Capítulo 5: Amor destructivo

"Adiós, sé que mi amor desea continuar. Esperaré hasta que las lágrimas hayan desaparecido. Adiós, sé que éste amor desea continuar, hasta que el silencio diga adiós."

Canción: Until Silence; Artista: Tarja Turunen

-Eiri , levántate.

-¿Qué hora es?

-Aún es de madrugada.

-¿Qué quieres? -Dijo mientras sentía como si tuviera una gran resaca, aún quería seguir durmiendo y entrecerraba los ojos por la luz de la lámpara colocada en la mesa de luz.

-No te toques la cabeza. Creo que estás sangrando.

-OH...sí...

-¿Me dirás qué pasó?

-Bueno...después que te fueras de la fiesta, Shuichi me golpeó con una botella en la cabeza. Parece que de verdad me hizo daño. -Se rió como si hubiera contado un chiste pero Minako parecía realmente preocupado.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? Debemos ir a un hospital, creo que necesitas puntos la almohada está totalmente mojada y estás muy pálido.

-Solo necesito descansar, tengo mucho sueño.

-Levántate ahora mismo. Tenemos que ver sino es algo más grave. Los golpes en la cabeza son muy delicados.

-No exageres.

Así, casi a rastras, el castaño se llevó a Yuki a la guardia del hospital, cuando le preguntaron qué era lo que había sucedido Minako estuvo a punto de hablar pero el escritor se le adelantó "Fue un intento de robo" dijo serio, el policía que se encontraba allí le preguntó si quería poner una denuncia a lo que el escritor, fingiendo ser alguien que no cree en la ley diciendo que los policías nunca solucionaban nada y ofendiendo así al guardia, se negó a hacer la denuncia y el policía también se negaba a hacer algo por insistirle.

En aquél momento Takeda tuvo que morderse la lengua demasiado fuerte, no entendía qué iba a lograr con cubrir a Shuichi si todos en la fiesta eran testigos de lo que había ocurrido, pero a menos que alguien pusiera la denuncia contra el cantante no se podía hacer nada.

Por suerte no había sido nada grave según el doctor, no había necesitado puntos pero sí necesitó extraer algunos pedazos que se habían incrustado en el cuero cabelludo. Habían sido varias pequeñas heridas y tuvieron que hacerle placas porque el moretón había crecido bastante. Cuando casi eran las cinco volvieron a la casa con unas pastillas y la recomendación de que estuviera al tanto de que no durmiera demasiado, debía despertarlo cada media hora y evitar que cayera en la inconsciencia, si lo hacía deberían volver de inmediato.

Minako se sentó a su lado en la cama con un libro mientras cada tanto observaba el rostro más perfecto del mundo y no pudo evitar reírse de sí mismo. Estaba cuidando al hombre que hacía unas horas atrás le había roto el corazón, incluso le había permitido quedarse en su hogar. Hasta le había prestado ropa porque Shuichi lo había echado con nada más que el celular y la billetera.

Ahora que lo pensaba detenidamente...¿Realmente lo había echado? Por lo que sabía el departamento era del rubio y no se había esforzado en tomar más cosas de aquél lugar ¿Era porque esperaba que Shuichi lo perdonara? Seguramente, se dijo. Las ganas de seguir leyendo se le fueron y arrojó con furia el libro que antes sostenía en sus manos.

A pesar de cualquier sentimiento de celos que lo invadía, se encargó de cuidar al escritor. Lo dejó dormir hasta el mediodía.

-¿Cómo te sientes?

-Como si hubiera recibido una paliza.

-Tú celular estuvo sonando, lo atendí y era tú cuñado por lo que me dijo.

-¿Qué le dijiste?

-Estaba muy preocupado y furioso en partes iguales, le dije que habíamos ido al hospital pero no parecía tranquilo así que me pidió si podía venir, supongo que a la tarde vendrá.

Le sirvió algo de sopa para comer y le llevaba todo lo que necesitara para ponérselo al alcance de las manos.

"En otras noticias relacionadas con el espectáculo, en el día de ayer se filtraron unos videos de la fiesta privada del escritor Yuki Eiri donde el vocalista de la banda Bad Luck, Shindou Shuichi, hace un anuncio que ha dejado a todo el mundo sorprendido"

Ambas cabezas se giraron a la imagen que daba el televisor y se podía ver unas imágenes grabadas al parecer desde un celular donde mostraban a Shuichi dando la noticia de que el rubio tenía un amante y que finalmente daba por terminada la relación. Luego de eso la cámara intentaba colarse entre la gente, se veía cómo era retirado por Hiro y unos pasos detrás de él. Luego mucha gente alrededor evitaban que se viera el momento donde Shuichi le golpeaba con la botella, solo se escuchaba el ruido de la botella estallar y grito de la gente por la sorpresa y el horror.

"Justo en el último momento de la grabación según varios testigos el cantante golpeó con lo que parcía ser una botella de chapagne al escritor, aún no se tiene noticias de la salud del escritor pero estamos con nuestro móvil en la puerta del departamento que comparte con Shindou Shuichi."

El rubio miraba como varios periodistas rodeaban el edificio y si bien señalaban el lugar, ése se encontraba cerrado tanto las cortinas como la entrada principal y al parecer, como tantas veces anteriores, solo dejaban entrar y salir a quienes vivieran en el edificio.

-¿Crees que esté bien eso?

Eiri no le respondió, estaba preocupado más por la salud mental de Shuichi. Había comprobado varias veces que no solía reaccionar de buena forma cuando estaba bajo presión. Caminó hacia la habitación y agarró su celular marcando el número del cantante. Esperaba que no estuviera apagado o que no fuera el caso de que simplemente no quisiera atenderlo...pero lo hizo.

-¡Todo ésto es tú maldita culpa!- Gritó el pelirosa de forma alterada y en evidente estado de alteración.

-Shuichi ¿Cómo estás?

-¿Me estás jodiendo? ¿Cómo crees que estoy?

-¡Cálmate! -Dijo intentando pensar rápidamente en todo lo que hacían cuando se veían acosado de tal forma por la prensa, usualmente cuando había un gran escándalo como ése. - No vayas a salir al balcón, mantente encerrado por algunos días.

-¡No puedo estar aquí encerrado! ¡No quiero estar encerrado!

El escritor se dio cuenta que no lo decía simplemente porque tenía obligaciones que cumplir, sino porque desde que había salido de la clínica psiquiátrica su estado mental le decía que no debía estar encerrado.

-¿Estás solo? Hablaste con Hiro o con K

-Sí, pero no pueden entrar...los malditos paparazzis están incluso en la entrada del estacionamiento, no pueden acercarse, están a cien metros y tienen las calles cortadas.

-Llamaré a Thuoma... le pediré que se encargue de todo.

-¿Ah sí? ¿Qué hará traer un helicóptero?

El escritor se dio cuenta que la voz le temblaba más allá del sarcasmo, era obvio que estaba desesperado y que hiciera lo que hiciera la ayuda no sería a tiempo.

-Iré para allá.

-No te atrevas. -Dijo el pelirosa con una amenaza en su voz que hizo que el escritor tragara duro.- No quiero verte, nada de esto hubiera pasado si no te hubiera conocido. Arruinaste mi vida.

-Yo...

-¿Cómo crees que reaccionó mi familia cuando se enteraron de lo que pasó? ¿Tienes idea de lo que hiciste? Me arruinaste, ahora todo el mundo cree que soy un loco enfermo de celos. -Se lo escuchaba con la repiración agitada.- No tienes idea de como te odio.

