Hola a todos y a todas, gracias por sus reviews en el capítulo anterior, aquí les dejo la continuación, está algo subida de tono lo sé! Jajaja pero pues a algunas de ustedes les gusta xD por ahí lo leí en los comentarios y además los PM! :P abrazos y besos infinitos para todas y cada una de ustedes linduras, nos leemos pronto!
Disclaimer: Los personajes utilizados en ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
Advertencia: Lenguaje explícito y posible lemon, si eres menor de 18 años no lo leas! O bueno, bajo tu responsabilidad.
EN LA OSCURIDAD
Cap. 5
Fantasías de mujer
Allá abajo, en el escenario, tenía lugar una maravillosa representación de danza clásica. Arriba, en uno de los palcos, el hombre misterioso se preguntaba por qué se estaba comportando como un humano civilizado en lugar de liberar su naturaleza salvaje. Se repitió una vez más que lo hacía por ella, Bulma no merecía ningún escándalo ni nada que pudiera avergonzarla. Era una humana muy sensible y Regal percibía su dolor con facilidad. Sus almas estaban conectadas de alguna manera, estaba seguro de ello, él era un lobo y ella la luna a la que veneraba todas las noches.
Sentía su emoción a un palmo de distancia. Bulma estaba sentada a su lado observando fascinada el ballet, con los ojos azules brillantes y muy abiertos, y por primera vez en toda la noche parecía animada. Se la veía feliz como una niña.
Estaba tan cerca que Regal podía alargar la mano para acariciar la piel de su pálido brazo desnudo y comprobar como el tacto de sus dedos provocaba estremecimientos en el cuerpo femenino. Reprimió el deseo de hacerlo, no sabía si sería capaz de resistirse a poseerla allí mismo. El teatro entero escucharía los gritos de Bulma por encima de la música de la orquesta si la llevaba al orgasmo.
Solo tenía que esperar dos horas más para tenerla bajo su completo dominio. Un poco más y ella sería completamente suya. Y no sólo su cuerpo le pertenecería, también su alma, cuando amaneciera la señorita Brief se habría enamorado de él sin remedio. Regal estaba convencido de ello.
Mientras dejaba pasar el tiempo (jamás había sido un amante del ballet), pensó en cómo harían el amor cuando estuvieran a solas. Pronto, muy pronto, ella estaría desnuda al completo entre sus brazos y él podría besar cada centímetro de piel por explorar. La fiebre habría subido unos grados la temperatura de Bulma, toda su piel estaría caliente, ruborizada y sensible. Sus pechos eran deliciosos, calientes y vibrantes, lo del coche había sido un delicioso aperitivo que anhelaba volver a probar. Deseaba morder sus tiernos pezones hasta que ella se doblara de placer, besar su vientre y sus muslos, lamer su intimidad para degustar la savia que manaba de ella. Se moría de deseo por tomarla de todas las formas posibles, comprobar su resistencia y averiguar qué cosas la excitaban y cuales la incomodaban.
Quería explorar sus límites, ponerla a prueba, mostrarle las cosas que un hombre debe hacer para divinizar a una mujer. Además, Regal no se conformaría con una sola vez. No, esa noche no se limitaría a poseerla una única vez, lo haría durante horas. Se zambulliría en ella, en su interior, en su boca, dónde fuera, hasta que su esencia masculina se le quedara grabada en la piel. Derramaría su semilla sobre ella, dentro de ella, empaparía sus entrañas y engendraría a sus cachorros esa misma noche. La colmaría de gozo y retozarían sin medida, hasta que ella se ahogara en un placer interminable y el fuego abrasara su cuerpo.
