Hace días que algunos santos notan que tienen un "visitante frecuente" en los límites del Santuario, así que deciden iniciar una investigación por su cuenta. Shura también notifica algunos descubrimientos, igual que Kanon, quien confiesa que aceptó ser el maestro de Sebastián. Ahora, algunos santos se han divertido en los calabozos y Mu despeja sus últimas dudas.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu ._. Trataré de referirlos a esa galería… ÓAÒ ¡EKLÉCTIKAAAA! ¡AYUDAAAA! SOY UNA INÚTIL… TAT En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 12: Liberando Estrés.

Sector de Turistas.

Día siguiente. 1º de abril.17:25 horas.

"Sí, definitivamente es el mismo."

Junet le mostró su celular a Dio, quien tomó el aparato algo remolón. Se tomó el tiempo para ver la foto que la amazona le mostraba y compararla con el sujeto que estaba allí, más abajo, merodeando en el sector de los turistas. Dio ladeó la cabeza y no tuvo de otra sino asentir con cuidado.

"Pues sí, es el mismo sujeto." El plateado apretó los dientes. "Lo que me pone más quisquilloso todavía, ese tipo no me gusta nada."

"Ni a mí." Gruñó Junet.

Desde el ataque de Chantal hasta ahora, los santos estaban especialmente mañosos con las fronteras, sobre todo la orden de plata. El ataque a Aries y la posterior batalla que se libró en el Santuario solo habían aumentado el recelo de los santos y amazonas, sobre todo de quienes patrullaban los límites. A casi dos meses de aquellos eventos, lejos de haber disminuido los ímpetus mantenían el impulso y todos estaban muy pendientes de hasta el más pequeño detalle.

Se rumoreaba en los alrededores del Santuario que las fronteras estaban mejor vigiladas.

El sector de turistas en cambio no parecía haber sufrido mayores cambios. Tenía mucha afluencia de público y, si bien los turistas que visitaban los colindantes sitios patrimoniales no habían reportado que se los molestara en exceso para que se retirasen de las áreas restringidas, sí se habían percibido más santos dando vueltas que desincentivaban a los despistados. Algunos santos y amazonas eran más sociables que otros, y dependiendo de sus habilidades con las personas, interactuaban más o menos con los visitantes: daban desde explicaciones sobre las ruinas, paseos improvisados y hasta permitían que les tomaran fotos. Aldebarán era una bomba y el que más fotos se dejaba tomar, apareciendo en infinidad de selfies con su característica sonrisa por todas las redes sociales. Otros, como Camus y curiosamente Misty de Lacerta (tenía un trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza y no le gustaba que lo tocaran extraños), eran los menos sociables.

Había una foto de Camus con cara de leche agria que circulaba en la forma de un meme de internet.

Como estaban más al pendiente del devenir de sus fronteras, pronto los santos comenzaron a percibir patrones y a predecirlos… y así se dieron cuenta de las visitas de aquél sujeto. Jackson llevaba días merodeando el Santuario, logrando pasar desapercibido, como un ciudadano ateniense más, pero primero fueron los guardias en notarlo y por ende también los santos. El sujeto parecía inofensivo, solo miraba hacia el interior del recinto, pero como estaban más desconfiados de la cuenta…

"Definitivamente es el mismo. ¿Qué pretende?" Gruñó Dio entrecerrando los ojos.

"No ha traspasado los límites, pero no me gusta nada su presencia." Junet hizo un gesto de asco bajo la máscara. "Tiene algo como que me da asco. No sé explicarlo, pero me dan ganas de arrastrarlo a los calabozos que no tienes idea."

"Sin una buena razón no podemos hacer eso sin romper al menos varias leyes." Dio le sacó una foto con su celular y la envió por mensajería. "Creo que amerita una pequeña investigación."

"… Y aquí viene lo que te quería mostrar: luego me hablas de la investigación."

