Kiki vuelve de la cárcel y ni bien se fija en la beba, le hace un juramento… Aunque Mu lo aprecia, en ese momento estaba más ocupado viendo cómo se veía Mati con Lizzie en brazos. Por su parte Isabella tiene una larga conversación con sus padres. MINI OMAKE. Axl logra por fin apapachar a Lizzie.


¡HOLA A TODOS! Ya pasaron los Idus… u.u Ni modo. Me maravilla el buen recibimiento que ha tenido Sebastián. Creí por momentos que no iba a caer muy bien, pero ahí lo ven, desplegando todo su carisma. Me alegra que le den esta bienvenida. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían. Por cierto, justo hoy (17 de marzo) está de cumpleaños, así que ¡CÁNTENLE LAS MAÑANITAS!

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 10: Arrepentimiento

Escaleras hacia Aries.

26 de marzo. 18:14 horas.

"¿Maestro?"

Mu se detuvo al sentir la voz de Kiki llamándole. Se giró un poco en su dirección, pero no dijo nada, dándole a entender que le estaba prestando bastante atención. Kiki venía cabizbajo, y desde que lo había sacado de la cárcel que apenas había hecho comentario. Si a su aprendiz no le había gustado pasar por esa experiencia, a él tampoco: si bien estaba muy molesto con el chiquillo por haberle desobedecido, se había preocupado por él, cosa de la que se dio cuenta mientras esperaba que lo fueran a sacar de las celdas.

Cierto, le habían asegurado que había estado bien y que no lo habían mezclado con delincuentes comunes, sino que lo mantuvieron lo más apartado posible, pero le bajó un cargo de conciencia notable al pensar si habría dormido bien, pasado frío o comido lo que debería. Lo peor de todo es que con esto de Lizzie apenas sí había pensado en su aprendiz y eso lo hizo sentir algo rata.

Kiki lo miraba compungido, como borrego trasquilado, con las manos en la espalda y bastante sumiso.

"Lamento haberlo dejado en vergüenza al desobedecerle." Dijo con toda la sinceridad del mundo. "Debí contener mi curiosidad y no provocar problemas. No volverá a pasar." Añadió mientras fijaba la vista al suelo.

El pelirrojo balanceó su peso de un pie a otro describiendo a veces círculos ocasionales. Tenía las mejillas infladas y la vista fija en algún punto del suelo. Volvió a mirarle desde aquella postura tan sumisa, y no vio rastros de aquella sonrisa traviesa. El pobrecito estaba derrotado. Mu ladeó la cabeza.

"¿Sabes por qué dejé que te llevaran preso?"

"Sí… lo supe después cuando se me pasó el coraje." Kiki tragó saliva. "Aunque creí que me dejaría más días."

"Iba a hacerlo. Al menos dos semanas más." Le dijo Mu con toda la sinceridad. "Agradécele a mi padre y a Matilda que intercedieron a tu favor." El lemuriano suspiró. "Sabes porqué dejé que te llevaran preso, pero ¿entiendes el motivo detrás de eso?"

"Más o menos."

"Kiki. Estábamos en un ejercicio evaluado en el que todo contaba y no tomaste en serio. Cuando salgas en una misión tienes que estar concentrado, muy pendiente del contexto, saber determinar prioridades. Tu tarea de aquella noche no tenía nada que ver con la redada esa, sino ver qué ocurría allí y seguir con lo que te encargué, sin inmiscuirte, mucho menos que te descubrieran."

"Sí maestro."

"En una misión real, eso podría haberte costado muy caro, incluso la vida. Sobra decir que reprobaste todo el módulo."

"Perdón maestro…"

"Además interferiste con la policía. Isabella te advirtió que no molestaras, que era peligroso. ¡No me vengas con que eres un aprendiz dorado! No eres a prueba de balas. ¿Qué hubiera pasado si con tu imprudencia le hubieras costado la investigación a la policía? ¿O que alguien hubiera salido herido? Me consta que puedes esquivar balas, pero ¿los demás?"

"…"

"Kiki, no te digo esto de majadero, necesito que comprendas. Isabella disparó por reflejo. ¿Y si hubiera acertado a otra cosa?" Le preguntó, como dándole a entender que se refería a la beba.

Kiki levantó la mirada de golpe, espantado. Aquella redada y lo que había encontrado en esa caja lo había atormentado las últimas noches. A sus trece años sin duda había visto cosas perturbadoras, pero ese bebé herido y lleno de terror que encontró en esa caja lo penaba cada vez que cerraba sus ojos. Mu tenía razón: ¿Y si Isabella, o la otra policía, hubiera disparado y dado contra la caja? Bajó los hombros. Le llegó a doler el estómago de solo pensarlo. Sintió la mano de su maestro sobre su hombro. Cuando levantó la mirada se encontró con la gentil y severa expresión de Mu. Reprimió un puchero.

