Disclaimer: HQ! y sus personajes pertenecen a Furudate-sensei.
NA: Pequeño anuncio, de ir actualizando [ojala regular, ojala], sería los viernes. ¡Muchas gracias por sus comentarios!
—The stars shine in your eyes (and die in your hands)—
Cuando pienso en Oikawa Tooru lo primero que se me viene a la mente es una estrella. Así, nada más. Suena simple pero al mismo tiempo es complicado, una sensación bastante extraña. No es como que no piense en él como otra cosa más completa, ya sea una persona o un ente con muchas cosas por decir, por supuesto que no. Pero si me mencionan su nombre sin duda una estrella se asomaría en mi cabeza, lo relaciono con ello, quizás por la imagen que le decoraba el cuerpo o por su fascinación a ellas. Él me parecía una estrella.
Aunque como siempre, eso sería adelantarse a los hechos.
Antes de todo eso me encontraba en momentos más simples.
Con la lluvia sin hacer ningún ademán de querer detenerse pronto estaba sentado en el suelo de la habitación de Kenma con el joystick entre mis manos e intentando vencerlo aunque fuera una vez en el Street Fighter, pero el enano era tan bueno y tenía tanta experiencias a pesar de que el juego era relativamente nuevo que todos mis intentos terminaban en lo mismo: Yo perdiendo. Así que al final lo único que estaba logrando era tratar de sacar el estrés de mi cuerpo, sin lograrlo mucho. Aunque podía hacer de cuenta que el personaje que estaba golpeando era mi profesor de Derecho Romano, lo cual estaba bastante bien.
Kenma, sentado al lado mío con las piernas cruzadas, suspira mientras termina de hacer un combo que logra llevarlo a la victoria, por tercera vez consecutiva.
Hecho eso cuando el juego vuelve al menú principal me mira de reojo y yo simplemente me encojo de hombros. En la habitación de Kenma hace eco el ruido de la lluvia, y es que además de estar en el segundo piso parece hallarse en un lugar planificado para que todo se concentre ahí. En el invierno es muy fría, en el verano es muy calurosa. Parece que el mundo de Kenma no conoce el punto medio y eso le molesta tanto a él, que vive ahí, como a mí, que paso el noventa por ciento del tiempo en el lugar.
—Ya, me aburrí de jugar contigo. Eres muy malo —sentencia para luego adaptar el juego a una partida individual.
Me cruzo de brazos, ofendido. No importa lo malo que uno sea en un juego sigue siendo un golpe al orgullo saber que tu mejor amigo prefiere jugar con una máquina programada que contigo, o saber que esa máquina es más problema en habilidades de pelea.
—No es mi culpa. No suelo jugar muy seguido.
—Un malo sigue siendo malo, Kuro. Deja de poner excusas —y sin más la partida comienza. Kenma empieza el juego y yo me quedo en modo planta viéndolo jugar. De paso pierdo tiempo observando a mi alrededor; su habitación sigue ordenada en modo-desastre, y lo clasifico así porque para lo que muchas personas sería el lugar más desastroso de la tierra para Kenma está ordenado, y lo puede comprobar porque no importa qué le pida uno siempre lo encuentra. Es increíble—¿Cómo van las clases?
Me encojo de hombros otra vez aunque sé que no puede mirarme.
—Normal, me siento más tranquilo ahora que sé que he pasado la mayoría de los exámenes. Sólo queda uno y es la próxima semana, a la mitad. Un asco.
—¿No deberías estar estudiando? —pregunta.
—No me hagas esto, Kenma, por favor. Que vengo acá para sacar el estrés no para que me lo recuerdes.
Kenma no dice nada pero sé que lo piensa unos minutos. Nosotros podemos hablarnos así sin que importe porque nuestra amistad se basa en eso; completa y total sinceridad. Nada de palabras con segundo significado.
Es sábado, dos de la tarde, y ya ha pasado una semana desde que no tengo alguna noticia de Oikawa. La verdad es que no espero que me hable todos los días y menos cuando yo casi nunca le mando nada, pero no puedo evitar sentir entre preocupación y curiosidad que la última vez que lo haya visto fuera justamente un suceso en que metí las patas, o que ni si quiera lo viera en las calles. Para colmo ese día también llovía, muy fuerte. Ni si quiera sé dónde vive o mejor dicho, dónde se hospeda, después de todo su casa está en Sendai y no acá así que podría suponer que está en la residencia de la universidad pero nunca se sabe. No le he mandado un mensaje porque siento que sería una línea que no quiero cruzar por mis propios pies pero cada vez que pienso en la desaparición del chico que siempre hace acto de presencia de una u otra forma me pone nervioso.