Se escuchó un golpe del otro lado del auricular antes de colgarse pero Yuki estaba totalmente en shock por lo que le había dicho Shuichi, simplemente no podía hablar. Jamás le había dicho que lo odiaba, nunca le había dicho algo similar. Entonces recordó las palabras del día anterior, "-¿Y si te digo que te amo?", "-Te diría que estás mintiendo… cuando amas no haces este tipo de cosas. Yo jamás quise estar con otra persona mientras estaba contigo." , "-¿Y qué hago con esto que siento?", "-Solo estás confundido, con el tiempo verás que se te pasará."

A la tarde Thuoma se apareció en el lugar, cuando Minako abrió la puerta el magnate no pudo evitar poner su sonrisa más falsa, cosa que puso de los nervios al castaño y aún no sabía por qué.

-Buenas tardes, soy Thuoma Seguchi el cuñado de Eiri.

-Un gusto, Minako Takeda.

El de ojos verdes fijó su vista en aquél joven atractivo sin demostrar la más mínima expresión, cuando Minako comenzó a removerse por la incomodidad en su lugar habló.

-¿Quiere pasar? -Dijo mientra se hacía a un lado.- Eiri ahora se encuentra en la habitación descansando.

Seguchi se adentró mientras lo seguía.

-¿Cómo se encuentra?

-No es nada grave, el doctor nos dio solo unas pastillas y aconsejó reposo.

Mientras lo decía, abrió la puerta de la habitación y clavó su mirada esmeralda sobre el escritor, su odio surgió tan profundamente sin saber muy bien a quién iba dirigido. El escritor estaba pálido y bastante descuidado, la imagen distaba mucho de ser el galán que era.

-¿Puedes dejarme a solas con él?

-Sí, estaré en la sala por cualquier cosa que necesite.

-Sí, gracias.- Dijo Thuoma sin girarse a mirarlo. Cuando escuchó la puerta cerrarse se acercó al escritor y se sacó los guantes de cuero que siempre llevaba para despertarlo con una caricia sobre el rostro.- Eiri, despierta. -Le dijo suavemente.- Soy yo, Thuoma.

-¿Thuoma?

-¿Cómo permitiste que te hiciera ésto? -Comentó de forma ausente mientras recorría la herida en la cabeza. El rubio alejó la mano del mayor con suavidad.

-¿Podemos no hablar de eso ahora? Estoy bien, no pasó a mayores.

-No puedo dejar que pasar ésto. Te lo advertí. Además ¿Quién es él? ¿Por qué estás aquí y no en tú departamento? Fui para allí pero lo único que escuché fue la voz de Shuichi por el intercomunicador que dijo que me fuera que ya no vivías allí de forma muy poco educada ¿Cómo se atreve a hablarle así a su jefe? -El rubio se removió hasta quedarse sentado en la cama, mientras escuchaba a su cuñado.- Yo le voy a enseñar lo que es meterse conmigo, jamás volverá a cantar ni siquiera en bares.

-Thuoma por favor, sabes que no quiero tú ayuda.

-Pero Eiri, ese idiota pudo haberte matado. Ya es la segunda vez que lo hace, debería estar internado y no volver a salir.

-Thuoma. Sabes lo que pasó...tanto tú como el resto escucharon lo que dijo Shuichi. De verdad te agradezco todo lo que has hecho hasta ahora pero es tiempo que asuma la responsabilidad de mis actos.

-Eiri...

-No te pediré nada Thuoma y solo, que no hagas nada...

El mayor pareció inseguro, pero terminó asintiendo con la cabeza no muy convencido.

-¿Cómo estás?

-Duele un poco pero creo que descansando voy a sentirme mejor.

-No...Hablo de cómo te sientes con todo lo que pasó ¿Ése chico...Minako, es tú pareja?

-Es mi amante...

-Ah...de acuerdo. -Dijo como entendiendo que no lo consideraba un verdadero compromiso, al igual que como había sido con Shuichi.- Oye... ¿Por qué Shuichi está en tú departamento y tú aquí?

-Le di un tiempo para que pudiera buscarse algo más. -Ante el comentario Thuoma frunció el ceño.

-Él tranquilamente podría costearse un departamento para sí mismo.

-Lo sé, pero fui yo quien se lo ofrecí.

-Eiri...ustedes terminaron ¿Cierto? -El rubio no respondió.- No vas a volver con él.- El tono amable que hasta ahora había usado cambió a uno más severo.-No importa lo que digas no vas a volver con él.

Eiri negó con la cabeza, no quería pensar en que todo se había terminado.

-Puedes empezar de nuevo. Ése chico Minako...parece buena persona...

-No.

-Eiri...basta. Se terminó. Todo se terminó. -Repitió el mayor mientras lo veía negar con la cabeza repetidamente hasta que Thuoma pareció compadecerlo.- No funcionó antes, no va a funcionar ahora.

-Vete Thuoma, necesito dormir.

-Eiri...

-Que te largues, no quiero hablar.

-Bien pero tienes que saber que alejando a tu familia no lograrás nada. Les haré saber que estás bien, Mika y Thatsuha están muy preocupados, cuando estés mejor deberías llamarlos. También...deberías anunciar la ruptura con Shuichi. -El escritor se giró a mirarlo.- Sabes bien que ambos eran muy queridos, pensar en que un escritor de novelas románticas engañó a su pareja va a perjudicar tu carrera de escritor.

-Créeme que eso es lo que menos me importa ahora.

-Debería importarte, Shindou te destrozará y debes adelantarte a él. Ten cuidado.

-¿Con qué?

-Con Shuichi. Ya vimos lo que es capaz de hacer, solo es necesario que salga a hablar a la prensa una sola vez y con eso te puede hundir.

-No lo va a hacer Thuoma. Él no es así.

-Te clavó un cuchillo en el estómago y te golpeó en la cabeza con una botella en frente a una multitud. Yo creo, que él ya no tiene límites.

Durante los días que siguieron los periodistas siguieron hablando del tema, habían ido a la editorial y varias personas con pocos códigos, según el escritor, contaron desde cuando se habían comenzado a ver Takeda y él. Por lo tanto ninguno de los dos podían aparecerse por allí, al menos que pasaran un par de semanas.

-Tú laptop quedó en el departamento ¿Cierto? Deberías ir a buscarlo.

-No hay problema, te mandé el archivo por mail.

-Sí, pero sabes que no es por eso...supongo que tienes muchas historias en ella. ¿Qué tal que a tu ex se le cruzara por la cabeza romperla?

-No, va a hacer eso.

-No importa, deberías ir a buscarla igual. No puedes estar comprando ropa nueva y objetos personales solo porque no quieres ver a tu ex. Si no quieres verlo puedo ir yo.

-¿Estás loco?

-¿Por qué? Sí, es cierto, soy tu amante y ahora vives conmigo pero el trabajo es trabajo, y ese chico no puede quitarte tu herramienta de trabajo.

-No me lo quitó. Yo dejé voluntariamente todas mis cosas en ese lugar, no te preocupes todo se va a arreglar. Trabajaremos en tú computadora mientras tanto.

El escritor siguió esperando a que Shuichi lo llamara, creía que llamarlo o verlo sin que se lo pidiera solo empeoraría las cosas, aún era todo muy reciente y los medios no dejaban de repetir los hechos. Dos semanas habían pasado y todavía seguían los rumores, los paparazzis hablaban hasta con los vecinos del piso veinte a los que prácticamente el rubio ni sabía que existían, pero el problema fue cuando entrevistaron a la vecina, una vieja chismosa que hasta ahora no se había ganado todo el odio del escritor por haber contado casi en detalle las veces que discutían y por momentos exageraba las cosas para el público sensacionalista.

Pero aún no había nada acerca de Shuichi, no había fotos, no había nada pero por lo que decían seguía recluído en el departamento.

Mizuki fue a visitarlo varias veces para ver como iban los arreglos del libro, pero su actitud había cambiado parecía más fría y distante que antes.