Junet señaló a Jackson, quien caminaba como haciéndose el interesado, sacando fotos ocasionales y panorámicas. No lejos de allí, ambos vieron aparecer a Isabella del brazo de Kanon. La policía tenía un aspecto muy cansado: algo sabían acerca de que estaba siguiendo un caso bastante complejo que había atrapado mucha de su concentración, por lo que no la habían visto tan seguido. Dio se fijó en la pareja y no pasó desapercibido ni para él ni Junet que Jackson sí se dio cuenta de la presencia de Isabella… y disimuladamente se perdió entre la multitud.

"¿Te fijaste? Hizo lo mismo hace dos días. ¿Crees que se lo debamos comentar a Isabella?"

"Definitivamente. También a Kanon y a Aioria para que estén al tanto." El celular de Dio sonó, anunciando la llegada de dos mensajes seguidos. "En cuanto a la investigación… Le mandé la foto a Jamián del Cuervo y a Asterión de Canes Venatici."

"¿Por qué a esos dos?"

"Tienen mascotas muy inteligentes. Los cuervos de Jamián están bien entrenados, y Asterión conversa con perros, por más que lo niegue." Dio le mostró su celular. "Me acaban de decir que vienen para acá: comenzarán a rastrear al tipo."

Junet sonrió torcida e infló el pecho con orgullo. Tenía un presentimiento sobre todo esto y creía que podrían descubrir algo lo bastante interesante como para hacer que la diosa se enorgulleciera de ellos.

No lejos de allí, Isabella se apoyó en el hombro de Kanon. Estaba cansada, y no sabía si estar más aliviada o no. En cierta manera la última conversación que había tenido con sus padres en el "Black Canvas" había tendido un puente enorme entre ambos. Sentía de todos modos que aún les quedaba mucho por delante para poder resolver, pues tantos años de trágica separación, por mucho que se perdonen, siempre van a necesitar trabajo de todas las partes involucradas. Resentimientos quedaban, pero al menos Isa tenía la sensación de que, con este reencuentro, por fin podía cambiar de piel y renacer para seguir adelante.

Sus padres, por lo visto, se sentían igual, y como primer gran paso hasta habían intercambiado números telefónicos. Se quedarían unos días más en Atenas, pero debían volver pronto a Litoxoro, en donde Berenice les esperaba. Ese viaje sin duda iba a probar la determinación de esta familia por volver a ser una sola. En todo caso…

"… Creo que en el fondo, esa Izzy que se supone que es buena, y la bruja que eres, sí quieren volver a estar en contacto con tus viejos y tu familia." Le dijo Kanon. "De otro modo no les hubieras ofrecido tu casa."

Isabella se sopló el flequillo sin saber qué pensar ni ella misma. Casi de la nada, y prácticamente sin pensarlo, antes de despedirse de su familia, la chica les había ofrecido su casa para que pasaran los últimos días y no tener que estar metidos en un hotel. Era un piso de tres dormitorios y dos baños que Poupi, el viejo detective que la había sacado de la calle, le había heredado al morir, al no tener hijos ni familiares. No era la gran cosa, de hecho, para tener tres dormitorios tampoco era tan grande, pero tener una casa propia había significado el mundo y una tranquilidad soberana como no se la pueden imaginar, sobre todo para Isabella, que no venía de las mejores condiciones.

Tenía bien bonita su casa, hay que decirlo.

"No sé por qué lo hice o si fue lo correcto. Apenas he estado en casa y me pareció… no sé. Mi terapista me dijo que es por la necesidad de reconectarme con ellos." Isabella se encogió de hombros. "No digamos que se van a quedar para siempre. O si los volveré a ver."

"Si volverás a verlos." Kanon le guiñó un ojo. "Esta noche cuando te lleve a casa, por ejemplo."

"¿En serio quieres conocerlos?" Isabella se sintió enrojecer. "No sé ni cómo aceptaron mi oferta, creí que se negarían…"

"Digamos que quiero dejar en claro que tengo un gemelo idéntico, para que no intenten matarme por si ven a Saga con Anneke y crean que te estoy engañando." Se rió de buena gana, antes de besarle la mejilla.

"O sea, ¿Qué podré decirles que eres mi prometido y que juraste llevarme a una playa para la noche de bodas?"

