Hola a todos y a todas! Perdonen por la demora, sé que no tengo perdón, no me odien! :C
Les contaré que he tenido unos días muy ocupados y se me hace muy difícil encontrar un tiempo para escribir. Pero bueno me di un pequeño break y acá ando, les agradezco infinitamente sus comentarios en el chap anterior! No odien al pobre Yamcha! Jajaja malas :P
En este capi vemos más el punto de vista de Bulma, espero sea de su agrado y contarles que a lo mejor quedan unos dos o tres capis más, depende de ustedes pechochas. Un abrazo enorme y nuevamente muchas gracias!
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
EN LA OSCURIDAD
Cap.11
Instinto de supervivencia
Estaba sola y ardía de pies a cabeza, no era tonta como para no darse cuenta de que Yamcha la había drogado y esto la llenaba de miedo, a pesar de todo, ahora sabía que nunca llegó a conocer realmente a su esposo. Tenía la cabeza embotada a causa de las intensas sensaciones que brotaban de entre sus piernas y no la dejaban pensar con claridad. Su cuerpo se estremecía sin control y no podía hacer nada por evitarlo, tenía las manos amarradas al cabecero de la cama y los pies en la misma situación. Estaba completamente inmovilizada y aturdida, a merced de una dulce y cruel estimulación que no deseaba, que en este preciso momento sólo era una tortura.
A medida que iba siendo consciente de su entorno, de la luminosidad de la habitación, de su cuerpo desnudo cubierto por una fina sábana, de las malditas sensaciones que rugían y ondulaban en su interior, los latidos en su corazón se fueron haciendo más y más fuertes. Alcanzó un punto máximo en el cual comenzó a sollozar en lugar de gritar para suavizar de alguna manera el tormento por el que estaba pasando. Se esforzó por normalizar su respiración después de ahogarse en una tristeza entre lágrimas y súplicas; nadie vendría a rescatarla, estaba en su casa, en su dormitorio y moría de angustia por volver a ver a Regal.
Se hizo a la idea de que Yamcha no la ayudaría, no la dejaría irse de su lado. Con la mirada clavada en el techo y el corazón resonando en los oídos, se fue calmando y trató de pensar detenidamente en lo que debería hacer para escapar.
Había tenido un vergonzoso orgasmo que no había sido capaz de refrenar. Estaba enfadada consigo misma, confusa y la frustración la había llevado a concentrarse en la búsqueda de alivio, en apaciguar la tensión de todo su cuerpo, dejándose llevar por los pensamientos y recuerdos de aquella noche más feliz de su vida, porque sí; Regal la había llevado al cielo. Pero el momento no era precisamente el más oportuno, necesitaba verlo, besarlo, dejarlo todo y entregarse a él, si tan sólo hubiese sido más inteligente y haber pensado mejor las cosas, no lo hubiese dejado.
—Maldita sea —sollozó, mordiéndose el brazo para sobrellevar la carga de deseo acumulado en su vientre.
Todavía se sentía un poco aletargada, a medio camino entre la vigilia y el sueño. Tiró de las ataduras para cerrar los muslos, así olvidar por un momento lo que sucedía, trató de forcejear con las manos y liberarse pero estaba demasiado bien atada, Yamcha era un desgraciado.
Respiró hondo. Aquel objeto funcionaba con pilas, en algún momento la batería tendría que agotarse, ¿no? En algún momento esta tortura llegaría a su fin, sí, a eso se aferraba. Sólo no estaba segura de poder sobrevivir mucho más tiempo, el afilado placer por el que caminaba era insoportable y no lo deseaba, en este momento le dolía el alma más que todo.
Sintió un temblor en los muslos cuando un nuevo orgasmo llamó a la puerta y se arqueó, tratando de retrasarlo lo máximo posible. Dolía demasiado.