"Lo comprendo Maestro. De verdad… yo… he pensado mucho en esa noche. Estoy arrepentido."

"Más te vale."

El tono que utilizó Mu no era de reproche, por lo que Kiki no supo interpretarlo en seguida. Lo que sí entendió en seguida fue el abrazo que le dio su maestro para consolarlo, y que por cierto agradeció bastante: llevaba un montón de días sin abrazos de ningún tipo y eso comenzaba a ponerlo de mal humor. Pronto Mu lo soltó y reiniciaron la marcha.

"¿Su excelencia Shion está muy enojado conmigo?"

"Puede que te tolere, pero trata de no hacerlo enfadar ni tientes tu suerte."

"Anotado, seré un angelito." Kiki afirmó muy decidido.

El chiquillo iba a hacer otro comentario cuando Mu se le adelantó. Ambos ya habían alcanzado la cima de las escaleras y estaban justo frente a la Casa de Aries.

"Kiki. Hay algo que debes saber." Le dijo Mu muy serio, estudiando la reacción de su aprendiz. "¿Recuerdas al bebé de la caja?"

"¡No me diga que le pasó algo malo!" Exclamó espantado. Mu esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.

"Le han pasado cosas malas, pero estará bien. Espero. Es una niña, se llama Elizabeth." El santo de Aries suspiró contento y se puso las manos en las caderas. "La adopté por accidente… Matilda le puso el nombre." Añadió con timidez.

"¿Huh?"


Casa de Aries. Piso Residencial.

En esos momentos.

"¿Soy la única que se preocupa que coma tanto?" Preguntó Matilda mientras sostenía el segundo biberón.

Lizzie estaba en sus brazos, agotada, pero succionaba la fórmula feliz de la vida, dando ocasionales pataditas con su pierna izquierda, incluso moviendo la derecha cada tanto. La beba había llorado hasta el hartazgo, con toses y arcadas incluidas. ¡Hasta vomitó de estrés! Matilda casi se murió de espanto y asco, pero pudo manejar la emergencia con bastante menos torpeza de la esperada; y si bien cometió errores a granel, no fueron graves. Lavó y cambió a la nena, a ella misma, volvió a calentar su fórmula. Todo mientras Lizzie tenía una catarsis emocional de aquellas en la que se dio cuenta que al menos con Mati estaba por fin segura… quedó exhausta de tanto llanto, pero por fin se sintió a salvo. Recordó que tenía hambre y lo hizo notar, pero solo comió en los brazos de Matilda.

Quizás podría hacer una excepción con papá, pero de momento no lo veía, así que solo con Mati.

"Tiene que ganar como tres kilos. ¿Qué más da un biberón extra?" Dijo Lümi mientras le acariciaba los puntitos. Lizzie se rió al sentir ese contacto y succionó con más ahínco.

"Noto que se vuelve loca cuando le masajean los puntitos…"

"Es un punto sensible, hay muchas terminaciones nerviosas allí. Les estimula a dormir o comer, o desahogarse, depende de la presión." Explicó Lümi.

"¿Por eso lloró cuando Matilda dice que se los topó?" Preguntó Flos, quien acariciaba las manitas de la niña.

"Seguro que sí. Como sea, fue para bien…"

"¿Y si le duele la panza de tanto comer?"

Matilda acomodó a Lizzie en sus brazos, mientras le sonreía a la niña. Flos se levantó y se llevó las manos detrás de la cabeza. Ella no sabía mucho de niños, su experiencia se limitaba a cuando tenía que hacer de niñera. Todos los cazadores de su clan, al menos una vez al año, debían cuidar de los pequeños por un día en forma exclusiva y a ella le había tocado varias veces enseñarles a cazar. Además recordaba las enseñanzas de su madre y los demás mayores al respecto: cuidar de los más frágiles también era cosa de supervivencia.

"Si le duele, la calmas tú o Mu." Dijo Flos con paciencia. "Además mírala… también se consuela comiendo." La chica se encogió de hombros. "En mi clan, a los pequeños que se asustaban, sus mamás les daban pecho. ¡Déjala que coma!"

Lümi y Mati sonrieron divertidas. Flos a veces parecía decir cosas sin sentido, pero si uno las pensaba con más detención, descubría que la salvaje tenía mucha coherencia en las opiniones que exponía. Flos acarició los deditos de Lizzie, quien ni se mosqueó por el contacto que hubiera rehuido bajo circunstancias normales.

"Es fuerte. Sobrevivió dos semanas y llegó a esta edad, pese a lo malo." Suspiró Flos admirada y casi en susurros.

"Al menos está tomando su biberón en brazos y no acostada en una cama. Eso era cruel." Rezongó Lümi. "En serio, Mati, ¿cómo la convenciste? Tienes talento: yo no habría podido."

"No tengo idea, tía Lümi.

