La familia Dellas trata de procesar la noticia que Sebastián es un futuro general de Poseidón, y ni bien comienzan a acostumbrarse, se enteran quien es su maestro. Y que Isa se casa con él. Por otro lado Lizzie conoce y conquista a sus abuelos maternos. Todo parece muy tranquilo, pero se avecinan problemas.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu ._. Trataré de referirlos a esa galería… ÓAÒ ¡EKLÉCTIKAAAA! ¡AYUDAAAA! SOY UNA INÚTIL… TAT En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 13: Nuevos Lazos Familiares.

Atenas, Casa de Isabella.

1º de abril.20:34 horas.

Constanza se masajeó las sienes y terminó por apoyar su frente en sus manos, dejando caer el peso de toda su cabeza (y quizás de su alma) en ellas. A su lado Alexandros resoplaba con los ojos cerrados y los brazos cruzados. A Sebastián se lo veía amurrado, sentado al otro lado de la mesa, con las mejillas infladas y haciendo dibujos imaginarios sobre la madera. La mujer miró a su alrededor, al departamento que los albergaba, sintiéndose curiosamente contenida pero, al mismo tiempo, llena de dudas. Las últimas semanas eran las más rocambolescas de su vida.

"Sebastián… temo que te pase algo: que no seas feliz o que no termines el colegio." El hombre meneó la cabeza con pesar. "Siento orgullo y temor a partes iguales de que Poseidón, el Agitador de la Tierra, te haya elegido, pero…"

Sebastián no dijo nada y asintió levemente. No digamos que había pensado mucho su decisión, esta había sido más bien instintiva. Desde su primer encuentro Julián y, tras haberse enterado que estaba en él ser el portador de la escama de Dragón Marino, que el pensamiento lo había atosigado con especial interés. Al principio creyó que no le daría importancia, que el hecho de rastrear y encontrar a su hermana ocuparía toda su mente, y en cierto modo, esto fue así, pero… allá atrás, al fondo, como la luz que se quedó encendida al final de la casa, la idea comenzó a rondarlo.

Poseidón había hecho con él algo que no hizo con ninguna de sus marinas antes. Le dio la opción de negarse y fue paciente. Sospechaba que eso se debía a la influencia de Anfitrite. Como fuera el asunto, cada vez que lo pensaba más se convencía. Era algo que rayaba casi en lo místico, pero no tenía dudas. ¡Ninguna! Pero miedo… sí. Mucho. Aquél día despertó decidido y antes del mediodía le dijo a sus padres de golpe que se sentía llamado a ser el Dragón Marino, Guardián del Pilar del Atlántico Norte al servicio de Poseidón, emperador de los mares. Todo durante el desayuno.

Dejaron de reírse y comenzaron a tomarlo en serio cuando Julián en persona se acercó a conversar con ellos.

Casi se quedaron calvos de la impresión.

"¿Estás seguro, hijo?" Insistió su padre. "Servir a un dios es peligroso…"

"Es Poseidón, papá." Le dijo Sebastián de pronto. "Ni siquiera me incomoda, no tengo dudas, pero… pero… me asusta."

"Claro que te va a asustar." Constanza se levantó de su silla y se sentó en la que estaba junto a su hijo, a quien abrazó sin titubeos. "Enfrentar al mundo asusta. ¡No es que no te apoyemos!, pero debes comprendernos… no te queremos perder."

"Es una decisión grande, hijo, te va a cambiar la vida. Si estás seguro, te apoyo por más dudas que tengamos con tu madre y… " Le dijo Alexandros de repente. "Nos preocupamos por tu bienestar."

"Yo sé… tampoco quiero perderlos." Sebastián negó con la cabeza. "Tampoco quiero alejarme de mi familia, ahora que sé dónde están todos."

"El señor Poseidón dijo que no nos separaría. Yo le creo." Dijo Constanza. "Pero me preocupa lo que dijo, que tendrás un maestro que te entrenará y enseñará lo que necesitas, mas eso me preocupa. ¡Prométeme que vas a terminar tu educación!"

"¡Por supuesto que la va a terminar!" Exclamó de pronto Kanon muy serio. "El colegio y lo que viene después. Da lo mismo si sigue una carrera técnica o universitaria, pero que termina su educación, la termina."

"Hola a todos." Saludó Isabella.

La pareja había llegado hacía unos segundos. Por cortesía y sabiendo que la casa estaba ocupada, Kanon había abierto un portal justo fuera de la puerta, para dar la sensación de que venían de la calle. Habían escuchado la última parte y supieron que habían llegado en medio de una sentida conversación. Todos se pusieron de pie, los padres de Isabella algo a la defensiva.

