Disclaimer: HQ! y sus personajes pertenecen a Furudate-sensei.


—The stars shine in your eyes (and die in your hands)—


Había muchas cosas que conocí de Oikawa, la gran mayoría las recolecte por cuenta propia y las otras me las dijo él, en esas ocasiones que hablábamos de cosas sencillas como los gustos. Así pude ir comprendiéndolo un poco más. Le gustaba tomar fotos a paisajes que todos encontraban feos, contar las canas en el pelo de la gente, las estrellas (podía nombrar constelaciones, planetas y estrellas más que cualquier otra persona que hubiera conocido), ponerse cáscaras de naranja en la boca para luego sonreír y la sensación de las zapatillas o zapatos nuevos. No le gustaba el sonido que hacían los palillos en los dientes de la gente cuando comían, el olor de la fruta en los días calurosos, la gente que se rendía sin si quiera intentarlo, sus dedos y tampoco le gustaba que se le bronceara la piel.

Pero había una cosa la cual a Oikawa le gustaba muchísimo, tanto así que me hizo comerme la cabeza en varias ocasiones malinterpretando las cosas porque yo, como siempre bien dijo Kenma (a pesar de mis quejas), podía ser celoso sin quererlo y posesivo sin intentarlo. Era algo que pasaba porque pasaba. La cosa que le gustaba sobre todo lo anterior y parecía tener privilegio en su vida, aquello que ocupaba ese privilegiado puesto, era su mejor amigo; Iwaizumi Hajime.

En la segunda desaparición de Oikawa, y con las vacaciones de las fiestas a la vuelta de la esquina, usaba mi tiempo entre ver últimos detalles de la universidad (próximos ramos, tareas, informaciones en el correo), dar vueltas de aquí para allá y salir con unos cuantos compañeros. A veces me topaba con Yaku, aunque él no estudiaba en esa universidad pero nuestras facultades quedaban cerca y nos reuníamos para conversar de nuestras vidas, junto con la futura trayectoria de Nekoma ahora que prácticamente todos los integrantes de lo que fue nuestro equipo conocido habían desaparecido, el de ahora estaba lleno de extraños (por lo menos para nosotros).

Fue en esas de andar mendigando cómo perder el tiempo cuando termine en la biblioteca de la facultad devolviendo unos libros que había pedido, y es que no tenía ganas de tener que pagar la multa si es que tardaba mucho así que cargue con los casi cuatro kilos de peso desde un lado de la ciudad a la universidad para luego devolverlo a la bibliotecaria, que habló mucho acerca de la responsabilidad y tener que devolver las cosas a tiempo. Yo me deshice en sonrisas por aquí y por allá mientras intentaba caer bien. Si me funcionó, no estoy muy seguro, pero por lo menos me libre de tener que pagar de más. Estaba ocupado en lo mío cuando veo al lado y mis ojos se abren ligeramente al darme cuenta que ese era el ingeniero del cual había estado sospechando desde hace tanto tiempo.

Se había despedido de su camisa a cuadrille. Ahora usaba una sudadera de esas que te hacen dudar de tu sentido de la moda, o comodidad.

—Vengo a devolver esto —anunciaba con voz tranquila, grave y baja. Golpeteo la mesa con la punta de los dedos a un ritmo que no conocía. Frente a él estaban los libros de ingeniera.

La encargada fue más simpática con él que conmigo, parece enamorada del susodicho.

—¡Ah! Muchas gracias, ¡espero que te hayan servido!

—Lo hicieron, aprobé mis exámenes, algunos por los pelos pero-

—¡No importa! El punto que ya te has liberado de ello —la mujer parecía encantada de conversar con él y yo pase a segundo plano. Me hubiera quejado o algo, de no ser que estaba muy interesado en la escena y de manera específica en el chico que tenía a un lado mío. No parecía reconocerme como el amable compañero que le cedió su estúpido computador en momentos de ayuda mutua—. Bien, necesito que firmes aquí con tu nombre, por favor.

—Ajá.

