Justo cuando Isabella creía que nada podría sorprenderla y que su mayor desafío de ese día sería la redada, u organizar su boda, se encuentra con esto. Sin duda que la vida tiene creativas maneras de sorprendernos.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"XVI. GENS"
(La Familia)
Capítulo 1: Cachorro de Dragón
Oficinas de Interpol. 19 de marzo. 15:50 horas
Isabella se estiró en su silla bastante agotada, pero contenta. Miró la hora y le gruñó a la pantalla del computador. Aun tenía que terminar el informe, e ir a hablar con ese informante, Ferraro, quien hacía poco le había mandado un whatsapp con nueva información; pero si Athena disponía, la redada que estaban preparando para esa noche saldría a pedir de boca. Frunció el ceño… mejor no pensaba de ese modo y seguía poniéndose a sí misma en el peor escenario posible, pues la última vez que se había permitido ser optimista, les había salido el tiro por la culata y ella había terminado en el Santuario en su afán por proteger a Ana Korber.
Bueno, eso a fin de cuentas no había sido tan malo. Había conocido a su prometido de ese modo. Isabella se aseguró que nadie la estuviese viendo, y se permitió una sonrisa soñadora al tiempo que miraba su anillo. Era discreto y muy simple, pero a ella le parecía lo más hermoso de la tierra.
Casi ni podía creerse que se iba a casar con Kanon, así como le costaba convencerse que su vida había mejorado tanto después de haber tocado fondos tan bajos.
"Deja de mirar eso o te va a cegar."
"¡Deja de molestar, Pietro! Estás envidioso, eso pasa."
"Jajaja, ¿envidioso yo? Pfff. Para nada, ya pasé por una boda, no pienso pasar por otra. Lo que me lleva a lo que sigue…" El policía dejó caer su bolso encima de su escritorio. "Dafne dice que no te quiere ver más hoy. Anteayer dijiste que hoy te juntabas con Kanon a las 16:30."
Isabella abrió los ojos como platos a todo lo que dieron. Revisó la hora al tiempo que hacía recuerdo. ¡Claro! Se iba a juntar con Kanon esa tarde por algo relacionado con la boda: estaban organizando una pequeña fiesta, nada muy desbordado, pero que de todas maneras necesitaba organización.
"No puedo creer que estén pendiente de las cosas que hago o que digo." Isa gruñó de mal humor. "¡Todavía tengo que terminar estos reportes!"
"¡Te queremos, 'Bella! Eres como la hermana menor que nunca quisimos y que nos impusieron." Pietro se cruzó de brazos y le indicó la salida. "Y para estos reportes vine yo. Te has roto la espalda con este caso…"
"Como todos."
"Sí, pero la diferencia es que te cuidamos y te queremos." Pietro volvió a tomar el bolso y se lo puso en las manos. "Largo, Dafne habla en serio: tienes que cuidar de tu…"
"¿Isabella Nauplias?"
Tanto Pietro como Isabella asomaron la cabeza. A unos metros de ellos había un muchacho de unos catorce o quince años. Tenía un aspecto tan desaliñado que parecía venir saliendo de la jungla. No era un niño sin techo, estaba bien alimentado y sus ropas aunque sucias, no estaban gastadas. Llevaba una mochila llena de papeles, y quizás ropa u otros efectos personales, mientras que en sus manos tenía un periódico viejo y un tablet. No, definitivamente no era un niño de la calle. Independiente de lo anterior, lo que llamó la atención fue el cabello negro azabache y sus ojos… eran de un rosa algo más oscuro que el de los ojos de Isabella.
De hecho… se le parecía bastante. Tanto que Pietro levantó una ceja y se quedó mirando a su compañera. ¿Acaso les habría ocultado algo de sus años de niña de la calle? Porque en verdad el parecido era sospechoso.
"¿Isa?" Murmuró Pietro muy curioso.
