Saga tiene que reconocer que hacía muchos años que los objetos de una tienda no llamaba tanto su atención, pero al menos consiguió el taser que Anneke quería. Por otro lado, Kanon tiene una conversación con Isabella, mientras que Mu, tras luchar con una remilgosa Lizzie, recibe una visita que lo llena de ilusión.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 7: Calmando ansiedades
Centro de Atenas.
Dos Días después. 24 marzo. 10:54 horas.
Saga se sopló el flequillo y se llevó los brazos detrás de la cabeza. Tenía expresión de nunca haber roto un plato en su vida, y si bien no estaba contento, tampoco podía decirse que estaba aburrido. Aquella tienda lo entretenía: vendían de todo para excursiones, cacería y defensa personal. Todos los cachivaches que allí ofrecían llamaban su atención de alguna manera y no podía mantener su mirada en un solo sitio, sino que en todos lados había algo simpático o potencialmente útil.
Como esas brújulas para mapas de allí… o esas bandanas con filtro UV, o aquellas cocinillas plegables para ir de camping, o los binoculares con visión nocturna, o los fósforos a prueba de agua, las gorras de pesca, los mosquetones de colores, esos bastones de caminata, esas prendas de primera y segunda piel, todas esas navajas, o los cuchillos de supervivencia y…
"Mejor te concentras en una sola cosa." Le dijo de pronto Axl, aterrizándolo a la realidad.
"¡Claro!"
Saga fijó su atención en Axl y tras parpadear muy curioso, asintió con la cabeza. Solo entonces se dio cuenta que no solo el orfebre se lo había quedado viendo intrigado, sino también Anneke y el vendedor. El pobrecito se sentía algo hiperestimulado a esas alturas.
"Como niño en dulcería." Comentó el dependiente con sonrisa vendedora. Era un tipo de aspecto bonachón, enorme y con barba, con un vozarrón estentóreo que llegaba con perfecta claridad a todos los rincones de la tienda. "Luego le muestro, señor, todo lo que estaba viendo a ver si se va con algo lindo a casa." Añadió con simpatía.
Saga simplemente asintió y se pasó las manos por los ojos. Tomó aire y resopló: mejor se concentraba. Se suponía que estaba ayudando a Anneke, no viendo chucherías, por llamativas que fueran.
"¿Te siguen dando jaquecas las tiendas que llaman tu atención?" Preguntó Axl casual.
"No desde que tengo mi armadura." Respondió Saga. "Aunque a veces me gusta decir que me dan para asustar a Kanon." Confesó travieso.
Axl rió de costado y negó con la cabeza. Dejó de prestarle atención a Saga para concentrarse en lo que había sobre el mesón: tres modelos diferentes de tasers, más o menos parecidos, pero a consideración del dependiente, todos cumplían una función diferente.
"¿Está seguro que estas cosas no matan a nadie?"
"¡PARA NADA SEÑOR! Son armas, sin duda, pero estoy seguro en un 99% que no matan a nadie."
"¿Y el 1% restante?" Preguntó Saga.
"Incidentes aislados y derivados de un evidente mal uso. No es culpa del arma, sino de quien la usa." El sujetó le pasó uno de los tasers. "En buenas manos son una estupenda forma de defenderse. Seguramente van a noquear a cualquier asaltante."
"Necesito uno que pueda noquear a alguien de unos noventa kilos." Explicó Anneke. "Que sea fácil de usar y que permita escapar con holgura."
La sempiterna sonrisa del dependiente no se borró del rostro, sino que señaló un modelo que yacía sobre el mesón. El hombre era un simpático vendedor que conocía su arte.
"La señorita necesita algo como esto. Ya no me quedan en color rosado, pero es el que busca. Que yo sepa no se han reportado accidentes con este, así que es el ideal que busca si quiere protegerse usted." El hombre se puso una mano en el corazón. "Mientras no se electrocute usted misma, hasta es amigable con el embarazo."
"No, don Theo, no es para mi, es un regalo para una amiga."
"Ah, una buena amiga pensando en el bienestar de los suyos. ¿A qué se dedica la mujer?"
"Acaba de titularse como abogada."
