Isabella no ha tenido una buena mañana y por primera vez en años los nervios la superan. De verdad pareciera que se le vino el mundo encima, igual que a Matilda que asume de golpe que ponerle un nombre a la beba significa que la acepta como hija. Sin duda una mañana muy interesante… por no decir estresante para ambas.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. Por cierto… explicaré bien de donde salió la beba una vez que le pongan el nombre. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 4: Qué hay en un nombre
Ciudad de Atenas. Centro de Acogida de Menores.
20 de marzo, 8:52 horas.
¡MOCOSO de …! ARGH. Isabella no sabía ni por donde comenzar a buscar. Salió de la oficina de la directora de aquél hogar de menores (quien, por cierto, sí se la veía preocupada) sin la más mínima pista de donde podría estar su hermano. ¿Cómo diantres se les perdía un muchacho de quince años que ni siquiera era de calle? Podría creer tal cosa de un sin techo, esos eran astutos, sabían evadir el sistema, pero uno que había crecido al alero de una casa no lo era tanto. Eran más inocentones y no los motivaba el instinto de supervivencia.
Dio una patada frustrada al suelo. ¡Mejor se mordía la lengua! Ella también había crecido al alero de una familia y bien que se las había arreglado viviendo en la calle cuando le tocó hacerlo.
Se apoyó en la pared con una cara tan agriada que nadie quiso decirle nada, en lo que esperaba a que los detectives terminaran de hablar con la directora del centro. Por alguna razón no había querido entrar a aquella reunión. ¿Por qué se preocupaba tanto? Miró la hora en su celular, y de paso los más de ochenta mensajes que insistía en enviarle todo el mundo.
¿Es que no podían dejarla en paz? ¿Qué tenía que hacer una mujer para que la dejaran rumiar pestes a gusto y como era debido? Se sentía tan nerviosa y al mismo tan desvalida, que no sabía si llorar de frustración o de rabia. La redada había sido la noche anterior, se suponía que ese día iba a poder refugiarse en los brazos de Kanon, iba a poder estar tranquila, tratando de purgar los horrores que había visto en los brazos de su prometido, y no pensando en sorpresivos hermanos extraviados y en el hecho que sus padres estuvieran en la misma ciudad de Atenas, sin mencionar que las posibilidades de cruzarse con ellos habían crecido casi en un sesenta por ciento. ¡No quería pensar en ellos! Quería seguir su vida como hasta ahora, que nunca los había necesitado y…
… casi sin darse cuenta había marcado un número en el celular.
"… ¡¿Kanon?!"
"¡Flaca!… ¿Qué te pasa?"
Isabella hizo un par de pucheros, llamando la atención de la secretaria que había allí, quien con disimulo comenzó a buscar azúcar para echarle quizás a un vaso de agua. Dos gruesos lagrimones le recorrieron las mejillas y no fue capaz de hablar. Colgó la llamada y guardó el celular, tapándose la boca, ya sin poder controlar sus emociones. La secretaria se puso de pie, pero antes de rodear el escritorio, se abrió un portal dimensional del cual salió Kanon, quien no tardó en envolver a Isabella con sus brazos. La mujer simplemente se sujetó de su prometido y se largó a llorar de estrés. El menor de los gemelos, tras contenerla algunos minutos, la levantó en brazos y miró a la secretaria.
"Me la llevo. No sé quién vino con ella, pero dígales que su prometido se la acaba de llevar, por favor."
"¡Claro!" Respondió aún perpleja.
Y sin decir más, Kanon abrió otro portal y desapareció con Isabella.
La secretaria se llevó una mano al pecho, estupefacta con lo que acababa de pasar. Se sentó lentamente procesando lo visto, sin poder convencerse demasiado. En eso la puerta de la oficina se abrió, dejando pasar a una asistente social, otro policía y a una pareja que se veía realmente angustiada.
"Marlene." Dijo la asistente social. "Este es el sargento Nikos Siovas de la policía de Atenas, nos acompañan los señores Dellas. Hemos venido a por el muchacho, Sebastián. ¿Está la directora Vryzas disponible?"
"Errr… sí, está con unos detectives, pero estaba esperando que vinieran." Dijo la mujer aún sin poder salir de la impresión. "Si gustan toman asiento en lo que le aviso."
"Como no."
La secretaria les indicó unas sillas y ella misma se levantó de su sitio y caminó la corta distancia hasta la puerta que separaba la oficina de la directora. Dio unos cuantos topecitos al cristal y abrió la puerta. Tragó saliva y anunció el motivo de la interrupción.
¿Sería exageración si preparaba agua con azúcar?
Enfermería del Santuario.
Momentos antes, 8:20 horas.
A estas alturas todo el Santuario se había enterado de lo que había pasado la noche anterior en Atenas y sobre la nueva adición a la casa de Aries. El equipo jurídico incluso ya se estaba movilizando para legalizar la adopción, y todas las secretarias del Templo Principal hervían con el chisme. Varios santos se habían dejado caer con la excusa de saludar a Mu y ver de paso a la niña. Por lo menos los curiosos y desatinados habían sido una minoría. El grueso había ido a expresar su honesto apoyo y felicitaciones, aunque solo Milo, en su nombre y el de su esposa, habían ofrecido su sincera ayuda. La beba parecía gato nervioso: se aferraba con toda su pequeña fuerza a las ropas del santo de Aries y por nada del mundo asomaba sus ojitos. Solo se dejaba manipular por su nuevo papá, sus abuelos y…
"¡Vamos a ver qué tenemos aquí!" Shion la levantó de los brazos de Mu y la acunó en sus brazos. "¡Mírate! Así de limpiecita te ves todo un primor, pequeñita."
