La reunión de Isa y sus padres no resulta como se planeó en un primer momento, tampoco los primeros días de Lizzie en Aries. Mu tiene la cabeza llena de dudas y los miedos hicieron que Matilda se llenara de inseguridades, y evitara la primera casa y a su guardián. Otro que tiene problemas es Julián. ¡Oh! ¿Y ahora? ¿Quién resolverá sus dudas?


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 6: Dudas

Cuartel General de la Policía.

20 de marzo.

"¡Constanza!"

Alexandros atinó a sujetar a su esposa, que no pudo más con lo que estaba viendo. En seguida los presentes corrieron a socorrer a la mujer, ya fuese buscando agua o ayudándola a que se recostara mejor en el suelo. Sebastián agarró una revista y comenzó a echarle aire, mientras el detective Tsipras le levantaba las piernas. Isa se quedó mirando semiespantada y paralizada en su sitio: no había visto odio en los ojos de su madre, la reconoció en el acto, pese a lo diferente que estaba y los años que habían pasado, ¡No!: allí no había odio, sino otra cosa que no pudo identificar en seguida. Era la misma mirada que le estaba dedicando Alexandros en esos momentos.

¿Cómo se supone que tenía que reaccionar?

"¡Isabella!" Exclamó Alexandros poniéndose de pie, dando pasos inseguros hacia ella, como quien ve un fantasma, estirando los brazos hacia adelante. Por instinto Isa retrocedió un paso y afiló la mirada.

"A ver, a ver, ¿qué tanto escándalo?"

Kanon se cruzó por delante, para romper la tensión y atraer la atención hacia su persona. Conocía a su flaca, y sabía que estaba por reaccionar muy mal a todo lo que estaba pasando. Por una vez creía que debían ser más diplomáticos. El menor de los gemelos llegó hasta Constanza y se agachó junto a ella. Fugazmente miró a Sebastián como pidiéndole que pusiera atención, y le puso la mano sobre la frente y la otra en el cuello, en determinados puntos de presión que sólo él podía mirar.

"Solo es un desmayo, demasiadas emociones juntas." Gruñó entre dientes.

"¿Mi mamá se reinició?" Preguntó Sebastián bastante alterado, pero tratando de mantener la compostura. Se le notaba angustiado. Kanon le miró de soslayo y asintió.

"¡Traigan agua!" Exclamó el detective Kalas hacia afuera. Cruzó miradas con Isa. "¿Se puede saber qué acaba de ocurrir aquí?"

"Hmm…"

La mujer arrugó el ceño e inspiró algunas bocanadas de aire antes de abrir los ojos y enfrentarse a las miradas de los presentes y al techo. Casi se murió de la vergüenza al sentirse centro de la atención pero no le duró mucho, ya que al cabo de unos instantes, recordó lo que la había descompensado tanto. Se incorporó en el acto.

"¡Con cuidado!"

"¡No tan rápido, señora!"

"Tómeselo con calma." Le pidió Kanon.

Pero Constanza no escuchaba. Fijó la mirada en Isabella, quien fruncía el ceño y miraba a Alexandros muy seria y los puños bien apretados. Su marido estaba a medio camino entre ella y la mujer, quien lentamente levantó la mano en señal de alto. Sintió que el ácido del estómago le subía por la garganta y que sus ojos se le deshacían. ¡Esta mujer era su hija! ¿Cómo era posible? ¡Su Hija Estaba de pie frente a Ella!

"¡Isabella!" Exclamó mientras se levantaba y corría hacia ella.

"¡Basta!" Ordenó Isabella severa, deteniendo a la mujer a media carrera. "No vine aquí para reuniones familiares, vine a dejar a Sebastián."

"¡En verdad eres tú!" Alexandros intentó acercarse un poco más. Isabella retrocedió. "¡¿Cómo es esto posible?! Deja que te abrace, por…"

"No." Isa negó con la cabeza. Cruzó miradas con Kanon, quien se había puesto de pie. "No quiero abrazos." La mujer intentó tragarse el nudo en su garganta, cosa que no consiguió.

"Disculpen la interrupción, ¿Qué está pasando aquí?" Preguntó de pronto el detective Tsipras.

"La familia Dellas encontró a una hija perdida." Intervino Kanon, con mucha calma. "Pero queda por ver si ella quiere ser encontrada."

"Isabella…" Pidió de pronto Sebastián. "Por favor…"

"Ahora no, mocoso. No puedo lidiar con esto ahora." Protestó Isa.