"Errr… llega hasta la parte de que soy tu prometido. Tengo que mantener las apariencias." Se rió nervioso. "Porque no te creas que lo de la playa está descartado." Isabella lo rodeó con ambos brazos.

"No va a cambiar nada. He vivido demasiado tiempo sola como para que la opinión de esos dos cambie en algo las cosas. No los necesito."

"No me cabe la menor duda. No los necesitas. Eres una bruja independiente." Kanon le acarició el contorno de la mejilla al tiempo que la obligaba a verlo a los ojos. "Pero no niegues que es algo que te gustaría saber."

Isabella asintió con calma tras suspirar, pero no dijo nada. Simplemente se refugió en el pecho de Kanon y se dejó mimar. De un tiempo a esta parte que sentirse rodeada por los brazos de su prometido, incluso de antes de que le pidiera su mano, en vez de provocarle el instinto de huida, se había convertido en su momento maravilloso del día. Sobre todo en situaciones como la que atravesaba, en que el desgaste emocional la tenía más vulnerable que nunca.

"Errr… ¿Izzy querida?"

¡Ese tono de voz!

"¿Qué hiciste?"

La actitud de Isabella cambió de golpe. Conocía ese tono de voz. Soltó a Kanon y lo miró severa, con las manos en sus caderas y el ceño fruncido. El menor de los gemelos puso cara de no haber roto un plato en su vida.

"¡Yo nada!"

"Te conozco, Kanon de Géminis y ex Dragón Marino: somos de la misma harina." Le dijo severa. "¿Qué pasó?"

Kanon suspiró y se rascó la nuca. Tomó una buena bocanada de aire y sonrió por breves segundos, antes de poner cara de negocios.

"Julián me contó que hoy como al mediodía, Sebastián accedió en convertirse en Dragón Marino. Sobre la marcha, Athena me pidió que lo entrenara y… accedí. Tu hermano es mi aprendiz desde hace unas horas."

De la sorpresa, Isabella dejó caer los hombros y abrió los ojos a un buen tamaño. No supo si asustarse o aterrarse, considerando que conocía bien como se entrenaban a los aprendices y el duro régimen al que eran expuestos. Sin duda el hecho que Kanon entrenara a Sebastián y no alguno de los generales (en serio, no se le ocurría ninguno con la madurez emocional necesaria), la tranquilizaba un montón, pero… pero…

"¿Mis padres saben?"

Kanon la miró en blanco. Sabía que Sebastián les había explicado la situación a sus padres ni bien aceptó y que en esos instantes Julián debería estar con ellos explicándoles todo. Independiente de cómo se dieran las cosas, dentro de unas horas no solo se presentaría a sí mismo ante los señores Dellas como el prometido de su hija largamente perdida, sino también como el maestro de su hijo menor. Mientras Julián o Saori no le dijeran nada, no podía asumir que ellos sabían aún. Negó con la cabeza.

"No lo sé. Creo que Julián debería estar conversando con ellos ahora, pero no podría asegurarlo."

Kanon se preparó para la explosión emocional. Pudo ver en los ojos de su prometida un huracán de sensaciones, pero lejos de explotar, aquella tormenta se calmó por instantes e Isabella asintió acongojada. Y sonrió. Le abrazó con fuerza y cariño y el menor de los gemelos pudo sentir todo el apoyo.

"No es malo que Juliancito les esté explicando las cosas: mi familia es devota de Poseidón." Le dijo una vez que lo soltó, aunque en seguida se le arrimó del brazo.

"¿En serio? ¿Y de dónde sacaste tú lo agnóstico?"

"Dejé de ser agnóstica hace tiempo, Kanon… Y no por obligación: Athena ganó mi fidelidad." La chica le acarició el rostro. "Si pudo acoger a un chico malo como tú de regreso a sus faldas, tiene mi fe, no lo dudes."

"¡Oye!"

"Además sé que lo vas a entrenar bien. ¡Te felicito amor! ¡Te promovieron a Maestro!" Le dijo sin derecho a réplica, mientras lo abrazaba feliz.