"… Gú." Reclamó la pequeña, frunciendo el ceño. Puso un puchero y comenzó a buscar con la mirada a Mu, para estirarle los brazos y que la pusiera a salvo de tanta gente que venía a saludar.
"Comenzó a hacer eso hace poco." Explicó Mu, estirando los brazos en actitud de recuperarla. "No se deja ver por nadie y solo quiere que la cargue yo."
"Es por la impronta, aprendiz: solo querrá estar contigo. Mientras no esté segura que la adoptaste en serio, estará así de esquiva con todo el mundo." Shion entristeció sus facciones y meció un poco más a la beba, encendiendo su cosmo. La niña pareció relajarse, aunque no del todo: comenzaba a asociar cosmo con protección, pero el que quería sentir era el de Mu. Shion le devolvió a la pequeña. "Lamento mucho esto, Mu: mi despiste te puso en un problema."
"No es problema, Maestro, el que debió estar prevenido fui yo." Mu recuperó a la beba y tras acomodarla, la meció un poco. "Creo que a Mati no le hizo mucha gracia…"
"¿Ya le dijiste?"
"Sí… se quedó muda." Mu bajó lo hombros. "No le gustan los niños, maestro." Comentó apenado. "Dice que me apoya, pero… no quiero imponerle nada, menos algo así…"
"Te gustaría que le pusiera el nombre, ¿Verdad?"
"Sí… pero no puedo imponerle eso…"
"Eso no se le puede imponer a nadie, tiene que ser algo que nazca de ella. ¿Ella sabe que ponerle un nombre a la pequeña equivale a aceptar ser su mamá?"
"… Creo que sí… y si no lo sabía, seguro ya lo investigó."
Mu suspiró quizás ansioso, pero se concentró en su hija, a quien le sonrió con cariño. Ésta le devolvía una despierta mirada, aferrándose a él con todas sus fuerzas. Shion le puso una mano sobre el hombro.
"En la marcha se arregla la carga, aprendiz. No te llenes de prejuicios ni te adelantes a nada: lo que pase, pasará." Shion volvió a suspirar. "Mu… en serio lo lamento."
Mu negó con la cabeza. Estaba asustado, la conversación con Matilda lo había dejado con un sabor amargo y no supo si la chica decía que lo apoyaba por compromiso o si en verdad lo decía en serio. ¿Y si decidía que no quería tener nada que ver con la niña? Sabía que no lo iba a hacer elegir entre ninguna, porque él se negaba a escoger (quería a las dos con él) pero ¿y si lo dejaba? ¿Qué iba a hacer si lo dejaba solo? Estaba angustiado, y esta vez no le estaba resultando dejar de lado esa preocupación, no lograba ignorarla.
"Mu… Deja tu preocupación en el corazón de Athena. Ella sabrá guiarte." Shion sonrió con calma. "Por cierto, la Princesa pregunta cuándo puede conocer a la pequeña."
"Cuando ella quiera." Mu inspiró aire con orgullo. "Mire estos ojitos, Maestro. Mi mamá dice que hasta tienen un aire a Mati." Mu sonrió al hacer esa comparación. La beba justo miró hacia el Patriarca, dejando ver sus ojos… eran enormes y llenos de vida y emoción. Uno verde y el otro lila. Se notaba que habían visto cosas horrorosas, pero no perdían esperanza, menos cuando se fijaban en el dorado que la cargaba.
Shion tuvo que reconocer el acierto del comentario de Lümi: esos ojazos sí tenían un aire a Matilda. El Patriarca le revolvió la cabeza a Mu y sonrió de costado. Abrigaba la esperanza en su corazón que esta pequeña bomba atómica que había dejado en los brazos de su aprendiz más que motivo de discordia, solo trajera alegría.
"¡Tiene Heterocromía!" Exclamó de pronto Matilda maravillada.
Shion y Mu dieron un respingo. ¡Hablando de la reina de Saba!
"¡Mati!"
"¡Señorita Katsouranis!"
"¿Ves? Te dije que los asustaríamos." Dijo Idril con una sonrisa traviesa en la cara, con las manos en las caderas.
"¡Alguien tiene que estar más pendiente de lo que le rodea!" Bromeó Lümi cruzándose de brazos. "¿Cierto Maestro?"
Shion se rió nervioso, pero Mu sintió que se paralizaba por completo. La beba comenzó a mirar de un lado a otro, buscando la mirada del dorado, haciendo pucheros al no obtener la atención que quería, notando en seguida a la mujer que había capturado la atención de su papá. La beba pestañeó perpleja… sintió un saborcillo dulzón en su paladar y algo en la actitud del dorado hacia la recién llegada que hizo que su corazoncito se aceleraba. Era como si ella hubiera estado faltando todo este rato: fijó sus ojitos en la mujer. El santo de aries tenía la vista fija en Matilda, quien le miraba sonrojada.
