Anneke tiene un encuentro por completo desagradable que incluso la lleva a ser bastante imprudente, pero al menos podrá darle una buena pista a Shura. Mu lleva a Lizzie por primera vez al Coliseo, lo que termina siendo una buena experiencia… aunque Kyrus comienza a demostrar que es hijo de su padre. Isa sigue con la investigación.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu… ._. Trataré de referirlos a esa galería… .… .… ÓAÒ ¡EKLÉCTIKAAAA! ¡AYUDAAAA! SOY UNA INÚTIL… TAT En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 11: Enemigo entre Nos
Barrio de Monastiraki. Atenas.
26 de marzo. 18:24 horas.
"¿Todo bien con Isa y Kanon?" Preguntó de pronto Anneke. Saga guardó el celular.
"Eso parece, Kanon dice que están conversando."
"Ojalá les vaya bien."
"¿Cómo? ¿No sabes?" Bromeó Saga, abrazándola por la cintura, mientras la atraía hacia él y la besaba en el cuello. Anneke le hizo el quite, mientras se aguantaba la risa.
La pareja se encontraba paseando por Monastiraki, disfrutando de la agradable tarde y de la gente, entre los puestos de artesanías y tabernas. Había una curiosa cantidad de turistas, pero en ningún caso un tumulto, el clima era muy alegre en verdad. Saga estaba muy atento, pues sabía que las multitudes estresaban a Anneke (a él tampoco le gustaban), pero la chica parecía estar disfrutando tanto como él.
Anneke había cambiado muchísimo el último año, y era para mejor. Él también, hasta se resfriaba menos, y eso lo tenía muy contento. Se fijó en la pancita de la mujer: comenzaba a notarse más y eso lo llenaba de orgullo. Infló el pecho y siguió caminando. Para él era una estupenda tarde y se sentía muy relajado. Distraídamente miró la hora y como que no quiere la cosa, aterrizó otro beso en el cuello de su amada.
"Estás muy mimoso hoy."
"¿Puedes culparme? Me provocas, mujer, eso pasa." Le dijo en un tono de voz bajo y grave, junto al oído.
"Armph."
Saga miró hacia abajo. Bruno iba atado con una correa que Anneke llevaba. Se relamió los bigotes y miró a Saga como diciéndole que se portara bien, que lo tenía vigilado. Ah sí, el perro. Saga suspiró y le resopló de vuelta.
"¿De qué te quejas, si igual te llenan a caricias todo el día, perro?"
"No te pongas a pelear, amor, es solo un perro." Dijo Anneke como distraída. "Y tú, Bruno, no caigas en su juego. ¿Qué no ves que está celoso?"
"Vas a ver más tarde como te demuestro mis celos, Anne." Rezongó el dorado, con picardía.
El trío continuó el paseo, deteniéndose a medida que algo llamase su atención. Entre baratijas, recuerdos y artesanías nada parecía augurar que algo malo ocurría que hiciera temer por la seguridad de nadie. Saga le compró un helado a Anneke, que se acabó casi en seguida, para continuar con el paseo, ambos muy contentos. La chica se recostó sobre su hombro, y él sintió un lindo latido de corazón. Bruno olfateaba aquí y allá y nadie molestaba a nadie. Pasaron cerca de una librería.
"Anne, ¿te molesta si entro? Quisiera preguntar si tienen ese libro que ando buscando."
"Ve, no me molesta. Así aprovecho de ver estos libros de recetas de aquí." Dijo mientras señalaba las ofertas que estaban expuestas justo fuera de la tiendita.
Saga entró al pequeño local. No era muy amplio, pero tampoco estrecho, tenía un buen tamaño, aunque con la cantidad de libros, uno parecía sofocarse. Saga fue directo al mesón a preguntar por lo que buscaba, pero Anne no entró, considerando que no permitían entrar con el perro. Se quedó rebuscando por si había libros de recetas en el mesón que estaba justo fuera de la tienda…
Alguien se ubicó junto a ella, también a ver las ofertas. Anneke sintió un escalofrío recorrerle el espinazo y se giró casi paralizada de miedo. Bruno miraba fijo y con muy malas pulgas al hombre cuya mirada brincaba de título en título, ignorando a quienes tenía al lado. El tipo ni siquiera había reparado en ella o el perro. Anneke sujetó mejor la correa: conocía a su mascota, sabía que mordía sin advertir cuando alguien no le gustaba y tenía toda la pinta de querer darle un buen tarascón al tipo. Miró al hombre y un velo brillante le cubrió los ojos. ¡Athena! ¡Conocía A Este Sujeto!
¡Era El Hombre De Su Visión! ¡El Que Lastimó A Lizzie!
"Usted es dentista." Afirmó fingiendo sorpresa. El sujeto se volteó a mirarla y en seguida le sonrió, tratando de galantearla. Anneke sintió asco.
Va en serio, tuvo que reprimir una arcada de gusto ácido.
