Mu llega con la niña al Santuario y en seguida se la lleva a la enfermería, en donde la atienden como es debido. El lemuriano tiene un vórtice de emociones en su corazón, pero lo único que quiere es que Mati no lo abandone. Mucha gente ha prometido machacar al responsable de las heridas de la niña. ¿Dónde está Sebastián?


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. Por cierto… explicaré bien de donde salió la beba una vez que le pongan el nombre. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia"… sobre los orígenes de la Beba… ya los diré a su debido tiempo n.nD8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 3: Sorpresa de Diez Meses

Escaleras Zodiacales.

20 de marzo. 3:30 horas.

Se detuvo unos instantes para observar su constelación, aquella que generalmente no era tan brillante como otras, pero que hoy tenía ese tintineo especial. Pronto estaría de cumpleaños, y debía ser el más bizarro de su vida. Si bien era el más entusiasta en celebrarlo, en su fuero interno siempre los había recibido con bastante melancolía, pues recordaban un dolor que no se lograba sacudir de encima. Suspiró y sonrió, acomodando la carga que tenía entre sus brazos, sintiéndose especialmente feliz. Ese año su cumpleaños sería tan diferente que casi se llegaba a marear.

Dentro de siete días más estaría literalmente de estreno.

Era la primera vez que muchas cosas le iban a suceder, partiendo por la presencia de Matilda en su vida. Eso habría sido suficiente como para enviarlo a la luna ida y vuelta un par de veces. Además era la primera vez que iban a estar sus padres con él, lo que le llenaba el corazón. Este año, en virtud de aquello, los dorados no iban a celebrarlo de la manera usual y…

"Guuuuú…"

… Bueno. Estaba la beba. El regalo más extravagante que había recibido en su vida, si es que la podía considerar así. Mu bajó la mirada hacia el bultito que tenía envuelto en su capa. La niña seguía con los ojos llenos de miedo, pero estaba más tranquila y parecía aliviarse cada vez que cruzaban miradas. O al menos esa era la impresión que tenía: la peque había encontrado seguridad en sus brazos y en su corazón. Encendió su cosmo de a poco y dejó que la pequeña se regodeara.

"Tú no quieres dormir ¿verdad? Está bien, no te preocupes. Ya te vencerá el sueño… espero."

La beba resopló y se le acurrucó contra el pecho, como temiendo que la dejaran botada.

Mu resopló con algo de angustia. Sabía en su fuero interno que no sería capaz de abandonar a la niña (primero lo mataban), pero pasada la emoción inicial, la sensación de haber cometido una imprudencia no lo dejaba tranquilo. ¿Cómo fue que aceptó a una huerfanita en sus brazos así de súbito? ¿Qué iba a decir Matilda? Sabía que no necesitaría explicar su situación a ningún lemuriano, pero su chica era humana y habían algunas sutilezas culturales que ella no conocía, por mucho que las investigara. Por si fuera poco, en más de una ocasión Mati se había mostrado reacia al tema niños ¿Y qué hacía él? Dejar que le pusieran una huérfana en los brazos y adoptarla en el acto.

Lindo. Mati no se lo iba a tomar a bien. ¿Podía culparla? La verdad no. Apenas llevaban unos meses como pareja oficial y, si bien se adoraban con locura, este tema ni siquiera era para considerarlo tan pronto. Bastante tenían con Kiki…

¡Argh, Kiki!

Mu se detuvo frunciendo el ceño. Miró hacia la ciudad con molestia. ¡Mocoso de porquería! Le dijo una y mil veces que no se metiera en problemas. Sabía perfectamente que no debía andar curioseando en asuntos que no le correspondían y que su estatus de aprendiz de dorado ni le daba derecho a andar de metiche ni significaba que podía salir libre de polvo y paja de cuanto problema se metía. Estaba enojado: se supone que iba a ser una práctica de patrullaje nocturno urbano, debió estar cumpliendo con el ejercicio y la ruta que le había impuesto, no andar estorbando a la policía, menos en una redada de la envergadura aquella, nada más porque se le había ocurrido ir a saludar a Isabella.

La idea del ejercicio era que completase la ruta sin incidentes, sin que lo notaran, vigilando y siendo parte de todo y de nada al mismo tiempo. Sobraba decir que había reprobado rotundamente.

Dejaría que estuviera preso algunos días, a ver si con eso escarmentaba.

"¿Gúuu?"

"Oh no, no es contigo, guapetona." Mu meció a la beba, cuidando de no alterar su piecito. Estaba preocupado, la peque tenía fiebre y eso le molestaba. La niña gimoteó de lo lindo, y apoyó su cabeza contra su pecho, como si con eso buscara escuchar su corazón. "Vamos a la enfermería, a que te revisen mejor. Me voy a quedar contigo… luego veremos si el león amigo mío puede ayudarte con tu pierna, para que no te duela más."

