Un nuevo capítulo de:

Sumergido en el más dulce sueño

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CAPITULO XII

"DULCE AROMA"

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No pude encontrar a Lou Fa, regresé al lugar donde había dejado a Allen con la sorpresa de que él ya no se encontraba ahí, volteé a todos lados preocupada.

– Mooo… ¿Pero dónde se metió? ¡Le dije que no se moviera de aquí! – Suspiré.

– ¡PELEA! ¡PELEA! ¡PELEA! – Escuché gritar a un grupo de personas.

Me dio un mal presentimiento… "¡Por favor, por favor que no sea Allen!"

Me acerqué al grupito de personas que estaban armando el escándalo, para mi desgracia justo en el centro de la multitud distinguí la melena blanca de Allen... Kanda lo tenía agarrado del cuello de la camisa dispuesto a soltarle un buen golpe en la cara, Allen solo sonreía de lado malicioso.

– ¿Te crees muy astuto, verdad Moyashi? – Dijo entre dientes.

– Es "Allen" ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? – Suspiró – Ahhh claro… lo olvidaba, no puedes aprendértelo porque eres muy idiota ¿Verdad, Bakanda?

– ¿QUÉ HAS DICHO ESTUPIDO MOYASHI? – El rostro de Kanda se ensombreció y levantó el puño. Y antes de que Kanda pudiera encestarle un buen golpe en la cara a Allen, me interpuse entre ellos.

– ¡DETENGANCE LOS DOS! – Grité empujándolos para que se apartaran, pero Kanda seguía sin soltarle el cuello de la playera de Allen – ¡Basta Kanda! ¿No me escuchaste?

– ¡Este maldito moyashi me las va a pagar! – Miró con rabia al peliblanco.

– ¡Déjalo Kanda! ¡Allen no está en sus cinco sentidos! ¡No sabe lo que hace! – Intenté tranquilizar al peliazul pero éste se reusaba a soltarlo.

Chasqueó la lengua y finalmente soltó con rudeza la camisa de Allen dejándolo caer, se cruzó de brazos y salió de la casa. La gente también se empezó a irse por ahí. Me acerqué a Allen enfada.

– ¡Te dije que no te movieras de tu lugar! – Le reclamé tomándolo del brazo.

– ¡Lenalee! – Saltó emocionado abrazándome por el cuello – ¡Te estaba buscando! ¡Hick! – Le dio hipo.

– ¡Estas más alcoholizado que antes, y ya se te subió! no puedes estar así, será mejor que vayas a tu casa, te acompañare… – Suspiré – ¿Recuerdas cómo llegar?

– ¡Claro! Es por allá… – Señaló hacia la derecha. – ¿O era por allá…? – Señaló en dirección contraria.

¡Genial! Si Allen tenía un pésimo sentido de la orientación estando sobrio, ahora no me lo quiero imaginar ebrio…

– ¡Aaah mooo…! – Suspiré pesadamente – Tendré que preguntare a Lavi… – Me dirigí hacia donde se encontraba el pelirrojo, llevaba a Allen junto a mí para que no se me escapara.

– ¡LAVI! – Lo llamé – Le preguntare a Lavi tu dirección, no te muevas ¿ok? – Me dirigí a Allen, lo solté un momento pero me quede cerca de él.

– ¿Qué paso Lenalee? – Preguntó el pelirrojo con una sonrisa.

– ¿Lavi sabes donde vive Allen?

– ¿Allen? Si, vive cerca de aquí, a unas tres calles más abajo en el segundo piso de la panadería que está por el parque ¿Por qué? – Me miró curioso.

– Lo pasa es que, Allen se… – Me quede callada al darme cuenta que Allen ya no estaba junto a mí.

Vi que se acercaba a un grupo de personas bastante tomadas.

– Tengo calor… ¡Hick! – Allen comenzó a quitarse el suéter y a sacarse la playera.

El resto de las personas se le quedaron viendo divertidas, algunos lo alentaban a continuar.

– ¡Oh, no, no, no, no! – Corrí hacia él para detenerlo, le baje la playera antes de que se la quitara y recogí el suéter del suelo. – Vámonos de aquí antes de que esto se ponga peor… – Lo tomé del brazo y lo arrastré conmigo fuera de la casa.

– ¿Pero qué le pasa a Lenalee? – Dijo Lavi sorprendido.

– ¿Hmm? no lo sé… – Contesto Sachiko igual de confundida.