"Iniciando una carrera peligrosa. ¡Insisto! Este es el modelo. Sé de algunos que vienen camuflados como lápiz labial, pero no tengo. Si quiere le consigo uno, aunque me tardaría un par de días. ¿Qué tan urgente lo necesita? ¿No le gustaría uno para usted?"
"A mi mujer la cuido yo, gracias." Rezongó Saga tomando el taser ofrecido y revisándolo más a fondo. "Sigo sin saber por qué Mati necesitaría uno de estos: tiene a Mu… y ya sabes lo que le pasó al último gil que intentó hacerle daño."
Anneke levantó ambas cejas: recordaba bien lo que había pasado en aquella ocasión en la Casa de Aries, cuando Mu creyó que Matilda había muerto a causa del fuego cruzado de su pelea con aquél renegado. Poco faltó para que al pobre terminaran recogiéndolo con cuchara. Axl, quien había acompañado a la pareja de curioso, se encogió de hombros. Había escuchado la historia, pero se la tomaba con calma. Le quitó el taser a Saga.
"Uno nunca sabe cuándo se podrían necesitar estas cosas, Saga. Ustedes no siempre van a estar allí. Recuerda lo que me pasó a mi." Comentó Axl a la pasada. "¿De cuántos volts es la descarga de uno de estos?"
"De unos cincuenta mil voltios, señor, pero a la persona le caen solo unos 400 a una corriente de 2.1 amperios." El hombre anunció solemne. "¿Ven? No es letal."
"Bien podría calificar como tortura." Comento Axl casi con ingenuidad.
"No es culpa del arma que haya retrasados que le den ese uso. Pero sí, le concedo ese punto." El vendedor carraspeó, sin perder su buen humor. "En todo caso, estos modelos son de defensa personal: no esperen dar disculpas, solo den el electrochoque y huyan buscando ayuda."
"Sigo pensando que Mati no debería tener uno." Gruñó Saga tomando otro aparato similar del mesón. "¿Esto está cargado?"
"Oh no, señor. No muestro la mercancía cargada. Pero si quiere…" El hombre sacó un taser de su pantalón. "Aquí hay uno cargado: me han asaltado un par de veces, me ha sacado de aprietos."
Saga tomó el taser ofrecido y comenzó a analizar el objeto. Axl levantó ambos puntos, pensando en qué hubiera pasado si hubiese tenido uno de esos cuando lo asaltaron a él y lo mataron. Sintió una gota resbalarle por la cabeza y se rió para sus adentros: con la suerte que tenía, seguramente se habría electrocutado a sí mismo intentando usarlo.
"Saga… en serio, si no fuera importante que Mati tenga un taser, no insistiría tanto." Le dijo Anneke, mientras se acariciaba la panza. Saga le sonrió con cariño.
"Sabes que confío en tu juicio amor. Aunque no sé si confío en estas cosas." Comentó muy curioso. Saga se apuntó a sí mismo. "Espero que no le moleste don Theo."
"¿Qué va a hacer, señor?"
"¡ARGH!"
Para horror del dependiente, Saga activó el taser y se dio a sí mismo un electrochoque. El pobre vendedor casi se murió de un infarto, siendo la suya la reacción más exagerada. Anneke dio un respingo de la sorpresa y Axl un paso hacia atrás, algo más sorprendido que la mujer, pero mucho menos que el vendedor. ¡Dorados tenían que ser! Debió haberlo visto venir hace horas.
"Jejejejejeje JEJEJEJEJEJEJE. ¡Esto da cosquillas!" Rió Saga divertido. ¡Por supuesto que no le afectaría mucho! "Creo que cae con un poco más de 400 volts, pero sí… a una persona normal que pese noventa kilos seguro la deja fuera de combate." El dorado le devolvió el arma al vendedor. "Aprobado: Esperemos que no sea cardiaco no más."
"¡¿E–Está bien, señor?!"
Saga ladeó la cabeza como meditando la pregunta. Al final asintió con una sonrisa, y además del taser, señaló algunos de los cachivaches que había visto hacía un rato.
"Lo llevamos… ¿y de paso me muestra esas navajas, por favor?" Preguntó muy amable. Anneke le abrazó por la cintura.
"¡Mi Vida Preciosa! ¡GRACIAS!"
