¡Hola! Aquí el segundo capítulo. Espero sea de su agrado.
Disclaimer: Los personajes de The Legend of Zelda no me pertenecen, son propiedad de Nintendo. Escribo esta historia con el único propósito de entretener.
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Capítulo 2: "El comienzo de todo"
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Algunos sirvientes preparaban las monturas que utilizarían ambos jinetes, asegurándose de adherir sus bolsos que portaban lo primordial para el viaje, llegando casi a ser escaso por órdenes de su Alteza. Habían preparado al mejor caballo para la princesa, un corcel negro con una mancha blanca que le recorría lo largo cara. Mientras que con Epona se habían limitado a cambiar sus herraduras, ya que Link se negaba a cambiar de caballo.
- Toma.- El capitán le extendió una espada de acero completamente nueva.- Esta hecha de materiales bastante sólidos. El herrero acaba de terminarla, más te vale usarla apropiadamente.
El joven se limitó a tomar la espada, contemplándola un momento sonriente; tenía una hoja lo bastante larga como la espada maestra y sin embargo era lo suficientemente ligera para poder blandirla con destreza.
- Princesa, aún puede cambiar de opinión.- comentó el capitán.
El rubio se volteó observando a la monarca en sus ropas de viaje, un vestido mucho más ligero y sencillo que los que acostumbraba a vestir; sin embargo, una ligera armadura la protegía lo suficiente. Llevaba en su cintura un estoque con mango dorado.
- Basta, capitán. He tomado una decisión, sé que esto es lo mejor.- Se acercó a su corcel, el capitán se apresuró a ayudarle, pero detuvo sus pasos al ver a Link ofreciéndole su ayuda, la cual la chica no dudó en tomar subiéndose con delicadeza al caballo.
El capitán se inclinó, la princesa dio la vuelta dirigiéndose a las puertas de salida, Link se montó en Epona, siguiéndola.
Ambos jóvenes salieron de la ciudadela con una escolta de soldados, junto al primer ministro. No hubo más escándalo, no había casi ningún ciudadano rondando.
Luego de darle un par de recomendaciones al primer ministro, la princesa dio la vuelta alejándose, mientras Link veía directo a los ojos al ministro.
- Recuerde que lleva el corazón de Hyrule en sus manos, joven Link.- comentó con seriedad.- No nos decepcione.
- Confíe en mí, señor.- dijo antes de dar la vuelta a su yegua y apresurarse a alcanzar a su Alteza.
Cabalgaron unos minutos en silencio, hasta que les pareció oír una voz llamando al rubio.
- ¡Señor Link! – El cartero se acercaba a ellos con rapidez, una vez llegó hasta ellos se apoyó en sus rodillas para tomar aire un momento.- Tengo una carta para usted.
Extendió el objeto, una vez el caballero la tomó, desvió su mirada para ver a la acompañante del rubio, inclinándose 90 grados rápidamente.
- ¡Alteza! ¡Discúlpeme! No la había reconocido.
Ella simplemente sonrió. Mientras tanto el rubio pasó saliva al leer el remitente de la carta, la guardó en su alforja sacando otra carta del mismo lugar.
- ¿Puedes enviar esto? – preguntó con amabilidad, el hombre de pantaloncillos cortos la tomó haciendo un saludo militar.
- Claro que sí, señor Link.- sonrió observando a la monarca.- Por favor, cuide de la princesa.
El héroe sonrió asintiendo, mientras la castaña agradeció de igual forma. Una vez el cartero se retiró, ellos continuaron por su camino.
- Parece que venía del bosque Faron.- mencionó la princesa.
- La carta es de una amiga.- musitó el joven intentando no darle importancia.
- ¿No la leerás?
- Ahora no, Alteza. No puedo distraerme.- contestó manteniendo su sonrisa.
Zelda sabía que algo no estaba bien, el rubio sonreía pero no lograba convencerla.
Habían pasado unas cuantas horas, el caballero suponía que era medio día, el sol estaba justo sobre ellos, algo más fuerte que al comienzo del día. Observó a la princesa, pudiendo notar cómo ésta comenzaba a transpirar.
- Alteza, podemos tomar un descanso, no es del todo saludable para los caballos ni para usted continuar con este clima.- comentó mirándola fijamente desde atrás.
- Creo que tienes razón.- suspiró.
- Más adelante hay una pequeña laguna rodeada de una arboleda, podríamos detenernos ahí.
Zelda asintió mirándole sonriente.
- Pronto podrás descanzar, Cinder.- acarició a su caballo sonriente, después de todo ella también estaba exhausta.
Link sonrió, Epona ya estaba acostumbrada a viajar todo el día sin descanso; sin embargo, sabía que su Alteza no podía mantener tal resistencia, además de protegerla, debía cuidar de ella fuertemente.
