó mientras volvía a llorar de nuevo.- Por un momento pensé que me querías. –Se tapó el rostro. –Que patético que soy.

El rubio bajó la velocidad del auto, no queriendo llegar a su destino. La máscara de indiferencia que llevaba se estaba resquebrajando. Se tocó un poco la cabeza notando que la sangre salía y no lo había notado, lo que sí notó fue un leve mareo. El mal presentimiento se hacía mayor, junto con el vacío en el estómago. Intentó abrir la boca pero solo pudo apretar más el volante, su cabeza le latía por el dolor. El monólogo que siguió el cantante fue una mezcla de amargura, furia y reclamos a sí mismo.

Cuando llegaron nuevamente el cantante reaccionó con violencia, caminó con rapidez seguido por el escritor.

-¡Quiero que te vayas! Recoge todo, quiero que te vayas. –Gritó enceguecido.

-¡Shuichi!

-¡No! No quiero saber nada.- Estaba viéndolo temblar, sabía que aquello también le dolía al cantante. –¡Toma lo que necesites y vete!

-¡Shuichi! –Volvió a llamarlo para que volviera a sus cabales.

-¡Vete con esa mierda de puta que tienes como amante!

-¡Shuichi , ésta es mi casa!-Gritó con todas sus fuerzas dejando al cantante estupefacto y éste sacudió la cabeza notando que era cierto.

Aún estaba confundido por estar borracho.- Bien.- Dijo el pelirosa ahora algo inseguro.- Entonces…me voy yo.

-¿Adónde irás? No tienes adonde ir.

Shuichi lo ignoró mientras entre tumbos caminaba al cuarto, tomó uno de sus bolsos e intentó meter la mayor cantidad de cosas en él. El rubio se paró en el umbral de la puerta y miró la pequeña figura encorvada que temblaba al guardar sus cosas, parecía muy frágil.

El escritor sintió una lágrima caer de sus ojos y corrió al baño a buscar una toalla que entre manos temblorosas mojó con agua tibia.

-Déjame limpiarte la sangre.

El cantante se sobresaltó porque no se había dado cuenta que estaba cerca.

-Puedo hacerlo solo.- Dijo el pelirosa sacándole la toalla de las manos, se limpió con ella los rasguños que tenía, ninguno era grave pero sí sangraban bastante. Entonces lo miró a Eiri, miró su cabeza.- Deberías ocuparte de ti. Tú cabeza está sangrando también.

El escritor se tocó el cabello que sintió húmedo por la sangre, hasta ahora no lo había notado que no era solo el hilillo de la frente sino todo el lado izquierdo. El cantante siguió con su trabajo sin detenerse a mirar cómo estaba el escritor.

-No tienes que irte.

-Ya no puedo más, Yuki. –Lo miró y le dijo.- Necesito mis documentos y mi pasaporte.

El escritor los guardaba en su estudio pero tal vez el que el cantante los pidiera hizo sonar todo aquello que parecía un sueño, como algo real y se quedó paralizado. Al verlo de esa forma el cantante se paró con un bufido de enfado y fue a buscarlo en el estudio por cuenta propia.

Se acercó a la cama y permaneció sentado tanto tiempo que cayó en cuenta que Shuichi tardaba demasiado, entonces el rubio fue a buscarlo y vio que estaba en el centro de ella, mirando a su alrededor como alguien que lo ve todo por última vez o tal vez imaginándose lo que había pasado en aquél lugar.

-Puedo imaginar lo que hizo ese tipo en la cama para confundirte tanto.

-No es así.

El pelirosa sonrió burlonamente. –No mientas…hace tiempo que noté tú distanciamiento y por primera vez sé que no es un simple capricho. Sé que no puedo compararme con él. Sé que no soy tan atractivo, sé que no soy culto.

-Shuichi por favor…dilo de nuevo. Di de nuevo lo que siempre dices… no me dejes solo. Por favor.

-¿Cómo puedo hacer eso? Cómo puedo hacer eso cuando siempre que haces algo como esto no puedo evitar sentirme como si me hubiera revolcado con millones de personas porque tengo miedo de que me pegues algo ¿Tienes idea de cuántas veces me saqué sangre este año? Sólo sé honesto conmigo ¿Te cuidaste?

Simplemente el escritor nunca se había detenido a pensar que Shuichi se podía llegar a sentir de esa forma. Él se puso a pensar y se sintió estúpido, no se cuidaba siempre y pensó que no había peligro de embarazo con Takeda, así que la mayoría de veces no se cuidaban y con Shuichi hacía tiempo que había dejado de hacerlo…por qué…porque era incómodo. Así que negó con la cabeza.

