Hola a todos y a todas...perdonen por la hora de actualizar pero pues…la inspiración simplemente llega y boom! A la pc a escribir jajaja…espero no me maten por darle fin a ésta historia, la verdad es que le tomé mucho cariño y hasta yo he suspirado imaginándome a ese lobo.
Un abrazo inmenso a todas y cada una de ustedes y nos leemos pronto pronto…por faaa cuando terminen de leer, allá abajo hay unos comentarios… ¿Les parecería que en algún momento pueda hacer un epílogo? ¿Qué opinan? Bueno depende de ustedes y su opinión :D
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
Advertencia: Lenguaje subido de tono y posible lemón.
EN LA OSCURIDAD
Capítulo Final
La vida que quiero a tu lado
Bulma se mordió el labio inferior y sonrió como una tonta, apretando entre las manos el vaso de cappuccino para sentir el calorcillo extenderse por sus palmas. Hoy se sentía feliz, tenía uno de esos días en los que se sentía contenta por ninguna razón en especial y abrió la tapadera del vaso de cartón para lamer la espuma de la parte de arriba, que tenía una pizca de canela y unas virutas de chocolate. Así era como le gustaba a su esposo el café, cargado y siempre especiado, y a ella la recorrió un escalofrío de gusto al sentir el erótico sabor de la canela en la lengua. Arreglaba un poco las puntillas de la espuma para disimular lo que acababa de hacer con una sonrisa traviesa cuando un pitido anunció que ya había llegado al último piso y salió del ascensor para acceder a la azotea del edificio en donde vivían.
Atardecía sobre los rascacielos de la Capital del Oeste. Enseguida le gustó aquella ciudad, una bestia ruidosa y vibrante cuyo estado de ánimo cambiaba según las estaciones del año. Le gustaban sus cambios de color, desde el blanco del invierno hasta el rojo del otoño. Le gustaba también el gris acero de los rascacielos más modernos, la piedra blanca de los edificios antiguos, el azul del cielo despejado junto con un sol amarillo y naranja, el gris del humo que surgía de las rejillas de ventilación del metro y los neones que refulgían durante la noche. Llevaban un año de casados y viviendo juntos allí y empezaba a sentirse bien. Quizá, pensó, se estaba acostumbrando y no tenía que hacerlo porque su estancia en la ciudad de los altos rascacielos era temporal pues junto a su marido tenían la meta puesta en un país nórdico muy lejano en donde Vegeta había pasado una parte de su vida cuando era un cachorro, donde vivirían rodeados de la naturaleza y los prados verdes extendiéndose en todo su esplendor, Vegeta le había hablado tanto de ese lugar que se moría de ganas de estar ahí, se moría de ganas de comenzar allí la vida que tanto quiso, al lado de la persona que amaba más que a su vida y en un futuro muy muy próximo con sus cachorros, ya los podía imaginar correteando con su padre entre la frondosidad del bosque o riendo divertidos mientras se sumergen en el agua cristalina del lago cercano a la nueva casa que tendrían, estaba entusiasmaba y por se sentía completa.
Una brisa helada le golpeó las mejillas, avivando la circulación de su rostro y relajando un poco la intensidad del rubor que todavía prendía sus pómulos. A lo lejos, la línea del horizonte se quebraba con la forma de las azoteas mientras el sol acuchillaba los edificios con sus rayos, con una gama de colores amarillos y naranjas que en unos minutos se transformarían en rojos y violetas para después oscurecerse por completo en cuanto llegara la noche. A todo el mundo le gustaba el atardecer, con sus colores morados, tan nostálgicos.
Ella prefería el amanecer, tan lleno de vida, anunciando una nueva mañana esplendorosa, limpiando con sus rayos las travesuras cometidas durante la noche, sonreía feliz pues estar junto a Vegeta era sin duda, lo mejor que le había pasado en la vida.
Se detuvo a unos pasos del hombre que contemplaba el atardecer tras el trípode de su cámara fotográfica, buscando el enfoque perfecto para inmortalizar un bello crepúsculo, Vegeta había descubierto un nuevo pasatiempo y a ella le encantaba poder verlo en todas sus facetas. Iba envuelto en un pesado abrigo de color verde oscuro, una prenda que realzaba su fuerte y elegante figura y hacía juego con sus ojos negros como el infinito. Vegeta.