"¡Isabella!" La saludó Sebastián agitando una mano.

Como que los señores Dellas sufrían un mini infarto de la impresión cada vez que veían aparecer a su hija. Siempre llenos de sentimientos encontrados, pero al menos en esta ocasión estaban más tranquilos. La policía sonrió con calma, sintiéndose como en una teleserie… más cuando notó a su padre acercarse y darle un abrazo de bienvenida, que no estuvo exento de lágrimas. Su madre hizo lo mismo.

"Bienvenida a casa." Le dijo Alexandros.

"Tienes un muy bonito lugar aquí… gracias por recibirnos…"

"AHEM. Trajimos la cena." Dijo de pronto Kanon mostrando las bolsas que llevaban. "Me lo llevo a la cocina antes que se enfríe más." Dijo muy casual, al tiempo que se echaba a andar.

"¡Hay que poner la mesa!" Exclamó de pronto Constanza. "¡No hemos hecho nada! ¿Dónde está todo?"

"Lo hacemos todo en dos segundos. Relájense, no es el fin del mundo."

Bastó que Isabella se moviera un poco de donde estaba, para que la casa cobrara una súbita actividad. Constanza voló a la cocina mientras que Isa dejaba su bolso encima de uno de los sillones y comenzara a buscar quizás un mantel y algunos platos con su respectivo servicio. Alexandros y Sebastián se apuraron en disponer las cosas sobre la mesa a medida que Isa las sacaba de donde las guardaba. Nunca había tenido tanta gente reunida en su casa y en serio estaba cruzando los dedos para tener suficientes platos a disposición.

Tenía a sus padres a cenar en casa. ¡QUE RARO!

En menos tiempo del esperado, estaba todo dispuesto y la comida era puesta en fuentes sobre la mesa. Era una cena sencilla y olía delicioso, pero no, ni Kanon ni Isabella habían cocinado o comprado nada.

"¿Quién preparó todo esto?" Preguntó Alexandros.

"Anneke, mi cuñada, estaba inspirada hoy. Cuando mi gemelo sepa que nos trajimos tres cuartos de su cena, le va a dar un soponcio." Se burló Kanon de buena gana, mientras ponía las manos sobre las caderas.

Fue en ese momento que Isabella cayó en cuenta que aún no lo presentaba como era debido. Bueno, no digamos que Kanon necesitara que lo presentaran, él solito podía hacerlo e iniciar conversaciones sin mayor problema cuando estaba inspirado. De hecho, Isa tenía la impresión de haberlo escuchado intercambiando opiniones aleatorias desde que habían llegado y le constaba que había hecho reír a su madre con algún comentario en la cocina. Aun así…

"Este es Kanon de Géminis. Sé que tiene un apellido más normal, pero nunca lo recuerdo. Es uno de los guardianes gemelos de la Tercera Casa Zodiacal del Santuario de Athena."

"¡Es un santo dorado!" Exclamó Constanza sorprendida.

"Pues sí… también es mi prometido."

Le Gasp –

La sorpresa se hizo notoria en una sorda exclamación. Sebastián, como ya sabía, solo se concentró en la expresión de sus padres con el único motivo de ver las caras que ponían. Tanto Constanza como Alexandros se fijaron en Kanon bajo una nueva luz, aunque éste no alcanzó a sentirse incómodo.

"¿Se van a casar de verdad?" Preguntó Alexandros únicamente porque no supo qué otra cosa preguntar. Se sentía helado de nostalgia: no terminaba de recuperar a su hija y ya se la quitaba otro hombre.

"Mejor nos sentamos, que tengo hambre." Se apresuró en decir Isabella, tratando de sentarse en su lugar, algo enrojecida. Pero su madre la abrazó.

En serio, ¿tenía que ser tan efusiva tan pronto? ¡Espacio Personal!

"Ya. Ya. Mamá, suelta un poco…"

"Parece que a Isa no le gustan los abrazos, mamá." Comentó Sebastián a la pasada. Constanza sujetó la mano de Isa y se la mostró a su marido.

"¡Sabía que ese anillo era de compromiso! ¡Te lo dije Alexandros! ¿Me hiciste caso? NO." Constanza soltó a Isabella, solo para proceder a peinarle el flequillo. "Ni siquiera sé qué decirte…"

"Tengo hambre. ¡Comamos!" Dijo Isabella soltándose lo menos brusca que podía, buscando la mirada de su prometido. "Ayúdame un poco."

Kanon estaba bastante divertido con toda la situación, aunque comenzaba a resentir la mirada que le daba Alexandros. No, no era la típica mirada que le daría un suegro al hombre que se llevaba la inocencia de su hija, sino que era eso sumado al desconcierto de no saber qué hacer. O sea… él apenas recuperaba a su hija, pero eso no quería decir que hubiera estado muerta o metida en un claustro. Seguro tenía una vida y ¿él qué derecho tenía de opinar?

