Disclaimer: HQ! y sus personajes pertenecen a Furudate-sensei.


—The stars shine in your eyes (and die in your hands)—


En esta vida hay cosas inexplicables, y una de ellas era cómo, después de todo lo ocurrido, terminamos sentados frente a frente en su sofá mientras conversábamos. Mejor dicho Oikawa me contaba sus teorías de la vida universitaria. Normalmente no me preocuparía escucharlo, pero después de que yo me corriera de manera silenciosa (y él se lo tragó, cosa que me hizo pensar qué diablos estaba pasando), aferrando su cabeza y gruñendo para mí mismo, mi nivel de atención era el mínimo. No podía creer que Oikawa después de todo lo que hizo (y joder que lo hizo bien, jodidamente bien. Era hasta un hecho vergonzoso) simplemente se hubiera limpiado la boca con el dorso de la mano, me diera otro ligero beso en los labios para comenzar a charlar.

Era increíble.

Una parte de mí lo encontró jodidamente loco, la otra demasiado sensual.

—Los freshman siempre se preguntan por qué los seniors los odian, ¿te has dado cuenta? Cuando uno es freshman siempre anda de aquí para allá diciendo cosas como; "Es ridículo" o "Es estúpido", y blablá, crees que los casi egresados son unos idiotas, ¡pero! No descubres la verdad hasta que ya estás como en… segundo, sí. De lo irritante que son los freshman y entonces ya no te preguntas porqué los seniors los odian, o los demás de la universidad como los profesores e incluso las personas que hacen el aseo. Los de primer año son lo más irritante que hay en está vida. Yo en mi primer año también me preguntaba por qué los mayores no odiaban y cuando pasé a segundo fue como; "LOL, ¿qué hacen estos hobbits en mi facultad? Vuelvan a la comarca o el jardín infantil".

Oikawa hablaba y hablaba. Seguramente era la segunda persona que conocía que podía soltar tanta palabra de esa manera sin si quiera respirar. La primera era Bokuto.

Movía las manos y sonreía de vez en cuando.

Por eso me quedé más a cuadros cuando, repentinamente, su voz comenzó a morir hasta dejar de hablar y el silencio otra vez nos inundara. Había un reloj sonando a lo lejos y afuera todavía se colaba el ruido de los autos de las calles centrales. Cuando Oikawa se calló primero pensé si me había preguntado algo que no había escuchado, pero era ridículo porque lo había estado escuchando todo el tiempo y después me dije que seguramente era mi momento para aportar algo a la conversación, cuando repentinamente Oikawa se llevó una mano a la cara y se limpió la comisura de los ojos con las mangas de su ropa de una manera tan agresiva que me asustó. Repitió el proceso varias veces.

Se echó a reír mientras se tapaba los ojos.

Mi cuerpo se crispó de la manera en que siempre hace cuando notas a una persona llorando cerca de ti, con cierta incomodidad en los músculos. Apreté las manos sobre mis piernas mientras escuchaba en silencio los hipidos que soltaba al tiempo que intentaba limpiarse, sin mucho éxito, las mejillas mojadas. Las lágrimas caían como gotas de lluvia imposibles de detener; gordas y vistosas para yo que estaba tan cerca. Su nariz enrojeció de una manera que me recordó la primera vez que lo vi, hace quizás mes y medio o más, no estaba muy seguro. Quizás hasta ya habían pasado dos meses. El tiempo ahora se sentía poco importante. Se llevó las rodillas al pecho mientras seguía tapándose la cara.

No me di cuenta que me había quedado quieto hasta que volví a escuchar su voz; rota y entrecortada por los sollozos.

—L-Lo siento —hipó una y otra vez. A pesar de todo Oikawa no era de las personas ruidosas cuando lloran, aunque su respiración se entrecortaba de una manera preocupante y daba la impresión de los que empezaban para no parar en un buen rato. Note que cuando hablaba no se le entendía a buenas primeras, o yo estaba sordo—. Lo siento tanto- Yo… soy un idiota —se lamentó al tiempo que se llevaba las manos a la cabeza y se tiraba mechones de pelo—. Por hace rato yo…, de verdad lo siento… es tan sólo, ¡mierda! De verdad. No sé qué estoy haciendo- y… ahora hablándote de todas estas estupideces- Lo estoy haciendo de nuevo, ¡mierda!

La sensación que me daba Oikawa en ese momento es como cuando ves un incendio forestal y sabes que ni echándole agua se apagara. O cuando rompes el jarrón favorito de mamá y piensas que pegándolo con pegamento barato se solucionara el asunto.

Una sensación rara.

Por suerte soy de las personas que siempre actúan, aunque no tenga idea qué está pasando alrededor suyo. Creo que ese hábito se me generó cuando fui capitán de Nekoma, porque cuando eres capitán de algo se supone que todos los demás tienen que confiar en ti o saber que estás ahí para ellos. En mi último año de escuela resolví tanto problemas ajenos como propios que pensé, seriamente, en estudiar psicología. Mirando atrás no sé cómo lo hice para sacar buenas notas, ser buen amigo y aparte mantener un buen papel en mi puesto de capitanía.