"¿Qué es esto? Una encantadora mujer me dice mi profesión."
"Digo la verdad, usted es dentista." Anneke le sonrió con diplomacia, conteniendo el asco y las ganas arrancarle los ojos. "Encima infantil. Usted atiende niños." Cerca de un millón de coloridos apelativos y menciones a la madre, al padre y a la familia del sujeto se le cruzaron por la cabeza.
"¡Adivinó! No solo es encantadora, sino también adivina. ¿A qué debo que un prodigio como usted se fije en mí?" Todo el lenguaje corporal del sujeto hablaba de coquetería y Anneke tuvo un atisbo de lo que estaba pensando, cosa que solo la hizo enojar y asquearse más. "¿O me has estado siguiendo, cariño? No creo en esas cosas, así que me has estado…"
"No soy su cariño." Le dijo muy grave. "Adivina es una manera de decirme. En mi tierra me llaman meica… a veces me dicen bruja." Anneke entrecerró los ojos con especial gravedad. "Sé de su consulta especial del pasado 19 de marzo. Ya sabe, esa nena con los ojos diferentes."
Directo al grano. Anneke sabía que cometía una imprudencia exponiéndose así, pero sentía que no tenía otro modo de hacerlo. Disfrutó ver la cara del hombre mudar de galán a terror. El sujeto irguió la espalda, intentando verse más grande, aunque a Anneke solo le bastó elevar la cabeza un poco. Ella era más alta después de todo.
"¿Perdón? ¿De qué está hablando?" Preguntó muy serio, y por completo a la defensiva. Anneke bajó la voz, llena de amenaza.
"Fue temprano en la mañana, hacia las 10:30 más o menos, en ese burdel de mala muerte. Tu paciente tiene diez meses. ¡¿Cómo Pudiste, Maldito Infeliz?!" Anneke frunció el ceño y con una osadía que nunca supo de donde sacó, quizás el recuerdo de su visión le hizo subir la adrenalina, dio un paso hacia delante y le dio un empujoncito con la mano, siempre amenazante. Su altura ayudaba a intimidar. "¡A Ver si eres tan valiente conmigo! ¡Métete con alguien de tu tamaño, #$%& cobarde! ¿O acaso una mujer te asusta?"
Todo el instinto de supervivencia se encendió en el sujeto con brutal fiereza. Apretó la mandíbula y enseñó los dientes, empuñando las manos. Intentó sujetar a Anneke de un brazo y llevársela de allí. ¿Cómo se atrevía esta mujerzuela? Era una torre cierto, pero él era más fuerte y la tipa estaba en desventaja. Siempre podía darle un golpe en el estómago para enseñarle quien manda, a ver si eso le gustaba.
"¡Mantén la boca cerrada, pu…!"
"¡GRRRRRR!" Bruno intervino sin asco, con el pelaje bien erizado y enseñando los dientes, dejando en claro que los sabía usar muy bien. Era un perro viejo, cierto, pero conocía más trucos y verse más amenazante de lo normal era uno de ellos. El hombre retrocedió un paso: no había visto al bóxer.
"¡No tienes pruebas!"
Anneke, sin moverse de su sitio o exponer alguna expresión en el rostro, simplemente tomó aire.
"Es cosa de tiempo antes que la espada de Damocles caiga sobre ti, doctor Nick Tsagoras." Anneke palmeó a Bruno en la cabeza. "Vamos, amigo. ¡No te juntes con esta chusma!" Añadió la última parte en español y dando un giro a lo doña Florinda. Hubiera sido cómico en otro contexto, pero en este solo le dio un aire altanero, casi imprudente.
La chica emprendió hacia la puerta de la librería justo en el momento en que Saga salía con su libro en la mano. El hombre no sabía que ambos estaban juntos, por lo que no pensó en sus actos y se abalanzó sobre la mujer en un desesperado intento por detenerla y quizás hacerla desaparecer antes que hablase. Total, parecía extranjera, dudaba que alguien la echara de menos. Mientras más pronto se deshiciera de ella…
"ARGH."
¿… Mejor?
Claro: no contaba con que la mujer anduviera acompañada… o que su acompañante fuera inusualmente fuerte. Saga, al ver que este extraño embestía a su chica por la espalda, simplemente frunció el ceño, estiró el brazo de improviso y lo sujetó por el cuello prácticamente sin despeinarse.
"¿Qué Se Supone Que Pretendes Con *Mi Prometida*, Imbécil?"
"ARGH. Suel –tame… ¡No respiro!" Suplicó entre llorosos pataleos. Saga lo soltó con asco.
"¡Hasta ahí te llegó lo rudo!"
"Desaparece antes que cambie de opinión." Le dijo Saga al hombre con un siseo peligroso. Anneke lo tomó del brazo mientras veía como el dentista ese ponía pies en polvorosa. "¿Qué fue todo eso, amor? ¡¿Te hizo daño?!" Le preguntó el dorado mientras la revisaba toda. Bruno se sentó junto a su ama y le dio algunos lametones en las manos.
