Si piensan que no debería comenzar otra historia sin terminar las que tengo, felicidades, piensan igual que yo. Lamentablemente mi cerebro no es lo mismo y me jode la existencia con nuevas ideas antes de terminar mis viejas historias.

En fin.

Fairy tail no me pertenece, incluso la idea es basada en una vieja película con este mismo nombre, pero dado que no me acuerdo bien y me gusta la originalidad, verán que no es totalmente lo mismo.

¿Quién llamo a la cigüeña?

Capitulo dos

-Entonces señorita Heartfilia usted…quiere vender su departamento y buscar hogar en otra ciudad-dijo el señor de bienes raíces sorprendido.

En cambio ella suspiro derrotada casi con ganas de llorar. Su espléndida apariencia era basura, su ropa estaba manchada por todos lados (una de esas manchas era vomito), su cabello estaba con nudos y se le caía, sus uñas estaban rotas y no tenía tiempo para maquillarse.

Sin ver a Wendy le quito el lapicero que se iba a meter a la boca y también evito que se cayera al suelo. Había sido una semana horrible y ya se resignó. Ocupaba un lugar tranquilo y lejos de la ciudad.

-Solo lléveme lejos de aquí-suplico al borde del llanto.

No había dormido en una semana.

No tenía trabajo.

Su padre la odiaba.

Termino con su novio.

Y se había perdido su novela preferida.

El hombre sonrió nervioso.

..

.

Bien después de pasar el primer horrible día al lado de Wendy y que el pinche desgraciado de su abogado estuviera en tiempo compartido en el culo del mundo. Tuvo que aceptar que tendría que pasar unos días con la niña, realmente había llorado en su baño como una niña y pidiendo ayuda al cielo. Luego de su rabieta tomo el día libre para llevar a la niña de compras. Gracias a una lista rápida por Wikipedia, logro saber lo básico que necesitaría. Llamo a los de decoración y les exigió solucionar su departamento lleno de pintura en ese instante.

El primer lugar para comprar fue ropa, la niña ocupaba ropa limpia y aprender a decirle cuando quería ir al baño. No supo que talla comprarle y le pregunto a la encargada. Odio que toda la ropa que le gustaba a la niña no le parecía interesante, tenía cero estilo por la moda. Termino con varios pantalones de franela y camisetas con diseños poco variados y de un solo color. También tenis deportivas.

Luego de comprar la fea ropa, fueron por comida. La niña quería llevar cereal, pero no podía sobrevivir toda su vida con eso. Llevo algunas frutas como decía internet y verduras que ella sabía preparar en alguna comida simple.

Paso a una librería y compro varios cuentos infantiles para distraerla…para su sorpresa la niña leía un poco y le gustaban mucho los dibujos. Agrego algo para pintar y dibujar a la cajuela de su auto.

No paso ni un kilómetro cuando casi la multan por llevar a la niña sin silla infantil. Con una sonrisa coqueta y algo de ligue descarado, logro ganar tiempo para comprar una silla infantil y media hora en lograr instalarla.

Ella que siempre amo las compras, comenzó a pensar que era una mala idea volver a salir de su hogar. Ya que no quería ir a su casa a cocinar, se detuvo en el primer lugar que Wendy quiso comer. Al bajarse casi se cae de espaldas.

Mc Donals.

¿De verdad comería ahí?

Cansada y frustrada, entro con la niña que parecía feliz. Hizo una fila enorme para conseguir unas papas y una hamburguesa para la niña, el hambre pudo más con su autocontrol y se pidió también un combo. Ignoro al cajero que no dejaba de coquetearle y algo adormilada por la falta de sueño vio a la niña.

-¿Dónde nos sentamos?-le pregunto demasiado cansada para pensar en algo.

La niña señalo el área de juegos y no le quedó otra que seguirla.

Tomo el primer asiento libre que encontró, vio a la niña quitarse sola los zapatos y verla pidiendo permiso para jugar. Con la mano le indico que fuera y ella salió corriendo. De reojo la vio lejos de los otros niños, jugando ella sola por su lado y con una mirada algo brillante.