Aún impactado por la sorpresa, el vendedor se limitó a tragar saliva y asentir lentamente. ¡Bueno! Al menos había hecho una venta… y si manejaba bien sus cartas, quizás podría vender algo más.
Casa de Géminis. Sala de Estar.
24 de marzo. 15:43 horas.
No hacía frío esa tarde, pero tampoco calor. Los últimos días las temperaturas habían estado más o menos estables, pero ya había varios indicios que sería un verano muy caluroso. En aquellos momentos eso de bien poco le servía a Isabella, pues estaba… rara. Si bien aún tenían mucho trabajo con el caso que llevaban, tenían nuevos datos que investigar y el descanso no parecía estar en la agenda. No obstante Dafne, con el dolor de su corazón, la había mandado con la tarde libre.
Isabella no era la mejor agente que tenía, pero sí muy valiosa y sobre todo meticulosa. Cuando enfrentaba los casos, sobre todo los complicados, no los soltaba hasta que los resolvía y no solía tolerar que una pista se enfriara, pero con todo lo que le había pasado después de la redada no estaba rindiendo al cien por ciento y Dafne se daba cuenta. Tenía que velar por sus agentes y si eso significaba darle un día libre para que pensara y se despejara, pues que así fuera. Así que la tarde anterior le ordenó que se tomara un día administrativo.
No digamos que le había caído en gracia, pero bueno… al menos estaba donde quería. ¿En qué maldito momento se había hecho tan dependiente de Kanon?
"Woof."
"Sí, sí… tienes razón, Bruno."
El viejo perro se relamió los bigotes y volvió a apoyar la cabeza sobre el regazo de Isabella, dándole un buen lametazo. En teoría se habían quedado cuidando al perro esa tarde, pero por lo visto Bruno la estaba cuidando a ella. Como que se había dado cuenta que estaba estresada y en lo que regresaba su ama, había decidido acompañarla. Era un buen perro: con razón Anneke lo cuidaba tanto. Por instantes levantó la cabeza, pero en seguida volvió a acomodarse en el sofá, dándole varios empujones a Isa, y tras resoplar con fuerza, volvió a apoyar la cabeza sobre su regazo. Gimoteó para que le acariciaran detrás de las orejas, mirando con ojos grandes y profundos a la mujer.
"Anneke te tiene muy mal enseñado, perro." Protestó Isabella, mientras se dedicaba a acariciar la cabeza del perrazo, concediendo además el prometido mimo detrás de las orejas, logrando que el perro resoplase de gusto. "Pero eres muy bueno, ¿verdad, Bruno? ¿Quién es el bueno?"
"Arrrrmmmph."
"¡Hey, Bruno!"
Kanon, desde la puerta y luciendo la armadura de géminis, llamó la atención de ambos. El perro, aunque ya era un señor canino, cual si fuera un cachorro se incorporó de golpe con las orejas alertas, presto a la orden del gemelo menor quien, tras calcular la fuerza y distancia, le lanzó una galleta de perro.
Si en efecto hubiera sido más joven, Bruno la ataja en el aire, pero le falló el cálculo y la galleta cayó al suelo. Con ánimo se bajó del sofá y olfateando buscó su premio que encontró poco después, para prácticamente respirarlo de lo rápido que se lo morfó. Kanon aprovechó y se sentó junto a su prometida.
"No sé porque a Saga le cae mal el perro." Comentó Kanon mientras se sentaba junto a su prometida. No tardó en acariciarle la cabeza. "¿Qué hacías con mi flaca, Bruno?"
"Hmph." El perro volvió a relamerse los bigotes. De un salto se subió al sofá y tras acomodarse junto a Kanon, se echó a dormir.
"A Saga no le cae mal el perro, solo lo dice por orgullo. Si no lo quisiera, habría puesto mil y un problemas a Anne para traerlo, pero ya ves: hasta le compró una cama." Isa asintió con seguridad.
"En eso tienes razón. Jejejeje… me causa risa."
"¿Por?"
"Su psiquiatra le dijo una vez que si quería tener una relación de pareja, debía comprar una planta, si pasaba un año y seguía viva, que comprara una mascota, y si al cabo de un año la planta y la mascota estaban vivos, podía buscarse novia." Kanon se sopló el flequillo. "Se saltó todos los pasos y se fue directo a lo de novia." Añadió, riendo de buena gana.