"Grrrrrrú." Gruñó Lizzie al notar que le quedaba menos leche, por lo que empezó a succionar con más ganas. Lümi le acarició la oreja.

La oveja ariana se cuidó de no demostrar su enojo para no asustar a su nietecita: no quería saber muchos detalles de donde había salido Lizzie, porque eso la ponía en modo homicida y le daban ganas de buscar pescuezos qué retorcer con el mayor sadismo posible. Cuando se lo había comentado a Juliana por el teléfono, la italiana se ofreció a ayudar tras soltar un colorido vendaval de maldiciones. En eso, el gorgoteo del biberón anunció que Lizzie se había acabado toda la fórmula, para desilusión de la peque quien aún no satisfacía su hambre. Aun así Matilda dejó el biberón a un lado y maniobró a la niña para ponerla sobre su pecho y poder masajear su espaldita. Quizás le daría un poco antes de dormir, pero ya era mucho por ahora, o eso creía Matilda.

"Creo que podría acostumbrarme a esto." Se rió Mati, dejando esos pensamientos a un lado, mientras mecía a su peque, quien la miraba con ganas de otro biberón.

"Te sale natural." Bromeó Lümi.

"Es instintivo en mujeres, recolectoras o cazadoras." Afirmó Flos muy seria. "También en hombres, pero son más brutos."

El ruido de la puerta abriéndose hizo que todas las mujeres miraran en esa dirección. Mu entró con calma, aunque detrás suyo Kiki trataba de abrirse paso.

"Hola a todas. ¡Qué linda sorpre… sa!"

Mu se quedó viendo a Matilda algo embelesado. De pronto la chica se le hacía preciosísima, independiente si tuviera a Lizzie en brazos. Más con esa sonrisa que le dedicaba, que parecía darle a sus ojos un brillo mágico y un tono sedoso a su cabello. Su mujer se veía hermosa y Lizzie… ¡Lizzie! Estaba en sus brazos, bien aferrada a Matilda: parecía buscarlo a juzgar por cómo se movía.

"Llegó el carnero alfa de este rebaño." Comentó Flos. "Con el corderito extraviado." Añadió al ver a Kiki.

"Kiki, travieso, ven aquí a que te vea." Gruñó Lümi con las manos en las caderas.

Pero Kiki no le hizo caso, sino que fue directo hasta donde estaba Matilda y Lizzie, buscando la mirada de la niña hasta que la encontró. La beba parpadeó sorprendida al ver al aprendiz de Aries: Kiki la miraba con alivio y fascinación, sin poder dejar de sonreír. ¡La beba estaba a salvo! Eso compensaba todos sus temores. Lizzie en cambio parpadeó curiosa: recordaba esos ojos, esos orbes violáceos… ya antes había visto a este niño…

"¿Agú?" Balbuceó Lizzie con un puchero. Se sorprendió al sentir una caricia en su mejilla.

"Te juro por la diosa que no dejaré que te vuelvan a meter en ninguna caja." Le dijo Kiki con fiera vehemencia. "¡Eres muy bonita, hermanita!" Exclamó embelesado. Mu le revolvió el cabello.

"Agú."

"¿Cómo ha estado todo aquí?" Preguntó Mu al grupo con algo de timidez.

Matilda caminó hasta el dorado, le pasó a Lizzie y le besó la mejilla coqueta. La beba pataleó de disgusto unos instantes, hasta que se dio cuenta que estaba en brazos de Mu. Entonces emitió un ruidito de alegría y se le acurrucó en los brazos. Desde aquél llanto desaforado solo quería estar en brazos de Mati, pero su papá era una buena alternativa. Estuvo brevemente sola y con Lümi mientras su nueva mami preparaba los biberones, pero no se dejó cargar por Flos, a quien solo le sonreía. Enterró su carita en el cuello de Mu e inspiró profundo para oler bien a su papá, consiguiendo que este le acariciara y sobara la espalda.

Una súbita descarga de feromonas se dejó sentir en el aire y tanto Mu como Mati se marearon un poco, aunque la mujer no tenía forma de saber a qué se debía eso. Lümi parpadeó perpleja al darse cuenta, pero se contuvo de hacer bromas, mientras que Flos comenzó a pensar en Dohko.

"Más bien parece que ella los adoptó a ustedes y no al revés." Comentó Kiki fascinado. "¿Cuándo puedo cargarla?"

"Cuando te portes bien." Gruñó Mu, de súbito territorial. El dorado se quedó viendo a Mati. "¿Dio muchos problemas?"

"Los normales supongo, pero no incendié la casa." Se rió Matilda nerviosa. "Lo que sí… sostenla unos minutos, no he podido ir al baño en todo este rato, Mu."

