Disclaimer: HQ! y sus personajes pertenecen a Furudate-sensei.
—The stars shine in your eyes (and die in your hands)—
A las diez de la mañana decidimos que era buen momento para levantarnos de nuestro refugio de calidez y, aunque yo pensé en mi interior, que sería un poco vergonzoso tener que ver a Tooru a la cara ahora que había luz y mis hormonas estaban más controladas, él actuó como si lo de la noche anterior hubiera sido cosa de todos los días. No gran trato. No hizo un gran show sobre ese hecho y yo me encogí de hombros, tratando de restarle importancia también. Aun así sentía que había pasado mucho en la noche; no sólo por lo físico sino también por lo emocional. Me había quedado con una imagen de Oikawa que no podría borrarme de la mente en mucho tiempo. Ambos decidimos que ya no había razón para asistir a clase. Por mi lado había terminado los exámenes y tenía que, por decirlo de una forma, "completar horario". Era la salvación de aquellos que faltaban como locos durante el semestre pero como yo fui responsable mi asistencia era del cien, así que no podían reprobarme. También me calmaba el saber que mis asignaturas estaban cerradas.
Le presté una vieja camiseta que decía; "Nekoma" en un lado del pecho y pensé que se veía guapo en ella. Él se lo tomó a broma, por supuesto:
—Claramente todos los colores se ven bien en mí —fue todo lo que dijo mientras se calzaba también sus jeans, que habían sido tirados al suelo la noche anterior.
No pude evitar pensar que mi camiseta me traía nostalgia pero también se le veía diez mil veces mejor que a mí. Le quedaba holgada de los hombros. No sabía si era por la diferencia de contextura, o porque Tooru realmente estaba delgado. El rojo resaltaba su tono de piel y el de su pelo. Me lo traté de imaginar como jugador del que fue alguna vez mi equipo pero no pude conseguirlo. Aunque había escuchado rumores nunca había podido ver exactamente las técnicas del que, alguna vez, fue el "mejor armador de Miyagi".
Bajamos a desayunar. Tooru no tenía idea de cocina y aunque yo sabía, a medias, no me sentía completamente preparado para hacer de payaso frente a la persona que me gustaba. Aun así logré hacer algo decente. Terminamos comiendo arroz de días anteriores (Tooru arrugó el ceño ante ello, pero no se quejó como esperaba), hice una sopa de miso que esperaba supiera a algo más allá de agua, y freí pescado. Sólo porque me gustaba y tenía ganas de comerlo. Desayunamos en silencio. Entre tanto serví un poco de té para el frío que Tooru agradeció con una pequeña sonrisa. Siento que lo mejor del desayuno fue el arroz, y todo porque no lo hice yo, sino mamá. Cuando se lo comenté a Tooru le pareció muy gracioso el suceso y no pudo evitar la carcajada que me hizo fruncir el ceño a mí.
No tuve más opción que pellizcarle las mejillas y él hizo pucheros como un niño, que me dieron ganas de morderle las orejas.
—¡Kuroo-chan, suelta, suelta!
—¿Ah? ¿Acaso no era; "Tetsu-chan"?
—Eres cruel.
—¿Vas a llorar por ello?
Y me sacó la lengua.
Yo me reí y me estiré para darle un corto beso en la frente, seguido de eso me levanté para poder lavar los trastes usados. En parte porque mis acciones a veces me daban vergüenza y porque quería darle cierto espacio. Yo me sentía impaciente por hacer preguntas y buscar respuestas, ya que la noche anterior algo me había quedado claro, pero no todo. No podía evitar recordar la expresión que Tooru tenía cuando no podía dormir y también cuando le dije que podía contarme lo que fuera que le molestaba.
Sabía, de todos modos, que no me escucharía.
Mientras restregaba los platos decidí que era buen momento. La cocina de la que ha sido mi hogar toda la vida jamás se había sentido tan pequeña como en este momento, teniendo a Tooru tan cerca pero al mismo tiempo sintiéndolo tan lejos. Era demasiado silencioso pero podía sentir su presencia detrás de mí, sentado en uno de los banquillos que teníamos. Me quemé las manos con el agua caliente e hice una mueca. Carraspeé para simplemente lanzarme a hablar:
—Tooru —le escuché hacer un ruido muy parecido a un; "¿Hm?", así que supuse que me estaba escuchando. Seguí en lo mío, lavando platos, enjabonándome las manos mientras pensaba mis próximas palabras. El tiempo se había mezclado en mi cabeza, enredando sucesos y no dejándome sacar cuentas en claro, pero de algo estaba seguro y era lo que había visto. Cuando iba caminando por la calle con Bokuto y Akaashi. Se sentía lejano, aunque no podía decir si era cierto o no—: ¿Quién era la chica que te estaba acompañando aquella ocasión fuera de una consulta? Eh, ya sabes, por el centro… Te vi ahí cuando iba con unos amigos. He tenido curiosidad de ello.