Caminamos por la solitaria calle rumbo a la casa de Allen, el peliblanco apenas si podía mantenerse en pie, cada que daba un paso se tambaleaba e iba de un lado a otro y riéndose sin razón.

– ¡Hey Lenalee! ¡Baila conmigo! ¿Sí? – Allen rodeó mi cintura y me hizo dar una vuelta sobre mi propio eje para después recibirme entre sus brazos y sonreír.

– ¡De-Detente Allen-kun! Estamos a mitad de la calle… – Me incorporé con las mejillas sonrojadas. – Vamos, ya casi llegamos – Cruzando el parque distinguí la panadería de la que me había hablado Lavi.

Nos detuvimos frente a la puerta y llamé al timbre dos veces. Al poco tiempo las luces se encendieron y un hombre con semblante serio y cabello rubio atado en una trenza en la nuca, nos bario la puerta.

– ¡Link! – Saltó Allen.

– ¿Qué demonios? – Exclamó el rubio mirando desconcertado al peliblanco.

– ¡Ya estamos en casa, Link! ¡Hick!

– Esto… buenas noches… – Dije con voz tímida – Allen no se encontraba bien, así que lo traje hasta aquí…

– ¡Ahh discúlpame! ¡Te ayudo! – Se apresuró a decir tomando a Allen por el hombro para llevarlo dentro de la casa.

Lo colocamos con cuidado sobre el sillón. El Golden dorado "Tim" voló hasta su dueño revoloteando sobre su cabeza.

– ¡Hey Tim! ¿¡Dónde estabas!? – Lo recibió el peliblanco alzando la mano para que el pequeño golem se parara sobre ella.

– Pero Allen tu no bebes… – Link lo miró severamente – no tienes tolerancia al Alcohol ¿En que estabas pensando? – Le reclamó.

– ¿Ahh? ¿Pero qué dices Link? ¡Si sólo bebí jugo de mango! – Se quejó el peliblanco.

– Lo siento… parece que alguien mezcló alcohol en su jugo de mango y no se dio cuenta… – Traté de explicar lo que había pasado.

– Tantos años viviendo con Cross Marian, y voy a creer que fueras incapaz de darte cuenta Walker… – Allen hizo un puchero infantil y se cruzó de brazos. Link suspiró – Toma asiento por favor… – Me indicó.

– Si, gracias… – Me acomodé en el sillón.

– Disculpa ¿Tu eres…? – Preguntó.

– ¡Ah perdón! Soy Lenalee Lee, compañera del salón de clases de Allen – Hice una reverencia.

– Ya veo… muchas gracias por traerlo hasta aquí, señorita Lee. Iré a preparar un poco de té para Walker, ¿Gusta que le prepare uno también? – Dijo amablemente.

– Muchas gracias, pero ya es tarde, me tengo que ir… – Miré el reloj de pared que estaba en la sala.

– Ya pasan de las tres de la mañana… no es bueno que una jovencita vaya sola por la calle a estas horas, puede ser peligroso. Si no tienes a nadie que pueda pasar por ti, te puedes quedar aquí, Allen se encargara de acompañarte hasta a tu casa mañana…

– E-Ehh Si… – Me encogí de hombros apenada.

Ya era bastante tarde como para pedirle a mi hermano que pasara por mí, considerando que no teníamos auto y que mi casa quedaba un poco retirada de la casa de Allen.

– El teléfono esta de ese lado, por si gustas avisar… – Dijo Link entrando a la cocina.

No podía decirle a mi hermano que me quedaría en casa de un compañero ¡Se pondría como loco! Así que decidí háblale primero a Sachiko para ponerla al tanto de la situación y decirle que le diría a mi hermano que pasaría la noche con ella y que mañana temprano regresaría a la casa. No me gustaba mentirle a mi hermano, pero tampoco quería preocuparlo, además, tanto Allen como el Señor Link, eran personas muy amables, no habría problema ¿Cierto?

Link regresó con un par de tazas de té, una para Allen y una para mí. El peliblanco bebió la suya y al poco tiempo cayó profundamente dormido sobre el sillón, Timcanpy se había acurrucado cerca de él.

– Puedes quedarte en el cuarto de Allen – Indicó Link – Es el que está subiendo las escaleras a mano derecha, también te traeré algo de ropa de para que puedas cambiarte.

– Le agradezco mucho – Sonreí.