—Eh, Oikawa, tranquilo —hable en voz baja mientras me acercaba un poco hasta tomarlo por los hombros. Estaba tibio. Bajo la ropa que llevaba podía sentir los huesos de sus clavículas y pensé, estúpidamente, cómo se vería si no tenía nada de ropa encima. Daba la impresión de que su cuerpo era delicado, como si lo fuera a quebrar si apretaba mucho. La clase de sensación que me daba con Kenma, pero eso era por nuestra diferencia de estatura, y ahora la persona que tenía al lado era más bajo que yo por quizás unos cinco centímetros, máximo—. Tranquilo. Llora si te hace sentir mejor pero háblame, o explícame, déjame ayudarte.

No soy una persona muy de piel, pero viéndolo así sólo se me ocurría abrazarlo, pero claro que no lo hice.

—Lo siento tanto, Kuroo-chan —siguió hipando mientras se descubría el rostro. Sus ojos estaban hinchados y le caía un poco de moco por la nariz. Supe que estuve jodido cuando me di cuenta que su cara llorosa también me parecía atractiva—. Lo siento, n-no debí haber hecho eso… yo… lo arruine y-

Lo vi tan destruido que no supe cómo explicarlo con palabras que estaba bien, así que lo único que hice fue inclinarme hacia delante y besarle en la boca. Así, nada más. No tengo idea si era un beso francés, americano, nipón o animal lo que estaba haciendo yo ahí pero sólo mantuve nuestros labios presionados. Los suyos sabían salados y supuso que eran por las lágrimas, pero de todos modos no me alejé. Le tomé por el cuello para acariciar con el pulgar la piel de ahí y luego lo hice con sus mejillas.

Oikawa se quedó quieto, no se alejaba ni se acercaba. Sentía su respiración contra la piel de mi cara y era cálida. Todavía le escuchaba hipar un poco, casi nada.

El beso duró quizás medio minuto, no estaba seguro. Pero por lo menos podía pensar que había dejado de llorar de esa manera tan desastrosa.

Me separé cuando supuse que era momento de dar la cara y lo vi de cerca. Él me miraba con una expresión de niño perdido, junto con sus ojos grandes y cristalizados. Le tome la mano porque no supe qué más hacer y eso se veía lo más correcto, a eso entrelace nuestros dedos como había visto en varias películas románticas. No me gustaba ver a la gente llorar frente a mí porque me daban ganas de cuidarlas o decirles algo, aunque nunca sabía qué exactamente. Normalmente mis consejos eran crudos y la gente me odiaba por ello.

Por eso preferí no hablar.

Le besé la frente, luego los párpados y las mejillas.

Hay momentos en la vida que te das cuenta que harás algo de lo cual, posiblemente, terminarás arrepintiéndote mucho pero aunque lo sabes de todos modos lo haces. El arrepentimiento es más fácil cuando sólo es imaginario, después de todo.

—Me gustas, Oikawa, y lo digo en serio —solté sentado frente a él con rostro de seriedad. Cuando dije esas palabras me di cuenta que cierta presión en mi pecho desapareció y supuse que era verdad. Me gustaba Oikawa, de eso estaba seguro, no podía decir que era "amar", y al mismo tiempo tampoco podía ir más allá de pensar qué tanto me gustaba. Si como amigo, pareja, amor de la vida o alma gemela. Creía que era la clase de sentimiento que te da con algo que te gusta mucho y era de esas clases de personas que conoces para darte cuenta que realmente quieras mantener a tu lado.

Era un amor diferente al que había sentido antes.

La verdad es que cuando te gusta alguien nunca es tan complicado como lo pintan en las películas, así como que el sexo no es para nada romántico y tu primera vez nunca es mágica. Esos son estereotipos que dan la gente porque ellos mismos quieren que las cosas sean así; vivir un romance perfecto, que al mantener relaciones sexuales sea sólo mirarse a los ojos y gemir como actor porno. No. El gustar es mil veces más sencillo que eso. Simplemente te gusta una persona y ya, que vaya a funcionar o no es otra cosa que hay que jugarse.

A ti pueden gustarte muchas personas al mismo tiempo y esa es la diferencia que puedes tener con una en particular.

En este caso para mí es Oikawa.

—Me gustas —repetí para besarle nuevamente los labios, pero esta vez más corto.

Oikawa temblaba y cuando lo vi me di cuenta que su rostro había pasado de una neutralidad tranquila, a una sorpresa y luego a una pequeña sonrisa casi avergonzada. Una que jamás le había visto. Cuando sonreía de esa manera me daba cuenta que su dentadura era más dispareja de lo que parecía. Se veía adorable. Recordaba que lo primero que noté fue sus colmillos, allá cuando lo vi sonreír por primera vez.

—¿Te gusto?