"¡No te rías de tu hermano!"
"… Y ahí ya lo ves, ni siquiera esperó a casarse y va a ser papá."
"Y tú que eras el rebelde, me has esperado todo este tiempo."
Isabella se recostó en el hombro de Kanon al tiempo que éste la rodeaba con su brazo. Su prometida lo abrazó y puso atención a sus latidos (el sonido que más la calmaba últimamente) y se dejó mimar por la presencia del dorado y de su cosmo, que aunque no sabía que estaba allí, a nivel muy inconsciente lo percibía arrullándola.
"¿Te costó mucho hacer las paces con Saga?"
Kanon se quedó callado largo rato. Su mente viajó sin permiso a los días que siguieron a la batalla de Hades y a la firma del Tratado Elíseo, que les devolvió sus vidas, que fijó las pautas con las que se estaban rigiendo hasta ahora y que se pretendía que durase por siempre. Inconscientemente Kanon comenzó a acariciar los cabellos de Isabella y pensó en su situación.
"Mucho… a veces tenemos recaídas. Hacer las paces con Saga fue difícil. Tampoco se lo puse fácil. Nos costó mucho volver a confiar uno en el otro."
"Explícate."
"La última vez que nos vimos fue cuando me dejó a morir en Cabo Sunión. Por mis propios rencores y ansias de grandeza, azuzé al otro… y fue el otro quien dejó a Saga indefenso para que Ares hiciera y deshiciera con él como quisiera."
"¿El otro?"
"Su otra personalidad. Sabes que Saga es esquizofrénico…"
"Sí, pero tiene que ser el más responsable que he visto. Ni se le nota. Eso y tiene un buen médico."
"Oh sí, ese chaparro es un genio. ¡Ojalá que no se muera nunca!" Exclamó Kanon. "Además… pues… dicen que la personalidad múltiple no existe, pero Saga desafía eso. Yo vi al otro… no debí haberlo estimulado… fue lo peor que le pude haber hecho a mi hermano."
"…"
"Tras la batalla de las doce casas, cuando Ares y el otro quedaron en evidencia, Saga se suicidó. En sus últimos momentos el cosmo de Athena purificó al otro, para que mi hermano pudiera morir en paz y no dividido. Luego vino lo de Hades… y lo del Tratado Elíseo."
"Cuando los revivieron a todos de nuevo."
"Exacto… Athena se aseguró que Saga solo sería él mismo, sin que nadie más compartiera su mente. Hasta ahora el otro no se ha manifestado, aunque sé que Saga le teme. ¡Pobre Maldito!" Kanon tomó aire. "Fue difícil… Teníamos mucho rencor entre los dos, no nos hablábamos ni nos veíamos. Queríamos hacer las paces, pero no sabíamos cómo. Por fortuna Shion estaba joven de nuevo e intervino… como todos los demás a medida que nos íbamos reconciliando entre nosotros. Fueron tiempos difíciles."
Isabella asintió y suspiró apenada. Se mantuvo en silencio un rato, sin saber qué decir. Ella misma no podía sacarse de la cabeza la mirada de sus padres, ni su propio rencor. Al mismo tiempo que quería mandarlos por un tubo a freír monos al África, moría por recuperarlos, cosa que hasta ahora ni siquiera sabía que necesitaba.
"Es mi único hermano. Es uno de los más fuertes de la orden, pero emocionalmente es muy frágil e inseguro. ¿Sabías que quería hacerse asceta? ¿Para no molestar? No quería ser carga para nadie. Cuando me lo dijo quería matarlo a golpes. ¡La soledad lo iba a matar sin necesidad de terceros!" Kanon se detuvo pensativo. "Me asusté mucho… no quería quedarme solo." Reconoció en voz muy baja.
"¿Saga un asceta? ¡Pero si no sirve para estar solo!"
"Pero salió con esa estupidez de todos modos. ¡Nos costó una buena pelea! Nos dijimos de todo y hasta destruimos la mitad de Géminis." Kanon suspiró. "Terminamos abrazados llorando como críos de cinco años. No fue fácil… pero valió la pena."