El chico no parecía ser muy expresivo, o quizás estaba cansado. Me recordaba un poco a Akaashi, si no fuera porque sonreía diez mil veces más y era atractivo en otro sentido de la palabra; en sentido hippie, seguramente, o hipster. Éste tipo tenía el típico aspecto de chico bronceado con tatuajes en los bíceps que anda con una guitarra de un lado para otro, cantando en una fogata y no lavándose el pelo en varios días sin perder el estilo. El tipo de sujeto que las chicas terminan queriendo sin que uno encuentre una razón lógica. Un caballero de pies a cabeza. Akaashi, en cambio, era atractivo del tipo Edward Cullen de Crepúsculo; callado, místico y anormalmente pálido, en cualquier momento pensarías que saltaría a tu cuello para chuparte la sangre.

Mire sobre mi hombro mientras él firmaba con su nombre, en una letra bien fea que me dio casi cáncer al ojo. Tarde un poco en descifrar pero luego el nombre fue claro como el agua cuando le estiró el papel en dirección de la encargada: Iwaizumi Hajime.

—¿Iwa-chan? —el mote salió solo de mis labios, lo juro. No me había dado cuenta que hablaba en voz alta hasta que lo dije y pensé en qué faceta tenía que poner. Pero no podía evitar recordar el nombre que muchas veces había salido en la pantalla del celular de Oikawa.

Éste estuvo hablando con un Oikawa en el pasillo.

Alguien, un Iwa-chan, llamaba al celular del castaño.

El mejor amigo de Oikawa estudiaba ingeniería acá.

Este chico estudia ingeniería y efectivamente estudia acá.

Iwa-chan y Oikawa.

Oikawa e Iwa-chan.

Se sentía tan evidentemente obvio en ese momento que si estaba equivocado en mis suposiciones cambiaría de nombre.

La cabeza del supuesto Iwaizumi Hajime se volteó tan rápido en mi dirección que me dio escalofríos, pero no lo mostré en la cara, por supuesto. Me quede tranquilo, apoyado en el mesón mientras me hacía el interesante y sonreía como seguramente se ponían mis labios en esas situaciones, tal como si tuviera las preguntas del universo mismos; las que te hacías y te irías a hacer.

—¿Te conozco? —pregunta el tipo con un tono de voz que bien podría estar hablando con una cucaracha. ¡Que grosero! Ni si quiera disimula cuando me echa una mirada de arriba para abajo, al tiempo que enarca una ceja en modo bien defensivo. El tipo asusta. No me imagino a un sujeto como Oikawa de mejor amigo de él, o quizás sí.

—No, pero creo que yo te conozco a ti —respondo dándome un empujón para enderezarme y alejarme un poco de la escena porque la bibliotecaria tiene cara de estar observando el mejor dorama del año. Mis habilidades detectivescas siempre me impresionan. Iwaizumi no me quita ojo de encima, con cara de que claramente le caigo mal. Perfecto—. Eres el mejor amigo de Oikawa, ¿no?

De pronto me doy cuenta cómo su cuerpo tiene un cambio; él entero se tensa mientras se endereza también, y, en serio, aunque la diferencia de estatura igual es considerable se ve tan intimidante como que fuera a asestarme un puñetazo en cualquier momento. Frunce el ceño como si fuera a matarme y de pronto pienso que me he metido en un problema gordo sin querer. Este tipo tiene toda la cara de que, de ser necesario, no tiene problema en golpearme. Bien.

Aunque no tengo idea de qué pasa.

La curiosidad me carcome. Y a veces pienso que debería dejar de meterme en los problemas ajenos, o en la vida de otras personas, pero es tan interesante ser una presencia omnipresente que no puedo evitarlo. En la escuela cuando alguien me contaba un chisme yo siempre contestaba; "Lo sé", y cuando preguntaban cómo respondía; "Es que yo lo sé todo", y era verdad. Tengo un don para reunir información dispersa de un lado para otro y luego armar los cabos sueltos.

—¿Cómo conoces a Oikawa? —su voz es seria y de esa que seguramente hace temblar a muchas personas.

Carraspeo.

—Por ahí —es todo lo que digo mientras me encojo de hombros—, creo que somos como amigos, o algo así. A pesar de que suele desaparecer constantemente. Tiene un gorro muy genial. Me hablo una vez de ti-

—Ah, así que tú eres el tipo con el que estuvo la otra noche, ¿no? Perfecto, porque sería mucho agradecer si eso no pasara otra vez —Iwaizumi tranquiliza un poco el ceño y yo pienso que mi huida o pelea inminente parece esperar, por suerte. No me he peleado a puños con alguien desde los quince años, que recuerdos, por andar golpeando mal (tipo película. Donde te muestran toda la escena pero no la ciencia detrás de y tampoco la teoría) me quebré el pulgar. Exhala mientras recoge sus cosas. Yo me quedo observando, intentando comprender algo de lo que estuviera pasando pero la verdad es que no tenía ni una sola pista. Me ofendía el hecho de que me trataran como alguna clase de delincuente juvenil, ¡sólo le había dado hospedaje en mi casa cuando lo necesitó! No había razón para enojarse…

Oh.