"Seee… podría ser peor." Le dijo Kanon, correspondiendo el abrazo. Fue cuando Isa lo soltó de nuevo y lo miró a los ojos.

"Le pasa algo a mi hermano menor, y te daré arsénico con la cena." Le dijo con tal seriedad y decisión, que Kanon tragó saliva.

Segundos después los dos se echaron a reír.


Casa de Géminis. Piso residencial.

En esos momentos. 17:57 horas.

Shura acarició la cabeza del viejo perro. Bruno simplemente se dejaba mimar y su canoso rostro así lo demostraba. Terminó sentándose junto al español y apoyando su peso en su pierna, tentado de mostrar la panza. El santo de capricornio estaba por comentarle la desfachatez al perro cuando Anneke le ofreció un tazón con café.

"Tengo un küchen de duraznos en el horno, si tienes paciencia puedes esperar a que lo saque."

"No, te lo agradezco, pero no me arriesgaré a la ira de Saga." Shura sonrió torcido. "No le gusta compartir las habilidades culinarias de su chef personal. Creo que eso se transmite de generación en generación de geminianos."

"¿Qué cosa?"

"Que los santos de Géminis se casen con prodigios de la cocina y tener que sufrir que todos los demás les caigan a la cena."

"Al grano, Shura." Gruñó Saga de mal humor.

El gemelo mayor se cruzó de brazos y no pudo evitar pensar en su propio maestro. Su mamá, Beatriz, había sido una cocinera excelente y el debate de quien cocinaba mejor, si ella o Juliana, nunca pudo resolverse; pero a diferencia de la guardiana de la cuarta casa, Beatriz solía aceptar de buen grado comensales extra a la hora de la cena (que por vagos o por no saber cocinar) que acudían a ella en busca de comida. Telémaco detestaba cuando pasaba esto… generalmente todos los días. ¿Acaso le iba a pasar lo mismo con Anneke? Tragó saliva: ahora más que nunca comprendía porqué su maestro se ponía de tan mal humor.

"Disculpa Saga, no quise levantar recuerdos." Se disculpó el español sin estar arrepentido en lo más mínimo.

Saga resopló y se levantó de su silla, ayudando a Anneke a sentarse en una cercana. No es que la mujer lo necesitara, pero aceptaba de buen grado la caballerosidad del gemelo mayor. Una vez que estuvo cómoda, regresó a su asiento. Solo entonces Shura se puso muy serio.

"Debo decir que el dato que me dieron el otro día fue de lo más provechoso. Vine a darles las gracias por ello." El español se quedó mirando a Anneke. "No vuelvas a hacer lo que hiciste, fue muy imprudente. El sujeto ese resultó ser más peligroso de lo que parecía."

"Tendré más cuidado, Shura, pero créeme cuando te digo que no podía quedarme callada. ¡Tenía que decirle algo! No viste lo que yo…"

"Tuviste suerte con tu cacería. Me alegro mucho." Asintió Saga muy serio. "¿Lograste dar con ese maldito?"

"No todavía, pero estoy cerrando el círculo y tengo una noción más o menos clara de donde se esconde ese…" Shura apretó los dientes y puños, conteniéndose de decir una grosería bien merecida, por respeto a la presencia de Anneke. "Obtuve más información de la que sospeché: esos malditos se hacían los rudos, pero no duraron nada. Pfff. Les concedo que supieron huir de mí, me entretuve dándoles caza."

"¿Jugaste al Gato Caza?"

"No me divertía así desde mocoso con ese juego."

"Luego me explican de eso." Pidió Anneke curiosa. "¿Averiguaron algo interesante?"

"Más o menos… por eso espero a Isabella. Creo que tengo información útil para su caso." Shura miró a Saga muy serio. "Información que como dorados también tenemos que tener en mente, pues está operando demasiado cerca de nosotros."

"¿A qué te refieres?" Preguntó Saga.

