Julián se acerca a Saori para cobrar un favor, pero digamos que no alcanza a hacerlo. Mati tiene una conversación esta vez con Lizzie, pues le preocupa que no llore. No sabe como cobijar a su pequeña, y ahora solo la guía el instinto. Por su parte Isabella cae en una trampa y deberá enfrentarse a una situación de la que no puede huir.


¡FELIZ IDUS DE MARZO! *O* AMO LOS IDUS MARTII, ME ENCANTAN. Claro… como que a Cayo Julio César no opina lo mismo, pero bueno. Que no se queje que sí le advirtieron que se cuidara la espalda ese día y le pasa por no hacerle caso a Calpurnia o al vidente ese. ¡El que avisa no es traidor! Del mismo modo, conste que les advertí que este día me vuelvo más extraña de lo normal. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.

Capítulo 9: Desahogo

Plaka, Atenas.

Dos días después. 26 de marzo. 9:30 horas.

El barrio de Plaka a esa hora era primoroso y ya bullía de actividad. Podían verse varios grupos de turistas sacando fotos y curioseando entre los locales, pasando un buen rato. Saori sonrió animada: adoraba ver gente divirtiéndose y pasando un buen rato. Ella misma estaba pasando un buen rato: se encontraba con Julián y Paulina en un café, esperando sus pedidos respectivos. Esa mañana el dios y su esposa la habían sorprendido con una invitación a charlar fuera del Santuario. Algo debía querer, pero no había logrado desentrañar sus intenciones.

El mesero llegó con el pedido y sirvió las tazas, que al menos ella recibió con gozo. Fugazmente miró hacia una mesa contigua en donde Aldebarán, quien la cuidaba ese día, charlaba amistosamente con Baian y Eo.

"¿Entonces no has tenido noticias de ese renegado que sigue suelto?" Preguntó Julián casual. Saori negó con la cabeza.

"No todavía, pero Shura estás detrás de una muy buena pista. El tipo ha demostrado ser muy hábil esquivándolo." La diosa bebió un sorbo de su café. "Estoy convencida que lo atrapará antes de la boda de Kanon."

"¿Cómo están los plateados que aún no recuperan su cosmo?" Preguntó Paulina honestamente preocupada.

"Siguen igual, los visito todos los días y converso con ellos. ¡Es tan raro tratar de contactarlos! Se sienten tan… acrílicos. No tengo otra palabra para describirlo."

"No han usado sus cosmos, ¿o sí?"

"No. Shaka está muy atento y me consta que ha tenido algún contacto con los cosmos de los plateados, pero muy vago… ha servido para darles ánimos, eso sí."

"Todo suma, sobrinita. Ya verás que pronto Shura cumple con su misión: me consta que está siendo muy meticuloso al buscar a ese renegado." Poseidón bebió un sorbo de su café. "Kaysa me dijo el otro día que se lo encontró en el Pireo rastreando una pista: dice que las sigue hasta el mismo final.

"¿Te extraña Julián?" Comentó Paulina con firmeza. "Ese sujeto le cortó el cuello a su novia y le mandó una foto del cuerpo. ¡Como para meterlo en un tanque de pirañas!" Añadió cruzándose de brazos.

"Shura no lo quiere matar. Solo le quiere dar una paliza y llevárselo a los calabozos una temporada antes de encerrarlo en la prisión de Cabo Sunión." Athena suspiró. "No sé cómo me hace sentir eso: no quiero que se ciegue por la venganza, pero por otro lado… Selene me caía muy bien."

"Te entiendo, sobrina, pero no juzgues a tu santo por querer cobrarse esa deuda."

"No, nunca lo haré."

"A propósito, ¿supiste que encontré al sucesor de Kanon?" Comentó Poseidón a la pasada.

La verdad, el real motivo por el cuál Julián había invitado a Saori a desayunar era precisamente ese. Tras tener esa epifanía en la que descubrió que ninguno de sus generales serviría para entrenar a Sebastián, y tras haber debatido largo y tendido al respecto con Paulina, había llegado a la conclusión que el maestro ideal para el cachorro de dragón sería nada más ni menos que Kanon de Géminis. Claro… si este aceptaba tal encargo. El problema era que si bien podía chantajearlo para que aceptara, como que no tenía energías ni ganas de meterse en un lío con Athena que rompiera alguna cláusula del tratado vigente. Ahora intentaba aplicar una solución que Paulina le había sugerido: cobrar un favor de vuelta… ¿pero cuál?