La miró de reojo y se deleitó con sus pechos. Deseaba desnudarlos y saborearlos otra vez. Lo haría muchas veces ésta noche. Estaba convencido de que con su sensibilidad sería capaz de lograr llevarla al orgasmo tan solo besando sus pechos. Entonces recordó que le había arrancado la ropa interior y que se la había guardado en el bolsillo. Se removió incómodo preguntándose cómo podía seguir estando tan excitado y mantener la cabeza fría para pensar en todo lo que estaba pensando. La música lo estaba sacando de quicio y la lentitud en el desarrollo de la función acabó desesperándolo. Pero tenía que aguantar. No había planeado lo del ballet, serían las dos horas más largas de su existencia y tenía que soportarlas aunque a él le parecieran dos horas desperdiciadas que podría estar aprovechando en poseerla por completo. Pero ella necesitaba aquello. Y Regal necesitaba a Bulma en todos los aspectos.
«Primero, te desnudaré» pensó mirándola fijamente, lanzando sus pensamientos como si estuviese hablando con ella. Suerte que no podía leerle la mente porque se escandalizaría. «Después, comprobaré cómo serías capaz de acariciarte pensando en que te estoy tocando o que soy yo quien te posee. Luego abriré tus muslos, estimularé tu intimidad y por último te daré placer con dos dedos». Recordaba perfectamente su olor, tan dulce y potente que estuvo a punto de perder la cabeza. «Quiero escuchar como gimes mi nombre mientras te hago mía».
Bulma tembló y dejó de observar el ballet para mirarle a él. Sus ojos azules se habían oscurecido como una noche de tormenta. Regal se sintió descubierto pero no se avergonzó de sus pensamientos obscenos, le sostuvo la mirada y siguió enlazando fantasías.
«Sacaré mis dedos empapados y los lameré, te probaré. Luego haré que te arrodilles delante de mí para que… ».
No pudo seguir pensando, Bulma se había puesto roja y respiraba con dificultad.
—Deje de mirarme así, por favor —susurró con la voz quebrada— Hace que me sienta incómoda.
Regal O se agarró a los brazos de la silla para no saltar hacia ella. Había vuelto a las formalidades y eso lo volvió loco de deseo.
—No puedo no hacerlo, querida Bulma —respondió con dificultad— Estás muy hermosa. Y muy excitada.
Se ruborizó aún más cuando lo dijo. Se cogió las dos manos y observó la función.
— ¿Y usted no? —preguntó ella sin mirarle.
—Me muero por ti, mujer. Ya te lo he dicho.
—Entonces, ¿qué estamos haciendo aquí? —Preguntó señalando el escenario con la barbilla— Estamos perdiendo un tiempo precioso.
Regal sonrió de medio lado. Dudaba mucho que Bulma estuviera impaciente por comenzar un idilio con él.
—Estamos aquí para relajarnos un poco.
—No estoy relajada. Y usted tampoco.
—No me iré de aquí hasta que no acabe la función. ¿Estás impaciente por marcharte conmigo? —provocó con una media sonrisa.
—Lo cierto es que cuanto antes empecemos, antes podremos ponerle fin.
—Querida, en cuanto estemos a solas, la noche no habrá hecho más que comenzar. Lo nuestro nunca tendrá fin.
Bulma apoyó las manos sobre el palco y se centró en el ballet, alejándose de Regal. Él no pudo seguir aguantando aquella tortura y alargó la mano para tocarle el brazo. Ella lanzó un suspiro caliente.
—Yo hacía antes eso —comentó ella señalando a la bailarina que en ese momento se equilibraba sobre la punta de un pie— Tenía ese dominio sobre mi cuerpo. Ahora soy demasiado torpe.
Regal la ignoró y subió la mano por el interior de su brazo, trazando una caricia ardiente. Bulma cerró los ojos un momento. Cuando los abrió se centró en el baile y no en el hombre que la acariciaba.
—Usted me hace arder —siguió hablando— Me gusta que me toque los pechos. Desearía que me tomara aquí mismo, en este palco, delante de toda esta gente.
— ¿Querrías eso de verdad? —preguntó Regal.
Abandonó la picante caricia de su brazo y deslizó los dedos por el costado de su vestido hasta encontrar el cierre lateral. La deslizó hacia abajo con lentitud, luego metió la mano en el interior y le cubrió un pecho por encima del encaje del sujetador. Ella se quedó sin respiración pero no abandonó su atención al ballet.
