Kiki debería ser más responsable y fijarse por donde se mete, y tener en consideración que Isabella anda sensible, mal genio y poco tolerante con las interrupciones. En todo caso, el aprendiz se va a llevar un impacto notorio cuando descubra lo que hay dentro de esa caja… la visión de Anneke comienza a cumplirse.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Para cuando comience este capítulo, Anneke ya tuvo la visión, por lo que si quieren refrescarla, lean el omake del epílogo del fic "Magistri". En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia"… sobre los orígenes de la Beba… ya los diré a su debido tiempo n.n… D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 2: Del horror a la esperanza
Casa de Géminis.
Madrugada del 20 de marzo. 3:05 horas
Anneke por fin se quedó callada tras relatar su pesadilla a su prometido. Saga se tomó cada palabra que le dijo con la seriedad del caso. Sentía sí algo de náuseas y ganas de vomitar. De un tiempo a esta parte, los casos de violencia infantil lo estaban afectando más de la cuenta. Kanon (a quien los gritos y el posterior escándalo de su cuñada también habían despertado) frunció el ceño y comenzó a pensar con fuerza en su chica, quien en esos momentos debía estar en aquella redada para la que tanto se había preparado junto con sus colegas.
Isabella llevaba al menos dos meses trabajando en un sórdido caso de trata de personas, como si el tema no fuera ya grave con los miles de inmigrantes que últimamente intentaban entrar a Europa. Esa noche era crucial, pues detenían una venta y esperaban hacer arrestos importantes. ¿Estaría bien? Si algo le pasaba a su mujer, personalmente iba a exterminar él solo a toda la banda criminal y sanseacabó. ¡Nadie los echaría en falta! Mejor le mandaba un mensaje. Anneke se llevó una mano al vientre y fijó la mirada en la mantita y en el biberón que había apartado. Saga había añadido un chupete por si acaso. Ropa no tenía, pues aún no compraba nada de la talla de la beba de su visión, pero sabía que necesitaría algunas prendas. Quizás Alisa tenía ropa guardada de Kyrus de esa talla, o alguien. Seguro que había un fondo común para estos casos en algún armario del Santuario.
"Matilda va a necesitar un taser."
"¿Un taser? ¿Esas cosas que dan choques eléctricos?" Preguntó Saga. "¿Para qué si tiene a Mu que la defienda?"
"Mu no siempre va a estar… y Matilda necesita uno. Con la suficiente potencia como para noquear a un tipo corpulento de unos noventa kilos."
"Mejor haz un retrato hablado." Sugirió Kanon. "Isabella tiene una colega que hace unos muy buenos."
"No, un taser, necesita un…"
"¿Y gas pimienta? Un taser me parece peligroso, se puede electrocutar sin querer." Afirmó Saga.
Anneke iba a abrir la boca para hablar, pero no pudo. ¡Taser, Taser, Taser! Eso le retumbó en la cabeza como si de un taladro percutor se tratase. No gas pimienta… Matilda nunca debía acercarse eso, ni tenerlo en las manos. No. Tenía que ser un taser. Ahora, ¿retrato hablado?
"Debe ser un taser. Y no puedo hacer uno de esos, Kanon, no sé como luce el tipo." Anneke se puso roja. "Solo sé que es corpulento y pesa noventa kilos, nada más." Un olor repentino en la base de su nariz le hizo reprimir una arcada y apartar el rostro. "Fuma como enajenado."
"Lindo. Ahora voy a estar desconfiado de cuanto hombre fumador, corpulento y de noventa kilos que se me cruce por delante." Rezongó Saga, cruzándose de brazos.
Bruno en ese momento puso su cabeza sobre el regazo de Anneke, dándole una perdida lamida. Al acariciarle la cabeza, la mujer se dio cuenta que se había quedado con el reloj puesto… eran casi las 3:25 de la mañana. Ni cuenta se dio de cómo había pasado el tiempo. Se puso de pie en seguida y tomó las cosas.
"¡Mu ya debe haber llegado! ¡Alguien que despierte a Aioria!"
Exclamó antes de salir de la cocina a toda prisa, directo a la salida de la casa y lo más rauda que podía en dirección de la casa de Aries. Kanon le hizo una seña a Saga, quien no perdió tiempo en ir tras ella, mientras él se quedaba con Bruno. El viejo perro se acercó a su improvisado niñero, le puso su cabeza en el regazo y se dejó acariciar detrás de las orejas, mientras daba lametazos a lo que cayera.
"Si lo que dice tu mamá es cierto, las cosas se van a poner muy divertidas por aquí." Kanon sintió un vacío en el pecho. "Mejor llamo a mi flaca… logré inquietarme."
"Woof."
En Algún Lugar de Atenas.
20 de marzo. Horas antes. 00:01 horas.
