¡Hola! Me disculpo enormemente por el retraso de esta historia... Tenía gran falta de motivación y además falta de tiempo. Intentaré como siempre actualizar más seguido.
Disclaimer:Los personajes de The Legend of Zelda no me pertenecen. Escribo esta historia con el único fin de entretener.
Espero les guste.
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Capítulo 3: "En las Buenas y en las Malas"
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Un pequeño crujir constante le indicaba que había algo quemándose a su alrededor, al abrir con lentitud los ojos divisó una modesta chimenea, consumiendo lentamente los leños dentro de ella; se incorporó rápidamente ¿dónde estaba? Sintió ahora un dolor punzante en su pierna derecha, se quitó las sábanas de encima notando el vendaje que cubría la herida, ahora recordaba, el vendaje improvisado que Link le había colocado, había sido reemplazado.
Dirigió su vista a la habitación en general, todo el cuarto estaba hecho de madera, a excepción de la chimenea de ladrillos; había una pequeña ventana de cristal sin cortina, dos puertas en diferentes paredes de la habitación, un armario modesto en una de las esquinas, su mochila yacía en una silla entre el armario y la ventana; notó además un cuenco de metal sobre la cómoda, junto a la cama, lleno con agua y paños.
Escuchó una de las puertas abrirse para dar paso a la figura de una jovencita de cabello negro, corto hasta los hombros completamente lacio, de piel morena, la cual, la miró con sorpresa.
- ¡Alteza! – Dio una ligera reverencia para luego sonreírle mientras se acercaba.- ¿Se siente bien?
Zelda la miró un poco confundida, no tenía idea de donde estaba, ni quien era la chica frente a ella ¿dónde estaba Link? Se aferró a las sábanas. La chica pareció adivinar sus pensamientos.
- Perdóneme, mi nombre es Luda, mi padre es el chamán de la aldea Kakariko.- la princesa recordó que antes de quedarse dormida o desmayarse, lo que sea que le haya pasado, se dirigían a dicha aldea.
- ¿Dónde está mi caballero? – preguntó ahora un poco preocupada.
- Descuide, iré por él ahora mismo.- volvió a la puerta, antes de salir, añadió.- Debe de tener hambre, princesa… le traeré algo de comer si le parece.
La monarca asintió ahora sonriente. Luego de unos segundos escuchó golpes en la puerta.
- Adelante.- dijo en un tono alto.
Link abrió la puerta con la mirada baja, la princesa notó su actitud.
- Buenos días, princesa.- mencionó inclinándose, insistía en no verla a los ojos.- ¿Cómo se siente?
- Mejor.- contestó.- Comenzaba a preocuparme por ti, Link. ¿Dónde estamos?
- En la aldea Kakariko.- ahora respondía a sus dudas.- No se preocupe, aquí estaremos a salvo, por ahora.
- ¿Cuanto tiempo llevamos aquí?
- Un día aproximadamente.- contestó ahora mirándola por un segundo.- Hemos enviado una carta a la ciudadela pidiendo un médico, si pudiéramos esperarlo…- fue interrumpido por golpes en la puerta.
- Adelante.- dijo Zelda.
- Permiso… Alteza, traigo un poco de caldo de calabaza.- dijo Luda, acercándose ahora a la princesa con el plato en manos.
- Muchas gracias.- agradeció sonriente mientras se disponía a comer.
- Link, mi padre desea hablar contigo un momento.- habló la chica ahora al héroe.
El rubio observó a la princesa esperando su consentimiento, lo cual ella asintió con suavidad. El chico salió de la habitación sin esperar más. Luda esperó a que saliera para volver a mirar a la princesa.
- Disculpe si soy un poco atrevida, Alteza…- sonrió con dulzura esperando la reacción de la contraria, la cual, simplemente la miró en silencio esperando a que terminase.- Comprendo su decisión de encargarle esta misión a Link y me parece que no hay nadie en el reino mejor capacitado para ello. Sin embargo, parece que él se ha sentido algo incompetente en las últimas horas.