De repente, la vibración, hasta ahora lentas y graves pulsaciones, comenzó a ir más deprisa. Su respiración se aceleró, se retorció tirando de las correas y encogió los dedos de los pies, pero nada pudo hacer para detener la oleada. Se le escaparon nuevas lágrimas mientras maldecía a voz en grito el doloroso placer que sacudía sus entrañas.
Bulma se derrumbó sobre la cama, moviendo las caderas para intentar aplacar la intensa vibración entre sus piernas.
—Por favor...ya basta, quiero irme de aquí —gimió, aunque sabía que nadie la escuchaba.
Igual que la vibración había aumentado en intensidad, se apagó. Bulma tardó en asimilar que el objeto había dejado de moverse.
Escuchó un murmullo en el interior de la habitación y se puso alerta. Todavía jadeaba, la satisfacción y el resentimiento inundaban cada célula de su cuerpo y solo quería huir. Alzó la mirada, borrosa por las lágrimas y cegada por el placer, y logró distinguir una figura.
« ¿Regal? O… ¿Yamcha?»
Se mordió la lengua. No quería mencionar ninguno de esos dos nombres, porque si se equivocaba, no se lo perdonaría. Deseaba que fuese Regal, él era con quien quería estar, la desataría y la apaciguaría. Pero también deseaba que fuese Yamcha, porque así, podría reclamarle el sufrimiento por el que la hizo pasar y aclarar todo de una buena vez. Parpadeó para enfocar al hombre y salir de dudas. Era alto, robusto y tenía el cabello de color negro. El alivio y la decepción se mezclaron a partes iguales.
—Yamcha... por piedad... suéltame...
Su esposo se acercó a la cama y se tumbó junto a ella, retirando entonces la sábana que la cubría. Se estremeció, estaba indefensa y expuesta en cuerpo y alma. El calor que desprendía el cuerpo masculino la asqueó, estaba demasiado sensible y odiaba a Yamcha con toda su alma en estos instantes.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó él. El ronco sonido de su voz removió las brasas de su interior.
—¿Es una broma verdad? —Chilló ella ladeando la cabeza para mirarle a la cara— Suéltame de una vez Yamcha... quítame ésta maldita cosa o sino... —Yamcha alzó un pequeño dispositivo y la vibración regresó— ¡No! No, por favor...
—Estás muy hermosa, Bulma —susurró él acariciándole la sensible piel del interior del brazo con los labios. Ella se estremeció cuando una horrible sensación se posó en su pecho, tenía un mal presentimiento, estaba tensa y preocupada en partes iguales.
—Déjame en paz... Por favor... —exclamó cuando Yamcha le acarició el cuello— Suéltame… ¡déjame ya!...no me toques.
Pero Yamcha hizo caso omiso y siguió acariciándola, estaba equivocada si por un momento pensó que podría hacerle entrar en razón, Yamcha había perdido el juicio por completo, necesitaba escapar, huir lejos.
— ¿Por qué me haces esto? —aulló, retorciéndose para apartarse del contacto de Yamcha.
—Porque te quiero, Bulma —respondió su marido abalanzándose sobre ella. Inclinó el rostro y la cubrió con los labios, forcejeaba con ella pues al parecer ella no quería sus caricias— Y quiero que me relates con detalle todo lo que ese hombre te hizo para querer abandonarme por él.
—Estás enfermo, no te diré nada... ¡Suéltame!
Bulma no pudo reprimir el llanto, pero pronto descubrió que no era eso lo que Yamcha quería de ella. No quería sus lágrimas ni su dolor, decía en serio lo de escuchar todas las cosas que había hecho con Regal.
—Dime, Bulma, todo comenzó con una cena, ¿verdad?
Decidió que debía ganar tiempo, una extraña sensación la invadió, necesitaba mantener a Yamcha alejado de ella lo más posible.