No sabía exactamente qué hacer en esos momentos: nunca, ni en sus más locos sueños, se había planteado reencontrarse con sus progenitores. Por un lado su corazón la sorprendió llorando a gritos por dejarse fundir en los brazos de sus padres, pero por otro solo quería salir corriendo a perderse de allí. Como que de pronto tenía ganas de conocer Tumbuctú. Le dolía la garganta y sentía que le sobraba y le faltaba aire todo al mismo tiempo.

"¡Mi Niña!"

Como que a Constanza eso le importó bien poco. Simplemente se lanzó hacia su hija y la abrazó sin poder controlarse a sí misma, gesto que Isa no apreció en lo más mínimo. Le dolía el corazón no poder hacerlo, pero se sentía presa de una sensación de ahogo que no pudo interpretar muy bien de buenas a primeras. Con lágrimas en los ojos puso distancia entre ella y su madre, pero sí la miró a los ojos llena de pánico.

"No te olvides que estoy muerta. No me buscaron: ni siquiera lo intentaron."

"¡No le hagas eso a tu madre, Hijita! Nos dijeron que estabas muerta: eran pruebas concretas, ¿qué querías que pensáramos?" Le dijo su padre, quien se había acercado. Estaba preso del dolor.

"Que desconfiaran." Gruñó la mujer con bastante rencor. Inspiró una buena bocanada de aire y retrocedió. Miró a Sebastián. "No vuelvas a huir de casa."

Isabella dio la media vuelta y tras hacer una seña a los confundidos detectives, salió de aquella sala de espera, dejando absolutamente consternados a sus padres. Kanon bajó los hombros al tiempo que suspiraba, y sin decir palabra salió tras los pasos de su prometida, no sin antes dejarle una tarjeta a Sebastián, quien se veía muy compungido. Al pasar junto a sus suegros hizo una venia.

"Bueno, eso escaló rápido." Comentó Kalas, por completo perplejo.

Isabella por su parte avanzaba sin mirar atrás hacia el ascensor más cercano, como si huyera del mismísimo Tártaro. Se detuvo cuando sintió la mano de Kanon tomar la suya justo en el momento en que iba a entrar en pánico. Fue un efectivo cable a tierra, pues tuvo un efecto calmante en su agitada alma.

"Justo cuando no puedo tomar días libres."

"Sí, si puedes. Te llevo a Interpol." Le dijo mientras la abrazaba.

Acto seguido abrió un portal a otra dimensión y desapareció dentro, con todo y prometida, dejando a varios policías perplejos.


Casa de Aries.

Dos días después. 22 de marzo. 5:20 horas.

Cierto. Kiki seguía arrestado. Quizás tendría que ir a ver como seguía, aunque no tenía muchas intenciones de sacarlo: seguía molesto por el lío en el que se había metido. ¡Que se diera con una piedra en el pecho! Si a él se le hubiera ocurrido hacer algo así, seguro lo habrían colgado de los pulgares. Muy paternal podría ser Shion, pero como maestro era muy estricto y no aguantaba tonterías.

Mu giró sobre su eje y quedó tendido viendo al techo. Se había pasado la noche en vela, sin poder pegar ojo. Su mente estaba llena de dudas y no sabía ni como comenzar a resolverlas. Como que había perdido algo de paz mental y de acuerdo a Shaka, no la recuperaría si no dejaba el estrés de lado. ¡¿Pero qué quería que hiciera el güero?! ¿Qué se pusiera a meditar hasta que la respuesta surgiera del cielo cual rompimiento de gloria sobre su cabeza?

BAH.

Giró sobre su costado y se tapó la cabeza con la almohada. Tenía acidez estomacal y, hay que decirlo, bastante miedo. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿En qué carajos se había metido? Resopló frustrado y cerró los ojos con fuerza varios segundos, como intentando despertar de aquella pesadilla, que por momentos se sentía tan linda. Estiró el brazo y palmeó la cama…

… No… Matilda no estaba allí con él. Debería estarlo, pero no… luego de conocer a Lizzie, se había regresado a su casa justo después de la cena. Desde entonces no volvía y de eso ya habían pasado dos días. Hizo un puchero.

¿En qué lío se había metido?

Sacudió la cabeza y se levantó. No hacía tanto frío, las temperaturas comenzaban a ser cada vez más agradables. Se metió a la ducha sin muchas ganas y sin poder sacudirse la preocupación de encima. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo fue que adoptó a la niña así de rápido? Se pasó ambas manos por los ojos y dejó que el agua fría lo mojase entero, a ver si con eso pensaba de manera más clara.

Tenía dudas. ¡Tantas dudas!