La peque pestañeó con sus respectivos pucheros, mientras se aferraba más a Mu. Se oyó a Crisomalón, su armadura, emitiendo enternecidos sonidos y él mismo sintió su corazón derretirse. ¡Por Athena! ¿Cómo diantres le iba a explicar a su Mati que había adoptado una niña? No es que hubiera podido evitarlo, o querido hacerlo a fin de cuentas, pero de alguna manera debió haberla hecho partícipe. La adoraba con toda su alma, debió preguntarle o algo, advertirle de algún modo. ¡Era su chica! La mujer con la que, si todo salía como planeaba, quería pasar el resto de su vida mortal. ¡No podía excluirla de una decisión de tan inmensa envergadura!

"Me pregunto si querrá ponerte el nombre… estoy seguro que se le ocurre uno muy lindo para ti."

Suspiró algo angustiado. No lo sabía a ciencia cierta, pero intuía que a Matilda no le gustaban los niños. ¡Ay! ¡Qué metida de pata! ¿Pero qué podría haber hecho? Debió haber estado prevenido de que había una bebita huérfana antes de que se la pasaran. ¿En qué había estado pensando su maestro cuando se la entregó así sin más? Ahora no podía dejarla o pasársela a otro lemuriano, eso no estaría bien y la nena podía morirse de la impresión. Quizás como había perdido a sus padres y él pensando en exponerla a otros dolores y…

"¿Mu?"

La voz de Anneke le pareció como salida de un sueño, le aterrizó de golpe a la realidad de la que apenas se había percatado. Allí, justo en la explanada que precedía a la Tercera Casa, la chica de Saga le miraba con intensidad, llevando algo en los brazos. El gemelo mayor estaba detrás de ella, en claro apoyo. ¿Él? No pudo evitar proteger mejor a su niña y mantenerse estático, con la mirada afilada y el rostro endurecido, como si de pronto no supiera que debía confiar o no… ¡¿Qué Rayos?! Era Anneke, y ese Saga: eran sus amigos, no buscarían dañar a su niña.

¿Verdad?

"… Discúlpame Mu, no quise asustarte." Le dijo Anneke con timidez. La mujer extendió una mantita para enseñársela, como para mostrarle que era segura. "Creí que podías necesitar esto…"

"También esto…" Saga le mostró un biberón y un chupete. Mu ni se movió. "¿Estás bien?"

"Tuve un sueño… se lo conté a Saga y luego a Kanon. Vi a la niña." Comenzó a decir Anneke, cuando en ese momento la beba se asomó. Las imágenes de su sueño golpearon con fuerza a Anneke en su corazón y tuvo que sujetarse de Saga. Casi soltó la manta.

Mu se relajó. Volvió a confiar. Él mismo se acercó a la pareja, y aunque a la niña no le gustó la proximidad de los extraños, si quien la cargaba confiaba en ellos suponía que tenía que estar tranquila. Se tensó eso sí cuando Anneke le acarició el cabello, pero cuando Saga le ofreció el chupete y se lo puso en la boca… ¡Fue la felicidad máxima! Abrió los ojos a tope, llena de contento. ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido así de contenta? No recordaba.

"Esas son cosas para su bebé." Dijo Mu con asombro.

"Todavía lo tengo en la panza, aun no las necesita." Le dijo Anneke mientras ayudaba a Mu a envolver a la nena mejor con su capa y le pasaba la mantita de seguridad.

"Ella las necesita más, no nos molesta. Tenemos tiempo para comprar otras." Comentó Saga, enternecido al ver la reacción de la beba con el chupete, pues además le miraba agradecida, con los ojitos llenos de ilusión, como si le hubiera dado la felicidad más grande del planeta. Saga casi dejó escapar un puchero. "¿Estás bien, Mu?" Insistió de pronto el gemelo, aterrizando de súbito.

En serio, Saga andaba sensible con estas cosas.

"Yo: feliz y aterrado. ¡Tengo que decirle a Mati! No pude… ¡Estaba ahí! Me la pusieron en los brazos. La miré y no pude evitarlo…" Mu resopló angustiado y feliz al mismo tiempo. "¿Cómo miércoles le voy a explicar esto a mi Mati?"

"¿Explicarle qué cosa?"

"Que la adopté sin querer…"

"¿Huh?" Anneke no entendió nada, pero el gesto que hizo Saga con la cara le dio a entender qué él sí. "¿A qué se refiere Mu, amor?"

