Hola a todos y a todas…el tiempo y un poco de inspiración volvieron a mí! Jajaja espero que haya alguien por ahí aún :P

Para los que no lograron comprender después el que Yamcha haya regresado, quizás en este cap puedan lograrlo. Era el espíritu de Yamcha el que lo hizo. En fin les envío un abrazo enorme y espero que les vaya muy bien ésta semana :D

Olvide decirles que ya queda un capi más de ésta historia...como les había dicho. No iba a ser muy larga y creo que finalmente las cosas se van solucionando. Un abrazo enorme.

Por cierto, feliz día de la mujer a todas aquellas hermosas lectoras…seamos fuertes y busquemos nuestra felicidad siempre!

Disclaimer: Los personajes de ésta historia le pertenecen a Akira Toriyama.


EN LA OSCURIDAD

Cap. 15

Tormentosa oscuridad

Vegeta se sentía estúpido. Utilizado y estúpido. No lograba conciliar el sueño y se removió durante horas hasta que las sábanas se le pegaron a la piel cubierta de sudor, impregnada de una excitación que no lograba apagar nunca. Se levantó tembloroso, con la boca seca y el corazón a mil por hora, los dedos hormigueándole de impaciencia por volver a tocar la piel femenina, esa piel que sabía no volvería a tocar. Era el recuerdo de Bulma, que lo asaltaba durante la madrugaba, torturándolo implacable. No podía evitarlo, la sensación de su cuerpo perduraba en las manos y en la boca; cuando recordaba lo que habían hecho juntos temblaba de rabia, de impotencia. Un anhelo tan fuerte se apoderaba de él que sentía la necesidad de arrancárselo de la carne a zarpazos.

La culpa de su estado era suya y solo suya. Por más que intentase culpar a Bulma, la culpa la tenía él por haberse rendido a sus instintos. No podía negar la atracción que sentía por ella, la atracción que sintió el primer día que la vio parecía estar escrita en sus genes, como si un poder ancestral lo obligase a permanecer siempre en contacto con su cuerpo; todos estos meses alejado de ella gracias a su propia petición había ahogado esa primaria necesidad en alcohol y entre los muslos de otras mujeres, mujeres a las que jamás preguntaba siquiera su nombre. Su deseo por ella era tan fuerte que le retorcía las entrañas y le provocaba aquella angustia durante las horas más oscuras. ¡Ni siquiera podía aliviarse él mismo!, -y no por falta intentos- y la desesperación había dado paso a la vergüenza, a la rabia.

Ella no era para él. Nunca sería para él.

Se levantó de la cama, tan desvelado y tembloroso que durante un momento consideró la posibilidad de golpearse la cabeza contra la pared. Con un poco de suerte caería inconsciente y conciliaría por fin el tan ansiado descanso. Su sentido común desechó aquella idea, porque estaba seguro de que cuando se durmiera, soñaría con ella y eso sería todavía peor. Tras ponerse unos pantalones, abandonó el cuartucho dónde dormía. Tenía una cabaña para él solo al lado de un establo muy lejos de ella en un pueblo lejano a la ciudad, dónde se había refugiado para no ir tras ella en una noche de impulsividad. Vegeta era conocido en ese pueblo por ser un hombre hostil y frío, con gesto adusto, un hombre de pocas palabras al que no le gustaba malgastar saliva en conversaciones banales. Pero tenía un respetable sentido del honor que le había ganado la confianza del señor de aquellas tierras y se había hecho un buen amigo suyo, por eso le permitió quedarse en aquella cabaña; recordó cuando conoció a Bulma aquella vez hace ya varios años, cuando la vio por primera vez, fue él quien le enseño a gemir de placer, fue el primero en amarla y hacerla mujer. El primer día que la preciosa Bulma entró en su vida, él sabía en el fondo de su ser que su vida cambiaría, que él cambiaría y ahora le costaba aceptar la decisión que ella había tomado.

Necesitaba quitarse aquella sensación de encima, aquel sabor de los labios, aquel recuerdo de la mente, aquel aroma que todavía hoy recordaba desde hacía unos meses. El cuerpo desnudo de la mujer, el sabor salado de su piel, los temblores de su sexo… todo había sido tan perfecto que parecía una fantasía. ¡Qué preciosa era! ¡Qué excitante! ¡Qué dulce! Se alejó de los establos dónde todas las bestias dormían, le gustaba apreciar a aquellos hermosos animales, buscando un lugar dónde apagar el fuego que lo devoraba por dentro. Se le ocurrió que en el cementerio que había cerca de la mansión, dónde estaban enterradas todas las generaciones de ricos terratenientes especializados en caballos de ese lejano pueblo, lograría sentirse lo bastante incómodo como para dejar de pensar en el cuerpo de Bulma y reflexionaría acerca del significado de la vida.

Se equivocaba.

Al llegar la visión que tuvo lo dejó petrificado, ella estaba allí, al pie del enorme panteón que presidía el cementerio, vestida con un traje blanco y un libro en las manos. Desapareció en el interior del mausoleo, dejando tras de sí una etérea estela fantasmagórica y Vegeta sufrió una recaída instantánea, como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies. La siguió como un autómata, con la mente completamente obnubilada por el deseo.