—Eh, pues sí —respondí echándome hacia atrás y tocándome la nuca con la mano. Pensaba en mis posibilidades. Era extraño. No era la primera vez que me confesaba a alguien (de hecho era la segunda), pero sí en la cual la persona no daba la actitud de negarse o salir corriendo, o fruncía el ceño. Me hubiera gustado agregar un; "Creo", en esa frase, pero habría sonado mal, así que no lo hice. Digamos que me gustaba Oikawa y así—. ¿Muy raro?

¿Quizás no le gustaban los hombres? La verdad que yo nunca consideré mi sexualidad hasta tercero de instituto, cuando conocí a Gafas-kun, y me di cuenta que bateaba para el otro lado. O mejor dicho era Tsukkisexual. Claramente esa relación no me funcionó y pensé que había quedado en que me gustaban los hombres. Pero según había escuchado, de propia boca de Oikawa, él había sido hetero toda su vida…, o sería bisexual. Nunca se sabía.

A pesar de ello hizo demasiado para considerarlo cien por ciento hetero. Yo todavía tenía el cosquilleo de su boca sobre mí.

Oikawa negó con la cabeza y se encogió de hombros.

—No.

—Ya.

—Es la primera vez que estaría con un hombre —comentó al final. Todavía tenía la nariz medio tapada pero se había limpiado con la manga de su ropa. Los ojos estaban hinchados y la nariz roja—. Realmente no sé cómo vaya a terminar todo esto, Kuroo-chan…, me asusta un poco… por ti, digo —agregó al final mirándome un momento casi con timidez, o culpa.

Sonreí con un poco de incomodidad, pero seguramente en mi cara se veía de esas sonrisas místicas mías. Nadie nunca podía diferenciar mis sonrisas y creían que eran cínicas o sarcásticas mayor parte del tiempo. La única persona que veía tonos diferentes era Kenma, y es que él era especial.

Pensé en las palabras de Oikawa. No me parecía muy justo pensar que la única persona que se estaba jugando el pellejo acá era yo, y tampoco me sentí conforme con la manera en que está rara relación estaba empezando, pero sí así iba a ser, pues ya qué. No tenía nada más que lanzarme nuevamente a la piscina y bracear con fuerza hacia donde pudiera. Quería estar con Oikawa, o por lo menos ser una persona especial para él. Deseaba que me hablara y me mandara más de sus mensajes raros, que de ser necesario fuera a mi casa para esconderse del mundo o hiciera lo que quisiese. Si quería mentirle al mundo estaba bien, yo también mentía, pero deseaba que me dejará la verdad para mi.

Tal vez era mucho pedir, pero también deseaba ser egoísta.

—Veamos hasta dónde podemos llegar —musite mientras le daba un apretón a su mano.

Oikawa se río con ganas mientras, otra vez, se limpiaba la comisura de los ojos.

Yo en ese momento, sinceramente, esperaba que llegáramos lejos.


Me quedé con Oikawa una hora y media más, hasta que me di cuenta que se había hecho relativamente tarde. Cuando vimos la hora Oikawa se puso como león enjaulado; yendo de acá para allá recogiendo cosas y botando otras tantas. Comenzó a farfullar algo acerca de que Iwa-chan llegaría pronto y si lo veía como estaba lo regañaría. Yo, sin nada más que hacer, sentado en el sofá me pregunte por qué alguien te regañaría por hacer el vago todo el día. Digo, comprendo en parte ello, pero si Oikawa se quedaba en casa (yo pensaba) era porque estaba enfermo.

(Claro que me equivoque).

Ahora que lo pienso no se me ocurrió preguntarle por qué faltaba a la universidad. Otro error mío.

—Iwa-chan llegará pronto —musitaba entre dientes, comiéndose las uñas o los dedos, ya no sabía. Me miraba con nerviosismo mientras repetidas veces terminaba dándole vigilancia a la puerta de entrada, como si en cualquier momento pudiera abrirse.

—Oh.

—Se va a enfadar y tengo que buscar las pasti-, digo, tengo que recoger y, ¡ah! ¡Cuánto desorden! ¿Por qué rayos está tan desordenado?

—¿Te ayudo?

—No, no te preocupes. Te está haciendo tarde y…

Pensé que era una buena indirecta para que me fuera de ahí. Así que simplemente le ayude a recoger unas cuantas cosas más para no tener muy manchada la consciciencia y luego anuncie mi ida. No era por dar lastima por el mundo, pero Oikawa si se veía un poco más tranquilo cuando supo que me mandaría a cambiar. Me llevó a la puerta y me despidió con un beso en la mejilla, aunque me hubiera gustado saborear sus labios otra vez. Luego me prometió que hablaríamos pronto, que me llamaría y agradecía mucho (mucho, mucho) que lo haya ido a visitar.

Yo no sabía si estaba hablando con un Oikawa sincero o no, pero decidí sentirme importante y fingí también una sonrisa tranquila.

Igual yo le mentí, diciendo que estaba bien y que me llamara cuando pudiera. Oikawa se río y prometió que me llamaría, de nuevo. Decidí creerle porque no podía hacer nada más.