"La red de trata de personas se especializa en niños menores de cinco años. La maneja un degenerado que llaman Grandchild, que ha hecho de una fortuna negociando y abasteciendo redes de pedofilia y prostitución. El tipo ha logrado engañar al radar de la policía, pero la investigación en la que participa Isa le ha dado duros golpes y está moviendo sus piezas de tal manera que está a punto de escapar, sin que la policía sepa que existe siquiera." Shura les mostró un pendrive. "Esto es un regalo para Isa: tiene los detalles de la transacción que involucra a Lizzie. Con esto podrían atrapar al malparido ese." Shura volvió a guardar el pendrive y se cruzó de brazos. "Entre otras cosas."

"¿Cómo cuáles?" preguntó Saga. "Dijiste que podría afectar al Santuario." Shura solo miró a Saga con mucha seriedad.

"El degenerado que compró a Lizzie la quiere antes de dos meses y Grandchild dio la orden de que la recuperen a toda costa."

Anneke palideció un poco y se tapó la boca. Saga simplemente tuvo un tic en el ojo.


Casa de Piscis. Piso residencial.

En esos momentos.

Afro terminó de meter su capa en la lavadora, tras haber tratado las manchas de sangre con agua oxigenada, agua fría y otros artilugios de limpieza. Estaba serio y mantenía la mandíbula apretada, no obstante lo anterior, sentía algo de morbosa justicia en su fuero interno.

Días antes Saga le había pasado el dato a Shura de que un tal doctor Tsagoras, un dentista pediátrico, huía por Monastiraki y según Anneke, iba directo buscando a un tipo que sabía del paradero de Rango, el asesino de Selene. Ni lento ni perezoso Shura se volcó a la cacería, la cual dio inesperados frutos. Encontraron al dentista y a la persona que buscaba (un pediatra) quienes al principio se mostraron reacios a decir palabra, pero conforme progresó la investigación de Shura, se descubrió que ambos eran un asqueroso par de degenerados y, considerando que seguían sin decir nada, les valió un pase VIP a los calabozos del Santuario.

Afro cerró la tapa de la lavadora y encendió el programa. Entrecerró los ojos.

Los tipos se negaron a hablar. Tenía que concederles su perseverancia. Había quienes sin haber tenido un entrenamiento especial, no revelaban los secretos que se les había confiado ni bajo tortura, y estos dos probaron ser de ese tipo… ahí fue cuando intervino, considerando sus habilidades para interrogar.

"GRRRRRR."

Empuñó las manos y sus facciones se congelaron en un rictus de odio. Sí, había sacado la información con relativa facilidad, pero su habilidad para leer el sistema nervioso de sus víctimas le mostró cosas que hubiera preferido no ver, y que ni en su peor época hubiera permitido. En serio, ¿Qué clase de degenerado…? ARGH.

Resopló con fuerza. Con lo que había visto, como que le daban ganas de lavar su cerebro con cloro.

La información que les sonsacó hizo que el pase de los muy malditos se convirtiese en permanente. Esos dos no volverían a ver la luz del sol, aunque no dejarían que murieran muy pronto.

Lo abrazaron por la espalda.

"¿Todo zanjado en los calabozos, amore?" Le preguntó Shaina, apoyando un oído en la espalda de su dorado. Afro le sujetó los brazos.

"Más o menos." Afro giró sobre su eje y abrazó a Shaina. "No han tenido suficiente castigo, pero ya sabemos lo que ocultaban."

"Vaya. Se van a quedar."

"Pensábamos borrarles la memoria y devolverlos a su vida, pero…" Afro entrecerró los ojos. "Su estadía es más que merecida."

"Hmpf. Entonces no se diga más."

Shaina ladeó la cabeza un tanto, sin quitarle los ojos de encima a Afro. Sabía que su dorado era muy peligroso, y que sin duda no había que subestimarlo, pero los últimos años era raro verlo tan… depredador. Eso le gustaba… y al mismo tiempo no.

"¿Qué pasó, 'Dita querido? ¿Qué viste?"

"Uno de ellos fue el que lastimó a Lizzie… ella no fue la primera, ni tampoco la última." Afro frunció el ceño. "Los dejamos con la puerta abierta."