Isabella apretó los ojos y de un movimiento se sentó en el regazo de Kanon, acurrucándose aún más contra su pecho. Suspiró y lloró un poco, mientras se dejaba consolar. Sabía que tenía que hablar con sus padres, que tenía que vencer sus miedos, lo sabía, pero no le resultaba fácil. ¡Muchas noches al frío, con hambre! Y lo peor de todo es que simplemente la habían descartado, o eso sentía… ¡Tantos años pensando en eso como verdad absoluta! Que iban por la vida con una hija menos, tratando de recomponer sus mundos y borrar su existencia del recuerdo… pero bastó la aparición de su inesperado hermano menor para remecerle las bases y que le entraran dudas a esos preceptos tan inamovibles que sentía en su corazón.
Tenía que escuchar su versión de los hechos… Sería un trago amargo, pero de pronto sentía la necesidad vital de hacerlo.
"Después de la muerte de nuestro maestro… todo se nos hizo muy oscuro y comenzaron nuestros problemas. Parecía que eso nos había aniquilado como hermanos y que ya no habían puentes entre nosotros. Pero… sí teníamos cosas en común. No siempre hubo odio, eso vino después… cuando recordamos eso, se nos hizo más fácil."
"¿Crees que eso me ayude a conversar con mis padres?"
"¿Crees que te hará feliz dejar las cosas en paz?"
"Estoy intranquila. No sé cómo recuperar mi paz interior. Creo que sí me dejaría en paz." Isabella lo miró a los ojos. "Al menos me dejará tranquila saber su versión."
"Si los perdonas sería un bonus… si me lo preguntas creo que ellos solo quieren recuperarte."
"¡Que no cuenten con ello! No sé si podría hacerlo de inmediato, ¡Hasta tengo otro apellido, Kanon!" Isabella se mordió el labio y meditó bien lo próximo que iba a decir. "No me puedo cerrar a esa posibilidad, ¿verdad?"
"Si quieres mantenerla abierta… pues, ahí sabrás." Kanon se encogió de hombros. "Nunca se sabe lo que va a pasar hasta que pasa."
Isabella le sonrió a Kanon por breves instantes. Ahora estaba más tranquila, aunque su temor no había desaparecido del todo. Su prometido siempre hacía que las cosas parecieran más fáciles de lo que en verdad eran, pero eso era bueno, pues la tranquilizaba un montón. Sin dudarlo mucho lo premió con un buen beso, tan tierno y sensual que hasta parecieron compartir el alma con el otro.
Kanon sonrió para sus adentros, sintiéndose muy mimado por cierto: estos besos se estaban haciendo mucho más comunes y le incentivaban otros pensamientos e ideas respecto a qué hacer cuando tuviera más permisos. Comenzó a acariciarle la espalda y…
"¡GUAU, GUAU, AUUUUUUUH!"
Bruno saltó del sofá con toda su velocidad de perro anciano, y comenzó a correr a velocidad de abuelito hacia fuera de la sala de estar. Ambos se separaron entre asustados por lo repentino del saludo, como con pudor. La voz de Anneke y Saga saludando se dejó oír desde fuera del templo. Por lo visto venían con compras y querían ayuda. Isabella se puso de pie y se arregló las ropas.
"… Vamos a ver que trajeron para la cena… o para el bebé: con esos dos nunca se sabe." Le dijo mientras lo ayudaba a ponerse de pie.
"Esta mañana trajeron un taser."
"Al menos no fue gas pimienta."
"Cierto: seguro se habrían rociado todo eso en la cara los dos."
Isabella le hizo un gesto a Kanon y tras tomarle la mano, salieron los dos de la salita de estar tras los pasos del perro y en dirección de las voces. Antes de salir, y mientras pensaba ideas poco decorosas, Kanon miró al techo.
¡Vaya! Debería haber estudiado psicología. ¡Al menos así podría cobrar!
Ooooh…
No era tan mala idea.
Casa de Aries. Piso Residencial.
Más tarde ese día. 24 de marzo. 19:12 horas.
