Mu y Mati aceptan y abrazan su destino, lo cual no solo va a ser bueno para Lizzie, sino que además ayudará a que su sentido de la moda no se estropee. Lejos de Atenas, Berenice reflexiona sobre el hallazgo de su hermana menor y trata de obtener más información sobre lo que está ocurriendo. Ciertos villanos en serio deberían considerar no hacer enojar al Santuario.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


Capítulo 8: Tomando decisiones

Casa de Aries. Piso Residencial

24 de marzo. 19:26 horas.

Oh sí, lo había echado de menos. Y por las pintas él también la había extrañado a horrores, se le notaba en la manera en que la abrazaba, acariciaba los contornos y dedicaba toda esa devoción en aquél beso. Así tranquilito como lo veían, hasta incluso tímido, porque lo era, era capaz de derrochar pasión en un solo beso y hacerla sentir como si realmente fuera la única mujer deseable del universo. Ventajas de salir con un aries, le habían dicho sus amigas de la universidad.

Terminaron el beso, pero no se soltaron: se miraron a la cara sonriendo como idiotas, pero pronto las dudas comenzaron a derramarse por los ojos. Matilda se sintió pésimo… en esos días las dudas casi le habían destrozado el estómago y no había podido tolerar la idea de que el hombre que amaba ahora tenía una hija, no por celos, sino por terror inadulterado a que se le pidiera tomar un papel que estaba segura fallaría espectacularmente. En contradicción a lo anterior, había comprado una piel de apego y leído varias webs sobre cuidado infantil, solo por si acaso. Era como si algo en su interior estuviera rasguñándole la conciencia sobre toda la situación, como animándola a dar un salto de fe.

La noche previa su tía había hablado con ella… no digamos que sus tíos tenían la mejor opinión de como llevaba su relación con Mu, y ambos tenían todas las alarmas encendidas respecto de este nuevo giro de los eventos, pero sabían ubicarse. Catalina se había sentado con su sobrina y la regañó, diciéndole que independiente de lo que ella pensara sobre como manejaba su vida, tenía que entender que Mu había tomado una decisión importante y que las opciones que Mati tenía no eran muchas: o lo apoyaba o lo dejaba hasta ahí, pero si elegía apoyarlo, no podía ser a medias, o de lo contrario todos saldrían muy malheridos. Lo que estaba haciendo al no querer ir a Aries era evadir la toma de decisiones y eso no le hacía bien ni a ella, ni a Mu ni a… Lizzie.

Su tío de plano había gritado desde la cocina que dejara al lemuriano y ya.

Ahora que veía a Mu a los ojos entendía aún más lo que su tía le había dicho y le bajó un cargo de conciencia tremendo que le heló todo el estómago. Le dio vergüenza mantener la mirada del dorado y apartó el rostro.

"Soy una imbécil." Matilda soltó a Mu y tomó aire. "No fui capaz de venir… no es que no te quiera, o a Lizzie, pero… yo…" La chica resopló para quitarse la frustración de encima. "¿Es muy infantil si reconozco que me muero del miedo?"

"No. Te mentiría si te dijera que no estoy asustado yo mismo." Le dijo estirando una mano para acariciarla. "Discúlpame por haberte puesto en esta situación… y por no haberte buscado."

"¿Por qué eres tan comprensivo? ¡Al menos enójate conmigo!"

"Eso es una pérdida de tiempo. Admito que… me dolió que no estuvieras, más porque estoy tan asustado como tú, y te necesité, pero… ¿qué saco con enojarme si no sé qué hubiera hecho yo en tu lugar? Además fueron solo unos pocos días." Mu se encogió de hombros. Quería besarla de nuevo. "Al menos tú tienes la opción de irte."

Matilda hizo un puchero y dejó caer dos lagrimones. Como que eso la hizo sentir aún más rata que nunca. Se tapó la cara y sollozó en silencio, y erizó la espalda cuando Mu la abrazó de nuevo. Ella no perdió tiempo en corresponderle, y mientras duró aquél contacto, de pronto tuvo una extraña certeza… como que el mundo era más seguro cuando Mu la abrazaba y que cualquier locura que cometiera en esos momentos, con su lemuriano a su lado hasta sentido tenían.

"Por favor no te vayas." Le suplicó de pronto Mu. "No te puedo amarrar con nada, no puedo impedir que te marches, no tengo nada que ofrecerte, pero por favor, quédate conmigo. ¡No puedo hacer esto solo!"