—Me invitó a cenar y acepté, sí —reconoció con la voz seria. Yamcha emitió un gruñido que la puso aún más tensa mientras pasaba las manos por su cintura, se acercó a su cuello nuevamente y lo lamió, como un gato bebiendo agua. La aspereza de su lengua provocó una intensa sensación de repulsión y gritó totalmente angustiada, necesitaba alejarlo — Solo quería ser educada, él me debía una disculpa y si seguía rechazándole, me acosaría y tú te enterarías, en un primer momento quise evitar eso —comenzó a hablar muy deprisa para que Yamcha dejara de tocarla con esa voracidad. Trató de relatar con detalle toda la cena, la conversación que tuvieron, pero le daba demasiada vergüenza reconocer todas las cosas que le dijo a Regal, eso era algo que Yamcha jamás debería saber, no le correspondía.
Aquella conversación había sido perturbadoramente personal y se detestaba a sí misma por no ser más fuerte, por no controlar todo esto, se sintió desdichada, ¿Cómo escaparía? Yamcha había enloquecido y no podría jamás con él.
Su esposo abandonó la lenta tortura de su cuello con un gruñido y se aferró a ella, tomándola bruscamente de los brazos. Bulma lo maldijo sin descanso, intercalando algunas explicaciones entre resoplidos y reprimiendo las ganas de arañarle la cara.
—Me llevó a ver un ballet... por favor... me lastimas...
—Continúa, Bulma. Cuanto antes acabes, antes tendrás tu recompensa.
No entendía nada, ¿qué recompensa? Si pensaba que necesitaba su cercanía, se equivocaba. Quería que la soltara, que la liberara del tormento, que la dejase libre al fin.
Lo mejor para su cordura era darle a Yamcha lo que quería. Así que empezó a relatar los ardientes besos tras las cortinas del teatro, el intenso y devastador orgasmo que Regal le había proporcionado. Yamcha asentía cada vez que ella hacia una pausa, diciendo «ajá» o «mm... sí», pero no dejó de sujetarla de los brazos y cada vez lo sentía más molesto, la mirada de él cambiaba de color, o al menos eso le pareció ver, ¿Qué estaba sucediendo?
¡Dios! No podía estar pasándole una cosa como esa, no podía dejar que Yamcha siga torturándola. No podía dejar pasar más tiempo sin hacer nada, con él mirándola de esa forma tan violenta y apremiante cuando lo que quería era ser liberada de la tortura, lo que quería era regresar con Regal. Cuando al fin él la soltó el alivio fue inmenso, era lo que había deseado que sucediera desde hacía varios minutos, pero al mismo tiempo se sintió deprimida, vacía y débil. La enorme contradicción de sus emociones fue un impacto para Bulma, como le gustaría verlo entrar por aquella puerta, como le gustaría que llegase y la lleve con él, que la rescate de este absurdo momento, de este hombre que sólo la hacía sentir como un juguete, Yamcha no tenía derecho de hacer lo que hizo, jamás se lo perdonaría.
—No has terminado, ¿verdad, mi amor? —Preguntó mirándola fijamente — Sigue contándome. Estabas hablando de un viaje en coche...
¿Era enserio? ¿Se empecinaba en seguir con eso? Se armó de valor, de orgullo por lo que había vivido, si en algún momento pensó que estaba mal, ahora no podía estar más segura de que fue lo mejor que pudo hacer en su vida, si Yamcha quería oír la verdad, la oiría.
—Me arrancó las ropa interior... —le dijo manteniéndole la mirada— Me besó como jamás nadie lo ha hecho... me llevó al cielo...
Yamcha comenzó a desesperarse y antes de dejarla terminar la frase se acercó bruscamente a ella. Bulma sintió una oleada de miedo demasiado intensa. Con una destreza sin igual, su marido saltó al otro lado de la cama y la arrastró con él, sus nervios estaban a punto de estallar, su corazón latía demasiado fuerte y aunque trató de alejarlo, él era demasiado fuerte y brusco, la tenía aprisionada bajo su cuerpo y aunque sus lágrimas le suplicaban que la dejase ir, se negaba a hacerlo.