Aunque quizás sí que cobraba un poco de sentido. Oikawa, ese día, no quiso volver a casa, estaba sentado afuera de una estación de metro solo y con frío, parecía con los ojos llorosos. Su celular tenía unas veinte llamadas perdidas de la misma persona; Iwa-chan. Y el susodicho sujeto se hallaba parado frente a mí, deseando mi muerte lenta y dolorosa. Pero no tenía lógica, se suponía que Oikawa había hablado con él y que sólo era un compañero, nada más.

Por supuesto, una parte de mi cerebro sabía que Oikawa me había mentido y si me mintió en eso, quién sabe en cuantas cosas más.

Podría sentirme ofendido, molesto, irritado, con ganas de asestarle un puñetazo que le rompa la nariz y le cambie su bonita cara de mentiroso, pero lo único que siento es tristeza y más decepción porque Oikawa, a pesar de todo, parece no confiar en mí.

—No te metas con él, por favor.

—Aguarda, aguarda, un momento —pido tiempo fuera mientras sigo observándolo, detengo su intento de huida o parecía que no tenía ningún interés en hablar conmigo. Otra vez me mira con mala cara, pero yo me mantengo firme—. Escucha, si te refieres a la otra vez lo lleve a casa porque no tengo idea dónde vive y, bueno…, ese día estaba solo, sentado en la calle, ¿qué esperabas que hiciera?

Pregunta estúpida, por supuesto. Podría haber hecho cien mil cosas diferentes, pero aun así no me arrepentía de mi decisión. En momentos como estos ese sentimiento es lo peor que te puede pasar.

—No lo sé, ¿devolverlo a casa, quizás? —pregunta con sarcasmo. Otra vez intenta irse y le detengo.

—Yo no sabía, digo, se supone que contestó tu llamada-

—Me cortó, de hecho, y luego apagó su celular. Qué querías que- Espera un momento… —de pronto su expresión cambia a una de comprensión. Me mira de arriba abajo, otra vez, y me alejo un solo paso. Sé que no tengo el mejor aspecto y de vista no caigo muy bien, pero estoy seguro que tengo uno que otro atractivo, mi indudable carisma es uno de ellos, ¡por supuesto! Quizás mi sinceridad ante todo, pero eso varia de persona a persona—Ah, ya veo, tú no sabes nada. Como sea. No es mi problema. Oikawa es un imbécil.

Dicho y hecho. Me quede a cuadros ante aquellas palabras tan crudas y en menos tiempo del cual podía reaccionar Iwaizumi Hajime se despedía de la bibliotecaria con una inclinación cordial de cabeza para luego desaparecer por la puerta. Pensé en ir a preguntarle sobre a qué se refería, pero no lo hice porque mis pies se quedaron pegados en el lugar. Me mordí el labio y luego pase la lengua sobre uno de mis dientes, recapacitando acerca de la conversación en mi cerebro.

No tenía idea de nada.

Pero si ese Iwa-chan conocía ahora dónde estaba Oikawa o podía explicarme, darme aunque sea una sola pista de él, entonces debía intentarlo.

A quién engaño. Sentía más curiosidad de saber acerca de qué estaba haciendo ese extraño tipo.

Agarre mis cosas y le seguí el paso, saliendo de la biblioteca y buscándolo en el pasillo con mi visión felina. La verdad no podía distinguir nada, así que simplemente camine hacia donde mis instintos me decían; izquierda. Y, ¡vaya!, mis sextos sentidos tenían razón. Caminando frente a mi se encontraba Iwaizumi. Sus pasos resonaban fuertemente contra el suelo, era gracioso, porque los de Oikawa eran tan silenciosos que tenías que voltear a un lado para recordar que estaba caminando junto a ti. Quitando ese hecho apresure el paso tratando de alcanzarlo.

—¡Hey!