Luego de eso me dije que no tenía nada más que hacer salvo volver a casa, así que hice todo el trayecto tomando el tren de la estación cercana. De milagro me logré sentar en un vagón semi vacío y me perdí pensando en lo que había pasado, aparte de las muchas sensaciones que había vivido. ¿Qué podía decir? Era la primera vez que me habían practicado sexo oral y sólo podía pensar que era maravilloso, quizás porque Oikawa, a mis ojos, lo era (o tal vez él era demasiado bueno, no estaba seguro. No tenía modo de hacer comparación). Aunque me hubiera gustado haber participado más. No podía pensar que nuestro encuentro fue tener sexo en todo el significado de la palabra, porque yo no lo había tocado salvo para besarlo y nada más. Después de que me corriera en su boca comenzó a conversar como si nada.

¿Estaba la posibilidad de que la próxima vez las cosas se dieran de otra manera?

Pensé, seriamente, que Oikawa estaba enfermo de algo. Lo más probable es que fuera físico y si era así había una razón de por qué faltaba con tanta regularidad a la universidad además de desaparecer de la vista, además del porqué de no practicar deporte. Según lo que había logrado rescatar y él trato de obviar era que tomaba pastillas, lo más seguro es que remedios de alguna clase. De ser eso corroboraba que su salud estaba baja y que por ello también su Iwa-chan se preocupaba tanto por él cuando desapareció una noche de invierno.

Podía ser, podía ser.

Y aunque era muy convincente a buenas primera no me lograba calzar del todo. Había algo que me faltaba.

Llegué a casa a eso de los treinta minutos y la verdad lo único que hice fue dejar la mochila en el recibidor para luego correr, casi literalmente, a casa de Kenma. En momentos como ese donde me encontraba con crisis existenciales agradecía con la vida que fuera mi vecino.

Su mamá me recibió con un beso y un saludo muy amable en la puerta. Conteste sus preguntas rápidamente acerca de mi ajetreada vida universitaria y luego me invitó a que subiera cuando yo estaba casi a mitad de las escaleras. Trote por el pasillo que me sabía de memoria hasta tomar el pomo de la puerta. Si podía hablar con alguien ese era Kenma. Sin duda él tenía las respuestas para esas cosas y aunque no conocía a Oikawa de primera mano si le hacía una descripción general, además de darle mis teorías, podría llegar a algo. Quería aferrarme a eso. En mi lista de gente de confianza Kenma estaba demasiado arriba.

Por ello tome el pomo de la puerta con desesperación mientras abría de tirón, olvidándome como muchas veces desde que era niño a tocar para avisar. Cuanta nostalgia encierran esas paredes.

—¡Kenma! —grité dejando golpear madera contra madera. Iba a decir algo más pero me quede de piedra al darme cuenta que Kenma no se encontraba exactamente solo en la habitación—Oh, mierda, lo siento por interrumpirlos.

—Aprende a tocar, Kuro.

—¡Yo! Kuroo-san.

Sentía que eran siglos desde que no me llamaban así.

En la habitación de Kenma se encontraba no sólo él, sino también Hinata Shoyo, el antiguo as de Karasuno. Su pelo estaba igual de brillante que siempre pero ahora que era más grande estaba más desordenado que nunca. Su piel se había llenado de unas pequeñas, casi imperceptibles pecas anaranjadas (no como el Pecas-kun amigo de Tsukki). Fuera de eso se sentía casi igual. Estaba usando la antigua chaqueta de Nekoma de Kenma y yo pensé que esos dos de ser una pareja más normal habría cabido la posibilidad de que los interrumpiera en medio de tener sexo.

Al menos eso me habría dado para hacer bromas al respecto.

Pero como eran ellos, véase una pareja muy especial de las que ya no se ve estos días, lo único que estaban haciendo era estar sentados uno al lado del otro mientras jugaban videojuegos.

Increíble, las parejas de hoy en día eran increíbles. A veces me preguntaba, directamente, si mi mejor amigo no era asexual.

—Si está el Enano de Karasuno acá —musité sonriendo mientras me cruzaba de brazos y me apoyaba en la puerta para hacerme el interesante, o una clase de inspector que iba a hacer todas las preguntas necesarias; "¿Qué estás haciendo con mi pequeño niño, Cuervo de Karasuno?" o "¿Cuáles son tus intenciones con mi Kenma?", cosas así. A los amigos hay que cuidarlos y a los mejores amigos hay que celarlos, y molestarlos cuando tienen pareja. Es ley universal—. ¿Ya han gastado frustraciones en el otro? Eso es ser rápidos. Sin duda sigues siendo tan rápido como recuerdo, numero diez.

—¿Ah?

—Déjalo. Kuro, no molestes a Shoyo.

—¿A qué se refiere Kuroo-san?

—Es estúpido, eso es lo que pasa. Se pegó muy fuerte con un poste de luz cuando éramos niños por andar corriendo calle abajo sin mirar hacia delante y desde entonces que está así.

—¡Hey!

