Capitulo 4:
"En su marcas… Listos… ¡Fuera!"
Aquella había sido, en definitiva, la peor noche en la vida de Louis Tomlinson. El sofá era muy pequeño, el calor era demasiado y, lo más importante, los gemidos que venían de la habitación. Al parecer su nuevo compañero solía contratar "damas de compañía" con bastante frecuencia. Así que tuvo que pasar toda la noche con la cara encendida intentando ignorar los ruidos que es escuchaban demasiado obscenos para su gusto.
Se había levantado temprano, siempre lo hacía, y ahora estaba preparando el desayuno; mientras, pensaba en bajar a recepción y conseguir una habitación para él solo. En lo que se sentaba en la mesa con su plato de desayuno, huevos y pan, escucho como su teléfono comenzaba a sonar desde la mesa en la sala así que fue a buscarlo. En lo que regreso y se sentaba contesto:
-Buenos días jefa-Saludo antes de dar un sorbo a su café.
-Ahoggate los modales Tomlinson-Algo le decía que no podría terminar su desayuno en paz-Hay noticias: hubo un atentado en Nueva Yogk, contra un alcalde.
-¿Cuándo?-
-Ayeg por la tagde-Informo LeFreud-Ya se envió toda la infogmacion a tu coggeo; tomen el pgoximo vuelo a Nueva Yogk.
-Si señora-En cuanto se corto la llamada el inglés dejo salir un pesado suspiro en lo que miraba de reojo a la puerta del dormitorio. Estaba seguro de que apartar de ahora sería el encargado de transmitirle toda la información y las ordenes a Smicht. Ya podía sentir el dolor de cabeza llegando a martillarle las sienes.
Termino de comer lo más rápido que pudo, aunque en el fondo quería evitar tener que ir a despertar al rubio de dudosa moral.
Un sentimiento de lo más justificado. Después de tocar un par de veces sin recibir respuesta alguna, entro a la habitación con sumo cuidado; encontrándose con que su compañero seguía durmiendo profundamente, y apestando a alcohol, con solo una sabana cubriéndole la cintura para abajo, cosa que agradeció a toda su fortuna. Intento varias veces agitándole le hombro, hasta que finalmente escucho un gruñido provenir de la garganta del rubio.
Lo siguiente que sintió fue el pie del rubio que se clavaba en su estomago, estando a punto de sacarle el aire pero haciéndolo retroceder varios pasos.
-¿Qué rayos crees que haces?-
-T-tenemos que irnos a Nueva York-Respondió un tanto asustado el inglés ante la mirada hostil que le dirigía el otro desde la cama-Hubo otro ataque. Me, acaban de llamar.
-Vete a rajar a otro lado-Gruño al tiempo que se daba la vuelta. Obviamente pensaba quedarse a dormir.
El ojiazul se sobo un poco el golpe que acaba de recibir entonces salió del cuarto. Cerró la puerta tras él y apoyo la espalda en la misma al tiempo que dejaba salir un pesado suspiro. ¿Iba a ser así todo el tiempo? Tenía el presentimiento de que sí; mientras hacia su equipaje pensaba, mejor dicho, se preguntaba si sería capaz de soportar el tener que trabajar así el resto del tiempo que durara la investigación.
Una parte de él de sabía perfectamente que no podría tolerar una situación así; pero otra detestaba dejar un trabajo a medias, por no decir que era su primera investigación. No estaba seguro de que quería lograr con seguir en aquello, ¿reconocimiento, merito, un ascenso? Aquello último sonaba bien, tenía planes de casarse con su novia y un sueldo mejor pagado siempre era bien recibido.
En lo que pesaba sentado en el sofá de la sala, la puerta del cuarto se abrió y, sorprendentemente, por esta salió Smicht arrastrando una pequeña maleta de viaje. Sus ojos se cruzaron por un instante en el que la mirada verde que le dirigía a Louis parecía molesta de verlo allí sentado.
El ojiazul no dijo nada, ya que tuvo que levantarse y seguir corriendo al rubio al mismo tiempo tomaba su equipaje. Era apenas su segundo día de "trabajar" juntos y ya estaba harto del comportamiento impredecible del rubio. Cruzo corriendo la recepción, donde la estaba la misma chica de antes cuyas uñas parecían aun no estar bien limadas, y prácticamente tuvo que aventarse al interior del taxi que había estacionado en la acera.
-Ya era hora-Murmuro el rubio en el asiento de atrás. Por desgracia, a causa de todo el impulso, Louis había quedado en una posición muy poco decorosa y cerca de la entrepierna del agente del FBI-¿Te gusta la vista?
-¡…!-El camino hasta el aeropuerto lo paso sentado tan recto e inmóvil, con la mirada al frente, que daba la sensación de estar sufriendo ataque catatónico.