"No pasa con todos y siempre es algo que un lemuriano puede evitar si toma los resguardos, pero es bastante común que algunos adopten por impronta." Explicó Saga con bastante respeto. "Hay una feromona que emiten los bebés huérfanos que incita a que un adulto dispuesto los adopte, sobre todo si está desprevenido."

"¿Mu entonces es papá?"

"Me pilló desprevenido… no pude evitarlo." Mu acunó a la beba en sus brazos, mientras le sonreía. "No sé si hubiera querido. Ya me las arreglaré con Mati."

"Lo que necesites, Mu, nos avisas." Saga le puso una mano en el hombro. "Creo que Mati te ama, si lo conversas bien con ella, entenderá perfecto…"

Anneke inspiró y exhaló una buena bocanada de aire al mismo tiempo que su propio bebé daba una vuelta olímpica en su vientre. Supo que habría inseguridad por parte de Mati, y que esto pondría a prueba a la pareja, pero también supo que ni bien la beba y Matilda cruzaran miradas, todo estaría bien, por muchas dudas que surgiesen luego.

La imagen de una adolescente Matilda leyendo el libro Orgullo y Prejuicio se le vino a la mente. No supo por qué, pero aquello la enterneció. De alguna manera supo que iba a estar todo bien…

… pero tenía que regalarle un taser. Lo antes posible.

"Estoy seguro que lo entenderá, pero tengo que hablar con ella… primero debo llevar a esta pequeña a la enfermería. Urgente, antes que los analgésicos se le pasen." Dijo Mu con mucha calma, aunque con pasiva furia al pensar en el estado de la piernecita de su niña. Saga abrió un portal a otra dimensión.

"Vete. Le avisaré a Aioria para que vaya."

Mu asintió y no reclamó mucho. Con la beba en brazos no podía teletransportarse, pero el paso por la otra dimensión era aceptable. Sin pensarlo más cruzó el portal y desapareció. Saga entonces rodeó a Anneke por la cintura.

"Los papás de Mu van a flipar. Se convirtieron en abuelos y ni lo sospechan." Comentó Anneke a la pasada. "Mati también, cuando se le pase la impresión."

"Mu se ganó el premio al cumpleaños más bizarro de la década, sin duda." Saga besó a su novia en la mejilla. "Vamos dentro: hace frío."


Enfermería del Santuario.

Horas más tarde. 5:50 horas.

Aioria no era una persona alegre en las mañanas, y su humor era derechamente amargo cuando lo despertaban en medio de la madrugada. Pero lo que realmente lo puso de mal genio fue la lesión de la niña. Si bien en un principio no tenía ni la más puñetera idea del porqué lo habían llamado tan temprano (suponía que algún aprendiz o santo se había lesionado) adivinó en seguida cuando llegó a la enfermería y oyó el lastimero llanto. Rápidamente entró a la salita y vio a Mu sujetando a una bebé que lloraba desolada, con el cosmo en mínimo para ayudar a calmarla y a Astrea quien, con más delicadeza y ternura de la que solía usar, trataba de revisar a la criatura, incluso tarareando una delicada canción de cuna.

Era casi psicodélico ver a Astrea en ese plan.

Cuando llegó hasta ellos Aioria supo en seguida tres cosas: era lemuriana, Mu estaba demasiado territorial y esas lesiones eran intencionales. No se atrevió a curar la rodilla en seguida, no hasta estar seguro de la extensión de los daños. Si hubiera sido un adulto, no lo piensa dos veces, los huesos están formados, pero alguien tan pequeño no.

Por cierto, ¡¿Qué Clase de Maldito le Cortaba el Pulgar del Pie a una Beba?!

Quince minutos más tarde, una de los aprendices de Astrea, la temible y recién titulada Electra de Telescopio, apareció con un médico quien rápidamente se dio a la tarea de revisar a la peque y determinar un curso de acción con ella. Esto incluyó una revisión completa, tratamiento, radiografías y la toma de todo tipo de muestras y exámenes que la pequeña no disfrutó en lo más mínimo; suturó mejor la herida del pulgar del pie y Aioria pudo intervenir, dejándose guiar por el especialista en cómo curar la articulación dañada.

Lo más probable es que solo hubiera curado en parte el daño a los discos de crecimiento y al fémur, pero al igual que el galeno temía que el desarrollo de la pierna de la niña no fuera el óptimo y se ralentizara. Tendría seguramente que intervenir cada cierto tiempo para guiar el crecimiento de la manera más adecuada posible, pero lo más probable era que la pequeña tuviera dificultades para aprender a caminar y que cojeara toda su vida. La falta del pulgar solo aumentaba esas posibilidades.

Pero caminaría y aprendería a lidiar bien con estas horribles lesiones. Él mismo se encargaría de ayudarla todo lo que pudiera.