Iwaizumi se detiene en seco y voltea a mirarme. No tiene una cara muy amigable y le sonrío a mi manera. Relaja un poco las facciones pero claramente se ve hastiado. En cierto modo lo comprendo; debe tenerlo difícil, viéndolo desde su lado.

—Qué quieres ahora… tú… eh-

—Kuroo Tetsurou —me presente rápido. Vaya, que grosero soy, ni había dicho mi nombre.

—¿Qué quieres? En serio, no quiero ser grosero pero estás irritándome demasiado.

Tipo directo, me gusta.

Intente mantener mejor mi semblante mientras me quedaba quieto en mi lugar. Ni yo sabía qué quería. Vamos, compañero, lee la atmosfera que te rodea, así cómo lees tus muchas ecuaciones matemáticas. Has algo en este momento. No te quedes sólo mirándome como si desearas que me cayera un tractor encima. Soy estudiante de Derecho pero eso no significa que tengas que darme toda la responsabilidad a mí, cabezón matemático.

—Tú sabes dónde vive Oikawa, ¿no? Sois mejores amigos —empecé de la manera más tranquila que podía. Deseaba pensar que era así. Iwaizumi se me queda mirando como si no estuviera seguro de haber escuchado bien y antes de echarme para atrás decido lanzarme a la piscina de cabeza, esperando quizás el golpe contra el cemento al final—: ¿Puedes decirme, por favor? Necesito… —¿Qué necesitas? Asume, no necesitas nada. Sólo eres tú, tu egoísmo y obsesión, otra vez—Verle, hablar con él.

—Pues llámalo. Es lo mismo, ¿no?

—No, mira, es que esto es algo complicado y ni yo sé cómo explicarlo, pero es algo así como una emergencia y… no te pido que me lleves al lugar, sólo que me digas dónde vive y dejo de molestarte.

—Eres un pesado —Iwaizumi suspira y enarca una ceja. Se cruza de brazos. Me pregunto qué le hará ser tan receloso de decirme la dirección de su mejor amigo. Al parecer de su aspecto tosco es claramente la clase de amigos que cuida de los suyos, como una mamá-gato, o algo por el estilo. No sé si catalogarlo de celoso o muy, muy preocupado—. Si quieres hablar con él una llamada es suficiente.

—Hombre, mira —me sacudo el pelo en desesperación, sin dejar de sonreír. Esto se vuelve difícil—, si no quieres, no me dices. Pero que sepas que igual lo sabré tarde o temprano, puedo preguntar en informaciones, en su facultad. Sería más tedioso, si, pero de todos modos lo sabría. Preferiría que me dijeras tú, ¿qué te parece?

Iwaizumi lo considera, puedo verlo en sus ojos. Me quedo en mi lugar manteniendo mi sonrisa tranquila al tiempo que pienso que quizás mis palabras sirvan de algo, pero el tiempo transcurre y nada parece querer salir de la boca del otro. Ni yo sé por qué deseo tanto saber de Oikawa, quizás sea porque siempre anda desapareciendo o porque fue a mi casa, mintiéndome, y algo que odio con la vida son las mentiras. O… o, podría ser que en aquella ocasión casi se había echado a llorar y, estaba seguro, me había besado la frente antes de irse. También necesitaba saber qué hacía frente a un hospital…, con una mujer.

Creo que Iwaizumi me dirá que no y me mandara a freír espárragos lejos, pero, otra vez me sorprende la vida:

—No lo molestes mucho, ¿vale? —suspira mientras saca un pedazo de papel de su mochila roída y lo que supongo es un lápiz, masticado.

No debería estarlo, pero una emoción burbujea en mi pecho.


Una ruta jamás se me había hecho tan larga como en aquel momento. Seguí al pie de la letra las indicaciones de Iwaizumi. Era un orgulloso capitalino que estaba seguro, o eso creía, conocía la mayoría de la ciudad. De esa manera termine en Shinjuku, rodeado de los comunes rascacielos y la mucha gente. Siguiendo lo que me habían escrito entre por unos cuantos callejones donde el gentío parecía haber desaparecido y así fue cómo acabe frente a una casa pequeña de dos pisos. Parecía una casa de muñecas, o caja de fósforos. Incluso yo, que he vivido aquí toda mi vida, me sorprendo de vez en vez que entre tanto edificio estén casas. Es simpático.