- ¿A qué te refieres? – sospechaba que tendría que ver con la reciente actitud que había notado en el joven.
- La herida en su pierna no es para tomarla de menos, requiere de bastante cuidado y probablemente algún tiempo en que sane.- Zelda sintió la saliva pasar con mucha dificultad por su garganta, el sólo hecho de pensar en que perdería más tiempo no le gustaba en absoluto.- Alteza… por favor no culpe de esto a Link, estoy segura de que hace todo lo que puede, confíe en él y verá que no la decepcionará.
La princesa la miró un momento en silencio, para luego contestar con una sonrisa, tranquilizando a la chica.
- No te preocupes, nadie más que yo tiene la culpa de esta lesión y eso lo sé.- habló dirigiendo la mirada a sus piernas debajo de las blancas sábanas.
- Muchísimas gracias, princesa.- agradeció ahora sonriendo de oreja a oreja e inclinándose un poco.
- Parece que le tienes mucho aprecio a Link.- Luda asintió.
- Kakariko vuelve a ser un pueblo próspero y feliz gracias a él. Los bulblins mataron a muchos aldeanos y muchos otros huyeron; cuando la aldea se vio envuelta en el crepúsculo fue él quien trajo la luz de vuelta, incluso hizo algún tipo de amistad con los gorons, que han sido de mucha ayuda para reconstruir la aldea que estaba prácticamente en ruinas. Casi todos los aldeanos han vuelto.- hizo una pausa mirando las tablas de madera bajo sus pies mientras mantenía su sonrisa.- Para todos es nuestro salvador.
Zelda analizaba cada palabra dicha por la joven. Podía ver claramente el respeto y admiración que sentía al hablar del héroe.
Escucharon toques en la puerta, para luego ver pasar a un hombre de gran estatura, moreno, de cabello largo y negro, vestido con una larga túnica, lo había visto anteriormente en algunas reuniones con líderes de comunidades; y luego al recién mencionado.
- Alteza…- hizo una leve reverencia a la vez que colocaba su mano sobre su pecho.- soy Renado, chamán y alcalde de Kakariko.
- Es un honor verlo nuevamente, Renado.- habló con formalidad.- Me alegra saber que la restauración de la aldea ha rendido frutos. –ahora miró a Luda quien se sonrojó levemente, sabía que la adolescente querría mantener en secreto la fuerte admiración por el chico que estaba parado detrás de su padre.
- Muchas gracias.- en seguida volteó a ver a Link y luego asintió al joven.
- Princesa… hemos recibido la respuesta de su doctor de cabecera.- ella le observó expectante.- Su carruaje tardará aproximadamente tres días en llegar si parte ahora mismo.
La princesa no pudo evitar mostrar su asombro, su médico era un anciano que viajaría despacio en un carruaje, sabía que el fuerte galope de un caballo le quebraría la cadera si se aventuraba a ello. Quitó rápidamente las sábanas y se deslizó hasta el borde de la cama, Link pudo adelantar sus movimientos y antes de que ella intentara ponerse de pie estaba siendo sostenida por sus fuertes brazos.
- Link… no tenemos tiempo.- susurró inconscientemente, igualmente sus cuerpos estaban a una muy corta distancia, miró al caballero suplicante importándole muy poco en ese momento la cercanía de ambos.
- Lo sé, Alteza. Pero si nos movemos ahora, su herida va a empeorar. No podemos irnos ahora mismo.- intentó decir con suavidad comprendiendo la inquietud de la monarca.
Zelda bajó la mirada, no sabía qué hacer en ese momento, no quería ser imprudente; sin embargo, no tenía muchas salidas. Link la tomó en sus brazos con suavidad para devolverla a la cama, ella estaba muy absorta en sus pensamientos como para siquiera darse cuenta.
- Estaba pensando en la posibilidad de usar la medicina más tradicional.- habló Renado llamando ahora la atención de la princesa.- Igualmente el agua del manantial es altamente curativa. Si usted lo desea, puedo intentar sanar su herida yo mismo.