Niños, quien los entiende.

Tomo su celular y el reflejo que vio en su rostro le asusto. Su maquillaje estaba algo corrido y su pelo era un desastre. Quiso llorar, pero en vez de eso se acomodó un poco con una toallita húmeda, en realidad se lo quito como pudo y luego comenzó a masticar una papa con indiferencia.

Reviso su teléfono y vio un mensaje de Sting preguntando sobre que paso con el asunto de la niña, lo ignoro…no tenía ganas de hablar con él sobre que la niña viviría un tiempo hasta conseguir un buen abogado.

Un llanto conocido la hizo reaccionar algo tarde y giro a ver como Wendy lloraba. Sí que lloraba esa niña. Gruño antes de levantarse dispuesta a ver que sucedía, aunque al ver a esos dos niños grandes a su lado era suficiente para imaginar que pasaba.

Pero antes de llegar, un pequeño niño mayor que Wendy de pelo oscuro se puso frente a ella.

-Métanse con alguien de su tamaño trogloditas-se sorprendió por el vocabulario del niño.

Más al ver como los otros parecían querer pegarles.

Joder más problemas, solo quería un minuto de silencio.

Antes que el niño mayor hiciera algo lo sujeto por la mano, el niño volteo a verla asustado y más al ver su cara de ogro dispuesto a comerlo.

-Largo-dijo con voz de ultratumba y los dos matones se fueron llorando.

Con ambas manos en la cintura volteo a ver a Wendy ignorando al pequeño valiente, al verla cubrirse el rostro no le quedó otra más que arrodillarse con dificultad (por sus ropas) y notar como el pequeño muñeco de gato que compraron hace unas horas, ahora estaba roto en una pata.

Sus hombros se cayeron fastidiada.

Niños malcriados y envidiosos.

-Yo lo coseré al llegar a casa-le dijo tomando el muñeco en sus manos.

La niña dejo de llorar y la vio con ojos temblorosos. No tuvo que imaginarse el abrazo que llego de pronto y la tiro de pompas al suelo. Wendy dejo de llorar y no le quedó otra que palmearle la cabeza, como un cachorro que hace algo bueno.

-Romeo, ¿qué sucedió?-dijo alguien llegando de pronto.

Giro su rostro y se topó con alguien más joven que ella. Un chico de cabello rosado alborotado, ropas informales donde resaltaba una bufanda de cuadros, sandalias, pantalones a las rodillas y una camisa celeste con un chaleco por encima. Sus ojos eran como verde olivo y su mirada era preocupada.

¿El padre?

No, no se parecía al niño y se veía muy joven.

-Unos niños la lastimaron -dijo el chico señalando a la niña sobre ella.

Los ojos del hombre se posaron en ella y solo suspiro aburrida.

No quería la atención masculina de nadie, mucho menos de un desconocido. Solo dos días con Wendy y sabía que no tenía tiempo para nada más.

-Wendy vamos a comer algo-le dijo poniéndola a un lado y levantándose en el proceso.

La niña se pegó a su pierna y vio a los dos sujetos de forma desconocida.

-Comamos juntos-dijo el pequeño niño.

La frente de Lucy y Wendy se sombreo de azul.

El chico se presentó como Natsu y Romeo era el hijo de un amigo cercano, cuando tenía tiempo lo sacaba a pasear y aprovecho que estaba en la ciudad para pasar ratos juntos. Era asombroso como el chico de pelo rosado parecía actuar como un niño, casi se mete a jugar con el pequeño al área infantil. En cambio ella tuvo que soportar a Wendy sentada en sus piernas que veía con desconfianza a los nuevos individuos.

Suspiro comiendo otra papa. Se iría a las caderas, aunque con tanto estrés dudaba engordar algo en este momento.

-Se nota que Wendy te tiene cariño-dijo de pronto Natsu al terminar su tercera hamburguesa.