Había visto cosas retorcidas, pero esta tenía que estar en el macabro ranking de las primeras cinco. Casi un mes de preparación habían dado su fruto, aunque no totalmente. Alessandro Ferraro no podía sacarse de la cabeza la sensación de que dos peces gordos habían escapado, sentimiento que por lo visto compartían la jefa de la sección de interpol (cuyos años en la fuerza no estaban de adorno) y algunos de los policías que pululaban por ese galpón asqueroso. Arrugó la nariz: apestaba a pescado. ¿Acaso era una regla no escrita que este tipo de negocios se hicieran en fábricas abandonadas? ¡¿Y tenían que ser de procesadoras de pescados?!
Uno era rudo, tenía el estómago fuerte, pero había cosas que superaban hasta al más estoico.
"¡ARGH! Peste asquerosa."
"Comparado con la alcantarilla de la que vengo, esto huele a flores." Comentó Kiki de pronto.
"Es que cualquiera que viene de las alcanta…" Alessandro enarcó ambas cejas casi al mismo tiempo y miró a su derecha. Allí, Kiki lo miraba con los brazos detrás del cuello y una actitud despreocupada. "¿De donde sales?"
"Pasaba cerca. Mi maestro me sacó a patrullaje nocturno urbano." Explicó como si fuera lo más normal del mundo. Alessandro frunció el ceño y concentró su atención en el adolescente.
"¿Qué haces aquí y dónde están tus padres?" Esta situación era por completo irregular y encendió todas las alarmas en su mente. ¿Acaso este niño no sabía donde se estaba metiendo? ¡¿Y qué era eso de patrullaje nocturno urbano?! Kiki se encogió de hombros.
"Mis padres, no lo sé. Mi maestro no anda lejos: nunca lo está cuando salimos a estas prácticas, pero me deja ser." Una traviesa sonrisa adornó el rostro del lemuriano. "Sentí disparos y vine a investigar. ¿Cómo les fue?"
La liviandad con la que Kiki se tomaba el asunto perturbó a Alessandro. Acababan de tener una redada, bastante complicada pues los criminales involucrados se defendieron a sí mismos y a sus "mercancías", lo que implicó un peligroso intercambio de disparos. Incluso había caído herido un policía. Alessandro, que estaba allí en su calidad de investigador privado y como colaborador de la investigación (estaba seguro que el niño Mazza se contaba entre las pequeñas víctimas) sujetó a Kiki de una oreja.
"Vamos a ir a hablar con la policía en este…"
"¡DEJA!" Kiki le hizo el quite con facilidad y comenzó a alejarse. "Tsss, ya nadie aguanta nada."
"¡Kiki!" Isabella siseó entre dientes con especial ferocidad. "¿Qué haces aquí?" Esa noche a Isabella no le sobraba nada de paciencia. Kiki tragó saliva al verla y optó por no tentar su suerte. Una cosa era hacer rabiar a una persona no determinada, como Alessandro, y otra a Isabella: no quería luego que Kanon se desquitara con él.
Porque el tipo era vengativo.
"¡Tía Isa!"
"¡Tía mis Polainas! A mí no me Vengas con esas que Solo Te Resulta Con Matilda. ¡Largo Antes Que Llame A Mu!"
"Pero solo vine a ver que…"
"¡LARGO, DIJE!" Isabella no gritó, pero fue como si lo hubiera hecho. Kiki no tuvo que escucharla dos veces y se teletransportó quizás quien sabe adonde. Ferraro parpadeó perplejo al notar como el chiquillo desaparecía en el aire.
"¿Qué fue eso, Nauplias? ¿Conoces a ese muchacho?"
"Sí, se llama Kiki. Un lemuriano como pudiste ver: digamos que conozco a sus parientes." Reconoció Isabella, sin querer dar mucha información. Alessandro entrecerró los ojos: la policía de interpol que tenía frente a sus ojos nunca daba tanta información personal.
"¿De donde lo conoces?"
"Del Santuario de Athena." Gruñó la policía cruzándose de brazos. Alessandro entrecerró los ojos. ¡Lindo! Otro sarcasmo de la mujer. Isabella se sopló el flequillo e hizo un ademán con la cabeza. "Hay tres niños, creo que uno coincide con la descripción del que buscas. Sígueme."
Sin darle tiempo a responder, Isabella le dio la espalda y comenzó a caminar hacia las ambulancias que estaban estacionadas no lejos de allí, en donde tres niños esperaban que los paramédicos los revisaran. Dos asistentes sociales se mantenían cerca, y ambos estaban de un humor de espanto. Isabella los ignoró en beneficio de la duda. No se sentía cómoda cerca de ellos.
"Te dejo con los enanos." Le dijo Isabella a Alessandro, cuidando de no decir su nombre en voz alta. "Están aterrados, así que muévete con cuidado."
"Sé manejarme en situaciones así." Respondió Alessandro. "He trabajado con…"
"Disculpen, ¿Quién se supone que es este sujeto?" Preguntó uno de los asistentes sociales, un hombre grandote, de aspecto desarreglado que apestaba a cigarro.