Tooru guarda silencioso.
Mis hombros se tensan.
No puedo evitar pensar que, por favor, no me vaya a decir que es algo así como su novia porque eso no podría soportarlo. Siento que estamos demasiado lejos para que ahora me venga a decir que está saliendo con alguien, pero nunca se sabe; es guapo, inteligente y simpático. Además de que, en propias palabras suyas, popular en la escuela (cuando iba). Sin duda sería normal que este sujeto se rodeara de chicas allá por donde vaya. Tengo algo de orgullo (mucho) y no quiero pensar que soy algo así como el amante experimental de alguien, aunque sea Oikawa.
El silencio continúa y yo me impaciento.
—Mi hermana —responde al final y yo le miro sobre el hombro. Está con la vista fija en la taza de té entre sus manos. Juega con ella entre sus dedos. Por el puente de su nariz se resbalan sus anteojos y pienso que sus orejas son tan pequeñas como justamente, su nariz. Me enderezo y termino apoyado en el lavaplatos. Tooru no me mira y yo intento no impacientarme mientras espero que continúe su explicación. Creo que sabía que tenía una hermana, y sino me lo dijo él lo escuché de otra parte. Intenté evocar a la chica en mis memorias pero no podía verlo claro del todo, sólo recordaba que era guapa y alta, y que estaba enojada con él—. Mi hermana mayor. Ese día ella me acompañó a…, unas revisión que tenía que hacerme —sigue sin mirarme. Claramente no me quiere dar respuestas directas porque está avergonzado—. Yo no quería ir, porque las odio, pero ella insistió e insistió. Así que seguramente, si nos viste, ella me estaba regañando. Se supone que tengo que ir varias veces, para que me chequen y den el visto bueno. Eso es todo.
Nos quedamos en silencio, porque yo no sabía qué decir y Oikawa no parecía querer seguir hablando del tema.
—Ah, ya veo —fue todo lo que logré mencionar.
El ambiente en la cocina se hace tenso e incómodo. Deseo cambiarlo de alguna manera pero lo único que hago es mirar por la ventana que tenemos, hacia la calle. Veo como un gato callejero (uno que Kenma siempre alimenta, a pesar de que dice que no le gustan los animales) pasa por la barandilla y maúlla. Se rasca la oreja, se estira y luego sigue su camino.
—Iwaizumi ha de estar preocupado —es lo único que puedo decir al final, volviendo en mis pensamientos. Lo digo simplemente porque es verdad y porque aquel chico me había pedido explícitamente que no hiciera nada que perjudicara a Tooru, y ahora mismo lo había dejado quedarse en mi casa por segunda vez sin que, seguramente, nadie supiera. Sin duda no debo ser muy querido por el mejor amigo del castaño. No lo culpo.
Tooru se endereza en su lugar mientras asiente. Ahora sonríe como si no hubiera mayores problemas y yo no sé si tragarme aquella expresión o no. Se queda en su lugar y yo en el mío, así que intercambiamos miradas durante unos segundos hasta que él se echa a reír. Anuncia que debe ir a buscar sus cosas al segundo piso y yo simplemente le digo; "Adelante". Escucho sus pasos silenciosos subir las escaleras y en su ausencia pienso en qué somos, exactamente; ¿Novios? ¿Amigos? ¿Algo más que amigos sin llegar a ser novios? La última posibilidad se ve la más cercana, pero la verdad es que a mí me gusta Tooru y él se supone que corresponde el sentimiento. Aun así nunca nos hemos aclarado.
¿Debería dar el primer paso yo o dejarlo fluir?
La verdad es que éstas relaciones así no me dan buena espina, me confunden más a mí que a cualquier otra persona.