Ella solo suspiro derrotada al ver a la niña fulminar al chico, este pareció notarlo y le sonrió infantilmente.

-Tranquila tigre, yo no vengo con ninguna segunda intención, solo charlar un rato y evitar que Romeo se quiebre un brazo-dijo Natsu viendo a Wendy.

La niña se sonrojo y giro a ver a otro lado. Lucy la vio fijamente, al parecer el peli rosa la había descubierto.

-Wendy vamos a jugar-dijo Romeo tomándola de la mano y arrastrándola al área infantil.

Vio fijamente a la niña verla aterrada, pero después de un rato se resignó al seguir al pequeño. Suspiro al ver que el niño le seguía de cerca y evitaba que no se cayera. Parecía tener unos seis años y se hacía responsable, suficiente para poder comer otra papa tranquila.

-Tu hija es muy tímida-dijo Natsu sorbiendo de su soda.

Lucy lo vio mientras masticaba su comida, no iba aclárale a un desconocido que ella en realidad no era su hija, que no conocía a sus padres o que en este momento pensaba en darle en adopción.

-Supongo-murmuro viendo algo cansada la mesa.

Quería dormir.

Noto la mirada de Natsu sobre ella, pero después de un rato el chico se disculpó y fue a traer más comida. Lo vio indignada cuando siguió comiendo, pero al menos se tomó la molestia de traerle una queso hamburguesa que acepto por hambre.

Una hora después y sin nada más que agregar (no charlaron nada), Wendy se despidió tímidamente de Romeo y Natsu. Casi le da una patada cuando el mayor se equivocó y le dijo Luigi.

-Es Lucy imbécil-mascullo lo suficientemente alto para que el chico escuchara y este rio divertido.

Llego a su departamento, puso el colchón en el suelo, llevo a Wendy al baño luego de alistarla…pudo dormir después de eso. Claro que antes de darse cuenta debía estar corriendo a su trabajo y alistando a la niña. Tuvo que negociar con ella una hora (Donde Lucy hablaba hasta que la niña se dignara a asentir con la cabeza) para que aceptara quedarse junto con Yukino.

Su trabajo quedaba algo lejos. Todos quedaron en shock al verla llegar.

Tal vez porque la siempre pulcra, perfecta y seductora Lucy. Ahora estaba despeinada, ropa mal puesta y ojeras de dos días. Además de un mal humor.

Rápidamente le dejo a la niña a Yukino, estaba por llorar pero Lucy le dijo que si se portaba bien esa tarde también pasarían a comer algo de helado. Al final ella acepto y le dejo ir a trabajar intentando aparentar normalidad.

Pero cuatro horas después, dos contratos menos y un proveedor con una cachetada de su parte al intentar propasarse con ella de mal humor. No le extraño terminar siendo regañada por su propio padre casi al punto del despido. Pero algo era seguro. Una más y terminaría de patitas a la calle con ese viejo decrepito.

Cansada en cuerpo y espíritu, se puso a llorar cuando Yukino le informo lo que paso con el abogado de la empresa.

-Dice que en el testamento te obliga a pasar medio año con la niña, además que cualquier trámite durara el doble que eso, tu tío dejo todo muy bien arreglado y es difícil solucionarlo…así que no hay muchas opciones-dijo su asistente.

Ella sintió que el alma dejaba su cuerpo.

Al llegar a su hogar dejo que Wendy tomara su comida y se sentó meditando en qué hacer. Si bien el testamento indicaba que ella era su tutora legal, no podía cuidar de una niña ella sola. No era una madre. Tomo un trago de licor y comprendió un momento a los padres borrachos, tal vez ellos tampoco querían ser padres. Dejo la botella de licor de lado al saber que no ganaría nada y se dispuso acostar a la niña.

Claro que quedo en shock al verla jugar en la sala con su peluche (ya reparado gracias a ella, aunque algo chueco), el problema no era la niña en sí, era ver la leche del cereal regada y mojando la computadora portátil que dejo descuidadamente en el suelo.