Aioria honestamente quería provocarle la misma lesión al maldito que le había hecho eso a alguien tan indefenso. Tras despedirse de los presentes, sobre todo de Mu, se fue echando pestes y prometiendo dolor al bastardo aquél, fuera quien fuera.

Tras esta intervención Astrea y Mu le dieron un buen baño tibio, cuidando de no alterar las heridas, y le vendaron la pierna de la pequeña. El tratamiento por lo visto resultó, pues la fiebre comenzó a bajarle. Electra consiguió a esas horas ropa limpia y la cambiaron, la pusieron en una cuna y tras hacerla dormir, la dejaron en paz. Iba a pasar la noche en la enfermería y a la mañana traerían a un pediatra. Mu no la dejó sola.

Y allí estaba la pequeña, durmiendo por primera vez en una cuna decente y limpia, arropada entre otras cosas con la mantita de seguridad que Anneke le había regalado, segura por primera vez desde que recordaba. De hecho, dormía profundo… cosa que nunca había hecho antes. Mu estaba echado en un sofá cercano: algo había dormitado, pero cada tanto se despertaba. Había tenido mala noche y seguía sin poder creerse como se había metido en ese lío.

¡Se veía tan linda durmiendo!

Bostezó y agarró impulso para ponerse de pie. Se acercó a la cuna y la observó atento, acariciándole la cabecita cada tanto, casi sin poder creer la facilidad con la que su corazón la había aceptado como suya. Ya no se la notaba afiebrada, pero no se confiaba. Le puso el termómetro y esperó a que diera la temperatura… treinta y seis grados exactos. Lo dejó a un costado y resopló molesto consigo mismo: quizás si hubiera retomado antes sus estudios de medicina, habría estado en condiciones de atenderla él mismo, pero de momento solo era un inútil con un cúmulo de conocimientos a los que les faltaba repaso, y que de todos modos eran insuficientes para cuidar de la pequeña. ¡Y encima todavía no le decía nada a Matilda!

Sin mencionar que su aprendiz estaba arrestado.

De pronto un cálido cosmo lo acunó y dos pares de brazos lo rodearon. Mu se olvidó un momento de sus angustias y correspondió el gesto. ¡Claro! ¿Cómo olvidar esto? Era una de las cosas que más le entusiasmaban de la cercanía de este cumpleaños en específico. Se dejó abrazar por sus padres por largo rato, sin oponer resistencia y aguantándose las emociones. Cuando se separaron, no alcanzó a emitir palabra.

"¿Cómo estás hoy, Mu?" Le dijo Lümi, mientras le arreglaba el flequillo. "Mi maestro nos dijo que te encontraríamos aquí."

"Supimos que no dormiste bien anoche." Axl le pasó un tazón con café. "Venimos con ofrendas de cafeína." Mu sonrió tímido y lo recibió con gusto.

"Gracias Papá…"

"Nada, tu mamá fue la de la idea."

"¡No me achaques esto! Sabes que no soy de dar regalos." Medio mintió Lümi avergonzada, aunque no pudo evitar darle un abrazo a su hijo. Con él sus defensas de chica ruda bajaban casi en su totalidad.

Mu sonrió con cariño y gusto. En cuanto a edad sus padres apenas eran un par de años mayor que él, pero en su mente tenían esa aura paternal tan característica. Se sentía fascinado cada vez que los veía y aunque al principio no podía sacudirse la sensación de incredulidad, pronto había tomado un ritmo de aceptación, en un proceso que lejos de incomodarlo, lo estaba disfrutando mucho. Se quedó mirando el tazón y olió aquél aroma: en serio, ¿por qué nunca había querido tomar café por su cuenta? Le dio un buen sorbo.

"¡Gracias! Ya estaba necesitando esto."

"¡He creado un monstruo!" Exclamó Axl divertido.

"Mientras no se dé atracones de café como alguien que conozco y que no quiero mirar…" Lümi bufó fingiendo mal humor y mirando de reojo a Axl. "Una vez se pegó un atracón de café tal, que tuve que llevarlo a la sala de emergencia medio intoxicado con cafeína. ¿Sabes lo difícil que es hacer eso con tu papá? ¡Menos mal que Erich me ayudó!"

"Traidores." Se lamentó Axl con un puchero, pero en seguida sonrió. "Aunque esa vez fue cuando Lümi y Erich realmente empezaron a ser amigos. Tan malo no fue."

"Oh, esa historia tendrán que contármela pronto." Comentó Mu de buen humor.

"Tendrá que ser luego, que ahora son otras historias las que nos interesan." Le dijo Axl muy contento. Fue entonces cuando se inclinó sobre la cuna. "¿No nos vas a decir quién es esta linda señorita?"

