Si Isa ha tenido un día estresante, ni se imaginan la semanita que han tenido sus padres, a quienes el prospecto de perder otro hijo los tiene mal. Ni se imaginan que junto con recuperar a su hijo, están por enfrentarse a un fantasma bastante vivo. Ahora… ciertos criminales comienzan a recibir la presión por recuperar cierta valiosa mercancía que perdieron en la redada.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. Ah, por cierto, quizás entre ustedes hay futboleros o futboleras de corazón… habrán notado que todos mi OC están emparentados con futbolistas. Jejejeje, pasa que cuando necesito algún apellido o nombre propio de algún país, recurro a las selecciones de fútbol para encontrar alguno. Ese fue el dato freak de hoy. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 5: A toda costa
Parquecito en Atenas
20 de marzo. 17:00 horas
"Ya, ya… no es para tanto. ¡Suelta!"
Reclamó Isabella al cabo de un rato. No es que no estuviera acostumbrada a los abrazos, sino que prefería mantenerlos a raya. Solo le gustaban los de Kanon y los que ocasionalmente le daban sus amigos. Tenía algunos problemas con los lemurianos en ese sentido. Antes no pensaba mucho en ellos, principalmente porque el contacto que tenía era bien reducido y relacionado con el trabajo, pero desde que salía con Kanon y había incorporado lemurianos a su círculo de amistades, tuvo que aprender a ponerles freno: abrazaban a la más mínima preocupación y eso la hacía sentir invadida.
"Disculpa. Me emocioné." Le dijo Sebastián. "Creí que nunca lo admitirías."
"Acepto mi pasado si a eso te refieres."
"Si lo aceptas, así como dices, ¿por qué resististe la idea que alguien de tu familia te buscara?"
"Porque no había pasado y porque…" Isabella meditó bien lo que quería decir. No se había detenido a pensar que todavía le dolía el hecho que su familia la hubiera desechado tan rápido… aunque no podía culparlos… las pruebas de su muerte eran demasiado contundentes. ¡Lógico que ni siquiera hayan intentado buscarla! "… no creí que me sorprendiera justo ahora. No soy una buena persona."
"Yo tampoco: me fugué de casa, ¿lo olvidas?" Sebastián se sopló el flequillo y se recostó sobre el respaldo de la banca. "Esto tiene que ganarme un año más de terapia. ¡Seguro!"
"… ¿Por qué terapia?"
"Hace… como dos años tuve varios ataques de pánico sin explicación. Nunca he estado deprimido, pero logré asustar a Bere… y arruinar las cañerías de toda la casa ahora que lo pienso." Sebastián suspiró profundo. "Tuve pesadillas por semanas… los viejos se asustaron y me mandaron a terapia. Coincidió cuando realmente comencé a buscarte."
Si Isabella hizo la relación temporal nunca hizo gesto alguno. Sebastián no parecía querer indagar en ese detalle, por respeto a su espacio personal, e Isa no quería tampoco compartir información tan sensible tan pronto.
"¿Cómo están los viejos?"
"Seguro muy molestos conmigo justo ahora." Sebastián la miró de reojo. "Se culpan mucho por lo que te pasó. Sobre todo mamá: siempre oigo que dice que debió haber prestado más atención y compararte menos."
"Hmpf. Pasa que no hay muerto malo, por eso dice eso."
"Supongo, pero eso no lo sabes, deberías preguntarle eso tú misma. Siempre saca platos de más o pone puestos de sobra en la mesa. Y siempre los tres de julio comemos mousaká por tu cumpleaños." Sebastián se ajustó la gorra y comenzó a rebuscar en su mochila. "Mi viejo no habla tanto de ti, pero siempre es el que está arreglando las fotos o haciendo cosas que te gustaba hacer. Una vez le pregunté por qué y me dijo que era malo con las palabras, y que recordarte hacer eso le permitía reconectarse contigo. Aunque no ha vuelto a los senderos del Parque Nacional."