"Soy yo. ¿De donde sales, enano?" Inconscientemente Isabella tragó saliva. Este chiquillo… ¡qué extraña sensación le daba! ¿Por qué sentía que debía conocerlo?
El muchacho frunció el ceño y pareció juntar valor de golpe. Sacó pecho y se acercó al escritorio, bajo la atenta mirada de Pietro, que perplejo parpadeaba como si quisiera deshacer la ilusión. El chiquillo puso la mochila en el suelo y le mostró una foto del periódico.
"Ella eres tú. Te sacaron esta foto hace meses, por lo del caso Korber. ¡Ni cuenta te diste que saliste en la foto!" Explicó nervioso, pero decidido. Pietro le dio un zape en la cabeza.
"¡No se tutea a los adultos! Más respeto."
"GRRR. Y a los menores de edad no se les pega." Protestó el muchacho, sobándose el área afectada.
"¡Todavía hueles a leche y ya exigiendo derechos!" Pietro se sobó disimuladamente la mano. El chiquillo tenía la cabeza dura, literal.
Isabella entrecerró los ojos y tomó el diario. En efecto, allí había una nota periodística bastante breve sobre aquél caso, y la fotografía mostraba a Anita en los brazos de Dafne, mientras la sacaba del edificio aquel día que la devolvieron a sus padres. Nadie en la foto estaba identificado. ¡Bah! Ni se acordaba del contexto de la foto, ni siquiera sabía que existía, pero lo curioso es que al fondo y en una esquina, oculta… estaba ella en actitud de retirada. La mujer miró al muchacho con mucha sospecha.
"¿Y qué si soy yo? Enano, ¿quién eres y a qué viniste a verme?"
"Soy Sebastián Dellas." Se presentó de golpe. Isabella sintió que el calor se le iba del cuerpo y puede que haya palidecido un poco. Se sujetó de los apoyabrazos de su asiento. "Creo que soy tu hermano menor."
Pietro se quedó rígido de la sorpresa, retrocediendo un paso al mismo tiempo. Isabella se puso de pie como impulsada por resortes y sin dejar de observar al chiquillo, puso las manos en el escritorio, sintiendo el peso del mundo sobre su espalda. Ella no tenía hermanos menores, no que supiera al menos, pero de ser así… ¡De Ser Así…! ¡¿Cómo se supone que la había encontrado?! NO. Tachen eso. Solo abría más dudas. Muchas más dudas. ¡¿Pero QUÉ DEMONIOS?!
"No tengo hermanos. Creo que te equivocaste de…"
"Los viejos creen que estás muerta. Berenice también. Pero no averiguaron bien, la policía en esos años no hizo su trabajo y se conformaron con tu mochila a medio quemar." El muchacho comenzó a sacar de su morral una notable cantidad de papeles. "Te busqué. Sé que eres tú." Muchos de los papeles que sacaba eran impresiones de internet, con noticias y tablas, pero otros eran copias o fotos de documentos oficiales. También le mostró su tablet, con más material que daba fe del ahínco del muchacho por encontrarla. Parecía haberle dedicado mucho tiempo a esto. Isabella se pasó una mano por la cabeza, por completo desconcertada.
"¡Estas son carpetas de la policía!"
"Son copias. Me dejaron sacarle fotos hace un tiempo. Quise ver el expediente del caso de mi hermana y aproveché."
Isabella cayó sentada y se sujetó la cabeza.
"¿Por qué crees que yo soy tu hermana? Puede ser una coincidencia…"
"¿Aparte del parecido evidente? Porque por un momento pensé que diría que es tu hijo perdido."
"¡PIETRO!" Ladró Isabella.
"Lo sé. Nadie cree que estés viva… tuve una corazonada y te busqué. O sea, no me extraña que estés enojada, sobre todo por lo que Berenice hizo y dejó de hacer."
"¡¿Y tú qué rayos sabes que hizo Berenice?!" Dos segundos después, Isabella se tapó la boca.
