Hola, Espero que todos y todas estén muy bien
Nueva semana, nuevo capítulo. Antes que nada gracias por seguir la historia, me lleno de dicha cada vez que veo los cientos de lecturas diarias que tiene este fic junto con mis otros dos fics de Gravity Falls (El Diario de Pacifica y La Novia de Dipper) Eso solo me dice que está siendo del agrado de la mayoría y solo me queda decirles, gracias.
Bueno, hablando de este capítulo, en el descubriremos que Dipper y Pacifica comiencen a sospechar acerca del lugar dónde se encuentran. Además, también descubriremos algo acerca del oscuro pasado que oculta nuestra querida Pacifica (Me gusta cuando un personaje tiene un oscuro pasado, podrá sonar muy cliché pero son mis gustos) Por cierto, esta prueba comenzará y terminará en un solo capítulo, se los adelanto. Originalmente todas las pruebas iban a durar un solo capítulo pero como a veces me emociono y escribo de más; el laberinto tuvo que durar varios, además, esta prueba es mucho más corta pero tan peligrosa como la anterior. Espero que les guste el capítulo y sepan disculpar si notan por ahí algún errorcillo de ortografía, a veces Word me trollea y por más que busco no me marca algunos errores.
Gravity Falls Es una obra perteneciente a Disney. Todo lo escrito y expresado dentro de este Fanfic tiene como propósito principal el enriquecer al Fandom de la misma. Todos los personajes utilizados dentro de esta historia son una creación y propiedad original de la talentosísima y brillante mente e ingenio del animador estadounidense: Alex Hirsch. Nada será utilizado con fines lucrativos o comerciales. ¡Disfrútenlo!
Gravity Falls Fanfic: El Juguetero Siniestro
Capítulo 8: "Pozo"
—Libéranos de una buena vez, monstruo. —Dipper se dirigió hacia su captor.
—No nos precipitemos aún, joven Dipper. —Soltó una malévola risa—. La diversión apenas está comenzando, así que será mejor que se vayan preparando para la segunda prueba; la cual será aún más difícil que la primera. ¡Qué el juego continúe!
—¡Aguarda! —Dipper alcanzó a gritar—. Primero quiero saber a dónde nos has traído. Estoy seguro que ya no nos encontramos en la misma fábrica dónde nos capturaste. ¿Qué es este lugar?
—Todo a su tiempo, joven Dipper... Las respuestas están en camino. Pero... ¿De que le sirven las respuestas si no sale de aquí con lo más preciado qué tiene?
—Deja de jugar con nosotros. ¿Por qué ese laberinto cambió su tamaño tan exponencialmente?
—¿Laberinto? —El encapuchado preguntó.
—No te hagas el tonto. Sabes perfectamente de qué laberinto estoy hablando.
—Lo lamento mucho... Le aseguro que no tengo la menor idea de a que se refiere, joven Dipper. —Dijo, a la par que la puerta que anteriormente se había cerrado luego de que los niños entraran se abriera nuevamente para mostrar un panorama desolador que dejo a Dipper y a Pacifica helados hasta los huesos. Al abrirse la puerta, ambos chicos descubrieron que no había absolutamente nada. Simplemente se trataba de una puerta con vista hacia un cuarto gris alumbrado con un pequeño foco.
—¿Por qué...? —Dipper se quedó sin habla.
—Me doy cuenta de que la mente de ambos les está jugando trucos. —Comentó el secuestrador—. Creo que tanto ustedes como yo tuvimos una perspectiva totalmente diferente de la temática de la primera prueba. Lo único que tenían que hacer era encontrar el interruptor que encendía esa bombilla y encenderla para que el mecanismo de la puerta se activara y los dejara salir antes de que el tiempo que les había puesto como límite se terminara.
—No es posible... —Pacifica alcanzó a decir completamente aterrada—. Pero... Tú dijiste que debíamos escapar de un laberinto... Lo recuerdo...