Isabella logró reprimir un puchero a tiempo, y se puso a parpadear como loca, tratando de ignorar el nudo en la garganta que se pronto se le había formado. Una vieja añoranza le había subido por los pulmones y atenazado las cuerdas vocales. Un anhelo a familia comenzó a darle botes por el cráneo. ¿Cómo era posible? ¿Acaso no recordaba todos esos años en los que pasó en la calle, con frío, hambre y asustada? No había pensado en su familia por muchísimo tiempo, y si Sebastián no hubiera aparecido el día anterior, podría haber pasado una vida entera sin pensar en ellos. ¿Por qué le dolía ahora?
"Berenice no habla de ti. Siempre me evade cuando comienzo a hacer preguntas. Una vez creí que te odiaba… pero luego le di el beneficio de la duda cuando los viejos me dejaron mudarme a tu cuarto."
"¿Acaso lo quería para ella?"
"No sé, no creo… armó un escándalo CUÁTICO cuando vio que guardaban tus cosas. Lloró como alma en pena, y hasta intentó impedir que pasara." Sebastián se sopló el flequillo. "No me habló como por un mes. ¡A que no adivinas!"
"¿Adivinar qué?" Gruñó Isabella. "¿Se fue jalar como enferma?"
"Nope. Dormía la siesta en tu cuarto e iba a conversar contigo allí. Por eso el escándalo: le dolió saber que no tendría más esa opción. Me dio mucha pena después."
"No te creo. Eso no suena a la Berenice que conozco."
"Dice que te mató."
"¡Pues sí me mató! No éramos hermanas, nunca me quiso, fui su constante piedra en el zapato hasta que se dio cuenta que me podía echar a mí la culpa de sus cosas. ¡Nunca pudo superar no ser…!"
"… la única hija de la casa. ¡Pffft! Me sé ese discurso de memoria." Sebastián puso cara de gato mojado. "Ella ha estado a punto de morirse cuatro veces desde entonces."
"¡¿Cuatro veces?!"
"La primera vez fue el día que huiste: tuvo una sobredosis y despertó dos meses después de tu muerte." Le contó el muchacho. "La segunda fue poco después que nací yo: fue en una fiesta o algo así, se consiguió no sé de dónde, anda a saber tú que mugre que casi la mató al primer jale. Luego cuando tenía siete años se pegó otra jalada que casi la dejó sin cerebro… ahí me explicaron que tenía problemas de drogas."
"¿Recién ahí? ¡No me digas que siguen con ese afán de mantener el secreto!"
"¡Obvio! Jejejeje, algunas cosas no cambian."
"¿Y la última?"
"La pobre Bere ha entrado y salido de rehabilitaciones fallidas toda su vida, pero luego de la última sobredosis creo que tocó fondo: por ir quizás caminando en Júpiter gracias a no sé qué ácido, no vio el camión que la atropelló. ¡Ni preguntes como salió viva de eso! Pero sí le resultó la rehabilitación que siguió. Hasta ahora."
En contra de su voluntad, Isabella palideció algunas tonalidades. Berenice y ella nunca habían sido cercanas, quizás era la diferencia de edad entre ambas, y por todo el Olimpo que había creído que no guardaba sentimientos de afecto hacia ella, pero lo que le estaba contando Sebastián como que le dio un poco de angustia.
"Mencionaste una silla de ruedas… ¿tiene que ver con ese atropello?"
"Sí. No puede caminar: está paralizada de la cintura para abajo. Entró a rehabilitación luego de eso y desde entonces está limpia… y cada vez más callada. No habla mucho."
"No me lo imagino."
Isabella negó con la cabeza y bajó los hombros. Por lo visto, la vida había seguido para todos los involucrados, pero de alguna manera tenía la sensación que le hablaban de algo estático y que no había cambiado tanto. Recordó su casa, las paredes, los aromas… tuvo visiones de desayunos en la cocina con sus padres y hermana en los veranos, y los huevos revueltos que a veces por las tardes preparaba su mamá. ¡El Mousaká! O los paseos al monte Olimpo y las largas caminatas que solía dar con su papá por el parque nacional.
¡Cómo había echado de menos los huevos revueltos y el mousaká! Por momentos de angustia quiso retroceder el tiempo y volver a casa, a no huir nunca. Pero también recordaba su propio dolor, de no ser la hija perfecta, de tener que soportar la constante comparación y tener que cargar con culpas que no eran suyas. ¡No! No es que sus padres no la quisieran, solo estaban cegados por la preocupación y la negación. ¿Cómo iba a ser posible que la perfecta hija mayor mintiera? Era Isa la de problema, no ella. ¿Y ahora como ayudaban a esta niñita?