Entré sin si quiera pedir permiso y cerré la puerta detrás de mí con el pie. Vi la pantalla para darme cuenta que los dos estaban jugando una partida de Super smash bros. Ese juego siempre me había parecido más tranquilo que el Street, porque por lo menos conocía y podía nombrar a unos cuantos personajes. Pero jugar contra Kenma era como asumir que automáticamente ibas a perder y el enano de Karasuno parecía, o más bien era, de esos jugadores que movían los controles por todo el lugar mientras apretaba cualquier cosa. Además hacía un montón de ruido.

Una escena digna de ver.

—¡Ya! Kenma, ¡no! Espera, ¡eso no es justo! ¡Estaba a punto de ganar!

—¿Teniendo problemas? —pregunte yo mientras echaba un ojo a la pantalla. Supe al instante qué personaje era Kenma porque era el que mejor se movía.

Kenma suspiró.

—Shoyo es terriblemente malo. Creo que quizás hasta tú le ganas, Kuro —comento con su voz monótona para luego recibir una queja por parte del colorín. Kenma me miró sólo por un segundo para luego volver toda la atención a la pantalla. Seguía oprimiendo botones y haciendo combinaciones cuando me pregunta—: ¿Qué pasó? Te ves preocupado.

Pienso en mis opciones. Había venido específicamente aquí para hablar con Kenma pero no había reparado en las posibilidades de que no estuviera solo. No es que me de vergüenza hablar mis problemas, bueno, la verdad sí, pero era raro tener que tener al novio de mi mejor amigo escuchando también. Aunque ya qué, no hay opción. Por eso mismo simplemente me senté en la orilla de la cama mientras los veía hacer una nueva partida.

—Un poco… —murmure entre dientes. Kenma me miró de reojo un momento para luego volver a concentrarse en su juego. Intente reunir el valor para poder contarle todas mis inseguridades, o algo del estilo, por lo menos hacer un resumen lo suficientemente bueno para que sacara un perfil de todo el asunto. Eso sí, ahora mismo no podía contarle que me había enrollado con Oikawa, eso me lo guardaría para cuando estuviéramos realmente solos—Hmp, digamos que he estado viéndome con alguien y…, bueno, no comprendía mucho qué pasaba. Digo, hablamos y todo, pero normalmente desaparecía y…, y… hoy lo fui a ver-

—Espera, ¿de qué persona hablas?

—¿Es necesario que te lo diga?

—Bueno, es más fácil tener un nombre en la cabeza que pensar "Persona A".

Bien jugado, muy bien jugado.

Me preparé para soltarlo, aunque daba igual, Kenma no conocía a Oikawa, por lo menos de primera mano. Había escuchado de él tanto como yo cuando íbamos al instituto, y sería. No tenía idea cómo hacerle un perfil ahora mismo de su persona, solamente podía pensar que era un alguien extravagante del cual dudaba ligeramente ahora mismo. Me puse a pensar que en varias ocasiones lo había observado con los ojos rojos, como si llorara seguido.

—Es Oikawa Tooru —fue todo lo que dije.

Kenma abrió la boca para decir algo pero en ese momento el Enano de Karasuno fue el que se dio vuelta en su lugar. Su personaje murió instantáneamente mientras caía por el precipicio de la perdición. Su boca se abrió y cerró mientras hacía varios de sus ruidos raros de ave. Kenma le miró con los ojos abiertos, sin saber qué decir, mientras que Hinata le zarandeaba del hombro. La partida quedó olvidada al tiempo que yo pensaba qué diablos estaba pasando ahí, era como observar la transformación de un pequeño huracán a lo que fuera que terminara convirtiéndose.

—¿Shoyo?

—¡El Gran rey! —exclamó Hinata mientras me miraba con los ojos muy abiertos. Pude notar, en mi idiotez, que en su nariz diminuta había pequeñas pecas. Que cosas. Kenma suspiró mientras ladeaba la cabeza en completa señal de flojera pero yo me tensé en mi lugar mientras lo miraba con atención. Por supuesto, de los tres acá era quién más lo conocía y que aparte habían vivido en la misma ciudad—¡Has visto al Gran rey, Kuroo-san! Eso si que es una sorpresa-

—¿Sorpresa? ¿Por qué? Si estudia acá —solté mientras lo miraba con atención.

El Enano se encoge de hombros.

—Bueno, es que normalmente vuelve a Miyagi varias veces al año…, digo, ¡yo no sé todo! Se mudó a Tokio cuando íbamos en segundo pero lo veíamos constantemente en las calles y… y… Bueno, escuchamos que estaba teniendo problemas. No recuerdo bien —borbotea mientras voltea a ver a Kenma como si esperaba que él tuviera todas las respuestas. Al final nuevamente me mira y yo me quedo a cuadros tratando de procesar la información—. Pensé que seguía en Miyagi. Yachi…, nuestra antigua manager —creo que la recuerdo. Una rubia diminuta, claro—, nos había contado que nuevamente lo vio por allá. Lo saludo, para variar, y toda la cosa. Decía que se veía mejor que en veces anteriores-

—Espera, ¿qué? —no entiendo nada.