Una niña no era un juguete. Elizabeth no se merecía que él tuviera dudas: ya para su corta edad había visto demasiados horrores como para que además la abandonaran de nuevo. ¿Cómo podría hacerlo? Si cada vez que la veía, con sus ojitos de diferentes colores, tan cristalinos y anhelantes de cariño, se le derretía el corazón. Y además esa lesión en su piernecita, ¡¿Qué Clase De Bastardo Malparido Hacía Eso?! Nunca podría correr bien, cojearía y dolería toda su vida… ¿Cómo se hacía para ahorrarle ese sufrimiento innecesario a su hija? Honestamente no entendía la lógica detrás de causar una lesión así a alguien.

… Lizzie no lloraba seguido, solo gemía quedito, como si temiera hacer ruidos. ¿Qué clase de vida había llevado que a su pequeña edad ya sabía que no debía chillar?

"¡No puedo hacer esto solo!"

¿Por qué la había adoptado? ¿Sólo por una reacción hormonal al terror de una beba? ¿Qué era acaso? ¿Un animal incapaz de controlar sus instintos? Debió haberse contenido y resguardado, ¡una beba no era un juguete!, sino que era una decisión tan profunda y radical que su vida nunca sería la misma. Debió conversarlo antes con Mati, o al menos ambos debieron haberse sentado a tratar el tema. ¿Pero cómo podía saberlo? Apenas llevaban unos meses saliendo, y si bien él estaba cada día más enamorado de Matilda, eso no quería decir que se proyectaran al infinito en una vida en común.

A él le gustaban los niños… pero aun así no estaba preparado, o eso era lo que había descubierto. Creía que lo estaba, pero no: cada vez se convencía más que esto no era nada fácil. A Matilda no le gustaban los niños, era un hecho. Se lo había comentado en más de una ocasión, así como la había visto por completo nerviosa cuando le tocaba estar cerca de uno.

Lo más cercano a alguna conversación sobre planificación familiar que habían tenido, había sido al comenzar su relación, cuando Mati le había confesado que no podía tomar anticonceptivos porque les tenía alergia. En cierta ocasión había comenzado a tomarlos para controlar una molesta endometriosis, pero los efectos secundarios provocados por una inesperada alergia a la terapia hormonal habían llevado a la conclusión que mejor interrumpía ese tratamiento en favor de otros. Por esto habían decidido tomar todos los resguardos del caso, porque Mati no quería niños.

Igual se las había ingeniado para meter una beba al medio de su relación. ¿Y ahora como le hacía? No podía abandonar a Lizzie, se le rompería el corazón, menos cuando Mati le había puesto el nombre. ¿Y si terminaba por no poder soportar a la niña? Tanto que les faltaba crecer como pareja y les pasaba esto. ¡No podía hacerlo solo! No quería tampoco. No estaba preparado para ser padre… Podía enfrentar el desafío, pero solo con su Mati… y ella no quería.

Vaya… ¿Así se sentían las chicas que descubrían un embarazo no deseado y veían que el padre de la criatura ponía pies en polvorosa? ¿Acaso Mati iba a dejarlo solo?

¡Malditas feromonas!

Mu apagó el agua y salió de la ducha. Apenas se secó con la toalla antes de envolvérsela en la cintura. Salió del baño aun estilando agua y se vistió sin muchas ganas, estrujando su cabello cada tanto. Cuando estuvo listo, suspiró y salió de su cuarto, pero en vez de ir a la cocina cruzó el pasillo, al cuarto que había aparecido un par de días antes y cuya entrada estaba justo frente a su puerta. La misma casa de Aries había cambiado para recibir a la pequeña y la tarde anterior, él y sus padres habían ordenado y adaptado la nueva habitación como el cuarto de Lizzie. Aún angustiado, Mu abrió la puerta y se dirigió a la cuna que alguien en el Santuario había donado y en donde dormía la beba. Se inclinó para verla mejor.

Lizzie le devolvió la mirada con toda la intensidad del mundo. Masticó su chupete e hizo algunos ruiditos, como si estuviera decidiendo si debía tener miedo o no. Por lo visto llevaba un rato despierta, pero no había llorado. Aferraba entre sus manitas el colorido muñeco amigurumi que Mati le había regalado, Tips, que por lo visto había cumplido su función con bastante efectividad. Mu sonrió y estiró la mano para acariciarla, momento en que la nena lo aferró con su manita.

"¿Gú?" Balbuceó con el chupete puesto.

¿Cómo no quererla? ¿Cómo rechazarla? No… no podía. Se le atenazó la garganta: tendría que hacerlo, con o sin Mati, de alguna manera… le sonrió.

No… no podía abandonarla ahora.

"Vamos, que seguro necesitas un cambio de pañal." Le dijo al tiempo que la tomaba en brazos.


Atenas. Oficinas Centrales del Registro Civil.