Isa sintió un codazo que la aterrizó de nuevo a tierra.
"Oye… no tienes que volver. No pensaba obligarte tampoco. Entiendo que no quieras ver a los viejos." Le dijo casi avergonzado. "Yo quería que supieras que… si necesitas un hermano, aquí estoy." Añadió con tímida firmeza, mientras le alcanzaba un papelito con su correo electrónico y celular. "Podré ser un crío, pero eso no me hace menos hermano…"
De alguna manera esto enterneció a Isabella. Le quitó la gorra, le revolvió los cabellos y aceptó el papel con una sonrisa.
"Vamos será mejor, que tenemos que regresarte con los viejos."
"Si quieren los llevo." Dijo Kanon de pronto, apareciendo por detrás de la banca. Al verlo Seba se encogió algunos centímetros, como en temeroso respeto, mientras que Isa le sonrió enamorada. "Por portales eso sí."
"¿Portales?"
Isabella se puso de pie al mismo tiempo que Kanon daba un ágil salto por sobre la banca. Sebastián aguantó la respiración, pero no dijo mucho. La pareja se besó y se abrazó: algo dijo el gemelo menor en los oídos de Isa que la hicieron sonrojar, antes de volverse hacia el chiquillo.
"Vamos, que se hace tarde."
"¡Momento! ¡¿Portales?!"
"Solo serán unos segundos. Sé en dónde están."
Kanon abrió un portal a otra dimensión y antes que el muchacho saliera de la sorpresa, lo sujetó de un brazo y junto con Isa, se adentraron a lo desconocido. Algunos transeúntes se impactaron, otros no tanto, unas cuántas palomas echaron a volar, pero por lo demás… aquél parquecito siguió su vida normal.
Atenas. Burdel "La Cambo."
Más tarde ese día. 17:26 horas.
Aquél cenicero ya no podía contener más cigarrillos apagados y su dueño lo sabía. Molesto, agarró el objeto y lo vació con rabia en el basurero, regresándolo a su sitio con estrépito. Encendió otro cigarro y se recostó contra su asiento, exhalando una fumarola densa, dando la impresión de relajo y despreocupación.
Nada más alejado de la verdad, pero por temor a su propia integridad, Ernesto Gómez no podía darse el lujo de demostrar lo histérico que estaba.
Los dos hombres que estaban con él no tenían buena opinión de él y eran peligrosos. Se veían bien vestidos, aunque casuales, y demasiado limpios para el contexto. Aquella oficina era asquerosa, como el resto del local. Llena de papeles y documentos que mezclaban casos judiciales y del manejo del bar, que por ruin que fuera tenía que mantenerlo al día, dado que le funcionaba como fachada para el verdadero negocio que se llevaba a cabo allí: burdel y centro de transacción de tráfico de personas, niños especialmente.
"Sé donde está la niña si a eso se refieren." Dijo Gómez con hastío. "Está bien cuidada, no llegará desnutrida a su nuevo dueño."
"Solo saberlo no es garantía de nada. ¿Puedes sacarla?" Preguntó uno de los hombres.
"Jackson nos dijo que está en el Santuario. Grandchild no quiere tener nada que ver con ellos."
"¡Detalles, Ross, detalles!" Gómez volvió a aspirar de su cigarro. "Jackson es demasiado aprensivo para mi gusto."
"La niña va a cumplir un año dentro de dos meses. Si no la entregamos antes, el comprador querrá su dinero de vuelta, lo cuál ya no es posible."
"Si están tan apurados, entonces pídanle al renegado ese que entre al Santuario y la rescate."
"Rango no se va a ir a meter al Santuario ni por todo el dinero del planeta." Gruñó uno de los hombres. "Los odia con pasión, pero dice que no es tan estúpido. Pagarle para que consiga a otra lemuriana tampoco es posible: sus honorarios subieron al doble."
"¿Y Como se mantiene? Es demasiado dinero."