Aquello era demasiado, Bulma le había hablado con tanta seguridad y entereza que no podía soportarlo. ¿Qué la llevó a caer en manos de Vegeta? Estaba al borde de la locura, lo sabía, nunca pensó que ella fuese capaz de traicionarlo, de ser tan descarada y de decirle que había gozado con él. El agarre de él se hizo más fuerte y ella se retorció tratando de zafarse, tironeó de las ataduras y cuando ya no pudo soportarlo más, se entregó al dolor, no podía escapar. No había otra salida, cerró los ojos y saltó al vacío, no podía huir de él, ¿Estaba condenada a ser infeliz para toda la vida?, ¿Sería siempre la persona de la que todos hacían lo que querían?, ¿Nunca sabría lo que es amar de verdad? No, eso ya lo sabía, la noche anterior se había entregado a un hombre en cuerpo y en alma, un hombre que de verdad le hizo sentir en la piel que la deseaba, que la anhelaba, que la quería.
La revelación fue devastadora. Yamcha comenzó nuevamente a torturándola acariciando sus piernas por varios segundos, acariciándola con una lujuria que jamás había conocido en él, era un ser distinto al que conocía, este no era Yamcha, estaba segura, este ser era egoísta y estaba loco. Rota en mil pedazos, a Bulma le costó un mundo recuperarse de aquello y no pudo evitar llorar sin control. Unas lágrimas que caían al pensar en la vida que pudo tener y dejó pasar, de anhelar el amor que solo había sentido con Regal Ouji.
¡Maldito fuera Yamcha! ¿Por qué no la dejaba marchar? Si él tanto la quería y la deseaba ¿Por qué no había demostrado que todavía la deseaba hasta ahora, antes de que ella corriera a refugiarse en los brazos de Regal? Para ella, ya era demasiado tarde, ya todo había cambiado, él tuvo razón. Una sola noche bastaba para que ella se enamorase, Regal era increíble.
Yamcha comenzó a subir las manos por los muslos, intentó tocarla más allá de lo que debía, intentó moverla, pero ella estaba estoica, inamovible, ella no lo quería, no lo deseaba, ella no era su objeto, no era su propiedad.
— ¡No! —Exclamó— Ni se te ocurra... ¡no lo harás! —se resistió dando patadas, pero Yamcha, con una paciencia que era característica en él, le amarró los tobillos a la cama sin excesivo esfuerzo.
— ¡Te vas a arrepentir de esto que estás haciendo! Quieres mantenerme a tu lado usando la fuerza, usando éstas estúpidas ataduras…pero jamás vas a lograr que te ame…que eso te quede claro, jamás lograrás que esas palabras salgan de mi boca…te estás equivocando Yamcha, estás yendo demasiado lejos y te aseguro que todo terminará mal.
Empezó a jadear, al borde de la histeria, cuando se encontró todavía más indefensa que antes. Y lo peor de todo, era que no tenía salida, se sentía una muñeca sin vida.
Él le dio un beso en la rodilla y Bulma sólo cerró los ojos para no volver a ver ese rostro que representaba su frustración.
—Sigue hablando, Bulma —pidió Yamcha con suavidad — Cuando hablas así enojada, se te ve muy hermosa, sigue por favor, que quiero saber todo lo que Vegeta te hizo.
— ¿Vegeta?, ¿Quién es Vegeta? — cuestionó confundida, ella no conocía a ningún Vegeta.
— Ese es un pequeño secreto querida…aunque supongo que ya te enterarás, tu adorado Regal Ouji no ha hecho más que mentirte y ocultarte cosas, que asumo, después de prometerte el mundo, debió al menos tener la gentileza de revelarte su verdadera identidad — Respondió mordazmente, esperando que con sus palabras Bulma logre recapacitar, desistir de la absurda idea de correr a los brazos de ese malnacido.