También quisiera abordar otro tema pero no quiero que Tooru termine estando a la defensiva o me odie, o me piense como una persona entrometida porque, genuinamente, me preocupo por él. Nada más y nada menos. Desearía que me dejara adentrarme un poco más en la fortaleza que tiene a su alrededor y que pudiera comprenderlo, más allá de lo que él desea mostrar. Es un pensamiento complicado, pero no imposible de cumplir.
—¡Ya! —Tooru llega antes de lo esperado, asomándose por la puerta de la cocina y sonriéndome a sus anchas. Todavía lleva mi camiseta pero también el abrigo de la noche anterior. No se lo pone y no sé por qué, lo agarra entre sus manos. Comienza a dar pequeños saltos en su lugar mientras balancea las llaves de la camioneta en sus manos—Iwa-chan me va a odiar porque me lleve su querida cleta pero bueno, los mejores amigos se comparten todo —canturrea y juntos caminamos hasta la entrada. Tooru se calza sus zapatos mientras hace equilibrio y yo le sostengo por el brazo. Cuando él quiere hacer equilibrio siempre los estira, es adorable.
—Creo que sería más fácil que se moleste por otra razón-
—¡Detalles, detalles!
Frunzo el ceño.
Me doy cuenta que está cambiando el tema. Quizás lo ha venido haciendo desde que nos conocimos y yo recién vengo a notar aquel hecho porque estaba ciego.
—¿Vas a salir sólo así? —pregunto cuando él se endereza en su lugar. Pienso que hoy hace bastante frío para que ande por la vida de esa manera. Así que no puedo evitar fruncir el ceño mientras me remuevo en mi lugar.
—Pues si…, ¡la camiseta te la devuelvo otro día! Lo siento, lo siento.
—No es eso, digo… A ver —me enredo en mi lugar y termino mirando en dirección a un colgador basura que tenemos junto a la puerta. Mamá lo puso ahí y a veces se me olvida que existe; no sólo porque se me va el hecho de colgar mis cosas cuando llego sino también de recogerlas cuando las dejo ahí. Por suerte me doy cuenta que una de mis sudaderas está repartida en ese mismo lugar. Sin pensármelo mucho la tomo y se la comienzo a calzar por la cabeza. Tooru se queja y se ve obligado a soltar sus cosas para terminar de vestirse. A mí el corazón me va rápido mientras observo cómo mi ropa le queda, y me doy cuenta que la visión me gusta—. Te puedes resfriar. Hace frío afuera.
Tooru se arregla en su lugar y me queda mirando con sus ojos café que parecen brillar. Una sonrisa se asoma y luego se agacha para recoger sus cosas, sin romper contacto visual conmigo.
—Vaya, vaya, Kuroo-chan, primero tu bufanda, tu camiseta y ahora la sudadera. Realmente eres un tipo preocupado.
—No tientes tu suerte, en serio.
—¡Es broma! —se ríe y entonces abre la puerta de mi casa. Me da un escalofrío cuando nos golpea el viento helado y acompaño a Oikawa hasta el umbral de la puerta. Él todavía sonríe mientras va tarareando en su lugar. La camioneta de Iwaizumi tiene un poco de escarcha encima, seguramente ha de estar congelada y el motor tardara en calentar—Bien, Kuroo-chan, supongo que nos estaremos viendo-
—Tooru —le corto a la mitad de sus palabras y él me mira, en silencio. Me enderezo mientras le observo con seriedad—. Tú no estás bien, ¿cierto? —y es que es una pregunta tonta. Por supuesto que no está bien. Todo en él clama que no está bien pero realmente no he hecho la pregunta correcta y es que siento que, al decirla, mis sospechas serán reales y no estaré muy seguro de cómo tomármelo. Pero tengo que hacerlo porque estoy cansado de mantenerme al margen de esto, ya que de una forma tengo la sensación de que estoy demasiado relacionado con Oikawa ahora mismo como para echarme para atrás—El tratamiento del que hablabas antes, el chequeo…, es porque no estás bien, ¿verdad? Digo, anímicamente. Desapareces también para volver a casa, en Miyagi, e Iwaizumi te cuida tanto por una razón en especial. Lo mismo, las veces que sonríes lo haces porque estás acostumbrado a ello y siempre pareces que has estado llorando por alguna razón. Te esfuerzas es verte bien para que los demás no se preocupen. ¿Estoy en lo correcto?