"La mafia rusa lo contrata… y de cuando en cuando empresarios como nuestro comprador pedófilo o grupos que se las dan de subversivos." El que llamaban Ross se encogió de hombros. "Pero al Santuario ni se acerca."
"Oh."
Gómez apagó el cigarrillo, pero se contuvo de encender otro. Apoyó un codo sobre el escritorio y apoyó su mentón sobre su mano. Los hombres lo miraban fijo y enfurecidos, pero pasivos. No actuarían ese día, pero probablemente si los hacía enojar sí que lo harían. La redada de la noche anterior había sido un golpe durísimo: perdieron dinero, mercancía y una parte importante de la operación había sido desarticulada. Él mismo sabía que era cuestión de tiempo antes que las pistas llevaran a su burdel, por lo que había comenzado a deshacerse de las pruebas.
En su trabajo formal, el servicio de menores de la ciudad, comenzaban a sospechar.
"¿Cuándo tendremos a la niña?"
"Jackson está vigilando el Santuario. Tarde o temprano tendrán que sacarla a tomar aire: cree que podría infiltrarse si amerita la situación."
"¿Acaso tiene súper poderes? Si pone un pie dentro del Santuario, puede darse por muerto."
"Son solo un montón de guerreros. Ni van a sentir a Jackson infiltrarse."
Ni siquiera sonrieron al comentario de Gómez, le dejarían creer sus ilusiones. Ambos hombres se pusieron de pie y uno de ellos salió de la oficinita. El otro se quedó con el asistente social: sacó un puñal del cinto y lo clavó encima del escritorio.
"Hemos perdido mucho dinero por tu culpa. Grandchild está dispuesto a dejarlo pasar solo porque has sido un excelente colaborador en el pasado, pero tu redención depende que recuperes a esa niña." Ross estiró el brazo y le sujetó del cuello. "Si no lo logras antes de dos meses, tengo permiso para destriparte… comenzaré por sacarte los intestinos y obligarte a comerlos."
El sujeto lo soltó con asco y le dio la espalda. Era mejor hacerle juicio a aquella amenaza, no era cualquier advertencia, sino algo que bien podría pasarle. Con calma salió de la oficina, dejando el puñal allí donde lo había dejado. Sin dar un portazo, cerró la puerta tras de sí y junto con el otro sujeto se alejaron a paso calmado.
Gómez contó hasta cien antes de tragar saliva y de los nervios encendió otro cigarrillo que se fumó demasiado rápido. Dio un golpe a la mesa y empujó el escritorio cuando quiso sacar otro y descubrió que se le habían acabado. Se levantó y a pisotones salió de la oficina, dando portazos y vociferando órdenes, antes de abandonar el burdel y salir en busca de cigarrillos y de su esquivo colega.
Tenía que hablar con Jackson. En persona de ser posible.
…
A dos cuadras de distancia, Alessandro Ferraro sacaba puzzles en un librito de pasatiempos. Miró la hora al ver salir a Gómez del burdel y la anotó en el borde de la hoja.
Gruñó entre dientes. Por lo visto este circo todavía no terminaba.
Cuartel General de la Policía. Atenas.
17:45 horas.
Alexandros Dellas ardía de ganas de fumar, pero no lo hacía. Llevaba al menos unos dieciséis años sin hacerlo, pero la ansiedad estaba a punto de impulsarlo a ello. La última vez que había fumado fue aquél horrible día que perdieron a una de sus hijas. Nunca más pudo hacerlo, pero ahora estaba por hacer una excepción. Moría de preocupación.
"Debe haber pasado algo, ¿por qué se tardan tanto? Ya deberían haberlo traído." Se lamentó su esposa.
La mujer miraba la puerta con una intensidad tal, que si tuviera cosmo ya la habría hecho desaparecer en millones de partículas. Constanza no quería quitarle de encima la vista, ni los oídos, ni siquiera el olfato. La última semana había sido del terror: no saber dónde estaba un hijo era la peor sensación del mundo, y eso que ya debería estar acostumbrada… pero no, no había forma de asimilar esa angustia, y cada vez era peor.
"Quizás pasó frío, debe tener hambre…"
"No lo creo. Con el apetito que tiene de hambre no se va a morir."