—La mente es algo fascinante, después de todo es la parte más importante de todo el cuerpo humano. Como ustedes saben; el cuerpo no puede vivir sin la mente. Además, por si no lo saben; la mente es capaz de recrear toda clase de sensaciones y sentimientos agradables o no. El amor es un buen ejemplo de ello. La mente es capaz de hacernos sentir que nos encontramos en otro lugar incluso si no lo conocemos. Les aseguro que se tomen con más tranquilidad el resto de las pruebas o podrían enloquecer antes de tiempo. Debido a que ustedes son los primeros en pasar la primera prueba estoy seguro que la diversión se prolongará por más tiempo.
—Es mentira... —Dipper murmuró.
—Ahora pónganse cómodos, por favor. La segunda prueba está por comenzar. —Culminó soltando una risa muy poco tranquilizadora.
A continuación, la puerta volvió a cerrarse y la pantalla de televisión vio interrumpida su programación al apagarse y una luz vertida en tonos rojizos como las que iluminaban el laberinto se encendió para mitigar la oscuridad; revelándoles a los chicos que se encontraban en una habitación metálica, cuadrada y pequeña; muy similar a la que había visto tras la puerta y que con un poco de ayuda y perspectiva; fácilmente podía confundirse con el interior de un submarino. Con la diferencia de estar complementada con un par de puertas de acero instaladas a los costados y la pantalla de televisión ya mencionada colocada sobre una mesita de madera.
—¡Espera! —Dipper pegó otro grito—. ¿Al menos dinos qué quieres de nosotros? ¡Sé que puedes escucharme! ¿Por qué nos haces esto?
—Dipper... Es inútil. —Pacifica levantó la voz—. Nos volvió a encerrar.
—¡Maldición! —Dipper se recargó en la pared más cercana y se dejo caer para terminar sentado sobre el suelo—. Debe haber una razón por la cual nos ha traído a este lugar.
—¿Tú crees? —Pacifica dio un vistazo rápido al cuarto para inmediatamente ir y sentarse al lado de Dipper.
—Tiene que haber una razón. —Dipper mantuvo su postura.
—No estoy tan segura...
—¿A qué te refieres? —Preguntó intrigado.
—¡Piénsalo Dipper! Todos aquellos que han muerto a manos de ese tipo se trataban de simples curiosos como nosotros. Ninguno merecía tener un destino tan cruel. Tengo dos teorías; o a nuestro amigo no le agradan los curiosos o simplemente disfruta asesinando a las personas.
—Me es difícil creerlo.
—Recuérdalo... Hay sujetos a los que solo les gusta ver el mundo arder.
—Aguarda... ¿Dónde he escuchado esa frase antes...? —Trató de hacer memoria.
—Como sea... Debemos aguardar aquí y esperar. Dada nuestra posición no podemos hacer nada. Aunque ahora sabemos que aún existe la posibilidad de poder escapar de aquí.
—Eso lo sé... Mientras tanto... Tal vez podríamos tratar de buscar una explicación lógica a lo que está ocurriendo aquí... No lo entiendo... —Dio un fuerte golpe al piso de metal con el puño—. Sé bien que ese laberinto era real... Tú lo viviste también. ¿No es cierto? Estoy seguro que ese tipo está tratando de probar nuestra cordura.
—Sí... Yo también lo vi... ¿Pero qué más podemos hacer, Dipper? No sabemos ni siquiera en dónde nos encontramos. Algo no anda bien aquí... Tengo muchas preguntas... Como por ejemplo; me gustaría saber que tiene que ver mi padre en todo este asunto. El siempre ha tratado de mantener a la policía lejos de esa fábrica pero... ¿Por qué? Tal vez él tenga algún indicio de lo que pasó en ese lugar.
—Si tu abuelo y tu padre han sobornado a la policía desde hace quince años, entonces estoy casi seguro que ambos saben perfectamente lo que realmente sucedió en la fábrica. Inclusive podría intuir que ese incendio no se trató de un simple accidente.
—Pienso lo mismo... —Pacifica se mordió las uñas debido al discreto ataque de nervios que sufrió—. Pero no descubriremos nada mientras ambos continuemos atrapados como ratas en este maldito lugar. Espero que logremos salir antes de enloquecer por completo.