"No me voy a ir, te amo demasiado." Matilda tragó saliva. "No es justo que te dé un apoyo a medias… me quedo. No tengo idea que estoy haciendo, pero…" La chica levantó la mirada. "Me quedo."

"¿De verdad?"

"Sí."

"¿Crees que podamos lograrlo?" Le preguntó Mu casi en un susurro. El dorado estaba acostumbrado a los desafíos, pero este le intimidaba de manera especial. "O sea, sé que hay parejas que no logran continuar juntas cuando se han convertido en padres por accidente… sean estables o no, pero…"

"… También hay casos de parejas que lo han logrado." Matilda le sonrió con cariño, mientras le apartaba un mechón de la cara. "Creo… que tenemos una buena posibilidad. Independiente de lo que pase con nosotros. ¿Cómo está Lizzie?"

Mu le besó la frente y le tomó la mano. La guió hasta el moisés en donde la beba estaba tendida: remolona se chupaba las manos, haciéndole pelea al sueño, como siempre. El muñequito de amigurumi que Mati le regalase el otro día estaba allí y su pierna derecha seguía envuelta en vendajes. Cuando la nena se dio cuenta que Mati se había asomado a su campo visual, abrió los ojos a más no poder y le tiró las manos, dando pataditas ansiosas y haciendo pucheros, totalmente concentrada en Matilda. Todo en ella parecía decir ¡No me abandones, Quiéreme, seré buena!

"¿No debería poder sentarse?"

"No lo ha hecho por sí misma, pero si la siento se sostiene bien sola. Hay un montón de cosas que debería estar haciendo, pero no hace. No balbucea, cuesta que coma, no duerme… está con el peso bajo y el doctor que le revisó la pierna dice que puede que nunca se recupere de esta lesión. Cojeará toda su vida. Va a necesitar mucha terapia." Mu hizo un puchero desolado. "Aioria ya se ofreció para ayudarla con eso."

"¿Puedo cargarla?" Matilda preguntó en voz bajita, casi avergonzada, incluso sorprendiéndose a sí misma y sin quitarle la vista de encima a la pequeña.

"… Claro… Si… si vamos a hacer esto juntos… pues… eres su mamá. Claro que puedes."

La pareja intercambió una cristalizada mirada por varios instantes, en los que Lizzie insistió en estirar los brazos, gimoteando quedito. Matilda reprimió un par de sollozos y besó a Mu en los labios, antes de volverse hacia Lizzie, a quien alzó en brazos con temeroso cuidado y la acunó en su pecho. Ambas suspiraron aliviadas, la una porque por fin la habían alzado en brazos y la otra porque por fin tenía de regreso a Lizzie con ella.

¡Vaya!

No había notado que lo necesitaba.

¿Cómo era posible que eso la aliviara si apenas la había cargado unos instantes la vez pasada? Se sentía como si le hubieran quitado el mundo de encima. ¿Qué clase de maldita era que había sido capaz de dejarla sola tantos días con sus noches? ¡¿Con todo lo que había sufrido ya la pobrecita?! El pensamiento la hizo sentir muy mal, al tiempo que sentía como los engranajes de su cerebro y corazón se adaptaban para hacerle espacio a la nena. ¡Quizás qué horrores había visto y vivido!

"Te ves muy bien."

"Adulador. Tú también luces guapo cuando la cargas. ¿Qué dice Kiki?"

"No tiene ni idea: se va a llevar una sorpresa cuando lo traiga a casa."

"¡¿Sigue preso?! ¿Cuándo irás por él? Pobrecito."

"Cuando se me pase el enojo." Gruñó Mu, cruzándose de brazos. Últimamente el dorado estaba muy voluble: tenía cambios de humor bastante extremos que seguro eran hormonales. Mati le miró coqueta.

"Supongo que se te va a pasar esta noche. Me voy a asegurar." Afirmó mientras le guiñaba un ojo. Mu le puso una sonrisa de oreja a oreja.

"¡¿Te vas a quedar?!" Le preguntó lleno de ilusión.

"Sí… toca comenzar a darle rutinas a Lizzie, y que me vea más seguido, ¿no lo crees? Ahí están mis cosas: Lo que sí tengo que volver a casa de mis tíos en unos cuatro días más, pero solo será un par de noches." Matilda miró a la niña en sus brazos y le hizo una cara divertida. La beba la miró algo extrañada.