"¡Pero va a comer esa basura que le gusta tanto! Eso no alimenta para nada."
"Comida es comida."
Alexandros caminó hasta la ventana y se apoyó en el marco. Poco rato después su esposa se puso a su lado y le tomó el brazo. El hombre no se hizo de rogar mucho y la abrazó; ambos permanecieron en silencio mientras esperaban y observaban por la fría ventana. El paso de las horas era maldito.
"… no puedo perder otro hijo." Murmuró Alexandros.
"Ni siquiera la menciones."
Constanza se apartó de los brazos de su marido, pero no se alejó. Comenzó a comerse las uñas que ya no tenía mientras volvía a fijar la mirada en la puerta. Alexandros tenía una mirada profunda y llena de tristeza, aquella resignada que no permite tener esperanza. Sus ojos estaban rojos, pero no lloraba: sabía que si comenzaba no iba a parar, pero a las ansias de fumar como enajenado, se sumaban las ganas de gritar de desesperación. ¡No podía perder otro dijo de esa manera!… no podía evitar hacer comparaciones con la manera en que su hija se había perdido.
Sintió su celular vibrando en silencio, avisando la llegada de otro mensaje. Alexandros tomó el teléfono y revisó la aplicación.
"Berenice reclama que no le decimos nada."
"Dile que aún no hay noticias." Le pidió Constanza. Por lo visto su marido obedeció.
"Al menos sabemos que está vivo." Murmuró Alexandros. "Solo que no lo traen. ¡Quizás en qué problema se metió!"
"Me importa un rábano. Me da lo mismo, ¡Yo quiero a mi chiquillo de vuelta!" Constanza se largó a llorar. "¿Por qué hizo esto, Ale? No me lo explico: mientras más y más lo repaso, no me lo explico… yo… quisiera saber qué tiene en la cabeza…"
Alexandros miró a su esposa y suspiró apenado. No tenía respuesta, pero sí las mismas dudas. Se apretó el puente nasal y se pasó una mano por la cabeza, como queriendo aliviarse el estrés, pero no le resultó mucho.
"Creo que tenemos que impedir que siga rebuscando en el caso de su hermana." Murmuró Constanza casi en un susurro, como si fuera una blasfemia. "'Bella está muerta, si dejamos que Sebastián siga persiguiendo un fantasma…"
"Pero es su manera de conocerla… Sabes que no se lleva bien con Berenice: al menos que tenga una hermana con la que identificarse…"
Constanza bajó la cabeza y derramó varios lagrimones. Este tema la sacaba de centro: se supone que era una mujer fuerte, que no le tenía miedo a la adversidad, que siempre se había mostrado firme y había hecho de todo por el bienestar de sus hijos, pero de algún modo, nada le había resultado. Era una pésima madre, pese a su mejor esfuerzo había fracasado criando a sus hijas: la mayor resultó ser una drogadicta, la del medio… murió en una zanja, carbonizada, pensando que la odiaba. Su hijo menor perseguía su fantasma. Se miró las manos: tenía en ellas la sangre de sus tres hijos.
Alexandros se las tomó y las aferró contra su pecho.
"¿Qué fue lo que hicimos tan mal, Ale?"
"Me pregunto lo mismo."
Berenice siempre había sido una niña preciosa. Inteligente y muy sociable, el alma de la fiesta. Isabella en cambio era algo más tranquila, pero siempre astuta y de carácter fuerte, muy observadora. Quizás no era tan sociable como Berenice, ni tan encantadora, pero tenía lo suyo. Solían compararlas entre sí a medida que crecían y de alguna manera Isabella siempre salía mal parada, cosa contra la que siempre se rebeló y resistió. En algún punto eso les había estallado en la cara. El último año de vida de Isabella había sido muy tenso y nunca se imaginaron que la rebeldía de la niña estaba plenamente justificada: no era ella la drogadicta, sino la perfecta Berenice, quien aprovechando sus encantos había manipulado la situación a su favor, perjudicando a su hermana menor.