La encontró bajo el altar de la fría capilla, con el traje desparramado a sus pies como espuma de mar. Se fijó en que era su traje de boda, todo esto lo confundió demasiado, ¿Qué estaba haciendo ella en un lugar como ese?, ¿Y Shirota? ¿Y por qué iba vestida de esa manera? Acaso ella…no, no podía ser.

Vegeta se perdió en la visión de aquel rostro hermoso, recordando lo pálido y suave que era su cuerpo desnudo como el de una hermosa luna plateada; no le dio importancia a nada, ni al lugar, ni a la extraña situación ni al hecho de que hubieran pasado meses enteros sin verla y ahora se moría de ganas por tocarla.

Vengo aquí todas las noches desde hace una semana —dijo ella con una sonrisa tímida— Con la esperanza de que me veas entrar y decidas venir a por mí, todos estos meses que te alejaste de mí…me he sentido morir Vegeta, aunque no lo creas. Ese día escapaste, no me dejaste explicarte todo lo que yo sentía, yo me equivoqué y lo reconozco, quizás no soy la mujer indicada para ti pero…no decidí ese día hablar a solas con Yamcha porque lo amase, necesitaba decirle cara a cara todo cuanto sentía, él merecía conocer la verdad, él merecía saber de mis sentimientos. Él no fue malo conmigo Vegeta, no merecía que yo lo trate así…por eso lo hice, por eso te pedí que me dejes hablar a solas con él y tú…mal interpretaste todo…te fuiste sin mí, me dejaste…te atreviste a abandonarme después de todo lo que dijiste que sentías por mí…pero eso, eso ya no importa. Me costó mucho saber dónde estabas, no sabes todo lo que tuve que pasar para llegar aquí, pero volver a verte lo vale, Te amo...Deja que me quede aquí contigo…

No vuelvas a decirme algo así después de lo que hice —masculló él tratando de refrenar el deseo que sentía y la rabia, se sentía estúpido. ¿En verdad él tenía derecho de causarle tanto dolor a esa mujer? Ella al parecer aún no sabía nada de su naturaleza, hizo uso de todo su autocontrol y fuerza de voluntad para hablar— La respuesta será no. Esa debió ser mi postura siempre. Perdí el control y tú lo pagaste.

Ella se sonrojó, aunque apenas podía apreciarse debido a la oscuridad de la estancia, cuya fuente de luz eran unas velas cerca del altar. Respiró hondo y liberó un suspiro tan dulce que sintió que le hervía la sangre en las venas.

« ¡Contrólate! Eres el único responsable de todo, la culpa es tuya».

Hoy quiero hacer algo por ti, como tú hiciste aquello por mí, me liberaste de una condena que yo misma me había impuesto, uniéndome a un hombre al que no amaba, aceptando una vida que no quería. Me hiciste sentir libre, amada, deseada…me demoré un poco en reconocerlo y lo lamento…si tan sólo lo hubiese comprendido antes, nos hubiésemos ahorrado todo este dolor —susurró Bulma con suavidad.

Le temblaron las piernas al recordar lo que, él había hecho por ella. Se le secó la boca y le temblaron las manos, aun cuando él siempre había tenido el pulso bien firme cuando estaba con una mujer. Pero ella era otro tipo de mujer a la que él estaba acostumbrado, no era una de las mujerzuelas que se acercaban a él por interés, ni las muchachas del reservado que frecuentaba de joven ni una chica corriente del pueblo; la señorita Brief era una mujer de verdad, una mujer moldeada con cinceles a fuego en su mente, con un cuerpo hermoso, lleno de curvas que le recordaban a las noches en que le aullaba a la luna ante su recuerdo…pero sobre todo, más allá del deseo que lo recorría con tan sólo verla, ella era el complemento de su alma, era la parte clara y luminosa de su oscura naturaleza, ella era su compañera, la futura madre de sus hijos como le gustaba pensar; y ahora se sentía miserable por todo lo que había sucedido. Ella lo había buscado y él…él la había traicionado, se sentía una maldita sombra silente en esos momentos, él no la merecía.

No me hables de esa manera…no lo soporto, no sabes todo lo que soy…todo lo que he hecho, soy una bestia que no merece tus caricias ni tu amor…no te merezco, aún estás a tiempo de ser verdaderamente feliz si te alejas de mí…sólo sirvo para el dolor, para asesinar, para hacer daño —sus manos agarraban fuertemente su cabeza apretándola con desespero. Ella lo miraba incrédula y muchas lágrimas caían sin recelo desde sus ojos.

Ya es tarde para eso Vegeta, ya te amo…ya estás tan dentro de mi ser como nunca antes alguien estuvo. Aquel día en que huiste Yamcha me lo confesó todo —ella se acercó a él y colocó sus manos en su rostro, acariciándolo y sintiendo como todo su cuerpo temblaba ante sus caricias.