"¿Quién es Berenice?" Preguntó Sebastián con astucia.
"¡No tengo idea!" Se apuró en decir Isa.
"A mi me pareció que sí."
"A mi también." Apoyó Pietro, asintiendo con la cabeza.
"¡¿Qué haces aquí, Pietro?! ¡¿Acaso esto tiene pinta de carnaval?! LÁRGATE." Bramó Isabella, cada vez más descompuesta de los nervios.
"No digamos que Bere me cae bien, siempre se está quejando. A veces en las noches desenchufo la batería de su silla de ruedas para que se enoje en la mañana." El muchacho se encogió de hombros. "Igual la quiero en todo caso… me da pena."
¿Silla de ruedas? Isabella estuvo a punto de preguntar sobre eso último, pero se tapó la boca. Fulminó con la mirada al muchacho, sintiéndose cada vez más helada. Sí, se le parecía mucho, pero también guardaba mucha más similitud con su padre. ¡Con su papá! ¿Qué estaba pasando aquí? Por todo el Olimpo, ¡AÑOS que no pensaba en su padre! Años… ¡Por Athena! ¿Qué era todo esto?
"Sabes que estoy hablando de nuestra hermana mayor."
"Isa… creí que no tenías familia."
"No La Tengo. Si La Hubiera Tenido Ni Me Hubieran Dado Por Muerta O Dejado Crecer En La Calle, ¿No Lo Crees?"
"Yo no te di por muerta."
"¡¿Tú De Dónde Sales?!" Gruñó Isabella empuñando las manos. "No deberías estar aquí."
"Nací un tiempo después… Yo…" El muchacho frunció el ceño preocupado. Sabía que algo así podría pasarle, así que por ese lado no estaba sorprendido, pero… experimentarlo era otra cosa. "Quería saber de ti, como estabas. Sé… que los viejos fueron súper injustos contigo y… que debieron cuidarte más… yo… quería que supieras que al menos yo te hubiera creído: Berenice fue muy maldita, hasta ella lo reconoce."
"¡Deja de Hablar de Berenice o de los Viejos!"
"¿Eso quiere decir que sí crees que soy tu hermano?"
"¡NO!"
Curiosamente no se sentía rechazado, sino consternado. Desde que supo de la existencia de otra hermana mayor que se preocupaba por ella: era su naturaleza muy gentil en ese sentido. Sebastián no obstante le sonrió y se sentó en la silla, con toda la audacia del mundo. Isabella retrocedió como asustada, sin entender nada y la cabeza amenazando una jaqueca de marca mundial.
"Entonces… ¿tienes espacio en tu sofá? Porque no tengo con quien quedarme en Atenas." El chiquillo se puso a jugar con sus dedos. "Me vine desde Litoxoro en bus…"
Isabella iba a responder airada aquella pregunta, pero no alcanzó. Sintió como se le ponían los pelos de punta en los brazos, señal inequívoca que alguien iba a dar un golpe de cosmo. Pietro no percibió nada, le había sacado una foto al muchacho y estaba ocupado reenviándosela a un amigo en la policía para que buscara en la base de datos de niños perdidos o con posibles órdenes de arresto, pero Sebastián sí se dio cuenta del cambio de energía… se puso pálido del susto, se irguió en su asiento y abrió los ojos al tope… acto seguido se protegió con los brazos al sentir como una energía en su interior pugnaba por salir fuera.
¡PAAAAM!
Sonó como un balazo sordo. Antes que pudieran reaccionar, Kanon hizo girar la silla y le lanzó un empujón al muchacho usando cosmo. Un ataque muy menor y medido, cualquier aprendiz podría detenerlo al final del periodo básico de entrenamiento… cosa que Sebastián hizo sin siquiera tenerlo. Detuvo el golpe por instinto, y encima encendiendo protocosmo. Isabella se tapó la boca con ambas manos y Pietro cayó de espaldas. Los demás policías presentes en el piso, se asomaron con cautela, pero hubo varios que tras encogerse de hombros, siguieron con sus cosas.