Sin esperar réplica de ningún tipo, la chica desapareció en aquella dirección. Flos y Kiki volvieron a centrar su atención en la beba, que acaparaba toda su curiosidad, mientras que Lümi suspiraba aliviada. Miró a su hijo muy crítica al tiempo que estiraba la mano para acariciar el piecito izquierdo a la niña.

"Lizzie se desahogó: lloró a moco tendido. No sé que hizo Mati, pero logró que botara muchísimo estrés. Cuando llegué ya había pasado lo peor, y recién comenzaba a calmarse. Creo que dormirá de un tirón esta noche." Explicó mientras le hacía cosquillas a la niña. "Ya no hay vuelta atrás con esto de la adopción, ¿te das cuenta, Mu?"

"Sí. Pero no es imposible: con Mati estamos decididos."

"Ojalá sigan con esa convicción. Yo estaría muerta del miedo. El mismo que tuve cuando descubrí que estaba esperándote." Reconoció Lümi como quien confiesa una travesura. "Toca ayudar entonces."

"¿Puedo ayudar yo también?" Preguntó Kiki de pronto.

"Todo el clan debe ayudar." Dijo Flos de repente. Mu asintió con la cabeza.

"Más vale que te portes bien entonces si quieres ayudar, Kiki, pues ahora eres el ejemplo de Lizzie, ¿Entendiste?"

Kiki asintió con una sonrisa.


Cafetería "Black Canvas" Atenas.

17:20 horas.

Aquella cafetería era bastante nueva, pero ya gozaba de bastante popularidad en el sector, sobre todo entre adultos jóvenes que se habían cansado de cafeterías de cadenas internacionales y que le echaban tantos ingredientes al café que hasta parecía que uno bebía concentrado de caramelos varios. La comida era buena, el café maravilloso y el personal bastante torpe, pero amable. El dueño, un rockero de treinta y cuatro años, orondo y fanático de los primeros tiempos de Led Zepellin, atendía él mismo su local y contaba con la ayuda de poco personal, pero se manejaba bastante bien.

Y tenía buen café. Siempre negro, a la antigua, aunque también lo servía con leche, pero nada elaborado.

Cerca de la ventana y al fondo del local, Isabella ocupaba una mesita con sus padres. Los tres tenían un café humeante frente a ellos, pero no eran dichas bebidas el centro de la conversación. De momento no la había, permanecían en un incómodo silencio, del que Isa no quería participar, pero tampoco se le ocurría como romper el hielo. ¿Qué se supone que tenía que decir? ¿Disculparse por haber huido de casa? Podría ser un inicio. ¿No tratar de contactarlos? Ya no tenía caso. ¿Preguntar por qué…?

"¿Por qué no usas tu apellido?" Preguntó Alexandros de pronto. "¿Cuándo lo cambiaste?"

"No recuerdo cuando dejé de usar Dellas." Dijo Isabella. "Me di cuenta que ya no me identificaba con él cuando… tuve la oportunidad de acceder a una nueva identificación. Tenía dieciséis."

"¿Cómo lo hiciste?"

"Me sacaron de la calle a esa edad, fue Poupi, el detective al que le pasaba información, quien me sacó. Medio me adoptó también. Me ayudó a sacar papeles… cuando me preguntó, le dije que solo recordaba mi nombre y una fecha que me habían dicho era mi cumpleaños. Creo que sabía que mentía, pero no insistió mucho. Mi apellido de ahora lo vi por ahí en una revista o algo, no me acuerdo." Isa suspiró y descruzó los brazos. "Fue fácil. Más de lo que creí."

"Ya veo…"

"¿Por qué no llamaste?"

"¿Por qué no me buscaron?"

"¡Creímos que estabas muerta! Teníamos tu mochila quemada, la policía estaba segura. ¡Pasábamos por tanto! Nunca creímos que nos mentían… creo que ni siquiera lo hicieron a propósito." Explicó Constanza, sacado la voz de pronto.

Isabella la quedó mirando un largo rato antes de suspirar.

"Era difícil conseguir un teléfono, nadie se lo iba a prestar a una niña sin techo, menos para llamados de larga distancia. Intenté contactarlos un par de veces por cobrar, pero o no estaban, o rechazaban la llamada."

Constanza sintió un hielo en la espalda. Entre ida y carrera al hospital, recordaba haber rechazado un par de llamadas de Atenas. Se sintió horrible: de pronto no quería café. Se tapó la boca y tomó aire por la nariz.

"Luego ya me aburrí y tenía que priorizar otras cosas… Como sobrevivir."

"Creí que era tu tía loca…"

"¿Cómo no fuiste a la policía por ayuda? ¡Pudieron haberte ayudado! Contactarnos de algún modo. ¿Por qué te quedaste en la calle cuando sabías que vendríamos por ti?" Reclamó Alexandros con la voz dolorida. Isa le miró fijo, pero comprensiva.