Me quede de pie revisando la dirección varias veces para saber que no me había equivocado. Al final guarde el papel en el bolsillo de mi chaqueta y me preparé para tocar la puerta. No pasó nada. Suspire e intente mirar por las ventanas, pero tenían las cortinas puestas así que de nada me servía. Me enfade por alguna razón y acabe golpeando la puerta nuevamente para al final descubrir un timbre, apretándolo con mucha insistencia.

Qué puedo decir, yo era el terror de los vecinos cuando era crío.

Oikawa estaba en casa.

Bufe ante la falta de respuesta pero seguí en lo mío. Para esas alturas la poca gente que transcurría por esas calles olvidadas me daba miradas que no podía pasar por alto; claramente estaba dando un gran show. Creo que incluso los dueños de la tienda al final de la cuadra me estaba mirando.

Pensé en llamarlo al móvil.

Me mordí la lengua y justo cuando estaba a punto de presionar el timbre nuevamente la puerta se abrió de golpe. Casi me desequilibro por la sorpresa y estuve a punto de caer de bruces al suelo, pero me salvo mi increíble equilibrio. Entonces todo lo que había pasado terminó en segundo plano. Lo único que pasó como en las películas (porque el resto es un estereotipo patoso) fue el hecho de que mi corazón estaba agitado, aunque, claro, cabía la gran posibilidad de que fuera por culpa de toda aquella adrenalina de antes, pero eso sería quitarle romanticismo al asunto.

Así, frente a mi, se encontraba de pie Oikawa Tooru. Parecía que en el tiempo que no lo vi mi cerebro había olvidado completamente cómo era porque en menos de un segundo lo había escaneado completamente. Sosteniendo la puerta se hallaba con ojeras, el pelo desordenado (era adorable, en serio), los labios secos y la nariz roja. Usaba unos pantalones largos de pijama con planetas dibujados y arriba un sweater que le quedaba largo de las manos, blanco, cuello tortuga. Sentía que se veía muy delgado en eso.

Nos miramos unos pocos segundos mientras yo recapacitaba sobre mi vida.

—¿Kuroo-chan? —él fue el valiente que rompió el silencio. Sonrió, pero hasta yo notaba que era una sonrisa forzada.

—Lo siento —fue lo primero que sale de mi boca—. ¿Te desperté?

—No, sólo estaba con música —es todo lo que responde y sigue sonriendo. Me siento estúpido de pie en la puerta de la casa sin saber qué hacer con las manos. Oikawa se ve muy drogi con su atuendo. Bosteza, se tapa la boca y parece un niño. La imagen me causa un revuelco de sensaciones que no sé reconocer—. ¿Cómo sabes donde vivo?

La pregunta obvia.

—Me encontré con Iwa-chan.

—Oh.

—Se lo pedí a él.

—Vaya, una sorpresa —se rasca la pantorrilla con el pie contrario y después parece volver a su faceta usual de felicidad absoluta. Se hace a un lado en la puerta—. Soy el peor, perdón. Ven, pasa…, aunque está un poco desordenado-

—Perdón por interrumpir —murmuro al tiempo que paso a la estancia mientras me saco los zapatos. Oikawa me señala que puedo dejar mi mochila "por ahí" y eso hago, al igual que mi ropa de más. Mientras sigo la silueta de Oikawa observo el lugar. Realmente una casa pequeña que seguramente tiene el segundo piso para mantener las habitaciones; abajo el living mezclado con el comedor, más allá una puerta a una pequeña cocina. En el living hay un sofá enano, una tele. En la parte de comedor una mesa con varias sillas de plástico, como si mucha gente viviera ahí. De uno de los lados sale la escalera al segundo piso, sin ningún pasamos, de esas que parecen haber sido esculpidas en la misma pared y que es más seguro escalar a punta de codo que a pie—. ¿Vives solo? —no puedo evitar preguntar.

No escucho a nadie más.

—Con Iwa-chan —comenta mientras se sienta en el sillón, subiendo las dos piernas. Hay un silencio hasta que sonríe y me hace un ademán para que me siente a su lado. Lo hago. Me quedo junto a Oikawa y no sé por qué me siento tan nervioso, bueno, quizás porque estamos solos al lado del otro. Tengo cierta tensión en mi interior. Aprieto los puños sobre las piernas—. ¿Quieres un té o algo? Sé hervir agua, creo.