Su trabajo estaba en ella.

Que no había guardado estos días por andar distraída con la niña

-¡KYAHHHH!-soltó un grito provocando que Wendy saltara asustada.

Corrió como loca y tomo a su computadora, intento encenderla y al ver que no funcionaba casi se puso a llorar. Esa computadora era muy cara y si no le importaba el dinero, le importaba todo lo que en ella hubiera. Estaba su trabajo, sus libros que alguna vez quiso terminar, las fotografías con sus amigos.

Volteo a ver enojada a Wendy y esta se encogió.

-Tú-gruño con voz de ultratumba dispuesto a gritarle.

Algo la detuvo.

A su mente llego un vago recuerdo de ella de niña, él día de su cumpleaños donde se había escabullido para ver a du padre en el despacho. Si bien la había dejado estar ahí por ser el día especial de ella, cuando infantilmente comenzó a dibujar en unas hojas sueltas en el piso, su padre se había enfurecido. Esas hojas eran un trabajo importante y le había dado una cachetada para que se fuera.

No le dolió tanto el golpe, fue que no se molestara en tomarle importancia a ella.

¿Le haría lo mismo a esta niña?

Vio a la pequeña encogida en su lugar, completamente asustada.

Wendy era huérfana, sus padres no estaban y ella era la única cosa que la niña tenía. Por alguna razón solo confiaba en ella, siempre quería estar a su lado y temía estar sola.

Puso los dedos de su mano en el puente de su nariz intentando pensar.

-Wendy ten cuidado al jugar aquí…puedes ocasionar accidentes como estos-dijo con voz seria.

La niña miro al suelo con tristeza.

Solo dos días con esta niña y ya estaba volviéndose loca.

Tomo asiento al lado de la niña en el suelo totalmente rendida, ella no era una madre y menos una tutora.

-Wendy lo mejor para ambas es buscarte otro lugar, estoy segura que conseguiré algún familiar que se haga cargo de ti…alguien que pueda cuidarte como mereces-la vio de reojo.

Había empezado abrazar con fuerza su peluche.

-Tendrás una familia que te quiera, te lo prometo…pero yo no puedo cuidarte-murmuro en voz baja cansada.

-¡NO!-grito la niña sacándole un susto.

En este tiempo la menor solía hablar siempre en voz baja y casi nunca, pero ahora, la niña la miraba con lágrimas en sus ojos y se había abrazado a su brazo izquierdo con una fuerza impresionante.

-No-lloro la niña con fuerza.

Quedo algo aturdida.

-Tendrás una familia de verdad-la pequeña siguió llorando nuevamente con más fuerza.

-No-lloro la niña sin soltarse.

Kuso.

Vio al techo de su departamento sintiendo algo de molestia en su interior ante el llanto de la niña. Sus recuerdos pronto viajaron a su infancia, donde siempre lloraba a su padre para que estuviera a su lado y este la abandonaba a cargo de otras personas.

Vio de reojo a la niña sin saber qué hacer.

Alzo los ojos al cielo pidiendo ayuda a kami-sama.

¿Qué debería hacer?

¿Por qué tomaba importancia a lo dicho por esa niña?

Lo mejor sería seguir con su plan original, dejarla al cuidado de alguien más y encargarse de sus gastos económicos. Seguir con su perfecta vida y dejar esto como algo pasajero. Pero aun así, el llanto de la niña le estaba recordando a ella misma hace algunos años.

Suspiro derrotada.

Con delicadeza separo a la niña y la sentó en un sofá frente a ella, la pequeña veía al piso con ojos rojos.

-Wendy…no creo que esto sea correcto-susurro por bajo y la vio temblar ante el llanto-no soy una madre y menos una tutora, lo más cercano que puedo darte ahora es alguien adulto en quien confiar y…intentare aprender a cuidarte-dijo con pesar.

La niña alzo la vista asombrada.