Tooru me mira, sin parpadear.
Yo aprieto los labios, sin saber qué más decir.
No necesito que me responda porque en sus ojos veo que he dado en el clavo. Sólo que espero escucharlo de sus labios porque yo no me siento capaz de decirlo. No puedo formular; "Maníaco depresivo" en voz alta porque todavía no puedo convencerme. Se me hace difícil pensar que un chico tan guapo como él, que parece tener todo por delante se encuentre afligido por algo así. Quisiera saber por qué, cómo y qué hacer para ayudarle. Para hacer que su sonrisa sea sincera. Deseo observarle sonriendo como en la foto que tengo de fondo de pantalla.
Es raro pero real. Y está frente a mí en este momento y quiero ayudarlo.
—Tooru-
Él se acerca tan rápido que no alcanzo a reaccionar y súbitamente tengo sus labios sobre los míos. Me besa despacio y con cariño. Puedo sentirlo. Sus toques son cuidadosos y por alguna razón me hacen sentir desesperado, triste. Pero no tengo la fuerza para separarme de él así que le devuelvo el beso, con más fiereza para que me entienda. Deseo que se de cuenta de que lo que siento en este momento no es mentira, sino mucho más real de lo que me gustaría pensar. Tanto así que me está ahogando sin que pueda evitarlo.
Se separa y me besa la mejilla. Sus labios son cálidos contra mi piel y yo tengo la respiración agitada.
—Gracias, Tetsurou, muchas gracias por todo —murmura contra mi piel y mi corazón se aprieta. Mi nombre nunca se había escuchado tan triste y sincero en los labios de otra persona. Cuando le miro a los ojos veo algo que no me gusta y es que ahora Tooru no finge en sonreír, sino que se mantiene sereno y es como ver un foco apagarse. Parece agotado, demacrado—. Muchas gracias.
Y eso es todo.
Tooru se da la vuelta y se dirige a la camioneta. Abre la puerta para tirar sus cosas y yo me quedo en el umbral, sin saber realmente qué hacer conmigo mismo. Tengo el cosquilleo de sus labios en mi boca. Le veo sin procesar realmente qué está haciendo y es por eso que me sobresalto cuando le escucho llamar mi nombre. El motor ya está encendido y ruge como un león. Tooru baja la ventanilla de su lado para poder conversar mejor conmigo. Se ve guapo.
—La próxima semana quiero hacerme un tatuaje —anuncia en voz alta para que pueda escucharlo sobre el ruido. Yo asiento sin saber realmente qué decir. Me imagino a Tooru con un tatuaje y me doy cuenta que es una buena imagen—¿Quieres acompañarme cuando me lo haga? La verdad es que tampoco tengo muchas ganas de ir solo.
Sólo puedo asentir mientras alzo el pulgar.
—No me molestaría —respondo. Tooru contesta con un; "¡Genial!", y comienza a mover el vehículo. Yo le detengo antes de que se vaya más lejos y él nuevamente se para—: ¡Eh! Mándame un mensaje cuando llegues a casa, ¿vale?
Nunca se sabe.
Para la semana siguiente, el viernes, exactamente, acompañaba a Tooru a un centro de tatuajes en una parte recóndita del centro de la ciudad (era increíble que la conociera, de hecho). Al principio, cuando íbamos, se veía muy tranquilo pero comenzó a mostrar nerviosismo cuando llegamos y tuvimos que sentarnos a esperar su turno porque el chico encargado no había terminado con el otro cliente. Tooru ya había conversado con el sujeto (en algún momento que desconozco, porque no hablamos mucho durante la semana, sólo para coordinar. Cosa que me dejó medio meditabundo al respecto); acerca de qué quería tatuarse y en qué parte del cuerpo. Mientras estábamos ahí yo me centré en observar el lugar; relativamente grande, pulcro (a pesar de la apariencia exterior), con varias imágenes de tatuajes que se veían imposibles, habían unas pocas plantas y unos letreros pegados en las paredes que no pude leer. En todo el lugar se escuchaba The Killers, y estaba el constante zumbido de las máquinas.
Tooru se removió en su lugar y yo hice lo único que pude hacer; le sujeté la mano.