"No confiaba en la policía. Harían muchas preguntas y hubiera entrado al sistema. No gracias. Además…" Isabella miró por la ventana, tragándose el nudo en su garganta. "Yo solo era la hija mentirosa que se drogaba y delinquía, la que no estudiaba y la que los avergonzaba. Honestamente tenía terror de lo que me iban a hacer si intentaba contactarlos."

"¡Hija, por Poseidón! ¿Cómo dices eso?" Exclamó su padre lleno de horror y la voz apretada.

"¿Cómo creíste que te haríamos daño?"

"Tenía trece años. Estaba asustada."

Isa les miró neutral. Ahora la distancia de la edad y los años le daban a la policía una mejor perspectiva de aquellos hechos. El que en su momento hubiera temido el castigo de sus padres se debía a que las heridas estaban muy recientes y estaba demasiado enojada y resentida con ellos como para pensar otra cosa, sin mencionar que los temores y exageraciones propias de la edad no la ayudaron en lo más mínimo.

"Entiendan que hasta ese momento me habían creído culpable de todas las maldades de Berenice y se dejaron manipular por ella. Me habían encerrado en mi cuarto, amenazado con mandarme a un internado si seguía drogándome y me iban a llevar a la policía por posesión ilegal de narcóticos. Tenía trece años, insisto. ¿Qué querían que pensara? Además… ni siquiera me buscaron."

"Pero sí te buscamos…"

"… Por dos días. Hasta que les llegó la noticia del accidente y mi mochila. No crean que no leí el caso cuando todavía estaba en la policía."

"Hijita, trata de comprender… Eran tus cosas, ¿Cómo íbamos a saber que no estabas en ese autobús?"

"Me vine a Atenas a buscar a la tía Zanzúla. Me quedé dormida en el viaje, robaron mi mochila vayan a saber donde. Me enteré de ese accidente AÑOS después. ¿Qué iba a saber yo? Solo sabía que no me buscaron." Isa infló las mejillas. "Por supuesto nunca encontré a la loca esa de Zanzúla."

Constanza se despejó la cara y resopló sin mucho disimulo. Se masajeó las sienes e intentó calmar sus nervios. Alexandros miraba a su hija con ganas de querer destruir algo, no porque la odiase, sino porque se odiaba a sí mismo: ¿Cómo lo había hecho que su hija le tuvo miedo, rencor y quizás cuantas cosas más? Había intentado protegerla del flagelo de la droga cuando creía que estaba cayendo en sus redes, confiando en lo que su hija mayor le decía. ¡Pobre Berenice! Por años estuvo muy enojado con ella y apenas le habló, pero ahora le tenía lástima. La adoraba, cierto, era su hija, pero le tenía lástima.

Y se odiaba a sí mismo. ¿Cómo fue que en su credulidad pensó que su hija había muerto así tan fácil? ¿Tan ahogado estaba por la desesperación acaso que no creyó otra cosa?

"Perdimos una hija." Dijo Constanza de pronto. "Mientras otra agonizaba en el hospital con un negro pronóstico, nos pasaban tus cosas quemadas. Aquél autobús ardió como el infierno, fueron muy pocos cadáveres los que pudieron ser identificados." La mujer se detuvo unos instantes, al ser evidente que no podía hablar del tema sin que se le quebrase la voz. "Y Berenice… Berenice se moría."

"Pasaban demasiadas cosas al mismo tiempo, 'Bella. No podíamos distinguir pies ni colas… fue horrible."

"Me imagino." Isabella les miró con una mezcla de reproche y de entendimiento. "Obvio que prefirieron a la favorita." Dijo entre dientes.

Sí, eso fue rencor del feo. Se cruzó de brazos y miró enojada a sus horrorizados padres, quienes la miraban de hito en hito. Quiso sentirse mal por las lágrimas que comenzaba a derramar su madre, pero digamos que llevaba AÑOS con ganas de decirles eso.

"No digas eso, nunca tuvimos favoritas, nunca…"

"Berenice es mejor que tú, es más linda que tú, mira que buenas notas se saca Berenice, ¿por qué no eres más sociable, como tu hermana?" Isabella frunció el ceño. "Todos los malditos días. ¿Qué querían que pensara? Tenía trece, maldita sea."

"Fue un error de nuestra parte, pero no era así, a los tres los queremos igual…"

"¡Me tomaron por drogadicta cuando no lo era! Le creían a Berenice y nunca comprobaron lo que decía. Entiendo que no se los ponía fácil, pero si me hubieran tenido un poco de confianza no habría crecido en la calle…" Isabella se dio cuenta que sus manos estaban apretadas con fuerza. "… Y me dejaron a mi suerte porque no comprobaron lo que les decía la policía. ¡Me dejaron sola! Por años creí que se habían alegrado de que nunca volviera a casa, ¿y cuando supe que estaba muerta? Ni siquiera les importó comprobar si en verdad era yo…"

"¡Casi se nos mueren dos hijas! Nunca se nos ocurrió dudar de lo que nos dijeron. ¡Era Demasiado!" Alexandros se levantó de su asiento, con los ojos hinchadísimos, pero sin derramar lágrimas. "Casi me morí de horror cuando fui a tu cuarto y no estabas, y de nuevo en el hospital al ver a Berenice… casi me volví loco cuando nos trajeron tu moch…" El sujeto cayó sentado de regreso en su asiento, sin poder terminar de hablar. Constanza, a diferencia de él, lloraba.