"Así que fuiste tú." Dijo Kanon poniendo las manos en las caderas. Le guiñó un ojo bien coqueto a Isa. "¡Vaya que se parecen ustedes dos!" Añadió con divertida sorpresa.
"¡¿Qué se supone que haces, Kanon?!"
"Comprobaba algo." El menor de los gemelos entrecerró los ojos y le sujetó la cabeza a Sebastián, revolviéndole los cabellos. "Ya, lo detuviste sin problemas, no te portes como si te hubiera golpeado."
"¡¿Qué –Qué fue eso?!" Preguntó el muchacho sin querer bajar los brazos.
"Cosmo."
"Ah, si todavía no te mandaba el mensaje…" Comenzó a balbucear Pietro.
En ese momento Julián salió detrás de Kanon. Tenía cara de venir de la universidad. Avanzó resuelto hacia Sebastián y lo obligó a mirarlo a la cara. El dios encendió el cosmo y sus ojos, mientras exploraba las profundidades de esa alma.
"Pues sí, este es el que buscamos." Dijo con aires de grandeza. "Es el Dragón Marino que me falta. ¡Tu escama te está llamando!"
"¿Qué está pasando aquí?"
"¡Es lo que me gustaría saber a mi!"
"¡Ah, Isabelita! Qué grosero que soy…" Julián dio dos zancadas y tomó la mano de Isa y la besó a manera de saludo. "Hoy estás preciosa."
"Juliancito…" Comenzó la policía con una encantadora sonrisa, que luego mutó a nivel psicópata. "¡¿QUÉ está PASANDO aquí?!"
Sebastián en ese momento se puso de pie lo más rápido que pudo, dio una vuelta al escritorio y se ocultó tras Isabella, mirando con creciente aprensión al dios y a Kanon. Éste último le dio una mirada más bien crítica, mientras que Poseidón trataba de verse lo menos amenazante y más amigable que podía. Kanon finalmente sacó su teléfono y buscó un video.
"Esto pasó hacia las 13:30 horas más o menos."
Le mostró el video de youtube a Isa y a Pietro que estiró la nariz. Allí podía verse la estación de policía en donde Isa había tenido problemas, desbordando agua por todos los pisos, mientras el grifo cercano escupía el líquido en todas direcciones como si fuera un géiser. Isa miró fugazmente hacia atrás y vio al muchacho, muerto de miedo, retroceder. El pobre no sabía qué estaba pasando, pero sí reconocía el hecho por lo visto.
"Esto no fue un accidente. El agua escapó a causa de un cosmo sin entrenar. Lo sentí brevemente cuando estaba en clases." Explicó Julián, sin dejar de mirar a Sebastián. "Reconozco a mis marinas. Éste muchacho es mi Dragón Marino…"
"No sé de qué hablas…"
"¡ALTO AHÍ! No saquemos conclusiones tan apresuradas." Isa se puso delante de Sebastián en actitud protectora. "Juliancito, este chiquillo no sabe ni de lo que le estás hablando. ¡Ve tu a saber de donde vino…!"
"Es tu hermano menor, ¿verdad?" Preguntó el dios con inocencia, aunque sabía la respuesta.
"¡Con razón el parecido!" Kanon sonrió ladinamente. "Un gusto cuñadito."
"¡NO ES MI HERMANO!"
"SÍ LO SOY."
"Está reportado como desaparecido." Intervino Pietro. "Gonzalo, mi compadre de la policía, me dice que este muchacho fue reportado por presunta desgracia hace dos días. Sus padres Alexandros y Constanza Dellas están frenéticos por encontrarlo."