—Lo de ratas no era necesario... —Dijo Dipper.
En ese momento, la segunda puerta de acero en la habitación se abrió lentamente de forma automática. Dejando entre ver una luminiscencia de similares características indicando que la segunda prueba para los chicos estaba a punto de comenzar.
—Llegó la hora. —Mencionó Dipper, pasando una gran cantidad de saliva por su garganta al ponerse de pie—. Andando, Pacifica.
—Sí... —Respondió, colocándose por atrás del joven Pines; sujetándolo fuertemente de su chaleco mientras ambos se dirigían a paso lento hacia la puerta.
Al momento de cruzarla, Dipper y Pacifica descubrieron un largo y sucio pasillo; el cual los conducía a través de un conducto de acero oxidado totalmente recto que en ocasiones se desviaba hacia la derecha y en otras hacia la izquierda. Luego de una silenciosa caminata que duró aproximadamente unos cinco minutos; ambos llegaron hacia otra habitación muy parecida a la anterior. Con la diferencia de que en esta se encontraba un gancho de carnicería con un cronometro de mano; colgando del techo sobre una pequeña escalera compuesta por tres únicos peldaños en medio del cuarto y justo al lado; una barra de metal puesta sobre el suelo en cuyos extremos se encontraban atadas con un lazo dos cubetas de metal; una llena con un líquido que a primera instancia parecía agua tratada, mientras que en el interior de la otra; se hallaba una jeringa aparentemente ya usada y con la aguja tan oxidada como las paredes del mismo inmueble. A su vez, dentro de la misma; se podía encontrar una pequeña grabadora con un diminuto casete y una pequeña nota de "Reprodúceme" adherida a él. Y finalmente, una fotografía en blanco y negro manchada de sangre en la cual se podía observar a Candy gritando desesperadamente por ayuda; entretanto permanecía colgada de pies sobre una rebanadora de proporciones colosales.
—¿Qué son todas estas cosas? —Pacifica sintió un miedo terrible—. ¿Y por qué una grabadora? ¿Se le acabo el presupuesto? ¿Acaso no sabe de la existencia de los mp3?
—Pacifica por favor... —Dipper inspeccionó la foto, cinta y la grabadora con las manos temblorosas y sudorosas—. ¡Oh no...! Candy... Tengo un mal presentimiento sobre esto. Creo que no sabremos cual es la segunda prueba hasta que no reproduzcamos la cinta... Pero no tenemos otra opción si queremos seguir avanzando para rescatar a Mabel y a las chicas. —Aquí vamos.
Dipper colocó dentro de la pequeña grabadora la cinta y procedió a presionar el botón de reproducir. En un principio, la estática era fuerte, pero una vez aclarada, la inconfundible voz del sujeto que los tenía retenidos se hizo escuchar en cada uno de los rincones del lugar.
"Dipper, Pacifica... Hola de nuevo. Felicidades una vez más por haber concluido exitosamente la primera prueba. Sin embargo, el tiempo restante que tenemos para la diversión se ha visto reducido, así que sin más preámbulos ha llegado el momento de proseguir con nuestro pequeño juego y comenzar con la segunda prueba. En este nuevo juego el trabajo en equipo será esencial y determinante para sobrevivir. Sin embargo, también veremos que tan importante es para ustedes el significado de la palabra amistad en tiempos de guerra. De tal modo que esta noche vamos a descubrir lo que ambos serían capaces de hacer para salvar a aquellos que les importan. Su amiga Grenda está a salvo, pero como pueden ver en la foto, es la vida de su amiga Candy la que ahora se encuentra pendiendo de un hilo... Literalmente... Ella se encuentra colgando sobre una rebanadora por medio de un mecanismo de tiempo que yo mismo diseñé y la única forma de evitar que se convierta en picadillo es por medio del gancho que se encuentra colgando en medio de la habitación. Al tirar de él con el suficiente peso detendrá automáticamente el temporalizador. No obstante, la tarea no será tan