"Te dejo solo una noche y te reproduces." Se rió Matilda igual de nerviosa. Se mordió el labio y miró a la pequeña. ¡Era una muñequita!
Idril y Lümi intercambiaron miradas y, como obedeciendo a una señal invisible miraron a Shion, quien asintió con la cabeza. Le dio una palmada a Mu en la espalda y le dedicó una sonrisa a Matilda. Abandonó la habitación, seguido de su esposa y de su aprendiza.
"Hola mi vida…" Saludó Mu, lleno de ternura y miedo, llamando la atención de la mujer, como si estuviera confesando una travesura. Mati sonrió nerviosa, pero no le despegó la mirada.
"Mu de mi corazón."
Mati tenía el estómago en un nudo, junto con la garganta y los pulmones. Hasta ese momento la idea de la niña solo había sido eso, una simple idea, pero verla allí en brazos de su lemuriano cambiaba todo. Ahora la veía y era real, y la beba le devolvía una celosa mirada que parecía reprocharle la cercanía con su nuevo papá con un enorme puchero. Mu… se sentía igual que Matilda, con la diferencia que tenía como un millón de mariposas en el estómago. La chica se le acercó y le puso una mano en la mejilla y sin darse cuenta sujetó una manita de la beba.
… Mati sintió un saborcillo muy fugaz en el paladar. Como dulzón. La hizo sentir muy feliz. ¿Qué sería?
"Eres el más gentil de los hombres que conozco." Le dijo a Mu.
"Lamento esto, no pude…"
Matilda se empinó en sus pies y atrajo el rostro de Mu hacia ella para besarlo con ganas, beso que por cierto fue correspondido con inusual pasión. Hasta sintieron los chispazos en sus corazones como siempre les pasaba, y se les erizó la piel. El beso fue especialmente dulce y bienvenido: de buena gana hubieran seguido horas en eso. Hacía poco más de una semana que no estaban juntos de ese modo y ese simple beso pareció compensar todo el tiempo perdido. Mu hubiera querido abrazarla, recorrer su contorno con sus manos, deteniendo los dedos en ciertos puntos que sabía que derretían a su chica; o que Mati hiciera lo mismo con él… pero no se podía… no esta vez.
"¡GÚUU!"
"Opa… Lo lamento, cariño. ¿Mati?"
"¿Tú de dónde sales?" Le preguntó Matilda a la beba. Esta le miraba con los ojos redondos, sintiendo de pronto un instinto. La peque le estiró la manito con timidez, como intuyendo quién era. Mati le tomó los dedos. "¿Cómo te llamas, pequeñita?"
"… Aun no le pongo nombre. Yo…"
Mu se calló a media frase. Se llenó de inseguridades, no podía imponerle a Matilda una responsabilidad tan grande como ponerle el nombre a su hija, era demasiado compromiso y sabía que la chica tenía planes que no incluían bebé alguno. Mati hasta le miró de vuelta como suplicándole que no lo hiciera. ¿O eran ideas suyas?
"… no tengo derecho ni moral de pedirte que le pongas nombre…" le dijo en un quieto susurro. Mati le sonrió asustada y concentró su atención en la niña, que la mirada expectante y ansiosa.
"¿Quién trajo todo esto?" Preguntó fijándose de pronto en el montón de cosas que había sobre un mesón.
"¿Cómo? Oh, esto."
Milo y Afro habían aparecido a saludar antes de comenzar el turno. Querían felicitarlo por su nueva hija, incluso apareciendo con regalos para él y la niña. Por lo visto Aioria le había avisado a la orden entera, noticia que si bien en un principio fue recibida con un dejo de escepticismo, pronto Saga y Kanon la confirmaron. Rápidamente se habían organizado y juntado ropa, pañales y otros artículos esenciales para el cuidado de un bebé que no dudaron en llevarle. Mu suspiró.
"Me lo trajeron Milo y Afro hace un rato. No he tenido tiempo de revisarlo todo."
"Jejeje, sí que tienes buenos amigos." Matilda aferró una bolsa que llevaba con ella. "Err… también traje algo."
"¿Huh?"
"Es algo improvisado, solo lo traje. Yo…"
"¡GUUUU!"
La beba interrumpió las inseguridades de Mati. La estaba mirando con los ojos llenos de lágrimas y el puchero temblándole sin control. Tenía sus manos estiradas hacia ella, lo que sorprendió a Mu: hasta ese momento la niña no había hecho eso con nadie, ni con Lümi, y eso que eran los brazos que más toleraba después de los suyos y los de Axl. Se paralizó del susto, sin saber qué hacer, sin querer imponer nada. Matilda miraba sorprendida a la pequeña, sin saber qué hacer tampoco, pero sin pensarlo reaccionó: bajó la mirada a su nivel y le fijó los ojos.
¿Qué era ese tenue saborcillo dulzón que sentía de pronto Mati en el paladar? Sacudió la cabeza, no le podía quitar la mirada de encima a la peque. ¿Por qué… sentía esa súbita atracción a la niña? Tenía miedo, mucho miedo… pero… parecía que le estaba tironeando su corazón. ¡Por Athena! ¿Sería capaz de hacer esto?