"A mi no, pero me di el lujo de asustarlo. ¡Llama a Shura!"
"Explícate."
"Ese hombre es Nick Tsagoras. Es dentista: lo vi en mi visión del otro día. ¡Fue quien hirió a Lizzie!"
"¡¿Me Lo Dices Ahora?!" Reclamó Saga indignado, pensando que había perdido una bonita oportunidad de enviar al sujeto al calabozo del Santuario y luego de hacerlo mazamorra con calma, decirle a Mu quien era el nuevo inquilino, para que él pudiera hacerlo puré. "¡De Haberlo Sabido le Desencajo la Rodilla A Ver Si le Gusta!"
"¡No alcancé a decirte!" Exclamó Anneke compungida. "Además es bueno que huya… ¡Llama a Shura!"
"¿Para qué?" Preguntó Saga mientras sacaba el celular. Planeaba contactar a Mu y a Shura.
"Porque se va a reunir con otro cómplice que sí sabe donde está el asesino de Selene."
La sorpresa y gravedad en el rostro fue evidente, pero actuó casi en seguida. Miró su celular y abrió los contactos… hora de hablar con Shura. O mejor por cosmonet.
Santuario de Athena. Coliseo.
Cuatro días después. 30 de marzo. 9:38 horas.
Sin duda cargar una niña era diferente. De su experiencia cargando a Helena cuando era pequeña y de esta, más la que tenía con Kyrus, le decían que eran casi dos mundos distintos. Las niñas eran más tranquilas, los niños… adoraban ser mimados, pero eran más inquietos, como que les gustaba más la aventura. ¿Serían algo cultural, ideas suyas o realidad empírica? Milo acomodó a Lizzie en sus brazos, quien lo miraba cauta, y la meció con brazos de papá experto.
"Ah, Lizzie: ¿Una sonrisita para el tío Milo?"
"No la presiones, alacrán. ¿No ves que no te conoce?" Protestó Alde. En seguida el enorme santo le dedicó una sonrisa enorme a la pequeña. "¿A que sí te acuerdas del tío Aldebarán, verdad?" Le preguntó mientras le acariciaba la mejilla.
Lizzie parpadeó rápido y procedió a esconder su rostro en el pecho de Milo, quien en respuesta, la cobijó mejor y la meció.
"¡Agú! Gúuuuu. Agú."
"Estás vocalizando más…"
"Lo he notado, lo que me alivia mucho. No son sílabas, pero sí vocaliza algo." Comentó Mu de verdad contento. "Kyrus a esta edad recuerdo que ya balbuceaba sílabas."
"Ya llamaba mamá a Alisa y experimentaba con vocales." Milo sonrió enternecido. "No me extraña, con todo lo que mi Lis le conversa."
"También decía No." Dijo Shura. El santo de Capricornio arrugó el ceño. El español había tenido una fructífera cacería y eso lo tenía contento. Por fin tenía pistas concretas y sentía que había dejado de perseguir fantasmas. "Ya recuperará el tiempo perdido. Antes que pase un año va a estar hablando hasta por los codos. ¿A que sí, Lizzie?" Afirmó el dorado permitiéndose una sonrisa.
"Agú." Balbuceó Lizzie sin levantar la cabeza.
"A todo esto, ¿Kyrus no está celoso?" Preguntó Alde de pronto.
Milo dejó escapar una breve carcajada y señaló con la cabeza hacia la derecha del grupo. Afro de Piscis se paseaba por las gradas en dirección a la salida con un energético Kyrus que quería caminar por todos lados, y con Blanquita que los seguía de cerca, muy vigilante. El pequeño se había puesto celoso por exactamente veinte segundos, pero tenía tantos tíos que encontrar uno que le prestase más atención no fue difícil. Afro parecía muy contento, le gustaba cuidar pequeños y les tenía más paciencia de la que él mismo creía que tenía. Además la mascota de Alde parecía vigilarlos a ambos: a Afro para que no se despistara y a Kyrus, por si se le ocurría salir corriendo.
Mu sonrió y se pasó una mano por el cabello. Estaba algo nervioso, era la primera vez que traía a Lizzie al Coliseo. Le daba terror que algo le pasara, o que hubiera olvidado alguna cosa. Recordaba que cuando Milo comenzó a traer a Kyrus, venía con una montaña de cosas, más ese armatoste que osaba llamar coche, que se separaba en un aparente millar de piezas, todas con una función diferente: que sillita de paseo que también servía para el auto, que moisés, que ruedas todoterreno, que parasol, cubre lluvia, ¡Pff! Bastante útil, pero a ratos incómodo y gran consumidor de espacio útil… que por cierto, hacía ya unos meses que no usaba y que le había regalado esa mañana a Mu para que lo aprovechara con Lizzie. Miró al cielo: estaba despejado y tibio, unos veinticuatro o veinticinco grados Celsius y se percibía algo de humedad: ese día haría calor por lo visto. Pero las noches estaban todavía frescas. ¿Y si Lizzie se resfriaba por el cambio de temperatura?