La mirada de Kanon hacia Isa le dijo todo. Su prometido estaba muy al tanto de las circunstancias en que Isabella había crecido y el porqué del cambio de su apellido. Sabía que Isa había huido de casa harta que la culparan por los desastres de su hermana mayor, y que por un terrible accidente y posterior macabro error de identificación del que se enteró años después, la habían dado por muerta. Desde los trece que había crecido en la calle, sola en Atenas y nunca había querido saber de sus padres, que por lo visto no habían hecho mucho por buscarla.
Kanon sabía, Isabella le había contado la historia. Incluso le había dicho los nombres de sus progenitores, por eso su mirada solo tenía suavidad, nada de juicio. Sintió que de pronto los ojos le ardían y se volvió hacia Sebastián.
"¿Huiste de casa?"
"NO. Tenía planeado volver… ¡Pero Es Que No Me Traían A Atenas!"
"¡¿Viniste sin permiso?!"
"No me pasó nada. Sé cuidarme."
"¡¿Qué Sabes Cuidarte?! Litoxoro Está Como A Cuatrocientos Kilómetros ¡Y Te Viniste Solo Sin Decirle Nada A Nadie! ¡¿Tienes Idea De Lo Que Te Pudo Haber Pasado?!"
"Sí, te miro y me hago una idea… ¡Pero no me pasó nada!" Sebastián le mantuvo la mirada a su hermana. "Tenía que encontrarte."
"¿La buscaste para demostrarte que la podías encontrar o porque la querías conocer?" Preguntó Kanon, acercándose peligrosamente al muchacho, quien retrocedió a medida que el mayor avanzaba. "Hay quienes no quieren ser encontrados."
Nuevamente Sebastián mantuvo la mirada de Kanon, aunque de pronto se sentía muy intimidado. No lo demostró. Tragó saliva y con las manos buscó la pared.
"Es mi hermana. No la conocía… sabía que podía estar en peligro… yo quería conocerla y asegurarme que estuviera bien."
"… Típico de un dragón marino. Asegurarte que tu manada esté a salvo." Murmuró el gemelo menor casi para sus adentros. Detrás de él Julián asintió con la cabeza.
Sebastián sonaba honesto, no mentía. Esto conmovió a Isabella, pero no se atrevió a decir nada, tampoco reclamó cuando Kanon la tomó por la cintura. Julián le puso una mano en el hombro y se acercó al muchacho.
"¿Sabes quién soy?"
"Yo no, ¿quién es?" Aprovechó de preguntarle Pietro a Isa.
Poseidón se detuvo junto a Kanon y ambos lo quedaron viendo con severidad, aunque el dios por momentos suavizaba su expresión. Sebastián negó con la cabeza, o asintió.
"Creo que no, pero… pero… tengo la sensación que debería… tú… eres importante."
Julián elevó su cosmo y se reveló a sí mismo como Poseidón. Sebastián se encogió algunos centímetros, aunque por instinto parecía reconocer esa energía. Un par de los policías que había allí, y que eran devotos del dios de los mares, hicieron una apropiada reverencia, pero al cabo fue Sebastián, al cabo de unos instantes, quien dobló la rodilla.
"… usted… usted… usted es Poseidón. Yo… yo lo conozco, señor… pero yo no sé como…"
"Yo te conozco. Eres mi Dragón Marino… son criaturas familiares, siempre pendientes de sus manadas. No me extraña que hubieras querido saber de tu hermana: es tu naturaleza." Julián apagó los efectos especiales y se volvió hacia Kanon. "Es quien dice ser: se viene conmigo a Atlantis."
"¡De ningún modo!" Dafne exclamó con autoridad y las manos en las caderas. Avanzó hacia el grupo y tras darle un zape a Pietro y a Isa, caminó hacia el muchacho, al que obligó a ponerse de pie. "Este niño está bajo la custodia de la policía que ya viene a buscarlo. Tiene que regresar con sus padres."
"¿De qué estación vienen?" Preguntaron Isabella y Sebastián al mismo tiempo.
"No de la que está inundada." La vieja policía miró al muchacho. "¿Por qué fuiste a esa estación de policía en específico?"