"Mi Maestro nos contó lo que pasó anoche." Dijo Lümi, asomándose también. "¡Qué criaturita tan linda!" La amazona suspiró apenada, al tiempo que reparaba en los vendajes que lucía la nena. Fue cuando sobre su rostro se estacionó una negra nube. "Déjenme cinco minutos con el salvaje que la lastimó a ver si le gusta que le desencaje las rodillas lenta y dolorosamente…"

La beba suspiró en sueños y Mu con ella pareció perder como dos centímetros de altura. Mientras más la veía, más se prendaba de la pequeña, pero más se acordaba que tenía que hablar con Mati. Tenía miedo que la chica lo rechazara, que no quisiera seguir llevando la relación que tenían a causa de la niña y eso le iba a doler mucho. No podía elegir solo a una, las quería a las dos, pero no podía obligar a Matilda a que quisiera a la beba.

Fue entonces que la peque abrió los ojos. Primero poco a poco, pero al verse en un lugar desconocido y rodeada de más extraños, abrió los ojos de golpe, pero no se atrevió a llorar. Hizo un puchero y pareció encogerse sobre sí misma, como intentando ser más pequeña, pasar desapercibida y no llamar la atención.

"La adopté anoche… me descuidé y bueno… pasó." Mu hizo un puchero. Estiró la mano dentro de la cuna y le acarició la cabecita, tratando de calmar a la nena. "Está enfermita y la lastimaron bien feo, no sé quién." Añadió angustiado. "No sé quién hirió a mi pequeñita."

"Está preciosa. ¡Tiene los ojos de diferentes colores!" Exclamó Lümi. La beba hizo su puchero algo más grande, y solo se calmó cuando Mu le acarició los puntitos de la frente.

"¿Qué clase de salvaje hiere así a una pequeña? Miren como le dejaron la pierna." Gruñó Axl entre dientes. "Mu… ¿Estás bien con esta decisión?" Le preguntó mirándole a los ojos y poniendo una mano sobre su hombro.

"Es mía, no lo pondré en duda nunca." Mu se inclinó sobre la cuna y levantó a la niña, acunándola contra su pecho, sonriendo al sentir como la peque se acurrucaba contra él. "Tengo que hablar con Mati, no sé cómo reaccione."

"¿No has hablado con ella todavía? ¡Debiste hacerlo hace horas!" Afirmó Lümi muy seria, aunque en seguida comenzó a acariciar la cabecita de la niña. "¿Cómo te llamas, angelito?"

"No sé."

"¿No sabes? ¿No le has puesto el nombre?" Preguntó Axl curioso.

"No… errr… esperaba que Mati me ayudara."

"¿Quieres que Mati le ponga el nombre a la nena?" Lümi pestañeó en seguida. "Eso es una gran responsabilidad, ¿sabes si Mati entenderá el significado?"

"Se lo puedo explicar… claro… si antes no me manda a freír monos por no haberla incluido…" Mu suspiró apenado, pero se obligó a sonreír. "¿Guapetona?" Le dijo a la beba. "¿Quieres conocer a tu abuelita?"

"Gú."

"¿Abuelita YO?"

Axl y Lümi abrieron los ojos como platos, cayendo en cuenta que si su hijo había adoptado a una niña eso los convertía en abuelos. A ambos les brillaron los ojos de la emoción y parecieron cambiar el switch. Axl estiró los brazos y tomó a la niña, quien si bien se tensó un poco no reclamó mucho al respecto. Al cabo de un rato le fue evidente que el lemuriano de cabello azul solo pretendía mimarla, al igual que la otra mujer, quien la llenaba de cariños. La beba se tensó bastante al principio, sin saber si confiar o no, pero lentamente comenzó a ceder. Su nuevo papá sonreía afable y no parecía tenso, eso debía ser una buena señal. Miró a Axl y le revoleó las pestañas antes de acurrucarse contra él. Lümi se mordió el labio enternecida, prodigándole mucho cariño: tenía ganas de cargarla, pero temía lastimarla.

"Bueno… se lo tomaron mejor que muchos padres cuyo hijo sale con un desliz así, lo reconozco." Bromeó Mu. Lümi le dio un zape.

"Aprovecha para llamar a Matilda: nosotros cuidamos de la pequeña."

"¿Agú?" La beba miró a Mu a la expectativa, pero éste le acarició una mejilla y le sonrió.

"Este es tu abuelo…"

"Oh sí, lo soy… ¡Así de joven vas a ver que te puedo seguir el ritmo!"

"… tengo que hacer una llamada y vuelvo en seguida." Mu miró a sus padres. "¿Pueden verla cinco minutos?"