- No te merezco…

Deja de decidir por mí…tú siempre me dijiste que yo debería tomar el control y las riendas de mi vida Vegeta… ¿Me ves? Estoy aquí frente a ti…Yamcha ya no será un obstáculo, Cordera tampoco lo será, tampoco aquellos metamorfos que me amenazaron en la ciudad…no ahora que he comprendido que, tú y yo necesitamos estar juntos. ¿Lo recuerdas mi amado lobo?—sus palabras calaron hondo en su ser. Aquellas palabras, aquellas palabras las había oído miles de veces en sus sueños. Aquellos que lo aquejaban desde muy joven.

Bulma… —levantó la vista y sus oscuros orbes se hallaron irremediablemente conectados con aquellas lagunas cristalinas.

Somos un solo ser, siempre fue así…por eso jamás fui feliz; porque estábamos separados. Porque durante muchos años sucedieron tantas cosas y hubo tanta gente de por medio que nos mantuvieron alejados el uno del otro por miedo a que se cumpla la maldición. Al fin lo he comprendido todo Vegeta…lo que ambos cargamos no es una maldición, es nuestro destino…tú eres mi guardián y protector, por eso querías ayudarme y protegerme…pero entre nosotros siempre existió esa atracción. Una que nunca supimos reprimir y logró que todas las desgracias sucedan, porque no nos dejaron estar juntos —Ella lo abrazó fuertemente entre sus brazos, él aún temblaba con ella, lo besó furtivamente y él correspondió ese beso, dudo en un inicio pero entregándose a ella al fin.

¿Cómo sabes todo eso?... ¿Cómo?… —Él la cuestionó aun sujetándola entre sus brazos, necesitaba escucharlo, saber que al final todo había terminado y podían estar juntos.

Cordera…aquel antiguo espíritu habló conmigo. Ella estaba atrapada dentro de mi cuerpo y tomaba posesión de él en algunas ocasiones donde yo perdía la razón y no recordaba nada de lo sucedido durante ese tiempo. Ella me confesó que permaneció todos estos siglos esperando a su amado lobo pero que ya todo había cambiado. Que los cuerpos de los que ella tomaba posesión no significaban nada, que jugaba con ellos a su antojo por su propia satisfacción. Pero que el mío le había traído de vuelta al amor, que gracias a mí había encontrado aquello que buscó durante tantos años. Vegeta…cuando estaba desesperada y no sabía cómo encontrarte, fui a tu empresa y me hice pasar como tu prometida…allí tuve acceso a alguna información y busqué a tu familia —Él la miró incrédulo, ella había conocido a su familia y eso no podía significar nada bueno.

¿Los conociste? —Él cuestionó, no quería oír esa respuesta…no quería.

Sí… ¿Por qué no confiaste en mí? —Intentó buscar una respuesta en sus ojos. Aquellos orbes oscuros que eran capaces de transportarla al mismo paraíso.

Cuando Yamcha me lo contó yo…pensé que tú eras aquella alma solitaria que vagaba por el mundo en busca de su compañera, pensé que tú compartías aquella maldición conmigo y no me equivoqué, tú llevas en ti aquel espíritu al que ella amó… tú eres aquel lobo al que ella amó en el pasado…pero después cordera me confesó que…ella ya no lo amaba, Yamcha era ahora su compañero y su guía, por eso ambos cuerpos permanecían juntos. Porque ellos en verdad se amaban, Yamcha no lograba recordar todo cuando no se encontraba convertido. Pero Cordera me mostró sus recuerdos, fuimos tú y yo quienes interferimos…fueron nuestros anhelos, nuestros sentimientos los que lograron que al fin ellos permanezcan juntos pero no en este mundo, al final ellos comprendieron que tú y yo merecíamos la oportunidad de estar juntos…ella supo que no habías podido ser feliz nunca. Se sintió culpable por hacerte pasar por todo esto durante tanto tiempo y…es por eso que estoy aquí. —Ella lo miró y le sonrió, aquella hermosa sonrisa que al fin podía volver a ver. Ella le estaba dando el mejor regalo que pudiese existir.

Bulma…perdóname…me he comportado como un imbécil todos estos meses…perdóname —la apretó fuerte contra su cuerpo, tratando de demostrarle con aquello que la necesitaba, que la amaba por sobre todas las cosas, que si habían logrado deshacer un vínculo milenario entre unos espíritus perdidos es porque en verdad aquel sentimiento era demasiado fuerte.

Eres un tonto, recuerdo cada una de tus palabras Vegeta… ¿Y sabes?... Sí quiero —Ella lo besó suavemente y él alzó una ceja en señal de confusión.

¿Sí quieres? —Escuchó una risita de ella y se sintió avergonzado por no entenderla. ¿Acaso esa mujer siempre lograría ponerlo nervioso?

Quiero ser tu mujer, tu compañera, la madre de tus cachorros…quiero tener una vida contigo, en donde no existan maldiciones, ni espíritus legendarios perjudicándonos…en donde sólo seamos tú y yo…Vegeta y Bulma —colocó sus brazos sobre el duro pecho de su lobo y ambas manos las posó alrededor de su cuello acariciando sus cabellos rebeldes, miró sugerentemente sus labios y lo besó.

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