-Mizuki ¿Podrías ir al departamento? - Preguntó Takeda sin que nadie se lo hubiera pedido. - Eiri necesita algunas cosas personales de allí.

El rostro de la castaña era un de total sopresa.

-Lo siento.- Dijo un tanto apenada. -No puedo, no quiero enfrentar a Shuichi.

-¡Pero qué es lo que tienen ustedes dos que tienen tanto miedo de Shuichi! -Dijo Minako bastante cansado de que cada vez que se hablara del chico el ambiente se volviera extraño y tuviera que cuidarse de no decir algo fuera de lugar con respecto al chico.

Mizuki lo reprendió con la mirada por el comportamiento.

-Usted no tiene derecho a sentirse ofendido por nada. Después de todo fue usted quien se metió con alguien que ya tenía pareja.

-Mizuki, déjalo. -Pero la castaña estaba cansada de callarse lo que tenía que decir.

-Usted no sabe lo que es hablar con un amigo y tener que ocultarle ese tipo de cosas, yo sabía lo que pasaba entre ustedes pero no le dije nada. Siento que lo traicioné de la peor manera, lo siento si a ustedes les dá igual pero...yo por mi parte, no puedo con la culpa.

Se levantó de su lugar, tomó su cartera y se retiró del lugar, el escritor tiró bruscamente las hojas sobre la mesa de la sala y se masajeó la frente con los ojos cerrados. Minako por primera vez se quedó callado, no entendía quién era esa persona invisible que seguía ocupando un lugar que lo hacía sentir desplazado. Todo el mundo lo hacía ver como el malo de la película pero ambos habían comenzado aquello, él no tenía la culpa de haberse enamorado...él no era malo.

Al rato el rubio se levantó y lo dejó solo, no podían reclamarse nada pero eso no hacía que las ganas de llorar disminuyesen. Aún seguían trabajando juntos, aún seguían teniendo relaciones pero el rubio no le daba más que eso...lo veía a veces mirar un punto indefinido con el celular en la mano, o pensar de más cuando se pronunciaba el nombre de Shindou Shuichi en la televisión.

-¿Por qué no me dejas conocerte como te conoce él? ¿Qué hizo para tenerte de esa forma? No dejas ni un momento de pensar en él o de preocuparte por él ¿De verdad no hay nada que pueda hacer?

Le preguntó Minako cuando lo encontró mirando un punto vacío de la sala mientras comían.

-Todavía no me llamó.

-¿Quién?

-Shuichi. Ya pasó un mes y medio...y todavía no sé nada de él.

El golpe que el castaño recibió en el estómago le hizo imposible querer tocar el plato de nuevo.

Al día siguiente alguien tocó la puerta de Minako, sus ojos se abrieron enormemente por la impresión. El moreno le devolvió la mirada sorprendida.

-Lo siento, creo que me equivoqué de dirección. Estoy buscando a Yuki Eiri, me dijeron que estaba viviendo aquí.

-Oh sí, está viviendo aquí. ¿Tú eres?

-Soy su hermano menor , Thatsuha Uesugui.

-Mucho gusto, Minako Takeda. Puedes pasar a esperarlo ahora mismo está dándose una ducha, ya debe estar por salir.

Se sentaron en la sala y Minako notó que el moreno estaba algo inquieto. Le sirvió algo de café.

-Es increíble el parecido que tienes con tu hermano -Comentó Takeda.

-Sí, es verdad, muchas personas lo dicen.

-Dijiste que eres su hermano… ¿Menor?

-Sip. Acabo de cumplir dieciocho. -El moreno permaneció un tiempo mirándolo.- Tú...¿Eres su amante? Del que se habla.

El castaño sonrió por la pregunta, era una que seguramente iba a escuchar durante mucho tiempo.

-Sí, soy yo.

Thatsuha suspiró un poco más aliviado lo que dejó de cierta forma descolocado a Minako.

-Eres más guapo que Shuichi.

El castaño en un primer momento no supo como sentirse con aquella comparación, pero le sonrió después de todo parecía que había encontrado a alguien que no parecía adorar al enano de cabellos rosados.

-Bueno, Gracias.

-¿Qué haces aquí Thatsuha?

-Oh no mucho...solo conociendo a mi nuevo cuñadito.

Frente al comentario la mirada del rubio fue de hielo. Minako percibió de inmediato la tensión en el ambiente, el escritor se había molestado y sabía que no hablarían delante de él.

-Creo que iré a comprar para que puedan hablar tranquilos. -Dijo Minako antes de irse.

-¿Qué dije? -Preguntó el moreno obviamente desconcertado por la reacción de Eiri.- ¿Acaso no es tú novio?

-¿Cómo supiste que estaba aquí?

-Fui a tú departamento pero como no te encontré lo llamé a Thuoma y me dijo dónde estabas.

-¿Viste a Shuichi?

-Sí. No entiendo por qué le dejaste el departamento a él.

-¿Cómo estaba? –Ante la pregunta el moreno no respondió.- Thatsuha.

-¿Para qué quieres saberlo?

-Thatsuha…-Presionó el escritor con los dientes apretados.

-Ustedes terminaron, tú ya vives con otra persona y eso está bien…

-No terminamos.

-¿Qué?

-Solo nos dimos un tiempo.- Dijo el escritor a pesar que el mismo dudaba de aquello, su hermano permaneció en silencio una larga pausa. -¿Qué es lo que quieres decir Thatsuha?

-Eiri…Shuichi está viviendo con otro tipo en tú departamento. Cuando fui una persona que al parecer vive en el edificio abrió la puerta de entrada así que subí directamente al departamento…me atendió un tipo, no sabía quién era pero actuaba como si estuviera en su casa, lo llamó a Shuichi y él me dijo que ya no vivías ahí…me dijo algo así como "No sé de qué te sorprendes, era obvio que iba a terminar así", cuando le quise preguntar por qué estaba con el otro tipo en tú casa me dijo que tú y él tenían un acuerdo.

El rubio estaba escuchándolo atentamente sin poder responder, era como si su cabeza se hubiera llenado de agua y cada sonido le retumbaba en los oídos.

-Eiri…tú nariz…-Fue lo único que pudo distinguir entre las palabras de su hermano.

Se llevó una mano temblorosa y confirmó que no solo sus manos temblaban si no también sus piernas.

Él creía que Shuichi lo perdonaría y que le pediría volver. Había hecho el papel de idiota esperando que lo llamara mientras se revolcaba con alguien más.

-¿Por qué no te sientas?

-Tengo que ir…-Aún había rastros de aturdimiento en su rostro.- Tengo que ir…

-No estás bien Eiri…

Pero no lo escuchó, hizo lo posible para calmarse mientras salía del departamento y se dirigía a buscar su auto. Su hermano apareció a su lado cuando estaba dentro del vehículo.

-¡No vas a ir! -Gritó Thatsuha. -¿Para qué quieres ver eso Eiri?

-Suéltate Thatsuha vas a lastimarte.

-¡No lo haré a menos que me digas para qué quieres ir! ¡¿Piensas volver con él?! -El moreno se colocó delante del auto.- ¡No voy a dejar que lo hagas! ¿Por qué no ves que él no es como tú crees? Déjalo Eiri

El escritor aceleró un poco para que su hermano saliera de adelante suyo y éste retrocedió unos pasos hacia atrás sorprendido.

-¡SAL, AHORA!

-¡Te está haciendo parecer un estúpido! -Gritó Thatsuha.- No dejaré que vayas. No hasta que me digas para qué vas a ir allí.

-¡Iré a buscar mis cosas...ahora sal de mi camino! -Dijo mientras el pestañeo que dio hizo que se mareara un poco.

-¡No dejaré que te vayas! Mira como estás. Estás mareado. - Dio unos pasos hasta llegar al lado del conductor.-Eiri ábreme…no te detendré, pero al menos déjame conducir no puedes hacerlo en tú estado.