Aquel hombre la había cambiado por completo, le había mostrado un tipo de placer que no creía que pudiera existir, la había desafiado a sentir cosas que jamás pensó que se podrían experimentar y había conseguido que conectara con una parte de sí misma muy profunda, él le había abierto las puertas de su alma y se había entregado a ella de una manera tan instintiva y demoledora que ella adoraba. Esa naturaleza que ella poseía siempre había estado ahí, sólo que ella no la había visto hasta que Vegeta se la mostró. La mente y el cuerpo de Bulma ya no eran los mismos de hace dos años, ya no reaccionaba de la misma manera ante el mundo ni se estremecía igual, ella ya no era la misma mujer.
Ahora todo era más intenso, los estímulos más vivos, más ardientes. Ahora apreciaba cada pequeño detalle y lo vivía con pasión. Muchos podrían pensar que Vegeta la había manipulado de un modo retorcido para hacer de ella su devota pues aquellas palabras se las había cantado literalmente su madre al enterarse de su nuevo matrimonio con él. Pero Bulma estaba lo bastante segura de sí misma como para tomar sus propias decisiones. Había tardado un poco de tiempo en aceptar lo que quería y ahora no se arrepentía de haberse fugado con él muy lejos de los ojos de aquellos que los juzgaban, ¿Quién importaba si ella vivía el día a día de una manera plena y feliz?, ¿Qué importaba la gente si ellos dos formaban todo ese mundo que ella necesitaba?
Vegeta hizo unas fotografías sin percatarse de que su mujer lo estaba observando con los ojos brillando de admiración, para ella aquel hombre era perfecto…en cuerpo y en alma. Se quedó absorto con la mirada puesta en el horizonte, pensativo y Bulma lo miró con delectación durante un buen rato, sintiéndose como una traviesa mirona. Sonrió para sus adentros al recordar el sexo fabuloso que habían tenido aquella mañana frente a la ventana de la habitación, exponiéndose al riesgo de ser vistos por cualquier persona que levantara la mirada en aquel momento. Apretada contra el vidrio, Bulma se rendía a los diestros movimientos de Vegeta, quién con silenciosa destreza la empujaba hacia esos placeres tan intensos que a ella le encantaban. Fue metódico y calmado, hubo muy pocos besos pero no abrazos tórridos ni antes ni después, ni siquiera hubo azotes o juegos previos, sólo sexo agotadoramente sucio y explosivo que dejaron a Bulma exhausta y con una sensación de libertad muy gratificante.
Le encantaban esos momentos en los que él perdía el control, abandonándose al instinto primitivo de aparearse con ella, incluso esos términos que utilizaba su lobo con ella la encendían. Le gustaba que Vegeta la utilizara para saciar sus apetitos, como si necesitase su cuerpo y su vida para seguir respirando, como si necesitase tocarla, obligarla a sucumbir al placer una y otra vez para sentirse completo. Mientras Bulma alcanzaba el cielo sin control varias veces seguidas, libremente y sin que él se lo ordenara, Vegeta mantenía una calma fría sin variar el ritmo ni una sola vez hasta obtener lo que deseaba y en la medida en que lo deseaba. Y mientras ella resollaba temblorosa y atiborrada y con los muslos empapados con una mezcla de la semilla de él y esencia femenina, Vegeta se pasaba la mano por el pelo para apartarse de la frente los mechones que se le habían despeinado, resoplaba agotado, y se dirigía al baño para ducharse y vestirse antes de ir a trabajar. No se habían dicho nada más desde entonces. No hacía falta…aunque aquella tarde sí que tendría que hablarle y de algo sumamente importante, sabía que a él la noticia le encantaría, lo conocía…lo que no sabía es cómo aquello podría afectar su apabullante vida sexual.
Al recordar su forma de poseerla durante la madrugada, Bulma se estremeció y apretó los muslos cuando una pulsación sacudió su intimidad, como si necesitase recordarle a su libido que su marido estaba allí, a unos metros de distancia, y que si lo seducía con bastante acierto podría conseguir que se perdiera otra vez dentro de ella, después de todo ella amaba todo de él. Había tardado dos horas en poder sentarse bien en la silla de su despacho y echaba de menos esos momentos, ese escozor que indicaba lo mucho que su lobo la deseaba. Pero no hizo nada, sólo observó al hombre, esperando el momento adecuado para entregarle el cappuccino que le había pedido que le subiera a la azotea mientras él hacía unas fotografías que quedarían como recuerdo de su paso por esa ciudad.