Mientras él subía por las cosas yo me quede acompañando a Allen, era la segunda vez que lo veía dormir, se veía tan tranquilo e inocente como un niño, "Me gustas" Las palabras de Allen resonaron en mi cabeza no podía olvidar lo que había sucedido… Ni tampoco podía olvidarme del casi beso que nos dimos y la suave sensación de sus labios sobre mi mejilla.

Me arrodillé cerca de él y le aparté los mechones de cabello de su cara, contemplé la cicatriz de su rostro y la acaricié con la yema de los dedos. Al sentir el contacto de mis dedos sobre su piel, Allen soltó un pequeño gemido e hizo un puchero apretando los labios, sonreí al ver la expresión tan dulce y graciosa que tenia.

En cuanto escuché los pasos de Link bajando por las escaleras me levanté de inmediato. Me entregó una playera y unos pants de Allen que podía usar como pijama, después colocó una almohada debajo de la cabeza del peliblanco y lo cubrió con una manta.

Subí por las escaleras y abrí con cuidado la puerta del cuarto, la luz estaba apagada pero se podía ver un poco por la luz del exterior. Estaba tan cansada y moría tanto de sueño que no me detuve a explorar la zona y me metí en la cama.

Al colocar mi cabeza sobre la almohada me llegó un agradable aroma que reconocí de inmediato, tanto las sabanas como la almohada tenían impregnadas el dulce aroma de Allen, hundí mi rostro en ella de manera que pudiera ser capaz de grabar en mi memoria aquella esencia y al poco tiempo me quede profundamente dormida…

POV ALLEN

Desperté con un terrible dolor de cabeza, todo me daba vueltas, me había quedado dormido en el sillón y nunca supe en qué momento…

Lo último que recordaba es que Lenalee había ido en busca de Lou Fa, después de eso no recuerdo absolutamente nada, ni cómo fue que regresé a casa.

– Ahh… tengo que ir al baño… – Me levanté sobándome la cabeza por el mareo.

Di un par de pasos y sin querer mi pie chocó con la pata de la mesa, golpeándome justamente en el dedo pequeño. El movimiento de la mesa hizo que el florero que estaba sobre ella, se callera y terminara rompiéndose.

– ¡Mierda! Ouhhh… – Maldije sobándome el dedo y yendo como pude hasta el baño.

– Me siento realmente mal… creo que la cabeza me va a explotar – Salí del baño, aun cojeando por el golpe que me di – ¿Y qué hacia dormido en el sillón? Será mejor que me vaya a mi cuarto… – Antes de irme coloqué la almohada sobre el florero roto para ocultar de manera estúpida la evidencia.

Subí con pesadumbre las escaleras y entré a mi habitación. Por más que buscaba a tientas el interruptor no daba con él, sentía que todo me daba vueltas, así que mejor lo dejé por las buenas y me fui a oscuras hasta mi cama.

Me senté a la orilla del colchón y me pasé una mano por la cabeza, tenía el cabello tan enredado que mis dedos se atoraron en él, traté de acomodarlo con la mano pero no logré hacerle gran cosa, o al menos deshice algunos nudos…

– Que calor hace… – Dije entre bostezos – ¿Dónde habré dejado mi pijama? Bueno, no importa…

Me quité la playera y la dejé caer al suelo sin fuerzas, después me saqué los zapatos junto con los calcetines, me bajé los pantalones y los aventé con el resto. Me tumbé sobre la cama y me llevé el dorso de la mano sobre mi frente, en un vago intento de hacer concentración y recordar que había pasado en la fiesta, pero no lo logré. Deje de darle vueltas al asunto y me cubrí con las sabanas, pasé mi mano por debajo de la almohada y cerré mis ojos.

-o-o-o-

La luz del sol se colaba por la ventana molestándome con su brillo los ojos y sin dejarme dormir en paz. Me arrepentí de no haber cerrado la cortina en la noche. Apreté los parpados intentando recuperar el sueño, pero una punzada en mi cabeza no me lo permitió.

Me di por vencido y poco a poco mis sentidos fueron despertando, mi olfato captó un peculiar aroma, que era tan dulce y fresco a la vez, invitándome a seguirlo, me dejé llevar por él y giré la cabeza hacia mi derecha, donde pude percibir con mayor intensidad aquella fragancia. Un ligero cosquilleo golpeó con suavidad mi rosto, era casi apenas perceptible… como un suspiro, me preguntaba qué seria aquello.