"Se le informará a su debido tiempo, señor Gómez." Siseó Isabella. "Está autorizado por mis mandos para estar aquí: cualquier problema, discútalo con ellos."
La mujer volvió a darles la espalda y se alejó sin más. No quería ver a los niños, se le rompía el corazón y no podía darse ese lujo en aquél momento. Para hacer bien su trabajo y asegurarse de que no pasaban nada por alto, tenía que ser ruda y la maldita más fría de todo el escuadrón. Luego ya botaría estrés de alguna manera.
Tenía mucho en su mente en esos momentos, y no solo la redada. Pensaba en su boda, en Kanon… en su recién descubierto hermano… en sus padres. Apretó los ojos y se sacudió todos los pensamientos de encima (aunque la sonrisa de su prometido se sujetó de una neurona).
"¿Alguna novedad?" Le preguntó Isabella a Pietro.
"Encontramos a cuatro niños más. Seguimos rastreando. Los escondieron dentro de botes de pescado, están casi asfixiados. ¡Esto era una maldita subasta!"
"El dato hablaba de diez niños, faltan tres." Siseó peligrosa. "Iré por ese lado…"
"Voy contigo." Una chica joven de la policía se apuró en decir.
Isabella le hizo una seña con la cabeza y ambas volvieron a introducirse al galpón apestoso, tapándose la nariz y boca por momentos. El lugar estaba completamente iluminado y el personal policial pululaba por doquier registrándolo todo. Casi no había palabras para describir lo perversamente torcida que era la situación aquella. Isabella apartó la cara asqueada mientras veía como uno de sus colegas sacaba a un niño que no podía tener más de cuatro años fuera de ahí. Se llevó la mano a la funda de su arma, asegurándose que estaba allí, lista para usarla. Nunca se iba a acostumbrar a esto, nunca, y siempre la indignaría hasta lo más íntimo de la médula. ¿Cómo es que había gente tan enferma y pervertida? Algo se les escapaba, tenía la sospecha que aún no llegaban al fondo de las sorpresas.
"Algo se nos está escapando." Gruñó Isabella.
"Mi Jefe dice lo mismo."
Siguieron buscando, ocupándose de un sector que no parecía haber sido revisado. A pesar de la fuerte presencia policial (también buscaban otras pruebas), ambas mujeres prepararon sus armas para entrar a aquella oficina, en caso que alguien se hubiera ocultado y decidiera atrincherarse dentro como medida desesperada.
"Despejado."
"Despeja…"
"¡HOLA ISA!"
¡BANG, BANG!
"¡JAJAJAJAJAJA! ¡Las Caras Que Pusieron!"
Kiki atajó las dos balas sin dificultad alguna y se largó a reír de lo lindo. Isa y la otra muchacha casi se habían infartado con el repentino saludo del aprendiz de Aries, quien por lo visto creía que su aparición había sido la mar de divertida. Isabella entró en modo homicida y bajó el arma, tentada de lanzársele encima al muchacho para ahorcarlo. No, no podía matarlo, ¡Pero podía arrestarlo! OH SÍ, lo haría.
"¡Quieto Kiki! No Fue Divertido. ¡Estás Arrestado!"
"¿Conoces a este desgraciado?" Le preguntó su compañera. "¡¿Cómo mie**a atajó dos balazos?!"
"Aaaaw, Isa, no te pongas así, solo fue una broma." Rezongó Kiki algo preocupado.
"Es un aprendiz del Santuario." Respondió entre dientes a su compañera, mientras guardaba su arma. "¡Sin quejas, Kiki! Manos a tu espalda. Hablo en serio, estás arrestado."
"¡¿Pero por qué?!" Kiki retrocedió levantando las manos, como si quisiera apaciguar a una bestia, detectando que se había metido en un problema mayúsculo. Se puso algo pálido al notar que se aproximaban otros policías, que alertados por los disparos, acudían a ver en qué podían apoyar. "Solo pasé a saludar y…"
"No Tienes Nada que Estar Haciendo Aquí y te Pudimos Haber Matado. Conforme al Cuarto Tratado de la Casa de Acuario de 1978, artículo sexto, inciso dos, estás arrestado." Recitó Isabella muy decidida.
"Podemos hablar esto." Comenzó Kiki, dándose cuenta que había metido las patas, retrocediendo sin querer huir: ya estaba metido en un problema, no necesitaba otro.
Fue justo en aquél retroceso cuando sus pies le dieron un chute a una caja de madera, una suerte de baúl asqueroso, apoyado junto a un escritorio lleno de colillas de cigarro. Un aterrado llanto infantil explotó desde dentro, deteniendo en el acto a los presentes. Eso no era miedo, era terror. Kiki giró sobre sus talones y junto con las dos mujeres fijó sus ojos en la misma. Sin ninguna precaución, quitó de un manotazo las carpetas que había encima y quitó el candado sin que le molestara en lo absoluto. Abrió la caja y miró a su interior.
Los llantos se detuvieron un segundo, para reanudarse segundos después. Kiki abrió los ojos al tope y tuvo que disciplinarse para no soltar la tapa de la caja y que esta se azotara contra la madera.