-Tendrás que tenerme paciencia porque debo aprender, dejemos esto como un tiempo de prueba y si no funciona bien, al acabar lo establecido en el testamento buscare alguien que si se haga cargo de ti-

La pequeña ahora vio a otro lado con desconfianza.

-Solo te puedo dar medio año de seguridad, al menos te puedo decir que en esto seis meses estaré ahí para ti-dijo con una leve sonrisa.

La vio meditar un rato y luego verla con algo nuevo. Una leve sonrisa antes que se lanzara abrazarla.

Llorona y que abrazaba a cada rato.

No estaba segura que eso funcionara.

Había pasado tres días luego de aquella noche donde decidió quedarse con Wendy, no estaba segura de que fuera la decisión correcta. Solo llevaba dos días con ella cuando lo decidió. Contra todo pronóstico las cosas mejoraron un poquito, Wendy se mostraba más precavida a la hora de actuar e intentaba molestarle en lo mínimo dejándola trabajar cuando lo ocupaba. Pero era obvio que la niña se sentía sola siempre que la dejaba al cuidado de Yukino para trabajar, y su asistente no podía ayudarla como antes. Eso le daba más trabajo a ella.

El otro problema era Sting, el chico no estaba enterado de la situación y había programado una reunión para decirle todo.

Mañana.

Ese día el trabajo se puso algo pesado, su padre no dejaba de presionarla y había olvidado una presentación. De hecho no la había hecho ya que se quedó cuidando de Wendy quien se cayó en el suelo y se raspo, no era grave, pero al no saber que hacer había corrido a una farmacia y la vigilo toda la noche hasta que se durmiera.

No solo eso.

Había estado recibiendo varios regaños de su padre durante esos tres días, si bien Wendy se portaba mejor, ella aún tenía problemas para acostumbrarse al horario de la niña y trabajar bien. Su padre estaba furioso, se veía en las venas resaltando por su cuello y su mirada furica.

Hace cinco días que tenía a Wendy.

Por qué no dejaba de pensar en la niña.

Estaba pensando en que su padre no era un buen padre, ninguno que fuera bueno le gritaría de esa forma a su hija sin preguntarle antes como le iba con la niña. En realidad estaba gritando ofendiendo a la menor, diciendo que desde que llego su vida se estaba arruinando.

Puede que fuera cierto, su vida había cambiado a mal…pero le molestaba en tono en que se refería a la niña.

-Esa parasito solo te arruinara…puedes creer todo lo que hice por ti y que esa niña botara a la basura-gruño el hombre viendo al suelo.

Eso la molesto.

¿ÉL?

El muy desgraciado, no hizo nada por ella…solo la dejo sola encargado de otros y ni se molestó en preguntarle cómo estaba. No fue a su graduación, su recital de ballet, sus obras de teatro, cuando se rompió la pierna. Le gritaba cuando sacaba algo menos de lo perfecto y la presentaba ante otros como su hija. Ese miserable infeliz la trataba como un objeto sin vida que solo aumentaba el valor de su compañía.

-Sácala de tu vida ahora-ordeno con tranquilidad.

Lucy abrió la boca sorprendida. Luego bajo su vista incrédula.

Ella.

Ella había hecho caso a este hombre toda su vida…acaso fue una idiota. Había dejado sus sueños para acompañarlo en su compañía, estudiado para hacerle feliz y nunca decepcionarlo a él.

La imagen de Wendy sonriendo llego a su mente. Una leve sonrisa la inundo.

¿Dejarla sola?

Por alguna razón que nadie entendería a parte de la niña, ella la quería en su vida. A ella. A Lucy. A una imbécil que no sabía que darle de comer o como consolarla, que no sabía nada de niños y que la había dejado sola por este estúpido trabajo.

Subió la mirada determinada.

Claro que sacaría de su vida el problema aquí.

-Renuncio-dijo con una mirada determinada.

La mirada de su padre se congelo y la miro incrédulo. Justo cuando iba a decir algo ella levanto la mano deteniéndolo.

Ya estaba harta de ese idiota.