— ¿Quererlo de verdad? —Preguntó, como para sí misma— Sí, lo quiero. ¿Sería sensato? En absoluto. Sería un escándalo.
Le atrapó el pezón con los dedos y apretó. Ella gimió. Regal la miraba esperando a que ella volviese el rostro para mirarle a él pero estaba demasiado pendiente de la función. La música creció entonces, el hombre deslizó el encaje hacia abajo para tocar la piel de su seno turgente y erizado. Acarició su pezón entre los dedos notando lo caliente y duro que estaba. Lo pellizcó. Ella permanecía impasible como si no sucediera nada, a pesar de los temblores que la recorrían.
—Es la primera vez que me muerden los pechos —confesó con voz trémula.
— ¿Y te ha gustado?
—Sí. Me ha gustado. ¿Y a usted?
— ¿Si me ha gustado tener tus pezones en la boca? Estoy deseando hacerlo otra vez.
Apretó su pezón con demasiada fuerza, hasta hacerle daño.
—Ay —gimió Bulma.
Su quejido sonó por encima de la música para Regal, estaba tan pendiente de las reacciones de la mujer que no veía nada más allá de su cabello azul y la piel rosada de sus mejillas.
— ¿Alguna vez has tomado a un hombre con la boca? —le preguntó aflojando la presión en su pezón para luego volver a apretarlo. Lo retorció con suavidad mientras ella pensaba la respuesta.
—Lo cierto es que no.
— ¿Te gustaría?
—Sí.
— ¿Y qué más cosas te gustaría hacer, Bulma?
—No deberíamos hablar de eso pero…me gustaría llegar al orgasmo sobre ti —dijo en voz baja. El hombre inspiró hondo y se agarró a su pecho como si ella fuese a caer y no tuviera otro lugar del que agarrarla. Notó que su bestia reaccionaba ante las declaraciones de Bulma y su cuerpo creció hasta que se le clavaron todas las costuras del traje. La corbata le apretó y en el interior de sus pantalones, su miembro palpitó. Bulma se estremeció pero en lugar de arredrarse, lanzó una confesión tras otra de manera indiscriminada— También me gustaría sentir tu esencia sobre mi piel. ¿Es caliente? ¿Es verdad que puede quemar? Porque deseo averiguarlo. Quisiera conocer el sabor de un hombre. Tocarlo. Excitarlo. Besarlo… ¿Puede usted enseñarme todas esas cosas, Regal o cómo debería llamarlo?
Se volvió para mirarle. Él se quedó paralizado, su bestia rugía en el interior de su cuerpo, agitada y excitada, y por un segundo pensó que ella lo habría visto. Pero Bulma no pareció asustada, sus ojos azules eran de un tono oscuro como unas nubes de tormenta y la tempestad de sus anhelos estuvo a punto de arrasarlo. Retiró la mano de su pecho y volvió a subir la cremallera de su vestido en la demostración de autocontrol más increíble de su vida. No quería enseñarle esas cosas aquí, quería hacerlo en un lugar especial.
—Lo haré, Bulma. En cuanto termine la función.
Ella pareció decepcionada. Se volvió hacia el escenario y pasó la siguiente hora observando la función. Regal clavó las uñas en los brazos de la silla y miró hacia el techo del palco, hacia las pinturas allí dibujadas, mientras trataba de dominar a la bestia interior que clamaba salir para aparearse con Bulma. No quería ser un salvaje con ella, quería ser un hombre.
Cuando los aplausos inundaron el teatro, Regal aflojó los dedos uno a uno hasta liberar los brazos de la silla. El final de la función acababa de llegar y era hora de cumplir con su palabra. Bulma se levantó para aplaudir con mucho entusiasmo y Wolf se puso en pie casi de un salto para agarrarla de la cintura.
—Es hora de marcharse —murmuró con una voz tan grave que erizó los brazos de Bulma.