El escritor se hubiera seguido negando si no fuera porque su nariz volvió a sangrar un poco más.

Condujo por las calles bastante preocupado por su hermano que no tenía ninguna expresión en el rostro, podría estar triste, podría estar enojado, podría estar feliz…tal vez el rubio estaría feliz de que tuviera una excusa para terminar con el cantante…aunque cuando apenas llegó a la casa del amante de Eiri y le diera la noticia, no parecía precisamente feliz.

Bajó rápido del auto y dio un portazo más fuerte de lo normal. Thatsuha lo llamó pero no podía dejar el auto sin estacionar, así que no pudo darle el alcance de inmediato.

El rubio corrió al ascensor antes que éste cerrara las puertas, llegó a la puerta y las llaves temblaron en sus manos, pensó unos segundos si tal vez Shuichi había cambiado la cerradura pero se sintió aliviado cuando la llave giró sin problemas.

Solo escuchaba su propia pesada respiración, no hizo ruido esperando encontrar lo que a la vez quería y temía por partes iguales. Aún no era consciente de cómo iba a reaccionar solo sabía que sus rodillas no dejaban de temblar y que el sudor frío se acumulara en su frente.

Caminó hacía la habitación y ésta estaba vacía, desordenada y con ropa sobre ella que no pertenecía a Shuichi. Abrió el ropero y sus cosas ya no estaban, se acercaba al baño con pasos cuidadosos pero el ruido que lo detuvo no provino del baño, sino…de su estudio…

Abrió la puerta bruscamente para encontrar a un hombre encima de Shuichi en el sofá, ambos giraron sus cabezas sorprendidas hacia el escritor.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó el pelirosa tanto enojado como sorprendido, a la vez que ambos se separaban un poco e intentaban taparse con la ropa que tenían mal colocada.

Ver al tipo levantarse los pantalones fue lo que lo sacó de quicio, el odio que sintió al ver que ese asqueroso ser había tocado a su Shuichi lo volvió loco.

Acortó la distancia y entre gritos de Shuichi para que se detuviera y gritos del tipo que a poco se fueron convirtiendo en una patética súplica para que dejara de golpearlo. No llevaba dándole ni cinco golpes que se encontraba rogándole porque lo soltara entre algo parecido al sollozo, incluso le pareció ver a Shuichi mirarlo ahora con algo parecido al desprecio porque era un simple cobarde.

Ahora que miraba al tipo era mayor incluso que él, no era precisamente atractivo y no parecía que se preocupara realmente por la ropa...le recordaba a Tachibana, debía ser un simple asalariado. No supo por qué pero aquello lo enfureció más, porque no veía que ese tipo le llegara a los talones ni a él, ni a Shuichi.

-¡Espera por favor yo no tengo nada que ver con él!

Shuichi abrió los ojos como platos frente a las palabras del hombre, no podía creer lo que acababa de escuchar. El escritor al ver esa expresión se giró nuevamente hacia el sujeto.

-Lárgate de mi vista y no vuelvas a aparecerte por aquí.- Dijo el rubio con el puño en alto de forma amenazante. El pobre hombre que tenía el rostro semi desfigurado lo miró a Shuichi buscando ayuda que por obvias razones no encontró.

-No te molestes en volver. -Fue lo único que dijo en forma despreciativa y algo decepcionada antes de ver al tipo irse de forma torpe entre trompicones y devolverle una mirada amenazante que no tenía justificativo.

El rubio se quedó de pie sin saber cómo reaccionar ¿Debería golpearlo por haberse llevado a otro hombre a la casa que habían compartido ambos y que él aún pagaba? ¿Debería recriminarle porque no lo había llamado o no lo había buscado? o ¿Debería besarlo porque sentía que se estaba muriendo si no lo hacía?

Shuichi lo miraba expectante, esperaba que él fuera el primero en hacer algún movimiento. Estaba sentado en el sofá con su cabello despeinado y su labios entreabiertos, tan rojos y deseables ¿Aún debían tener sabor a frutos rojos?

Solo hizo lo que deseaba hacer. Eiri dio unos zancos hacía el pequeño y pasó sus brazos debajo de los hombros del menor hasta que sus pies dejaron de tocar el piso y el menor pasó sus brazos alrededor del cuello, éste se alzó y lo abrazó con las piernas en su cintura. Lo besó con pasión como si por fin pudiera probar el agua luego de haber estado tantos días en el desierto.

Sentía el olor de otro hombre impregnado en el chico y quería borrar todo rastro de él. Introdujo su lengua, sus dientes chocaron y se besaron torpemente. Eiri lo llevó al sofá posicionándose encima de él, se acercó a la curvatura del cuello del cantante y lo besó, intentó controlar el deseo de hacerlo suyo en el momento, se separó y buscó la mirada amatista. Estaba con las mejillas rojas por el esfuerzo y agitado, pero así de inmediato como pasó eso Shuichi comenzó a llorar.

-¿Me amas? - Le preguntó haciendo a un lado el nudo en la garganta que tenía. No supo que expresión tenía su propio rostro, no sabía lo que Shuichi veía .- Siempre supe que volverías por mí. Yo sabía que lo harías.

Shuichi se separó solo unos centímetros para mirarlo a los ojos y Eiri acarició el rostro del menor.

-¿Por qué lloras? - Preguntó el escritor.

-Hacía tiempo que no me mirabas así. -El escritor peinó los cabellos del menor y éste sintió como la garganta se le cerraba ante el gesto. Shuichi apretó fuerte los ojos para que salieran las lágrimas de ellos.

-¿Cómo te miro?

- No puedo describirlo...pero solo cuando me miras así...me siento conmovido, porque creo que dices tantas cosas que me gustaría creer que son solamente para mí. Estaba perdiendo la fe en que ibas a volver.

Eiri le sonrió, le dio esa sonrisa honesta que era solo para aquellos que lo conocían de verdad y volvió a unir sus labios para un beso largo que a Shuichi se le hizo tierno.

-Dime que con él no eres así. -Le rogó mientras apretaba la camisa que el escritor llevaba.- Dime que él no es especial...

La voz de Thatsuha se escuchó desde la sala llamando a Eiri.

-...Eiri dime por favor.

-Eiri.- Su hermano se detuvo en la puerta del estudio ante la escena. Su rostro se llenó de furia contenida, en especial porque el rostro de Shuichi cambió también a uno de desagrado.- Eiri toma tus cosas.

-¿Sus cosas?- Preguntó Shuichi desconcertado volviéndose al escritor que ahora le devolvía la mirada sin hablar. -Para qué quieres sus cosas si él se va a quedar ¿O no?

-Thatsuha déjanos solos.

-¡No!- Gritó enfurecido.-No voy a dejar que vuelvas a caer en sus manipulaciones.

- ¿Manipulaciones? ¿De qué estás hablando? -Comento el ojiamatista con el ceño fruncido.- Creo que tu hermano es bastante grande como para que alguien lo manipule.

-¡Claro! Es por eso que lograste que mi hermano te mantuviera aquí y pagara todo como una puta de lujo. - "¡Thatsuha!" gritó el rubio enojado pero el moreno lo ignoró. Se acercó a Shuichi de forma amenazante y éste, que se había levantado del sofá y retrocedió unos pasos cuando sintió que invadía su espacio personal.- Ahora ¿Qué quieres quedarte a vivir aquí mientras mi hermano tiene que ir a vivir con su amante, mientras él paga el lugar donde vives con el tuyo?

Shuichi giró a mirar a Eiri que había comenzado a interponerse entre él y su hermano.

-¿Estás viviendo con Minako? -Preguntó primero confundido.

El moreno se detuvo en su avance y sonrió satisfecho por su revelación ante la expresión estupefacta del cantante.