El asustado ánimo del muchacho tornó en sombrío y amurrado. Se cruzó de brazos y a tirones buscó en su mochila. Sacó unos papeles doblados y se los pasó a Isa, quien palideció de nuevo al verlos. Kanon se los quitó al notar como su prometida temblaba, aunque ya no tan asustada.
"Porque ahí la lastimaron. Quería ver quien fue… pero… pero…"
"Te dio rabia e hiciste estallar las cañerías. Te asustaste y te fuiste." Dijo Kanon.
"¡NO hice estallar nada! Tampoco me asusté. Solo estaba muy molesto y… y… y yo…"
"Hiciste lo que todo Dragón Marino hubiera hecho: intentado ahogarlos a todos por haber lastimado a tu familia." Suspiró Julián con orgullo, aprobando implícitamente las acciones del muchacho. "Me lo llevo a Atlantis."
"¡QUE NO!" Exclamaron Dafne, muy molesta, e Isa, quien se acercó a Julián.
"Es muy niño, no lo apartes de su familia. Al menos deja que se despida en lo que le encuentras un maestro. Por favor… sus padres deben estar histéricos."
"También son los tuyos, Isabelita."
"¡No soy un niño! Tengo quince."
"Todavía hueles a leche, cuñadito."
"No, no lo son. No les importó lo que pasó conmigo, pero a él sí lo buscan. No son mis padres, pero sí son de él… dales tiempo, te lo suplico, Juliancito."
Julián ladeó la cabeza y le echó una rápida mirada al muchacho, que seguía sin tomarle el peso a las cosas. Bajó los hombros: como que Isabelita tenía razón, mientras no supiera quién de entre sus generales podía entrenarlo, no debía llevárselo así como así. Además, tenía que darle al menos dos semanas al maestro elegido para que se hiciera la idea que sus días de alcohol, juegos de azar y mujerzuelas habían llegado a su fin. Momento, ¡¿Dos semanas?! Muy poco. Tenía al menos un largo mes por delante hasta que eso se concretase: conocía a sus generales, ¡Eran sus compadres! Miró de nuevo a Isabella y le sonrió.
"Como es típico de las mujeres, tienes razón, Isabelita. Además el chiquillo tiene que decidir si quiere o no servirme."
"Bien. Se queda." Gruñó Dafne. "La policía debe estar por llegar junto con servicios infantiles…"
"¿No me puedo quedar con mi hermana?"
"¡¿Tú porqué te quieres quedar conmigo?!"
"¡Porque eres mi hermana!"
"¡Aaaargh! No Puedes Quedarte Conmigo, Estoy Trabajando Y No Tengo Tiempo Y…"
"Hui de casa, puedo huir de nuevo."
"Yo no lo subestimaría." Comentó Julián.
"¡QUE NO!" Isabella pateó el suelo de la frustración. "Escucha enano, si hubiera querido contactar a la familia, lo hubiera hecho hace años. Agradezco que me hayas buscado, pero no era necesario. Vuelve con tus padres, sigue con tu vida… y olvida que me conociste."
"Isa…" Kanon le tomó la mano y le dio un apretoncito. "Todo va a estar bien, mi brujita." Isabella le quedó mirando con los ojos grandes, mientras le acariciaban una de las mejillas. Bajó la mirada y asintió.
"… No sé si lo dejen… no…"
"Puedo fingir un ataque de pánico si me separan de ti: incluso echo espuma por la boca. Sé como hacer eso." Sebastián le tomó la mano libre. "Prometo no estorbar."
"No se puede." Isabella miró a Sebastián con ojos gentiles, pero aterrados. "Tengo trabajo esta noche, yo…"
Kanon carraspeó para llamar la atención y ladeó la cabeza, muy serio. Se fijó en el chiquillo: ¡Cómo se parecía a Isabella! Era del tipo de pariente imposible de negar. Curioso como funcionaba la trama del destino que justo ahora la familia de su prometida venía a aparecer. Al menos Sebastián no mentía…
"Dragonato. Obedece, vete con la policía y servicios sociales. Ya habrá tiempo para planear tu siguiente curso de acción luego."