¡Fácil!

Un par de encarnaciones atrás, hacia el año 1500 de nuestra era, la entonces encarnación de Athena, una adolescente de 16 años, había aceptado una invitación de Dionisos a una de sus fiestas en Venecia. Si bien no había pasado nada extraño, había terminado borracha como cuba y para colmo de males, la entonces encarnación de Poseidón había terminado sacándola de un aprieto bastante peliagudo y vergonzoso. Cuando se recuperó, la infantil diosa en aquél entonces le rogó a su tío que no le dijera nada ni al Patriarca de aquellos años ni a Zeus, sabiendo que Dionisos no diría nada (por buen amigo y por temor a que lo fulminasen a él de paso). Poseidón había aceptado sin pensar mucho en ello.

Ahora, siglos después, tenía la oportunidad perfecta de cobrar ese favor de vuelta y quedar al mismo tiempo en la posición del ganador.

"¿Encontraste al Dragón Marino? ¡Qué buena noticia! Kanon algo comentó al respecto. ¿Qué edad tiene, quién es?"

"Tiene quince años y algo de protocosmo tiene. Se llama Sebastián Dellas y refleja muy bien la personalidad de un dragón marino."

"Es el hermano menor de Isabella." Añadió Paulina, conociendo bien las intenciones de su esposo.

"Oh sí, También me contó. ¡Pobre Isa! Estoy muy pendiente de ella." Saori bebió un sorbo de su café y le dio una mordida a su media luna. "Tengo que llevarme algunas de estas al Santuario: Idril va a flipar."

"Sí, algo sé sobre lo que pasa con Isabelita." Comentó Poseidón. "No sé si el muchacho acepte llevar la escama que por derecho le corresponde, pero si lo hiciera… no tengo quien lo pueda entrenar y…"

"¡Tengo una Idea Genial!" Interrumpió Athena muy comedida y quizás entusiasmada. "Le preguntaré a Kanon a ver si quiere entrenarlo."

Paulina tuvo que morderse la lengua para no echarse a reír. Julián se quedó pálido mirando a su sobrina, quizás levemente mortificado. Antes que pudiera cobrarle el favor que le debía la diosa, ésta iba y ofrecía su ayuda. ¡Eso no era cobrar un favor! Quedaba en deuda con Athena una vez más. Y diplomáticamente no podía hacer nada al respecto. Sonrió galante: ni modo, mejor le seguía el juego. Ya le cobraría sentimientos más adelante.

"¿Kanon? ¡Qué buena idea! ¿Crees que acepte?"

"No pierdo nada con preguntar. Capaz acepta. Y no te preocupes por nada, en el caso que diga que sí, puede entrenarlo tanto en mi Santuario como en Atlantis o donde él estime. ¿Te parece? Lo que sí… recuerda que se casa pronto, así que no lo presiones."

"¡Para nada! Sé lo que es estar recién casado." Julián le guiñó un ojo a Paulina, quien seguía aguantándose la risa. "¿Cierto señora Solo?"

"Cierto, señor Solo."

Saori sonrió y tomó su taza para beber otro sorbo de café, ocultando así su sonrisa.

"¡Touché!" Dijo mentalmente la diosa.


Casa de Aries. Piso residencial.

Más tarde ese día. 26 de marzo. 15:43 horas.

Estaba sola en Aries en esos momentos, Mu había ido a sacar a Kiki de prisión. Por lo visto su maniobra de arreglarle el mal genio a su borrego la noche anterior había resultado bastante bien, con el bienvenido efecto secundario que ella también había terminado con el ánimo en las nubes. El santo de Aries había partido a eso del mediodía (quiso retrasar su partida todo lo que pudo) y le constaba que sería un trámite algo engorroso por tratarse de un aprendiz de santo y porque había llegado tarde a propósito, por lo que no los esperaba de vuelta antes de dos horas más. Como Mati se quedaba cuidando a Lizzie, le habían dado la tarde libre, aunque muy a regañadientes por parte de Vardalos.

La chica se asomó a la cuna y se encontró con la mirada de la beba, cuyos ojitos bien despiertos no se perdían detalle. Lizzie se chupaba una mano, mientras aferraba el muñeco de amigurumi con la otra: le esbozó una sonrisa.

"Veo que cuidas de Tips." Mati metió la mano y le hizo algunas cosquillas en la panza. "¿No deberías estar durmiendo, Guatita?"