Quien estaba haciendo de secretaria, con un montón de piercings y un teñido chillón en el pelo, se fue a revisar la parte de atrás después de unos minutos, cuando el zumbido desapareció. Volvió de unos minutos junto a un chico que no tenía idea quién era pero tenía el brazo vendado en un plástico protector. A pesar de todo se veía satisfecho consigo mismo, su tatuaje, aparte, se veía como si fuera parte de la yakuza.
Era impresionante.
Tooru se tensó más en su lugar y enderezó la espalda.
La chica punk volvió, quedándose tras el escritorio que tenían, y de la parte trasera del local salió un chico desgarbado que seguramente media lo mismo que yo. Sus párpados parecían caer sobre sus ojos (muy parecido a Akaashi), y tenía toda la expresión de alguien que acaba de despertar. Usaba una camiseta negra con unos jeans gastados, y unas zapatillas viejas, gastadas, según podía ver. Su pelo era oscuro y corto, se disparaba hacia todas partes. Iba limpiándose la frente con el antebrazo. Yo me quedé en mi lugar, analizándolo, pensando si ése era quien le haría el tatuaje a Oikawa y temí. De aspecto no me agradó. Iba con una expresión impasible.
A mi lado, Tooru se levantó de un salto al verlo y yo me quedé a cuadros cuando lo vi encaminarse hasta quedar frente a frente con el susodicho extraño. Le dio una palmada en el hombro mientras sonreía y el signo de interrogación sobre mi cabeza debió haber aumentado de una manera increíble.
—¡Matssun!
—Oikawa, genial, no te acobardaste —respondió el extraño mientras sonreía con sorna. Se meció en su lugar, cambiando el peso de un pie a otro—. Creí que no vendrías y estaba a punto de llamar a todos para reírnos de esto, pero bueno.
—¡Hey! Dije que vendría.
—Sí, sí, lo sé. ¿Me trajiste algo de comer?
—Lo siento, hombre. Me vine directo.
—Mierda.
Me sentí en modo-planta así que no tuve más opción que levantarme para caminar junto a Oikawa y hacer acto de presencia. Frente al extraño me di cuenta que realmente mediamos lo mismo. Nos miramos un largo rato y me dieron ganas de molestarlo, pero él parecía estar pensando lo mismo que yo. Para mala suerte mía a Tooru justo se le ocurrió intervenir, me dio una palmada en la espalda mientras sonreía a sus anchas. Hoy parecía ser una sonrisa sincera, según podía pensar.
—Este es Kuroo-chan, Kuroo Tetsurou que me está acompañando —canturreó mientras miraba al tal Matssun. Su nombre me sonaba, de algo, quizás he escuchado de él pero no podía saber exactamente dónde y que yo supiera jamás había venido a esta parte de la ciudad. O este local en particular—. Kuroo-chan, este es Matssun. ¿Te acuerdas de él? Te conté que éramos compañeros de equipo y colegas en Seijo. Matssun, el que ronca.
—Ah, ese Matssun.
—Cool, soy famoso.
Así que compañeros de escuela. Por eso me sonaba de algo. Creo que fue esa ocasión en que Oikawa se quedó por primera vez en mi casa, y me contó un poco de su vida en Seijo. Antes de que me diera cuenta de muchas cosas.
—Ahora mismo, como puedes ver, Matssun trabaja de tatuador —Tooru me sonríe mientras dice eso. El tal Matssun se estira como un gato y bosteza, claramente con más ganas de echarse una siesta que querer seguir trabajando. Me da un escalofrío y las ganas de molestarlo aumentan, pero me digo que tengo que ser buena persona aunque sea una vez en la vida, aquí el que es tercero en discordia soy yo—. Así que él me hará el tatuaje. Si no queda como quiero puedo quejarme más.
—Sólo por ser tú, Oikawa, haré que te duela.
Y así se evocan a una conversación de recuerdos y cosas que no pudo pillar muy bien. Me pregunto, si Oikawa ya conocía al susodicho, ¿por qué me invitó a venir con él? Y pensando en eso no tengo más opción que quedarme mientras los veo charlar. Me hace sentir importante. Recuerdan anécdotas de Seijo y se preguntan cómo estará el equipo. El tal Matssun le pregunta por qué no vino Iwaizumi con él y Tooru le responde que tenía otras cosas que hacer. Matssun, al final, bromea con que él insiste debería tatuarse: "Gobiernen la cancha", y Oikawa arruga el ceño.
Yo no pillo el chiste, por supuesto.