sencilla como ustedes creen. Deberán utilizar la barra con ambas cubetas llenas y llevarla hasta el gancho, encontrar el equilibrio perfecto y soltarla para que el peso pueda ser capaz de liberar el mecanismo. Ahora se preguntarán... ¿Por qué una sola de las cubetas se encuentra llena? Bien... ¿Ven la jeringa dentro de la cubeta que está vacía? Si son listos no hace falta que les diga lo que tienen que hacer con ella, pero solo para estar seguro; deberán utilizarla para extraer la sangre de sus propias venas hasta llenar por completo la segunda cubeta de tal manera que iguale el peso de la primera. No traten de dividir el agua, ya que el peso será insuficiente. Quiero ver cuánta sangre son capaces de derramar por una amiga. Por cierto... ¿Les mencioné que solamente cuentan con solo diez minutos para lograr todo esto? Si no lo logran en ese lapso de tiempo, les aseguro que su amiga Candy lo pasará muy, muy mal. Una última cosa, si no son capaces de liberar a su querida amiga pagarán caro por su osadía, ya que el gancho también está conectado a otro mecanismo que mantiene en su lugar el piso sobre el que están. En pocas palabras, la plataforma que están pisando se abrirá y ustedes encontrarán su final en un lago de acero fundido. Cuando esta grabación termine el cronómetro que está adherido al gancho comenzará a correr. Su sangre y su valentía los separan de alcanzar la salvación. El destino está en sus manos. ¡Vivir o morir! La decisión es únicamente suya. ¡Que comience el juego!".
Cuando la cinta terminó, el sonido del cronómetro comenzó a correr a una velocidad vertiginosa fuera de este mundo. Dipper y Pacifica se miraron aterrados y confundidos, con sus corazones la tiendo a mil por hora. Por un breve momento, ambos niños se quedaron paralizados, inmóviles en su lugar sin saber que hacer ahora, si seguir las indicaciones del maniático que los había puesto en tal situación o no. Pacifica era la más asustada, sentía que estaba metida en una película de terror.
—Dipper... ¿Qué vamos a hacer...? —Alcanzó a pronunciar con un hilillo de voz.
—No... No lo sé... —Dijo, extrayendo la jeringa de la segunda cubeta—. No... ¿Cómo pudimos quedar atrapados en algo así...? ¿Por qué...? ¡No pienso aceptarlo!
A continuación, Dipper lanzó lejos la jeringa, la cual acabó por estrellarse contra una de las paredes cercanas.
—Dipper... —Pacifica colocó su mano sobre el hombro del chico—. No podemos hacer nada que no sea lo que nos dijo ese malnacido... —Agachó la mirada, apretó los dientes y sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas—. Tenemos que rescatar a las chicas o en diez minutos todos moriremos...
Dicho esto, Pacifica se quitó su extremadamente costosa chaqueta violeta para descubrir su brazo derecho.
—Debes extraer mi sangre...
—¡No! ¡No pienso hacerlo, Pacifica! Debe de haber otra forma... —Dipper negaba los hechos con todas sus fuerzas.
—¡No hay otra forma, Dipper! ¡Lo sabes! —Replicó con seriedad e impotencia.
—¡No! ¡No! ¡No! ¿Por qué...? ¿Por qué...? —Las lágrimas de Dipper tampoco tardaron en aparecer—. No quiero hacerte daño...
—Tienes que... —Pacifica se dirigió hacia donde se encontraba la jeringa para levantarla y colocarla en la mano de Dipper.
—Pacifica... Yo... No...
—No te preocupes Dipper... No sé qué efectos tendrá sobre mí... Pero si salgo viva de esta te mandaré la cuenta del hospital. —Se sonrió.
Dipper se hallaba en una situación completamente lunática. El miedo y la desesperación limitaban sus movimientos y su ritmo cardiaco. Él no quería hacerle daño a Pacifica, pero el bien sabía que el tiempo estaba corriendo y si no hacía algo pronto; todo para ellos terminaría. Entonces cambió de opinión.
—¡Olvídalo! ¡Lo haré yo mismo! —Dijo Dipper, alzando un poco la manga de su camiseta naranja para llevar la aguja de la jeringa hacia el interior de su piel.