Lentamente abrí mis ojos y ante mi estaba una hermosa visión del rostro de Lenalee, profundamente dormida. Sonreí, era como lo había soñado con anterioridad, su rostro se veía tan relajado, sus largas pestañas cubrían sus hermosos ojos violetas y su boca formaba una tenue sonrisa que me indicaba que aquello que estuviese soñando la hacía feliz.

Sin duda nunca había visto un ángel antes, pero la belleza de Lenalee sólo la podría comparar con la de aquellos seres celestiales. Impulsado por el deseo de acariciar sus rosadas mejillas, estiré mi mano hasta ella acariciando su rostro con la punta de mis dedos, la sensación debió causarle cosquillas ya que soltó una pequeña risita.

Todo se veía tan perfecto y real, que deseé no despertar de aquel hermoso sueño jamás. Y comencé a pensar que mi deseo se había vuelto realidad, por que el contacto con su piel sin duda se sentía bastante real, nada comparado con los sueños anteriores…

Entonces fue que caí en la cuenta de que estaba en mi habitación y que aquello no era ningún sueño. Abrí los ojos de par en par y sentí como la sangre se me subió hasta la cabeza coloreándome de rojo intenso la cara. Por acto reflejo, pellizqué mi mejilla pero la imagen de Lenalee no desapareció.

"¡Era real! ¡Absolutamente real! Pero ¡¿Cómo?!"

– ¿Le-Le-Lenalee…? – Estaba a punto de entrar en pánico cuando ella comenzó a abrir los ojos.

Aun estaba adormilada, se frotó los ojos y me miró con expresión confundida, le tomó unos segundos darse cuenta de la situación para después abrir los ojos de golpe asustada, reprimiendo un grito con sus manos.

Yo la miraba igual de confundido que ella, estaba a punto de preguntarle cuando recordé que anoche sólo me había dejado puestos los bóxers y que la sabana se me había resbalado hasta los muslos en el momento que intenté sentarme.

Ella también pareció darse cuenta de ello ya que vi como sus ojos claramente me miraron avergonzados y su rostro se coloreó de un rojo intenso.

– ¡Kyaaaa! – Gritó llevándose las manos al rostro para taparse los ojos.

Yo también me asuste, y cuando quise buscar algo con que cubrirme di un paso en falso cayéndome de la cama, alcancé a jalar una de las sabanas y me enrollé en ella. La miré sentado desde el suelo, Lenalee se había levantado y se había sentado de rodillas sobre la cama, al escuchar el golpe que me di contra el suelo, abrió sus ojos y me miró por entre los dedos aun con la cara roja.

– E-Eeeh esto… Y-yo, yo no sé qué paso… – Los labios me temblaron al hablar.

Los dos nos miramos sorprendidos. ¡Y vaya que era una escena de lo más vergonzosa! Yo me aferraba a la sabana como lo hubiera hecho una chica a la que un chico la hubiese pillado cambiándose de ropa o algo así. Si lo sé para nada masculino…

– Yo-yo no… – Traté de excusarme para que no pensara que era un pervertido, pero lo cierto es que, estaba igual o más sorprendido que ella.

Lenalee no decía palabra alguna, pero puso una mueca bastante graciosa, se tapó la boca tratando de disimularlo, pero al final la risa le ganó. Su risa me contagió y yo también comencé a reírme, posiblemente más de nervios que de otra cosa…

– Pero Allen-kun… ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo entraste? – Se limpio las lágrimas de los ojos después de tanto reír.

– ¡No es lo que crees! – Me apresuré a decir – ¡No sabía que estabas aquí! – O eso creía, por que no recordaba nada… – No sé qué fue lo que pasó, desperté en el sillón y me levante al baño, después viene a mi habitación… Me sentía mareado, no pude encender la luz y me tumbé en la cama…

Lenalee me miró sorprendida.

– ¡Te-tenia calor! Y no encontraba mi pijama y… y… y – Desvié la mirada avergonzado. – ¡No soy ningún pervertido! ¡Lo juro!

Ella volteó a verme entre avergonzada y entre queriéndose reír de mí.

– Te acompañé a tu casa – Dijo con las mejillas sonrojadas – Te pusiste muy mal en la fiesta de Lavi, por eso te traje hasta aquí… Como ya era muy noche el señor Link me ofreció pasar la noche aquí, apenas llegamos y tú te quedaste bien dormido sobre el sofá. – Dijo entre risas.