En la profundidad de esos ojitos vio terror, abandono, ansias por saberse querida. Recordó de donde venía la pequeña, ¡Quizás a qué horrores había estado expuesta! Casi sin querer se fijó en los vendajes de su piernecita y volvió a mirar a la beba a los ojos. Se le desgarró el alma. ¿Qué clase de bastardo salvaje hacía esto con una niña de tan tierna edad? Sin querer le tomó las manitas. En ese momento percibió un instinto que no conocía le chillaba que tomara a su hija en brazos. No supo si eso le daba terror o felicidad.
"¿Cómo te llamas, pequeñita?"
Mu aguantó la respiración. Mati solo tenía ojos para la peque, como si estuviera eligiendo un nombre.
"Mati… no tienes que ponerle un nombre… no puedo…"
"… Yo sabré qué hago Mu… sé qué significa ponerle un nombre… ¡Trata de no asustarme! ¿Quieres?"
Mati ni siquiera miró a Mu cuando le dijo eso. Toda su concentración estaba en la pequeña, quien le insistía con los brazos estirados hacia ella, llena de pucheros y una expresión que suplicaba no tener otro rechazo. Casi en automático, Matilda le pasó la bolsa a Mu y levantó a la beba de sus brazos, para acunarla contra su pecho. Allí la peque se acurrucó contra ella y se aferró a sus ropas, prestando atención al corazón de Matilda. Lloriqueó de alivio, pero apenas audible: apenas tenía diez meses, pero había aprendido que si hacía mucho ruido, le iba mal. Esto era suficiente… no quería soltar a Matilda. Tampoco habría fuerza en la naturaleza que la separara de buena gana de ella.
Bueno, quizás su papá, pero ése no era el punto.
Mu seguía helado del susto, más porque sabía que Matilda ni se había dado cuenta que la beba exudaba feromonas como loca y prácticamente la estaba adoptando a ella también. Seguro que el sistema de Mati estaba inundado en oxitocina en esos instantes en respuesta a ello. Obviamente eso no se podía oler, pero él mismo se daba cuenta de los cambios en su propio organismo al detectar ese extraño ataque. Mati nunca se daría cuenta, nunca, pero por lo visto también estaba reaccionado, aunque no al mismo nivel que él, quizás más sutil. ¡Si se lo decía capaz que se asustara y saliera corriendo! Si fuera lemuriana seguramente estaría tan perdida como él…
"Mu… dame lo que hay en la bolsa que traje." Le pidió Mati apenas en un susurro, mientras cobijaba a la nena en sus brazos y la mecía lentamente.
"Claro…"
Mu obedeció y abrió el empaque. Sacó de su interior una adorable muñeca amigurumi, que aunque se notaba que no era nueva no estaba sucia y se la veía muy bien cuidada. Mu enarcó los puntos en seguida, la reconoció en el acto: esta colorida muñeca era Tips, el único recuerdo de la infancia que Mati conservaba, y que solía mantener allí en lo alto de una repisa que tenía en su cuarto. Era lo único que tenía su chica de su propia madre, quien se la había tejido cuando nació ella. La miró sorprendido… Mati se sonrojó bastante, e hizo una seña con la cabeza para que le pasara la muñequita.
"Es para Elizabeth."
"¿Elizabeth?" Mu casi se largó a llorar de alivio, pero no lo hizo. Trató de lucir digno.
¡Mati le había puesto un nombre a la beba! ¡Sí aceptaba ser su mamá! Bueno, mejor no se entusiasmaba, solo era una declaración de principios, Mati todavía podía arrepentirse y…
"Necesita un nombre fuerte, astuto." Explicó Mati muy sonrojada. "Creo que es un nombre bonito… si lo aceptas, claro."
"Bueno… hay muchas reinas que se llamaron así y…" Comentó emocionado y sonriendo contento.
"No es por ninguna reina." Aclaró Matilda en seguida y tajante. "Verás: cuando estaba en la secundaria nos mandaron a leer Orgullo y Prejuicio de Jane Austen." La chica acomodó a Elizabeth con cariño. "Reconozco que tenía un prejuicio con el libro, no me gustan las novelas rosa, pero… esa me gustó mucho." Mati se mordió el labio. "Era la primera vez que leía de una mujer en la Inglaterra victoriana capaz de plantar los pies, negarse a una confesión de amor, rechazar a un buen partido, ser capaz de sobreponerse y defender a los suyos."
"Vaya… No lo había visto de ese modo."
"Además leía y se instruía. Le gustaba caminar, ¡Y caminaba! Todo el mundo le decía que no era propio de una dama, pero igual lo hacía." Reclamó Matilda. "Sé que no es un nombre lemuriano… pero Lizzie lo necesita."
Mu le acarició la mejilla, aún asustado, aunque más aliviado. Lizzie seguía llorando quedito en el regazo de Matilda, y la chica seguía muerta de miedo. Se dejó acariciar e incluso besar por su lemuriano. Ambos estaban aterrados ante el prospecto… Y Mati no estaba segura del todo de querer hacer esto. Miró a la niña, quien seguía con sus pucheros.
"¡Por Todo el Olimpo! ¡No puedo hacer esto!" Pensó Matilda llena de terror. "… tampoco puedo dejar a Mu solo en esto. ¿Qué hago?"
Casa de Géminis.
En esos momentos. 9:30 horas.
Isabella no podía decir que nunca había estado en el cuarto de Kanon, pues tuvo algún par de experiencias allí mientras cuidaba de Anita Korber. Lo que sí, era la primera vez que compartía tanto rato con él en la misma cama.