"¡Claro!" Exclamaron ambos al mismo tiempo. Mu sonrió tranquilo y asintió con la cabeza. Salió de la pequeña habitación mientras buscaba su celular y, tras revisar la hora (6:30 de la mañana) marcó el teléfono de Matilda.

Hora de la verdad.


Residencia Nikolaidis. (Casa de los Tíos de Matilda)

6:50 horas.

Matilda tenía los ojos muy abiertos de la sorpresa y dejó el teléfono a un lado. Parpadeó varias veces sin saber qué pensar, desconcertada hasta decir basta. Sintió un nudo en la garganta y su estómago no tardó en comenzar a protestar. Se mordió el labio y el pulgar, mirando hacia una de sus repisas… allí, en la más alta, sentado y olvidado por los años, había un recuerdo de su infancia del que nunca había podido deshacerse.

¿Había escuchado bien o su cerebro le estaba jugando bromas?

Se levantó de la cama y se calzó las pantuflas. Salió de su cuarto y caminó hacia la cocina arrastrando los pies. Mu acababa de llamarla, muy serio y quizás asustado, para contarle que la noche anterior había sido, por decir lo menos, interesante. Casi por inercia puso agua a hervir y buscó un tazón para hacerse un café. Buscó algunas barras de cereal en la despensa para desayunar, pero no logró encontrar ninguna. Se estaba lamentando en silencio cuando su tío Alphonse le dio los buenos días.

"¿Qué hubo monita? ¿Ya te llamó el lemuriano? Escuché el teléfono."

"Se llama Mu, tío. ¿Hasta cuándo lo vas a llamar así?"

"Intenta llevarse a una de mis hijas. Solo hago lo que todo padre preocupado haría." Le dijo con un guiño, que Matilda no apreció.

"Hmpf. No digas eso, te cae mal y punto." Matilda cerró la puerta de la despensa. "Ni siquiera haces un esfuerzo por conocerlo mejor."

"Te hace feliz, monita. No pido mayor cosa, pero sabes que no me gusta esta relación que están llevando: podría ser más justo contigo y regularizar las cosas en vez de andar amancebados."

"Alphonse: te oí." Gruñó su tía desde la puerta, justo antes que Matilda reclamara algo. "Dijimos que no los íbamos a presionar más." La mujer buscó una taza y buscó un té, mientras Alphonse comenzaba a servir el agua. "¿Qué quería Mu?"

"No sé si quiera hablar de ello con el tío Alphonse aquí."

"¿Me tengo que ir?" Alphonse entrecerró los ojos. "¿Qué te hizo ese desgraciado?"

"¡Alphonse!" Ladró la mujer. "¿Qué pasó, Mati?" Matilda se sopló el flequillo.

"¿Tengo que ir por mi escopeta?"

"¡Tío!"

"¡Es una opción!"

"No te pases, Alphonse: ya lo hemos hablado." Gruñó de nuevo la mujer. "Matilda, ¿ocurrió algo?"

La aludida se sentía confundida y muy extraviada. Miró a sus tíos y suspiró: si bien conocía del rechazo que ambos sentían a como estaba llevando su relación con Mu, eran los adultos en los que más confiaba y en quienes había dependido toda su vida. Rápidamente les dio el mismo resumen que Mu le había dado de la noche anterior y ambos escucharon con calma y con la debida cuota de horror, pero cuando llegó a la parte de que había adoptado, sin querer queriendo a una beba que seguramente había sido sujeto de abusos, ambos dieron un respingo. En seguida Alphonse puso cara de leche agria, mientras que su tía, Catalina, no sabía si estar enternecida o preocupada.

"Aléjate de él. Comenzará a darle más atención a su hija que a ti y no te mereces eso." Le dijo su tío, quien pronto entrecerró los ojos. "Los lemurianos cuando adoptan son así, se olvidan del resto del mundo y como no eres nada suyo, ya no te necesitará."

"¡Tío!"

"¡Nada de eso! No me vengan con que te hace feliz o no, ¡No te mereces esto!" El rostro de Alphonse se llenó de angustia. "Un hombre con lastre no puede dividir su atención, va a privilegiar a su hija y no a ti y no quiero que te haga llorar."

"Alphonse, eso no lo sabes." Lo atajó Catalina. "Mu es un buen chico, solo adoptó a una nena que lo necesitaba y ya. ¡Y Mati lo supo por él, no por otra persona!"

"Pero no le va a dar a Mati todo lo que necesita."

"Pero yo lo amo…"

"No se vive de buenas intenciones. El amor no paga las cuentas."