—¡Espera, Dipper! —Pacifica lo detuvo a tiempo—. ¿Qué demonios crees que estás haciendo?
—Pacifica... No voy a permitir que hagas esto tú sola... Lo haré yo mismo... Usaré mi propia sangre para llenar esa cubeta...
—¿Estás loco? ¿Qué hay de tu hermana? No seas idiota y piensa en ella. ¿Quieres morir antes de salvarla? —Comenzó a forcejear con el instrumento médico.
—Pacifica... No tenemos tiempo para esto... Apártate y déjame hacer esto...
—¡No lo permitiré! —Gritó—. ¿Qué no escuchaste lo que acabo de decir? ¿Qué crees que diría tu hermana al ver cómo te estás comportando como un idiota?
—Este no es el momento para hablar de eso. —El forcejeo continuó hasta que ambos terminaron sobre el piso tratando de alcanzar la jeringa, la cual rodó por el piso—. Haría cualquier cosa por protegerla. No importa lo que sea.
Pacifica mordió el brazo de Dipper, lo cual le permitió alcanzar la jeringa y someter al joven Pines al colocarse encima de él.
—Tú no lo entiendes Dipper... —Se enfureció—. Jamás lo entenderías... Tú no sabes lo que significa perder a un hermano gemelo.
—Y supongo que tú sí. —Dipper habló sin fundamentos, creyendo que iba a recibir una respuesta completamente diferente a la que estaba a punto de atravesar de lado a lado sus dos oídos.
—¡Así es! —Pacifica volvió a estallar en llanto.
—Pacifica... Espera... ¿Qué acabas de decir? —Dipper dejó de luchar y colocó una expresión de incertidumbre.
—Tú no sabes nada porque nunca has tenido la mala fortuna de vivir con ese dolor... —Se desplomó sobre el chico—. Jamás has visto morir a una persona tan especial para ti frente a tus propios ojos sin poder hacer nada para remediarlo. Tú no tienes la menor idea de lo mucho que debes significar para Mabel porque nunca has vivido con el remordimiento de haber hecho algo tan terrible que vas a recordar hasta el último día de tu vida.
—¿Qué estás tratando de decir, Pacifica...?
—¡Quiero decir que eres un idiota! —Sus lágrimas cayeron pronunciadamente para desembocar sobre las chapeadas mejillas de Dipper—. Por ti y por tu hermana no puedo permitir que lo hagas... Y si para detenerte tengo que machacarte con mis propias manos lo haré... ¡No me importa!
Pacifica... —Dipper apretó los dientes. Sin embargo, en ese momento; una idea atravesó su mente como una bala perdida—. Espera... Lo tengo...
—¿Que quieres decir? —Pacifica se apartó y Dipper se levantó.
—Eso es... Sé cómo podremos salir de aquí sin perder una sola gota de sangre.
—¿Cómo? —Pacifica se mostró escéptica ante las palabras de Dipper—. ¿Estás seguro?
—Sí... —Volvió a decir—. Aunque... No sé cómo decirlo... —Empezó a jugar con sus dedos mientras se ruborizaba.
—¡Solo suéltalo de una buena vez! —Le recriminó—. Solamente nos queda la mitad del tiempo y no hemos hecho absolutamente nada para remediar esta situación.
—Bueno... Pacifica... Veras... —Su voz se entrecortaba.
—¿Qué es...? ¡Habla ya, Dipper!
Dipper comenzó a sudar excesivamente, pero después de haber cobrado una valentía sobrenatural y haber tomado una gran bocanada de aire finalmente se atrevió a compartir su idea con la joven rubia aún si eso significaba recibir un puñetazo por parte de la niña.
—Pacifica... Debemos quitarnos la ropa... —Cerró los ojos, esperando no recibir un buen golpe en la cara.
—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? —Pacifica se sonrojó hasta el máximo y casi se va para atrás al escuchar la alocada propuesta que el joven Pines le había hecho—. ¿Cómo se te ocurren ese tipo de cosas cuando estamos a punto de morir? Escúchame muy bien, Dipper. No sé quién demonios crees que soy, pero ni en mil millones de años trataría de cumplir con tus pervertidos deseos de preadolescente que está urgido por experimentar ese tipo de cosas. ¿Me oíste?