Cuando descubrieron la verdad se sintieron como verdaderos tontos. El aviso de que su hija se encontraba en la Urgencia de aquél hospital con una sobredosis de narcóticos les cayó como un balde de agua gélida y cuando vieron que era Berenice y no Isabella quien yacía en esa camilla tuvieron que parpadear varias veces, sin poder creer lo que veían, casi perdiendo la razón al procesar la verdad. Alexandros corrió desesperado de vuelta a casa para buscar a Isabella, a quien habían dejado castigada en su cuarto… solo para encontrarlo vacío y ni rastros de la muchacha.
Comenzaron a buscarla de inmediato. Ocurrió ese accidente… la mochila de la niña apareció entre el equipaje que había salido despedido del bus mientras este giraba dando tumbos por aquél barranco. Los cuerpos quedaron irreconocibles e inidentificables.
Perdieron a su hija. Y ese año casi pierden dos, pues Berenice apenas sobrevivió aquella primera sobredosis.
Sebastián llegó un año después a sus vidas. Creían que estaban haciendo un buen trabajo con el muchacho… pero entonces ocurría esto: el benjamín de la familia se arriesgaba por perseguir castillos en el aire.
"No quiero que… pierda contacto con su hermana." Gimió Alexandros. "No quiero dejar de pensar en ella…"
"Yo tampoco, pero esto ha ido demasiado lejos…"
"Tienes razón, pero… es como si se me muriera de nuevo. No supimos cuidarla la primera vez, si la olvidamos… será como si nunca hubiera existido… ¡no puedo permitirlo!"
"¡No digas eso! Yo soy quien tiene más culpa… si hubiera sido más cariñosa, más atenta, no hubiera querido huir." Constanza se llevó una mano a la boca. "Huyó por mi culpa… ¡y ahora Sebastián casi se mata viniendo aquí solo!"
"No fue culpa tuya… también tuve mucho que ver. Hicimos que 'Bella nos resintiera y desconfiara de ambos… y que nos temiera. Fue culpa de ambos."
La pareja se abrazó y suspiró adolorida. Los últimos días les habían hecho envejecer al menos unos veinte años, justo cuando habían creído que ya no tendrían más sustos que soportar. Nunca se iban a acostumbrar a estas situaciones, ¡Por todos los dioses! ¿Es que ya no habían tenido suficiente castigo?
Se oyeron pasos dirigiéndose hacia aquella salita de espera.
Tanto Constanza como Alexandros voltearon la cabeza como si se tratase de un latigazo hacia la puerta, expectantes y con el alma literalmente en un hilo. De pronto todos los ruidos del cuartel general de la policía ateniense se habían potenciado, en especial los pasos decididos que caminaban cada vez más claros hacia ellos. Se les apretó el corazón y aguantaron la respiración; hasta lograron sentir como la sangre les circulaba por las venas y arterias. Una eternidad después el detective Tsipras abrió la puerta: se le veía cansado, pero satisfecho. Entró seguido de su compañero, Kalas, quien se apoyó en la pared, cruzado de brazos y actitud autosuficiente, sin llegar a ser pedante.
"Señor y señora Dellas… Lamentamos la demora, hubo algunos imprevistos, pero aquí está su hijo."
Algo taimado, y quizás avergonzado, Sebastián entró a la salita de espera arrastrando los pies. Venía con él un asistente social de aspecto amable y regordete, quien amablemente le animó a caminar mejor. Ni Alexandros ni Constanza resistieron un minuto más y se le abalanzaron encima, entre llantos y abrazos, olvidando que tenían que regañarlo y aliviados de verlo entero.
"¡Mamá! Ya deja, ¡estoy entero! ¡No en público!"
"¡Mi pobrecito! ¿Por qué huiste así de casa?"
"¡Casi nos matas de la angustia! ¿Cómo fuiste capaz de hacerle esto a tu madre?"
"¿Estás bien? ¿Comiste algo? Estás ojeroso. ¿Te duele algo?"
"Lo ideal sería que lo llevaran al hospital a constatar posibles lesiones."
"Perdón mamá… no lo vuelvo a hacer, ¡pero tenía que asegurarme!"
"¿Asegurarte de qué, muchacho?" Le preguntó su padre mirándolo a los ojos. El hombre negó con la cabeza. "Deja de perseguir fantasmas…"
"¡Pero si no es un fantasma!"