Pasan casi veinte minutos antes de que nos hagan pasar a la habitación trasera del local. Es mucho más limpio de lo que esperaba y en cuanto pasamos a ese lado el semblante somnoliento de Matssun parece transformarse en uno de profesionalismo. A mi me dice que puedo sentarme junto a Oikawa, porque al centro del salón se encuentra una silla que claramente es especialidad para quienes consiguen los tatuajes. A su lado se encuentra la famosa máquina y el sólo ver las agujas me causa un poco de mareo, y curiosidad morbosa. Matssun le dice que tiene que sacarse la ropa de la cintura para arriba y Tooru lo hace sin chistar. Yo me quedó delineando su espalda, con sus pocos lunares, de la manera más disimulada que puedo. Recuerdo que hace una semana pude trazarlos con mis labios y él río, mientras gemía. Así que al final desvío mis pensamientos hacia dibujos modelos para tatuajes. Entre tanto el compa se pone unos guantes oscuros y prepara sus cosas de tortura.
Se sienta en una de las sillas centrales a su onda.
—Ya, Oikawa. Échate acá. —Tooru lo hace, a pesar de verse nervioso sonríe y bromea. Deja su espalda a merced de Matssun mientras éste busca contacto visual—¿En el mismo lugar que acordamos? ¿Nos has cambiado de idea? Porque de ser así, no jodas, hombre. Que una vez comience no puedo parar.
—Lo que hablamos, Matssun.
—Bien, como sea. Me vas a tener que aguantar a The Killers porque me inspiran —carraspea mientras busca la máquina al tiempo que parece estar mentalizando lo que va a hacer. Desde mi lugar puedo ver la forma en que los músculos de la espalda de Tooru se contraen y él me saca la lengua desde su lugar. Aunque ahora, en el momento de la verdad, se ve mucho más nervioso que antes y a mi me dan ganas de reírme al tiempo que darle la mano. Matssun, al parecer, me lee los pensamientos—: Eh, quizás después quieras sujetarle la mano o algo así, porque…, Oikawa, tal vez te duela un poco. Tú y tu piel sensible. Va a sangrar, no mucho pero lo hará y es completamente normal así que no te asustes si ves paños rojos a tu lado. En la parte que elegiste no debería doler tanto porque no hay hueso tan cercano, ¿de acuerdo? El tatuaje en sí no tardará mucho, pero necesito que te quedes muy quieto para que no ocurran accidentes.
—Vale —responde Tooru, y se ve tan sumiso que me da un vuelco el corazón.
—Relaja, hombre.
—Argh, cállate, Matssun.
Y así el asunto parte.
La máquina zumba y Tooru cierra los ojos. Ante el primer contacto se crispa un poco pero después se relaja, y se vuelve a tensar. Es un círculo vicioso. Lo observó todo en silencio. Matssun, para sorpresa mía, trabaja en silencio y con buen pulso. Dibuja sobre la piel y cada cierto tiempo pasa un paño para quitar exceso de tinta, poca sangre. Yo no tengo idea qué está trazando y tampoco lo comprendo, así que me concentro en las facciones de Tooru. Llega un momento en que no tengo más opción que sujetarle la mano mientras él se reí por el nerviosismo y por lo bajo se pone a maldecir. Matssun le devuelve los comentarios con bromas, pero me doy cuenta que trata de ser más rápido en el asunto y eficaz.
A la mitad comprendí, a medias, qué estaba dibujando Matssun.
Era una galaxia con estrellas en miniatura y lo que supuse era una constelación (aunque no sabía exactamente de qué, sentía que la había visto antes. Lo más probable es que Oikawa me la haya mostrado). Y en su omóplato derecho lo que más tardaba y pude reconocer como la imagen de un clásico de la literatura; El principito. Y es que ese sería el libro que más veces me he leído en mi vida. Con sólo mirar la imagen de los pájaros volando y el susodicho príncipe aferrado a ellos me venía la cita a la cabeza: "Creo que el principito aprovechó una migración de pájaros silvestres para evadirse".
La frase me dio una sensación de vacío muy extraña.
Tooru debió haber visto algo en mi rostro porque me apretó más la manos mientras me sonreía.
—Está genial, ¿no?
Al ver su expresión de niño pequeño emocionado, lo único que pude responder fue:
—Sí, lo es.
Pensar en Tooru siendo un viajero, evadiéndose, jamás se había sentido tan real.