Más tarde esa mañana. 22 de marzo. 8:30 horas.

Hablando de Matilda, esta se sujetó el estómago con disimulo. Dos días llevaba el desgraciado intentando asesinarla y solo porque era terca que mantenía la compostura. Se sentía además como el ser más vil sobre la tierra: no había podido dejar de pensar en Mu y los dioses eran testigos de lo mucho que de verdad quería apoyarlo, pero… pero… Va en serio, ¿una beba? No podía hacerlo. ¿Por dónde comenzar a hacerse cargo? ¿Qué era lo que se quería de ella? Un remolino de dudas le azotaba la cabeza.

Amaba demasiado a Mu, con toda su alma, pero tenía miedo que este extraño encargo hubiera llegado de manera muy prematura. Ni siquiera habían conversado sobre niños, más allá de que no quería quedar embarazada por descuido. No es que le tuviera miedo a los infantes, solo la aterraban: tan frágiles, tan chillones, tan impredecibles… ¿Qué se supone que se hacía con ellos? Además aprendían todo, lo veían todo, imitaban todo. ¿Si metía la pata? Un mal ejemplo, por pequeño que fuese y una persona podía convertirse en un criminal. Además… ¿qué se esperaba de ella? No estaba lista para ser madre, no podía serlo todavía. Su tía no ayudaba con los consejos ambiguos, menos su tío que insistía en decirle que ahora Mu ya no la querría y que buscaría a alguien de su propia raza. ¡¿Qué se supone que tenía que hacer?!

Recordó como la niña la había mirado, cuando le había estirado las manitas. ¡Por Athena! Esos ojitos tan lindos y llenos de miedo habían tocado su alma. Algo había cambiado en ella, como si un temor se esfumara de un plumazo, y lo reemplazase un instinto que no alcanzaba a definir bien.

Ella no tenía madre. Si bien su tía había hecho un estupendo trabajo supliendo a su hermana (y por agradecida que estuviera de ella) no era su mamá. Matilda siempre había estado enojada por ese hecho, se hubiera sacado el hígado con tal de que su tía hubiera sido su madre real, pero no… ella había perdido a la suya, ésta se había suicidado y en su nota de despedida ni siquiera la había mencionado. Solo se había lamentado de que el hombre que amaba, su padre biológico, la había dejado por otra y que sin él no podía seguir viviendo, por lo que prefería terminar con todo.

¡Claro! Y a ella que la partiera un rayo. Total, solo era su hija de DOS AÑOS, que la necesitaba más que nunca. ¿Su padre? Pfff, por ahí, viviendo la vida loca con esa otra mujer y la familia que había formado con ella. Nunca le había dado nada, y desde que se había divorciado de su madre que no lo había vuelto a ver, porque ni a las audiencias por su custodia había ido. ¡Sorpresa se iba a llevar cuando le llegara la notificación de la demanda por alimentos que le debía! Conste, no lo hacía porque quería una relación con él, ¡Por Athena, No!, lo que quería era fastidiarlo de aquí a unas cuatro reencarnaciones más.

¡Aaaargh, era muy joven! El amor de su vida de pronto tenía una hija. ¡Apenas llevaban unos meses! ¿Qué se supone que se esperaba de ella? No podía dejarlo solo, y si lo pensaba bien… como que Lizzie se le había clavado en el corazoncito, pero… tenía miedo. ¡Tanto que le faltaba crecer como pareja con Mu y les pasaba esto! ¿Acaso así se sentía la noticia de un embarazo no deseado?

¡Ufff! Al menos no era ella la que había salido con el domingo siete. ¿Qué debía hacer ahora?

"Un día a la vez." Le dijo de pronto Dohko. Matilda irguió de pronto la espalda.

"Errr, ¿Maestro Libra? ¿Dije algo en voz alta?"

"No, pero tengo una idea del porqué estás así. Pareces un resorte ajustado."

"¿Yo? Pues sí, admito que estoy algo nerviosa. Ocurre que esta es mi primera legalización de identidad que hago y hoy por fin pude asumir todo el control del caso sin que me estén supervisando los demás y…"

"Me refería a lo de Elizabeth." Dohko le sonrió de costado. "Este trámite va viento en popa."

"¿Elizabeth? No, no. Ella no me preocupa en lo más…"

"Matilda." Le dijo Dohko de pronto. "Aparento menos edad que tú, pero tengo más años que nadie en esta oficina: sé que te preocupa Elizabeth."

"No quise ofenderlo, Maestro Libra."

"No lo has hecho." Le dijo con una sonrisa torcida. "Entiendo que estás preocupada, e imagino porqué. Apenas comenzaste una relación con Mu y les cae esta pequeña bomba atómica en los brazos."