Él parpadea y entrecierra los ojos. Kenma le susurra algo que le deja pensando un momento y yo me siento tan fuera de lugar por ser el tercero en discordia, pero me aguanto. No había pensado que tendría respuestas más fáciles viniendo de él, aunque ahora que lo pensaba era lo más lógico y pude haberlo hecho antes. Por supuesto que los de Karasuno sabían más de Oikawa que otras personas que pudiera conocer.

—Hm, pues… es que Oikawa-san estuvo en tratamiento —explica después y mi cara debió haber sido todo un poema porque se lame los labios para terminar explicando—: Se lesionó la rodilla en último año, de nuevo, digo. Fue horrible. Según escuchamos le prohibieron seguir jugando desde ahí y… y, fue terrible. Yo pienso eso de que no pueda jugar más vóley y me da algo. Al final que Oikawa-san estuvo en tratamiento gran parte del invierno, pero según escuchamos de algunos compañeros de equipo suyo no se lo tomó muy bien; le hizo muy mal, emocionalmente, me refiero… y bueno, después él tuvo que irse —siguió explicando el Enano. Tuve que hacer uso de toda mi comprensión para entender la historia porque se enredaba como ninguna otra persona que hubiera conocido, además tenía un acento gracioso, como de campo—. No estuvo mucho tiempo en Tokio cuando volvió y estaba… ¿cómo decirlo? Super cambiado. Eso fue en nuestro segundo año de escuela, tal vez a mitad, ya no lo recuerdo bien.

De pronto nos quedamos en silencio.

Sentado en mi lugar apreté los puños sobre mis rodillas y observé a Hinata, quien se veía, de pronto, bastante nervioso. Kenma le hizo unas preguntas puntuales acerca de cómo se había enterado y Hinata se explayó explicando, con mucho énfasis, que él mismo lo había visto y por compañeros. Además de que en Miyagi la noticia de que el mejor armador de la prefectura no podría seguir jugando por culpa de una lesión de rodilla fue todo un boom. Nadie se lo podía creer.

Mordí mi lengua con tanta fuerza que saboree un poco de sangre.

Oikawa me había comentado que no podía seguir jugando, pero no me explicó el asunto más allá de.

—Enano, espera, ¿Oikawa sigue yendo a Miyagi, entonces? —pregunte lo que no me había quedado muy claro.

—Claro, unos compas a veces me lo cuentan, y de vez en cuando me lo topo cuando voy de visita a ver a mi familia. A veces se queda mucho tiempo. Creo que sigue como en un… eh…, ¿cómo es esto?

—¿Tratamiento? —sugiere Kenma sin mucho ánimo, sólo para ayudarlo a destrabarse.

—¡Eso! ¡Tratamiento! Pero más de la cabeza, o algo así dijo Yamaguchi y Tsukishima comento lo mismo… —me crispe un poco ante el nombre de Kei. Mi corazón todavía se aceleraba ligeramente ante su mención pero ya no era como antes, lo cual sí, era un alivio. Me hace sentir menos rechazado—Yo no estoy muy seguro cómo pueden tratarte la cabeza pero-

—No es tan literal, Shoyo. Es más bien que le ayudan a superar cosas. Seguramente el hecho de que no pueda seguir en juego debió haber sido un gran shock y si según lo que cuentas… bueno, hay gente que hace muchas cosas cuando está desesperada. Quizás tenía hasta más problemas juntados y explotó. Es un tratamiento psicológico, más que nada. Además en último año, que pereza.

—Aaaah.

—Entonces Oikawa cuando desaparece realmente se va de viaje a Miyagi —murmure para mí en voz más alta de lo esperado. Los dos me observaron en silencio mientras yo apoyaba el mentón en mis manos. La información era mucho para procesarla tan rápido y comencé a atar las pistas intentando conseguir algo fijo, pero todavía no podía comprender todo. Entendía que, sin duda, Oikawa estaba pasando por problemas que podían ser en gran parte derivados por el tema de su lesión.

En algún lugar había leído que muchos deportistas ante esos casos caían en gran angustia.

—Sí, normalmente. Aunque escuché que Iwaizumi-san lo cuida acá.

—¿Kuro?

Me levante de mi lugar tan rápido que casi me tropiezo. Los observo a ambos, como me miraban sin comprender mis acciones mientras yo arrastraba los pies lo más rápido que podía hasta la salida. Mi cabeza estaba tan llena de pensamientos en ese momento que no podía comprenderlo del todo. De pronto las posibilidades eran tan altas que me sentía enfermo. Oikawa realmente desaparecía, pero no en el sentido literal de la palabra, lo que hacía, seguramente, era volver a casa porque ahí estaba su familia y si estaba pasando por momentos críticos debería ir a que le hicieran chequeos constantes de su estado (¿cuál, exactamente? No tenía idea). Eso explicaría muchas cosas y si fuera cierto significaría que todo tendría, poco a poco, algo de sentido.

—¿Kuro?

Abro la puerta y me detengo un momento al escuchar la voz de Kenma. Lo miro sobre mi hombro. Su expresión es la misma de siempre pero puedo ver que en el fondo está preocupado por mí.