"Mejor conversamos sobre esto durante la comida." Opinó Kanon, mientras señalaba las sillas.

"Es verdad." Secundó Alexandros, al tiempo que se sentaba. Su mujer lo imitó. "Err… y… ¿Cómo dicen que se conocieron?"

"¿Hace cuánto que están comprometidos?" Preguntó Constanza, quien apenas podía contener la emoción. Kanon e Isa intercambiaron una mirada.

"Tú soltaste la bomba, tú empiezas a explicar." Se rió Kanon.

Isabella sonrió de costado y lo miró de esa manera especial que solo prometía una revancha. ¿Ella había soltado una bomba? ¡Que se esperara nada más cuando sus padres se enterasen que él era el maestro de Sebastián!

Mejor comenzaba a explicar.

"Pues… fue por un caso que tuve hace tiempo. Secuestraron a una niña inglesa, Ana Korber, y…"


Atenas. Residencia Nikolaidis.

Dos días después. 3 de abril. 18:35 horas.

Convencer a Mu de llevar a Lizzie a conocer a los tíos de Mati había requerido una ardua negociación. El dorado no tenía nada en contra de sus suegros, pero sí resentía la fuerte opinión que tenían ellos de como él y Mati llevaban adelante su relación. Tanto Catalina como Alphonse tenían ideas más conservadoras al respecto y les preocupaba mucho que estuvieran siendo desordenados: no perdían oportunidad de decirles que tenían que enrielarse por el buen camino. Sin mencionar que Alphonse era bastante hostil con el lemuriano la mayoría de las veces. Simplemente no confiaba en él únicamente por aprensivo. Dicho sea de paso, tampoco confiaba en Stefanos, el novio de su hija Ana María, con quien se había ido a Italia. En cierta manera Mu temía que ambos fueran a proyectar algún sentimiento negativo hacia Lizzie, en rechazo a la extraña situación que ahora tenía él, Mati y la beba.

La verdad tiene que ser dicha. Catalina y Alphonse Nikolaidis eran conservadores, pero más que esos estrictos valores, lo que les angustiaba era el temor de que Mu fuera a romper el corazón de Matilda, más cuando veían que la chica invertía tanto capital emocional en una relación que no veían segura. En ese sentido encontraban semejanzas terroríficas entre la actitud que antes había tenido la madre de Mati con quien había sido su esposo… y teniendo en cuenta como había terminado eso, les aterraba pensar que a Matilda le fuera a pasar lo mismo.

No, eso no iba a suceder, pero ellos no tenían forma de saberlo.

"¡Que Ojitos Tan Lindos Tienes, Muñequita!" Exclamó Catalina, casi derretida por el efecto Lizzie, quien le revoleaba las pestañas a destajo con una sonrisita tímida. "¡Si son tan grandes y expresivos! Eres puro ojo. ¡Ojitos de Uva!"

"¿Cierto que sí son lindos, tía?" Preguntó Mati con orgullo. "Lizzie también es muy despierta, no se pierde detalle de nada y cada día está más atenta a lo que pasa. Intenta hacer más cosas."

Matilda estaba especialmente contenta con la situación, lo que no lograba explicarse a cabalidad. Hasta hacía no mucho tiempo atrás, el solo hecho de pensar siquiera en acercarse a Lizzie la hacía querer salir corriendo, pero desde esa tarde en que la pequeña se había desahogado en sus brazos, las cosas habían cambiado sin que se diera cuenta. Ahora Mati parecía una orgullosa gallina luciendo a su pollito, acicalándolo cada tanto, y eso tenía a Mu henchido de alivio, orgullo y satisfacción. Este cambio también había afectado positivamente a Lizzie, quien al sentirse más segura y cada vez más querida, se había puesto más coqueta y por fin podía actuar como se supone que tenía que hacer una beba de diez meses como ella. No le costó conquistar a sus nuevos abuelos. Ni siquiera lo había intentado: bastó un simple revoleo de pestañas y ya los tenía sujetos con su dedito meñique.

"Va a ir de a poco recuperando tiempo, ya lo verán. Lo principal es que se sienta querida." Explicó Catalina, quien no le podía quitar los ojos de encima a Lizzie. "¿ Qué dicen los médicos sobre su futuro?" La mujer quedó mirando a Mu de repente. "¿Cómo te has sentido tú?"

"¿Yo? Bastante bien señora Nikolaidis." Mu sonrió con cortesía. "Solo algo más cansado, pero nada de qué preocuparse."