Pensar en sus dedos ensangrentados, en su sonrisa falsa y en su gorro de lana me genera escalofríos. Al final que en la mayoría de mi tiempo libre cuando no tengo la cara metida entre los libros termino pensando en eso y qué debería hacer al respecto. Pero hasta ahora no he hecho nada de nada.
—No puedo creerlo, Kenma, no has terminado la partida todavía —comento con total sorpresa cuando lo veo tan concentrado. La verdad es que cuando él está en ese modo es difícil distinguirlo de su cara habitual, pero yo he compartido la mayoría de mi vida con este chico así que puedo hacerlo. En este caso siempre aprieta los labios y se inclina un poco hacia adelante. Kenma hace un ruido raro y yo sonrío—. Así que realmente soy muy malo, ¿no?
—El peor.
—Bueno, así somos los universitarios. No tenemos tiempo para estas cosas, lo cual es una lástima. Yo lo único que puedo combatir ahora mismo es macro economía.
—Suena duro —responde él mientras aprieta los botones del control. Su personaje es mandado a volar y Kenma frunce más el ceño.
Observo a mí alrededor; muchas cajas de juegos, su DS, la cama desecha, el escritorio rebosando de papeles de distintas cosas, algunos ejercicios de estudio y junto a nosotros su celular, tirado. La habitación de Kenma es casi del mismo tamaño que la mía porque nuestras casas se parecen un montón, pero la suya siempre se ha visto más pequeña porque tiene más cosas.
No necesito pararme a mirar más de la cuenta entre sus papeles para darme cuenta que él también se ha esforzado, aunque sea algo, ya fuera obligatorio no podía estar seguro.
—Y tú, ¿cómo lo llevas? —pregunto estirando las piernas que ya se me estaban adormeciendo. Soy demasiado alto para estar encerrado en habitaciones.
Kenma no se detiene a mirarme pero se encoge de hombros.
—Normal, mis padres no me dicen mucho pero ya sabes, voy a las clases y hago algunas guías.
—No te ves muy preocupado.
—No lo estoy, la verdad.
Doy una sonrisa y miro el techo. Kenma había decidido ser un ronin durante ese año, o al menos hasta que supiera qué hacer con su vida. Sus padres no dijeron mucho, al parecer viendo cómo era su hijo y aprendiendo de ello preferían que estuviera seguro de lo que fuera a estudiar antes de lanzarse a la piscina. Aun así yo siempre he pensado que Kenma se ve más como una persona que trabajaría en cualquier cosa pero menos sacando una carrera, después de todo, él nunca hizo énfasis en querer ir a la universidad y cuando le preguntaban respondía con toda sinceridad que no quería estudiar nada.
El suelo vibra durante unos segundos y automáticamente reviso mi bolsillo del pantalón creyendo que podía ser mi celular, tal vez Oikawa, pero para cuando me doy cuenta era el de Kenma. Por cotilla miró la pantalla el mensaje que había aparecido y lo tomo entre mis manos. El enano sigue ensimismado en su asunto.
—Eh, te llego un mensaje de Shoyo —molesto por molestar haciendo énfasis en el nombre. Me regocijo en mi interior, mi madre gato seguramente, al ver cómo mi cachorro parece dar un ligero salto en su lugar. Su semblante no cambia para nada pero pausa el juego y sus ojos brillan al mirarlo. Casi me arrebata el teléfono de las manos y lo desbloquea para contestarle—. El amor, el amor —canturreo observándolo. Es rápido y antes de lo que creo ya está bloqueándolo otra vez, pero lo deja fuera de mi alcance.
—Nada de eso.
—Estás enamorado, Kenma, supéralo. ¿Qué está haciendo el enano de Karasuno ahora?
—Estudiando, claro, y practicando vóley. Va a la misma universidad que su armador —responde volviendo sus ojos a la pantalla y el juego. A veces pienso que Kenma es una pareja muy simple; no se pone celoso, para nada, y pocas veces parece dar alguna señal de afecto pero lo hace en pequeños detalles como contestar mensajes en menos de diez segundos, y ser más hablador. Supongo que esos dos se complementan—, entró por beca deportiva así que tiene que esforzarse en el equipo, además de mantener un promedio suficiente para que no lo expulsen.