Kenma es mi mejor amigo; desde niños, y quizás si, gran parte de esa amistad fue porque yo le moleste hasta que no tuvo más opción que aguantarme, pero así era. Nuestra relación era de esas cosas raras que las demás personas no comprenden, y a nosotros nos da igual. Para mí, en impresión externa, "Iwa-chan" es lo mismo porque no comprendo cómo podría ser mejor amigo de un tipo como Oikawa Tooru, pero lo son. Pienso que él, igual que el mío se preocupa de la salud y bienestar de su mejor amigo, pero a su modo. Aquel tipo me había pedido explícitamente, sin pelos en la lengua, que no le molestara como si yo estuviera haciéndole algún mal y se enfadó cuando supo que se había quedado en mí casa.

Creo que me odiaría si supiera qué ocurrió hoy.

—Estoy bien, lo siento es que… surgió algo y, diviértanse jugando.

No pude decir nada más para luego escapar de la habitación y los dos pares de ojos que me observaban con atención.

Salí lo más rápido que pude y arrastre los pies a casa, abrí la puerta con desesperación y luego decidí encerrarme en mi cuarto. Me tire boca abajo en mi cama desordenada. Enterré el rostro en la almohada mientras pensaba en todo lo que había ocurrido y los pensamientos en mi cabeza, las cosas que había escuchado. El problema es que cada vez que intentaba relajarme sólo podía evocar a Oikawa; su voz, su nariz perfecta, sus labios con sabor a naranja, sus manos ásperas, el tacto de sus huesos bajo la carne, la sensación de su pelo resbalándose por mis dedos y su boca sobre mí.

Tuve que alejarme de aquellos pensamientos para no tener un accidente ahí mismo. La verdad es que no tenía muchas ganas de masturbarme imaginando lo que ocurrió.

Gruñí y me senté en la cama, observando el desorden de mi habitación; libros por aquí y libros por allá, apuntes, lápices para destacar cosas importantes de textos, más apuntes, mi mochila, ropa tirada. El escritorio estaba peor, tenía un montón de lápices que no sabía de dónde continuaban saliendo.

Una ampolleta se prendió sobre mi cabeza y de pronto me encontraba sentándome en la silla, frente a un computador prestado de mi viejo. Ignoré cualquier cosa, me mordí las uñas mientras esperaba que se encendiera, me balancee en la silla mientras abría internet y fui directamente al cari-libro. Nunca lo usaba, así que tenía un montón de notificaciones acumuladas que ignoré como una diva para irme directamente al buscador. Las letras bailaron frente a mis ojos mientras tecleaba:

Oikawa Tooru.

Apreté en Enter.

Aparecieron un montón de resultados, pero el primero en la lista era uno que tenía casi diez amigos en común; una cifra considerable. Me encorve en mi lugar mientras me acercaba más a la pantalla al tiempo que tecleaba en su perfil. Al instante me aparecieron las opciones de "Agregar a amigos" y yo me quedé como poseso observando su foto de perfil y portada (un paisaje de atardecer). El resto del contenido estaba bloqueado para amigos, cómo no. Pero yo pensaba que hoy en día no había nada mejor para conocer a alguien que buscar en sus redes sociales. Oprimí su foto de perfil para verlo más de cerca y mi corazón se detuvo ante la ternura que me causaba la foto.

Era la primera vez que viendo a alguien me causaba esa sensación.

Luego sentí cómo mi órgano limpiador de sangre volvía a lo suyo más rápido que antes y observé cada detalle en la foto de Oikawa. Claramente siempre ha sido un tipo atractivo y por eso, además, tenía más de ciento cincuenta "me gusta" en su foto (en serio, era increíblemente ridículo). Pero quitando ese hecho me dedique a delinear y devorar la foto con la vista.

En la foto aparecía Oikawa, sonriendo. A su alrededor había un paisaje con nieve, claramente en invierno (no tenía idea dónde podía ser). Usaba una bufanda que le cubría parte del mentón y un gorro de lana con un bonito pompón llamativo. Sus orejas se veían y también algunos mechones de su cabello castaño que resaltaba entre tanto blanco. Sus mejillas estaban rojas, al igual que su nariz y sus labios. No sabía si la foto fue planeado, pero para mí que fue de esas, las mejores, que ocurren cuando no te preparas para ello. Oikawa, en este caso, tenía la cabeza inclinada hacia atrás mientras miraba el cielo con unos pequeños copos de nieve cayendo sobre él y la foto estaba desde un ángulo espectacular arriba-costado que podía observarse la sonrisa dibujada en su cara con sus pequeños dientes chuecos, junto con sus hoyuelos en las mejillas, y además sus ojos entrecerrados que brillaban. Hasta tenía pinta de ser tomada por un profesional.

Era una foto autentica.

Claramente ahí estaba feliz.