– Ya veo… – Contesté. Ahora algunas cosas ya me quedaban más claras, aunque, tenía el temor de saber que tan mal me encontraba en la fiesta como para que Lenalee tuviera que traerme hasta mi casa…

– ¡QUE LE PASO A MI FLOREROOO! – Escuchamos gritar a Link desde la sala.

– ¡Waaa es Link! ¡Ya se levantó! Sera mejor que me vaya, no debe saber que estuve aquí… – Todo mi cuerpo tembló al imaginar el sermón que me daría si se enterara que me metí sin permiso en la habitación donde dormía una chica, seguro creería que había aprendido los malos modos de maestro...

Me levanté para tomar la ropa que había dejado tirada por ahí, y al hacerlo olvidé que solté la sabana que me cubría dejando de nuevo expuesto mi cuerpo, ambos nos sonrojamos, Lenalee miró hacia otro lado apenada y yo me llevé la mano al rostro completamente avergonzado.

– Yo-yo no he visto nada… – Dijo Lenale jugando nerviosamente con su cabello.

– Lo- Lo siento… – Me disculpé, pero no tuve el valor de verla a la cara.

Tomé mis cosas del suelo percatándome de que tenían un desagradable olor a alcohol y humo de tabaco impregnados en ellas. No tuve más remedio que tomar ropa limpia del armario y salir de la habitación lo más rápido posible, ¡Aun seguía en boxers!

Me encerré en el baño y suspiré con pesadez… Me lavé la cara y me miré en el espejo, tenía el rostro completamente rojo. Había pasado demasiadas vergüenzas en un solo día y lo peor era que ni si quiera había pasado una hora desde que me desperté.

Ya no me quedaba más opción que darme un buen baño para quitarme ese desagradable olor y tratar de fingir que nada había pasado…

-o-o-o-

– Luces terrible Walker – Dijo Link al verme bajar por las escaleras después de que me duchara. Lenalee estaba sentada junto a él en el comedor, sólo me miró sin decir nada. Ambos bebían té.

– Buenos días a ti también Link – Contesté sin ánimos, tomé asiento y puse uno panqué sobre mi plato, le unté mermelada, mucha mermelada, necesitaba energías para no quedarme dormido.

– ¡Enserio! ¡Mírate! Tienes unas ojeras enormes, tú cabello esta todo enredado y tu cara parece demacrada… – Señaló.

– Gracias Link… en serio no lo había notado… – Contesté con sarcasmo. – ¿Tenemos algo para el dolor de cabeza? Siento que la cabeza me va a explotar en cualquier momento…

– Sí, creo que hay alguna pastilla por ahí…

Lenalee permaneció callada todo tiempo, parecía pensativa, me dio la impresión de que no era precisamente por o que acababa de pasar, algo más parecía preocuparle.

– Aquí tienes, iré a abrir la panadería, apúrate a desayunar para que lleves a la señorita Lee a su casa.

– Lo sé, no tienes que repetírmelo… – Contesté con pesadez, no me sentía de ánimos para que me sermonearan.

– Puedo regresar por mi cuenta, no tienes por qué preocuparte Allen-kun…

– Esta bien, no hay ningún problema, además tú ya has hecho mucho por mí – Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa más tranquila.

Al cabo de una hora, ya estábamos listos para irnos. Después de pasarme un rato cepillando mi cabello, finalmente logré desenredarlo por completo.

– ¿Dónde habré dejado los lentes de contacto? – Busqué por todos lados, pero no los encontré.

Entré a mi habitación, donde me encontré a Lenalee acomodando la ropa que había usado para dormir.

– No te preocupes por eso, yo la arreglare más tarde – Le sonreí mientras sacaba del cajón mis lentes de repuesto. Lenalee se me quedo viendo haciéndome sentir nervioso – ¿Que-qué pasa Lenalee? – Dije con las mejillas algo ruborizadas.

– Nada, es sólo que… – Se encogió de hombros – Tenía mucho que no te los veía puestos, casi había olvidado como te veías…

– ¿Ehh…? jejeje si… no sé dónde dejé los de contacto – Me llevé la mano a la nuca apenado.

– Siempre he pensado que se te ven muy bien… – Dijo con timidez.

– ¿En serio? – La miré sorprendido, no esperaba ese cumplido. Ella asintió haciéndome sonrojar con su sonrisa.

Lenalee tomó su celular que estaba sobre la cómoda junto a la cama, sus ojos se clavaron sobre el portarretratos que tenía junto a la lámpara de noche. Parecía completamente sorprendida, probablemente apenas se había dado cuenta de él. Lo tomó con cuidado entre sus manos y miró a detalle la fotografía que había en él.