Sabía que todo sonaba a una despedida. Si Shuichi Shindou se iba de su vida, se llevaría más que una maleta, se llevaría también la vida que el soñaba con tener.

-No te vayas. Te prometo que cambiaré…sé que todavía me amas.

-Ese es el asunto ya no siento nada por ti. –Pero el escritor se negó a creerle aquello e insistió.

-Te prometo que mejoraré.

-Ya no existe nada que mejorar ¿No lo ves? Lo arruinaste todo.

-¿Piensas que te creo eso? Sé que todavía me amas, jamás habrías te habrías quedado si no lo hicieras.

-Si estamos juntos solo porque yo te amaba y porque sentías que me debías algo, entonces, puedes sentirte libre porque ya no te amo. Vete con Takeda, haz lo que quieras.

La garganta le dolía y un gusto amargo tenía en el estómago.- ¿Qué pasa si te digo que te quiero?

El cantante suspiró.- Tengo la cabeza hecha un caos ahora mismo, no puedo pensar claro.

Lo vio girarse y tirar con furia unas prendas al bolso y empujarlas para hacer más lugar aunque haciendo eso manchaba cada vez más las prendas y el bolso con sangre.

-¿Y qué hago entonces con lo que siento por ti?

El cantante se giró bruscamente pero su furia se calmó solo un momento cuando notó que lloraba, pero pronto se volvió a sentir furioso.

-No te atrevas a mentirme en la cara ¿Cómo te atreves a decirme algo así después de todo lo que escuché de tu amante? Crees que estoy loco.

-¡Yo jamás dije nada eso!

Bajó su mirada que fue cubierta con su flequillo y negó con la cabeza.

-Se terminó Eiri...

-No me digas eso...estás haciendo que el mundo se me venga abajo.

-No mientas...

El rubio permaneció un tiempo en silencio viéndolo pelear con el cierre del bolso de viaje.

-¿Y si te digo que te amo?

-Te diría que estás mintiendo… cuando amas no haces este tipo de cosas. Yo jamás quise estar con otra persona mientras estaba contigo.

-¿Y qué hago con esto que siento?

-Solo estás confundido, con el tiempo verás que se te pasará.

-Por favor. No te vayas, puedes quedarte un tiempo hasta que encuentres algo más. No quiero que te vayas y yo no sepa dónde encontrarte. Ya hemos pasado por esto...-No se atrevió a decirle que sabía que solo necesitaban un tiempo y luego todo se arreglaría.-Yo puedo conseguir otra cosa…

Salió de la habitación y escuchó a Shuichi golpear fuertemente el ropero, era obvio que estaba frustrado pero el rubio no quería que se marchara porque sabía que lo primero que haría sería desaparecer de su vista.

No terminó de armar el pensamiento que se marchó del departamento sin llevarse nada más que el celular, algo de dinero y llaves. Se fue con la idea que cuando volviera todo se solucionaría, no era necesario alquilar algún lugar se podría quedar con Takeda…

Aún estaba molesto por lo sucedido en la fiesta pero a la vez estaba feliz de verlo volver a él. En un primer momento notó la ilusión de que había creído que lo había ido a buscar a él pero que por la expresión de derrota de Eiri no tardó mucho en darse cuenta que no era así. Esa noche se sentaron afuera a fumar y tomar unas cervezas, sabía que deberían hablar.

-¿Me mentiste? –El rubio permaneció con la vista clavada en el cielo, en esa noche sin estrellas.- Me dijiste que no lo querías ¿Me mentiste? -Eiri permaneció mirando el cielo sin contestarle, no le parecía necesario hacerlo. - Que estúpido. –Dio una pitada a su cigarrillo.- Entonces ¿Me dirás qué haces aquí?

-Necesito un lugar dónde quedarme.

El rostro de Minako fue uno de sorpresa. -¿El mocoso te echó?

-Dijiste que podría quedarme aquí.

-¿Por qué quieres quedarte aquí sabiendo lo que siento por ti? –Había honesta incredulidad en su voz.

La mirada ámbar se alzó al cielo.- ¿Vas a dejar que duerma solo ésta noche?

-No. No lo haré.

Esa noche lo escuchó llorar en la penumbra de la habitación pero no podía consolarlo, el mismo se sentía demasiado triste como para llorar…y así con el llanto del otro a su lado se durmió.