"No discutas. ¡Esto se acabó aquí! ¿Qué no te das cuenta que te pudiste haber matado?"
Tanto Tsipras como Kalas se miraron de soslayo, mientras que el asistente social simplemente retrocedía y le daba espacio a la familia. Constanza hizo callar a su marido con la mirada y procedió a darle un sentido abrazo a su hijo. Alexandros se sacudió la angustia y se irguió a toda su altura. Dio un rápido vistazo a la escena que lo rodeaba, especialmente a los detectives y reparando en la presencia de un hombre alto de azul cabellera y aspecto peligroso que estaba justo fuera de la puerta. Lo ignoró en favor de los detectives y no se dio cuenta de la persona que se había ocultado detrás de él.
"Detective Tsipras, Kalas… ¿Cómo les puedo agradecer que hayan encontrado a nuestro hijo?"
"Solo cuídelo, aunque no nos corresponde todo el crédito." Gruñó Kalas, fingiendo desdén.
"Rastreamos a su hijo, pero solo tuvimos pistas concretas cuando nos contactaron de Interpol."
"¿Interpol?" Constanza miró a su hijo. "¿Por qué Interpol?"
"Tenía que ver a alguien allí." Gruñó Sebastián entre dientes, mirando hacia afuera. Se fijó que Isabella por fin había dejado su refugio tras Kanon y se aventuraba de a poco al interior de esa sala de espera.
"Contactó a una de las agentes." Explicó Tsipras. "Mientras conversaba con ella, chequearon antecedentes y al ver la alerta por menor desaparecido, nos avisaron. La misma agente nos ayudó a buscarlo cuando se fugó anoche del orfanato…"
"¡¿Cómo que te fugaste de la policía anoche?!"
"¡No era la policía, mamá! Era un simple orfanato."
"Ahem, Centro de Acogida de Menores es el término que usamos hoy en día." Aclaró el asistente social.
"¡Orfanato queda igual de bien! Es lo que es, ¿no?"
"¡Sebastián Dellas! No interrumpas a tus mayores. ¡¿Por qué te fugaste?! Hijo, ¿por qué haces todo esto? ¿Qué quieres probar?" Preguntó Constanza absolutamente angustiada. Alexandros carraspeó.
"¿Podemos saber quién es esa agente? Quisiera agradecerle por…"
"No me lo agradezcan: hice lo que tenía que hacer."
Isabella dio un sorpresivo paso adelante y entró de lleno a la sala de espera. Tenía las manos apretadas y una expresión marmórea. Fijó la rosada mirada en sus padres, en su hermano, mientras sentía como estos se congelaban de terror al verla. Constanza retrocedió casi sin darse cuenta y Alexandros sintió que su estómago desaparecía: a ambos se les arrancó hasta el calor de la sangre. Sebastián le sonrió. Tanto Tsipras como Kalas notaron de inmediato el cambio de actitud que había provocado la entrada de la mujer. Kanon se apoyó en el marco de la puerta, presto a reaccionar.
"Señores Dellas: ella es la agente Isabella Nauplias de Interpol. Fue a quien contactó su hijo el día de ayer y quien nos ayudó a encontrarlo hoy."
"Por todo el Olimpo…" Balbuceó Alexandros sin poder creer sus ojos. Constanza tenía problemas para respirar.
"¿Ven? Les dije que estaba viva." Gruñó Sebastián cruzándose de brazos. "¿Ahora me creen?"
Todas las miradas recayeron en el muchacho y luego se centraron en Isabella. Alexandros inhaló una buena cantidad de aire y se tapó la cara con ambas manos, encorvando un poco la espalda, como sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros. Constanza en cambio dio un par de pasos antes de detenerse, tratando de reprimir las ansias por abalanzarse encima de Isabella y abrazarla para no soltarla más nunca. El celular de su padre vibró anunciando la llegada de un mensaje, pero lo ignoraron. Su madre abrió y cerró los puños en un intento de hacer circular la sangre. Sentía un hormigueo en los labios. ¿Lo que estaba viendo era real o una cruel broma?
"¿'Bella?"