"Yo estaba atacado de los nervios cuando bajamos con Héctor la primera vez." Dijo Aioria de pronto, señalando el moisés en el que dormía su leoncito. "¿Y no te acuerdas de Milo?"
"¡Hey! ¿Yo qué cosa?"
"Mu no estaba ese día, pero yo sí." Comentó Alde. "Te tropezabas con tus propias manos y no pasaban más de cinco minutos antes de que te asomaras a verlo. ¡No dejabas dormir tranquilo al pobrecito!"
"¡Me aseguraba que respirase!" Protestó el escorpión, recordando el alegre bullying del que había sido víctima en aquella ocasión.
"Tú no eres más aprensivo porque no tienes más tiempo. No sé quien es peor, tú o Alisa." Se rió Aldebarán de buena gana.
"Kyrus fue prematuro, nació tres semanas antes." Recordó Shura muy serio. "Es lógico que Milo estuviera pendiente y más que sea aprensivo: Bien se le pudo morir su hijo si no le prestaba atención." Explicó en un curioso despliegue de compañerismo hacia el escorpión.
Los dorados presentes miraron a Shura algo neutrales, pero pronto Milo hizo una mueca de honesta angustia, pues recordar que su hijo bien se pudo morir por falta de atención de verdad no le gustaba; Aioria en cambio, y en completo sigilo, decidió ir a ver si Héctor seguía vivo y Mu se puso pálido, echándole una rápida ojeada a Lizzie, quien parecía estar bastante cómoda en brazos de su tío escorpión. Aldebarán estalló en carcajadas.
"¡JAJAJAJAJA! Solo Shura es capaz de…"
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAA!" Estalló Lizzie en llanto al asustarse por el vozarrón de Alde. Milo lo miró feo y comenzó a consolar a la pequeña.
"¡Mira lo que Hiciste, Alde!" Exclamó Milo entre dientes. Mu se arrojó a su compañero para tomar a la pequeña. Se veía algo pálido. Alde en cambio se rascó la cabeza.
"Perdón, no quería asustarla." Se lamentó en serio, bastante compungido.
"¡Pero Lo hiciste!" Gruñó Milo acusador, tras entregarle la niña a su papá, cruzándose de brazos. Mu aferró a Lizzie contra su pecho, mientras la revisaba y encendía su cosmo para calmarla.
"No sé si Lizzie es prematura o no. No sé cuánto pesó al nacer, o cómo le fue en su prueba apgar, si es que se la tomaron, o si le trataron bien los resfríos, o si tiene…"
"Calma Mu." Le pidió Shura, poniendo una mano sobre su hombro. "Nunca lo podrás saber, encárgate de lo que puedes a partir de ahora."
"Pero necesito saber…" Mu miró hacia Lizzie, quien había dejado de llorar. La nena lo miró de vuelta y le esbozó una sonrisita, lo que casi derritió a su nuevo papá.
"Esa sonrisa compra a cualquiera." Opinó Milo.
"Tan coqueta ella. Miren no más." Añadió Aioria.
"Ya sabe como manipular a Mu. Grave." Dijo un sonriente Aldebarán.
"Justo cuando pensaba que no sonreía." Comentó Shura.
"¡Hace días que sonríe! Aunque no a todos, solo algunos." Afirmó Mu, mientras la mecía.
Lizzie miró a sus tíos siempre cauta, pero menos a la defensiva. No solo estaba con su papá (quien estaba segura la protegería) sino que al menos este lote parecía que no le haría daño. Un montón de gente se había acercado a saludarla, algunos menos exuberantes que otros. Ella no tenía como saberlo, pero su llegada y presencia en Aries no había pasado desapercibida, por lo que muchos santos y amazonas quisieron conocerla. Incluso algunos soldados se acercaron con algo de timidez a verla. Ya el día anterior había pasado con Mati en la oficina de abogados, donde también había atraído mucha atención, pero que había sido mejor contenida gracias a Helga, la nueva secretaria. Lizzie incluso había conocido a la diosa. Athena no pudo evitar las ganas de verla y hasta la había cargado bastante rato, prometiéndole que a partir de ese momento estaría a salvo.
Bostezó con ganas y se metió una mano a la boca. Comenzaba a darle hambre y quizás un poco de sueño, pero no quería reclamar todavía. Como que estar al aire libre le gustaba, las caricias del sol eran perfectas y se sentía tranquila. Ni se dio cuenta cuando Mu la maniobró en los brazos y la dejó en el moisés que alguna vez fuera de Kyrus y que era perfecto para estar al aire libre.