"¿Gú?"

"¿Tú qué me miras, Guatita?" Le preguntó Mati con alegre cariño.

Elizabeth suspiró de alivio y puso la cabeza justo por encima del corazón de Mati, dispuesta a escuchar sus latidos. Eso le dio una linda sensación a la chica, porque además sus dudas parecían esfumarse con velocidad. Podría acostumbrarse a esta sensación.

"Ya podrías comenzar a considerar seriamente mudarte aquí, preciosa." Le sugirió Mu mientras revisaba el vendaje de la pequeña. "Hmpf…"

"Lo pensaré seriamente en un mes o dos, amor." Mati puso cara de pregunta cuando Mu tomó a la niña de sus brazos. "¿Pasa algo?"

"Está sangrando su piecito. Quiero ver cómo está la herida."

El lemuriano quitó el moisés del sofá y tendió a la niña sobre una mantita que Mati ayudó a estirar rápidamente sobre los cojines. Entre ambos acomodaron y sujetaron a la beba para poder ver bien su herida: al parecer se había pasado a llevar uno de los puntos, pero nada de gravedad. Mu avisó a la enfermería por medio de la cosmonet y ajustó el vendaje de manera provisoria. En ningún momento Lizzie emitió otro sonido que no fuera gemidos disconformes, porque ni siquiera se atrevió a patalear. Se notaba sí que no estaba contenta con la situación, que le asustaba, pero de alguna manera se la veía con ganas de confiar en ellos.

"… debería estar llorando a gritos…" Notó Matilda apenada.

"No la he vuelto a escuchar llorando como el primer día. Gimotea y… sé que duerme poco, está siempre alerta a menos que la arrulle con mi cosmo." Mu se sopló el flequillo. "Es la única manera de lograr que se duerma."

"Esa no es la idea, amor, tiene que aprender a dormirse sola." Mati se quedó viendo a Lizzie a los ojos, notando con horror que esos pequeños cristales se embotellaban mucho miedo. Tuvo la horrible sensación que la niña seguía en modo de supervivencia, y que no lograba aún sentirse segura del todo. "Tiene que estar juntando mucho estrés. ¡Mira esos ojitos de lucero!"

"Como que aprendió a no hacer ruido por miedo a que le pase algo."

"Tiene que botar todo eso de algún modo."

Mu asintió e hizo un puchero. Aldebarán, Máscara de la Muerte, Shiori y Aioros le habían hecho el mismo comentario ese día. Y él también lo veía: Lizzie seguía asustada, sin sacarse todo el terror del pecho. Tendría que hablar con Isabella, saber más de la niña, de qué clase de pervertida red la habían rescatado. No había tenido tiempo de hacer más averiguaciones, solo quería mantener a su niña lejos de ese ambiente del que nada quería saber (o comenzaría a destruir cosas). A lo más se había enterado a la pasada que los abogados tramitaban la regularización de la adopción de la niña, cuando esa mañana lo habían visitado para que firmara unas formas legales: únicamente porque era un lemuriano adoptando a una lemurianita huérfana que los trámites se habían agilizado casi un ochenta por ciento, pero eso sería todo. Vio como Mati volvió a tomar a la niña y la acunaba en brazos, cuidando de no alterar su piecito.

"¿Crees que haya psicólogos para esta edad?" Preguntó Mu compungido. "Idril me dijo que pusiéramos algo de aromaterapia por aquí, que podría ayudarla…"

"Todo suma, le voy a preguntar a mi tía si conoce alguno o si sabe de alguien." Suspiró Mati, mientras mecía a la niña. Mu se sentó a su lado y la rodeó con el brazo. "Por cierto, ¿Quién la vistió? Parece un payasito fosforescente."

"Err… ¿Tú también?"

"¿Yo también qué cosa?"

Mati lo miró arrugando el ceño y Mu le devolvió la mirada como sorprendido a mitad de una travesura. Se quedó viendo a su hija sin poder encontrar porqué Mati decía que parecía un payasito fosforescente. La nena no llevaba calzas, pero si un vestidito de volantes color rojo furioso, con detalles en naranjo intenso en el borde de los volados, sin mencionar un enterito color verde neón bajo el vestido, que seguro podía verse a cien kilómetros, o el zapatito de color morado que llevaba en el pie izquierdo.