-Me largo de este trabajo de mierda, pensé que estando a tu lado todo cambiaria, pero no soporto ver al hombre que no supero nunca la muerte de mamá y que me trata peor que sus perros-dijo saliendo de la habitación dando un portazo.

Todos los de la oficina y cercanos giraron a ver la discusión que continuaba.

-Si sales de este edificio nunca volverás a entrar y te desconoceré como hija-grito el hombre totalmente ofendido.

Detuvo sus pasos y giro a verlo fastidiado, por un momento pensó que se arrepentiría de sus palabras y cambiaria…pero había sido una tonta inocente.

-Suerte encontrando alguien que logre manejar tu imperio-dijo con rencor.

Se fue con la frente en alto dejando a todos con la boca abierta. Era la primera vez desde que tenía a Wendy que la volvían a ver con respeto e incredulidad, eso que no estaba en su mejor apariencia física. Llego al lugar donde estaba Wendy y le explico a Yukino que había renunciado, está casi se desmaya. Le pidió que si le hacia el favor de enviar todo a su hogar, también le agradeció por el tiempo que paso con ella.

Ya de nuevo en su casa, casi quiso caer al suelo agotada.

Wendy no dijo nada en toda la noche…lamentablemente gracias a que no hablo se volvió a orinar en su cama.

Joder su suerte.

Al llegar al lugar que se quedó de ver con Sting suspiro aliviada, no había llegado tarde, eso que fue todo un logro hacer que la niña quisiera ver al rubio. Al parecer había una relación de odio declarada por la niña. Gracias a su falta de empleo (lo cual no quería pensar ahora) tuvo tiempo para alistarse medianamente decente y a la niña que fruncía el ceño ante el lugar, claramente en desacuerdo.

Rodo los ojos al cielo en busca de paciencia y entraron.

El lugar era un café con un área infantil, ella había buscado la locación al ver que de esa forma Wendy se distraería. Le dijo que si algo grave pasara fuera donde ella, la menor se puso incomoda al irse a jugar, viendo siempre de reojo a Sting enojada. Al final acepto cuando ella dijo que era una charla importante.

Suspiro aliviada al verse sola con su novio.

-Veo que te acostumbraste a la niña-dijo el chico sin despegar la mirada de sus ojos.

Intento verse relajada al ordenar un café.

-Si-murmuro viendo a otro lado.

Lo que había planeado durante la noche no era algo fácil de hablar, pero mientras veía a Wendy dormir pegada a su brazo…sabía que era la mejor decisión que podía tomar ahora.

-Escuche que renunciaste a tu trabajo-

-Mi jefe me obligo-

-Nunca pareció importarte tu jefe-

-Las cosas han cambiado ahora-

-¿Qué vas a decirme?-

Siempre tan perceptivo. Sonrió al ver la mesa y el café que había llegado más pronto de lo que pensó. ¿Realmente estaba segura de lo que haría?, probablemente no, pero sabía que era lo mejor para la niña. Suspiro mentalmente al ver que de alguna manera, en pocos días, la niña se había ganado su prioridad. Puede que no fuera la niña, seguramente era el recuerdo de su mala infancia la que le obligaba a no hacerle lo mismo a la niña.

-Pienso ser la tutora legal de Wendy…un tiempo-dijo lo último con inseguridad.

El chico alzo una ceja.

-El testamento y los papeles me dan todo el poder sobre la niña durante seis meses, luego me dan la opción de darla en adopción si es lo mejor-explico recordando las palabras del abogado de la empresa.

Los ojos del chico se entrecerraron, sabía que faltaba algo más. Pero igualmente con la mirada azulada del chico sobre ella, tomo un poco del café saboreando el amargo escozor por el calor.

-Pienso mudarme lejos de la ciudad-añadió subiendo la mirada.

Noto la confusión en los ojos del chico, luego que abría la boca y la cerraba pensando en la situación. Se acomodó más lejos en su silla viendo con una sonrisa amarga el café.