Bien recordarán que Milo esa mañana les había regalado a Mati y Mu el coche que fuera de Kyrus. Como este se separaba en múltiples partes y era algo aparatoso, el lemuriano había decidido llevar con él solo el moisés. Lizzie tenía uno que Afro le había regalado los primeros días, pero ese por lo visto solo lo usaría en casa, considerando que parecía muy frágil para estar a la intemperie. Aioria acercó el moisés de Héctor para aprovechar mejor la sombra y se asomó a ver como Mu acomodaba a su hijita.
"Quisiera revisarle su pierna. Ver como va." Pidió Aioria con cara de circunstancias. Mu le dejó pasó libre y vio como el león hacía una rápida revisión de la lesión de Lizzie, mientras la pequeña lo fulminaba con la mirada. "Jejejeje, alguien está aprendiendo de Mati las miradas."
"¡Mati no se enoja!"
"¿Nunca la has visto poniendo orden cuando se juntan más de seis santos pidiendo papeles al mismo tiempo, verdad?" Preguntó Alde muy casual.
"…" Mu parpadeó un poco, antes de sonrojarse con furor. "¡Pero si así se ve linda!"
"Lo tuyo es grave, Mu." Dijo Milo. "¿Cómo está esa piernecita, Mufasa?"
Aioria suspiró, agradeciendo internamente el cambio de tema, mientras ejercitaba la pierna de la nena, aplicando cosmo en el caso que le doliera. Sabía que Shura por fin había aceptado la muerte de Selene y trataba de darle un cierre a eso (su cacería ayudaba mucho), y también le constaba que el español no se iba a quedar rumiando penas mucho tiempo más. Era una persona práctica, que sabía que tenía que hacer duelo, pero que no podía quedarse atascado en eso el resto de sus días. Aún así se sentía incómodo hablando sobre parejas cerca de él.
Si le hubieran hecho eso a Marín, estaría enloquecido de dolor. O muy concentrado en Héctor.
"¡Y dale con Mufasa!" Gruñó el león a regañadientes. "Estable: ni mejora ni empeora. No debería tener esta lesión, pero bueno… hay que esperar para ver resultados." Aioria soltó a Lizzie y se puso de pie.
"Tendrá problemas de desarrollo, ¿verdad? A esta edad debería estar intentando gatear o ponerse de pie…" Suspiró Mu preocupado.
"Que le des tiempo, Mu." Milo puso una mano sobre el hombro de Mu. "¿Puedes echarle un ojo a los niños, Mufasa? Éste se viene a entrenar conmigo."
"¡¿Cómo que Mufasa?!" Protestó Aioria de nuevo, de mal humor.
"¡Pero no puedo dejarla sola!"
"Puedes. Y tienes que hacerlo."
"Que conste que te lo dice Milo, aprensiones locas." Añadió Shura. "Vamos, Carnero: entrenas con los dos."
"¡¿Pero y Lizzie?!"
"¡¿Crees que le voy a hacer daño, Mu?! Me Ofendes." Bromeó Aioria con mucha seriedad.
"¡NO! Pero…"
"Yo me quedo aquí para vigilar." Añadió Alde. "También está Afro dando vueltas con Kyrus, así que pierde cuidado. Y está Blanquita."
"¡Pero…!"
Milo y Shura sujetaron a Mu por los brazos y, sin darle tiempo a protestar a favor o en contra, lo arrastraron a la arena. Alde les hizo una seña con la mano al tiempo que se acomodaba junto al moisés en donde Lizzie trataba de permanecer despierta. Aioria le puso una sombrilla para que el sol no molestara tanto y acercó aún más el moisés en donde dormía Héctor, también ingeniándoselas para resguardarlo del sol. Justo en ese sitio la sombra a esa hora era perfecta, pero mejor se aseguraban. Se sentó al lado de Alde y comenzaron a conversar de cualquier tema.
Al poco rato volvió Afro con Kyrus de la mano. El niño venía muy contento y con el aspecto de haber pegado una buena carrera. A juzgar por el aspecto de Afro (quien parecía haber dado un salto mortal hacia el suelo), tal cosa no estaba tan alejada de la verdad. Blanquita se sentó junto a los bebés que dormían, tras olerlos brevemente.
"¿Carrera repentina?" Preguntó Alde. "Jejeje, Kyrus va para atleta, se los digo."
"Fuimos por el borde externo del coliseo, donde está la hierba y esas florecitas tan lindas. Creí que le gustaría ir por lo blandito." Afro rio travieso. "Me descuidé un instante y se largó a correr."
"¿Dónde está la hierba? ¿No es donde está esa sombra que le gusta tanto a Shaina?" Preguntó Aioria divertido.
"¡¿Cómo crees?! Estoy de niñero: no iba a cometer ninguna imprudencia con Kyrus ahí." Afro suspiró apenado. "Además mi mujer no estaba." Añadió compungido.