Por su lado Kendall parecía haber sufrido un severo cambio de humor, otra vez. Tenía una media sonrisa plantada en el rostro, y tamborileaba los sus dedos en la rodilla al ritmo de una canción que tarareaba. La verdad aun tenía algo de dolor de cabeza de la resaca de la noche anterior, pero tenía una razón mayor para estar de buen humor: el Bardo.
Era la primera vez en todo el tiempo que tenia persiguiéndolo que estaba tan cerca, geográficamente hablando.
En cada incidente iba a investigar la escena del crimen, recaudaba las pocas pistas que podía y luego pasaba una temporada sin volver a ver señal del maldito sicario; a veces pasaban días, semanas, e incluso meses. El problema es que siempre que volvían a saber de él, estaba en un punto completamente diferente del globo. De Londres a Chile, de Chile a Nigeria, de Nigeria a Tailandia, de Tailandia a México… Eran saltos demasiado grandes, prácticamente aleatorios. Seguirlo resultaba imposible-
-"Pero esta vez es diferente…"-Estaba solo un vuelo de dos horas de distancia. Y, según las instrucciones que había dejado la ultima vez, todos los aeropuertos de la ciudad donde hubiera un evento así debían suspender todos sus vuelos de salida.
Y la ciudad en cuestión resulto ser Nueva York, esta vez había tenido un muy buen golpe de suerte. Su maldita y escurridiza presa estaba atrapada, literalmente, en la isla de Manhattan. Ya había enviado un mensaje a su jefe; ahora no solo los aeropuertos estaban cerrados, sino también los puentes y todos los ferris tenían prohibido circular.
-Oye…-Después del despegue, cuando se estabilizaron en el aire fue cuando Kendall finalmente decidió abrir la boca-Se supone que eres listo ¿no?
-¿Qué significa eso?-Pregunto dudoso el ojiazul.
-Me dijeron que serias miembro de un grupo de inteligencia o algo así-A Smicht no parecía importarle mucho-Así que tienes cerebro.
-"La forma en que habla…"-Louis no podía evitar enojarse por la manera de expresarse del rubio.
-… así que toma-Prosiguió poniéndole una agenda digital en frente-Acaban de enviarme toda la información que han recogido. Revísala y busca alguna pista que me diga en donde esta él maldito.
Obviamente, a ojos del rubio, Louis no era más que un asistente al que habían enviado para que hiciera todo lo que decidiera o, sencillamente, lo que no quería hacer. Era tan obvio que resultaba insultante. Pero Louis no tenía opción; a fines prácticos no era más que un novato, no tenía idea de cómo llevar a cabo una investigación más allá de su instrucción teórica previa. Carecía de la seguridad, la confianza, para tomar y llevar a cabo decisiones.
Por triste que pueda sonar se sentía mas como haciendo de asistente. El campo analítico era lo suyo, solo cálculos, solo datos que pudiera estudiar y memorizar. Busco el archivo y lo leyó concienzudamente. Sin notar como un par de ojos verdes lo miraban atenta pero disimuladamente por el rabillo de su mirada.
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-Bueno, oficialmente no podemos hacer nada-
-…-
-¡PRESTA ATENCION CUANDO TE HABLEN!-Harry no pudo evitar gritarle a Niall, que dormía muy plácidamente en la cama, bocarriba con sus brazos extendidos y la boca abierta roncando ligeramente. El rubio ni siquiera se inmuto cuando su amigo le grito. De hecho solo se metió la mano entre la camisa y se rasco el estomago. Harry podía sentir perfectamente el tic en su ceja derecha, ese que solo le deba cuando no era capaz de reaccionar algo.
Solo dejo que el rubio siguiera durmiendo. Cerro su laptop y se hecho el cabello hacia atrás mientras pensaba; todos los vuelos en todas las aerolíneas estaban suspendidos, y en las noticias no dejaban de hablar del caos vehicular en las calles a causa del cierre de los puentes.
Era un dolor de cabeza pero no tenían más opción que quedarse a esperar. No era estúpido, resultaba evidente que el motivo para ese repentino cierre de todo eran ellos. De alguna forma habían logrado adelantárseles y ahora los tenían en la mira. En momentos así solo había una cosa que hacer: tomo un libro, lo abrió y se puso a leer.
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Las horas pasaban y la ciudad de Nueva York seguía tan bulliciosa como siempre.