Sebastián levantó ambas cejas, como sintiéndose identificado con esas palabras. Como fuese, no alcanzó a expresar que estaba de acuerdo: Dafne se le adelantó.
"Nada de planes, Kanon. Este niño se regresa con sus padres y tú te llevas a Isabella de aquí, que organizar bodas es difícil."
"¡¿Te vas a casar?! ¡Mamá se va quedar calva!"
"¡Como si le importara!"
"¡Largo los dos!"
"¿Me puedo quedar?" Preguntó Julián de pronto.
"NO. Largo todos, incluyendo al dios." Dafne sujetó al muchacho. "Te quedas conmigo en mi oficina."
"¡Pero…!"
"¡Caminando!" Dafne comenzó a llevarse al chico a su oficina y al pasar junto a Kanon, lo miró. "La quiero de vuelta a las 18:00."
"¡Sí, mamá!" Se burlaron ambos, Kanon e Isa.
"¡Pero no quiero que se vayan!"
Sebastián forcejeó bastante con Dafne, pero se notaba que no era un muchacho de la calle, o problemático. Sus manotazos solo eran los de rigor que indicaban su adolescente naturaleza, pero nada más. Se fue gruñendo todo el trayecto, mirando hacia atrás constantemente, cruzando miradas con Isa hasta que desapareció en la oficina de la Jefa. Pietro carraspeó.
"Yo me retiro… err… Kanon: solo llévatela."
Los presentes asintieron y esperaron a que el policía se retirase. Isabella bajó los hombros y las defensas.
"Dejó su mochila… con sus cosas…"
"Se las llevaré yo." Comentó Julián a la pasada, mientras se disponía a guardar las cosas que el muchacho había dejado tiradas. "Así aprovecho de hablar más con él."
El dios no se tardó mucho en reunirlo todo. Se echó la mochila casualmente al hombro y dejó sola a la pareja. Kanon esperó a que se fuera del todo antes de girarse hacia su prometida, pero ésta se le adelantó.
"Mis padres nunca me hubieran buscado de ese modo…" Se lamentó visiblemente afectada.
Por toda respuesta, Kanon simplemente la abrazó.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Del Horror a la Esperanza
… cuando sus pies le dieron un chute a una caja de madera, una suerte de baúl asqueroso, apoyado junto a un escritorio lleno de colillas de cigarro. Un aterrado llanto infantil resonó desde dentro, deteniendo en el acto a los adultos. Eso ya no era miedo, era terror. Kiki giró sobre sus talones y junto con las dos mujeres fijó sus ojos en la misma. Sin ninguna precaución, quitó las carpetas que tenía encima y quitó el candado sin que le molestara en lo absoluto. Abrió la caja y miró a su interior.
Los llantos se detuvieron un segundo, para reanudarse segundos después. Kiki abrió los ojos al tope y tuvo que disciplinarse para no soltar la tapa de la caja…
Nota Mental: Un poquito de estrés no le hace daño a nadie. Ya pronto descubrirán lo que ocurrirá en la redada a la que Isa tiene que asistir esa noche… claro, la pobre se llevó una impresión que jamás en la vida se esperó que le llegara. Sobre Kiki… pues está a punto de meterse en un problema colosal por andar de metiche. Si se están preguntando quién miércoles es Alessandro Ferraro y qué monos pintaba en la apertura, diré de momento que es un investigador privado. Lean el spin off "Familia" de Ekléctica para saber más detalles… y si me siento generosa, les diré a quien se parece (aunque eso sería un fanservice para las chicas) Espero que hasta ahora esto les haya picado la curiosidad y de nuevo, les doy las gracias por la preferencia. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER Y BIENVENIDOS!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. Se consultó además el Diccionario Ilustrado VOX Latín – español, español – latín.