Como respondiendo a su pregunta, Lizzie bostezó, pero la ignoró por todo lo demás. Mati frunció el ceño mientras veía a la niña regodearse tranquila en su piel de apego, con la cual se tapó la carita. Casi se sentía maldita por interrumpirla para darle su biberón: Mu le había explicado cómo dárselo, pero le perturbaba tener que sujetar la botella mientras la nena permanecía recostada en la cama.

"Es hora de comer…"

Lizzie la ignoró y siguió chupándose las manos. Mati hizo un puchero: no era experta en niños, hasta ese momento los había evitado como a la plaga, pero había estado leyendo. Lizzie tendría que estar haciendo un montón de cosas que hasta ahora no daba luces de querer hacer. Alisa esa mañana lo había notado, lo mismo Milo. ¿Cómo afectaría luego eso a su desarrollo intelectual y afectivo? ¿Cómo la estimulaba para que comenzara a aprender? Necesitaba hacer algo.

WAAAAAM. PLAAAAAF.

Fuera de Aries hubo un estruendo fuerte. Un ruido bastante normal en el Santuario, seguro se trataba de alguien que estaba entrenando o a lo mejor el mismo Aioros que estaba trabajando en la mantención de los pasadizos secretos. Mati ni siquiera dio un respingo, pero Lizzie se puso tiesa y buscó con la mirada por donde podría venir el peligro. Gimoteó de susto un buen rato e incluso dejó caer unos lagrimones que le rompieron el corazón a la mujer. El miedo que se embotellaba la beba fue demasiado evidente… y supo que eso era lo que más daño le hacía.

Tenía que sacárselo del pecho, debía desahogarse.

"¿Vienes con Mati?" Le preguntó con una sonrisa. Lizzie no le dio bola, por lo que la chica volvió a hacerle cosquillas en la panza. "No hay nada qué temer, estás con Mati."

"Buuu…"

"¿A qué le temes, gordita?"

"¡Gú!"

"Está bien si no me quieres decir. ¿Vienes conmigo?" Insistió con el tono de voz más calmado que podía encontrar.

"¡Agú!" Lizzie solo la miró parpadeando adorablemente: la nena le estiró las manitos. Matilda, sin perder la sonrisa, se las ingenió para tomarla en brazos con todo y piel de apego.

"Tú y yo haremos algo entretenido." Le dijo mientras la aferraba contra su pecho y la sacaba de su habitación.

Matilda tomó el biberón antes de salir y enfiló hasta un sillón que había en la sala. Allí se sentó y aunque le costó, acomodó a Lizzie de manera tal que quedó recostada en sus brazos. Tenía una corazonada… no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero bueno, era mejor que nada. Comenzó a mecerla.

"Yo no tuve mamá, aunque eso es algo injusto con mi tía. Ella me crió… claro, yo era un poco más grande que tú cuando me adoptó. Y ni fue una adopción propiamente tal, simplemente tomó mi custodia legal, junto con mi tío."

Lizzie hizo algunos pucheros. Se aferró a su piel de apego y la miró temerosa. La beba pareció olerla sin saber si agarrarse a sus ropas o no. Mati siguió meciéndola, sin dejar de verla: tarareó una canción casi sin pensarlo. Por su parte la beba comenzó a tranquilizarse: la voz de la mujer la arrullaba un montón y si bien no era el cosmo de su papá, no le importaba. Le miraba como hipnotizada, como si pudiera relajarse por fin… por instinto volvió a olerla, como buscando algo familiar que le recordase seguridad. Esta mujer tenía los ojos iguales… pero… una imagen en su cerebro, muy fugaz que duró una fracción de segundo… se vio en la misma pose, sostenida por otra mujer que tenía ojos distintos… y que pese a los ruidos horrorosos que le rodeaban, le sonreía y cobijaba.

Pestañeó. Esa mujer había desaparecido; en su lugar quien la sostenía tenía la misma sonrisa, pero los ojos iguales. La olió de nuevo e hizo un puchero… ¿y si ella también desaparecía? Era una beba, no podía recordar mucho, pero a un nivel inconsciente se le había grabado a fuego que había estado comiendo en la misma pose en la que estaba cuando de pronto la arrancaron de los cálidos brazos de quién la protegía. Se sucedieron gritos, golpes y movimientos muy bruscos y violentos… la metieron sin mucho cuidado a una caja oscura, en donde había chillado hasta que se cansó…

… y nunca más volvió a sentir esos brazos amorosos.