Ella trago saliva, de reojo noto que Wendy jugaba sola con su peluche en una cosa llena de pelotas. A esa hora había pocos niños y ninguno parecía interesarse en ella. Estaba a salvo.

Sting se aclaró la garganta para llamar su atención.

-Temo preguntar, pero estoy harto de tanta rama…¿Vamos a terminar por esto?-pregunto al final con incredulidad.

Ella bajo el rostro algo avergonzada.

-Vas a dejarme, dos años de relación, por una niña que no lleva ni una semana contigo-hablo con algo de incredulidad en su voz, pero también resignación.

-Lo siento-

-¿Por qué?-

-Sting…no puedo explicar bien por qué hago todo esto, tal vez por mi infancia o mi necesidad de redimir las acciones que tuvo mi padre conmigo a esa niña…no lo sé…pero quiero darle lo mejor de mí a esa pequeña, lo merece. Al igual que tu no mereces que te deje de lado sin una explicación-

-Tan importante es esa niña-

-Ellos no merecen pagar las acciones de los adultos-

Ambos se vieron fijamente a los ojos, midiendo al otro e intentando ver su mente. Eso le encantaba de Sting, esa sensación de que puede verte por dentro y sin necesidad de fingir todo el tiempo. Le encantaba como era con él.

Pero su cariño no era suficiente.

De pronto el chico suspiro resignado. Lo vio ver a la niña que los miraba de reojo, pero al verse descubierta vio a otro lado sonrojada. El chico sonrió levemente.

-Soy adoptado-Lucy se sorprendió al escucharle hablar de eso, no sabía sobre ese dato-Mi padre me adopto aun siendo joven al verme en las calles sin madre, en realidad le admiro por el coraje de criarme sin tener la menor idea de cómo hacerlo. Me enseño tantas cosas y lo sigue haciendo aun, abandono toda su vida para darme a mí una-

El chico giro a verle con una sonrisa coqueta, ella en cambio estaba con la boca abierta.

-No puedo juzgarte por dejarme por hacer lo mismo, aunque me duele que no me des la oportunidad de esperarte a que cambies de opinión-dijo algo dolido.

Sonrió con cariño.

-No lo mereces-murmuro con cariño.

El chico sonrió divertido moviendo su pelo.

-Lo sé, soy perfecto-

Ambos rieron.

Dejo de hacerlo cuando el chico tomo con suavidad su mano y le dio un ligero beso en la palma de su mano. Siguió sonriendo al verlo. Luego este giro la cabeza divertido a ver como Wendy había aparecido de la nada y lo fulminaba con la mirada.

-Bueno tal vez nos reunamos nuevamente-le guiño un ojo de forma coqueta antes de sacar su billetera y dejar dinero en la mesa.

Al levantarse vio a Wendy y esta lo fulmino con la mirada, el chico sonrió como si recordara algo gracioso y le revolvió el pelo a la niña. Esta se dejó hacer algo confundida cuando este se agacho en el suelo y la vio con algo de ternura.

-Bombón tu ganas esta batalla, se lo bien que se siente cuando ganas en algo así-hablo Sting con una sonrisa.

Lucy sintió una gota de sudor al recordar al padre de Sting, se preguntó si al ser niño habría hecho algo para alejar a las pretendientes de su padre.

-Pero no te aseguro no volver aparecer en sus vidas más adelante-le guiño un ojo a la niña y se fue con tranquilidad.

Se sintió algo culpable al verle apretó con fuerza los puños. Estaba furioso. Como siempre guardando sus emociones para él.

-¿Nos vamos?-le dijo sonriendo a Wendy.

La niña la siguió en silencio.

Dos días después logro ir a la agencia para vender el departamento, la pequeña se había portado relativamente bien, pero al quebrar accidentalmente una ventana y pagar reparaciones cuando tiro la maseta de la vecina y sin querer cayó desde el piso más alto golpeando un transeúnte. Estaba algo cansada. Más al no dormir ya que el horario de la niña era algo difícil de amoldar y se acostaba tarde viendo caricaturas. Lo peor es que descubrió que la niña no comía moras sin que le diera un ataque de vomito. Lástima que lo descubrió unas cuadras antes de llegar a la oficina del vendedor de bienes raíces.