Los adultos comenzaron a bromear con Afro y pronto soltó la mano de Kyrus. El pequeño escorpión bostezó y se sentó en la grada, arrimándose junto a Alde. Tenía sueño y quería dormir. Algo dormitó, pero el estornudo de Blanquita lo despertó de nuevo. Kyrus se dio cuenta que la enorme perra estaba echada junto a los moisés y, tras parpadear unos instantes, notó que allí estaba el suyo. Se levantó y sin que el santo de Tauro se diera cuenta, o decidiera ignorarlo, medio gateando y caminando (no era tanta distancia tampoco), se acercó hasta donde dormían los pequeños.
Se asomó al moisés de Héctor, quien dormía feliz de la vida. Sonrió y repitió el gesto hacia su propio moisés, esperando verlo vacío. Tenía planeado meterse dentro y dormir un ratito, pero lo que vio lo sorprendió. Lizzie dormía, no profundo, pero lo hacía.
"Nena…" balbuceó Kyrus perplejo.
¿Qué hacía una niña durmiendo en su moisés? El niño estiró la mano y le topó la cara. Lizzie despertó, remolona al principio pero full alerta cuando se dio cuenta que era observada. Justo cuando Kyrus le sonrió y la saludó con la manito, Blanquita asomó su enorme cabeza y comenzó a olfatear a la niña. Lizzie casi se murió del susto, pero cuando la perra le pasó la lengua por su piernecita izquierda, sonrió por las cosquillas, dejando escapar unas tímidas risitas.
"¿Gúu? ¡Aaaaagú!"
"… La." Saludó Kyrus. El niño frunció el ceño unos instantes. "… ormir." Añadió tranquilo, con una clara referencia que quería siesta. Lizzie frunció el ceño, sin entender qué quería este niño.
Por cierto, nunca había visto a alguien tan cercano a su edad, estaba muy curiosa… pero más curiosa se puso cuando Kyrus, de alguna manera se encaramó y se metió dentro del moisés. Con toda la audacia del mundo se hizo un hueco junto a Lizzie, también quizás encima, acomodándose a su lado. La beba no sabía si largarse a llorar de susto, indignación o qué cosa, o si debía o no emitir ruido alguno. A Kyrus no pareció importarle compartir espacio con la niña, considerando que no era la primera vez que dormía amontonado junto a otros aprendices de su edad. A veces Milo lo dejaba en una suerte de guardería que se formaba de manera improvisada en el Santuario, y el santo o amazona a cargo solía hacerlos dormir la siesta apilados.
Bueno. La idea era que durmieran sobre una misma colchoneta, pero los niños terminaban amontonándose de todos modos. ¡Pero Lizzie no estaba acostumbrada! Menos a una invasión tan desfachatada de su espacio personal. ¿Éste quién changos se creía que era?
"¡GÚ!" Reclamó indignada, tratando de moverse y de apartar al invasor de moisés.
Pero Kyrus simplemente suspiró, se acurrucó mejor y… se durmió.
Lizzie hizo un enorme puchero e intentó quitarse a Kyrus de encima, pero este dormía como si estuviera en el lugar más cómodo del mundo. Quiso moverse, pero su única opción era a su derecha y la rodilla la tenía sensible. Este niño tan molesto era pesado y no podía moverlo. Le tembló el labio y sus ojitos se llenaron de lágrimas. Comenzó a gimotear y miró hacia arriba justo en el momento en que Afro le sacaba una foto con el celular.
TCHK.
"Se las voy a mostrar cuando tengan quince." Dijo el dorado, mientras la reenviaba por whatsapp a todos sus grupos. No tardaron en llegar todo tipo de comentarios.
"Eso es tan tierno que debería ser ilegal." Comentó Alde.
"Milo… ¿Qué hace tu hijo metido en ese moisés con mi hija?" Protestó Mu divertido. Milo se puso rojo en ese instante al pensar quizás en qué y entre risas se llevó una mano a la nuca.
"¡Duerme! ¿Qué más va a hacer a esta edad? JAJAJAJA."
"¡Hijo de Tigre tenía que salir rayado!" Exclamó Shura divertido.
El bullying sería intenso cuando los niños fueran mayores.
Pero Lizzie no entendía nada. Se fijó en Mu y le estiró una manita pidiéndole ayuda con los ojos. En ese momento Milo se inclinó y tomó a Kyrus en brazos, quien en la sorpresa de verse alzado de pronto se agarró de lo primero que pilló: sujetó el vestido de Lizzie y le dio una sacudida a medida que lo alzaban, y aunque la soltó rápido, la nena se agitó y al mover las piernas, pasó a llevar los puntos que aún tenía en el piecito.
"WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA…"
Obviamente le dolió y se largó a llorar con ganas. Mu la levantó en seguida a consolarla.
Kyrus, ya desde los brazos de su padre y asustado por lo repentino del llanto, miró a Lizzie con los ojos abiertos a más no poder e hizo su propio puchero. Desde la muerte de Erich que el pequeño se estaba mostrando demasiado empático con el dolor ajeno y se dio cuenta que la nena sufría, quizás por su culpa… y eso no le gustó. Si de algo Kyrus se había dado cuenta, incluso a tan tierna edad, es que no le gustaba ver gente sufriendo dolor.