Frunció el ceño, preocupado, pero se cuidó de sonreír casi en seguida, dado que Lizzie no le quitaba los ojos de encima. Mu acomodó el biberón e intentó acariciarle los puntitos de la frente, para estimularla a comer mejor, pero la beba protestó apartando el rostro y llevándose por instinto las manos a la frente, como si no quisiera que nada le rozara la cara. Mu suspiró apenado, pero no derrotado y, tras limpiarle los restos de leche que había escupido, volvió a ofrecerle el biberón, que aceptó sin chistar y a comer de nuevo.
"Al menos come con más ganas, es un avance." Dijo Axl muy concentrado.
"Seeeee… come. Poco, con razón está por debajo de su peso."
"Los niños no son anoréxicos, no se matan de hambre. Vas a ver que gana peso." Axl infló los cachetes en una actitud muy pensativa e idéntica a la que a veces ponía Mu. "Deberíamos darle leche de yak… no estas fórmulas raras."
Mu se sopló el flequillo y puso cara de concentración. Pensaba lo mismo que su papá, pero se contuvo de opinar. Sabía que las fórmulas eran más nutritivas, sobre todo la que le estaban dando a la peque, pues habían sido diseñadas para este fin específico. Lo de la leche de yak era más bien algo cultural y con el dolor de su alma debía ignorarlo. Cierto, era diferente a la leche de vaca, pero no cubriría las necesidades nutricionales de su hija. Además… alimentar a Lizzie había probado ser algo muy frustrante. De partida la beba se ponía tiesa y no había fuerza en la naturaleza que la incentivase a abrir la boca si alguien intentaba darle el biberón en brazos. No, tenía que estar como ahora, recostada en algún lado. Del mismo modo, en teoría, a los diez meses ya debería haber comenzado a comer sólidos, pero fue evidente que no había probado alimento distinto de la leche. De a poco tendrían que introducirlos en su dieta. ¡Por Athena! Quizás como la habían alimentado, aunque se notaba que sin ningún esmero. Por eso estaba bajo el peso que debería tener. Sentarla a comer y convencerla de aquello fue traumático para todos los implicados, tanto que mejor prefirieron darle de comer de este modo.
Lizzie tampoco lloraba con ganas, apenas hacía ruidos. Eso perturbaba un poco a Mu, pues notaba en los ojos de la pequeña que se embotellaba mucho estrés y miedo dentro, pero no lo soltaba. Con nada. Trataba de mantenerse en silencio todo lo que podía, lo cual a todas luces no era sano. Otra cosa que había notado Mu en esos días, era que no dormía toda la noche, se pasaba mucho rato despierta, pero de nuevo, no lloraba ni pedía que la atendieran.
Al menos los biberones que le habían estado dando ese día se los estaba acabando con gusto.
"Y eso es, un biberón menos…"
"Ahora viene el otro drama."
Mu dejó la botella a un lado y tras ponerse un pañal en el hombro, tomó a la beba y la acomodó para sobarle la espaldita. Lizzie no pareció reacia, todo lo contrario, ni bien estuvo en contacto con el lemuriano se aferró a él con todas sus fuerzas y se acurrucó en sus brazos.
"¡Hey! ¡Eso fue una sonrisita!"
"¿De verdad?"
"Claro. Acabo de verlo." Axl, cuidando de no toparle el rostro a la niña, le revolvió los cabellos. "Tiene que estar muy confundida, pero te quiere la enana."
Mu asintió con algo de tristeza y continuó su tarea. Lizzie, aunque trataba de pasar lo más desapercibida posible, daba mucho trabajo y Mu se sentía muy solo. Hacía un par de días que Mati no se aparecía por Aries y aunque llamaba para preguntar cómo estaba todo, eso lo tenía muy asustado. No la iba a juzgar, en serio, le iba a dar su espacio, pero de verdad necesitaba a su chica con él. Racionalmente sabía que no podía imponerle algo tan gigante como el cuidado de su beba, menos tan pronto, pero… pero… pero… la pequeña necesitaba a su mami. ¡Perdón! A Mati.
"No sé si sea capaz de esto."
"¿De cuidar a Lizzie?"
"Sí… no sé si pueda, o si tengo lo que necesita… ¿Y si lo arruino?"