"No le veo lo malo." Confesó Mu travieso. "Shiori me preguntó si acaso estaba daltónico o si la había vestido a oscuras." El dorado sonrió amable. "A mí me gusta." Mati negó con la cabeza.

"No amor. No vuelvas a vestirla así. ¡Estos colores la deben tener histérica a la pobrecita! Vamos a cambiarle ropa."

La chica se puso de pie y se adentró hacia las habitaciones, en busca del nuevo cuarto de Lizzie. A Mu no le quedó otra opción más que seguirla, aunque antes fue por la maleta de Mati y por el paquete que había tenido en sus brazos cuando había llegado y que seguía en el suelo. Frunció el ceño curioso al recogerlo del suelo, pero aguantó la respiración aturdido al inferir de qué se trataba. Teletransportó las cosas de Mati a la habitación que compartían y corrió a la de Lizzie con su descubrimiento en los brazos.

La beba estaba sentada en la cuna, mirando con atención a Matilda, que rebuscaba entre toda la ropa que le habían regalado, combinando mejor las prendas. Por lo visto a los lemurianos les gustaban los colores fuertes para vestir a sus niños, pero se las ingenió para encontrar algo más calmado para vestir a la niña. Mu se le acercó nervioso con el paquete en las manos.

"¿Y esto?" Preguntó aguantando la respiración. Matilda se puso como tomate.

"Err… pues… ábrelo."

"¿Es para Lizzie, verdad?"

"Sí…"

"¿Sabes lo significa este regalo?" Insistió Mu aferrando el paquete en sus manos.

"… Sí. El maestro Dohko me lo sugirió, yo… me muero del miedo, pero… quiero compartir esto contigo, si me das la oportunidad. Sé lo que significa… ¡voy en serio! No es apoyo a medias, te amo y voy contigo hasta el final." Matilda se mordió el labio. "Sé que me escapé y los dejé solos, que a lo mejor no… no pueda, pero…"

"Yo también quiero compartir a Lizzie contigo, Mati… De otro modo no voy a poder…"

Mu se detuvo al sentir las manos de Matilda sobre las suyas. Al cabo de un rato sonrió y abrió el paquete, revelando una piel de apego nueva, de tamaño normal. Dejó caer el envoltorio al suelo y se la quedó mirando intensamente. Mati se puso aún más roja.

"Es de ovejita… está muy linda." Por instinto, Mu enterró la nariz en la piel e inspiró profundo, mientras sonreía.

"Errr… me dijeron en la tienda que tenía que dormir un par de días con eso, por el olor o algo, así que por eso está abierto… yo… ¿Huh?"

Mu le puso la piel sobre la cabeza y le frotó los cabellos como si se los estuviera secando con una toalla. Volvió a besarla, casi ansioso. Lizzie, desde la cuna, no se perdía movimiento alguno, curiosa al ver como su papá besaba a Matilda. Fue cuando de pronto la cubrieron con algo peludito y suave y… Lizzie hizo un puchero. ¿A qué olía esto? Le gustaba la sensación. Le daba seguridad. ¿Así olía una mamá acaso? Mu la levantó con todo y piel y tras abrazarla la puso en brazos de Mati, volviendo a besarla.

"Eres una dulzura de mujer, mi amor."

"Grrr. ¡Gú!" Protestó Lizzie, quien se tapó la cara con su piel, antes de acurrucarse en el regazo de Mati.

"Seguro se lo dices a todas, Mu." Afirmó la mujer, mientras maniobraba a la niña para quitarle la piel, sorprendiéndose al encontrar algo de resistencia por parte de Lizzie. "Estira eso sobre el mudador para cambiarle de ropa será mejor."

Con una sonrisa, Mu obedeció.


Residencia Dellas. Litoxoro, Grecia.

19:56 horas.

Tenía el celular en la mano, pero no parecía prestarle mucha atención. Mantenía la mirada fija en la ventana, directo al cielo, ignorando ex profeso las casas que había cerca. Quizás intentaba traspasar toda la geografía y fijarse en el océano. Aquella ventana daba al este, por lo que no se podía ver el macizo del monte Olimpo, que se encontraba justo en la posición contraria. Aún había luz diurna, aunque esta ya tenía aquella tonalidad del atardecer. Estaba a oscuras, pero se negaba a encender las luces.