"¡Por la Dulce Athena!"
"¡A un lado…!" Isabella aguantó la respiración y se puso algo verde en las mejillas cuando vio al interior de la caja. "¡Paramédico!" Exclamó con fuerza.
La caja no era muy grande y su aspecto era insalubre. En su interior había una manta sucia y ensangrentada. La culpable de las manchas estaba sentada y le devolvía a quienes se asomaban una mirada llena de terror, dos ojitos de colores diferentes no se perdían detalle. Tenía una pañoleta en la cabeza, que le tapaba hasta las cejas, y llevaba puesto apenas una camisetita y un pañal, que por lo menos se veía limpio. Debieron haberla metido allí en un afán por esconderla, pues no era el medio de transporte más adecuado, pero no fue lo que causó horror.
No tenía pulgar en el pie derecho, en su lugar tenía una herida horrible que daba cuenta que lo habían cercenado violentamente. El resto del pie se le veía hinchado y sangraba profusamente, pero no solo se debía a la herida del pie. Tenía moretones en los brazos y quizás algo de fiebre. Por si fuera poco… la rodilla… ¡¿Qué Le Habían Hecho En La Rodilla Estos Salvajes?! ¡¿La habían aplastado o qué?! ¡Mil Veces Malditos!
Kiki estiró los brazos y sacó a la beba de la caja, motivado por un instinto extraño, el mismo que lo motivó a quitarle la pañoleta, descubriendo algo que lo dejó sin aliento.
"¡Lemuriana!"
"¡¿Qué le hicieron esos salvajes?!"
Entonces se les vino encima un vórtice de actividad. Isabella tomó a la beba de los brazos de Kiki quien (impactado por lo que acababa de ver) ni siquiera se resistió. La otra policía lo arrestó, pero ni siquiera chistó. Aparecieron paramédicos, más policías, luces, ruidos estridentes…
La nena casi se atoró con los llantos. Quizás la forma en que la había sujetado Kiki, y luego Isa, como si fuera una persona valiosa y no un mero objeto, la hizo aferrarse de las ropas que la llevaban a toda prisa fuera de ahí, hacia la ambulancia. Isabella apenas se percató que un paramédico la perseguía pidiéndole que se detuviera para revisar a la nena, solo se detuvo en su destino, en donde la entregó a los paramédicos.
Alessandro Ferraro, quien se mantenía cerca del niño que había estado buscando, (¡por fin lo había encontrado!) levantó las cejas estupefacto al notar a Isa con la beba en brazos. ¡¿Pero qué…?! Nada en la información recopilada hablaba de un bebé. Se arriesgó a dejar al pequeño Doménico solo unos instantes para acercarse a ver mejor.
"¡Lemuriana! ¡¿Pero qué demonios?!" Con razón no había escuchado ni luces. "¿Dónde estaba?"
"¡La Metieron En Una Caja Asquerosa!" Isabella miró a Alessandro con ojos de acero. "¿Estás seguro que no sabías nada de esto?"
"¡No! Sabía de esta venta y que el niño que me encargaron podría estar aquí… de hecho creí que los pequeños eran la mercancía principal. Nunca nadie dijo de una beba lemuriana."
"¡¿Una Lemuriana?!" Preguntó Gómez, pálido y quizás verde, mientras se acercaba al dúo. Se veía particularmente asustado. Se pasó un pañuelo por la frente para secarse el sudor y quiso acercarse a la niña… que le miró espantada. "¡¿De donde la sacaron?!"
Alessandro e Isabella le cortaron el avance. No confiaban en este asistente social.
"Alto, asustas a la niña."
"¡Pero…!"
"¡Apestas a nicotina! ¿Cuántos cigarros llevas?"
La presencia de la niña complicaba las cosas. Por lo general, los lemurianos eran muy cuidadosos con sus niños (con sus notables excepciones), y ver a una beba en esas condiciones no solo rompía el corazón, sino que además era insólito. Verán, no había muchos lemurianos en el mundo. Eran una suerte de especie en peligro, contándose no más de doscientas mil almas repartidas por todo el planeta en distintas ciudades y países. Solo había cuatro localidades únicamente lemurianas en el mundo, siendo Jamir la principal. Se reproducían lento y la mortalidad infantil era bastante alta. ¿De dónde habían sacado una pequeña de esta edad?
Pronto, atraídos por el rumor de su presencia, llegaron los jefes a cargo de la redada y desde entonces… todo se fue en otra espiral de sucesos. Casi una hora después se mantenía una viva discusión.
Isabella estaba a punto de golpear gente. De preferencia a los asistentes sociales. Por lo visto habían mandado a los dos más obtusos de todos a la redada. Estaban más preocupados por las implicancias legales de la presencia de la beba en específico, que por su bienestar. Bueno, uno de ellos se veía bastante pasivo, y apenas protestaba, pero el señor Gómez reclamaba como si la vida se le fuera en ello, fumando sin parar por los nervios, e insistiendo en llevarse él mismo a la niña a un hogar de menores.