Matilda le mantuvo la mirada a su tío con algo de elegancia, mientras miles de pensamientos se arremolinaban en su cabeza. No, no le gustaban los niños, la ponían muy nerviosa y estaba convencida que carecía de todo instinto maternal: eran demasiado frágiles y no los comprendía. Además lloraban todo el tiempo y aquella estridencia la sacaba de casillas. Mu era el que disfrutaba de la presencia de los enanos, no ella. Le causaba dolor de estómago todo lo que acababa de escuchar: Mu siempre le hacía bromas respecto a tener hijos más adelante, pues sabía que el tema la inquietaba, pero… ¿acaso estaba hablando en serio? ¡No llevaban ni seis meses como pareja! ¿De verdad Mu quería hijos tan pronto? ¿Tanto que había adoptado una pequeña?

Bueno… no es que lo hubiera hecho a propósito, pero ya fue. ¿Qué se supone que tenía que pensar?

Su mente voló de nuevo hacia aquél recuerdo de la infancia que reposaba sobre la más alta de sus repisas. Luego pensó en Mu cargando a una pequeña cuyas facciones no lograba distinguir y eso le dio un lindo latido en el corazón. Como fuese, esa niña no podía haber caído en mejores manos: Mu iba a ser un estupendo papá.

"No, no se vive de buenas intenciones, sino de hechos y esfuerzos a diario, tío. Eso es lo que paga las cuentas." Rezongó Matilda. "Y Apoyo a Mu. Algo he leído sobre las adopciones lemurianas…"

"¡Ahora te crees una experta en esa cultura!"

"Porque amo a Mu y quiero que se sienta cómodo conmigo, que no voy a meter las patas. ¡Sé que con las adopciones hasta tienen cambios hormonales y…!"

"¡En ustedes dos todo es hormonal! Parecen adolescentes."

"¡Y Mu NO Habría Adoptado a Nadie si No Hubiera Tenido Pareja!" Terminó por gruñir Matilda. Sin querer se le arrancaron algunas emociones en forma de lágrimas. "Si hubiera estado soltero, la adopción por impronta no habría resultado… ¿ves tío? Mu me ama. Tanto que hasta adoptó una nena."

"Si tanto quieren hijos ustedes dos, deja de tomar pastillas, cásense y tengan familia."

"¡No tomo pastillas! Me hacen mal." Matilda se puso de pie, avergonzada. Ya estaba harta que su tío le dijera tanta barbaridad junta, así que le devolvió el disparo. "Tampoco es asunto tuyo lo que pase entre nosotros: ¿Hasta cuándo te vas a convencer que lo adoro y me adora de vuelta?" Alphonse se puso rojo como tomate.

Mati se tragó el nudo en la garganta. Mu era papá. ¿Qué se supone que pasaba ahora con ella? Mu sabía que a ella le ponían nerviosa los niños, que no tenía madera de madre… ¿acaso la abandonaría por otra que sí pudiera con el desafío y lo aceptara?

Catalina, de pronto, le tomó la mano.

"Hijita… Mu te ama. Tienes razón, no habría adoptado tan rápido si no te quisiera con él… pero tampoco es obligación que aceptes la situación si no quieres."

"¿Tía?"

"Cuéntame… ¿Te dijo como le puso a la niña?" Le preguntó muy empática, como si estuviera esperando un golpe.

"No." Respondió Matilda. "No le ha puesto nombre… creo que espera a que se lo ponga yo, pero no me lo quiso decir…"

Opa. Los tíos de Matilda no se esperaban esto. Dieron otro respingo.

"¿No le ha puesto nombre?"

"¿Quiere que se lo pongas tú?"

"¡Por Athena, Matilda! ¿Sabes lo que significa eso?"

La aludida negó con la cabeza, aunque en su fuero interno sí lo sabía, solo que temía recordarlo. Por alguna razón Catalina suspiró aliviada, igual que Alphonse, aunque éste último seguía molesto con Mu.

"Verás, hijita." Comenzó Catalina. "Te tengo que explicar algo."


Oficinas de Interpol

Esa mañana. 7:56 horas.

Isabella llevaba dormitando sobre su silla una media hora. Tras la intensa redada y todo el trámite que prosiguió, la policía había preferido quedarse a terminar los informes mientras la situación aún estaba fresca. Además tenía que asegurarse que Kiki estuviera seguro, pues aunque se lo habían llevado preso quería garantías de que no lo iba a pasar tan mal. Por fortuna los policías que se lo llevaron detenido se mostraron bastante abiertos a que el muchacho pasara un susto y en consideración a ella y a Mu, quien también había hablado con ellos. Solo se asegurarían que lo pasara mal dentro de un margen de seguridad en el que no corriera peligro alguno.

