Hola a todos y a todas, gracias a la peligrosa amenaza de MariaLaura tuve que continuar ésta historia! No quiero sufrir su furia! Jaja muchas gracias hermosa :3
De igual manera agradecerles infinitamente a ustedes lindas lectoras, por responder con su sincera opinión, beshos para todas :* me volveré una acosadora besucona :P
Sin más aprovechando que ando de vacaciones y sólo la tesis me consume (casi nada) ando dándole trabajo a mis dedos, también ando trabajando en la conti de Tú, mi destino. Un abrazo inmenso a todas y cada una de ustedes y gracias de nuevo! Aquí les va :D
Disclaimer: Los personajes utilizados en ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
EN LA OSCURIDAD
Cap. 2
La cena con el hombre misterioso
La hermosa mujer de mirada azul se mordió el sensible labio inferior por tercera vez aquella noche en un exiguo intento por apaciguar la inquietud arremolinada en su vientre; se repitió, por cuarta o quinta vez, que sólo se trataba de una cena con Regal, finalmente le dijo que así se llamaba, tan solo una simple cena a modo de disculpa por haberla besado descaradamente en el baño de la mansión de los Inoue durante la fiesta. Recordó que ni siquiera tendría que haber estado allí, no le gustaban las fiestas, se lo había dicho un montón de veces a Yamcha, y él lo sabía. Pero como señora de Yamcha Shirota, afamado empresario y cirujano amigo de la familia, debía asistir para dejar a su marido en buen lugar, que todos vieran que ella era una bonita y educada esposa, criada por la elitista familia Brief. Era una mujer con pedigrí...
El flamante automóvil que Regal había enviado para buscarla se detuvo a pocos metros del restaurante. Al menos, pensó con alivio al ver el lugar, estaría rodeada de gente y no tendría que lidiar a solas con alguien como él, un hombre que le provocaba escalofríos sólo con pensar su nombre, aunque dudaba de si era el verdadero. Todavía recordaba la forma en que la había mirado, descaradamente y de forma tan ardiente en mitad de un montón de gente; luego la había arrinconado en el baño y había estado a un paso de meterle las manos bajo la falda. Qué irresponsable había sido ella al no detenerle antes, qué temeraria, qué descarada. Incluso se había aferrado a su chaqueta y había abierto los labios para él. ¡Qué indecente!
Bulma sintió que se le habían prendido las mejillas y respiró hondo. Regal era un hombre sucio y lascivo, pero era un caballero después de todo. Si aceptó reunirse con él fue, simplemente, para aceptar sus disculpas y dejarle claro que entre ellos no había ocurrido nada, tan solo habían cometido un desliz y algo así no se volvería a repetir nunca. Jamás. Por supuesto que el calor que le inflamaba los pensamientos cada vez que recordaba su boca exigente y sus viriles labios no tenía nada que ver con él. Como cabía esperar de ella, no deseaba de ese modo a ese hombre porque ella ya tenía a su marido, aunque jamás lo haya amado y aunque su matrimonio haya sido simple conveniencia.
Y, por supuesto, tampoco existía ninguna relación con ese hombre y las malas noches de los últimos días, noches en las que pasaba las horas removiéndose inquieta en la cama y despertando con el cuerpo temblando, cubierta de sudor y un dolor pulsante e insoportable entre las piernas. Regal no tenía nada que ver con todas estas reacciones en su cuerpo. Nada. Ni siquiera era el culpable de que rechazara las caricias de su marido, porque nunca sintió nada con él...
El chófer personal del maldito Regal O. (como le había dejado saber cuándo le envió esa invitación) abrió la puerta trasera y el frío de diciembre enfrió su rostro ya caliente, aclarándole los pensamientos. No se sentía atraída por él. Por supuesto que no. Se deslizó suavemente por el cuero de la tapicería e ignoró con presunción la mano que el empleado le tendía para ayudarla a salir. Tantos buenos modales (la invitación, el coche, hasta un ramo de flores) empezaban a ponerla de los nervios, Yamcha no era tan atento, era más bien práctico, pero eso no hacía mejor hombre Regal. El chófer cerró la puerta y la siguió hasta la puerta del restaurante, adelantándose rápidamente para abrir y cederle el paso al interior del lujoso local. Bulma lo fulminó con la mirada y el conductor le sonrió tocándose el ala de la gorra negra del uniforme. Tal muestra de arrogancia económica por parte de aquel estúpido rico le empezaba a resultar muy cargante. Ya dentro, el chófer, por fin, regresó al coche y el meserose aproximó con su elegancia y sus buenos modales a la señorita Brief para conducirla junto al hombre que la esperaba.
La mesa que él había reservado para la cita estaba en el piso superior, un lugar especialmente acondicionado para ofrecer intimidad a los comensales. Bulma quiso morir de calor cuando descubrió que cenarían apartados de los demás clientes en una mesa situada junto a un espléndido mirador que ofrecía una sobrecogedora vista del patio ajardinado y la luna llena de aquella noche, cuya luz impactaba directamente sobre los platos y las copas.