No dejaba que nadie la tocase, sin entender razones. El paramédico se entendía, pero si alguien más intentaba acercarse… ardía Troya.
"Esta niña no debería estar aquí. ¡Que Nadie La Toque! Debe ir a un hogar del sistema…"
"Entiendo que tenga que ir a una institución, pero primero tiene que ir a un hospital, Maldita Sea."
"NO. Puede verla un médico lemuriano acreditado en el hogar, ¡NO DEBE IR a un Hospital! No debe estar con los niños normales. No tenemos las instalaciones…"
"¡Eso no es más que un vil prejuicio! Es una nena de unos diez meses. ¡ADEMÁS ES ILEGAL QUE NO VAYA A UN HOSPITAL! ¿No vio como le dejaron la pierna?"
"¡Con mayor razón! La llegan a ver en un hospital con esa herida y las redes sociales nos harán pedazos."
"¿DE QUÉ HABLAS?"
"Porque es lemuriana: los lemurianos son malditos con los niños, no dejan que los toquemos. ¡Nos culparán de sus heridas y demandarán a la ciudad!"
"¡Lo tuyo son incoherencias!"
La jefa de Isabella, otros policías y el señor Gómez se estaban dando un round de lujo. Isabella se sopló el flequillo y le echó un vistazo a la ambulancia en donde tenían a los niños: todos lloraban de lo lindo, pero al estirar mejor el cuello para ver a la chiquita… se le contrajo el corazón. La pequeña lemuriana, de haber chillado de lo lindo, se había callado y entrado en estado de terror. Los paramédicos estaban frenéticos, pues temían con fundamentos que se les muriese del susto. La tenían envuelta en mantas.
"Mujer." Oyó de pronto a Ferraro.
"¿Qué pasa, sujeto?"
"La ley indica que si hay lemurianos involucrados en estas situaciones, hay que contactar sus consulados… al menos en Italia." Alessandro entrecerró los ojos. "Ese sujeto está alargando artificialmente la discusión, no me gusta. Los distrajo de ese modo y nadie ha llamado al Consulado."
"No hay consulado lemuriano en Atenas."
"… Porque el Patriarca del Santuario cumple esas funciones." Alessandro señaló con la cabeza la discusión que se seguía desarrollando con los asistentes sociales. "Tienes un amiguito lemuriano arrestado en una de las patrullas… Dijiste que era del Santuario. ¿Puedes contactarlos?"
Isabella levantó las cejas al mismo tiempo. Acto seguido rastreó su celular y lo sacó, llamando en seguida a Idril. Era tardísimo, pero la emergencia ameritaba que madrugasen. Tras intercambiar la explicación de rigor (ya se disculparía con su amiga por despertarla tan tarde) habló con Shion mismo. Colgó segundos después, tras explicarle lo que pasaba lo más resumidamente posible.
"¿De cuando tú acá tan familiar con tan altos contactos?"
"¿Acaso no puedo…?"
¡PLOF!
"¡¿Qué Se Supone Que Está Pasando Aquí?!"
Shion, que por lo visto se puso la túnica a la rápida, apareció de pronto en medio del grupo, dándoles un susto de muerte. No pocos policías sacaron sus armas, pero el patriarca se las quitó con telequinesia antes que pudieran disparar. El señor Gómez casi se quedó calvo de espanto al verlo y debido a que abrió la boca del susto, dejó caer su cigarrillo al suelo. El otro profesional comenzó a deshacerse en disculpas.
"¡Excelencia! Mil perdones, no queríamos molestarle. El responsable de esto será sancionado…"
"El Responsable De Esto Debería Ser Premiado. ¡¿Cómo Es Que No Me Informaron En Seguida?!" Shion dio algunas zancadas hasta llegar a la ambulancia, en donde los paramédicos le dejaron pasar para que viera a la pequeña, que estaba hecha una bola en la camilla bajo la manta térmica, y lloriqueaba de miedo. Hasta sudaba frío.
"Curamos su pie, le quitaron el pulgar… su rodilla necesita un especialista: se la desencajaron a propósito y con malicia." Explicó uno de los paramédicos con gravedad. "Tiene fiebre, debe ir a un hospital."
Shion (controlando su ira como mejor podía) acarició la espalda de la pequeña, inflamando un poco su cosmo para ayudar a calmarla. La beba asomó uno de sus cristalinos ojitos e hizo varios pucheros. A Shion se le derritió el corazón y le sonrió paternalmente, continuando las caricias y tratando de aliviar su temor. La pobre necesitaba un baño tibio, un biberón con urgencia y que la apapacharan hasta dormirla. ¡Quizás como estaría de salud!
"Mu." Le llamó por cosmonet. "Necesito que vengas. Ahora."
Plof
"Ya estoy aquí, maestro." Mu apareció detrás de Shion muy grave, sin prestar atención a la ambulancia. Se le veía muy molesto.