No había radio ni televisión, todo estaba apagado. Berenice se encontraba en silencio y ciertamente no quería encender nada, presa por sus pensamientos. La noticia que unos días antes le hubieran dado sus padres, y el motivo del porqué no querían regresar aún de Atenas, había sido como una puñalada hirviente justo en el corazón, y hasta las palabras le había arrancado de cuajo.

Suspiró cansada. Saber que la hermana que creía muerta estaba muy viva le había provocado una jaqueca que hasta le había hecho sangrar la nariz y que la tuvo varias horas echa bola en su cama, soportando el dolor. ¡No! Que no se la malinterprete porque no era odio o rencor lo que había motivado tan violenta reacción, sino remordimiento, dado que Berenice sabía perfectamente que habían sido sus acciones y maldades las que habían matado a su hermana.

Y ahora le decían que estaba viva. Nunca se imaginó tal escenario, pero… ¿Con qué cara la miraba? Era su hermana mayor, se supone que debió haberla protegido. Lo curioso es que no recordaba haberla odiado, solo… era su chivo expiatorio. La persona perfecta a quien echarle la culpa y seguir con la imagen de intachable ante los ojos de sus padres, mientras eso le permitiera pasarlo bien. Ese egoísmo extremo había orillado a tamaña debacle y no solo sus padres habían perdido una hija, sino ella una hermana… que llegó a apreciar con los años, cuando ya no estaba, a quien echó de menos cuando no estaba allí para reclamarle ni gritarle… cuando se vio sola y sin amigos y comprendió que a lo mejor esa puberta reclamona podría haber sido su cómplice y apoyo cada vez que intentaba una nueva rehabilitación de drogas. Quizás hasta le hubiera costado la mitad del tiempo volver a estar limpia.

Berenice sentía que le faltaría vida para arrepentirse por haber matado a su hermana. Y ahora le decían que estaba viva y no quería ni saber de ellos. ¡Así que el pequeño Sebastián tenía razón en su corazonada!

Francamente no la culpaba si no quería verlos. Sus padres no la buscaron como debieron haberlo hecho, abrumados por el dolor de aquella horrible noticia y que ella misma estaba a punto de morir en un hospital, sumado a que la hija que creían perfecta era en verdad una vil embustera que no merecía esa confianza. Casi podía sentir el horror, alivio y felicidad de sus padres de descubrirla con vida, pues era el mismo que sentía ella, pero también sintió la acidez en el alma cuando le dijeron del rechazo. ¿Quién podría culparla, si la dejaron a la deriva cuando en verdad debió estar contenida y protegida?

Era su culpa.

Le dolió el corazón y se le atenazó la garganta, apretó los ojos, dejando escapar las lágrimas. Miró al techo y suspiró. Su hermana estaba viva, pero la que se sentía muerta ahora era ella. Seguramente la había odiado todo este tiempo y ese pensamiento le hacía tener la impresión que había perdido el derecho de conversar con ella, como solía hacerlo todas las tardes, más o menos a la misma hora, cuando entablaba en su mente monólogos eternos y discusiones sobre el día a día que imaginaba que solo su hermana escuchaba. ¿Con quién conversaría ahora? Con nadie.

Pero se lo merecía. Por haberla matado.

Miró la hora en el celular y suspiró de nuevo. Sus padres sufrían un infierno en esos momentos, por saber que la hija que creían muerta estaba viva y no sabían cómo acercarse. Sólo necesitaban un empujón en la dirección correcta, pues sabía que debían estar aterrorizados. ¡Por Poseidón! Tenían una oportunidad única y no la estaban aprovechando por miedo. Cierto, los comprendía, ella misma estaba aterrada, pero… necesitaban recuperar a su hija. ¿Ella? Suficiente daño había causado, y estaba acostumbrada al odio y a ser la decepción de la familia. Hora de arreglar un poco el karma…

Abrió la aplicación de mensajería de su celular.

"Sebita, ¡Evita que los viejos se regresen a Litoxoro sin que hablen con 'Bella al menos una vez más!" Envió sin dudarlo. Segundos más tarde llegó un mensaje.

"Me han preguntado un montón por ella. Como la encontré y esas cosas." Decía el texto. En seguida llegó otro. "No se animan a contactarla, y eso que sé cómo…"

"Tienes recursos." Le escribió lacónica. "¡Ingéniatelas para que se reúnan de nuevo!"