—No, está bien-

—¿Té verde? Tengo un té de naranja, o pomelo, bien exótico. Lo compramos en una feria extrañísima pero es bueno —Oikawa no me escucha. Se ríe y el tono de su voz rebota en las paredes hasta mí.

Sonrío un poco también.

—Entonces bueno, tomaré un té con algo.

—¡Bien! —sonríe mostrando sus hoyuelos y dientes chuecos. Se levanta con agilidad—Ya vuelvo.

Lo escuche en la otra habitación; moviendo platos y trastes, además de encendiendo la cocina. En su ausencia me dedique a mirar a mi alrededor para capturar pistas de este Oikawa Tooru. Era la primera vez que estaba en un lugar tan privado suyo, su refugio personal, seguramente el lugar en el cual se encerraba cuando desaparecía (creía yo). La casa, aparte de la puerta, tenía unas cuantas ventanas y una que daba a un micro-patio en el cual por suerte se podía tener tres plantas, a media, y quizás colgar la ropa, pero no sabía con qué sol secar las cosas porque con los edificios alrededor ni llegaba.

Pude darme cuenta de a qué desorden se refería. Si miraba bien el sillón estaba lleno de migajas de comida. Por el suelo e incluso cerca de la tele habían tarros de ramen instantáneo. Entre una de las cosas favoritas un montón de papeles; ejercicios de matemáticas, muchos de ellos. Había lápices desperdiciados, vasos y en el comedor tenían ropa colgada de las sillas. Era un poco gracioso. Aparte de eso unos cuantos pañuelos usados y cajas vacías; de esas que tienen caricaturas. También estaban unas cuantas caratulas de DVD de películas extranjeras pero la única abierta era la que salía contenía la serie completa de Evangelion.

No pude seguir mi investigación visual porque justo en ese momento Oikawa volvió con dos tazas. Me tendió una y luego volvió a sentarse a mi lado, esta vez cruzado de piernas.

—Auch, casi me quemo.

Le di un sorbo al té. Me quemé la lengua.

Observe la taza y el reflejo que se generaba de mi cara en la superficie. Salía vapor que se esfumaba rápidamente. En esa casa hacía frío, era evidente con la falta de luz natural que debían tener. Me preguntaba cómo lo haría Oikawa, después de todo era un friolento de primera.

Estando en silencio me pregunto una y otra vez qué, exactamente, vine a hacer acá. Podía pensar que era porque estaba preocupado por Oikawa, claro, pero, ¿sería cien por ciento cierto? No estaba muy seguro. Ahora que me hallaba a su lado, sabiendo que todo el tiempo que no supe de él estuvimos en la misma ciudad, me sacaba de quicio, de una forma rara. Pero también me preocupaba, no podía pensarlo de otra forma. Quizás era esa sensación de; "Querer lo que no puedes tener", y en este momento Tooru era el querer de esa frase.

—Oikawa —llamo después de darme ánimos mentales. No podía ser tan quisquilloso al respecto, ni tampoco arrancar del problema. Debía enfrentarlo.

—¿Hm? —formula mientras toma otro sorbo del té, me mira sobre la taza y me encuentro con sus ojos café.

Trago saliva.

—¿Por qué siempre desapareces sin avisar?

Es todo lo que necesito preguntar en este momento. Oikawa me mira, todavía bebe un poco de té pero no reacciona. Parece haberse quedado pegado en su lugar. Me mantengo sereno, esperando la respuesta que quiero escuchar o simplemente he estado necesitando desde hace un tiempo. Después de un tiempo él deja la taza en el suelo, así, nada más. Al final me mira con serenidad, como si no estuviera preocupado cuando yo creí que negaría mis palabras aunque fuera sólo un poco.

Al parecer me equivoco.

La verdad es que siempre me había jactado de mis cualidades de comprender a la gente o analizar mi entorno. Cierto era que, por ejemplo, cuando jugaba vóley no era sólo mi altura lo que daba ventaja. Lev fue un claro ejemplo de que altura no significaba ser automáticamente bueno en el deporte. Así que yo, para aprender a bloquear, tuve que mimetizarme con la persona que tenía al frente; expresiones, gestos, miradas, cualquier cosa que me diera una pista de lo que estuviera pensando. Siento que gracias a eso me convertí en un buen analítico u observador de personas, pero claro, todo eso parecía no funcionar acá. Mirando a Oikawa no tenía idea qué estaba pensando.