Me apoyo en la cama y perdiéndome en el blanco del techo hago un ruido muy parecido a un; "Hmp", que quizás no significa nada. El sueño me abunda. La verdad es que durante la semana no he dormido muy bien por andar estudiando y corriendo de un lado para otro pensando en los exámenes. El sólo hecho de saber que me queda uno más hasta ser libre, para luego tener las vacaciones de las fiestas, me es suficiente para sentirme satisfecho. Estoy seguro que en ese tiempo hibernare quizás dos días o más.
Me pregunto cómo lo estará haciendo Oikawa con sus exámenes, quizás es por eso que no se ha comunicado porque después de todo él también tiene que estudiar y según he escuchado deben ser difíciles.
—Kuro, ¿cómo vas tú? —La voz de Kenma me saca de mis pensamientos pero no entiendo a qué se refiere, así que le pregunto medio ido sobre ello—Tu relación.
—¿AH? —esas palabras son suficientes para hacerme sentarme muy rápido, mirándolo con los ojos abiertos. Kenma salta en su lugar por culpa del grito y eso logra que pierda. Cuando la partida termina me fulmina con la mirada pero yo me encuentro en modo hiperventilación así que no le doy atención a eso—¿Qué relación? ¿De qué hablas? Estoy, ¡digo!, sigo soltero. Kenma, ¿de dónde sacas eso? —mi voz sale rápida por culpa del nerviosismo.
Argh, maldito yo.
Quiero una explicación a lo que pasa.
—No lo sé. Lo supuse por cómo actúas —Kenma va eligiendo otro personaje y un montón de cosas más para la nueva partida, de las cuales no me preocupo mucho—. Además de que has estado viendo tu celular cada diez minutos desde que llegaste, así que creí que esperabas el mensaje de alguien —¿Era así? Joder, ni si quiera lo había notado. Me remuevo en mi lugar dando una sonrisa rara, muy forzada—. ¿Es Tsukishima de Karasuno? —pregunta de pronto.
De haber estado bebiendo agua me habría atragantado o escupido, una de dos.
—N-No, ya sabes que él no-
—Deberías dejar de hacer eso, Kuro.
—¿Hacer qué? —pregunto como un imbécil sintiendo que no puedo ocultar nada de él. Sería lo mismo que entrara desnudo a la habitación. Kenma parece conocer todo y de cierta manera es terrorífico, porque aunque yo no se lo cuente él igual sabe.
—Eso; enamorarte tan fácil. Te hará sufrir… otra vez.
—Yo no-
—Lo que tú digas.
Él deja de hablarme y sé que ahora estaremos en completo silencio durante unos diez minutos más. Me apoyo en la cama y dejo caer los brazos a mis lados. Me da dolor de cabeza pensarlo o recordar lo que ocurrió, e imaginar lo que pudo haber sido, así que termino cerrando los ojos e intentando desconcentrarme pero las palabras de Kenma se adentran más en mi cerebro. La imagen de Oikawa sonriendo y vistiendo su estúpido gorro ma llenan la cabeza. Abro los ojos tan rápido que la luz me ciega.
No podre estar así el resto del día.
Me levanto y hago mi tramo hasta la puerta logrando enfadar a Kenma por taparle la pantalla durante unos segundos.
—Me voy a estudiar —anuncio sin más miramiento y Kenma responde con un monosílabo de nada.
Mirándolo me digo que sería genial no tener preocupaciones también.
Así fue cómo me pase el resto del día sentado en la silla de mi escritorio, quejándome del dolor de espalda, de cuello y la mala suerte que me acompañaba, aparte de maldecir a todos los economistas importantes del mundo. Estudie como condenado, bebí café como si fuera lo último que pudiera consumir, orine como nunca y llore sangre de mis ojos con tanta palabrería economista que no podía entrar en mi cabeza. A pesar de haber caído la noche la lluvia todavía no paraba y no es que yo detestara la lluvia, de hecho en una capital contaminada como Tokio nunca está de más, pero incluso para mi lograba ser deprimente, en cierto modo.
Afuera de casa, en la vereda, ya se había hecho una piscina olímpica.
La casa ese día estaba sola porque mis padres habían decidido salir ese fin de semana a unas vacaciones exprés y como ya estoy grande ni me invitan, pero me dejaron de perro guardián. Seguramente de haber tenido siete años me habría asustado hasta mearme encima pero como era un hombre con pelo en pecho simplemente pensaba que lo mejor que me podía pasar en ese momento fuera que un psicópata ingresara a la casa para asesinarme, por lo menos de ese modo no tendría que rendir el bendito examen.
Examen del cual dependía mi calificación final.
Del cual dependía mi semestre.