"Berenice casi murió ese día… y dos veces más antes que pasara una semana. Nos dijeron que quedaría vegetal… Pero sí te buscamos, por todo Litoxoro, en las casas de tus amigos. ¡Hasta fuimos con la señora Millie!"

"¡¿La de los gatos?!"

"Nos dijo que pasabas las tardes con ellas cuando te regañábamos. Resulta que le confiabas cosas a ella que a nosotros no." Gruñó Alexandros. "Eso me dolió."

"¿Por qué te iba a doler? Ni que hubiéramos sido tan cercanos. Discutíamos todo el día, y me acosabas que solo estudiara. Nunca. Te. Fijaste en mis notas…"

"Confiaste en una extraña…"

"Llevábamos un montón de tiempo sin conversar, ¿Qué querías que hiciera? Necesitaba hablar con alguien que no me juzgara. ¿Y dices que te dolió? Mis padres no me querían, les estorbaba."

"… Me dolió descubrir lo lejos que estaba de ti. Que no supe cuidarte ni protegerte… eso fue lo que me dolió." Alexandros se encogió de hombros. "Perdí mi oportunidad, nunca voy a poder compensártelo."

"A mi también me dolió. Y nunca podré compensarlo." Isabella bajó las manos a su regazo, aunque de un solo manotazo tomó su tazón de café y bebió un buen sorbo.

"No nos estorbabas." Dijo Constanza. "No sabíamos como manejar la situación, pero no nos estorbabas. ¡Nos hiciste mucha falta! Tienes que creernos."

"Les daré el beneficio de la duda… Ventajas de haber crecido en la calle: aprendes a no confiar."

Isa tenía ganas de estallar en llanto, pero su orgullo no la dejaba. Seguramente esto la dejaría agotadísima a la noche y todavía tenía que acosar a Ferraro por aquella información que le iba a dar. Miró a su madre… recordando sin querer lo mucho que la echaba de menos, cosa que le atenazó la garganta.

"No sabía que tenía un hermano. Si no hubiera sido por él, nunca, nunca habrían sabido de mi."

"Sebastián te busca desde que supo de ti." Gruñó Alexandros. "Mocoso impertinente al final tenía razón…" El hombre miró de reojo a Isabella. "Debí prestarle más atención…"

"¿Para qué?"

"Te hubiéramos encontrado antes, 'Bella."

"¡¿Para qué?!" Gruñó Isa. "¡¿Creen que porque me encontró Sebastián quiere decir que busco reconciliarme con ustedes?!" La chica se iba a lanzar con una nueva filípica sobre oportunidades perdidas y lo mucho que le dolía haber sido dejada de lado. Pero recordó de pronto a Kanon y su propia experiencia reconciliándose con Saga. Se quedó muda.

¿Qué era lo que realmente quería? ¿Estaba en efecto tan reacia a la presencia de sus padres? Habían sido bastante injustos con ella, pero de verdad, creerla muerta y tener que recordar cada día el error que cometieron con ella contaba como castigo… mucho más verla viva y bien, sabiendo que se las había tenido que apañar de pequeña; no debía ser fácil… para nada fácil…

Sin que se diera cuenta, le tomaron las manos. Constanza la miraba sin pestañear.

"Si no quieres, no nos perdones… estás en tu derecho, pero… quiero que sepas… que te adoro con mi alma entera y verte viva ha sido una respuesta a mis oraciones. ¡Estás tan linda! Está bien si no quieres vernos nunca más… yo… estoy…"

¿Qué brujería era esta? Sintió una suerte de golpe eléctrico recorrerle cada fibra de su cuerpo, quebrando todas sus defensas de chica ruda. ¿Cómo un simple toque mandaba sus emociones por una montaña rusa de altos, bajos y curvas? Isabella se mareó por momentos al sentir esos tirabuzones en su cabeza y ya no pudo aguantar las lágrimas, que rodaron sin censura por sus mejillas. Se puso a temblar como una hoja… ¡Era su mamá! Ella… ¡Ese toque! ¡¿Qué tenía ese maldito toque?! No es que lo necesitara, ni lo rehusara, solo… ¡¿qué tenía ese toque?!

"… Te necesité, mamá." Susurró sin pensar. "Te… necesité… y no estabas."