Me pregunté quién le tomó esa foto, dónde, cuándo. También, ¿qué estaba haciendo en el momento que la tomaron? Paseando, sin duda, pero…, se veía tan feliz. Tan armónico. Y me di cuenta de un hecho importante; que el Oikawa Tooru que yo veía en vivo, y desde que lo conocía, no era el mismo que estaba en esta foto. Aquí sus ojos y todo él brillaba de una manera especial, ante la felicidad de la simpleza, por decirlo de una manera, como si nada le preocupara. El Oikawa por el cual yo me preocupaba se veía… apagado, en comparación con éste.

No pude evitar pensar en sus ojos rojos, en estar sentado afuera de una estación, en el beso que me dio en la frente, en sus idas a Miyagi, en su lesión, en su "gracias", en sus besos y en el nerviosismo que le notaba.

Apreté los puños.

Me sentí idiota.

Termine guardando la foto (como un puto psicópata) y luego logré mandarla a mi móvil, donde terminó siendo mi fondo de pantalla de inicio, no bloqueo, porque vergüenza. Sí, sabía que estaba en parte mal e incluso era patético, pero quería tener ese Oikawa feliz en mi celular para apreciarlo siempre. Lo observé un largo rato en mi teléfono, delinee sus pestañas que tenían pequeños puntos blancos y la punta de su nariz, además de sus labios. Se veía hermoso.

Apoyé un brazo en el escritorio y el mentón en mi mano. Observe largo rato el perfil de Oikawa y luego, antes de arrepentirme, oprimí el botón para mandar una solicitud de amistad.

Luego cerré todo y me fui a esconder debajo de las sabanas como un idiota.


Cuando salí de la facultad no pude evitar pararme sobre mis pies mientras el grupo con el que andaba me preguntaba qué pasaba, y yo les despedía con airamientos de que surgió algo, que siguieran sin mí. Así terminamos diciendo que nos veríamos la próxima semana. Me acerque a paso titubeante pero, exteriormente, seguro al sujeto apoyado en una de las paredes fuera del edificio. Revisaba su teléfono mientras se mordía los labios. Hoy llevaba su gorro, como siempre, pero había algo diferente que me hizo dudar que fuera él al cien por ciento.

Cuando estuvo frente suyo levantó la mirada y me sonrió como nunca.

—¡Kuroo-chan!

—¿Oikawa? —no pude evitar que su nombre saliera como una pregunta mientras cambiaba mi peso de un pie a otro. Lo observé con cuidado y él se acercó un paso a mí. Pude notar, por el rabillo del ojos, cómo varias chicas lo miraban a lo lejos y me dieron ganas de mostrarles los dientes a todas mientras gritaba; "A fregar, zorras, es mío", pero como soy un caballero no lo hice—. ¿Eres tú realmente?

Arrugó la nariz mientras se cruzaba de brazos.

—¡Que grosero! ¡Por supuesto que soy yo!

—¿Y eso? —no pude evitar decir, sonriendo, mientras apuntaba su cara.

Oikawa se llevó una mano al lugar y tocó el marco de unas gafas medias hípster que le encuadraban la vista. No se veía mal, pero sin duda diferente. Era como otro él, pero a diferencia de lo que creí que pudo haber hecho simplemente se encogió de hombros mientras sonreía más.

—¿No sabías que soy miope y tengo astigmatismo? —mi cara debió haber sido una expresión espectacular porque me dio unas palmaditas en el hombro, mientras reía bajito—: Si, lo sé, es una mierda…, digo, no me gusta usarlos pero ya sabes. Estás cosas pasan. La vista se jode, creo que es por ver muchos vídeos de noche. Lo que pasa es que normalmente he usado siempre los de contacto porque no me gusta cómo me veo con las gafas, pero el oculista dice que debo descansar la vista así que…, bueno, aquí estoy.

Vaya, eso es una sorpresa. Ahora, Tetsurou, no lo vayas a arruinar.

—Te ves bien igual —solté sin pensarlo y me di golpes en la cabeza. Era un idiota.

—¡Gracias! —Oikawa se tapó la mitad de la cara como si estuviera avergonzado y me pareció una actitud adorable, claramente estaba actuando. Se arregló las gafas que se le resbalaban y luego me tomó de la mano, ahí frente a todos, y le dio igual—. ¿Quieres acompáñame, Kuroo-chan? Pensaba que podíamos salir a alguna parte los dos juntos, ¿qué te parece? —su sonrisa era muy tentadora.

Recordé el Oikawa de la foto y me dije que sí, claramente éste era diferente.

También pensé que estábamos en algo así como una disque relación y que era la primera vez que Oikawa me invitaba de esta forma, que quizás cuándo pasaría de nuevo antes de que se mandara a cambiar a Miyagi y más que nada pensé en lo mucho que quería estar con él.

Así que asentí, como idiota.

—De acuerdo.

A veces nunca sabes cuando, estando con alguien, será un momento fundamental en la relación. Éste era uno de esos momentos.


NA: Soy buena y responsable, y traje un capítulo largo. Lo cual, bueno, espero me siga funcionado pero no sé cuánto podré aguantar con el tema de las actualizaciones semanales (lo sé, es horrible) porque los estudios me están dando duro. ¡Muchas gracias por todo su hermoso apoyo! Sois amor.