– Ellos son… – Me miró con la mirada enternecida, pero con algo de miedo de decir algo que pudiera hacerme sentir mal o recordar cosas dolorosas – Son…

– Son mis padres – Contesté por ella con una sonrisa y me acerqué. En la fotografía estaban mi maestro Cross junto a mi padre y mi madre que estaba en medio de ellos dos con una gran sonrisa. – Esta fotografía era de mi maestro, me descubrió viéndola a escondidas todo el tiempo, así que terminó regalándomela… – Tomé el portarretratos y lo miré con nostalgia.

– Tu mamá era hermosa… – Dijo Lenlaee con un brillo en sus ojos – Te pareces mucho a ella – Mi madre era una mujer joven, llevaba suelto su largo cabello blanco como él mío, su tez era tan clara como la mía, y sus ojos eran de un color azul intenso.

– Sin embargo, tus ojos y la sonrisa son como los de tu papá – Sonrió señalándolo. Justo como Lenalee decía, mi padre tenía los ojos grises como yo, su cabello era castaño oscuro, largo y ondulado que marraba con un listón detrás de la nunca.

– Si, tienes razón, me parezco mucho a ellos – Reí y dejé le él portarretratos en su lugar – ¿Nos vamos? – Le sonreí, a lo que ella asintió entusiasmada.

-o-o-o-

Caminamos en silencio, aun sentíamos algo de incomodidad por lo que había pasado. Nos detuvimos frente a la casa de Lenalee y rogué porque esta vez no apareciera su hermano mayor amenazándome con algún cuchillo.

– Lamento todo lo que paso Lenalee – Me disculpé llevándome la mano a la nuca – No logro recordar que fue lo que paso en la fiesta, espero no haberte causado muchas molestias…

– No pasa nada, para eso son los… – Titubeó –…amigos – Hizo una pausa antes de seguir – Tienes que tener más cuidado la próxima vez y no aceptes todo lo que te den.

– Si, tienes razón, seré más cuidadoso. Gracias Lenalee… – Sonreí. Nos quedamos un momento en silencio, cada quien volteaba a hacia un lado diferente, como queriendo decir algo más, pero sin tener el valor suficiente para hacerlo.

– Bu-bueno… será mejor que me vaya y ayude a Link con la panadería… – Dije despidiéndome cuando sentí que Lenalee me tomó de la manga del suéter.

– Allen-kun… – Su rostro estaba ligeramente sonrojado mirándome con timidez.

– ¿Qué pasa Lenalee? – Pregunté con delicadeza.

– Allen-kun… tú… ¿Tú de verdad no recuerdas nada... de lo que pasó en la fiesta? – Me miró con ojos temblorosos.

Me quede sorprendido, me tomó unos segundos reaccionar antes de contestarle.

– Tengo algunos recuerdos de cuando estuvimos en el patio de la casa… también que te esperé en la silla del comedor y después de eso no ya no logro recordar nada más… – Fruncí el ceño intentando acordarme de alguna otra cosa más. – ¿Por qué lo preguntas?

– No, por nada jejeje… – Sonrió de una manera que a mí me pareció falsa, como si intentara ocultarme algo… Pero al ver su expresión lo recordé… – Bueno, nos vemos en la escuela… – Se despidió de mí.

– Lenalee – La detuve antes de que se fuera – Sobre lo que te dije esa noche… – Mi tono de voz sonó serio, tenía los ojos puestos en los de ella. – Era verdad…

Lenalee abrió los ojos sorprendida.

– Es verdad que tu… que tú me gustas…

FIN POV Allen

CONTINUARA…

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Tarán! OMG! Se lo ha confesado! xD me emocioné mucho escribiendo esa parte jajajaja

Espero que el capítulo les haya gustado tanto como a mi :D ahora si hubo mucho Allena super cursi! Jajajaja

Me pregunto qué hará Lenalee ahora que sabe los verdaderos sentimientos de Allen? No se lo pierdan!

Por cierto, estoy confundida sobre de qué color son los ojos de Mana… siempre se los pintan amarillos, pero según yo, eso es más por la familia de Noé, ya que todos tienen los ojos así… Bueno pues yo acá se los puse grises xD ya que en mi historia Mana si es padre biológico de Allen :)

Pues nos estamos leyendo en el próximo capítulo! No olviden dejarme un lindo review :3

Byee byeeee!