Bufando me recuesto en el escritorio lleno de papeles. Los ojos me dolían y estaba seguro de haber quedado ciego, o algo. Mire mi celular puesto estratégicamente cerca de mí pero sin ser revisado porque no había tenido necesidad de hacerlo. Aunque había estado vibrando un buen rato pero estaba seguro de que la mayoría de ello era por culpa de Bokuto, no tenía que verlo para saber eso. Él siempre está haciendo conversaciones de ese estilo y cuando me aburro le contesto, pero ahora los deberes llaman.
De un momento a otro mis ojos se empiezan a cerrar y me doy cuenta que el sueño me está venciendo. El cuerpo se me entumece y seguramente habría caído en sueño profundo en tiempo récord de no haber sido por la nueva vibración de mi celular. Ante eso abro un solo ojo para recogerlo y mirarlo, quizás sea Oikawa… existe la posibilidad y puede ser.
Desbloqueo todo pensando en ello pero para cuando reviso mis notificaciones me doy cuenta que la mayoría son de Bokuto, otras de compañeros de clase que sufren igual que yo en un grupo que teníamos de clases en común. Una putada.
Bokuto (11:30 am): Kuroooooo! No me vas a creer que pasó.
Bokuto (11:33 am): HEEEEEEEEY!
Bokuto te ha enviado una imagen.
Bokuto te ha enviado una imagen.
Bokuto (14:34 pm): Hace mucho no nos vemos, hombre.
Bokuto (14:35): Mira el teléfono!
Bokuto (14:36): Akaashi dice que quizás estás estudiando. Estás estudiando?
Bokuto te ha enviado una imagen.
Bokuto te ha enviado una imagen.
Y así la conversación unilateral continuaba desde la mañana hasta ahora. Bokuto me había llenado la galería principal de imágenes, principalmente memes que me hicieron reír sin que pudiera evitarlo porque eran demasiado graciosos para ser ignorados. Pase hasta los últimos mensajes de manera rápida, pensando que ya era buen momento para contestarle aunque sea una palabra porque después sigue molestando pero lo que me hizo revisar con más atención lo que me mandaba fue justamente un mensaje extraño, confuso.
Enderezándome en la silla leí con más atención a lo que había dicho anteriormente, pero su última pregunta no tenía conexión con lo que había estado hablando de antes. De hecho había una diferencia de hora y media entre lo que había terminado enviando. Me quede mirando la pantalla del móvil más rato, debatiendo mis posibilidades y sí el destino realmente era algo escalofriante como se podía pensar.
Hasta ahora podía deducir que sí.
Bokuto (21:30 pm): Hey, conoces este tipo?
Bokuto te ha enviado un contacto; "Oikawai Tooru".
Bokuto (21:34 pm): Con Akaashi lo conocimos hoy y es suuuuper gracioso pero te mencionó en una ocasión. EH, EH, EH, SE CONOCEN? Tiene un gorro super genial!
Parpadee varias veces para poder calmar mi vista porque no estaba muy seguro de que lo que estaba viendo era realmente. Así que revise dos veces más la conversación y luego usando mis poderes analíticos, trate de descifrar por qué esos dos podrían conocer a un sujeto como Oikawa, ya que según la corta descripción no había duda que era ése. Parecía más bien como una jugarreta del destino, en el cual el mundo se volvía muy pequeño. Me dieron ganas de preguntarle acerca de por qué lo conocía, dónde lo había hecho, cómo terminaron hablando y, sobre todo, de una u otra manera, qué es lo que Oikawa Tooru había dicho de mí.
Me mordisquee el labio. Termine acordándome de Oikawa y me maldije en mi mente.
Pensé seriamente en no contestarle a Bokuto, quizás hacerlo mañana, pero los amigos hay que cuidarlos y mi lado curioso me estaba conquistando. Necesitaba respuestas, o al menos algunas, pero otro de mi lado orgulloso, quizás más reservado para mis cosas me impide terminar explayándome como realmente quise. Al final lo único que pude teclear fue un simple:
Yo (21:44 pm): Sólo un algo, no es nada realmente.
Bloquee el celular y tres segundos después volvía a vibrar.
Bokuto (21:45 pm): Ahhhhhhh, bueno, es un tipo bastante gracioso
Bokuto (21:46 pm): Oh, oh, deberíamos ir a jugar vóley! No me vas a creer qué pasó hoy-
Y así el tema de Oikawa se desvía a uno completamente diferente. Aburrido de todo lo que tuviera que ver con mis ramos termine dejando los quehaceres de lado para irme a recostar a mi cama, todavía siguiendo la conversación de Bokuto sin mucho ánimo porque mi cabeza se desviaba a las otras preguntas sin respuestas. Me di cuenta que tendría que buscarlas de mi modo, o quizás podría preguntarle a Oikawa casualmente cuando lo volviera a ver.