Regal no lo pudo aguantar más, abrió de nuevo el cierre de su vestido y la arrastró al interior del palco escondiéndose entre las pesadas cortinas. Metió la mano por el hueco del traje, en lugar de tocar sus pechos deslizó la palma caliente por su vientre hasta desaparecer entre sus piernas. Bulma se tragó la lengua cuando él acarició su intimidad con los dedos. Estaba empapada. Hundió la cara en su cuello para no volverse loco, el tacto cremoso de sus pliegues hizo rugir a su bestia, el fuego de su deseo creció hasta convertirse en un incendio.
— ¿Regal…qué pasa…? —murmuró ella, avergonzada y rendida a partes iguales.
Incapaz de contestar a su pregunta, trazó una intensa caricia entre sus pliegues, presionó su zona más erógena con la palma de la mano y la penetró con fuerza. Bulma ahogó un grito de sorpresa y de su intimidad brotó una cálida humedad que empapó la mano de Regal. Apretó los muslos asustada por la violenta actitud del hombre pero cuando el placer arreció separó las piernas y él pudo penetrarla con un segundo dedo.
—Bulma —gruñó él apretándola contra su cuerpo— Quiero que llegues al orgasmo sobre mi mano ahora mismo.
Ella se llevó una mano a la boca y se vino a abajo. Un tenso orgasmo la recorrió de pies a cabeza. Regal absorbió sus temblores, cerró los ojos y se empapó con las sensaciones que brotaron de ella. Notó la palpitación de su interior en los dedos, apretaba con tanto anhelo que él pensó que le arrancaría la mano por la forma con la que cerraba las piernas y se estremecía con el placer que le acababa de proporcionar. Cuando cesaron sus temblores, sacó la mano y se llevó los dedos a la boca. Una explosión de sabores inundó su paladar, gimió ante la insólita dulzura de su néctar y la abrazó con fuerza mientras ella jadeaba exhausta tras el estallido del orgasmo.
Pasaron unos minutos antes de que alguno de los dos pudiera asimilar lo que había pasado. Bulma se subió el cierre del vestido y dio un paso para que Regal la liberase. Se puso el abrigo, cogió el bolso y salió al pasillo. Él se llevó las manos a la cara, todavía aturdido, todavía excitado y confundido, con el sabor de Bulma abrasándole la garganta. Tras unos angustiosos minutos, se recompuso y salió al pasillo.
Pero ella ya no estaba.
Nunca en su vida se había sentido tan avergonzada ni arrepentida. Arrojó lo que acababa de suceder a un rincón de su mente y puso una barrera para impedir que el recuerdo regresara a su memoria. Sin embargo su cuerpo aún conservaba aquel acto tan lascivo, sus muslos empapados se rozaban al caminar y la falta de ropa interior causaba dulces corrientes sobre su intimidad desprovista de cualquier protección.
Se sintió débil de voluntad, indefensa ante el deseo de un hombre que no era su esposo, esclava de sus propios sueños y esperanzas. El maldito hombre aquel acababa de ser testigo de su ansiedad y de sus anhelos, por eso también se sentía avergonzada. Él la había humillado con una caricia, su cuerpo había explotado sin control, había entregado algo muy íntimo a Regal y no se trataba solo de su placer. Él la había visto tal y como era, ¿qué más sería capaz de entregarle Bulma si decidía pasar la noche con él?
Salió al pasillo para mezclarse con el grupo de gente que abandonaba los palcos al finalizar la función. Corrió escaleras abajo consciente de que Regal podría seguirla en cualquier momento, intentando pensar en alguna excusa que darle para no resultar irrespetuosa con él. Lo llamaría por la mañana, con la cabeza despejada, después de hablar con Yamcha sobre lo que acababa de pasar. Sí, lo hablaría con su marido. No podía seguir así con él, no podía seguir sintiéndose tan desdichada. No quería un amante, no quería traicionar a Yamcha, no quería ser la mala en este cuento.