No, antes que se pasen ideas raras, no pasó nada de eso. Cuando Kanon la levantó en brazos y la sacó de aquella oficina, la trajo directo a su cuarto. La dejó sobre su cama unos instantes y, tras avisarle a la jefa de Isa en Interpol que había secuestrado a su prometida (la mujer apenas gruñó un de acuerdo), había regresado con ella a hacerle compañía. La mujer lloró de lo lindo todo el estrés que se le había acumulado de pronto.
La redada, en cierto sentido, era el menor de sus problemas. Tras tantos años de no pensar en su familia, creyó que ni siquiera los echaba de menos. De hecho, ni siquiera había pensado en ellos cuando Kanon le pidió matrimonio, pero había bastado la sorpresiva visita de un hermano del que no tenía idea para derrumbar un enorme castillo de naipes. Recordó el último año que había pasado con sus padres, el primer terrorífico año que pasó sola, todas y cada una de las noches en las que pasó frío o hambre, miedo y soledad, o todo junto al mismo tiempo. Sus padres no la buscaron… años después, al revisar las bases de datos, se enteró que la habían dado por muerta y ni siquiera habían hecho el esfuerzo de comprobar la información, así que mientras ella se moría de miedo y frío, perdida en las calles de Atenas, a cientos de kilómetros de su hogar, sin tener como regresar a casa ni pedir ayuda, ellos no solo se habían desentendido de ella, sino que además habían sido padres de nuevo.
¿Quién pierde una hija así?
Y no es que fuera tan maldita; el hecho que su hermano, un muchacho que ni siquiera la había conocido había llegado a este extremo para encontrarla, huir de casa y viajar hasta la capital para comprobar que era ella, solo para asegurarse que estaría bien, le había afectado más de lo que le hubiera gustado admitir…
… sus padres no se habían tardado nada en comenzar a buscarlo, menos en viajar a Atenas con tal de recuperarlo. ¿Con ella? Solo se contentaron con una mochila medio quemada y la dieron por muerta.
Isabella lloró lo que no había llorado en años. No sabía que eso podía dolerle tanto aún. Sintió los dedos de Kanon acariciarle los cabellos.
"Le avisé a Julián que tu hermano anda perdido. Las marinas lo están buscando en estos momentos." Kanon siguió con sus caricias. "Me avisarán cuando lo encuentren, pero no van a interactuar con él."
Isabella solo asintió con la cabeza y se acurrucó aún más contra el pecho de Kanon. Suspiró profundo. Si había algo que adoraba de su prometido es que este nunca presionaba por respuestas, pero siempre estaba atento a lo que tenía que decirle.
"Kanon… no sé por qué me preocupo."
"Porque se preocupó por ti, sin conocerte."
"No sabía que existía." Isabella suspiró. "¿Por qué no me buscaron así?"
Kanon no tuvo respuestas. Isabella le había contado una vez que, cuando huyó de casa, había tomado su mochila y tomado algún dinerillo que tenía por ahí. Tomó el primer bus con destino a Atenas con la intención de visitar a una díscola tía que se suponía vivía en la ciudad, pero a medio camino (en una estación de servicio de carretera) por haber estado durmiendo sufrió el robo de su mochila, del que solo se percató cuando el bus llegó a la capital. Sin recursos ni información, perdida en una ciudad hostil y que apenas le puso atención, Isabella no logró encontrar a esta tía y tampoco logró regresar a casa, pues cada intento de contactar a su familia se vio cruelmente truncado. Aprendió a sobrevivir en las calles hasta que se resignó a que no la buscarían. Incluso se inventó un nuevo apellido, Nauplias, con el que había forjado su identidad. Sin papeles ni certificados de nacimiento, siendo de la calle, no le fue difícil legalizar su nombre cuando aquél gentil detective que la acogió la ayudó a salir de ese ambiente.
Años después, cuando ya era parte de la fuerza policial, la curiosidad la había movido a averiguar qué había pasado con su familia. Descubrió entonces que estaba muerta. La persona que había robado sus pertenencias había abordado otro bus, que sufrió un horrible accidente en el camino, y los peritos de bomberos y la policía encontraron su mochila, con su identificación y objetos personales, que su familia reconoció. El accidente aquél había involucrado fuego y muchos cuerpos quedaron irreconocibles. Simplemente la habían dado por muerta, y no buscaron más por ella.
Isa había cerrado ese capítulo, no sin una cuota de dolor. Ese mismo año su compañero en la fuerza policial la había violado…
… Casi se volvió loca de dolor, más aún por el apoyo recibido de parte del resto de sus compañeros cuando denunció a su agresor. Se cambió a Interpol… y su vida solo comenzó a mejorar tras conocer a Kanon.
En todo ese tiempo no necesitó a su familia. ¿Verdad?
¡Bah! Seguramente también la habrían culpado. Siempre era ella la culpable, no como su hermana, la hija perfecta, la más linda, la más inteligente, la que nunca hace nada malo. ¡Claro! Tan cegados estaban en que Berenice no quebraba ni un huevo que ni siquiera se habían percatado que se drogaba todos los días, que robaba para pagarle al dealer (cuando no le pagaba en carne) que sus notas daban vergüenza y que de alguna manera la culpaba a ella de sus errores. Ante los ojos de sus padres, era Isabella (de trece años en aquél entonces) la que se drogaba, porque su hermana mayor (de diecisiete años) había manipulado la situación de manera tal que hacía que el foco de la culpa recayera en ella.