Zelda avanzó por la arboleda adentrándose lentamente, el héroe la seguía de cerca. Una vez divisó la laguna, Link bajó de Epona.
- Es hermoso…- estaba maravillada ante el paisaje. Mientras el héroe se acercaba a ella extendiendo sus brazos.
- Sabía que le gustaría, solía tomar descansos aquí de vez en cuando.- comentó tomándola por la cintura bajándola con delicadeza del animal.
Una vez puso los pies en tierra, se sobresaltó al notar lo cerca que estaba del rubio, el cual no tardó en alejarse, inclinándose.
- Ruego me disculpe, su Alteza.
- No hay problema.- se acercó al agua notando lo cristalina que era.
- ¿Dónde están las provisiones?- preguntó el héroe acercándose a los bolsos que colgaban de la silla de montar de Cinder.
- Sólo tengo agua, Link.- el rubio le miró sorprendido, ella seguía observando el paisaje.
- Pero… Alteza…
- Sólo nos haría más carga. No te preocupes por mí, puedo adaptarme a cualquier comida.
Link tragó saliva, no estaba seguro si darle ardilla asada a la princesa era buena idea. No tenía de otra, tomó el arco de su montura.
- ¿Puede esperarme unos 10 minutos?
Ella por fin se volteó para verle sonriente.
- El tiempo que sea necesario.
Se inclinó retirándose, agradeciendo internamente que su princesa no fuera una chica caprichosa, definitivamente sabía actuar de acuerdo a la situación.
Una vez perdió de vista al caballero, relajó sus hombros, tenía demasiado calor, aunque sentir la sombra que proporcionaban los árboles alrededor era bastante reconfortante. Se quitó las botas dejándolas a un lado y metió sus pies al agua. Una dulce sensación recorrió su cuerpo causándole incluso escalofríos, cerró sus ojos con suavidad caminando lentamente en medio de aquel estado celeste.
El héroe traía del cuello una ardilla y con el otro brazo llevaba leña, la cual le serviría para hacer la fogata. No quería despellejar aquel animal frente a la princesa; sin embargo, no podía estar demasiado tiempo alejado de ella. Llegó por fin a la laguna, sorprendiéndose al ver a Zelda danzando dentro del agua, procurando mover con lentitud sus pies, era obvio que disfrutaba aquella sensación. Sabía que tenía que aprovechar aquello para hacer tal acto sangriento de despellejar a su presa; pero simplemente su mente no respondía, para él sería un desperdicio perderse de tal escena. La vio tomar agua entre sus manos y tirarla sobre su cabeza, dejando que las gotas cayeran libremente sobre ella.
Zelda se volteó manteniendo la vista en las ondas que se formaban alrededor de sus pies, comenzó a caminar de nuevo a la orilla, alzando la vista para observar el rostro sonriente del caballero.
- ¡Link! – un sonrojo intenso invadió sus mejillas ¿desde hace cuánto que estaba ahí?- Pero qué…
- Disculpe mi atrevimiento, Alteza. Pero recuerde que no debo dejarla a solas durante mucho tiempo.- se excusó caminando hacia Epona, sacando una toalla de su bolso.
En cuanto Zelda salió del agua el rubio se colocó de cuclillas frente a ella.
- Permítame, secar sus pies, por favor.- pidió con el rostro bajo.
Ella dudó un momento, ya se encontraba lo suficientemente avergonzada, pero tampoco quería llenarse los pies de lodo por un simple capricho. Alzó su pie izquierdo el cual el héroe tomó como si de porcelana se tratase, lo envolvió con la toalla con suma suavidad secándole hasta los tobillos. Una vez acabó, elevó ahora el derecho pero esta vez su equilibrio comenzó a jugarle una broma, se balanceó hasta casi caer de trasero; pero Link tomó su mano con firmeza.
- Por favor, apóyese en mi hombro…- pidió con demasiada amabilidad que seguía causando sonrojos en la monarca.
Ella obedeció colocando su mano izquierda en su hombro, Link repitió el proceso con igual delicadeza. Tomó las botas de la princesa que se hallaban a su lado, ofreciéndoselas.
Comieron en silencio, sobre todo porque el rubio notó el rostro de Zelda. Dudó un momento en comerse la pequeña pierna de aquel roedor, no por asco, de alguna forma matar a la pobre ardilla le recordó los padecimientos de su pueblo, el cual no dormía de noche, las mujeres por temor a ser asesinadas y los hombres por intentar protegerlas. Esto sólo le recordaba su deber como princesa de Hyrule, debía protegerlo sin importar las consecuencias.
Pasaron unos minutos, la princesa se encontraba de pie mirando el sol reflejado en la laguna, intentando no contar los segundos para salir de la arboleda, a pesar de ser un verdadero paisaje hermoso, no lograba tranquilizarla del todo.