Berenice buscó el contacto de su padre y comenzó a escribir otro mensaje, ignorando de momento la respuesta que le envió seguramente Sebastián. Cuando estuvo listo, lo leyó con atención antes de enviarlo.

"¿Cuándo se van a reunir con 'Bella?" Luego de que envió el mensaje, tuvo que esperar varios minutos antes que su padre respondiera.

"No nos quiere ver."

"Lógico." Escribió Berenice muy práctica. "¿Se dan cuenta que esta es la única oportunidad que tienen?"

"Sí…" Fue la respuesta de su padre. "Pero no nos quiere cerca. Ni siquiera quiso escuchar nuestra versión de los hechos… ¿Puedes culparla? Yo no."

"Hasta la comprendo." Escribió Berenice, quien frunció el ceño decidida, mientras derramaba algunas lágrimas más. "¡Insistan! O se ponen porfiados o la perdemos de nuevo. ¡Al menos reúnanse para gritarse a gusto! Pero es momento que planten los talones y luchen por ella."

Berenice envió el mensaje con mucha decisión, pero el corazón apretado. En vista que su padre se tardaba en responder el mensaje, seguramente lo estaba comentando con su madre, revisó el que tenía pendiente. En efecto, era de su hermano, que no tardó en leer.

"Tengo una idea, creo que puede resultar. Te aviso si sirve."

La chica esbozó una sonrisa y dejó el celular a un lado. Como que le creía a su hermano, el chiquillo era astuto y sabía manejar bien las cosas a su favor. Volvió a mirar por la ventana, esta vez más tranquila, pero no menos dolida.

Quizás… quizás resultase algo.


Atenas. Burdel "La Cambo"

21:34 horas.

"Grandchild nos va mandar matar si no recuperamos a esa niña."

Gómez apagó el cigarro, pero en vez de encender otro, tomó un sorbo largo de su whiskey de mala calidad. La parte del bar de aquél burdel tenía bastante público y sus chicas estaban ocupadas. No obstante, no había tanta gente como para no tener privacidad y a Jackson no parecía importarle mucho tampoco. Los parroquianos de aquél sitio sabían en mayor o menor medida que los negocios que se conducían en aquél antro no eran del todo legales, por lo que tenían el cuidado de no preguntar mucho ni meterse en asuntos ajenos.

"No quisiera estar en los zapatos del que nos delató a la policía. Todo ha estado muy silencioso, ¡eso no me gusta!" Jackson apretó los nudillos. "En cualquier momento nos cae la policía encima, ¡Tienes que cerrar!"

"He quemado todos los papeles que nos incriminan. Si llegaran a este lugar, solo encontrarían un bar de mala muerte." Gómez encendió otro cigarro. "Esta es la última noche que mis chicas pasan aquí, mañana estaremos en otro sitio."

"No basta con eso. ¡Seguro ellos te seguirán la pista hasta allá! ¡Toda la operación…!"

"Está detenida en tanto tengamos a esos policías sobre nuestros cuellos. Al menos a nuestro nivel." Gómez expulsó humo por las fosas nasales. "Grandchild ya tomó los resguardos necesarios en los niveles altos y cambió la sede… ¡Pero Quiere a esa Criaja!"

"Costó casi tres millones de euros. ¡Por supuesto que no quiere devolver ese dinero! Seguro ya lo tiene invertido en otro negocio." Dijo Jackson entre dientes. "El comprador seguro es tan peligroso como Grandchild, quiere aquello por lo que pagó tan caro."

"El problema es que si no la llevamos con él… habrá represalias. ¡Y tiene que ser antes que la niña cumpla el año!" Gómez dejó el cigarro unos instantes solo para acabarse el whiskey. "No veo la diferencia, podrá entrenarla igual de bien y seguro que cuando la venda a los cinco años recupera la inversión al doble."

"Magnates mañosos, ¿qué quieres que te diga?" Jackson dio un golpe a la mesa. "Deja eso de lado, no es nuestro problema. ¡Lo que quiero saber es como la recuperamos! ¡Maldita sea, Gómez! Me he pasado los últimos días vigilando el Santuario y solo he visto a la mocosa en dos ocasiones, cuando ese santo la llevó ayer quizás quien sabe dónde y cuando regresó en la tarde con ella." El tipo se revolvió los cabellos. "No puedo infiltrarme al Santuario, no con lo vigilado que está."