—Bulma…quiero verte desnuda…ahora.
La voz recorrió la distancia que los separaba provocando que se le contrajeran las entrañas. ¿Qué acababa de decir? Bulma se sintió mareada, había escuchado el tono autoritario de Vegeta y su cuerpo había reaccionado más deprisa que su cerebro. ¿Le había dicho que se desnudara? Supuso que sí. Pasaron diez largos segundos y él no repitió la orden, así que Bulma no supo qué pensar, pero decidió seguirle el juego. Dejó el vaso de cartón en el suelo con mucho cuidado y empezó a desabrocharse el abrigo. Cuando estaba deslizándose la blusa por los brazos fue consciente de lo que estaba haciendo y de lo que Vegeta le había pedido: que se desnudara en lo alto de una sucia azotea, rodeados de edificios de oficinas más altos que aquel en el que se encontraban. Cualquiera que se asomara a la ventana y mirase en su dirección, podría verlos. Y los capitalinos eran bastante quisquillosos con todo lo relacionado con el sexo al aire libre, consideraban un escándalo público cualquier cosa, incluso un pecho en televisión.
A pesar del rechazo que le produjo hacerlo en un primer momento, después lo pensó y miró fijamente a su marido. Él era así, espontáneo, lascivo, salvaje…ella estaba hecha a la misma medida. Bulma se quitó el sujetador y después se bajó el cierre de la falda. Se quitó los tacones, se sacó las medias y por último, dejo su ropa interior en lo alto del montón de ropa doblada.
Hacía frío y se le erizó la piel. Vegeta no dijo nada, ni siquiera se volvió a mirarla, seguía observando el horizonte, pero ahora cargaba una sonrisa de complacencia. Como conocía a este hombre.
Ella esperó su siguiente instrucción controlando los estremecimientos, que ya no eran de frío sino de anticipación, porque saberse allí desnuda le calentó la sangre y empapó su piel. Diez minutos después, con la piel ruborizada por la vergüenza y el escándalo, Vegeta le tendió la mano sin girarse para mirarla y ella aceptó su mano, sintiendo como una cálida corriente le recorría el brazo cuando le tocó los dedos calientes. Su lobo la dirigió hacia la cornisa de la azotea, de más de un metro de ancho y luego, se puso detrás de la cámara y le sacó una foto. Ella se sacudió nerviosa, Vegeta jamás le había hecho una fotografía desnuda.
—Sube mujer—dijo.
Bulma le miró a los ojos y él le devolvió la mirada. La masculina expresión serena no tenía nada que ver con el fuego que rugía detrás de sus pupilas, proclamando un ardiente deseo con la misma sutileza que una bomba nuclear. Vegeta no siempre se mostraba frío cuando estaba excitado, él usualmente era un volcán en erupción pero era cambiante según los periodos lunares y a ella eso le fascinaba, el hombre que tenía a su lado era una auténtica caja de sorpresas, pero en estos momentos por fuera se le notaba calmado pero ella sabía que por dentro apenas podía contener las riendas de su deseo. Bulma sintió que se ponía muy nerviosa y muy deprisa se apresuró a subir a la cornisa, sintiendo que el aire que respiraba ya no era la brisa del atardecer de la ciudad sino el aire cálido que siempre rodeaba a su lobo.
Con la elegancia de un gato, apoyó las manos y las rodillas en la cornisa y entonces le sobrevino el vértigo al ver lo cerca que estaba del borde. Ahogó un jadeo de sorpresa, suerte que no tenía miedo a las alturas o no habría podido controlar el terror. Una picante sensación de riesgo le inundó la sangre y miró a su marido por encima del hombro. Él le hizo otra foto.
—Estás excitada. Muéstrate para mí.
Ella cerró los ojos, respirando de forma entrecortada. Hacía un frío de mil demonios en aquella azotea y sin embargo ella estaba ardiendo como si estuviese rodeada por un círculo de fuego. Vegeta no le indicaba nada, así que ella tenía libertad para elegir de qué modo mostrarse ante él. Se inclinó hacia delante y apoyó la mejilla sobre la cornisa, mostrándole la curva de sus nalgas bañadas por los rayos de sol del atardecer. Escuchó como hacía varias fotografías, se sintió emocionada y extraña a partes iguales porque él siempre le había propuesto hacer aquello, fotografiarse desnudos haciendo el amor e incluso grabar alguna de sus sesiones, por supuesto que para su propio deleite…ella sabía de sobra lo celoso y territorial que era su lobo y que ahora que era al cien por ciento suya, no dejaría que nadie más tenga lo que él.