—Pacifica... No sé de qué rayos estás hablando, pero déjame terminar de contarte mi plan... No tenemos porqué extraer nuestra propia sangre para nivelar el peso de la primera cubeta, si usamos nuestra ropa y la metemos a la segunda cubeta estoy seguro que el peso será el suficiente para encontrar el equilibrio que necesitamos. Solo espero que la densidad del agua no sea un factor importante.
—¡Demonios, Dipper! —Se cruzó de brazos y le dio la espalda—. No puedo creer que se te haya ocurrido un plan tan tonto en un momento como ese. Espero que tu obsesión por verme desnuda no sea más grande que el deseo por salvar a tú hermana.
—¡Pacifica...! Enserio... No sé cómo se te pudieron meter esas ideas a la cabeza, pero este no es el mejor momento. —La cara de Dipper enrojeció por completo—. Además no es necesario quitarnos toda nuestra ropa. Si podemos conservar nuestra ropa interior será suficiente. Tú decides, mi plan o la aguja.
Pacifica abrió los ojos y se dio cuenta de que las palabras de Dipper tenían cierto ápice de sentido, ya que si optaban por seguir las ordenes de su captor ninguno estaría de acuerdo y tanto ellos, como Mabel y el resto de las chicas acabarían todos muertos.
—Está... Está bien... —El rubor de Pacifica se incrementó—. Lo haremos a tu modo... ¡Por dios!
—De acuerdo... Entonces...
—Date la vuelta y no te atrevas a mirar o te voy a pulverizar. ¿Entendido?
—Sí... De acuerdo... —Dipper sintió el miedo en su interior.
Acto seguido, Dipper y Pacifica sintieron una horrible vergüenza mutua. Sin embargo, no podían hacer otra cosa menos sangrienta para superar la segunda prueba. Dipper fue el que comenzó primero, removiendo su gorra, su chaleco y sus zapatos. Pacifica comenzó a hacer lo mismo y en menos de un minuto ambos se quedaron en únicamente en ropa interior.
—¿Y bien? —Dijo la chica—. ¿Qué esperas? ¿El año nuevo chino? Colócalo todo en el recipiente.
—Ya voy... —Dipper obedeció sin chistar y levantó toda la ropa para colocarla dentro de la cubeta. No obstante, el hecho de tener sus vidas contra la pared; no evitaba que se sintiera extraño al sentir la calidez en la ropa de Pacifica.
Una vez que la ropa de ambos se encontraba mezclada y apretujada dentro del tambo, Dipper cargó la barra y con extremo cuidado de no derramar nada; la llevó hacia la escalera para así subirla y llevarla hasta el gancho para colocarla y detener la marcha del mecanismo asesino. Pero cuál sería su sorpresa al descubrir que el gancho se encontraba demasiado alto como para que un chico de doce años pudiera alcanzarlo por su cuenta. Inclusive para alguien con la estatura de Wendy le costaría un poco de trabajo.
—No alcanzo... —Dijo al observar el cronómetro y descubrir que solamente le quedaban dos minutos para conseguir la hazaña.
—¿Como que no alcanzas? —Pacifica se acercó con un poco de pena.
—El gancho está muy alto. No logro alcanzarlo. ¡Maldición! Si tan solo fuera más alto.
—Ya se. —Pacifica declaró—. Creo que no habrá de otra. Dipper, dame la barra.
—¿Qué estás pensando?
—Dame la barra, Dipper. Yo la sujetaré. A esto se refería ese idiota cuando mencionó que esta prueba requeriría de nuestro trabajo en equipo. Tendrás que levantarme para que pueda alcanzarla. Agáchate y trata de levantarme sobre tus hombros. Así seré capaz de alcanzar el gancho y colocar la barra antes de que el tiempo termine. ¡Rápido! ¡Hazlo de una buena vez!
—De acuerdo...