"Lizzie no tiene la culpa. No pidió nada de esto." Matilda negó con la cabeza. "Soy yo la que no sabe qué hacer…"

"Te falta todavía crecer con Mu. Les falta mucho para conocerse y sincronizar sus almas."

"…"

"Luego ocurre esto y los dos lo sienten como una obligación."

"Mu no lo siente como una obligación, él…" Mati se calló a media frase. Recordó bien la actitud de Mu. Cierto, no había podido evitar adoptar a Lizzie, pero… ahora que lo pensaba, también estaba asustado. Tanto como ella. "… supongo que también está tan perdido como yo."

"No lo dudes. Por eso, tómense un día a la vez." Dohko, en un paternal gesto, le pellizcó la mejilla. "Toma esto como una oportunidad para crecer aún más como pareja. Nunca se sabe lo que podría pasar."

"¡Pero no sé ser madre! Los niños me aterran, me ponen nerviosa. ¡No sé cómo tratarlos!" Matilda apretó las manos. "Mu va a necesitar que lo ayuden con su beba, no arreglar el desastre que seguro voy a causar."

"¿O sea que asumes que Mu no va a abandonar a Elizabeth?"

"Maestro, ¿Ha visto a Lizzie?" Matilda miró a Dohko a la cara. "¿Cómo podría alguien abandonarla con lo adorable que es? Ella necesita que alguien la proteja… ¿Quién mejor que Mu para eso? Seguro resulta ser un buen papá." Matilda fijó la mirada en el suelo e hizo un puchero. De pronto sentía un vacío en el corazón y la imagen de esos ojitos de color diferente se fijó en su mente. "¿Yo qué pinto en eso? No sirvo como madre. Ni siquiera sé si eso es lo que se espera de mi… o hasta qué punto."

Dohko alzó las cejas y suspiró con alivio. Se apoyó en el respaldo de la silla y miró al techo. Matilda estaba muerta de miedo, pero no solo era normal y esperable, sino que también era bueno que tuviera esas dudas. Como que lo que le dijo la chiquilla lo dejó tranquilo.

"Un día a la vez, te lo dice un viejo maestro." Le comentó a la pasada. "Se nota que amas a Mu y él te ama a ti. Puede que ustedes dos recién estén empezando, pero… a veces amor es lo único que necesitas."

"El amor no paga las cuentas." Rezongó Mati muy triste, recordando las palabras de su tío.

"El amor es una fuerza de la naturaleza. Cierto, no paga cuentas, pero ayuda a encontrar el modo de pagarlas." Dohko volvió a mirarla de soslayo, divertido, como quien sabe algo que el otro no. "Si desapareciera Elizabeth de la ecuación…"

NO! Otro rechazo más la mataría. ¡No es divertido perder a los papás! Eso lo sé muy bien." Matilda pensó en su propia experiencia. "O que te ignoren como hija… Lizzie no merece eso."

"Si tú lo dices." Dohko se puso de buen humor. Aquella estaba probando ser una muy buena mañana. "¿Apoyas a Mu en esto?"

"Claro que sí." Afirmó sin dudarlo, pero se llenó de terror. "No sé qué se espera de mi… Soy yo la que va a meter la pata y arruinarlo todo."

"Llévale un regalo de clan." Dijo Flos de pronto, saltando a la silla que estaba junto a Matilda.

El motivo del porqué Matilda y Dohko estaban en el Registro Civil, era precisamente a causa de Flos. Los trámites para darle a la chica nepalí una identidad legal iban viento en popa y, si bien habían avanzado con mucha celeridad, aún quedaban al menos unos seis meses de burocracia. Hoy era especial pues le daban a Flos un permiso provisorio de residencia que debía que firmar.

Habían tenido que enseñarle, claro. Solo les tomó apenas unos diez minutos lograr que Flos entendiera el concepto y menos de cinco en enseñarle a crear una firma. Como aún no aprendía a leer (le estaban enseñando), Matilda tendría que leerle los documentos delante de un juez, quien acreditaría con testigos (siendo Dohko uno de ellos) que Flos había entendido. Obviamente llevaban un tiempo practicando, así que no tenían mayores recelos por el trámite que iban a llevar a cabo ahora.

Flos se acomodó en la silla junto a Matilda y la quedó viendo fijo. Llevaba una camisa deportiva sencilla de color gris (seguramente la había elegido Idril) y una falda de tela liviana que le llegaba poco más arriba de las rodillas en color celeste, que se había probado el día anterior y que simplemente le había fascinado. También tenía puestas calzas deportivas de color negro de la misma altura que la falda… y sí, iba descalza: hasta ahora no había manera de lograr que se pusiera zapatos. No llevaba puesta la máscara de cuero a la que tanto aprecio le había tomado, pero sí la tenía colgando al cinto.