Los últimos vuelos que se dirigían a Manhattan aterrizaron y el cierre de los aeropuertos se hizo total en cuanto los pasajeros desembarcaron, entre ellos ambos agentes responsables del cierre de la isla. Kendall iba al frente ignorando a Louis al tiempo que escuchaba al par de agentes que habían ido a recibirlos. En la mente del inglés seguían rondando todas las conclusiones a las que había llegado, aun así no podía evitar girar su rostro en dirección al gran ventanal del aeropuerto y admirar la ciudad.
Subieron a una camioneta negra del FBI que los llevaría a donde solicitaran.
-¿Y bien?-Inquirió Kendall, una vez arranco el auto.
-Creo, que fue trabajo de francotirador-Respondió Louis-La bala dio en su hombro izquierdo, pero penetro la carne y salió por el tríceps, cortando la arteria en el proceso, entonces dio contra el techo de la limusina. Ocurrió en mitad de una cortina de humo, entre las dos diez y las dos quince. Sin embargo nadie se dio cuenta sino hasta varias calles más adelante… Aunque me cuesta creer que alguien pueda tener una puntería así, es la conclusión más lógica.
-Ya, solo repetiste lo mismo que me dijeron los dos idiotas de antes-En lugar de impresionarse por la facilidad con que Louis memorizo todo, Smicht solo hizo un gesto despectivo al respecto-Dime algo nuevo.
-Hay edificios altos a ambos lados de la calle donde se lanzo el humo-Prosiguió el ojiazul-El tirador pudo estar en cualquiera, pero, considerando el ángulo de la bala creo que fue del lado izquierdo de la calle.
-Blah blah blah-El rubio solo le dijo al conductor que los llevara a la calle donde había pasado.
-"¿Qué hago yo aquí entonces?"-Se cuestiono Louis, ya que ninguna de sus conclusiones había sido diferente a las que ya habían.
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Después del incidente del desfile la calle frente al hotel donde se hospedaban Harry y Niall parecía igual que siempre, llena de transeúntes y trafico. Louis miro a su alrededor, un tanto exasperado. Hacia no menos de quince minutos que había bajado de la camioneta, justo cuando esperaba a que Smith hiciera lo mismo este le dijo que investigara solo, cerró la puerta y se fue.
-¿Qué se supone que haga ahora?-En el camino solo había considerado quedarse tras el rubio y ayudar en todo lo que pudiera; pero ahora estaba solo y no tenía ni la más remota idea de que hacer.
Lo mejor que se le ocurrió fue aferrarse a sus datos y tratar de encontrar algo. La cuadra aun tenía algunos agentes de policía interrogando a los trabajadores de los edificios así que se les unió, enseñando su placa como agente de INTERPOL.
Aun así los resultados fueron muy pobres, nadie vio nada ni a nadie sospechoso. Los agentes policiales habían recuperado las maquinas de humo que habían desplegado la pantalla, pero eran tan comunes que resultaba difícil saber donde habían sido compradas, las huellas que tenían eran de algunas que las habían tocado el día desfile, las cuales ya estaban siendo interrogadas con respecto al asunto.
En cuanto a los altavoces que hicieron sonar la marcha que se escucho y a su vez encubrió el sonido del disparo, tampoco había mucha información alentadora. Resulto que alguien había jaqueado el sistema eléctrico, poniéndolos a todo volumen y de paso apagando las cámaras de seguridad de la calle, y al igual que con las maquinas de humo, estos también estaban cubiertos de huellas. Al menos habían logrado localizar la compañía que los rentaba y los había instalado.
Gran parte del trabajo ya estaba hecho, Louis no podía sentirse más inútil.
-¿Debería volver ya?-Se pregunto a sí mismo en voz alta. Por desgracia uno de los policías escucho:
-No hay mucho que hacer aquí-Respondió-Nosotros nos encargaremos y le notificaremos cualquier cosa.
-Está bien, gracias-Se despidió. Iba camino a la acera para tomar un taxi, entonces aprendió que tomar uno en la ciudad de Nueva York era mucho más difícil que en el resto del mundo. Estaba a punto de darse por vencido cuando alguien se paró a su lado.
-No es tan fácil ¿verdad?-Era un hombre joven, con el cabello oscuro y largo. Llevaba una gabardina café y una expresión agradable en el rostro-Mira, tienes que…-Se llevo un par de dedos a los labios y silbo con fuerza, dos segundos después un taxi paro frente a los dos-Y no me preguntes como funciona, porque ni yo lo sé.
-Gracias-Respondió Louis, un tanto apenado.
-No fue nada, este país es raro para nosotros los ingleses-Agrego el hombre ganándose una mirada de sorpresa del Louis-Tengo buen ojo para los compatriotas.
-Ya veo…-Como si no se sintiera ya lo bastante apenado, el misterioso hombre le abrió la puerta-Gracias otra vez.
-Suerte en Nueva York, es una ciudad salvaje-
Continuara…