Esto ya me había pasado, una vez, con Tsukki y las cosas no habían salido bien con él, por lo menos para mi lado. Por decirlo de una manera quien no había salido bien no fue nadie más que yo. En ese ámbito Kenma tenía razón; esa mala costumbre mía de engancharme tan rápido de las personas me estaba jugando malas pasadas justo ahora y como antes. No podía evitarlo. Las personas no podemos controlar de quién nos enamoramos o terminan gustando porque, si fuera así, aseguro que todo sería más fácil. Pero lo siento, Kenma, parecía que ahora otra vez había acabado prendándome de una persona la cual, seguramente, me dejaría hecho un lío.

Igual ya lo estaba haciendo.

—¿A qué te refieres, Kuroo-chan?

Parpadeo, incrédulo. Realmente ira con el plan de hacerse el que no sabe.

—Eh, ¿qué crees? Oikawa, una vez dejaste de hablar conmigo como… ¿dos semanas? —ya ni me acordaba exactamente cuánto tiempo fue. Los sucesos estaban mezclados en mi mente sin orden cronológico. Siempre me pasaba. Me gustaría culpar a mi dislexia (después de todo siempre la culpo por algo), pero nunca he investigado o preguntado a especialistas si podría ser por eso—, ni si quiera te vi en las calles o… una llamada, lo que sea —me pase una mano por el pelo. Me sentía extrañamente idiota con las palabras, no sabía cómo expresarme, y que por favor dejara de mirarme con esa cara suya tan bonita—. Y ahora… no tenía idea dónde estabas o qué, qué hacías… ¿Qué quieres que piense? No sé si te agrado o me odias…

No pude agregar que en su desaparición lo había visto frente a un consultorio con una chica. Eso me lo guarde para mi, más adelante podría sacarlo.

—Así que, no sé qué más agregarte. Sólo siento que estamos jugando a algo y, por favor, me gustaría saber qué es para poder jugar también —no pude evitar que el tono saliera sarcástico. Fue inevitable.

Frente a mi Oikawa se mordió el pulgar pero, raro, parecía estar sonriendo un poco. Bajó la cabeza y después de unos minutos de silencio se levanta del sofá. Siento que me mandara a la mierda, puedo verlo, no sería muy extraño. Veo la manera en la cual su pijama le queda suelto y tengo su trasero tan cerca de la vista que me obligo a mirar hacia otro lado, porque mis pensamientos terminarían yéndose a otro lugar bajo, muy bajo.

Camina un poco, luego se devuelve. Parece reír. Me obligo a quedarme quieto aunque lo único que quiero es levantarme y enfrentarlo, pero en está vida hay que ser diplomáticos.

—Kuroo-chan, ¿te preocupo? —pregunta.

—Eh…, si —no es mentira. Realmente hay una parte que se preocupa demasiado por Oikawa, más de lo que debería.

Otra vez le escucho una risita y frunzo el ceño, digo, ¡hombre, estoy tratando de ser sincero acá y tú vienes a reírte en mi cara! Miro su expresión cuando se da vuelta. No puedo leerla, otra vez, y eso me irrita. Me preparo para ponerme de pie pero su voz me detiene:

—No deberías, Kuroo-chan —suelta sin más.

—Qué cosa-

No termino la oración porque de pronto, tan rápido que ni lo veo venir, se encuentra sosteniendo mi rostro entre sus manos frías y sus labios tibios chocan con los míos. Me quedo tan a cuadros, con mi organismo hecho un desastre, que no tengo idea cómo debería reaccionar. Así que lo único que hago es quedarme estático, aunque igual sería lo mismo porque no puedo moverme, cada extremidad está quieta. Oikawa se queda un momento así. Siento su respiración en mi mejilla y la suavidad de sus labios. De pronto me siento ardiendo a pesar de que ahí hace frío.

El beso sabe a naranja.

Lo profundiza antes de que pueda quitarlo o agarrarlo, lo que ocurra primero. Besa tan bien que siento que en mi vida a toda la gente que he besado es lo mismo que si hubiera enrollandome con una pared. Me suelta sólo para que podamos respirar y luego vuelve a besarme, o yo lo tiro a él del cuello de su ropa. Sólo sé que saboreo sus labios como si fuera lo último que pudiera hacer ese día. El eco de las paredes me devuelve el ruido que hacemos; es húmedo, se siente mal y al mismo tiempo bien. Es como si todo fuera nada más que una rara fantasía.