Por lo visto había escuchado gran parte de la conversación. ¡Había que tener mucho cuidado con la nepalí! Escuchaba más de lo que parecía.

"¿Qué es un regalo de clan, Flos?"

"No cualquier cazador acepta niños ajenos. En mi generación solo pasó una vez. Los hombres no sirven para criar niños solos."

"¡Oye! Yo crié a varios." Protestó Dohko con un puchero. Flos le guiñó un ojo y fingió indiferencia.

"No te he visto criando a nadie. Eres buen cazador, pero no sé qué tan buen padre eres."

"… ¿Eso es un desafío?" Preguntó Dohko alzándole ambas cejas. Flos lo ignoró coqueta, mientras Matilda carraspeaba algo avergonzada.

"Luego, Tigre." Le dijo Flos, antes de fijarse en Matilda. "Un niño no se cría solo, todo el clan debe ayudar, más cuando es hombre solo. ¡Eres recolectora! Llévale un regalo de clan que lo ayude a criar a su niña. ¡Tiene que gustarle! Si acepta tu regalo, espantarás a la competencia." La chica le dio un codazo cómplice a Matilda. "Y de paso le dejas en claro que lo apoyarás en eso aunque la caverna colapse."

Matilda relajó la postura y las facciones, encontrando mucho sentido a lo que Flos le decía. Ya le había llevado su muñequito amigurumi a Lizzie, pero eso había sido un regalo para la beba y lo primero que se le había ocurrido. Le había costado desprenderse de aquél recuerdo, pero si a ella le había ayudado cuando era niña, ¿por qué permitir que se perdiera en sus repisas cuando podía hacer feliz a otra pequeña?

Solo había un pequeño problema.

"¿Qué podría regalarle que no fuera ropa? Todo el mundo le ha regalado pañales, ropa, biberones, de todo… ¡Hasta la misma casa de Aries cambió para hacer una habitación extra!"

"En mi clan les regalábamos bayas rojas a las mamás cuando sus bebés sobrevivían las dos primeras semanas. Dan mucha energía y les ayudaba con la leche." Flos se encogió de hombros. "Muchos bebés morían antes de cumplir esa edad, así que eran regalos especiales."

"Los lemurianos usan pieles de apego." Comentó Dohko pensativo. "Son pieles de oveja que murieron naturalmente. Todos tienen una, incluso Mu todavía guarda la suya."

"¡Ah sí! Se la he visto." Afirmó Matilda con los ojos muy abiertos. "La tiene en su cam… ¡cuarto!" Se apresuró en corregir.

Era conocido el hecho que Mu y Mati eran íntimos, pero prefería no ventilar que conocía la cama de Mu con bastante detalle frente a uno de los santos dorados más viejos que existían. Dohko simplemente se rió tranquilo.

"Jejeje, picarona." Le dijo en broma, pero no añadió más. Tosió para cambiar el tema. "Guardan sus pieles de apego toda su vida. Se las regalan sus mamás cuando nacen. Te ayudamos, sé dónde las venden, podemos ir saliendo de aquí." Añadió muy convencido. "¿Qué te parece, Flora? ¿Ayudamos a la señorita Matilda?"

Por única respuesta, Flos le dedicó una sonrisa que rayaba en lo felino.


Mansión Solo.

Esa mañana. 9:30 horas.

Caminaba con bastante buen ánimo por los pasillos. Julián había decidido hacerle caso a Kanon y por fin había conversado con Paulina sobre el problema que lo aquejaba. No digamos que Anfitrite había escuchado pasiva todo el rato, de hecho se llevó un buen susto, pero optó por escuchar, y aunque se molestó… comprendió. Por fortuna Paulina había sido bastante cercana con sus padres de esta encarnación, y éstos muy abiertos a conversarlo todo, y sabía que tanto hombres como mujeres muchas veces estaban expuestos a las tentaciones y que no siempre podían evitarlas. La culpa comenzaba cuando se dejaban llevar, no cuando trataban de evitar el problema.

Poseidón casi se largó a llorar de alivio cuando en vez de encontrarse con los papeles de divorcio frente a sus narices, se encontró con el apoyo de Anfitrite. Eso lo tenía de buen humor. Sabía que eventualmente esto de conversar las cosas le iba a costar peleas con su Tite, pero como que valía la pena.

¡Debió haber pedido consejo antes!