Axl suspiró sin saber qué decir. No podía dar mucho consejo, dado que si bien era padre, nunca tuvo la oportunidad de ejercer ese rol. Se pasó la mano por el cuello, tratando de pensar en algo qué decir, sin que sonara hipócrita. Miró a Mu de soslayo, con pena y suspiró… solo podía hablar desde su experiencia.
"Cuando tu mamá se puso pecosa, salió corriendo del baño sin la máscara. Tenía pecas por todos lados, la cara y los brazos. Se puso muy nerviosa y no quería que nadie la viera. Se encerró en el baño y me mandó a comprar una prueba de embarazo para lemurianas en el acto." Comentó con nostalgia. "Y ahí estaba yo en la farmacia, procesando lo que había pasado y muerto del miedo, sin saber qué prueba elegir. Me sentí como un tonto preguntándole a la dependienta cuál prueba era la que servía."
"Si estaba pecosa es porque sí estaba embarazada, papá."
"¡Lo sé! Con los nervios se nos olvidó a los dos. Ni siquiera nos habíamos planteado ser padres y eso que llevábamos un buen tiempo de casados."
"¿Fui una sorpresa?"
"Más o menos. Y nos asustaste un montón, PERO… Lo único que queríamos era que nacieras y bien." Axl le dio una palmada en la espalda. "A lo que voy es que todos tenemos miedo. Ten paciencia con Matilda: tiene que estar muy asustada. Respeta sus tiempos."
"¿Pero y si me deja solo? No puedo imponerle esto, no es justo… no… no le gustan los niños… aunque estoy convencido que sería muy buena mamá… Se veía muy linda con Lizzie en brazos. ¿Viste como la acunaba?"
"Jejeje, ¿en verdad crees que te va a dejar solo? ¿De verdad? Puede que esté asustada, y no la culpo, pero… ¿dejarte solo con lo que te ama?"
Mu no dijo nada, pero tuvo que reconocer en su fuero interno que su padre tenía razón. Shion le había dicho algo parecido en la mañana, y no creía que se hubieran puesto de acuerdo para darle el mismo discurso. Sonrió aunque sin saber si estar más tranquilo. Lizzie hizo algunos ruiditos y dio pataditas.
"A propósito, ¿dónde está Kiki?"
"Argh. ¡Pues donde lo dejé la última vez!"
La pregunta sobre el paradero de su pequeño aprendiz le agrió el humor a Mu. Habían pasado algunos días y si bien había ido a verlo para asegurarse que estuviera a salvo, no tenía ni la más pálida intención de sacarlo en al menos dos semanas. Mu caminó hasta el moisés de Lizzie, en donde la dejó con cuidado, quizás lamentando que la nena no tuviera una piel de apego.
"¿No crees que Kiki ya tuvo suficiente castigo?"
"No. Me desobedeció con descaro y se metió en un problema con la policía. ¡Que se quede preso un buen par de semanas más!" Gruñó el dorado sin ocultar su enojo.
"Es cierto, pero si lo dejas tanto tiempo, se puede resentir. Considera que Kiki ha tenido muchos cambios en su vida los últimos meses. ¡Es un niño! No debe ser fácil para él lidiar con todo."
"Tiene que aprender a que no debe hacer lo que le cante el…"
"… ¿El qué?" Lo atajó Axl muy serio.
Mu se cruzó brazos e infló los cachetes, igualito a como lo había hecho su padre momentos antes. Como que Axl tenía razón, como que ya era suficiente castigo, pero él también tenía razón: Kiki tenía que aprender a que todo acto conlleva deberes y responsabilidades, no solo derechos. Sin mencionar que ya estaba harto de sus trastadas, que insistiera en ellas y que no le hiciera caso. Resopló frustrado. Igual… la idea de dejarlo dos semanas en la cárcel era un tanto… exagerada.
"Desobedeció a su maestro, se arriesgó innecesariamente y estorbó a la policía. Eso es grave." Dijo de pronto Lümi, entrando a la sala. "El aprendiz debe saber bien cuál es su lugar. Si no lo hace ahora, cuando porte la armadura no tendrá disciplina alguna."
La amazona se acercó a su hijo y le dio un abrazo, luego tomó la mano de Axl y tras darle un fugaz beso, se inclinó sobre el moisés para saludar. Lizzie, al verla, abrió mucho los ojitos y le estiró una mano. Lümi se la tomó con cuidado y le hizo algunas caras.