—Yo sabía que él me ocultaba cosas…y no me importó, me entregué a él de igual manera…cuando me llevó a su casa —murmuró, luchando contra sus propios pensamientos, estaba confundida sí, pero no era momento de dudar o de arrepentirse. Quería que Yamcha la dejara de una vez —Me tumbó sobre un mueble con cajones... y me acarició... ¡No, no me toques...!
Emitió un agudo chillido cuando Yamcha empezó a acariciar uno de sus senos, esto no podía ser peor, quería cortarle aquella mano, quería deshacerse de él, se retorció, trató de alejarlo causando que él la mirase con odio.
—Sigue hablando —insistió él, con la voz áspera, pero sin perder un ápice de aparente suavidad— Cuéntamelo todo, Bulma.
— ¿Por qué quieres saberlo? ¿No te baste con saber que él es todo lo que tu jamás serás?—estalló ella, mirándole por encima del hombro.
Chocó contra los ojos oscuros de Yamcha. El cuerpo de su marido rezumaba decadencia en estado puro, una cualidad similar que Regal también poseía. Yamcha llevó una mano hacia el hueco de su espalda y empujó, clavando a Bulma en el colchón. Deslizó sus manos por todo su cuerpo bruscamente mientras ella gritaba y pataleaba, estaba estúpida si creía que podía compararlo con Ouji, jamás un asqueroso lobo superaría su orgullo, Bulma lo estaba lastimando profundamente, más que saber que lo había engañado, más que su traición que dolía su descaro, de ella y de ese infeliz que se había atrevido a tocarla, a hacerle el amor y sobre todo a declararle abiertamente que la próxima vez lo mataría.
La habitación empezó a dar vueltas cuando el dolor se extendió por todos sus músculos. Se estremeció, sintiendo el miedo fluir por sus venas. Las sensaciones se expandieron y sus sentidos se abrieron cuando percibió algo distinto en el ambiente, Yamcha estaba siendo un salvaje y descontrolado, tocándola, lastimándola sin importarle nada. Yamcha aumentó la velocidad de las caricias y ella con los ojos cerrados ante el miedo no pudo más que querer defenderse, pero era inútil, de repente, Yamcha se atrevió a golpearla, aquello desató a su alma dormida, aquello fue más de lo que esperó de él y de lo que ella misma era capaz de soportar.
—Yamcha... eres un miserable... te has vuelto loco y esto no te lo perdonaré jamás, te juro que si sigues haciéndome daño soy capaz de matarte, recuerda que a mí me debes la vida, recuerda que a mí me debes haber tenido a una mujer atada a ti, no quieras detener el curso natural de las cosas, no te atrevas a interferir —gimió ella totalmente enfurecida, irreconocible, con un brillo platinado en las orbes azules, muy diferente,
—Cordera…perdóname, esto no debió de suceder…yo…no…lo siento…perdóname por favor —suplicó llevando ambas manos a su cabeza, alejándose de ella y mirando hacia su rostro.
—Pero no debiste cambiarme, no debiste enredarte con él…Bulma no debiste—Dijo él con más autoridad. Su voz le reverberó en las entrañas pero ante la imagen que tenía enfrente no pudo reprimir el grito de horror, Yamcha tenía los ojos de un color diferente, cambiaban a cada segundo y su cuerpo se movía de una forma demasiado extraña, parecía que le estaba dando un ataque o algo. No sabía qué hacer, se sintió intimidada y aterrada, pero lo que sucedió unos segundos después la enloqueció.
Un enorme e imponente lobo de pelaje totalmente oscuro y ojos rojizos amenazadores caminaba lentamente desde la puerta hacia ella, ¿Qué estaba pasando? ¿Todo esto era una pesadilla? Eso asumió porque inmediatamente después todo se volvió oscuro.