El día que había huido de casa, Isabella había estado castigada: su madre había encontrado drogas en su cuarto y sobra decir el escándalo que armó. La dejaron encerrada y fueron a la policía con las pruebas, dispuestos a que escarmentara de una buena vez. Isa aprovechó esa ausencia para huir…
… Nunca supo que esa noche, su hermana quien andaba de fiesta, tuvo una sobredosis importante. Mientras los padres regresaban a casa con la policía, recibieron el llamado del hospital de que su hija estaba en Urgencias, luchando por su vida. Horrible fue la sorpresa de la pareja al ver que quien luchaba por su vida era Berenice y no Isabella, y peor fue cuando no encontraron a su hija menor donde la habían dejado y que no lograron encontrarla por ninguna parte.
"Era una puberta inmadura…"
"Todos los fuimos." Le dijo Kanon a medio sonreír.
"Ni recuerdo qué intentaba probar huyendo de casa… ¡eso salió tan mal!"
"¿Cabo Sunión no te dice nada?"
"Kanon… ¿Por qué no me buscaron así a mi?"
"Porque te creyeron muerta, por eso. Además tu hermana también se les moría. Supongo que eso no los dejó pensar bien." Kanon afiló la mirada. "No es una excusa en todo caso… ¿Flaca?"
"… amor…"
"Yo no te puedo dar esa respuesta… ¿Y si les preguntas tú misma?"
Isabella hizo un puchero y por primera vez desde que la conocía se refugió desvalida en su pecho, lloriqueando a mares. Kanon volvió a cobijarla en sus brazos y dejó que se desahogara: sabía que tenía miedo, él lo tendría, pero ahora había una oportunidad inédita e insólita de hacer esa pregunta, y quizás todas las que se le ocurrieran. ¿Quién sabe? A lo mejor eso le ayudaba a cerrar el círculo y a abrir otros. Dejar una vida en el pasado y comenzar una nueva. Si no lo hacía, se iba a quedar con la duda por siempre.
"Me da miedo…"
"Raro sería que no lo tuvieras."
"… ¿Y si me dicen que nunca me quisieron como hija? ¿Qué nunca fui lo suficientemente perfecta para ellos y que por eso se conformaron tan rápido con mi desaparición?"
"… Si te dicen eso, voy a estar ahí para afirmarte…"
"¡Tampoco puedo dejar a ese mocoso a su suerte!" Isabella se incorporó en la cama. "¡Quizás donde anda metido! ¿Y sí se lastimó o le pasó algo?" La mujer empuñó las manos. "¡Apenas lo conozco! No debería sentirme tan obligada con él, solo porque… porque…" Isabella reprimió algunas lágrimas. "… es mi único pariente de sangre que sí me buscó…"
Kanon volvió a abrazarla, pero esta vez no por mucho rato. Revisó la cosmonet para ver las últimas novedades, pero al ver que medio Santuario cuchicheaba sobre la beba que había adoptado Mu (entre otros chismes) puso atención a las marinas. Krishna le saludó amablemente al notar la intromisión y Tethys preguntó por Isabella… sobre Sebastián Dellas aún no había noticias, pero Eo había pillado un rastro y creía saber a dónde iba.
"Isa… al menos conversa con Sebastián, pregúntale porqué huyó de ese centro de acogida."
"¿Crees que sea lo correcto?"
"Claro que sí, pero no me creas, sabes que soy malvado." Le dijo con travesura. Isa le besó la mejilla.
"Tienes razón… ¿Me acompañarás?"
"Lo voy a pensar."
Parquecito en Atenas.
Esa tarde. 16:45 horas.
"Tú sí que eres difícil de encontrar."
"Julián Solo."
Sebastián dio un respingo. Se había sentado unos momentos en aquella banca para contemplar el paisaje. Tenía hambre y estaba cansado: andar de fugado todo un día agotaba más de lo que se había imaginado. Tenía ganas de volver a casa y aceptar cualquier castigo que sus padres quisieran darle, pero no quería irse de Atenas sin que el viaje hubiera valido la pena. Había llegado, encontrado y contactado a su hermana, pero aún tenía que convencerla de al menos mantener el contacto entre ambos. Ni siquiera intentaría pedirle que hablara con los viejos, se notaba que tenía mucho dolor acumulado y creía que sería una falta de respeto incluso sugerirle tal cosa.
En este punto estaba fallando. Por eso había escapado del centro de acogida de menores: quería llegar a casa de su hermana.
"Pfff, si sigues así, te pondrán una orden de restricción." Le dijo Julián. "¿Tienes idea lo preocupados que están por ti?"
"¿Mis viejos? Son demasiado aprensivos conmigo. Se les pasará."
"Isabelita también está preocupada. La conozco bastante, ella no es así. Es ruda. Cuando se preocupa, es serio."
"¿De cuándo acá, señor, le dice así a mi hermana?" Rezongó el muchacho. Julián rió entre dientes: apreciaba ese tipo de honestidad directa.