-¿Estás viviendo con Minako? -Repitió en un tono que le mostraba que ahora estaba enojado y el escritor lo miró sin atreverse a responderle. -Por eso viniste por tus cosas.

"Sí" Dijo el moreno a la vez que "No" dijo el rubio. El cantante asintió varias veces como si hubiera entendido algo, sonrió pero los ojos estaban profundamente heridos.

-¡Quiero que se larguen ahora!

-Shuichi es algo complicado, cuando me fui yo...-Comenzó a decir el rubio.

-¡Largo!

-No nos iremos hasta que recojamos todas las cosas de mi hermano. -Respondió Thatsuha desafiando al pelirosa.

-¡Ya vayánse! -Enfrentó el cantante con el rostro desfigurado por la furia, intimidando de esa forma a varios hermanos. -¡No quiero volver a verlos aquí!

El moreno comenzó a alejarse siendo empujado por el mayor que se quedó unos pasos atrás pero ambos con la mirada clavada en el pelirrosa. El rubio cruzó una mirada con el menor y negó con la cabeza dándole a entender que insistiendo de esa forma no lograrían nada, o tal vez simplemente diciéndole que no quería enfrentar a Shuichi, sin saberlo, en ese momento su hermano menor sintió odio hacía él por permitir que ese chico lo echara de su propia casa y no pararse a discutirle nada.

Caminaron hacia la salida siendo escoltados por Shuichi a unos cuantos metros.

-Es injusto que nosotros tengamos que irnos cuando ésta es la casa de Eiri. -Reclamó Thatsuha nuevamente. Shuichi suspiró de forma cansina.

-Si quieres tus cosas...-Dijo dirigiéndose al escritor de forma fría.- puedes pasar por ellas mañana.

El rubio lo miró con un ruego mudo, no quería escuchar eso pero tampoco quería que Thatsuha le viera rogar en una escena patética, así que solo asintió. Thatsuha salió del departamento y él se giró para seguirlo.

-Eres mío.

El escritor se giró a mirar al chico detrás suyo para confirmar lo que creía haber oído. El rostro no le transmitió ninguna expresión de calidez, esperó volver a oír las palabras pero Shuichi no volvió a pronunciarlas.

Esa misma tarde llegaron a la casa de Minako quien se enteró de lo que había sucedido gracias a Thatsuha, el rubio caminó hasta la habitación que compartía con el castaño y se encerró allí. Eiri marcó el número del telefono fijo del departamento.

-"Shuichi.", "Ya te dije que puedes buscar tus cosas mañana ¿Qué más quieres de mí?", el escritor pensó un momento "¿Todavía me amas?", del otro lado hubo una pausa apretó el auricular muy fuerte sin darse cuenta, como nadie hablaba continuó "Yo también te amo", "¿Tenías que esperar a que tú hermano no estuviera para decírmelo? ¿No podías decírmelo en la cara?", "Lo siento" del otro lado hubo una pausa antes de que le cortara.

-¿Pudieron conseguir sus cosas?

-No. –Respondió Thatsuha a Minako.

-Debería echarlo del departamento a patadas, no entiendo en qué está pensando Eiri.

-Mi hermano siempre subestimó a Shuichi, pero hay algo que todos notamos pero al parecer él no lo nota. –El castaño lo miró fijo.- Shuichi es muy manipulador, mi hermano quiera o no termina haciendo todo lo que él quiere.

-¿No lo ama?

-No, jamás dije eso.- Le dio una sonrisa triste.- Es más complicado que seguro que Shuichi lo ama…pero de una forma enferma. Shuichi quiere que mi hermano sea totalmente dependiente de él. Al comienzo, cuando comenzaron, Eiri mostró voluntad de acercarse más a mi padre, a mi hermana, mi cuñado y a mí, pero… así como se acercó luego volvió a alejarse aún más que antes. Es como si lo hubiera absorbido por completo.

-Pero bueno si se trata de influenciarlo, ahora están alejados creo que eso quiere decir que no le está saliendo como él quiere. Mañana irán por sus cosas y todo se terminará ¿No?

-¿Qué crees que fue lo primero que habrá hecho mi hermano cuando se encerró en su habitación?

El castaño no lo pensó mucho.- ¿Llamarlo?

Thatsuha asintió. –No hay que dejar que se vean.

-¿Puedes quedarte unos días? Yo puedo encargarme de ir a buscar las cosas en el departamento, mientras lo vigilas. Si voy ahora Eiri no pensará que voy para allá, traeré las cosas necesarias.

Thatsuha asintió con la cabeza como si le hubiera entendido pero respondió con algo que el castaño no se esperaba.- Minako, no pelees con Shuichi. Sé que mi hermano no le ha hecho la vida fácil tampoco.

Era entrada la noche cuando tocó la puerta del departamento "Un momento." Escuchó la voz semi infantil del otro lado de la puerta. Mentiría si dijera que no estaba algo ansioso por enfrentar al chico que no abandonaba los pensamientos de Eiri, el chico que hacía cosas que lo hacían parecer un villano ante todos pero que estaba metido en aquél lugar utilizando al escritor, según las palabras de Thatsuha.

-¿Qué haces aquí? – El rostro del chico era ahora severo, muy diferente a las veces anteriores que lo había visto.

-Hola.- Le sonrió falsamente, él también podía jugar ese juego. Al parecer ambos eran conscientes que algún día tendrían que dialogar.- ¿Puedo pasar?

-Adelante.- Shuichi se hizo a un lado pero parecía algo tenso, en guardia por haber sido tomado por sorpresa, eso hizo sonreír al castaño porque le hacía sentir que tenía algo de control de la situación. Aunque le dio mala espina que aceptara tan rápido ¿Lo habría estado esperando?–Toma asiento.

Minako se sentó en el sofá de tres, en el del medio y Shuichi se sentó en el sofá individual justo en frente de él. Tomó una postura recta demostrando que se sentía ahora más seguro en su casa, frunció un poco el ceño por el pensamiento…era la casa de Eiri no del mocoso.

-¿A qué viniste?

-Vine por las cosas de Eiri.

Shuichi bufó.- Todo el mundo parece venir por las cosas de Eiri. –Comentó al aire.- Le dije que podía pasar por ellas mañana.

-Sí, pero hay cosas que él necesita ahora. Como sabes no se llevó absolutamente nada y al menos necesita llevarse la portátil.

-¿Temes que pueda boicotear su trabajo? O mejor dicho ¿El de ambos?

El castaño apretó la mandíbula, el chico parecía estar burlándose de él. No le diría que no quería que tuviera nada del rubio y menos si aquello caía en manos equivocadas.

-Tú no deberías estar aquí. Éste es el departamento de Eiri. –Dijo sin darse cuenta que estaba demostrando algo de impaciencia. –Si él lo dice, tú tienes que irte.

-Es cierto… pero él no ha dicho nada. –Dijo el pelirosa como si fuera lo más normal del mundo.- ¿Por qué, pretendes que ambos se muden aquí juntos?

-Y si es así qué.- Fue levemente pero sabía que le había dado en un punto doloroso y gustosamente lo hizo, porque él también estaba sufriendo por no ser correspondido. –No voy a dejar que sigas viviendo de él.

-Esas palabras suenan a las de Thatsuha ¿Por qué no eres más honesto y dices realmente lo que quieres decirme? Después de todo, Eiri no está aquí. –Respondió haciendo hincapié en el nombre que casi nunca pronunciaba, después de todo para él era "Yuki".

-Bien. Quiero que te vayas de aquí y que no vuelvas. Quiero que lo dejes en paz.

-¿Y tú quién eres para decirme eso?

- Yo soy la actual pareja de Eiri. La persona que lo ama y con quien se va a quedar.