- Me parece bien.- igualmente no tenía muchas opciones más que intentarlo aunque, jamás había probado tales prácticas.- Se lo agradeceré mucho. Entre más pronto comencemos, mejor.
- Comenzaremos ahora mismo si le apetece.- Zelda asintió.- El manantial tiene un pequeño afluente arriba de él, sería idóneo primero un baño. Luda puede ayudarla.
Si mal no recordaba, el manantial de Eldin estaba justo frente a la aldea, era obvio que utilizar directamente el manantial no tenía mucha lógica.
Renado abandonó la habitación, mientras Link y Luda esperaban a que terminase de comer. Minutos después, volvió nuevamente a la orilla de la cama, esta vez pensándolo dos veces antes de intentarlo; Link se posicionó frente a ella.
- Si me permite llevarla, princesa… - continuaba pensándolo, sin embargo, no podía arriesgarse a lastimarse nuevamente. Asintió.
Link la tomó entre sus brazos con suavidad, con un brazo en su espalda y otro debajo de sus rodillas. Rodeó el cuello masculino con sus brazos, él la levantó despacio, no sabía si era únicamente su sensación pero no parecía que Link estuviese haciendo esfuerzo alguno, igualmente se mantenía aferrada a él.
- Adelántense, buscaré un paño y una toalla, si me permite puedo llevarle su ropa limpia.- Zelda entendió que hablaba de la ropa en su maleta.
- Está bien.- asintió para volver la mirada a su caballero, el cual al corresponder a su mirada de nuevo sus rostros se encontraban demasiado cerca, lo que provocó un sonrojo en ella y que él apartara su mirada nuevamente.- Vamos.- pidió igualmente desviando su rostro.
Salieron de la habitación, mientras Link caminaba hacia las escaleras, Zelda divisaba el lugar, se encontraban en el segundo piso, todo el lugar parecía estar construido de madera, como resultado tenía un aspecto bastante acogedor; había varias habitaciones, dándole a pensar que se encontraban en una especie de posada. Link acabó de bajar las escaleras, había un grupo de aldeanos sentados en varias mesas circulares que al notar su presencia inmediatamente se pusieron de pie inclinándose. Continuó curioseando hasta divisar un pequeño mostrador al fondo, probablemente la recepción y una puerta junto a éste.
- ¿La posada de Kakariko? – preguntó ella aún con la mirada en sus alrededores.
- En efecto, ahora que es mayor, Luda se hace cargo de ella.- respondió Link para abrir la puerta de salida.
Tan sólo atravesar dicho marco, las personas que se hallaban en las calles detuvieron todas sus acciones para mirarla con asombro y mientras Link caminaba entre ellos, hacían una reverencia cuando ambos pasaban frente a cada aldeano. Se sentía un tanto incómoda debido a la situación; sin embargo, agradeció con una sonrisa el respeto de los aldeanos aun cuando se presentaba tan incompetente.
El camino fue silencioso, la tensión formada por el grupo de personas en las calles de la aldea aún se mantenía presente a pesar de haberlos dejado atrás. La belleza de los manantiales de su reino siempre la maravillaban, un pequeño grupo de hadas acostumbraban a formarse en la superficie de éstos e incluso le parecía que el agua misma poseía un brillo muy inusual.
El acceso al afluente era un camino un poco accidentado, sabía que Cinder tendría dificultad para caminar por ahí sin hacer esfuerzos. Ahora que lo recordaba…
- ¿Dónde están los caballos?
- Están en los establos, no se preocupe... Cinder ya fue tratado.- Link se detuvo, observó el afluente de un tamaño considerable, se formaba debido al desvío de una corriente, se veía tan brillante como el manantial propio, el agua continuaba corriendo y se perdía más allá de la pared de rocas.
Colocó su pierna derecha en suelo y colocó a la princesa justo en la orilla.
- Muchas gracias, Link.- sus cuerpos se separaron y ella se desestabilizó un poco apoyándose en su brazo, aún estaba levemente mareada.
- No hay de que, princesa.- dijo sin mirarla, luego de asegurarse de que estuviese bien se separó unos centímetros más de ella.