"Eso quiere decir que no temen que escapen." Afirmó Shaina irguiendo la espalda. "Aunque nadie lo ha hecho."

"Mu les hizo una visita de cortesía: te aseguro que les va a faltar vida para arrepentirse de lo que hicieron con esos niños." Afro sonrió de costado. "Y ni se imaginan lo que les espera en el Inframundo. Les pasamos el dato a los jueces de Hades: puede que Radamanthys y Minos no hayan puesto una cara muy diferente de las que ponen cuando ven casos así, pero…"

"¿Pero…?"

"La cara de Aiacos fue de antología."

Shaina sonrió de costado. Eso como que no le sorprendía.


Casa de Aries.

En esos momentos. 18:00 horas.

Mu se apoyó en una columna. Tenía los ojos muy abiertos y sentía que no se había sacado toda la ira de adentro. Su capa estaba manchada de sangre y también sus manos, pero no le importaba: nada que una ducha no solucionase. Se sentía mal del estómago, pero no por lo que acababa de hacer sino porque por fin todo el peso de la situación le había caído encima cual montaña de ladrillos. Ese par de malditos no volverían a caminar en su vida, pero tenía la bipolar impresión que no había sido lo bastante brutal con ellos.

Palideció un poco y sintió náuseas. Respiró por la boca durante varios segundos y sofocó las ganas de vomitar.

Haber hecho esa visita de cortesía hacía que su situación respecto de Lizzie fuera incluso más real que nunca. Entre la ira ciega y la morbosa satisfacción de sentir como reducía a astillas los huesos del dentista, se dio cuenta que no había actuado como un dorado en el uso facultativo de sus ocho sentidos, sino como un padre embrutecido de rabia. ¿Qué Demonios? ¡Él no era el papá de Lizzie?! Bueno, sí, pero no, y…

¡No había sido su decisión! Moler a golpes al tipo sí, desencajarles las articulaciones a ambos también, y tomar a la beba esa noche sin duda había sido decisión suya. Bien pudo haberse negado a su maestro cuando éste le puso a la niña en los brazos. ¿Qué iba a saber él que lo iban a inundar a feromonas?

No sabía si quería quedarse con Lizzie toda su vida. Obvio, mientras la veía no tenía dudas, y no iba a ser tan rata como para dejarla, menos cuando por fin tenía la complicidad de Matilda, pero a veces pensaba… esa duda lo asaltaba y le jalaba de los nervios. ¿Quería a la beba en serio o solo era el producto de hormonas activadas por feromonas la que lo habían obligado?

Mu apretó los ojos y se impulsó hacia adelante. Se alejó de la columna que le había servido de apoyo atormentado por las dudas. Se fue derecho a las escaleritas que llevaban al piso residencial sintiendo el peso de sus pasos y de decisiones que no sabía si eran impuestas y aceptadas por que tocaba nada más.

Por supuesto: todo el mundo tenía la idea que había aceptado a Lizzie con el mayor de los gustos y que su tristeza se había relacionado con el hecho que Matilda por poco había salido huyendo ante la perspectiva de tener que ayudarlo. ¡No era así! Era el que más dudas tenía. Lizzie lo asustaba incluso ahora, lo cual le parecía una cruel incoherencia de su parte. ¡Moría por ser papá! Con Matilda de preferencia… desde que por fin estaban saliendo juntos que tenía el secreto anhelo de verla panzona por su culpa, e incluso tenía toda la intención de esperarla una vida entera hasta que ella estuviera lista, pero ¡¿Esto?! Cuidar de Lizzie y ver como Matilda lentamente se enamoraba de la nena lo llenaba de ansiedad.

Era demasiado pronto. Cierto, ya estaba en esto, lo haría, pero ¿por qué se sentía tan rata al pensar que a lo mejor pudieron haberle entregado a Lizzie a otro lemuriano? Así se le habría ahorrado el susto a Matilda y a él mismo… en su caso era peor, porque tenía que fingir…

¿Por qué estaba todo tan silencioso?