Constanza la abrazó en un impulso ciego que no midió consecuencias. No le importó hacer la mesa a un lado, ni correr las sillas, ni levantar a Isabella de su asiento. Solo abrazó a su hija con toda la fuerza que tenía, quien sintió un escalofrío recorrerle el espinazo, como las rodillas amenazaban con fallarle y mucho frío. Le bajó una suerte de desesperación que solo le permitió atinar a levantar los brazos como si no supiera que hacer con ellos, y solo atinó a corresponder el gesto cuando Alexandros las abrazó a las dos.

El alivio en un llanto. Isa se largó a llorar con ganas… Y si le fallaron las rodillas.

No. No cayó. Sus papás la sostenían.

Detrás del mesón, el dueño del café, junto con su personal, y el gatito que se supone no debería estar allí por un asunto de higiene, se abrazaban emocionados al notar ese reencuentro. Obvio que no sabían de qué se trataba todo, pero las emociones estaban tan a flor de piel que no habían podido evitar empatizar. Al otro lado de la calle y observando con emoción aquella reunión, Kanon sujetó a Sebas en una llave y le frotó los nudillos en la frente a modo de felicitación.

Ahora, si bien Isabella había aceptado ese abrazo, aún quedaba por ver si perdonaba a sus padres o no…

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Enemigo Entre Nos.

… Anneke sujetó mejor la correa: conocía a su mascota y sabía que mordía sin advertir cuando alguien no le gustaba y tenía toda la pinta de querer darle un buen tarascón al tipo. Miró al hombre y un velo brillante le cubrió los ojos. ¡Athena! ¡Conocía a este sujeto!

¡Era el hombre de su visión! ¡El que lastimó a Lizzie!

"Usted es dentista." Afirmó fingiendo sorpresa. El sujeto se volteó a mirarla y en seguida le sonrió, tratando de galantearla. Anneke sintió asco.


Nota Mental: Reconozco que la conversación de Isa con sus papás hizo que me brotaran varios pucheros. Al menos fue capaz de escucharse ella misma y aceptar un abrazo de esa naturaleza… supongo que le hizo bien a todos. Sebas puede estar orgulloso de sí mismo y de su pequeño logro. Lo que me recuerda, y puede que sea algo irrelevante, pero… el próximo fic está completo en un 87% n.n. Sobre el mini Omake que viene… no logré hacer calzar la escena en ningún lado, pero no quería perderla, así que ¡VOILÁ! Ahí la tienen. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


¿Eres tú, Nice? Sospecho que sí, pues de otro modo no se explica que Shura haya salido corriendo a comer. Creo que lo consientes demasiado. Me alegra saber que estás ocupada y contenta con tus proyectos y vida. Eso siempre es bueno. Sobre el fic… habrá una escena que quieres y esperas más adelante. Te sigo debiendo el omake, pero tenle paciencia. Julián es algo impulsivo, pero al menos no volverá a subestimar a su sobrina, que Athena no tiene los pergaminos que tiene solo por ser la hija favorita de Zeus. La chica navega con bandera de tonta, pero no… de tonta no tiene un pelo, menos cuando está en modo divino. Ni modo, Julián no logró cobrarse el favor. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Lizzie necesitaba llorar de la manera que lo hizo, Sagitarius, y lo bueno es que tuvo a Mati con ella para contenerla. Sobre los malparidos que la maltrataron y expusieron quien sabe a qué cantidad de peligros… ya les va a llegar su Waterloo. De hecho, pon atención que ya se ve un apronte de aquello. Supongo que Kanon puede estar orgulloso de Sebas, logró algo especial con su familia. Será un buen aprendiz, solo espero que pueda usar sus habilidades para el bien. Va por buen camino en todo caso. Poseidón ya tendrá otra oportunidad para ganarle a Athena, aunque si sigue así de impulsivo, no va a conseguir nada. Y sí, el lemuelfito nace en agosto: los embarazos de los elfos tolkenianos duran un año. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


Mini Omake: Corazón de Abuelito.

Casa de Aries.

Día siguiente. 18:35 horas.

Lizzie bostezó con ganas y se acurrucó en los brazos que la sujetaban, con los ojos a medio cerrar, sin querer dormirse del todo. Abrazaba el muñeco de amigurumi sin querer soltarlo, lo mismo que un mechón de cabello de su abuelo. Axl no borraba la sonrisa de su rostro: primera vez en días que Lizzie accedía a ser cargada por él tanto rato y ni moverse quería, por lo que la mecía embelesado.

Sospechaba que tendrían algunos problemas consiguiendo que la nena soltara su cabello, pero no le importaba, estaba demasiado feliz. Matilda le sacó una foto con el celular.

"¿No le han dicho suegrito, lo bien que se ve así?"

"¿Tú crees eso, Matilda?"

"¡También Lo Creo!" Exclamó Lümi desde las profundidades del taller.