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, DUELEEEEEEE!" Kyrus se abrazó a Milo, llorando de desolación como si hubiera perdido un pariente.
"¡Ah, que lindo! ¡Llanto en estéreo!" Se quejó Shura apretando los dientes.
"No digas eso o invocas un…" Comenzó a decir Aioria, pero…
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!" Héctor se largó a llorar de improviso.
Claro. Si ya había dos bebés llorando, él no se iba a quedar atrás. Héctor no tenía ganas de llorar, era un bebé muy tranquilo en ese respecto, pero iba a apoyar el llanto de sus semejantes, cualesquiera que fuera la razón. Así de comprometido estaba por la causa.
"… Llanto gremial." Puntualizó Alde.
Los seis santos presentes tan solo suspiraron. Iba a ser complicado.
Plaza Syntagma. Atenas.
Día siguiente. 31 marzo. 11:45 horas.
Se habían reunido en aquella esquina, en un café muy concurrido cerca de la salida del metro. Isabella tenía los ojos cerrados tras sus gafas oscuras y meditaba la información que Ferraro acababa de darle. Se aseguró de que había recibido las fotografías y se guardó el celular.
"Entonces… ¿quien dirigía este burdel que cerró no es a quien arrestamos ayer?"
"No, es otro, pero ese en cuestión también está implicado. Creo que servía de correo." Ferraro resopló molesto. "El tipo de las fotos que te envié…"
"No parece ser el dueño real."
"Justo lo que iba a decir: no es el dueño, era más cauteloso, pero se ha puesto descuidado." Alessandro la miró a la cara por unos instantes. "Debe ser parte de la operación, hasta ahora no había podido seguirlo bien, pero desde hace unos días que está cometiendo errores de principiante. No, no es el capo del burdel, pero sí debe tratar con él."
"¿Estás seguro?"
"Bastante. Algo debió pasar en esa red que remeció todos los hilos hacia abajo… supongo que lo de la beba lemuriana."
"Lizzie."
"¿Cómo?"
"Le pusieron Lizzie. Bueno, se llama Elizabeth, pero le decimos Lizzie." Gruñó Isa entre dientes. "Ferraro… ¿Cómo sabes que no es una trampa para el cazador? Puede que estén intentando sacarte del medio. Tiene toda la pinta de serlo."
"Puede que sí sea una trampa, pero no puedo dejar de investigarla. Esos malditos deben ser detenidos."
"Si te atrapan, no iré por ti, conste."
"¡Gracias! Me encanta la hospitalidad griega."
"Bah."
Isa comenzó a observar sus alrededor, el contexto en el que estaba. Nunca había perdido la costumbre de revisar por las posibles salidas y refugios cuando estaba en la calle, aunque ese sector en particular lo conocía muy bien. Sintió una brisa que le refrescó los cabellos.
"Creo… que los juzgados de menores están apestados. Sospecho que podrían tener un contacto ahí dentro."
"Esa pista la estamos investigando, Ferraro. No la repitas mucho, tenemos que ir con cuidado allí."
"¿Qué tan grave es?"
"Grave: supura por todos lados."
Ferraro se dio por respondido al notar las severas facciones del rostro de Isa. Miró la hora y se desperezó.
"… De momento es todo lo que tengo. Te contactaré si encuentro algo más." El hombre se sacudió la ropa y le hizo un gesto con la cabeza. "Te cuidas, Nauplias."
"Hmpf. Tú igual."
Isabella ni siquiera vio en qué dirección se alejó Ferraro. Solo esperó a que desapareciera de su rango auditivo y sumó al menos quince minutos, al cabo de los cuales, se desperezó ella misma y emprendió camino contrario. Iba pensando a mil por hora en lo que tendría que hacer, como rastrear al sujeto de la foto (que no era otro que Jackson,) y de ver cómo iba su investigación en el juzgado de menores.
Sentía que estaba más cerca de la pista… pero al mismo tiempo, cualquier paso en falso y todo se iría al desmadre.
Iba a estar complicado.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Liberando Estrés.
…
"¿Cómo cuáles?" preguntó Saga. "Dijiste que podría afectar al Santuario." Shura solo miró a Saga con mucha seriedad.
"El degenerado que compró a Lizzie la quiere antes de dos meses y Grandchild dio la orden de que la recuperen a toda costa."
Anneke palideció un poco y se tapó la boca. Saga simplemente tuvo un tic en el ojo.