"Hmm… Entonces lo que te voy a decir te interesa bastante."

"Pues habla que no tengo paciencia para juegos."

"Sabes que soy asistente social."

"Entre tus muchas habilidades, maestro de ceremonias."

"Trabajo para los juzgados de menores, eso lo sabes: de ahí sacamos mucha de la mercancía que vendemos fuera. El caso de esa niña está a cargo de mi oficina…"

"Lo sé, supe de tu enfrentamiento con Shion de Aries la noche de la redada." Jackson le dio un golpe en la cabeza. "¿Qué tienes entre las orejas? ¿Aire? ¡¿Cómo se te ocurre enfrascarte en una discusión con ese sujeto?!"

"¡Estaba desesperado!" Gómez le dio una última bocanada a su cigarro y lo apagó en el cenicero. "El asunto es que sé algunos movimientos. Están legalizando la adopción de esa niña, ¡no podemos hacer nada por frenar eso! Pero… sé que la están llevando con distintos especialistas en el hospital de niños, ya sea para tratar su rodilla o comprobar el resto de su salud."

"¿Y eso en qué nos beneficia?"

"Sé cuándo la sacan." Gómez le pasó un papel con algunos horarios. "Y también sé que ese santo no es el único con acceso a la chiquilla. Tenemos que tener paciencia."

Jackson tomó el papel y lo leyó fingiendo desinterés. La información que leyó, no obstante, le resultaba bastante útil. El tipo miró de soslayo a Gómez, que encendía nuevamente otro cigarrillo.

"¿Nuestros demás colaboradores?"

"No son un problema. No hay nada que los ligue a nuestra operación, así que por ese lado no hay peligro."

"¿Y Rango?"

"Escondido."

"¿Crees que lleguen a los padres de la niña?"

"Son carbón hace rato. Ni siquiera los echaron de menos." Gómez exhaló una gruesa fumarola de humo. "Y que conste que los lemurianos suelen fijarse en estas cosas."

"Debimos mantener con vida a la mujer. Habríamos podido sacarle buen dinero y quizás más mercancía."

"Ya no lo hicimos. Una lástima: luego usaremos esa idea más adelante si salimos de esta."

"Hmpf. Claro, lo que digas." Jackson se puso de pie. "Iré a ver qué hago con esta información."

El sujeto se arregló las ropas y se alejó de aquella mesa, caminando entre los clientes, borrachos o sobrios, que se divertían en aquél lugar. Ernesto Gómez se echó en la silla y se concentró en su cigarro, fumándolo con más calma y pensando en las movidas que haría en la mañana para tratar de salvar algo de aquella operación… y en recuperar a la beba antes que fuera demasiado tarde para ellos.

No, no podrían quitársela a un santo de Athena… tendría que esperar entonces a la siguiente mejor opción.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Desahogo.

… ruido bastante normal en el Santuario, seguro se trataba de alguien que estaba entrenando o a lo mejor el mismo Aioros que estaba trabajando en la mantención de los pasadizos secretos. Mati ni siquiera dio un respingo, pero Lizzie se puso tiesa y buscó con la mirada por donde podría venir el peligro. Gimoteó de susto un buen rato e incluso dejó caer unos lagrimones que le rompieron el corazón a la mujer. El miedo que se embotellaba la beba fue demasiado evidente…


Nota Mental: Por cierto, y esto en relación al capítulo anterior, apoyo la lactancia materna ante todo y sobre todo, directo de su envase natural. Hice alusión a que Lizzie está tomando una fórmula especial para ayudar a que suba de peso, porque la pobrecita no tuvo acceso a lactar como debía y por lo visto a nadie se le ha ocurrido buscar una nodriza. Lo bueno de este capítulo es que finalmente Mati se ajustó la falda y asumió que tiene hijita nueva, lo que en serio le bajó la ansiedad a Mu un montón. Ahora falta que saque a Kiki de la cárcel: el chiquillo ya tuvo suficiente castigo. Claro… todavía tengo que convencer a Mu. Sobre Berenice… tiene que arreglar un poco el karma que pende sobre ella: ojalá sus padres se armen de valor e insistan con Isa, pero tal como se dijo, puede que Sebas ayude a eso. El chiquillo tiene recursos. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