"¿Cómo están esos ojitos hoy, muñequita?"
"Pero Lümi, Kiki solo tiene trece años, ¡seguro lo hizo para llamar la atención!" Lo defendió Axl. "Es la edad difícil: todos pasamos por ella." Lümi y Mu se soplaron el flequillo al mismo tiempo.
"Si Mu quiere dejarlo un día más, es cosa suya. Él es su maestro, sabrá lo que hace." Dijo la lemuriana, con las manos en las caderas.
"Err… claro." Dijo Mu sorprendido. Eso no se lo esperaba. "Pues… claro, un día más."
"Tú sabrás hijito. Te apoyo en lo que hagas." Entonces Lümi sonrió traviesa y se abrazó a Axl. "Vine a buscar a tu padre. ¡Nos vamos!"
"¿No quieres tomar algo antes?" Ofreció Mu, perplejo.
"¡Para nada! Axl me dijo que me llevaría a tomar café a Atenas."
"¿Dije?" Axl intercambió una mirada con su esposa, quien le guiñó un ojo con coquetería. "¡Claro! Siempre hay tiempo para un café."
"Vayan, yo me las arreglo aquí." Les sonrió Mu. Lümi le pellizcó con suavidad la mejilla, antes de abrazar a Axl.
"Nos vamos hijito, aunque te dejamos en buena compañía. Nos vemos mañana. Adiós"
"Adiós Mu."
Sin mayor preámbulo, Lümi se teletransportó Athena sabe dónde junto con su esposo, dejando a su hijo solo en Aries. Mu suspiró como apenado y se quedó viendo a Lizzie, quien se chupaba las manos. ¿Acaso tendría más hambre?
"Una vez más, somos tú y yo…"
"Ahem…" El inesperado carraspeo hizo que su corazón se saltara un latido. No esperaba compañía, pero reconoció esa tos. "¿Kiki sigue preso?" Preguntó de pronto Matilda, nerviosa a morir.
Mu giró la cabeza hacia la puerta de entrada, en donde Matilda (quien por lo visto llevaba un buen rato allí) estaba de pie, sujetando un paquete más o menos grande. Junto a ella y en el suelo estaba su maleta, pero su cerebro no la registró de momento. La chica se puso roja como un tomate y Mu se sintió de pronto muy nervioso. Abrió y cerró los puños cuando sintió que las manos se le ponían heladas y caminó casi por inercia hacia Matilda, quien también daba algunos pasos nerviosos hacia él. Se encontraron a medio camino y se miraron un buen rato.
"Discúlpame… yo… tenía algunas cosas que hacer y…"
Matilda no terminó de hablar. Su lemuriano la abrazó y besó con ganas, aferrándola como si se fuera a desvanecer en cualquier momento. Apenas logró soltar el paquete que traía con ella. De pronto aquellos días que habían estado separados exigían una compensación…
Lo demás podía esperar.
En su moisés, Lizzie prestaba mucha atención a lo que pudiera pasar.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Tomando decisiones.
"Todo suma, le voy a preguntar a mi tía si conoce alguno o si sabe de alguien." Suspiró Mati, mientras mecía a la niña. Mu se sentó a su lado y la rodeó con el brazo. "Por cierto, ¿Quién la vistió? Parece un payasito fosforescente. ¡Pobre!"
"Err… ¿Tú también?"
"¿Yo también qué cosa?"
Nota Mental: ¿Acaso pensaron que los iba a dejar sin Lizzie de nuevo? Sí, la nena tiene que subir de peso, me dicen que unos tres kilos, lo cual en alguien tan peque como ella puede ser algo complejo. ¿O que nadie pensaría en Kiki? Pues ahí tienen. Como buen aries, a Mu todavía le dura el enojo con su aprendiz, pero ténganle paciencia, que el pobre anda un poco hormonal y ha pasado por una montaña rusa emocional de aquellas: es solo un hombre, no hace milagros. Al menos parece que Mati volvió con él. Es cosa de ver qué harán esos dos. Y sí, Saga salió con más cosas de las que pretendía de aquella tienda. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