Pero, por favor, no me despierten.

Enredo mis dedos en su pelo y Oikawa aprieta mi cuello. Me da escalofríos y delineo con la punta de mi lengua su labio inferior. Él sonríe un poco.

A ese punto me siento ardiendo, pero mi conciencia sigue gritándome lo mal que está todo eso.

Oikawa me besa otra vez, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. Tantas veces que pierdo la cuenta y lo único que tengo en la boca es la sensación de naranja dulzón, junto con el hormigueo de su lengua y labios sobre los míos. Sólo puedo sentir sus manos jugando en mi cuello. Yo toco su cara, donde se forman sus hoyuelos y luego acaricio sus pequeñas orejas que parecen escondidas entre todo el pelo que tiene.

Pero está mal.

Con toda la fuerza de voluntad que logro conseguir corto el beso y me separo de él, pero Oikawa se tira hacia delante y estoy medio acostado en el sofá. Me mira con ojos de cachorro, tan intensos por el café en ellos que me pierdo y debo observar el techo para volver a concentrarme. Lo siento casi encima mío pero me sigo diciendo lo erróneo que todo está.

—No, Oikawa… esto no está bien —logro formular. Debo mantener la compostura en está situación.

—¿Por?

—¡Tú y yo no…!

Oikawa acaricia mi mejilla con sus labios.

—Tú me gustas, Kuroo-chan, creí que ya lo sabias. Así que, está bien —murmura en voz tan baja que me pierdo con un tono de voz serio. Parece que realmente está diciendo la verdad.

Ante esa respuesta lo que me queda de conciencia se va al carajo. Me aprieto la cara entre las manos para resguardar mi vergüenza, pero se sentía raro teniendo la respiración de Oikawa encimo mío y sus labios besando mi cuello, ahí donde el pulso se puede leer. Me vuelve a besar y yo le sigo porque no podría negarme.

No sé cuánto tiempo estamos así, pero mi cerebro vuelve a conectarse cuando siento cómo se arrodilla frente a mí.

Me enderezo tan rápido que creo que mi cuello se va a dislocar. No soy idiota, y menos cuando lo veo bajándome la cremallera. Es entonces que todas mis neuronas comienzan a funcionar a la vez y las dendritas vuelven a lo suyo. Le alejo con las manos, otra vez luchando contra mis instintos que gritan; "¡Joder, sí!". Oikawa ya me había bajado los pantalones lo suficiente y qué puedo decir, no me había dado cuenta de que estaba tan necesitado. Aun así lo mantengo lejos, siento el rostro rojo. Si esto fuera una situación normal pues, adelante, ni lo detengo pero aquí desde el principio mi conciencia me dice que voy por el camino equivocado.

—No, Oikawa, esta mal —le dicto como un santo, el que no soy. Pero, ¿cómo puedo explicarle que desde hace unas semanas estoy dudando completamente de su salud mental? Y que, para empeorar todo, desde hace unas horas estoy dudando completamente de él y su sinceridad.

Él me mira desde abajo.

—¿Por? Todos lo hacen —contesta como si nada al tiempo que besa la zona y yo me retuerzo. Debería ser fuerte, pero no funciona. De sólo imaginármelo deseo rendirme ante la situación. Otra vez sus ojos café me atrapan, ahora parecen un poco sinceros—: Por favor, te haré sentir bien.

Soy débil, lo admito.


NA: Se me olvida decir que muchas gracias por los reviews, favoritos, follows y cosas. Me gusta responder sus mensajes para agradecer (pd. si no lo he hecho no es porque no quiera. Pero dudo a quién le conteste y me da vergüenza pensar que podría mandar el mensaje dos veces). Ah, y frente a muchas personas que me han preguntado respecto a los títulos de los capítulos quiero decirles que, joder, los adoro, todos hacen sus tareas (Nitta está orgullosa y feliz). Efectivamente cada título está relacionado con los personajes, la verdad es que con el personaje en particular de Oikawa. Si se busca cada satélite que se pone se podría sacar una idea de su papel en cada capítulo.