Lizzie miró a Matilda con los ojos aguándose de lágrimas. La chica supo que la peque estaba aterrada. ¡Maldita sea! ¿Qué atormentaba a esta niña? ¿Cómo poder arrancarle eso del corazón?

"¿Sabes que estoy aquí verdad?"

"Agú…." Gimió haciendo pucheros y resoplando.

"Está bien si lloras, guatita… no pasa nada."

WAAAAAM. PLAAAAAF.

Ese estruendo hizo que Lizzie se pusiera tiesa, pero que se impulsara hacia adelante con fuerza, casi clavándole los deditos a Mati, quien solo atinó a contenerla y seguir meciéndola, sin asustarse, aunque con el corazón en un puño al sentir como la niña tragaba aire como queriendo llorar de terror, sin explotar en llanto. Le dio palmaditas en la espalda y al cabo de un rato se la acomodó para poder verla a la cara.

El enorme puchero en la carita de la niña hubiera sido adorable, sino estuviera temblando de miedo. Por instinto, Matilda le tocó los puntitos en la frente y le dio un leve masaje.

"Mami está aquí." Matilda se tragó la lengua. "¡Digo! Mati, Mati está aquí." Se corrigió con una sonrisa, mientras le daba seguridad y le acomodaba la piel sobre los hombros.

Al sentir el masajito en la frente, las pupilas de Lizzie se contrajeron al mínimo posible. Eso le produjo una reacción en cadena que ya no pudo contener y que estalló en el momento en que Matilda hizo su comentario. Lizzie obviamente no entendía nada de lo que decía, pero sí entendió de pronto que…

… estaba a salvo.

Olió por instantes ese aroma de seguridad, de cariño… que no percibía desde que la habían metido a aquella caja por primera vez. ¿A ella podía pedirle ayuda? ¿Mati la iba a proteger? ¿La metería en la caja si lloraba? No había tiempo para dudas ni respuestas. Tomó otra bocanada de aire…

"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Y por fin encontró sus pulmones.

Mati la arropó mejor con la piel de apego y la aferró contra su pecho, cuidando cada tanto que pudiera respirar, conteniéndola como mejor podía, sin tener idea de lo que estaba haciendo. La dejó llorar tranquila, mientras la mecía, en tanto intuyera que esos llantos eran de desahogo. Simplemente siguió su instinto.

La próxima vez que alguien aterrorizara a Lizzie de esta manera, *ella* se encargaría de hacerle la vida imposible al culpable.


Oficinas de Interpol. Atenas.

16:45 horas.

¡Claro! Poner en práctica la conversación con Kanon le estaba costando bastante, e Isabella sabía que estaba poniendo su trabajo como excusa para no contactar a nadie. Había recibido algunos mensajes de Sebastián, en los que le preguntaba cómo estaba y si necesitaba algo, pero ella solo lo había dejado en visto, lo que a su vez había generado una serie de mensajes que iban desde el drama pica cebollas hasta las bromas más extrañas que hubiera leído en mucho tiempo. Su hermanito tenía ingenio, lo reconocía.

Apretó los dientes: como que le daban ganas de conocerlo algo más a fondo.

"¡Maldita sea, Isabella! ¡Concéntrate en tu maldito trabajo!"

La mujer atacó el informe que estaba redactando, a sabiendas que no se escribiría solo. La redada había terminado dando más trabajo del esperado y no podía permitir que quedaran cabos sueltos. Al menos, y eso era la mejor parte, es que habían logrado ubicar a tres niños raptados de sus hogares, entre ellos el chiquillo que Alessandro Ferraro había rastreado desde Italia, Doménico Mazza. Algo me habían comentado sus colegas que habían visto la reunión y que sus padres no cabían en sí de contento.

Pensó en sus padres.

Isabella se sopló el flequillo y miró al techo.

"¿Qué tengo que hacer para olvidarme de todo eso?"

¿Quería olvidarse de ellos? Apretó los ojos y con rabia pensó en todos los años que pasó como sin techo y sin identidad, viendo lo peor de las calles y coqueteando con lo más oscuro del submundo criminal. Casi podía recordar con demasiada claridad el día que había decidido ayudar a ese detective que le ofreció un gyros a cambio de información, y que sin duda fue el punto de quiebre que la ayudó a salir de la miseria en la que solita se había metido.