¡Sagitarius! Mil perdones, por alguna razón no me llegó la alerta de tu review a mi correo y solo cuando entré a moderación vi lo que me dejaste. La reunión de Isa con su familia salió mal por donde la mires, pero en honor a la verdad no podía salir de otro modo, considerando lo intenso y repentino de la situación. Al menos Isa contaba con el apoyo de Kanon, que vaya que hace méritos como prometido. Mati y Mu tenían dudas a rabiar, pero compréndelos: su situación es tan bizarra y literalmente navegan a ciegas, pero como viste en este capítulo… si caminan juntos y se apoyan uno al otro, poniendo algo de esfuerzo, puede que salgan bien parados. Dohko y Flos son un encanto de pareja y sobre Julián… bueno, tan permadolescente como sus generales. XB ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Con calma, DiosaGéminis, siempre es un agrado saber de ti. Reconozco que lo que le pasó a Saga me pasa todo el tiempo, muchas veces he vuelto a casa sin haber comprado el objeto por el que salí a comprar, aunque vuelvo con cosas que sí necesitaba, pero no con urgencia. A Saga esa tienda le fascinó, casi se la compró toda. El vendedor quedó con un buen susto, pero al menos no perdió la venta y tiene una gran anécdota que contar en casa. Estoy viendo qué puede estudiar Kanon, psicología es una de las opciones, aunque con lo que se le viene encima, supongo que no tendrá mucho tiempo. De momento se contenta con apoyar a su flaca, que en verdad necesita toda la contención del mundo. Sobre el despiste de Lümi y Axl… entraron en pánico, nada más, y eso hizo los puso atolondrados. Pasa. Y no, claro que no es sano que Lizzie se trague todo el llanto: es malo para un adulto, no va a serlo para una beba de edad tan tierna. Pero ya le conseguirán ayuda. Y sí… Mu se puso meloso. La verdad no lo culpo n.n: el tipo salió bien querendón de los suyos. Ahora lo ideal sería que saque a Kiki de la cárcel XD. A propósito… ¡Neurología! Mujer, tienes mis respetos y admiración oOo. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.

Piel de apego: Me costó encontrar una buena definición de esto que no estuviera en tiendas online, como el sitio Alma de Oveja. Me preguntaron qué es una piel de apego… pues… la verdad yo no sabía que estas existían hasta que una colega que trabaja conmigo, quien es antropóloga, le compró una a su nene recién nacido. Fue cuando supe que hay un boom de este producto en los últimos años, y que se están reutilizando partes del animal que si no fuera por esta demanda, terminaría en la basura o en algún incinerador. Un poco de reciclaje nunca sobra, pero no es lo mejor de todo… pues con esto se está rescatando una tradición milenaria de estas latitudes (aunque todavía tengo que confirmar esa información)

¿Qué es una piel de apego? Pues vamos por partes. (Como dijo Jack el destripador)

Son cueros de ovejas de no más de tres centímetros de grosor, que no bota pelusas y que no producen alergias. En el caso de las que se utilizan en Chile, se trata de pieles de ovejas magallánicas curtidas con altos estándares que, por su naturaleza, estimulan el crecimiento infantil, el apego materno y son bastante durables si se las cuida bien. Son pieles anti hongos y de acuerdo con mi colega antropóloga, regulan la temperatura naturalmente por ser ricas lanolina (o algo así). Esto mantiene a los nenes calientes cuando hace frío y no los hace transpirar en verano, lo cual evita resfríos. Lo interesante aquí es que también se pueden usar en el suelo sin que se dañen, ya sea para que el infante juegue a gusto o… para que un adulto pueda hacer yoga. Esta misma colega me decía que la piel de apego absorbe el olor de los papás, lo que tiene el muy positivo efecto de calmar al bebé cuando duerme sobre la piel, o simplemente cuando se acurruca en ella.

Lo curioso es que me vengo a enterar ahora que esto de las pieles de apego es una tradición mapuche del sur de mi país, pero esto tengo que confirmarlo. Ni modo, a consultar a mi colega a ver si sabe algo… no más que no me salga con una cátedra doctoral al respecto.

Lo que sí puedo confirmar, es que estas pieles también las utilizan en hogares de ancianos, para enfermos que llevan bastante tiempo postrados y me sorprendo con que en una clínica muy prestigiosa de mi país las están usando en la unidad de neonatología, para apoyar a los bebés prematuros. Como que me alegra que no estén ignorando esta tradición y si le hace bien a los peques, pues soy la primera en apoyar la iniciativa. n.n