…
Nota Mental: Y yo que creí que podría haber actualizado ayer en la tarde, pero digamos que salí de excursión y volví muerta. Pero bueno, aquí les dejo esta actualización esperando que la disfruten, advirtiéndoles desde ya que Lizzie no está fuera de peligro. Y también en las noticias que no tienen sentido, el próximo fic lleva un avance del 95%... Shura de pronto se puso a cooperar y no me quejo. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
De verdad Sagitarius que no me esperaba hacer llorar a nadie con el capítulo anterior. Cierto, me hizo hacer varios pucheros, pero no puedo negar que me tomó por sorpresa. El pasó que dieron Isa y sus papás fue el más difícil de sus vidas, pero, y con justa razón, al menos tomaron una dirección y algo en limpio podrán sacar de todo ello. Mejor dejemos que ellos mismos cuenten esa historia, nunca se sabe qué sorpresas podrían dar. Sí, corderito perdido, también conocido como Kiki, volvió a casa y está dispuesto a ser el mejor hermano mayor del mundo. Supongo que aprendió su lección y a partir de ahora tratará de ser un mejor aprendiz. Axl es un encanto de hombre, y está disfrutando a todo dar esto de ser abuelo, igual que Lümi. Deja que primero se acomoden bien en sus nuevas vidas y quizás seguir por ese camino que antes no pudieron recorrer. Mati y Mu… como ves, y pese a toda la inexperiencia, por fin reman hacia el mismo lado. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Yamid, pronto habrá inquilinos nuevos en ese calabozo, y créeme que Mu va a sacar de paseo el carácter que sabemos le heredó Lümi. Aunque adelante, sí admito que el capítulo quedó dulzón: oOo Puedes golpear un muro o todos los traficantes de personas que quieras. Sobre Isa, va en serio… deja que ella y sus parientes cuenten ese cuento n.n. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En esta ocasión, la explicación de "Meica" está sacada de la siempre útil y maravilla página de Memoria Chilena. Las referencias a la prueba Apgar fueron sacadas de MedLinePlus y Wikipedia.
Meica: A diferencia de las santiguadoras y machis, las meicas o curanderas aplican, además de oraciones o rogativos, una serie de procedimientos empíricos como agüitas, caldos, emplastos, hierbas, etcétera, destinados a devolver la salud a la persona enferma. Este conjunto de procedimientos se puede caracterizar como prácticas curativo-rituales entendidas dentro de una cosmovisión que, generalmente, no pertenece al ámbito de lo oficial, profesional o moderno.
Estas prácticas fueron ejercidas casi siempre por mujeres de cualquier edad que recibieron el don de curar por parte de una fuerza superior, el que fueron perfeccionando a través de la observación del oficio ejercido por otras mujeres. La meica puede ser de cualquier ascendencia étnica, aunque es un oficio relacionado, generalmente, con mulatas o mestizas, a diferencia de la machi, que es siempre de ascendencia mapuche. También a estas mujeres se les atribuyen algunos poderes psíquicos.
Test de Apgar: La prueba de Apgar es un examen rápido que se realiza al primer y quinto minuto después del nacimiento del bebé. El puntaje en el minuto 1 determina qué tan bien toleró el bebé el proceso de nacimiento. El puntaje al minuto 5 le indica al médico qué tan bien está evolucionando el bebé por fuera del vientre materno.
En casos raros, el examen se terminará 10 minutos después del nacimiento.
El test de Apgar lo puede realizar un profesional de la salud debidamente certificado que haya atendido el parto, quien realiza una prueba en la que se valoran cinco parámetros para obtener una primera valoración simple (macroscópica), y clínica sobre el estado general del recién nacido. El neonato es evaluado de acuerdo a cinco parámetros fisioanatómicos simples, que son: tono muscular, esfuerzo respiratorio, frecuencia cardíaca, reflejos y color de la piel.
A cada parámetro se le asigna una puntuación entre 0 y 2, sumando las cinco puntuaciones se obtiene el resultado del test (máximo de 10).
El test se realiza al minuto, a los cinco minutos (y, ocasionalmente, cada 5 minutos hasta los 20 minutos de nacido si la puntuación hasta los cinco minutos es inferior a siete). La puntuación al primer minuto evalúa el nivel de tolerancia del recién nacido al proceso del nacimiento y su posible sufrimiento, mientras que la puntuación obtenida a los cinco minutos evalúa el nivel de adaptabilidad del recién nacido al medio ambiente y su capacidad de recuperación. Un recién nacido con una puntuación más baja al primer minuto que al quinto, obtiene unos resultados normales y no implica anormalidad en su evolución. De lo contrario, a un recién nacido que marca 0 puntos de Apgar se debe de evaluar clínicamente su condición anatómica para dictaminarle estado de muerte.
Sólo como una regla mnemotécnica, la palabra Apgar puede usarse como un acrónimo para recordar los criterios evaluados: Apariencia, Pulso, Gesticulación, Actividad y Respiración.
Actualmente sigue usándose como un test rápido, sencillo y preciso para evaluar la vitalidad del recién nacido. Tiene también cierta capacidad de predicción del pronóstico y la supervivencia, y su uso es práctica habitual hoy en día en todos los centros de sanitarios que atienden partos.