Gens: De acuerdo con mi diccionario, en estricto sentido significa linaje o familia. La gens era una agrupación civil o sistema social de la Antigua Roma. Comprendía a varias familias (que se identificaban a través del cognomen, una suerte de apellido, de los individuos), por lo que sus integrantes eran agnados o gentiles entre sí y estaban dirigidas por varios pater familias. En este sentido, la gentilidad era sobre todo un título de nobleza que daba fe de la antigüedad del grupo, algo en principio exclusivo de las familias patricias.
Esta organización social precedió en Roma la constitución del estado-ciudad. La gens podría definirse como un conjunto de familias que descendían o creían descender de un antepasado común (un dios o un héroe) vinculadas por un parentesco más o menos lejano, que tenían sus divinidades, sus costumbres y su territorio. Cada gens constituye una asociación política y económica; tenía su propia divinidad protectora y sus costumbres particulares y se vigilaba para que cada uno de sus integrantes respetara estas mores o costumbres, pudiéndose expulsar a quienes contraviniesen dichas normas.
Las familias que formaban la gens son organismos más reducidos, pero de naturaleza semejante. Ambas son instituciones fundadas con miras del orden y la defensa de los grupos primitivos, de donde proviene su carácter político y económico. Podemos decir que lo que distingue a los dos grupos, gens y familia, no es propiamente su función sino su extensión.
En Roma, el vínculo que fundamenta y organiza la familia no es únicamente el de sangre pues la familia comprende además del padre, de la madre y de los hijos, a los nietos nacidos en la familia, a los adoptados, a los prisioneros por deudas, a los prisioneros de guerra, a los hijos de éstos, a los clientes (que estaban constituidos por huéspedes pobres, por individuos expulsados de otras gens, por esclavos libertados, por extranjeros vencidos, los cuales piden y obtienen protección por parte del grupo), a los animales, al fundo y por último a los dioses tutelares y protectores del hogar. Todas estas personas se encuentran sometidas a la autoridad de un jefe (pater familias).
El pater familias era sacerdote, juez y rey dentro de su propia familia. Como sacerdote tenía a su cargo el culto al lar familiar (espíritu que cuida a la familia ). La autoridad del padre (patria potestad) era absoluta. Tenía derecho de vida y muerte sobre las personas que estaban sometidas a él. Este poder lo ejercitaba sobre todo el grupo de personas que constituía la familia, esposa, hijos, esclavos, clientes, campo familiar. El pater familias era el único sui-juris, o sea, el único que no estaba sometido a la potestad de otro, mientras que los demás estaban en estrecha relación de dependencia con respecto a él, de la que no podrían salir sino con la muerte del pater familias. Esta emancipaba a los hijos varones, mientras las mujeres pasaban a depender del varón más cercano.
La gens era un cuerpo jurídico perfectamente organizado reinando entre sus miembros un espíritu de solidaridad y de asistencia mutua. Se llega a ser gentil o miembro de la gens, de la misma manera en que se llega a ser miembro de un Estado, es decir, por nacimiento de padre gentil o por agregación directa de la gens, mediante el voto de los gentiles. La gens sobrevivió en la época antigua, aun cuando su organización se debilitaba cada vez más, sobre todo porque las familias que las formaban se iban poniendo en contacto directo con la ciudad, conjuntamente con las nuevas familias plebeyas que no estaban organizadas en gens. La ciudad fue así, poco a poco, minando los cimientos de la gens sustituyéndola en las funciones de orden y defensa correspondientes al Estado.
La familia, en cambio no corrió la misma suerte, no sufrió la absorción que experimentó la gens por la ciudad. Esta supervivencia de la familia con su primitivo carácter político perdura durante varios siglos y lentamente la autoridad severa y suprema del pater familias va siendo remplazada por el derecho y la autoridad del Estado.