Y sobre los hombros de él.
Se encontraba de pie, con las piernas separadas y las manos detrás de la espalda, los hombros rectos y la espalda estirada. Un traje negro a medida se ceñía a su poderoso cuerpo como una segunda piel, enfundándolo en elegancia, rectitud y soberbia. La señorita Brief se estremeció y durante un momento, creyó que no se sostendría por las piernas. Un aluvión de sensaciones invadió su espíritu cuando se encontró con la mirada de Regal : profunda y misteriosa, como si los matices oscuros de sus ojos escondiesen mil secretos. No tuvo ninguna duda de cuál era el sentimiento que ese hombre profesaba por la señorita Brief: pura, llana y posesiva lujuria. No era una mirada sucia, era una mirada ardiente y apasionada. Se mordió el labio inferior, de nuevo, para calmar la ansiedad que le contrajo el vientre y le paralizó las piernas. Un rugiente e implacable deseo le recorrió el estómago, deshaciéndose en lenguas de fuego por su cuerpo.
Bulma supo en ese mismo instante que él conocía exactamente las sensaciones que recorrían su cuerpo y descubrió, para su horror, que disfrutaba viéndola así, deshaciéndose lentamente por él. Se le encendió la cara y él sonrió con aprobación, observando atentamente el color rojo de sus pómulos. Ella sintió que el centro de su cuerpo comenzaba a palpitar y su piel se prendió como una hoguera hasta abrasarle la garganta. No fue capaz de articular una sola palabra, de su boca solo surgió un hondo suspiro. En cuestión de segundos su mente empezó a divagar y a fantasear igual que la primera vez que le vio en la fiesta, solo que ésta vez no había nadie para sacarla de su estado de enajenación.
- Yo también me alegro de volver a verla, señorita Brief.
Su voz se le metió por debajo del vestido y la acarició suavemente en un lento descenso hacia el interior de sus muslos. Bulma tuvo la impresión de que se desmayaba. Vio al hombre aproximarse a ella con pasos lentos, casi desganados y puso una mano en la parte baja de su espalda, empujándola con suavidad para acompañarla hacia la mesa. Debido al contacto fue capaz de reaccionar y sacudió la cabeza para salir del trance. Fue consciente de la mano de Regal en su espalda y el calor le subió hasta la nunca, el corazón se le aceleró y bombeó furiosamente contra sus costillas, la respiración se le atascó en la garganta y se quedó momentáneamente sorda.
Dio un traspié, pero allí estaba él para sostenerla, fundiendo la palma de la mano contra su vientre. El calor estalló justo bajo la palma del hombre y se catapultó hacia la débil fuerza de voluntad la mujer de mirada azul. La cercanía le permitió percibir el aroma propio del hombre, inundándole la mente con una corriente de fuego que enturbió sus pensamientos, cubriéndolos con una sofocante niebla de lujuria que no la dejaba pensar. Recordó con exactitud el momento en que se vieron por primera vez y rememoró su desvergonzada actitud cuando llegó a casa esa misma noche.
Su vestido de noche todavía tenía impregnado el aroma de él y hundió el rostro entre los pliegues de la prenda para aspirar aquel olor tan delicioso, tan agradable, tan magnífico, sintiéndose tan excitada que dolía. Se acarició la piel que él había tocado, notando como incluso su cuerpo olía a él; los labios que él había besado tenían el sabor de su boca y los lamió para captar el matiz picante. Incapaz de ponerle remedio a su deseo, se refugió en el cuarto de baño para darse una ducha de agua fría. No sirvió de nada.
- ¿Se encuentra bien? – preguntó, mirándola con detenimiento.
Le costó unos minutos recuperar la noción de la realidad.
Levantó el rostro con una frase atascada en la garganta y se encontró a escasa distancia de los ojos de ese hombre, dos orbes tan oscuros que sintió perderse en ellas, la estudiaban con atención y deseo. Estaba preocupado, sí, pero sus ojos se habían oscurecido aún más y sus pupilas dilatado, y Bulma pudo verse a sí misma reflejada en esos iris tan profundos y atrayentes. Bajó la mirada por su rostro, por su fina y elegante nariz griega, hasta llegar a la curva de sus labios, una boca exigente y recia que era lo que parecía. Bien sabía ella cual era la dureza de esos labios y la rugosidad de la lengua. Deseó que él volviera a besarla y sentir esos labios otra vez.
- Siéntate, por favor - pidió él. Ella lo hizo.