"¡Eso Sonó a Indirecta, Papá!" Llegó la alegre y traviesa voz de Mu.

"¡Mu! ¡Nadie Dijo Que Opinaras!"

"Lo Regañaron, Maestro. Jejejeje."

"¡Kiki!"

Lümi y Mu estaban metidos entre varias armaduras que necesitaban manutención. Los últimos dos meses se había acumulado mucho el trabajo, pero entre madre, hijo y aprendiz trabajando en equipo, rápidamente se recuperaba el terreno perdido. La antigua amazona dorada se estaba dedicando de cabeza a ayudar a su Mu, aliviando la carga de éste. Lo mejor de todo es que Kiki podía aprovechar la experiencia de ambos en el arte de reparar armaduras.

Tanto Mati como Axl rieron entre dientes. El tono de Lümi sonaba algo avergonzado, tanto como la bonita tonalidad roja que de pronto había decorado el rostro de Axl. Lizzie cabeceó un poco y suspiró, perdiendo la batalla contra el sueño, y tras acomodarse mejor, se quedó dormida en brazos de su abuelo, quien la cobijó mejor.

"Mejor la llevamos a dormir a su cuarto. Así estará más tranquila."

"¿Usted cree? Pobrecita, no me gusta que despierte sola."

"A mí tampoco, pero... Al menos dejémosla en el moisés."

Axl había notado que Mati era bastante aprensiva. Tras decidir adoptarla junto con Mu había tomado un inesperado papel de madre que poco a poco comenzaba a tomar en serio. Le daba la impresión que al principio lo había tomado como un juego, pero sin darse cuenta se estaba posesionando bastante bien del rol. O sea, había veces que huía descaradamente, cada vez que podía, igual Mu, dando la impresión que ninguno estaba del todo convencido, pero que no tenían de otra.

Bah. Eran imaginaciones suyas. Los dos serían buenos padres.

Sin duda que Lizzie los había pillado mal parados. Axl arrugó el rostro una milésima, quizás molesto: de alguna manera tenía que reclamarle a Shion el descuido. Debió poner más cuidado en lo que hacía cuando le entregó la beba a su hijo. ¡Ya, está bien! En la emoción del momento él tampoco hubiera hecho algo muy distinto, pero en serio debió ser menos impulsivo. ¡Era el Patriarca! Debió haberse detenido unos instantes y pensar un poco más, experiencia tenía, pero NOOOOOOOOOO. ¡Aries tenía que ser!

No le cabía duda alguna que Mu y Mati harían un buen trabajo, y que eran personas muy íntegras e idóneas, sin mencionar que se adoraban, pero le daba la impresión que ambos perdían puntos de madurez cuando se veían enfrentados a la crianza de la niña. Cierto, él y Lümi no eran mucho mayores que ellos cuando supieron que serían padres y en aquél momento recordaba haberse sentido demasiado joven como para comenzar a criar (aunque todo el mundo les dijese que ya se les estaba pasando el cuarto de hora), pero de alguna manera le daba la impresión que él y su esposa estaban mejor preparados que Mu y Mati.

Lizzie era querida por sus nuevos papás, pero también los asustaba. Y ambos eran terroríficamente aprensivos. ¿Acaso él hubiera sido igual?

Alguien intentó quitarle a Lizzie.

"¡Duerme!"

Casi por instinto Axl empujó levemente a Mati hacia atrás, protegiendo mejor a la nena. Volvió a encenderse como semáforo cuando se dio de lo que había hecho.

"Quería ponerla en el moisés..." Dijo Mati sorprendida.

"¡Discúlpame, por favor! Reaccioné sin pensar. ¿Estás bien?" Dijo rojo como un tomate.

"Sorprendida, pero eso es todo." Mati se rió nerviosa. "¿Puedo tomarla ahora?"

"¡Claro!" Axl le entregó a Lizzie a Mati con extremo cuidado, quien la tomó inexperta, pero muy amorosa. La dejó sobre el moisés y la arropó con calma. "Lo lamento mucho, en serio." Insistió el lemuriano.

"No pasa nada. Aunque admito que sujeté el taser." Afirmó Matilda traviesa, haciendo alusión al regalo que Anneke le había hecho esa tarde cuando la había visto.

La chica se quedó viendo a Lizzie dormida e incluso le apartó algunos mechones de su cara. Axl puso atención, notando que la mirada de Mati era neutral, pero que al mismo tiempo danzaban las emociones y las dudas, pero...

"Ella es preciosa." Dijo con una sonrisa. "¿Cómo no querer a mi gordita linda?" Axl sonrió tranquilo y asintió. Lizzie ya era de Mati.

"Lo es."

Afirmó tranquilo. Y entrecerró los ojos, muy decidido: sí, definitivamente tenía que hablar con Shion.

Fin del Mini–Omake.

Por
Misao–CG