La aludida asintió por inercia, pero no se movió; se sentía como atornillada en el piso. Sus facciones se endurecieron más incluso: estaba a la defensiva. Los detectives miraban todo esto tratando de absorber toda la información que pudieran, pues no entendían nada de lo que ocurría. Constanza se tapó la boca con las manos y dejó correr más lágrimas… simplemente la pobre ya no pudo más con la impresión y se desmayó.
No pocos corrieron a socorrerla.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Dudas
"…
"No cualquier cazador acepta niños ajenos. En mi generación solo pasó una vez. Los hombres no sirven para criar niños solos."
"¡Oye! Yo crié a varios." Protestó Dohko con un puchero. Flos le guiñó un ojo y fingió indiferencia.
"No te he visto criando a nadie. Eres buen cazador, pero no sé qué tan buen padre eres."
"… ¿Eso es un desafío?" Preguntó Dohko alzándole ambas cejas. Flos lo ignoró coqueta, mientras Matilda carraspeaba algo avergonzada.
…"
Nota Mental: Nope, hoy no hubo mucha intervención de Lizzie, pero fue para bien, la pobre beba necesita un poco de paz en su vida, que también tiene que acostumbrarse a cambios extremos y a un nuevo sistema. Así que la que sufrió fue Isa, que está por tener un nuevo colapso nervioso. Pues se acerca uno de proporciones. u^^ Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Orgullo y Prejuicio es un buen libro, DiosaGéminis, si te gustan las novelas rosa de época. Fue publicada por primera vez en 1813 y es la más famosa de todas las novelas que Jane Austen escribió. Ha tenido un montón de adaptaciones al cine y obras de teatro, es simpática. Si no te gusta leer muy largo, te recomiendo la película de 2005 con el mismo nombre. Cuando tuve que leer el libro, considerando que también prefiero la fantasía heroica cuando leo por gusto, lo miré bien a menos, pero me llevé una sorpresa… en todo caso no me tomes como referencia, suelo tener gustos muy bizarros en cuando a lectura se refiere. Sobre los dragones marinos, Kanon dicen que son muy melosos, mimosos, no miden fuerza cuando buscan cariños, y cuesta cuidarlos. Dice que son bien leales, pero que también son peligrosos… Sobre Drogon… aaaw, dragoncito… D8 ¡Me acordé de Drogo! TOT (y conste que me advirtieron que no me encariñara con ningún personaje de Juego de Tronos)… ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.
Mousaká o Musaca: (del griego μουσακάς, mousakás) es un plato tradicional de los Balcanes y el Medio Oriente hecho a base de berenjenas. La versión griega, que es la más conocida internacionalmente, consiste de capas de carne picada de cordero, berenjena en rebanadas, y tomate, cubierto de una salsa blanca y horneado. La palabra es de origen árabe y proviene de saqqaʿa, (congelar, volverse blanco), pero llegó a los idiomas de Europa Occidental a través del griego.
En el mundo árabe, la musaca es una ensalada cocida hecha principalmente de tomates y berenjenas, similar a la caponata de Italia, y es usualmente servida en frío como aperitivo. A pesar de ser un nombre árabe, la musaca es usualmente considerada como plato griego en Occidente. Las versiones búlgara, serbia, bosnia, y rumana se preparan con patatas en lugar de berenjenas.
En la receta griega común (de 3 capas), la capa inferior consiste de rebanadas de berenjena sofritas en aceite de oliva, la de en medio es de cordero machacado cocido con tomates también machacados, y la superior es de bechamel (probablemente introducida por Tselementes en la década de 1920). Se puede omitir la mantequilla de la bechamel, así como reducir su cantidad o sustituirla por crema. En el resto de los Balcanes, la capa superior es comúnmente una mezcla de leche o crema, y huevo; en Inglaterra, en raros casos se usa una capa de puré de papas. Se espolvorea por encima queso o pan rallado.
Existen variaciones en la receta básica, a veces sin salsa, a veces con otros vegetales. La más común en Grecia puede incluir calabacines, patatas o champiñones además de berenjena. Incluso hay una versión para Cuaresma en el recetario de Tselementes que omite la carne y salsas, basándose sólo en vegetales, tomate y migajas de pan.