Y ahora la estaba fotografiando a cielo abierto con los rascacielos de la Capital del Oeste de fondo.
Cuando él dejó de hacer fotos, Bulma se volvió hacia él. Vegeta se desabrochó el abrigo y luego, el cinturón. Un aluvión de éxtasis invadió a la peliazul, clavó las uñas en la piedra de la cornisa y se quedó paralizada, con la mejilla pegada a la cornisa y el anhelo en la mirada, pensaba en aquella noticia que tendría que darle después.
Vegeta se sacó la correa y se la dejó a un lado en el piso.
—Ven aquí —Bulma tragó saliva, bajó de la cornisa y se aproximó al hombre, sacudida por un millón de escalofríos.
—Eres hermosa mujer…ahora date la vuelta y mira al horizonte —Le dijo acercándose a ella y aspirando el perfume de sus sedosos cabellos.
Con las rodillas temblando, Bulma le dio la espalda a su lobo y contempló el hermoso atardecer.
—Apoya las manos sobre las rodillas.
Ella tragó saliva y se inclinó un poco hacia delante. Estuvo a punto de desmayarse al sentir los dedos masculinos metiéndose entre sus muslos para acariciar sus empapados pliegues. Contuvo el aliento cuando el contacto le abrasó incluso el pensamiento y se mordió los labios cuando pellizcó su sensibilizada intimidad. No se había dado cuenta de lo caliente que estaba hasta que él se lo había mostrado.
—Niña mala…muy mala…pero sólo mía —susurró él.
Bulma se derritió con aquellas palabras como si fuese gelatina, pues contenían un significado tan profundo que se le empañaron los ojos. Hoy era uno de esos días en los que Vegeta estaba de humor para jugar un poco, generalmente Vegeta arrasaba con ella como un huracán. Bulma había bajado la guardia y ahora estaba pagando las consecuencias de su distracción.
Apenas tuvo tiempo de pensar en nada cuando sintió aquellas manos acariciando la tierna carne de sus nalgas desnudas y dio un ligero golpe, ella sonrió al sentir como la piel golpeada comenzaba a arder. No dolía, no.
Ella sabía que él jamás le causaría dolor, ella sabía que él jamás la dañaría porque estaban unidos mediante un vínculo que nadie jamás entendería, un vínculo que trascendió miles de años para existir entre ellos… sentir las caricias de él sobre su piel le indicaba que todavía estaba viva y todo gracias a Vegeta. Él le había dado la oportunidad de ser feliz, a su lado. De compartirlo todo y ahora, ella le daría el mejor regalo de todos. Llevaba en su vientre al fruto de su unión, al símbolo inequívoco de su amor, de aquel amor que fue capaz de derribar barreras no terrenales, de la unión entre aquel diviso astro y el espíritu Okami, la unión entre la mujer de luz plateada y el imponente lobo legendario. Aquellos que compartieron sus más profundos secretos, sus anhelos y su amor en la oscuridad.
¿Podía sentirse más enamorada de aquel hombre? Claro que podría.
FIN
N/A: Yayy! Estoy contenta por haberlo logrado! xD tuve un periodo de no inspiración y no tiempo para nada, pero espero haya salido algo bueno de estos lapsos. Creo que en este capi queda más que claro como es el estilo de vida que llevan en "varios" sentidos y también se puede ver qué sucederá a futuro, de cierta manera me siento feliz! Porque es la segunda historia que puedo culminar. Al fin me iré de lleno con "Tú, mi destino".
Agradezco de todo corazón a mis hermosas lectoras, aquellas que capi tras capi estuvieron aquí…dándome ideas aunque no crean, sus reviews me ayudaron mucho! Como sabrán soy un libro abierto y una esponja que absorbe todo lo aprendido. Espero que ésta historia haya sido de su agrado, las quiero mucho preciosas! Espero verlas en mis otras historias pendientes y quizás alguna que me anime o se me ocurra en un futuro.
Arigatou
Luna Estival