La verdad es que debí haber visto esa como la última señal de alerta que me estaba dando.
Después de eso pasamos a su casa. Iwaizumi no estaba, porque según Oikawa se encontraba en trabajo (hacía medio turno en un taller de autos, que le iba como anillo al dedo con su ingeniería y su amor por los vehículos). Me dio a beber un té que estaba muy malo y ambos nos reímos de eso. A Tooru le escocía la espalda, así que no podía apoyarse en el respaldo del sofá mientras veíamos la tele y me pidió que le sacara unas cuantas fotos con el móvil. El tatuaje, en sí, quedó bien pero con el rojizo por la hora de trabajo y el plástico protector no se lucía tanto. Aun así Tooru lo amó.
Me agradeció infinitamente por acompañarlo y luego me besó la mano que me había apretado, preguntando si me dolía.
—Casi me arrancas los dedos —respondí con media sonrisa.
—¿Ah, sí? ¿Y qué quieres que haga al respecto?
—No lo sé, ¿acaso no merezco una recompensa?
Tooru se río y se sentó sobre mis piernas, poniendo las suyas a cada lado de mi cuerpo. Me sujetó el rostro para luego besar cada parte; la frente, entre las cejas, mis párpados, mis mejillas, la punta de mi nariz, mi barbilla y al final mis labios. Nos besamos largamente, despacio y degustando al otro. Yo le sostuve de la cadera y tracé los huesos que podía sentir, a pesar de su ropa. Él ronroneó sobre mí mientras mordía mi labio inferior y le acerqué, instintivamente, más por la cintura, abrazándolo contra mí. Acaricie donde sabía estaban sus lunares y me dieron ganas de besarlos, pero Tooru sólo me besaba el cuello, mordisqueando un poco la piel.
Cuando se separé yo estiré un poco el cuello para besar sus orejas y él se río contra mi oído, haciéndome sonreír a mí también. Me gustaba escucharlo reír de esa forma, así que continúe en ello mientras le abrazaba más contra mí y le acariciaba el cuerpo sobre las telas, con cuidado para no pasar a llevar el tatuaje recién hecho en los omóplatos. Aunque estaba desesperado por tener más contacto con él, entendía sí no estaba de humor ahora.
No quería lastimarlo.
Me tocó a mi besar su cuello, despacio, y mordisquear su clavícula mientras él pasaba sus largos dedos por mi cabello, haciéndome sentir relajado. El peso de Tooru sobre mí me hizo saber que era real y escondí el rostro en su cuello, aspirando su olor y deseando grabarlo contra mí. Olía a champú, perfume, desodorante y a Tooru. No había otra forma de decirlo. Él suspiró.
—¿Sabías, Kuroo-chan? "El tiempo no espera por nadie" (1).
—¿Y eso? —murmuré contra su piel, para luego enderezarme y mirarlo seriamente a los ojos. Si estaba tratando de darme un mensaje entonces esperaba abordar el tema inmediatamente. Seguramente mi rostro era de terror porque Tooru se río, me sujetó el rostro para besarme la frente. Aun así me esforcé en no cambiar mi expresión. Deseaba que entendiera que no pasaría por alto detalles como ese y me aferraría a lo que fuera para comprender qué pasaba por su cabeza.
Tooru suspiró y apoyó su frente contra la mía. Estaba tibio.
—Nada, que soy feliz contigo, eso es todo.
Tiempo después, recordaría eso, y no sabría cómo sentirme ante ello. Pero en ese presente lo único que pudo hacer fue murmurar un patético; "Yo también", y volver a besarle, deseando que aceptara mi cariño. Por supuesto, ante ello, terminaré arrepintiéndome mucho tiempo, quizás años.
NA: Hoy no iba a actualizar porque Bobbio y Aristóteles me esperan para un certamen el lunes, ¡pero!, como tengo el tiempo justo me dije; "No, es ahora o nunca". Así que aquí estamos. Muchas gracias a quienes comentan y apoyan esta historia. Sois amor. Si ven cualquier error, por favor, no duden en avisarme. Del mismo modo si tienen una duda respecto a cómo van las cosas (lo cual no los culpo), no mediten mucho en preguntarme para que conversemos al respecto (sin que les eche spoilers).
(1) Una cita de la película; "La chica que saltaba a través del tiempo".