"¿Cómo tan rápido?"
"Kiki estuvo molestando a la policía en esta redada y lo arrestaron." Musitó entre dientes. Se volvió hacia Isabella y le hizo una seña. "Me disculpo a nombre de mi aprendiz, amiga. No volverá a pasar."
"Isabella." Le dijo de pronto Shion. "Gracias por avisarme."
"¿Maestro?" Preguntó Mu mirando curioso a Shion.
¿Acaso también le habían avisado a Shion del arresto de Kiki?, Shion entonces tomó a la pequeña en brazos, pese a las mudas protestas del señor Gómez, se dio la vuelta y puso a la pequeña en los brazos de Mu.
"¡¿Pero qué dem…?!"
"Tenla unos instantes: sé bueno con ella, está estresada y aterrada." Le ordenó, antes de volverse a tener un round de aquellos con los asistentes sociales y el resto de los policías.
¡Es que había tan pocos niños lemurianos, que un hallazgo de esta envergadura no era algo menor ni por si acaso! Los lemurianos, debido a la frágil infancia que tenían, eran muy cuidadosos con los niños en general y el que hubiese uno en este estado era como si les arrojasen una bomba atómica directo al corazón cultural de la especie. Shion estaba lívido de rabia: se le debió contactar antes y en venganza de aquello canalizaría toda su patriarcal ira hacia quienes no le habían dicho nada.
"Y así comienza." Comentó Alessandro prestando especial atención al Patriarca y su depredadora actitud. Mejor se ponía cómodo: iba a ser interesante esa llamada de atención.
"¡Te calzaron, Mu!"
Otro que estaba lívido era Mu. El dorado se quedó viendo a Isabella como pidiendo auxilio, más porque la nena por fin había empezado a gimotear y no se tardó nada en encontrar de nuevo sus pulmones. Se aferró con sus manitas a la armadura de Aries y lloró de terror. Tanto Isabella como Alessandro se taparon los oídos, de la pura angustia al sentir tan desesperado llanto. ¡Quizás qué había visto la pequeñita!
¿Qué era ese saborcillo dulzón que de pronto Mu sentía en el paladar?
¡Esos ojos!
Mu se derritió. La nena lloraba mirándolo a los ojos y él no fue capaz de apartar la mirada. Se le atragantaron las palabras en la garganta y el corazón le dio demasiados vuelcos. El saborcillo dulzón que había comenzado a sentir en la base del paladar pareció inundarle la boca y subir directo hacia su cerebro, con mucha rapidez. Entonces sintió como un bálsamo frío que se parecía juntarse en la base de su nuca y derramarse por su espalda y brazos. No tardó en detectar una sensación extraña en su pecho y quizás detrás de los ojos. O en el abdomen. Era como si le hubiera subido la glucosa hasta la luna, pero no se sentía mal, solo… liviano, un poco descompensado y… de pronto tenía la necesidad casi tétrica de no soltar a su pequeña.
…
¿Su pequeña?
¡Matilda! Pensó en ella de súbito. Sentía como si la chica estuviera abrazándolo por la espalda, dándole ánimos. Sintió como le subió el enamoramiento por su mujer, mientras cobijaba a la pequeña primero con timidez contra su pecho, para ir tomando seguridad poco a poco. Mu se obligó a respirar y trató de consolar a la beba, ajeno al mundo. La miró con inusitada ternura: ¿Por qué lloraba? ¿Cómo podía protegerla? ¿Qué hacía para…?
"¡¿Qué Tiene En…?! ¡¿Qué le Pasó en la Pierna?!" Ladró Mu cuando, al arropar a la beba con su capa y la ayuda de la telequinesia, notó la sangre. Apretó los dientes tratando de contener la rabia, pero comenzó a mecerla y a tararearle una canción de cuna que alguna vez había escuchado que Milo le cantaba a Kyrus. "Oye… estás a salvo…"
"Gúuuuuuu…"
La expresión de la niña era una aterrada súplica por ayuda y sus cristalizados ojos parecían chillarle que no la abandonara. Mu sintió el corazón detrás de las orejas y forzó una sonrisa, como para asegurarle que no la dejaría y que no podía esperar a mostrársela a Mati.
Curioso. Como que de pronto estaba bien mareado.
"Mu, ¿te sientes bien?" Le preguntó Isabella con un inesperado tono preocupado.
Shion escuchó la pregunta mientras masacraba verbalmente a los policías y asistentes sociales. Se detuvo unos instantes helado de la impresión, como si hubiera notado tarde que había cometido un descuido grave. De reojo miró a Mu… él mismo sentía ese saborcillo dulzón en el paladar, pero en una intensidad mucho menor. Había podido neutralizar sus efectos a tiempo…
Su corazón se saltó un latido… Miró bien a su aprendiz, paladeó el sabor con su lengua en su boca, reconociendo en el acto a qué se debía… ¡Maldita Sea! ¡Feromonas de Adopción! ¡La Beba Era Huérfana de Ambos Padres! El Patriarca sintió como la acidez del estómago le quemaba el pecho. ¡¿En qué estaba pensando?! ¡¿Cómo se le ocurría poner en los brazos de Mu a una huerfanita?! ¡Esto era su culpa!