"Jejejeje, eres el segundo dragón marino en menos de una semana que me reclama lo mismo." Julián sonrió travieso. "Es un acuerdo que tengo con ella: yo la llamo así, a cambio ella me dice Juliancito: creo que me considera una mascota."
"Hmpf."
"Es mi amiga, me ha sacado de unas buenas." Julián ladeó la cabeza y le miró muy serio. "Isabelita, mi mamá, mi Tite… todas ellas piensan que deberías volver con tus padres. Creo que tienen razón, como pienso que deberías entrenarte para reclamar tu escama."
"Eso es demasiada información, señor Julián. Déjame lidiar con esto y…"
"Sí lo sé. No debo ser tan impaciente, pero es mi naturaleza." Julián se sopló el flequillo. "Mis marinas no saben que eres el dragón marino que falta, es mejor así. En lo que te decides… regresa con tus viejos y no los vuelvas a asustar así."
"No me creían. Ni me traían a Atenas. Seguro me mandan a terapia otro año, si es que no me internan."
"¿Qué es lo que no te creen? ¿Qué Isabelita está viva y ellos no la buscaron?" Julián meneó la cabeza. "Van a envejecer del susto cuando lo sepan… ¿acaso les quieres enrostrar que tenías razón y ellos no?"
"No, para nada. Yo vine a asegurarme que mi hermana estuviera bien… Señor Julián… no me gusta saber que mi gente sufre…" El muchacho entrecerró los ojos. "Y le faltaron el respeto. No quiero que vuelva a pasar, ¡No puedo permitir que…!"
"Kanon de Géminis se va a encargar de ese bastardo, si es que te refieres al que la violó." Gruñó Poseidón con la mirada peligrosa. "Isabelita será vengada, no lo dudes… Kanon espera la oportunidad perfecta."
"¿Kanon de Géminis? Es el prometido de mi hermana, ¿verdad?"
"Oh sí. ¡Hace meses que esperábamos que le diera anillo!" Julián mejoró su humor y lo miró travieso. "El tipo es un bastardo maquiavélico de lo peor, capaz de engañar a cualquiera, incluso a mi, pero adora a tu hermana. Se aman, por eso no te preocupes. La respeta que es lo importante."
"No lo hago. Me pone contento." Sebastián bajó los hombros. "A mi mamá le hubiera gustado saber y hacer algo… Berenice no le va a dar esa alegría nunca." El muchacho bajó la mirada al suelo. "Mi pobre vieja… esto le va a traer un dolor espantoso…"
Julián le miró condolido. El muchacho decía la verdad, y eso lo conmovió y al mismo tiempo llenó de curiosidad. De un modo u otro, todos los dragones marinos eran muy apegados a los suyos, igual que la criatura real. Suspiró, pensando en qué podría decirle, pero estaba a punto de abrir la boca cuando Isabella se sentó al otro lado de la banca.
"¡Isabelita!"
"¿Qué? ¿No puedo sentarme?" La chica alzó la nariz desdeñosa, cruzada de brazos. "¿Acaso discuten como pasar niveles en el Gears of War y no puedo oír?"
"Algo por el estilo." Dijo Julián poniéndose de pie. Acto seguido tomó la mano de Isa y la besó. "Si me disculpas, iré a conversar con tu prometido." El dios le guiñó un ojo y se alejó a paso calmo.
Isabella le miró quieta, con ojos profundos, quizás asustados. Miró de reojo a su hermano, notando con mayor fuerza el enorme parecido familiar. La policía suspiró y miró al suelo.
"Mis padres son Alexandros y Constanza Dellas, viven en Litoxoro. Sí soy tu hermana, aunque no uso ese apellido desde hace años. Tantos, que ya ni lo siento propio."
Sebastián interrumpió a su hermana al darle un sentido abrazo, que Isa se tardó en responder. Se sentía feliz y contento, como si le hubieran quitado un peso de encima y ella… curiosamente se sintió igual. Aún le quedaban muchas espinas por quitarse del corazón, junto con varios temores, pero… pero…
Creía que podría superar este desafío.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: A Toda Costa
… En contra de su voluntad, Isabella palideció algunas tonalidades. Berenice y ella nunca habían sido cercanas, quizás era la diferencia de edad entre ambas, y por todo el Olimpo que había creído que no guardaba sentimientos de afecto hacia ella, pero lo que le estaba contando Sebastián como que le dio un poco de angustia…
Nota Mental: Me sorprende la recepción que está teniendo este fic. De verdad ustedes son lo mejor, ojalá que siga divirtiéndolos. Ya ven cómo se va desmadejando esta historia. Tengan paciencia con Matilda: enterarse de una súbita maternidad abruma a cualquiera. Es una noticia que llena de felicidad y terror a partes iguales. Lo que sí, y pese a sus temores, Lizzie se le clavó en el corazón. Solo… ténganle paciencia. Ahora, sobre Isabella y su drama familiar, vayan con calma por las piedras, que allí hay más de lo que se ve en la superficie. Solo esperemos que lo que suceda a partir de ahora sirva para que todos puedan cerrar círculos como corresponde. Por otro lado, KUDOS A AIKIRA28, que fue la única que se dio cuenta que Mu llamó a Mati antes de las 6:30 de la mañana y seguramente la despertó para decirle la buena noticia que en el transcurso de una noche se había convertido en padre. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
¡Gracias Guest! Me alegra que esto te agrade. ¡Abrazos desde Chile! ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