Mu entró al piso residencial, pero lo encontró callado como una tumba. Dejó el casco de la armadura a un lado y se fue a la cocina, encontrándola vacía. Se fijó en el lavaplatos, pero… no vio los biberones de Lizzie. Con calma, se dirigió hacia la habitación de la pequeña, sintiendo algo de frío en el estómago, que se convirtió en súbita acidez cuando al abrir la puerta, la encontró a oscuras y sin su ocupante. Miró la hora… Mati le había dicho que llegaría a eso de las 19:30, algo había surgido en la oficina legal, por lo que no podría llegar a tiempo y si hubiera venido por Lizzie le habría avisado. De hecho le había mandado unos whatsapp recordándole que debía darle un baño.

"Esto seguro tiene una explicación."

Mu enfiló hacia su cuarto. A veces en las tardes solían hacerla dormir sobre su cama, pero ni bien abrió la puerta… ¡nada! Casi por instinto dio cuatro zancadas hasta la habitación de Kiki, que estaba al fondo del pasillo, y abrió la puerta sin siquiera tocar, pero el cuarto estaba más vacío que la conciencia de Ares.

¿Y Lizzie? ¿Dónde estaba su niñita?

Miró para todos lados, tratando de mantener la calma y volvió a buscar en todo el piso residencial, sin éxito alguno. ¡Obvio! si no la había encontrado la primera vez, no lo haría una segunda, ni una tercera… Miró la hora. ¡Tenía que bañarla! Darle su biberón, dormirla, ¡se hacía tarde y…!

Y…

¿No que estaba pensando hasta hacía unos momentos que hubiera sido mejor que Lizzie nunca llegara a interrumpir su vida? ¿Qué se la hubieran pasado a otra pareja? Bajó los hombros… quizás sí, hubiera sido mejor. Deberían habérsela pasado a una pareja con experiencia, con paciencia… pero no… se la habían pasado a él, feromonas o no, ahora él era su papá… feromonas o no… Mati parecía estar aceptando el rol de mamá. No era lo óptimo, ni lo ideal, pero eran una familia y bueno… solo restaba remar hacia adelante y tratar de arruinar lo menos posible la vida de Lizzie y…

"¡Maestro, Volvimos!"

"¡Kiki!"

Mu sintió resortes en los pies. Se teletransportó frente a su aprendiz y le dio un abrazo a los dos, antes de tomar a Lizzie en sus brazos, a quien abrazó y cobijó en su pecho como si no la hubiera visto en años. Perplejo, Kiki solo miró como su maestro incluso rodeaba a la nena con su cosmo, concentrando todos sus sentidos en la peque, como asegurándose incluso que hasta su corazoncito latía.

Mu lo supo en ese instante. Era papá, no como él lo había planeado, pero lo era. Y Lizzie su hijita… que moría por compartir con Mati. ¡Y Ambas Se Veían Tan Lindas Juntas!

"¿Agú?" Lizzie le miró con ojos grandes, e incluso le revoleó las pestañas.

"Errr… tuve que subir a Géminis un ratito. El señor Saga quería pasarle una de las esclavas de Aries a Lizzie." Kiki se metió la mano al bolsillo y sacó la pulsera aludida, enseñándosela a su maestro. "Era cosa de diez minutos, pero no quise dejarla sola por lo que la llevé conmigo: creí que tardaría menos."

Mu suspiró aliviado y sujetando a Lizzie con una mano, le revolvió los cabellos a su aprendiz. No estaba enojado, todo lo contrario. No quería que su hija estuviera nunca más sola, por lo que la decisión de Kiki de llevarla con él le pareció acertada.

"Gracias por cuidarla, Kiki. ¿Te dio problemas?"

"Para nada, se porta estupendo." Kiki le acarició los cabellos a Lizzie y aprovechó de pasarle al Tips, el muñequito de amigurumi que Mati le regalase y que la pequeña había soltado cuando Mu la tomó en brazos. "Claro que no quiso que le diera biberón… tampoco me atreví a darle un baño. Le leí un cuento eso sí."