"¡Me importa un comino que usted sea el patriarca de vaya a saber qué cabaret de mala muerte! Esa niña está bajo custodia de la ciudad y me la llevo." Alardeó Gómez indignado.
"¡No Nací Ayer! Conozco las leyes mejor que usted. ¡Ayudé a redactar la mayoría! La beba es lemuriana y se me debió entregar NI BIEN LA ENCONTRARON." Se apresuró en defender Shion, incapaz de poder ir en ayuda de su aprendiz.
Aunque no parecía que Mu necesitara ayuda, en cierto modo el lemuriano estaba fascinado mirando a la peque, quien por cierto, no dejaba de devolver una mirada llena de lágrimas. Lloraba de lo lindo, dejando caer gruesos lagrimones, pero ahora en silencio hasta que por fin se detuvo, con un puchero enorme y tembloroso decorando su rostro. Sus ojitos clamaban auxilio y algo gatillaron en el corazón de Mu… éste la acunó contra su pecho y encendió su cosmo para calmarla (otro truco aprendido de Milo), y le prestó atención a los signos vitales de la beba.
Tenía que bañarla, estaba toda sucia (aunque con pañal nuevo) y hacer que vieran su piecito.
"Ya, Está Bien, Llévesela Si Tanto La Quiere. ¡Pero Me La Tendrá Que Quitar!" El señor Gómez se acercó a Mu dando pisotones e intentó quitarle la niña por la fuerza, quien al darse cuenta de la cercanía del sujeto, por el olor a cigarro, reaccionó acorde: se refugió en el pecho del dorado y dejó escapar todo su miedo de sus pulmones.
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"
"OPA." Gómez se detuvo en seco, aterrado él mismo y no por el llanto de la beba. Mu le miraba fiero… y en menos de un segundo estiró la mano y lo sujetó por el cuello, manteniéndolo a distancia y sin darle oportunidad de acercarse ni medio suspiro más.
"¡MU!" Exclamó de pronto Isabella, sorprendida por la reacción del lemuriano. Nadie se perdía ni un pestañeo.
"GRRRRR. MÍA." Gruño el aludido. El dorado combustionó su cosmo en clara señal que no permitiría que se acercaran más a la niña. Shion observó con grave calma.
Mu escaldó a Gómez con la mirada, dando la impresión que si lo liberaba iba a ser para arrancarle la cabeza a mordiscos, pero al cabo de unos minutos pareció recuperar la conciencia y lentamente comenzó a soltarlo. Del susto al hombre no le quedaron ganas de seguir insistiendo en quitarle a la beba al santo de Aries. Retrocedió asustado, mientras Mu se alejaba con su peque en los brazos. ¡Vayan a quitársela ahora a ver si eran tan valientes! Todos los presentes ni respiraban.
"Merecido se lo tiene, señor Gómez, por ser tan bruto." Le gruñó Shion. "La niña se queda con Mu. Si tienen problemas al respecto, contacten a nuestros abogados."
Los demás policías asintieron con la cabeza. Dafne se sobó las sienes y los paramédicos parecieron suspirar de alivio. Isabella y Alessandro intercambiaron miradas, y aunque no captaban mucho, intuían bastante. Les dio a los dos la impresión que Mu no dejaría ir a la niña y que tendrían que matarlo para quitársela. Al menos esa perspectiva dejó tranquila a Isabella, aunque no entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Qué le pasaba a Mu? Él no era así de violento, era más tranquilito.
"Supongo que queda en buenas manos." Comentó Alessandro, haciéndole una seña a Isabella. "Fue un gusto trabajar contigo: tengo que ir a ver a Doménico. Si me disculpas."
Ferraro se retiró a paso cansado hacia la otra ambulancia, en donde el niño que había estado rastreando los últimos meses estaba siendo atendido. Sacó el celular y se dispuso a hacer una llamada a los padres del nene, que sin duda haría que todas sus penurias de los últimos seis meses fueran recompensadas. Isabella le hizo una seña con la cabeza y centró su atención en Mu. Sin querer queriendo cruzó miradas con Shion, quien por cierto había dado por terminada la discusión. Se le veía preocupado.
"Excelencia, ¿Qué acaba de pasar con Mu?" Preguntó Isabella llena de natural curiosidad.
"Mu adoptó a la niña por feromonas." Explicó Shion soplándose el flequillo, mientras se apretaba el puente nasal. "No se la debí haber pasado así de abrupto sin advertirle." Resopló cansado. "No me di cuenta que era huerfanita. ¡Qué chasco! Lo hubiera sabido no se la entrego." El Patriarca miró a Isabella curioso. "Hija mía, ¿Por qué Kiki está arrestado?" Preguntó.