Primer y último helado de mora que le compraba a esa niña.

Gracias a su renombre y buena actitud, junto un buen cuerpo. Al día siguiente, una semana después de tener a Wendy en su vida. Estaba conduciendo su carro hasta su nuevo hogar. Gracias a kami su mercedes, su querido consentido era un auto grande y lo suficientemente fuerte para soportar el camino. Aunque temía que debiera cambiarlo en el futuro.

Llego a su destino cinco horas después de salir.

Leyó las indicaciones en su celular y llego a su hogar.

El pueblo era una ciudad llamada Magnolia, si bien era grande, nada comparada a la capital en la que vivía ella. La ciudad tenía algunos edificios altos, pero todo era muy rural en su mayoría. Su casa quedaba a unos minutos del centro del pueblo caminando, pero aun así tenía un buen jardín y atrás de veía una entrada al boque.

Suspiro antes de bajar y tomar su bolso.

La mujer que estaba en la puerta era una chica muy hermosa. De larga cabellera roja y ojos cafés. Su cuerpo era muy bien formado y tenía una extraña aura atemorizante. Se presentó como Erza Scarlet, una buena abogada que le hizo firmar los papeles que la hacían dueña de su nueva casa.

Mientras escuchaba todo en el interior, suspiro al ver que no tenía ni un solo mueble y debería salir a comprarlo todo desde cero. La casa era de dos pisos, de un agradable color café claro, interior algo rustico pero moderno, un árbol fuera de su hogar que parecía de Sakura (sin hojas por la estación de otoño), un pequeño jardín de flores y una chimenea aprueba de niños.

Se despidió de Erza con una sonrisa y esta la devolvió. Era alguien amable.

Se cayó al suelo con ganas de descansar un poco después del viaje, pero dejo todo pensamiento fuera cuando noto a Wendy frente a ella con ganas de llorar.

¿Qué pasaba ahora?

-Lo siento-dijo la niña con lágrimas saliendo de sus ojos.

Ladeo la cabeza confundida.

Kami que no se haya orinado de nuevo, toda la ropa estaba empacada aun.

-¿Por qué?-

-Perdiste tu trabajo, novio, casa mi culpa-dijo la niña soltando al llanto.

Suspiro aliviada de no cambiarla nuevamente. Algo más tranquila al ver su preocupación puso su mano en la cabeza de la niña y esta detuvo su llanto para verla confusa.

Sonrió.

La niña la vio incrédula.

-Eso ya paso, ahora solo estamos tú y yo, vas a ver como todo va mejorar pronto-le dijo con una cálida sonrisa.

La niña asintió sorbiendo su nariz.

-Esa es la actitud, ahora vamos a la ciudad a comprar cosas y a comer algo-dijo levantándose.

Se detuvo al ver que la niña tomaba su enagua y rio nerviosa. Aun a pesar de todo se le olvidaba que debía sujetarla de la mano y está siempre se lo recordaba.

Antes de abrir la puerta vio a la niña, esta le regreso la mirada.

Todo había cambiado muy rápido para su gusto, aún faltaban muchas cosas que hacer y aprender. Pero no se arrepentía de ninguna de sus acciones.

¿Qué podría salir mal?

Claro que no espero lo siguiente. Abrir la puerta y toparse con alguien que recordó de inmediato. Con el pelo rosado, ojos verde olivo y ropa informal. El chico que había visto hace unos días en la ciudad en un restaurante de Mac Donald.

Natsu la vio incrédulo fuera de su hogar.

Un mal presentimiento no la dejo tranquila

Continuara…

Solo dos capitulos y ya la gente queria ver a Natsu :3 esto va ser un nalu...aunque no lo crean y la historia se retuerza...pero creo que va terminar siendo nalu :D

Nota:

Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc. por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.

Sayonara sexys lectores.