No había visto la reunión de la familia Mazza, pero sí había visto a sus padres. Se sacudió los cabellos… igual necesitaba cerrar ese círculo aunque nunca más quisiera verlos en su vida, pero… ¡¿Tenía que pasarle esto JUSTO ANTES de casarse?! Ni siquiera se había hecho la ilusión de estar con sus padres, no. Tampoco iba a hacer una gran fiesta, para nada… todo era sencillo, ella no quería boda de princesa, solo algo lindo y con sentimiento que pudiera recordar hasta que se muriera de vieja.

Casi sin pensarlo miró su calendario… en dos días más tenía agendado ir a ver un vestido. Se sopló el flequillo: no tenía ni la más parida idea de qué podía ponerse encima ese día. Tenía un remolino de emociones tan bipolar que hasta se lo había comentado a su terapeuta.

¿Qué dirían sus padres si supieran…? NAAAAH. Isabella sacudió con fuerza la cabeza, para quitarse ese pensamiento de encima. Ni siquiera quería acariciar la idea

Mejor se concentraba en el reporte… y en analizar las pistas sobre el origen de Elizabeth, que por cierto no llevaban a ninguna parte. Entrecerró los ojos: ¿de dónde habían sacado una niña lemuriana tan pequeña? Esa mañana habían ido a un centro comunitario lemuriano a preguntar al respecto. Esa etnia era pequeña y contando notables excepciones, no perdían de vista a sus pequeños. Seguro que la desaparición de una niña con heterocromía habría resaltado, pero lamentablemente nadie sabía nada y de paso habían horrorizado a media comunidad al notificar de este hallazgo y las condiciones en las que la habían descubierto.

Aunque con lo chismosos que eran ya sabían a esas alturas del altercado que había tenido Shion de Aries en la redada y que Mu de Aries había adoptado a la pequeña. Si la niña había tenido un nombre antes de que la encontraran, este se había esfumado en el aire: ya todos la conocían como Elizabeth Lüntz.

Por cierto, la había visto la tarde anterior. ¡Parecía una muñequita de porcelana! Sus ojazos solo contribuían a darle ese efecto. Era preciosa… claro… tenía que hablar con Mu para que no la vistiera tan… tan… como payasito.

Tweet Tweet.

Isabella fulminó su celular con la mirada. De un manotazo lo tomó y revisó los mensajes. ¡Argh! Ferraro. ¿Todavía seguía en Grecia? Ya lo hacía de regreso en Italia al muy metiche.

"Tengo un problema con la policía. ¿Crees que puedas salir? Necesito ayuda. 17:15."

"Hmpf." Escribió Isa y envió sin asco.

Ni modo, tocaba ir, seguramente al mismo sitio de siempre. La chica tomó sus cosas, su identificación y su arma, y se levantó de su asiento. Se acercó al box de Pietro y con una seña le hizo saber que iba de salida a hablar con el informante, que este respondió con un ademán de cabeza y un gesto que le indicaba que se fuera pronto. Mientras salía del edificio se amarró el cabello en una cola y tras tronarse el cuello, salió del edificio. Sin embargo al poco caminar tuvo una sospecha. Pietro ni siquiera había hecho el intento de acompañarla… eso daba como para pensar.

No llevaba mucho caminando, cuando una voz llamó su atención.

"¿Isabella?"

Se le heló la espalda. Isabella giró sobre sus talones y tratando de disciplinar su cara para no desbordar ningún tipo de emoción que no fuera neutral, enfrentó a su madre. Levantó ambas cejas: ella no estaba sola, su padre también estaba allí. Tragó saliva, y por lo visto ellos también. Resopló para sacarse la ansiedad de encima y se obligó a relajar las manos.

"Señores Dellas."

Se sentía atrapada, pero… sabía que no debía huir (ganas no le faltaron). Era hora de enfrentar esto o de verdad no podría recuperar nunca la paz mental. Necesitaba su vida de regreso.

"¡Por favor no te vayas!" Le suplicó Constanza.

"¡Danos esta oportunidad! Necesitamos hablar, 'Bella, por favor." Le pidió su padre dando un paso hacia ella.

"¿Hablar de qué? Estoy trabajando…" Isa retrocedió un paso y no pudo ocultar algo de sorpresa en su rostro, y un anhelo: hacía años que no la llamaban de esa manera y en ese tono de voz.

"Seguro puedes unos momentos, no pedimos más de media hora, ¡por favor!"