Dipper se sintió horriblemente incomodo al agacharse y colocarse por debajo de las piernas de su acompañante. En cuanto lo hizo, subió lentamente hasta levantarla poco a poco. Por un momento, Dipper creyó que le costaría un enorme esfuerzo poder levantar el peso de Pacifica en conjunto con el de la barra y las dos cubetas, pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta que no resultaba tan sofocante. Parecía que todas esas pesadas tareas y trabajos arduos bajo el sol que su tío Stan le había hecho pasar desde que arribó junto con Mabel a Gravity Falls; finalmente estaba dando sus frutos. Dipper se alzó por completo, sujetando fuertemente las piernas de Pacifica mientras que la chica se encargaba de acomodar la barra con las dos cubetas para encontrar el equilibrio perfecto. Sin embargo, los segundos seguían avanzando y ahora solo contaban con treinta segundos para conseguirlo.
—Pacifica... No es por asustarte, pero tienes que darte prisa... —Dijo Dipper al mirar de reojo el tiempo restante.
—Dipper, no logro equilibrarlo... —Pacifica comenzó a desesperarse.
—Veinte segundos... Pacifica date prisa por favor... —Dipper la presionó al sentir que el tiempo se les acababa.
—No lo encuentro... —Pacifica lucía desconcentrada y a punto de tener un ataque de nervios—. ¡Maldita barra! ¡Quédate quieta!
—¡PACIFICA! —Dipper gritó con todas sus fuerzas—. ¡HAZLO YA!
Justo cuando faltaban solo diez segundos para la culminación del tiempo, Pacifica realizó una rápida maniobra y procedió a quitarse sus caros pendientes elaborados con diamantes reales y procedió a echarlos a la cubeta llena de agua. En ese momento, soltó la barra y esta se quedó completamente inmóvil. En ese momento, el gancho descendió y por medio de un "Clic" ambos chicos notaron como una compuerta escondida justo en la pared de acero de enfrente se abrió de forma automática para revelarles la ruta de salida que debían seguir. Pacifica descendió lo más rápido que pudo y jaló a Dipper del brazo para que la siguiera hacia el exterior de la habitación. Entonces, en el instante en el que ambos dieron el último paso; el piso se colapsó, consiguiendo que todo aquello que estuviera sobre el mismo cayera en el interior de un contenedor repleto de acero fundido y abrasador.
—Lo... Lo logramos, Pacifica... —Le sonrió dulcemente mientras respiraba con dificultades.
—Sí... Eso parece... —Tosió un poco y le devolvió la sonrisa—. Vencimos la segunda prueba...
—Sabía que podíamos hacerlo... —Dipper se adelantó y le dio un cálido abrazo, uno que Pacifica por supuesto no rechazo por ningún motivo sino hasta que recapacitó y recordó que ambos estaban en ropa interior, ya que pudo sentir con sus manos la espalda desnuda del joven Pines.
—¡No me mires, pervertido! —Pacifica se molestó, se alejó unos cuantos centímetros y se cubrió el pecho con sus manos al cruzarlas.
—Lo siento... No fue mi intención... —Dipper se dio la vuelta para no mirarla directamente.
—¿Y ahora qué? —Preguntó la chica rubia.
—Supongo que debemos seguir por este nuevo camino. —Dijo, al señalar el oscuro pasillo que por instinto debían seguir para continuar con su travesía—. Pero antes necesito hablar muy seriamente contigo. Necesito que me aclares lo que dijiste allá atrás. Si no me equivoco y basándome en tus palabras... Tú también tuviste un hermano gemelo... ¿No es así? Entonces dime, Pacifica... ¿Qué fue lo que ocurrió con él? ¿Acaso tuviste algo que ver?
Continuará...
Fin del capítulo, ahora saben a qué me refería con lo de "Pasado oscuro". Bueno, espero que les haya gustado y si así lo desean pueden dejarme un review para conocer su opinión. Hablando de reviews muchas gracias por haberse tomado su tiempo de haberme dejado uno, los leo y respondo todos con excepción de los que no poseen una cuenta en fanfiction, por más que quisiera responderles la pagina no me lo permite ¬_¬
Que tengan una buena semana, nos vemos hasta la siguiente actualización, ¡Chao!