Ese día no tenía clases y tenía decidido pasar el día con sus generales, que seguramente estaban en la sala de juegos. La idea era anunciarles que había aparecido el sucesor de Kanon como Dragón Marino y conversar con todos para saber quién era el más adecuado para entrenar a Sebastián. Más o menos tenía planeado dejarle el problema a Baian, considerando que era el que más tiempo libre tenía (había decidido no seguir con su educación) o a Kaysa, que parecía tener bastante paciencia. Eso lo sabría una vez que conversara con ellos.

Llegó por fin hasta la puerta de la habitación que buscaba e infló los pulmones.

"Muy bien. Aquí vamos."

Abrió las puertas de par en par.

Dos segundos más tarde se sintió desolado.

El lugar era un desastre. En efecto estaban sus generales, y Tethys, allí pasando el rato. En un rincón podía distinguir a Paulina conversando muy animadamente con la sirena, mientras que Krishna intentaba meditar sobre la mesa de pool que había en el fondo sin mucho éxito, pues Kaysa y Baian insistían en practicar acrobacias con la patineta alrededor de él solo para molestarlo, lo que cada cierto rato les hacía acreedores de un intento de asesinato por parte del guardián del Pilar del Océano Índico. De aquella trifulca centró su atención en el otro costado de la sala, donde había un plasma enorme, con un sistema de sonido digno de un pequeño cine… allí Isaac, Eo y Sorrento mantenían una partida del Gears of War III, con las respectivas palabrotas y maldiciones del…

Oh wait…

¿No que lo iban a esperar para empezar a jugar?

"¡OIGAN! ¡¿EMPEZARON SIN MI?!" Exclamó el dios indignado y compungido.

"¡Se estaba tardando mucho, Señor!" Exclamó Sorrento, concentradísimo en el juego. Eo le lanzó su mando sin emitir comentario, que el dios atajó en el aire.

"No estamos con el juego principal, solo practicábamos en lo que llegaba." Explicó Isaac sin quitarle el ojo a la pantalla.

De un salto, Julián se hizo de un hueco en el sofá en lo que sus generales interrumpían la sesión para iniciar el juego principal. El dios se metió un puñado de papitas a la boca y tras dar algunos codazos, se dispuso a comenzar a jugar.

"Esto es sin llorar, caballeros, así que concentrados."

"¿Escuchaste, Sorrento?" Bromeó Eo.

"¿Cuándo me has escuchado llorar por este juego?"

"Sin pelearse o no les salvo el pescuezo cuando los estén matando." Gruñó Isaac.

"¡Dije Concentrados!" Ladró Poseidón.

Entonces se quedó de piedra y tuvo una epifanía. Giró la cabeza hacia Krishna y los demás al sentir que éste intentaba matar de nuevo a sus compañeros, que se reían sin control de los esfuerzos del otro por machacarlos. Casi en cámara lenta miró a los generales con los que iba a empezar a jugar con él en la consola, al tiempo que abstraía su conciencia y miraba el cuadro general.

Todos tenían su mismo grado de madurez emocional. Todos eran compañeros… miró hacia Baian: leal como pocos, igual que Kaysa, pese a sus métodos no siempre eran muy nobles. Los demás… Krishna no tenía paciencia, Isaac y Eo tenían toda la voluntad, pero no estaban listos para ser maestros, pues ellos mismos aún se consideraban discípulos. Sorrento no tenía madera de profesor y Tethys… Era letal y despiadada, pero seguramente se enternecería con Sebastián y entraría en modo mamá–tiburón y no dejaría que nadie le hiciera daño a su tiburoncín.

Además que todos parecían estar en un estado de permadolescencia especialmente severo.

Hizo un puchero… En su fuero interno supo que ninguno de sus bravos generales podría enseñarle a Sebastián ni a abrocharse los cordones sin sacarse un ojo en el intento.

Palideció. ¿Y ahora? ¿Quién podría entrenar a Sebastián?

Entonces lo mataron en el juego. No se dio cuenta que había comenzado. Eo, Sorrento e Isaac lo quedaron viendo extrañados.

"¿Te sientes bien, Julián?" Preguntó Eo, en la confianza que le inspiraba la camaradería. "Te ves pálido…"

"¿No se dio cuenta que empezó el juego, señor?" Preguntó Sorrento. Julián sintió una proverbial gota deslizándose por su cabeza. Sonrió a medias.

"Me distraje un poco. ¡Comencemos de nuevo!" Dijo con una sonrisa traviesa.

Aunque en su fuero interno suspiró estresado. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¡Necesitaba un maestro para el nuevo Dragón Marino!