Miró hacia atrás, Link se encontraba sentado a unos 2 metros tras ella, recostado en el árbol, su rostro denotaba cierta tristeza mientras leía la carta que el cartero le había dado en la mañana. Hasta en ese entonces se dio cuenta que probablemente Link tenía sus propios asuntos que atender, teniendo que dejar de lado cualquier cosa pendiente, por venir con ella en este viaje. Si bien, era por el bien de todo Hyrule, ni siquiera había tenido la consideración de avisarle con algo de tiempo para prepararse. Toda lógica le decía que no había nada más importante que el asunto que ahora atendían ambos; sin embargo, su consciencia no dejaba de reclamarle su falta de consideración con el héroe; él no tenía ningún tipo de obligación ante esto, como ella si lo tenía.
- Parece… algo importante.- llamó la atención del joven, el cual sólo le devolvió la mirada para sonreírle con amabilidad.
- No realmente.- dobló la carta nuevamente, colocándola en su alforja.- Es sólo que… creo que acabo de romper una promesa.- bajó el rostro ahora dejando notar su tristeza.
- Link… yo…- eso era lo que temía, colocó una mano sobre su pecho mirándole con tristeza.
- Descuide, sabe que nuestro destino está lleno de sacrificios.- se puse de pie acercándose a ella lentamente.- Al igual que yo, usted está haciendo lo mejor que puede por Hyrule.
Tomó su mano con delicadeza, se inclinó acercando el dorso de su mano a sus labios besándolo.
- Le he prometido que no la dejaría sola en esto. Esa promesa está sobre las demás y es inquebrantable para mí, Alteza.
Ella se quedó un momento pensativa, se sentía egoísta a pesar de que hacía todo esto por su pueblo; sin embargo, algo insistía en colocar en primer lugar al héroe.
- Debemos irnos, Link.- comentó una vez el rubio se incorporó.
- Como ordene.
Zelda caminó hacia Cinder, mientras el caballero le seguía de cerca ayudándole a subir al caballo. Desató a ambos caballos, para luego subirse a su yegua.
- El pueblo de Kakariko queda en medio del camino.- comentó la princesa adelantándose.
- Quizá si mantenemos un ritmo constante podamos llegar a media noche.
Luego de unas horas, estaba anocheciendo, y el viento comenzaba a soplar cada vez más helado.
- Últimamente he sentido el clima de Hyrule más frío que lo normal.- comentó el rubio.- al menos al anochecer, la temperatura comienza a bajar considerablemente.
Ella se limitó a apretar sus labios, todos en la ciudadela se mantenían encerrados al anochecer, por ende no habrían podido sentir aquello. Si es cierto lo que Link decía, sería un fenómeno demasiado extraño si continuara disminuyendo la temperatura. Hyrule siempre se caracterizó por su clima perfecto en todo el año.
El prado ya se hallaba a oscuras, lo único que alumbraba el camino era la luz de la luna llena, Zelda escuchó a Epona relinchar.
- ¡Princesa! ¡Corra! – exclamó el caballero a su espalda.
Ella le miró confundida un momento, Link desenvainó su espada.
- ¡Algo se acerca!
No faltó más explicación para hacer correr a su caballo a todo galope. El héroe le seguía de cerca.
Escuchó ruidos acercarse más y más a ellos, pero algo le decía que no debía voltearse. Cuando ya sentía esas cosas lo suficientemente cerca, escuchó algo parecido a un choque de espadas. Su corazón latía demasiado rápido, debía saber qué estaba pasando; lentamente volteó su rostro. Fue enorme su sorpresa al ver una sombra de gran tamaño, la cual sólo podía divisar sus ojos rojos, sobre un animal inmenso con ojos idénticos, intentando herir a Link, a lo cual el rubio simplemente evadía sus ataques protegiéndose de aquella enorme espada.
- ¡Link! –gritó alarmada.
El héroe devolvió el ataque con un empuje al arma contraria, haciendo a la sombra balancearse un poco hacia atrás, Link aprovechó esto para ver por un momento a la princesa devolviendo inmediatamente la vista al enemigo, haciendo que Epona girara rápidamente bloqueándole el camino cuando la bestia había aminorado la velocidad para que su jinete pudiera recuperar el equilibrio. Link tiró la espada sujetándose con ambas manos a la silla de montar, levantando su cuerpo por el aire dando una patada certera en lo que suponía era el rostro de la sombra, el enorme cuerpo cayó fuertemente sobre el suelo, el rubio igualmente había aterrizado a un lado de la sombra.
Zelda inmediatamente detuvo a Cinder, pretendiendo regresar.
- ¡Manténgase alejada, por favor! – pidió el rubio recogiendo la espada del suelo, mirando con seriedad a la princesa.