-Por supuesto…uno más, lo había olvidado.- Comentó con desinterés, ignorando a propósito que se hubiera referido a sí mismo como "pareja" del escritor.

-¿Uno más? -Respitió el castaño con algo de burla.

-¿Cuántas personas crees que han venido a decirme ese tipo de cosas en éste tiempo? - La mirada de desafío era evidente.- ¿A cuántos crees que saqué de en medio de nosotros?

-No lo sé, a cuántos.- Presionó burlándose del chico.

-¿No es evidente? A todos, a cada uno de los que intentaron arrebatármelo. Así que si ya dijiste lo que tenías que decir puedes marcharte.

-No me iré hasta que me des sus cosas.

El de cabellos rosados se fue en busca de un bolso en la habitación y luego escuchó como fue al estudio por la portátil. Cuando volvió los dejó ambas cosas sobre la mesita de la sala.

-Hace tiempo que ya tenía guardadas sus cosas, tómalas y lárgate.

Minako se lo quedó mirando con desconfianza, había algo como si el chico quisiera que se llevara las cosas y por hacerlo, cayera en una trampa y ambos sabían cuál sería la consecuencia.

-¿No las quieres? -Lo provocó Shuichi.- O es que acaso Eiri no sabes que estás aquí hablando conmigo ¿Qué dirá cuando te vea llegar con sus cosas?

-¿Y qué le dirás cuando te pregunte lo que yo estaba haciendo aquí? ¿Le dirás que vine a amenazarte o algo así? No juegues conmigo, no soy idiota.

-¿Quieres que diga eso? –Le sonrió cínicamente el ojiamatista.

-¿Es así como siempre lo controlas? Él es incapaz de ver cómo eres en realidad. –Shuichi levantó una ceja.- Lo haces sentirse mal, lo haces sentirse miserable, culpable hasta que logras que vuelva. Él cree que eres bueno y puro, pero él no puede verte de verdad.

-¿De qué tienes miedo Minako? ¿Temes que no te crea lo que le puedas llegar a decir sobre mí? Inténtalo. Él no te creerá.

Minako ya había sido varias veces objeto de enojo por parte del escritor al intentar hace un comentario con no muy buenas intenciones acerca del cantante, había entendido muy pronto que quien llevaba el mando en la relación jamás había sido el escritor sino Shuichi, aquél que había sido tantas veces menospreciado. Era manipulador tan sutilmente que pasaba desapercibido.

-Eiri está conmigo. Ya no puedes hacer nada.

-Llegaste tarde, cuando tú llegaste él ya estaba enamorado de mí. Por eso no puede estarlo de ti.

-¿Hace cuánto que lo sabías?

-No entiendo de qué hablas.

-Entiendes muy bien mocoso. -Dijo el castaño perdiendo un poco más los estribos.-¿Hace cuánto sabes que estábamos juntos? Yo no me creo esa actuación de la fiesta de cumpleaños...querías que todo el mundo se enterara de que Eiri te era infiel, con todo el público presente para que sintieran lástima por ti. Ahora Eiri y yo sufrimos la condena social mientras tú eres la víctima, incluso para Eiri.

-Creo que me estás sobrevalorando demasiado. Me haces parecer una mente maestra. -El castaño no cedió, estaba seguro de cada cosa que estaba diciendo.- Pero...hay algo que no tiene sentido ¿Acaso fui yo quién llevó a la persona que amo a que me engañara con alguien más? Yo no los presenté, yo siempre quise que el me fuera fiel. Jamás llevaría a Eiri a que se metiera con alguien más.

Minako estaba seguro que eso era verdad. -No, pero sabías que él volvería a hacerlo y te asegurarías que fuera la última vez...pero no salió bien ¿Verdad?

El pelirosa torció su cabeza haciéndose el desentendido con una expresión de diversión.

-Entonces por qué...no están juntos. - La expresión del chico se volvió seria, en cambio la diversión ahora aparecía en el rostro de Minako. Era obvio que le gustaba molestarlo.- ¿Puedes decírmelo?

-Es porque simplemente no sabe cómo admitir lo que siente por mí.

El castaño se rio. -¿Sabes que duerme siempre en mí cama?

Era un golpe bajo, pero lo estaba haciendo caer a un nivel que jamás creyó que llegaría. El rostro del ojiamatista se volvió de piedra, solo unos segundos haciendo que la incomodidad volviera al castaño. Luego suspiró intentando calmarse antes de hablar con una sonrisa de falsa cortesía.

-Déjame preguntarte algo Minako ¿Alguna vez lo viste sonreír? –El castaño lo miró algo desconcertado.- No hablo de la sonrisa condescendiente que les da a todos o la que ofrece a amantes como tú. Hablo de la sonrisa especial que te da cuando no hay nadie a su alrededor ¿Alguna vez viste la mirada que te da que te dice miles de cosas que no puede decirte con palabras? ¿Alguna vez te hizo llorar con una mirada así?

El castaño lo miró fijo sin saber exactamente de qué era lo que estaba hablando.

-Por tu expresión puedo deducir que no. ¿Quieres saber qué es lo que ocurrirá? Yo te lo puedo decir. Tú solo vas a ser otro nombre en su lista, que cuando estemos juntos él no va a pronunciarlo para evitar que me haga sentir mal.

-Él se va quedar conmigo, ya te lo dije o si no será con alguien más que no seas tú. Él va a ver el tipo de persona que eres. Yo haré que te olvide.

Por primera vez el rostro de Shuichi se deformó y golpeó la mesa que tenía adelante.- ¡Inténtalo! Dile lo mala persona que soy e intenta enamorarlo ¡Él ya es mío! Siempre lo será ¡No puede olvidarme!

-La gente olvida. Solo tiene que estar alejado de ti y te olvidará. –Lo miró con suficiencia, había conseguido por fin una reacción.- Y solo para que lo sepas, yo no lo busqué a él sino que fue al revés. Él me buscó…porque no encontró en ti lo que vio en mí.

La primera reacción evidente de la molestia de Shuichi fue verlo apretar sus manos con fuerza.

-Takeda Minako, estás metiéndote en un lugar que jamás te correspondió. Vienes a mi casa a menospreciarme. –Poco a poco el tono del menor se volvió amenazante.-Vienes a mi casa a decirme que la persona que más amo en el mundo se va a quedar contigo. Vienes a mi casa a decirme en la cara que harás que él me olvide pero no sabes dónde estás metido. –La sonrisa que le dio fue una de burla como si mirara a casi un insecto.- ¿Tienes idea de lo que eres en realidad?

Si en algún momento Minako se sentía seguro de lo que decía ahora no lo estaba tanto pero no lo demostraría.

-La última vez que vino me dejó muy claro que no le importas. Porque solo eres solo carne de carroña.- Dijo casi escupiendo las palabras.- Un juguete en la relación. Tú no estarías aquí sino estuvieras seguro de que Eiri se quedará contigo, por más que yo me alejara él volvería a mí y puedo asegurarte que no es por alguna razón estúpida. Eiri te puso en el medio de nosotros como un juguete, desde el principio, para que yo te destruya.

La mente de Minako intentaba reaccionar pero no podía. -¿Qué estupidez estás diciendo?

-Solo la realidad, él es así. Si no siente que yo estoy loco por él entonces me lleva al límite de nuevo para sentirse seguro. Hasta obligarme a hacer algo para recuperarlo, pero esta vez no pienso darle el gusto. Por eso no estamos juntos. Dices que él no me conoce…pero puedo asegurarte que yo lo conozco bien. Tú vida será un infierno…eso es seguro yo me encargaré de eso. No por él, sino por haberte metido en medios de los dos, por haberte atrevido a venir a mi casa a menospreciarme. Por creer que esto que tenemos se trata de algo tan superficial como una pareja normal. Tú no lo entiendes…nadie lo hace.

-Él tiene razón…estás loco.