- He notado cierto cambio en ti ¿sabes? – Lo observó detenidamente esperando a que éste correspondiera a su mirada.- Desearía que me observaras a los ojos de nuevo.
- Es una falta de respeto hacia su persona…- dijo manteniendo su posición.
- Sin embargo, tú siempre lo has hecho.- contestó firme.- Y nunca me ha molestado, recuerda que no eres cualquier persona. El respeto que mostraron los aldeanos me parece que no eran únicamente hacia mí.
Link sabía perfectamente a qué se refería, eso no cambiaba la situación en la que se encontraba con la princesa.
- Has sido una persona muy dulce y comprensiva.- admitió.- pero también eres muy directo, en cierto modo tu atrevimiento me hace sentir más cómoda.
Sabía que no era ningún sermón, al contrario, le pedía a que volviera a ser tan osado como antes. Ella prefería mantener cierta confianza y confort con su caballero. Link levantó la mirada olvidándose del modo humilde que había adoptado debido a la culpa, a ella parecía no importarle y sobre todo, no lo culpaba. Su mirada volvió a ser tan intensa que casi tomó por sorpresa a la monarca, por alguna razón su corazón comenzó a latir con fuerza ante la penetrante mirada del contrario. Su iris azul intenso, más que los de ella, delineados por aquellos ojos afilados siempre le habían parecido hermosos.
- Mucho mejor…- susurró con un leve sonrojo en sus mejillas y una dulce sonrisa.
Divisó a Luda caminar hacia ellos con las telas entre sus manos. Una vez llegó, ofreció su ayuda a la princesa; sin embargo, ésta se negó, agradeciendo, intentaría al menos hacer eso sola.
Luda se retiró, mientras Link se quedaba en la entrada del lugar, asegurándose de negar el paso por los momentos a cualquier persona. Se sentó en una roca, dejando salir un suspiro. Se le estaba dificultando cada vez más mantener la distancia entre ambos, era aún más difícil cuando ella le pedía que no lo hiciera. El problema es que su Alteza no tenía idea del caos que estaba provocando en la cabeza del héroe, sus dudas comenzaban a aclararse y eso definitivamente no le gustaba debido al rumbo que al parecer habían decidido tomar sus sentimientos. La hermosa sonrisa que le había dado antes de que llegara la hija del chamán, lo volvía loco, una de muchas otras.
La princesa soltó un gemido de sorpresa, al despojarse de su ropa y los vendajes, notó que su herida había sido debidamente suturada. Sintió lástima por su extremidad y a la vez estaba agradecida por llegar inconsciente a la aldea, sino… no tenía idea de cuánto habría de doler o si el dolor propio de la herida omitiría cualquier otro.
Se introdujo al afluente con cuidado, el agua estaba fresca y provocaba un agradable cosquilleo en todo su cuerpo.
La rutina había sido la misma, Zelda se bañaba dos veces al día en el afluente para luego proseguir con el tratamiento a base de hierbas del chamán. Los resultados comenzaban a verse notoriamente, los tres días que habría necesitado para esperar a su médico los había usado eficientemente en sanar.
Link había hecho las de su caballo por los últimos días, estaba decidida a hacer algo por él. Compraría unos aretes en argolla de platino, había pensado desde el primer día en regalárselos, los había visto en una joyería de la ciudadela, afortunadamente el cartero era lo suficientemente veloz como para no tardarse mucho en la entrega. Ahora los tenía en sus manos mientras sonreía contemplándolos.
Escuchó leves golpes en la puerta de su habitación, escondió la pequeña cajita en uno de los bolsillos de su cómodo vestido.
- Adelante.- dijo.
- ¿Está lista para su baño? – preguntó una vez dentro de la habitación, la princesa asintió.
Link se acercó lo suficiente inclinándose hacia ella, una vez la monarca se aferró a él, la levantó de nuevo con notoria facilidad.