"Entendemos que estás ocupada. Pero necesitamos hablar contigo." Insistió su padre. "Solo será media hora, nosotros…"

"… Nos urge disculparnos contigo, 'Bella." Le dijo su madre. "Acéptanos un café, no pedimos más."

Isa apretó la línea de sus labios, tratando de mantener de ese modo la disciplina, pero sabía que las emociones podrían estar escapándosele por sus ojos. Tuvo algo de acidez y perdió sensación en los dedos. No, no podía escapar de esto, y si lo hacía, la perseguiría por el resto de su vida. O se enfrentaba a lo que tuviera que pasar, o perdía su oportunidad de quedar tranquila. Relajó los hombros.

"Está bien. Ustedes dirán."

El suspiro de alivio de sus padres se sintió hasta la otra calle. Isabella tensó la espalda y levantó una mano en advertencia cuando sospechó que sus padres podrían querer abalanzarse encima de ella y abrazarla.

"¡Nada de abrazos! No me gustan."

Esto frenó a sus padres en su emoción, pero no se arredraron. Constanza aferró su bolso nerviosa, pero se las ingenió para sonreír, mientras que Alexandros se apretó el puente nasal.

"¿Conoces algún café cercano?" Preguntó de pronto el hombre, casi temeroso. Isabella asintió con energía.

"Sí… Está a cuadra y media, por aquí. Lo abrieron hace poco." Les dijo a medida que cambiaba de dirección y sacaba su celular. Ferraro tendría que esperar, ojalá que no fuera nada muy urgente.

En la otra esquina, Kanon y Sebastián chocaban los puños, mientras observaban atentos como Isabella y sus padres desaparecían entre la gente. Alessandro tenía cara de leche agriada y los brazos cruzados, aunque esto solo era una fachada: en el fondo esto de cuadrar ese reencuentro entre esos tres como que le había hecho bien a su alma, pero no podía demostrar nada de eso.

"Me siento sucio: ¡Le mentí a mi contacto en Interpol!"

"Fue por una buena causa." Dijo Kanon. "Un contacto en interpol feliz es bueno para tu carrera."

"¿Cómo sabes si va a estar feliz después de eso? Nada te asegura…"

"Mi flaca habrá cerrado un círculo. Para bien o para mal, eso le va a dar paz mental y a la postre la hará feliz."

"Igual a mis viejos." Añadió Sebastián. "Que al menos conversen con mi hermana, eso les hará bien."

Kanon lo despeinó de improviso, pero sin perder la seriedad en el rostro. Sebastián se lo sacudió de encima con algo de mal humor. Ferraro simplemente negó con la cabeza y se puso las manos en las caderas.

"Igual me gusta ver familias reunidas, lo admito. Ojalá que eso termine bien."

"Terminará como Athena disponga."

"O como Poseidón decrete."

Alessandro rodó los ojos al cielo y se masajeó las sienes. Se dispuso a irse, considerando que ya no tenía nada más que hacer ahí y aún tenía que rastrear la pista que le habían dado sobre el traslado de ese burdel que había acaparado su atención.

"Bien señores, tengo que seguir trabajando. Si me avisan como termina eso yo feliz."

"Gracias señor Ferraro." Agradeció Sebastián con una sonrisa que de angelical solo tenía las formas.

"Ojos abiertos, Ferraro." Gruñó Kanon entre dientes, apenas dándole la mano y volviendo su mirada hacia la otra esquina.

"Traten de no hacer maldades." Gruñó Alessandro a medida que se alejaba.

Kanon y Sebastián se quedaron en silencio varios minutos, en cómplice camaradería. El menor de los gemelos miró de reojo al muchacho, como tratando de estudiarlo: ¡Era igual de astuto que su hermana! Había jugado bien sus cartas y aunque no había necesitado convencerlo de que lo ayudara a cuadrar ese encuentro entre sus padres y su flaca, estaba preparado con argumentos para motivarlo a ello. Sería un aprendiz interesante, aunque desafiante al mismo tiempo, pues ya estaba viejo y bastante pasado de fecha para comenzar a entrenar. Le hizo una seña con la cabeza.

"Vamos dragonato…"

"¿Dragonato?"

"Son las crías de un dragón marino. Como ballenato, pero en versión dragón." Le explicó escuetamente. "Vamos, tenemos que ver como resulta eso."

"¿No deberíamos darles privacidad?"