No recordaba haber llegado hasta la mesa. Tampoco escuchó la conversación entre el Regal y el mesero porque estaba sumida en una profunda y trascendental reflexión interna sobre las reacciones tan increíbles e involuntarias que tenía su cuerpo. Estas cosas no ocurrían con su marido, ni con ningún otro hombre, ni siquiera cuando fantaseaba. Sólo se inquietaba de esta forma tan irracional cuando estaba cerca de Regal. ¿Por qué?, pensaba angustiada. Se removió en la silla, solo para ser consciente de dónde se estaba metiendo, sabía que estaba haciendo mal. Ahogó un jadeo y cogió la carta de vinos, tratando de controlar a su imaginación y además, hacer sólo lo permitido. Estaba demasiado sensible aquella noche y tenía toda la piel erizada. Aquellas reacciones tenían que tener una explicación.
- Me he tomado la molestia, señorita Brief, de elegir un vino blanco para la cena. ¿Le parece adecuado?
La pregunta volvió a meterse bajo su traje como unos dedos traviesos. Tragó saliva, inspiró hondo y dejó la carta sobre la mesa. Tenía que recuperar el control de la situación.
- Me parece adecuado, Regal - intentó sonar calmada y segura de sí misma, pero por dentro temblaba.
- Relájese, Bulma. No voy a hacer nada que usted no quiera que haga, no hay razón para sentirse inquieta - dijo él entonces. Parecía leerle no sólo el pensamiento, sino el alma; y parecía complacido y gratamente satisfecho verla en ese estado tembloroso. Desvió sutilmente la mirada por su cuerpo y sus pechos ardieron cuando los ojos del hombre se pasaron sobre ellos, deseando recibir otra mirada como aquella. Y una caricia de sus fuertes manos. Y un beso de sus duros labios.
Arrugó entre las manos la servilleta de tela tratando de aliviar la tensión y, descuidadamente, la puso sobre su falda, alisándola mientras pensaba alguna réplica. Debería haber elegido un traje que ocultara más su pecho, algo más holgado y menos ceñido. Incluso podría haberse quedado en casa y aliviar su excitación de alguna manera, negando una y mil veces que su lujuria solo podría ser satisfecha por ese maldito hombre que estaba junto a ella y era absurdo.
- No estoy inquieta- contestó con frialdad - Sólo quiero terminar con este circo lo más pronto posible.
- De nuevo, le ruego que acepte mis sinceras disculpas, señorita Brief...
- No vuelva a llamarme señorita Brief. Soy la señora Shirota.
- Para mí, sigues siendo la señorita Brief - terció el hombre clavándole otra de sus penetrantes miradas. Se sintió cómo si la estuviera reprendiendo, como si fuese una niña pequeña.
- Ya vuelve a ser usted un desagradable, señor O, ¿Acaso podré saber su apellido, al menos?
- Sólo cuando sea prudente, señorita Brief, ¿No le parece suficiente información para ser nuestra primera cita?
- ¡No es ninguna cita! Soy una mujer casada que le quede claro - pronunció ella en voz baja. Una mezcla de furia y vergüenza subió por su cara, supo con toda certeza que había enrojecido hasta las orejas y rezó porque él no pudiera notarlo; imposible, tenía la piel tan blanca que cualquier cambio era tan evidente como una macha de vino sobre un inmaculado mantel - No me encuentro bien. Discúlpeme un momento.
El hombre se levantó cuando ella se puso de pie, pero Bulma se giró rápidamente para evitar cualquier cosa que él pudiera decirle o cualquier gesto que pudiera hacerle o ver cualquier mirada que pudiera echarle. En realidad, él se había levantado como buen caballero siguiendo las más estrictas normas de etiqueta en deferencia a ella, pero ella lo tomó como otra cosa y prácticamente corrió en busca del servicio de damas para esconderse.
En el fondo, muy en el fondo, sabía que nada impediría a Regal o como sea que en verdad se llamase a volver a acosarla en un baño para señoritas. Sólo esperaba que tuviera la elegancia de no hacerlo en un lugar público y también esperaba ser lo suficientemente madura como para evitar que algo como eso suceda, después de todo, había averiguado algunas cosas sobre él a través de sus amigas, como que era un hombre soltero a sus veintisiete años, un extranjero, empresario e inversionista virtuoso y también conocido entre las damas de sociedad como el inalcanzable Regal, pero algo la detenía a pensar, ¿Por qué no se habrá casado hasta ahora? no era común ver a un hombre de esa edad aún sin una familia y él era demasiado guapo y atractivo, si lo era para ella sabía que lo sería para cualquier mirada femenina, aunque ella se casó hace tres años por conveniencia ¿Ya estaba casada, no? No podía flaquear de ésta manera ahora.
Si alguien se enterase de lo del baño en casa de los Inoue o de que ahora mismo había aceptado cenar con él, sería un gran escándalo para su familia y para Yamcha, que a pesar de no amarlo, le agradecía que haya ayudado a su familia en aquella crisis económica en la que casi lo pierden todo, pero aunque había tratado no se había podido obligar a sí misma a amarlo y en el fondo sabía que era vulnerable ante este hombre ¿Por qué? No sabía explicarlo con exactitud, pero una realidad tan tonta, que se sintió frustrada y confundida.