"Entonces tenemos tarea." Mu se acomodó a Lizzie y caminó hacia la habitación de la peque, mientras su aprendiz lo seguía. "¿Puedes continuar con ese cuento? Tengo que darme una ducha. Seré rápido; cuando salga le damos de comer, la bañamos y a dormirla. ¿Serás capaz?"

"Por supuesto maestro." Le dijo Kiki ansioso por probar que podía ser buen hermano mayor. Mu asintió más tranquilo y miró a Lizzie. "Y… err… ¿Le fue bien los calabozos?"

"Bastante bien, Kiki."

"¿Cuándo podré ir yo? También quisiera decirles lo que pienso."

"Cuando apruebes los módulos que reprobaste." Le dijo Mu muy serio. Miró hacia abajo.

El corazón se le derritió cuando se encontró con sus cristalinos ojitos que le miraban con una confianza a prueba de balas. La nena se metió una mano a la boca y pareció sonreírle con toda su alma. ¡Por Athena y todas las diosas maternales! ¿Quién podría negarse a esta pequeñita tan linda? Si hasta la encontraba parecida a Matilda…

¿Cómo pudo pensar en no tener a su hija con él?

¿Cómo?

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Nuevos Lazos Familiares.

desde esa tarde en que la pequeña se había desahogado en los brazos de la abogada, las cosas habían cambiado sin que se diera cuenta. Ahora Mati parecía una orgullosa gallina luciendo a su pollito, acicalándolo cada tanto, y eso tenía a Mu henchido de alivio, orgullo y…


Nota Mental: Casi, casi, CASI no logro actualizar hoy. Digamos que la vida real tiene tentáculos bastante largos y atrapa igual que un pulpo. Pero lo importante es que lo logré y aquí les dejo todo. Como vieron, algunos santos se estuvieron divirtiendo bastante con los nuevos inquilinos del Calabozo y no… todavía no me dejan entrar a ver qué hay ahí dentro. Ni modo. De nuevo, entre las noticias que no tienen sentido, el próximo fic lleva un avance del 96%... Ahora el que no quiere cooperar es Dohko, el muy mugre. Ahora, y en noticias que sí importan, la próxima actualización será el jueves por la tarde, pero de ahí no habrá más sino hasta el domingo, dado que por principios y convicciones propias, me abstengo de darme en el gusto por un par de días. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Aries es muuuuuuuy aprensivo, Yamid, tanto como los escorpiones. Me he divertido mucho a costillas de Mu. Soy una maldita, lo sé, pero no puedo evitarlo. Sobre Kyrus, ¿Qué lo culpas? Es un nene que quería dormir una siesta y a quien no le importó compartir espacio con la nena nueva. Ya le harán bullying cuando llegue a la adolescencia. Sobre el dentista, pues… ya ves lo que le anduvo pasando, a él y a su amigote. Y sí, encontró el libro. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Los calladitos son los peores Sagitarius, nunca te olvides. Anneke no es la excepción, la chica se las trae con todo. Más en este tema que de verdad le pegó en un nervio, anda sensible y no se iba a quedar callada. Fue valiente, yo no me hubiera atrevido. Ahora si no le avisó a Saga en seguida fue porque no le iba a quitar el gusto a Shura de atraparlo, con lo tenso que está. Por lo demás, parece que fue una salida de lo más mielera para esos dos. Tuvo de todo: romance, coqueteo, libros, palizas… sep. Lo de siempre. Sobre Kyrus, ¿en serio lo culpas? Es un nene tan lindo e inocente, solo quería dormir un poquito. Igualito a su padre, ahora saca sonrisas, a ver cómo le va de mayor. Al menos ahora luce adorable como invade–siestas. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Nice, Shura tiene mucho que decir y en serio… no me lo mal acostumbres tantos, que luego llega quejándose que no le doy suficiente comida. Ese tipo traga de todo, así que no dará problemas con las tortillas de verduras. Él come, ya verás. Kyrus es hijo de escorpión, así de simple, aunque su objetivo en esa ocasión era simplemente echarse un tuto tranquilo. Quizás como le irá de mayor al respecto. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!