-Por supuesto que lo estoy y deberías sabes que estoy dispuesto a todo por él. Porque al final estaremos juntos…porque eres tú el que no puede darle lo que yo le doy. ¿En serio crees que conoces todo sobre él?

Minako lo miró fijamente, sabía que había cosas que no conocía pero creía que solo necesitaba más tiempo.

-Hay tantas cosas que no sabes…cosas que podrían destruirnos a ambos y nuestras carreras. –Miró a un punto indefinido en la habitación.-No maté a un muerto para que un idiota me lo quite.

-¿Qué? – Preguntó más desconcertado por la frase formulada que por haber sido llamado idiota.

-Te arrepentirás del día que pisaste mi hogar. Ambos, se arrepentirán de haberse revolcado bajo el mismo techo de mi hogar. –Por primera vez vio como los ojos le brillaron por las lágrimas.-Ambos…se arrepentirán de haberme tomado de tonto. Y tú serás el que más sufra cuando veas lo que en realidad eres.

Minako sintió algo parecido a la lástima, era un crío que tenía el corazón roto pero no era suficiente para conmoverlo.-Eso lo veremos.

Recogió sus cosas y miró aquellas que estaban sobre la mesita, dudó un tiempo pero decidió dejarlos al mirar todavía el desafío en Shuichi. Al ver que no tomó ni el bolso, ni el portátil sonrió como un demonio.

Minako volvió con un sentimiento inquietante a su casa, cruzó una mirada con Thatsuha que estaba hasta hacia unos instantes había estado mirando el televisor y el castaño negó con la cabeza. El moreno no preguntó, había comprendido que no había salido como lo esperado.

La cena se dio en medio de una sensación de agobio, el rubio no les prestaba atención parecía más distraído de lo normal. No hacía más que jugar con la comida, el tenedor tenía un pedazo de carne que apenas había sido mordido. Minako no se atrevió a contarle lo que había hecho y creía que Shuichi no lo diría tampoco.

A la mañana siguiente el castaño abrió la puerta para recoger el periódico y allí había un ramo de flores, eran hermosas, así que decidió entrarlas.

-¿Qué es eso? –Preguntó el escritor.

-No lo sé. Las dejaron en la entrada. –Rebuscó entre las flores para encontrar la tarjeta.-Es para ti.

-¿Quién las envió? –Se acercó a mirarlas mejor, eran unas flores enormes con muchos pétalos de color violeta.

Solo dice tú nombre. –Pero se quedó de piedra al verlo tomar las flores casi con afecto, nunca había visto esa expresión en Eiri. –Son flores extrañas.

-Son crisantemos violetas.-Dijo el rubio en voz baja.

-No me dice nada.

-En mi libro el protagonista le envía éste tipo de flores a la chica que lo dejó. Eso quiere decir en el lenguaje de las flores "No soporto la idea de perder tu amor"

-Eso es un mensaje bastante retorcido ¿No lo crees? –Dijo pero el rubio lo ignoró, parecía extrañamente feliz con su regalo. No hacía falta decir quién era la mente detrás de ello.

Se dirigió rápidamente a la habitación y Minako apoyó su oído detrás de la puerta. "Hola ¿Shu?" parecía estar hablando por su celular, "Recibí las flores…gracias…te extraño…" El castaño se extrañó de escucharlo hablar con afecto. "Quiero volver…" Se hizo una pausa como si del otro lado interrumpieran "¿Minako?" Mierda, pensó el castaño el maldito mocoso le estaba contando lo del día anterior. "No, yo no lo mandé. No sé de qué estás hablando…¿Shuichi?...¿Shu?..."

Decidió salir a la sala porque sabía que el escritor iría por él, apenas llegó allí escuchó al escritor cerrar la puerta con fuerza dando pasos pesados.

-¡Minako! -Gritó tan fuerte que lo sobresaltó.

-¿Qué ocurre? –Preguntó intentando ocultar su nerviosismo.

-¿A qué fuiste al departamento?

Creyó que era inútil negarlo, no creía que hubiera hecho algo malo.-Fui a buscar tus cosas.

-¿Por qué no me dijiste nada? No te pedí que lo hicieras.

-Solo hice lo que creí que era mejor para ti.

-¿Y tú qué sabes qué es lo mejor para mí?

-Tú no pensabas ir a buscar tus cosas, tampoco pensabas echarlo de tú departamento.- intentó defenderse.- Si yo no lo hacía, tú tampoco pensabas hacerlo.

-No te acerques a Shuichi. –Le advirtió señalándolo de forma que le molestó profundamente a Minako.

-Por qué no puedes ver lo que es en realidad ¿Estás ciego? Él no es la persona que aparenta ser. –Si Eiri pensaba que Minako no lo enfrentaría estaba equivocado, él jamás daba marcha atrás.- Crees que tienes el control pero no lo tienes, crees que es inofensivo, buena persona y hasta tonto. Pero mira como te tiene, no estás con él y no dejas de pensar en volver con él, como un perro faldero.

-¿Hablaste con Thatsuha?

-No necesito que tu hermano me diga cosas tan evidentes. Ese chico dejaba que tú lo engañaras apropósito.

-¿Qué estás diciendo?

-Dejaba que lo engañaras para que te sintieras culpable y volvieras a pedirle perdón ¿No lo ves? -El rubio negó varias veces con la cabeza mientras lo miraba como si desvariara.- Es más yo creo que desde hace tiempo sabe lo de nosotros.

-Es imposible.

-¿Por qué?- Presionó.-¿Porque lo ocultaste bien o porque nunca te hizo mención de esto?

-Lo haces parecer una mente maestra pero créeme Shuichi es mucho más inofensivo que eso.

El castaño rodó sus ojos oscuros, de allí estaba seguro que Shuichi había sacado la frase "Haces parecer que soy una mente maestra". -Él es indefenso, él es un idiota, él es muy buena persona.- Dijo haciendo burlas.- ¿No es así? Pues te digo que no, él no es un santo. Él no es lo que tú crees que es.

El rubio se mantuvo serio y permaneció en silencio unos momentos.

-Eres tú el que no entiende. Ése Shuichi es el que yo creé. -Había muestras de culpa en su rostro.- Él era buena persona antes de conocerme, él era honesto y dulce pero...lo hice sufrir varias veces, creo que demasiadas. Más de lo que cualquier persona normal hubiera soportado.

-Si realmente sentías algo por él ¿Por qué le engañabas?- Quiso saber, nada de lo que ambos decían parecía tener sentido.- Si le querías ¿Por qué le lastimabas?

-Porque...creo que quería creer que siempre sería él el que me buscaría. Siempre volvía...a veces con algunas simples palabras.

-Pero ésta vez no volvió. –Concluyó Minako con el pensamiento.

-No...incluso me echó. -Suspiró y bajó su mirada. -Llevó a otro hombre a vivir a nuestra casa...aunque creo que ya no vive más ahí. Es como...si quisiera que los papeles se reviertan. Como si quisiera que fuera yo el que ahora tenga que pagar por lo que hice.

-Y si lo sabes ¿Por qué sigues? ¿Vas a dejar que haga lo que quiera?

Por primera vez vio los ojos del escritor llenarse de lágrimas. Le era difícil reaccionar a ese gesto casi desconocido en el escritor.

-¿Qué más puedo hacer? Si es lo que él quiere para dejarme volver entonces lo haré.

Los ojos de Minako se agrandaron por el entendimiento y su rostro era de total estupefacción.- Tú amas…lo que creaste. Tú…amas esa forma enferma que creaste.

-¿De qué hablas?

-Tú quieres ser el mundo entero de ese mocoso, que ande siempre detrás tuyo. Y ese mocoso quiere que seas tú el que haga lo que él quiere. Ustedes no están lejos porque no sientan algo por el otro. ¡Esto es un estúpido juego para ver quién cede primero!