"Larga historia." Rezongó Isabella, sobándose las sienes. "Se la cuento cuando me explique eso de la adopción."
Ambos miraron a su alrededor y suspiraron al mismo tiempo… por las pintas, la noche sería incluso más larga.
Esto estaba recién comenzando.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Sorpresa de Diez Meses.
"… ¿Cómo diantres le iba a explicar a su Mati que había adoptado una beba? No es que hubiera podido evitarlo, o querido hacerlo a fin de cuentas, pero de alguna manera debió haberla hecho partícipe. La adoraba con toda su alma, debió preguntarle o algo, advertirle de algún modo. ¡Era su chica! La mujer con la que, si todo salía como planeaba, quería pasar el resto de su vida mortal. ¡No podía excluirla de una decisión de tan inmensa envergadura!…"
Nota Mental: Iba a actualizar mañana. Pero no tuve autocontrol. XD bueno, pudo ser peor: al menos la beba está fuera de peligro y en brazos de su nuevo e inesperado papá. Solo a esperar que bajen las revoluciones un poco. Y sí, Kiki no solo se llevó el impacto de su vida, sino que también fue arrestado en serio. De verdad, no debió haberse metido al medio de una redada de esa envergadura. Sobre Alessandro Ferraro… aquí cito a Ekléctica: "El actor de llama Michele Riondino, que lo busquen con el look de la serie Il Giovane Montalbano." También por culpa de Ekléctica, y para quienes sientan curiosidad... la que mueve el tiempo creó este pinterest en el que se irán subiendo imágenes relacionadas con esta saga mía, cuyo link pueden encontrar en mi profile. Y sí, ahí sale Alessandrito… es lo único que aparece de momento. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER Y BIENVENIDOS!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda
Taser: Arma diseñada para incapacitar a una persona o animal mediante descargas eléctricas que imitan las señales nerviosas y confunde a los músculos motores, principalmente brazos y piernas, inmovilizando al objetivo temporalmente.
Una de las más conocidas es el taser, que dispara agujas que administran una descarga eléctrica a través de un cable. Otras armas de electrochoque administran las descargas mediante contacto directo, como la porra eléctrica.
Su uso está autorizado generalmente en niveles de amenaza muy inferiores al que requiere el uso de armas de fuego, apareciendo en ocasiones en el nivel inmediatamente superior a las órdenes verbales. El taser ha recibido fuertes críticas por parte de organizaciones de derechos humanos, así como por la Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura, que dictaminó que el uso de armas taser puede constituir una forma de tortura.
El taser genera en vacío 50.000 voltios, pero en contacto con la persona cae a 400 voltios con una corriente de 2,1 mA lo que presuntamente lo hace no-letal para el ser humano. Esta postura ha sido sostenida por un estudio del Instituto de Medicina Legal de Málaga en Cuadernos de Medicina nº 35 de 2004.
Gas pimienta: Es un compuesto químico que irrita los ojos hasta el punto de causar lágrimas, dolor e incluso ceguera temporal. Se utiliza para dispersar disturbios o como defensa personal. Aunque no es letal, en casos excepcionales puede provocar la muerte del afectado. Su ingrediente activo es la capsaicina, un compuesto derivado de la frutas de las plantas del género Capsicum.
La vanililamida del ácido pelargónico (nonivamida o pseudocapsaicina), un análogo sintético de la capsaicina, se utiliza en una versión del espray de pimienta conocido como espray PAVA, que se utiliza en Inglaterra. Otro compuesto químico sintético es la morfolida del ácido pelargónico (4-nonanoilmorfolina). Fue desarrollado y usado ampliamente en Rusia. Su efectividad comparada con el espray de pimienta natural se desconoce, y ha causado algunas lastimaduras.
No, tampoco entendí mucho.
Los aerosoles de pimienta suelen comercializarse en botes lo suficientemente pequeños para transportarse o disimularse en un bolsillo o un bolso. Los aerosoles de pimienta también pueden ocultarse incluso en los anillos. También existe un proyectil de aerosol de pimienta, que puede dispararse desde una pistola de paintball.
Feromonas: Son sustancias químicas secretadas por los seres vivos, con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie. Son un medio de transmisión de señales que pueden ser tanto volátiles como no volátiles.
Muchas especies de plantas y animales utilizan diferentes aromas o mensajes químicos como medio de comunicación y casi todas envían uno o varios códigos por este medio, tanto para atraerse o rechazarse sexualmente como para otros fines. Algunas mariposas, como los machos de Saturnia pyri, son capaces de detectar el olor de la hembra a 20 km de distancia.
El término feromona fue acuñado a finales de la década de los años 1950, a partir de las raíces griegas φέρω, llevar y ὁρμόνη, estímulo, hormona.
Hay estudios científicos que señalan la existencia de feromonas en los humanos. Aun así, estos estudios siguen siendo sujetos a debate por su metodología y por sus conclusiones. Actualmente no existe un consenso definitivo dentro de la comunidad científica sobre la existencia de feromonas humanas.