El sol comenzaba a ponerse, era el segundo baño diario. Una vez llegaron Link bajó con cuidado a la princesa dejándola en el suelo, mientras Luda depositaba la ropa limpia, sobre la, ya acostumbrada, roca. Zelda agradeció a ambos, mientras se disponían a marcharse, ella detuvo a Link sosteniendo fuertemente su mano. No necesitó decir nada más, Luda se adelantó y él se colocó de cuclillas frente a ella, de nuevo mirándola atentamente.
-¿Sucede algo? – preguntó con suavidad, la sonrisa con la que ésta lo miraba lo tranquilizaba.
- Debes de sentirte cansado por cargarme todo el tiempo.- dijo manteniendo también su mirada, la cual parecía brillar más de lo normal.
- No realmente, Alteza.- se limitó a responder, sin embargo, era muy difícil mantener a raya sus pensamientos.- Sé que últimamente ha recobrado la fuerza y que su herida está mejor, pero prefiero no arriesgarme hasta que sane por completo.
La cercanía entre ambos había sido más frecuente los últimos días, incluso en ciertas ocasiones se hallaba a sí mismo irrumpiendo en el espacio personal de la monarca; pero ahora que lo pensaba, eran muchas las veces en las que ella hablaba en un tono más bajo que de costumbre, haciéndole acercarse, sería muy ingenuo el pensar que ella lo hacía a propósito.
- Entiendo, muchas gracias.- añadió.- De hecho… quería igualmente hacer algo por ti.- de nuevo hablaba más bajo, pero esta vez se obligó a sí mismo a mantenerse inmóvil.
- No creo que sea necesario, princesa.- sonrió un poco avergonzado.
- ¿En serio? – la princesa mordió su labio inferior, mientras desviaba la mirada pensativa.
Tragó saliva, si tan sólo ella supiese qué era lo que realmente deseaba ahora que veía sus carnosos y rosados labios siendo apresados por sus blancos incisivos.
- Para tu mala suerte, me he adelantado a tu respuesta.- introdujo la mano en su bolsillo, sacando la pequeña caja negra que había dentro.
Link se limitó a ladear la cabeza, ahora un poco confundido.
- Esto es para ti.- sonrió mientras la abría mostrando el par de argollas de metal casi blanco.
Link se sorprendió con tal regalo, parecían realmente caras; se había quedado enmudecido con aquello mientras ella tomó entre sus manos las argollas, colocando la caja a un lado.
Se adelantó a llevar sus manos hasta los aretes azules que ya portaba el héroe y las cambió por las nuevas. Zelda sonrió colocando una mano en su mejilla y contemplarlo con los aretes.
- Te quedan muy bien.- comentó. Realmente le daban un aspecto más maduro.
- A-Alteza… yo…- no encontraba las palabras qué decir, su torpe lengua no lograba articular nada.
- Espero que no le tengas mucho aprecio a los anteriores, porque quiero que los portes de ahora en adelante.- apartó la mano del rostro contrario y se volteó acercándose ahora al afluente.- Es un pequeño obsequio de mi parte… no quiero que los rechaces.- comentó dándole la espalda, pero aún continuaba la dulzura en su voz.
- Gracias, princesa.- mencionó por fin, para levantarse y hacer una reverencia antes de retirarse.
Zelda contempló en su mano los viejos accesorios que portaba su caballero; no tenía intenciones de devolvérselos por el simple hecho de obligarlo a usar los nuevos. Se suponía que era un regalo para agradecer su trabajo; para ella, resultaba ser algún tipo de marca, algo que le marcaba como suyo; se sentía mal por hacer tales cosas, pero algo la impulsaba a hacerlo, no sabía el qué… pero tenía algo que ver con la carta que aún portaba su caballero en su alforja.
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Continuará...
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De alguna forma pienso que este capítulo no justifica todo el tiempo en que me he tardado en actualizar, pero no quiero apresurar nada por ese tipo de cosas; sin embargo, para intentar enmendarlo de alguna forma, lo he hecho más largo que los anteriores.
Gracias a los que me han seguido en esta historia, sobre todo a "Goddess Artemiss", gracias por el apoyo.
Hasta el próximo capítulo xD. Besos.
Shizu-Jyo