¿Si él en realidad era un juguete utilizado por la simple razón que era una pareja retorcida que cayó en la rutina? Se preguntó de inmediato mentalmente.

-¿Por qué sientes tanta culpa? -Preguntó intentando meterse en su cabeza.- ¿Por qué crees que mereces sufrir de esa manera?

Eiri no le respondió pero sabía que había cosas que jamás le diría. El escritor jamás le diría que aún pesaba en su corazón la culpa de haber matado a su sensei, ya no se trataba de amor por Kitazawa, se trataba de culpa por sentir que podía llegar a ser feliz a pesar de lo que había hecho y que su felicidad proviniera de un acto tan sádico como el de destruir a la persona que amaba...o como le estaba dando a entender Minako ahora... ¿Era felicidad de sentir que Shuichi lo quería destruir a él?

Cuando se encerró en el baño se miró al espejo que llegaba hasta su pecho, se alejó unos pasos y levantó su camisa hasta que pudo ver la marca que había comenzado a verse más blanca que su piel, formaba un pequeño relieve que acarició recordando "¿Por qué no puedo ser solo yo?"

-Pero si solo eres tú...Shuichi.-Dijo en voz baja.- Siempre eres tú. Todo el tiempo, a cada segundo.

Era eso lo que sentía que lo estaba enfermando por dentro, un sentimiento insano de querer encerrarlo...lo había fantaseado. Al comienzo el deseo obsesivo fue pequeño, tanto que pensó que lo imaginaba pero ese pequeño deseo se fue convirtiendo en un monstruo que lo fue devorando. No quería compartirlo con el mundo, Shuichi tenía que mirarlo y pensar en él. Lo había planeado en su cabeza cada maldito paso porque sentía que no le bastaba con que fuera su pareja, nadie más que él debía mirarlo, nadie más que él debía estar en la mente del chico. Incluso se sintió algo feliz cuando supo que moriría por él, incluso cuando estuvo internado él se sintió feliz. Shuichi esperaba por él, la única alegría de Shuichi era cuando lo veía a él.

Creyó que si lo engañaba el deseo disminuiría, la obsesión insana se apagaría pero en cambio su obsesión siguió creciendo. Shuichi no dormía sin él, mientras él estaba con alguien más, Shuichi no dejaba de llorar por él y él estaba feliz por eso. Shuichi dependía de Eiri hasta para lo más básico.

Tal vez incluso sabía en su interior que Shuichi hacía sus propias cosas pero...no se suponía que debía pasar eso. Ahí fue cuando todo se salió de control, en lugar de rogarle que volviera Shuichi buscó a alguien más. Alguien más podría desearlo, alguien más podría darle lo que él no pudo y lo llevó a su departamento para demostrarle que él también podía encontrar a alguien más. Ahora él seguro se encontraba esperando que fuera el escritor quien le rogara por volver, pero no se conformaría con algo simple como una declaración, no, Shuichi quería ver hasta donde era verdad sus palabras. Hasta dónde era Eiri capaz de perdonar todo lo que el cantante hiciera.

El que estaba sin dudas sacando la peor parte de todo esto era Minako. Quisiera o no, el maldito mocoso, como lo llamaba, lo había logrado en parte su propósito sin saberlo. Eiri comenzó a alejarse de él, solo iba a su cama para saciar su necesidad pero a veces, cuando no estaba demasiado cansado, se cambiaba de habitación e iba a la de invitados que, desde hacía unos días, Thatsuha había abandonado para ir a lo de su pareja.

Hasta ahora había conseguido que no lo viera, era agotador pero podía ver claramente como si el escritor se sumía en una especie de abstinencia de Shindou Shuichi. El rubio se había encerrado en una burbuja impenetrable, era como si Minako no existiera…le estaba dejando bastante claro que no tenía ninguna oportunidad.

Como si eso fuera poco hoy había recibido en la puerta de su casa un muñeco, hasta él podía reconocerlo, era Kumagoro. El conejo que se hizo tan popular por Ryuchi Sakuma, el novio de Thatsuha. Pero el presente no era agradable…el muñeco no tenía cabeza y tenía lo que parecía salsa de tomate como si fuera sangre. La semana anterior el vidrio de la ventana delantera había sido roto por una piedra.

Desde que se había hecho público la noticia de la infidelidad, los periodistas no tardaron en encontrar la conexión con él. Se había logrado por fin tener alguna entrevista telefónica que se reprodujo por todos los medios donde el cantante reconoció las infidelidades de Yuki pero se contuvo de decir el nombre del amante, aunque el rumor ya lo había apuntado desde hacía tiempo. El clavo terminó de ponerlo cuando dijo "Actualmente, Yuki está viviendo con él." Había recibido cartas de sus lectores algunos apoyándolo, otros condenándolos y apostaba que en su mayoría estos segundos eran fanáticos de la ya tristemente célebre llamada Pareja de Oro de Japón.

Había recibido un fuerte rechazo social, cuando salía la gente hacía comentarios en voz baja e incluso la mujer que atendía el supermercado lo atendía con cierto desprecio.

Thatsuha, que hasta ahora había sido la persona con la que había podido contar, desapareció y cuando le preguntó la razón, éste le dijo que Ryuchi no quería que estuviera cerca de él. Cuando le preguntó por qué, le respondió que su pareja…no lo veía como alguien de "confianza". Al comienzo le causó gracia el término pero al tiempo cayó en la gravedad de las palabras, su intención no era quitarle la pareja a nadie y así se lo expresó al moreno, a lo que le respondió "Escucha, Ryuchi era una persona muy cercana a Shuichi. Es normal que no quiera que tenga algo que ver con la persona que le quitó el novio a su amigo"

Él no consideraba que se lo hubiera quitado, es más, ahora mismo el rubio se encontraba en la habitación encerrado. ¿Durmiendo o con la computadora o con el celular? Quién sabe.

Él no quería eso para sí, debía decirle al escritor que se marchara aunque eso significara que nunca más volvería a verlo. Nunca había sido una de esas personas que le gustara sufrir por alguien, no había esperanzas allí, no había futuro. Se preguntó si el escritor tendría algún lugar adónde ir pero se dijo que no tendría por qué importarle aquello.

Así que se dirigió a la habitación pero el teléfono fijo sonó interrumpiendo su cometido, volvió sobre sus pasos y cogió el auricular. "¿Hola?"

El celular del rubio sonó y como si hubiera tenido una gran resaca su cabeza dolía y el ruido le sonó como vidrios resquebrajándose.

-Mizu..

-¿Sensei?

La voz alarmada lo hizo ponerse en guardia. Se sentó al borde de la cama de un brinco tan rápido que lo mareó.- ¿Qué pasa?

-Todavía nada, -Dijo la editora.- que yo sepa pero hoy el director Matsuda vino furioso preguntando por usted, no me sorprendería que lo llamara en cualquier momento…

En aquél preciso momento los pasos sobre el suelo se hicieron eco de una corrida volviendo desde el pasillo de la habitación, el rostro de Takeda estaba pálido y a su vez llevaba el teléfono inalámbrico en la mano.

-¿Qué pasa? –Preguntó al joven delante de él a la vez que alejaba un poco el celular.

-¿Sensei? –Se escuchaba la voz preocupada de Mizuki.

-Luego te llamo Mizuki.- Dijo y colgó antes de escucharla nuevamente.

-¿Minako?

-Estamos despedidos. –Dijo con dificultad y una cara de susto.

-¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con que estamos despedidos?

-Me acaba de llamar Matsuda y me dijo que ambos estamos despedidos. Y además dijo que soñáramos con que conseguiríamos nuevamente algún trabajo en una editorial.

-¿Por qué?

-Se filtró el archivo del libro.