La sombra se levantó con algo de dificultad. El caballero no perdió el tiempo corriendo hacia él sin dudar; sin darle tiempo a reaccionar, atacó directamente a sus manos haciendo que éste dejara caer su arma, si esta sombre hubiera sido humana estaba segura de que le habría amputado las manos con aquel movimiento. Una última estocada directo en su pecho sirvió para que la enorme sombra se desvaneciera.
El héroe siquiera había acabado de recuperar el aliento cuando escuchó un grito, haciendo que su corazón se detuviera por un momento. Volteó para observar a la princesa cayendo al suelo con fuerza. Se había olvidado por completo de la bestia que montaba esa cosa, la cual insistía en seguir atacando a la monarca que se hallaba herida sobre el suelo, ya que le miraba mover con agresividad su enorme cabeza.
Tomó el arma que había dejado el jinete, la cual era casi de su estatura y la lanzó directamente al animal, el cual al recibir el impacto desapareció igualmente.
- ¡Princesa! – Corrió a su lado, notando su pierna sangrante.- ¡Maldición! ¿Cómo pude olvidar esa bestia? – simplemente aquello había pasado por un descuido muy estúpido de su parte.
- No te preocupes, no es para tanto.- comentó ella intentando sonreírle.- Yo también debí prestar atención.
Link tomó una de las camisas blancas que llevaba en su bolso y la lámpara de aceite una vez Epona se había acercado a ellos, encendiendo rápidamente la lámpara con un trozo de pedernal, seguidamente rompió la camisa en dos.
- ¿Me permite? – preguntó, haciendo referencia al vestido, el cual cubría la herida.
A pesar del intenso dolor que sentía pensó dos veces antes de levantar aún más la prenda, una vez se olvidó del pudor, dejó su pierna completamente descubierta, esto sólo hizo que Link se aterrara, la herida era mucho más grande de lo que pensaba.
- Alteza… si no la vendo… puede desangrase.- advirtió el caballero, rogando mentalmente que le permitiera seguir.
Ella accedió asintiendo con la cabeza, a penas y el dolor le permitía moverse, no tenía de otra que dejar que su guardián lo hiciera por ella. Inhaló profundo cuando le vio acercar sus manos. Con la mayor delicadeza posible comenzó a limpiar el exceso de sangre, el cual, sin importar qué, no paraba de salir abundantemente; tomó la botella de agua dejándola caer sobre la herida; la princesa simplemente se limitaba a tapar su boca para evitar dejar salir alguna especie de ruido, dolía increíblemente.
- Parece más profunda lo que pensé.- el rubio jamás en su vida se había sentido tan torpe, tan inepto, suspiraba de frustración.
Vendó la herida ajustando el paño lo suficiente para evitar que sangrara en exceso. El caballo de la princesa a penas se había puesto de pie, también había recibido gran parte del golpe, igualmente él tenía algunos rasguños en su cuerpo.
- Cinder…- susurró la princesa acariciando la cabeza del animal, la cual había bajado para ser consentido.
- Alteza, tendemos que viajar en Epona.- la voz seria de Link llamó su atención, y le miró por un momento sorprendida.- Ni su caballo ni usted están en condiciones de cabalgar.
- C-Comprendo…
La princesa Zelda jamás necesitó que su maestro de equitación subiera al caballo con ella para poder enseñarle, siempre había mostrado ser lo suficientemente competente para tal acción, en 6 meses se había convertido en una experta en la materia, casi tanto como en las demás. Ahora se hallaba entre los brazos del héroe del crepúsculo, quien cabalgaba su yegua lentamente para evitarle cualquier tipo de dolor, y el cansancio a Cinder que ahora era llevado de riendas, obligando a seguir a Epona.
Jamás se había encontrado en esa situación antes, ahora que lo pensaba… Link era el único hombre que la había abrazado desde la muerte de su padre cuando era niña. Aquel apoyo que le había brindado la noche anterior, ahora los mismos brazos le ofrecían igualmente protección. Era una sensación bastante agradable que ciertamente no sentía desde hace muchos años, al inicio resultó ser vergonzoso, luego de unos minutos se dio cuenta que realmente no era tan malo.
El viento soplaba con algo de fuerza; sin embargo, eso no le importaba. Por alguna razón no sentía frío alguno como hace un par de horas, el ambiente junto al pecho de Link era demasiado cálido; el sonrojo volvió a sus mejillas al pensar en aquello, sería muy vergonzoso si el rubio pudiese escuchar sus pensamientos.
Cerró sus ojos inconscientemente, olvidándose un momento del dolor en su extremidad, dejándose llevar por la canción de cuna que escuchaba en su mente mientras era mecida con ternura.
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...Continuará...
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Gracias por leer, espero no tardarme tanto la próxima vez.
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