Así fue que al final termine yendo a dormir más temprano de lo que esperaba pero me desperté de madrugada para no lograr hacer nada más que seguir estudiando. Intente de todo pero al final la responsabilidad me ganó. Seguramente habría terminado estudiando como un erudito el resto del día de no ser porque casi a la una de la tarde Kenma me terminó llamado a la puerta de casa diciendo que su madre me invitaba a almorzar, porque sabía que de ser por mí no cocinaría nada, a pesar de que mis habilidades culinarias eran bastante favorables. Pero comida es comida y agradecí todo con una sonrisa.
Llegue, agradecí, hable mucho con mamá Kenma y también con papá Kenma. Nos reímos de unas cuantas cosas, vi la manera en que Kenma evitaba revisar su teléfono a la mesa y luego me despedí diciendo que tenía que preparar mi último examen.
En resumen que ese fue mi gran fin de semana.
Para inicio de la próxima me pase entre dormir aprovechando los momentos en que cerraba los ojos cuando estornudaba, mucho café, quejarme con mis compañeros de carrera, comerme las uñas, bajar dos kilos y luego presentar mi examen entregándome a cualquier Deidad que quisiera escucharme. Según yo lo hice mediamente bien, y espero que eso haya sido suficiente.
Aun con eso intente utilizar mi tiempo de ventanas y almuerzos para ver si me topaba con el extraño castaño. Pero nada de nada. No había vista de sus extraños atuendos, su pelo castaño, ni tampoco su característico gorro.
Y ahí estaba yo, sentado en el campus de mi facultad mirando el techo y pensando entre exámenes perdidos junto con personas que desaparecían sin decirte nada de nada. A lo lejos vi pasar a Akaashi, quien me hizo un saludo con la mano que logre corresponder, pero al parecer él se veía ocupado porque seguramente todavía no terminaba sus exámenes así que desapareció rápido con unas ojeras preocupantes.
Me apiade de él porque no tenía nada mejor que hacer.
Estaba a punto de pararme para perder el tiempo en alguna otra parte, o volver a casa, quizás hasta llamar a Bokuto para perder tiempo juntos, hasta que algo me detuvo. Nunca he sido muy interesado en las cosas ajenas, pero soy curioso por naturaleza con gente que me rodea así que mi cuerpo instintivamente se detuvo al escuchar la conversación que hacía eco por el pasillo hasta llegar a mí, de una manera siendo más alto que otras conversaciones de alrededor.
—Te estoy diciendo que ahora voy saliendo de- NO, de mi puta clase, Oikawa.
Oikawa.
¿Cómo?
¿Podía ser ese, ese Oikawa?, esa era la única pregunta en mi cabeza. Pero… pero, hay muchos Oikawas en el mundo.
La voz era grave y según lo que podía notar, enojada. Mirando sobre mi hombro note un chico con el pelo oscuro extrañamente en punta, con una mochila al hombro, caminando con paso rápido y el celular en la oreja. Tenía las cejas muy fruncidas. Su ropa era un completo desastre; arrugada y mal puesta, unos jeans que daban pena y una fea camisa a cuadrille.
Yo que tenía cierta experiencias ya con universidades y universitarios en general lo veía teniendo todo el perfil de un ingeniero, con quienes pues compartíamos facultad.
—Acabo de salir de un examen- Mira, Mierdakawa, primero tengo que revisar algo en la biblioteca y voy para allá, ¡deja de llorar, hombre! Argh, no me preguntes de eso y no te rías-
Me levante de mi asiento tan rápido que hice saltar a quien estaba a mi lado, pero para cuando me daba cuenta la persona ya estaba desapareciendo por el resto del pasillo y entre la gente. Haciendo eso otra ola de extraño nerviosismo o ansiedad terminó llenando mi estómago, sin saber cómo responder a ello, porque me imaginaba a Oikawa Tooru hablando del otro lado del teléfono entre risas con aquel desconocido, en algún lugar donde podía desaparecer sin preocuparse que la gente lo encontrara y haciendo quién sabe qué. Sonriendo con esa sonrisa falsa suya y mordiéndose los dedos hasta hacerlos sangrar sin que le preocupara.
Baje los hombros pensando que era hora de irme pero sin poder apartar la vista del camino.
Reconocí los sentimientos que me inundaban en algunos y los dos principales eran simples, simplemente complicados: Decepción y celos.