"Caminando."

"Ok, igual tengo curiosidad."

El gemelo menor emprendió casualmente la marcha, seguido del muchacho, con toda la naturalidad del mundo.

A ver en qué terminaba esa reunión…

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Arrepentimiento.

"Kiki. Estábamos en un ejercicio evaluado en el que todo contaba y no tomaste en serio. Cuando salgas en una misión tienes que estar concentrado, muy pendiente del contexto, saber determinar prioridades. Tu tarea de aquella noche no tenía nada que ver con la redada esa, sino ver qué ocurría allí y seguir con lo que te encargué, sin inmiscuirte, mucho menos que te descubrieran."


Nota Mental: Bueno, ahí dejé a Isa en una trampa concertada por su nuevo hermanito menor y su prometido, quienes arrastraron a Ferraro al lío, sin que pudiera protestar nada. Al menos fue por una buena causa y eso Alessandrito debe considerarlo. Cierto, es rudo, pero tiene su corazoncito. Habrá que ver como le va a Isa. A Lizzie por otro lado, como ven, por fin comenzó a irle bien en su vida. Matilda no tiene idea de cómo ser mamá, pero al menos logró convencer a la nena que con ella está segura. Todo un avance, ¿no? Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Ese reencuentro se retrasó mucho, Sagitarius, pero por fin sucedió y derramaron miel a raudales. Lo bueno fue que se resolvió a favor de ambos y de Lizzie especialmente. A ver como se las ingenian ahora para criar a esa nena, que una cosa es ponerse de acuerdo para criarla, y otra muy distinta hacerlo. Berenice se arrepintió, no creo que se encuentre pronto con su hermana, pero al menos no es del tipo de personas que ignora a propósito sus errores. Sabe que su egoísmo causó una tragedia, y en serio le falta vida para arrepentirse. Sobre nuestros villanos de turno… digamos que les va a doler. XB ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Mu es de los tuyos, Yamid. Solo dale unos momentos que tiene que acostumbrarse y calibrar el hecho que es papá, corregir a su aprendiz y que Mati no se le escape. Pero así tranquilito como lo ves… pronto va a demostrar que el mal genio le viene del lado materno. Sobre Isa, con calma: ahora no puede escapar del enfrentamiento con sus padres. La suerte está echada. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

No es bueno que nadie se aguante el llanto, DiosaGéminis, ni los adultos. Por algo Lizzie va a necesitar algo de ayuda extra. Pero ya ves que Mati se las ingenio para que desembotellara el estrés: haya sido bueno o malo, al menos lloró, y con ganas. Sobre Berenice, no creo que se encuentre con Isa en este fic, quizás en un omake. Esa es una mujer que caminó por lo más negro y salió, aunque no bien librada. Ella misma tiene que perdonarse a sí misma antes de enfrentar a Isabella. De momento dejé a Isa frente a frente con sus papás… ahora sí que no podrá esconderse ni evadir eso. ¡Cuida esa piel de apego! Es prácticamente una reliquia. Yo tengo ganas de tener una, quizás me consiga. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. La de esta ocasión no tiene nada que ver con el capítulo, pero como soy ñoña, geek y friki se las pongo igual. Los 15 de marzo son buenos días (excepto para Julio César)

Idus de marzo: (en latín, Idus Martii o Idus Martiae) en el calendario romano correspondían a los días 15 del mes de martius. Los idus eran días de buenos augurios que tenían lugar los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y los días 13 del resto de los meses del año.

Aunque marzo (martius, mes consagrado al dios Marte) fue el tercer mes del calendario juliano, en el calendario romano más antiguo, fue el primer mes del año. Los días de fiesta observados por los romanos desde el primero de los idus reflejan su origen como celebraciones del año nuevo. Los idus de marzo, en los calendarios más antiguos, habrían sido los días correspondientes a la primera luna llena del año nuevo.

Los idus de marzo eran los más famosos por estar marcados por varias observancias religiosas y por haberse producido en esa fecha el asesinato de Cayo Julio César en 44 a. C., considerado un punto de inflexión en la historia de la Antigua Roma, marcando la transición del período histórico conocido como República al Imperio. Según el escritor griego Plutarco, César habría sido advertido del peligro, pero había desestimado la advertencia.

Aunque el calendario romano fue sustituido por los días de la semana modernos alrededor del siglo III d.C, los idus se siguieron usando coloquialmente como referencia durante los siglos siguientes.