Se preguntaba si acaso…

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Calmando Ansiedades

… recordaba bien lo que había pasado en aquella ocasión en la Casa de Aries, cuando Mu creyó que Matilda había muerto a causa del fuego cruzado de su pelea con aquél renegado. Poco faltó para que al pobre terminaran recogiéndolo con cuchara. Axl, quien había acompañado a la pareja de curiosos, se encogió de hombros. Había escuchado la historia, pero se la tomaba…


Nota Mental: Dejen que Lizzie descanse, ha tenido mucho en estos dos días. Y cuando dije que había que tenerle paciencia a Matilda lo decía en serio. Ya van a ver como esto se desmadeja, para bien o para mal. Sobre Isa… pues también necesita calmarse. u^^ Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Has hecho un resumen más o menos acertado, Sagitarius. Los errores que cometieron los papás de Isa con sus dos hijas más se debieron al miedo y a la negación que a las malas intenciones o de preferir una hija por sobre la otra. Berenice aprovechó eso para sacarse las culpas de encima y cargárselas a su hermana menor, que tan extrovertida no era. La vida no fue justa con Isa, pero pese a todas las adversidades, crecer en la calle, la violación, la humillación pública, se encontró con un "tarado" de mejor calidad, que la adora. Sobre Sebas… lindo el chiquillo. Y como viste, este reencuentro no salió exactamente de acuerdo al plan. Pero todavía queda fic para rato. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!

El Quijote fue una excelente opción, DiosaGéminis, también lo leí en la secundaria y fui la única friki que se rió a carcajadas. Claro, ahora tendría que leerlo de nuevo, pero al menos lo recuerdo con mucho cariño. Mis gustos en lecturas son extraños, así que sigue mis sugerencias bajo tu propio riesgo. Sobre el fic… pues… ya irás viendo poquito a poco qué pasa con este lote. Paciencia. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. Como MedLinePlus en este caso. Recuerden no más que no soy médico, y que si sienten dudas, vayan a consultar con alguien que sepa, como por ejemplo, un ginecólogo. Yo no he pasado ni por la puerta de la facultad de medicina, conste.

Endometriosis: Consiste en la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero, sobre todo en la cavidad pélvica como en los ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos, en la vejiga urinaria o en el intestino. Es menos frecuente que la endometriosis aparezca fuera del abdomen como en los pulmones o en otras partes del cuerpo. Se han descrito casos raros de endometriosis incluso en el cerebro. No existe cura para la endometriosis, aunque existen diferentes tratamientos que incluyen analgésicos para el dolor, tratamiento hormonal y cirugía.

Todos los meses, los ovarios de una mujer producen hormonas que le ordenan a las células del revestimiento del útero (matriz) hincharse y volverse más gruesas. El útero elimina estas células junto con sangre y tejido a través de la vagina cuando usted tiene el periodo.

La endometriosis ocurre cuando estas células crecen por fuera del útero en otras partes de su cuerpo, como ovarios, intestinos, recto, vejiga, etc. Estos crecimientos permanecen en su cuerpo, no se eliminan cuando se tiene el periodo. Pero, al igual que las células en el útero, estos crecimientos reaccionan a las hormonas de los ovarios. Crecen y sangran cuando se tiene el periodo. Con el tiempo, los crecimientos pueden agregar más tejidos y sangre. La acumulación de sangre y tejidos en el cuerpo provoca dolor y otros síntomas.

No se sabe qué causa la endometriosis. Una idea es que cuando usted tiene su periodo, las células pueden regresar a través de las trompas de Falopio hasta la pelvis. Una vez allí, se fijan y se multiplican. Sin embargo, este flujo retrógrado del periodo se produce en muchas mujeres. Los investigadores piensan que el sistema inmunitario en las mujeres con endometriosis puede causar la afección.

La endometriosis es común. A veces, puede ser hereditaria (se pasa de madres a hijas). Probablemente comienza cuando una mujer empieza a tener periodos. Sin embargo, generalmente no se diagnostica sino hasta los 25 a 35 años de edad.

El dolor es el principal síntoma de la endometriosis. Se manifiesta como periodos dolorosos, dolor abdominal bajo antes y durante la menstruación, retorcijones (cólicos) por una o dos semanas antes y durante la menstruación (pueden ser permanentes y de sordos a muy fuertes), dolor durante o después de la relación sexual, dolor con las deposiciones, dolor pélvico o lumbago (dolor en la parte baja de la espalda) que puede presentarse en cualquier momento Ooooo… es posible que tengan una endometriosis troll y no se manifieste ningún síntoma. La vida no es justa chicas, algunas mujeres con mucho tejido en la pelvis no sienten absolutamente ningún dolor, mientras que otras con enfermedad leve presentan dolor intenso del tipo que pareciera que te están destripando. Mal.

Ante cualquier duda, de verdad, vayan al médico.