¡Adolescentes! ¡Qué difícil lidiar con ellos!

El asunto era que había logrado terminar los informes. Decidió echarse una siesta para reponer energías antes de proseguir con su día. Cuando despertase tenía planeado llamar a Kanon, revisar el informe y corregirlo si correspondía, preguntar por la beba y… por su nuevo hermano menor.

Abrió los ojos sin necesidad que la despertase la alarma que había puesto en su celular. Inspiró profundo y sintió como su corazón daba latidos preocupados. Su hermano menor, del que nunca supo nada, estaba en Atenas. Sus padres, los mismos que nunca la buscaron a ella, habían cruzado el país para encontrarlo, y seguramente a estas alturas ya deberían haberse reunido.

Eso le remeció algunas emociones que creyó había olvidado hacía mucho. Pensó en Kanon… la noche anterior le había mandado muchos mensajes, y no solo por el asunto de la beba (Por cierto, ¿cómo estaría la pequeña?) en un esfuerzo por hacerla sentir querida.

"¿Isabella?" Preguntó de pronto Pietro, con una voz del terror: el tipo tampoco había dormido mucho.

"¿Qué molestas tan temprano?"

Isabella le clavó la rosada mirada. Junto con Pietro había dos detectives. Tenían cara de preocupación y de urgencia.

"Soy el detective Tsipras y mi compañero es el detective Kalas." Le dijo uno de los policías. No se veía prepotente, sino por el contrario, bastante amable, dentro de la urgencia que parecía motivarlo. "Lamentamos molestarla tan temprano, entendemos que anoche tuvieron mucho trabajo aquí, pero créame, si no fuera importante, no los molestaríamos."

"No, no hay problema: siempre se puede ayudar un poco más." Preguntó Isabella bajando el mal genio. No era normal encontrarse con un detective con buenos modales y ella no le agriaría el humor siendo maldita. "¿Qué ocurre?"

"Entendemos que el día de ayer tuvo la visita del muchacho Sebastián Dellas. Lo recogimos para llevarlo bajo custodia a un hogar de menores en lo que llegaban sus padres."

"Sí… vino ayer. ¿Ya se encontró con ellos?"

"Err, no." Musitó el otro detective, Kalas. Ambos se inquietaron bastante. "El muchacho huyó anoche del hogar de menores. Teníamos la esperanza de que se hubiera reunido de nuevo con usted… cuando nos lo llevamos de aquí insistía en que eran hermanos."

"Perdón, no capté bien lo último. Anoche no dormí casi nada. ¿Me dice que mi her…, digo, Sebastián Dellas está desaparecido?"

"Así es, señorita." Respondió Tsipras. "Lo estamos buscando en estos momentos, pero no tenemos pistas de donde pudo haber ido. ¿Sabe algo sobre su paradero?"

Isabella se dejó caer sobre el respaldo de su asiento, sintiendo de pronto las manos heladas. El estómago se le apretó de la angustia, lo que no se explicaba. ¿Acaso estaba preocupada por un mocoso al que apenas había visto una vez en su vida? Cierto, era su hermano, pero… ¡Solo lo había visto una vez! El muchacho había atravesado un país para encontrarla, pero eso no quería decir que guardaba algún respeto por él o algo…

¡Maldita sea!

"Deme cinco minutos: necesito tragar café cargado y les ayudo buscar."

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Que hay en un nombre.

"… habían aparecido a saludar antes de comenzar el turno. Querían felicitarlo por su nueva hija, incluso apareciendo con regalos para él y la niña. Por lo visto Aioria le había avisado a la orden entera, noticia que si bien en un principio fue recibida con un dejo de escepticismo, pronto Saga y Kanon la confirmaron. Rápidamente se habían organizado y juntado ropa, pañales y otros artículos esenciales para el cuidado de un bebé que no dudaron en…"


Nota Mental: No tengo suerte pegando links en mi profile. Creo que no le caigo bien al sistema. Bueno, ya ven como van las cosas: esperemos que cuando Mati vea a la niña se le disipen sus dudas, pero de momento, les recuerdo que Anneke dio un buen spoiler. Y como ven, para la peque las cosas pareciera que solo van a mejorar, aunque en cuanto a Sebastián… no han pasado ni setenta y dos horas y ya hizo rabiar a su nueva hermana mayor. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Gracias Sagitarius por leer estas locuras mías, siempre me honra mucho saber que tengo un nuevo lector que me deja notitas por aquí. Oh sí, ese Gómez dará que hablar, vas a ver que sin proponérselo, se ganó la tirria de todo el Santuario, Athena incluida. Sobre Mu y la peque… bueno, digamos que ya no hay vuelta atrás, por mucho que reclame después. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!