Querida Nice, nunca me olvido de tu petición. De hecho… espera unos capítulos, pues creo que tu paciencia será aplacada en parte. Y ahora que lo pienso… sí, creo que esa pareja requiere atención. Lo que me recuerda… ¿Mu Papacito? Oooooh sí… ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
Me alegra saber que mis fics te gustan, María, ojalá este no te decepcione mucho. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
¡Regresaste, DiosaGéminis! Me alegra saber que sigues dando vueltas por aquí y que esto de alguna manera es de tu agrado. Ya verás que este fic es algo diferente a los demás, y que metí a Mu en un buen lío… y no fue al único que Isa acaba de descubrir que tiene un hermano menor en la edad que todos quieren cambiarlo por planta. Sobre la posibilidad que sea Dragón Marino… pues todavía tiene que aceptar. Vas a ver cómo se resuelve todo esto. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
Hola Sagitarius, me alegra leerte de nuevo. Deja que Mati asiente lo que acaba de vivir, que enterarse de golpe de una situación así descompensa a cualquiera. Es cierto, la beba es un amor, pero al mismo tiempo es una responsabilidad enorme y bastante sorpresiva. Ya verás que hay muchos que tienen ganas de vengar el honor de la peque y no se van a medir cuando les toque, pero de momento, toca tener mucha paciencia, pues quizás logro dar una sorpresa. Sobre Kiki, pues… sí, está intercambiable por planta, y Mu está bien enojado con él, pero supongo que su estadía obligada en la cárcel harán que medite sobre sus travesuras. Y que agradezca que no lo colgaran de los pulgares. Sebas no lo hace mal, ya anda fugado de nuevo y causándole estrés a su hermana mayor, pero al menos lo hace por una buena causa… y sobre la gusana, digo, Susana… solo hará el ridículo. De verdad Julián no quiere tener nada que ver con ella, pero que ¡DEJE DE MOVERLE LA COLA! Jejejeje. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En este caso se consultó MedLinePlus e InfoOxitocina.
Heterocromía: (en oftalmología conocida como heterochromia iridum) es una anomalía de los ojos en la que los iris son de diferente color, también puede llegar a afectar a la piel o el cabello, pero el caso más común es en los ojos, total o parcialmente. Los ojos pueden ser de colores distintos (heterocromía total) o una sección del iris es distinta al resto en ambos ojos (heterocromía parcial). La heterocromía ocurre cuando una persona u otra especie animal tiene demasiada o muy poca Melanina en el cuerpo, que es un compuesto que crea pigmento y se encuentra en animales y plantas.
De acuerdo a MedlinePlus, es poco común en humanos. La mayoría de los casos de heterocromía son hereditarios, causados por una enfermedad o síndrome o debido a una lesión. Algunas veces un ojo puede cambiar de color después de ciertas enfermedades o lesiones. Un bebé con heterocromía debe ser examinado tanto por parte de un pediatra como de un oftalmólogo para detectar otros posibles problemas.
Con un examen ocular completo, se pueden descartar la mayoría de las causas de heterocromía y si no parece haber un trastorno subyacente, es posible que no sea necesario practicar pruebas adicionales. Si se sospecha de otro trastorno, se pueden llevar a cabo pruebas diagnósticas para confirmarlo, lo cual puede incluir varios exámenes de sangre, estudios cromosómicos u otros.
En google hay fotos impresionantes de gente con ojos diferentes. Revísenlas si tienen un tiempito.
Oxitocina: (del griego ὀξύς, rápido y τόκος nacimiento) De acuerdo a la web InfoOxitocina (y esto es un burdo copiar y pegar, así que vayan a echarle un ojo a esa página web) es una hormona relacionada con la conducta sexual, con la felicidad y con el sentimiento maternal y paternal. Contribuye a modular el estado de ánimo, así como a fraguar las relaciones sociales entre las personas. Por su papel en el cuerpo humano, recibe varios apodos, como el de "la hormona del amor", "la hormona de la lealtad", "la hormona de la felicidad" o "la hormona de los mimosos".
Una hormona por definición, es una sustancia química secretada por el organismo que viajan desde las glándulas donde nacen hacia diferentes partes del cuerpo para desencadenar una serie de procesos. Las hormonas son las responsables desde el buen humor hasta el sueño, el apetito o la presión sanguínea, o de que una mujer sufra instintos asesinos, de dramatismo extremo o de amor del más tierno, todo en un mismo minuto, cuando tiene la regla. Sin ellas, nada funcionaría bien en el organismo.
La oxitocina es fundamental para determinar el comportamiento sexual de cada individuo, así como para promover la creación de lazos en sus descendientes o el establecimiento de relaciones sociales con otras personas. Además de esto, se ha demostrado que es un buen neurotransmisor. ¿Qué quiere decir esto? Que tiene la capacidad de estimular a las neuronas para que se transmitan información entre ellas. Es decir, que la oxitocina también cuenta con un papel importante en el sistema nervioso.
Pues bien, la oxitocina se genera en la glándula pituitaria y desde ahí viaja a lo largo del torrente sanguíneo para cumplir sus funciones en el organismo, entre las que también se encuentra el establecimiento de la confianza y la generosidad, además de las citadas anteriormente.