"¿Sin efectos secundarios por la adopción? Vaya, eso sí que es extraño." Comentó Alphonse a la pasada con un gruñido. El hombre se encontró de pronto con la escaldante mirada que le propinó su esposa y Matilda. Mu solo entrecerró los ojos algo molesto. "¿Qué? ¿Ahora no puedo preguntar? Es una adopción hormonal, ¡seguro hay efectos secundarios!"

"Solo los normales, ya sabe señor Nikolaidis." Dijo Mu con tono muy seco y entrecerrando un poco los ojos. "Algunas jaquecas, irritabilidad, instintos asesinos ante las posibles amenazas a la vida de mi hija y de Mati… poca paciencia ante preguntas de dudosa curiosidad… ¡Lo típico!" Respondió gruñendo.

"Ya me parecía a mí."

Al menos Alphonse pareció captar la indirecta y se quedó callado, teniendo la decencia de lucir arrepentido por haber hecho tal pregunta. Matilda bufó molesta y Catalina se palmeó la cara con una mano disimuladamente: ¡su marido podía ser tan obtuso a veces! En todo caso Mu no había dicho mentira alguna en su respuesta. Considerando que la adopción de Lizzie había sido motivada principalmente por la liberación de feromonas, obviamente se produjo un desequilibrio químico en el organismo de Mu en lo que se calibraban sus hormonas a la nueva situación. Esto todavía lo tenía volátil, algo menos amable y bastante respondón. Lo normal en este tipo de adopciones.

"Eso estuvo fuera de lugar Alphonse." Criticó Catalina.

"Mis excusas." El sujeto miró a Mu y le ofreció la mano. "Fue grosero de mi parte: lo lamento."

Gruñendo, Mu aceptó la mano y la agitaron unos segundos, antes de recuperar la suya y cruzarse de brazos. Había quedado de mal genio, pero ya se le pasaría. Matilda se quedó en silencio y tomó a Lizzie en sus brazos, sacándole del coche y acunándola contra su pecho. Aunque en menor medida, ella también había sentido el ataque de las feromonas locas y también había resultado afectada, pero estaba más acostumbrada a desequilibrios hormonales. Se rió entre dientes cuando la noción de que Mu atravesaba por una suerte de periodo cruzó por su mente: luego ya le haría bromas al respecto cuando estuvieran en privado.

"Traten de no discutir ustedes dos, que trajimos a Lizzie para que los conociera y lo pasara bien." Dijo Matilda. "Al menos agradezcan que los incluimos y no nos alejamos." Añadió entre dientes. La chica miró a su tía. "Tengo que cambiarla, vuelvo en seguida."

"Agú laaa." Lizzie se apoyó en el pecho de Mati y se metió una mano a la boca.

"¡Te ayudo! Vamos a mi cuarto: tendremos más espacio y luz." Le dijo la mayor mientras comenzaban a caminar. "¡Traten de no discutir ustedes dos!"

Ambas mujeres desaparecieron hacia el interior de la casa, dejando a Alphonse y a Mu solos en la sala. Mu sonrió durante algunos instantes antes de que sus facciones se tornaran neutrales. Seguía algo picado por el comentario de Alphonse, pero solo por respeto a Mati trataría de no seguir con la pelea. El hombre en todo caso lejos de sentirse agresivo, se lo veía triste y muy nostálgico. No conversaba mucho con Mu, excepto quizás para aleccionarlo sobre sus ideas, y sabía que no tenía muchos temas en común con el lemuriano.

"No quiero que me mal interpretes Mu. Matilda no es mi hija biológica, pero sí es la hija de mi corazón. Cuando nos hicimos cargo de ella con Catalina, nunca hicimos diferencias y en mi corazón ella y Ana María ocupan el mismo lugar, sin distinción." El hombre entrecerró los ojos. "Las dos son mis hijas."

"Eso siempre ha estado en evidencia, señor Nikolaidis."

"Entonces tienes que entender que me preocupa lo que pase con ella."

"Creo que le he dicho en más de una ocasión que a mí también. Matilda es mi vida, la amo. No tengo porqué demostrarle a usted tal cosa, me conformo con que ella lo sepa."

"¿Y tu hija?"

"¡Las amo a las dos! No a una por encima de la otra. ¡A las dos! Las quiero a las dos en mi vida. ¿Qué tanto le cuesta entender eso?"

"Son tu familia. Si vas a pensar así, entonces son parte de ti. No las pienses por separado." Alphonse suspiró y dejó escapar con ello una carga que llevaba sobre los hombros. Miró al techo algo angustiado pensando en las heridas de la peque. "¿Qué clase de maldito le hace eso a una beba?"

Mu le miró de reojo, pero no respondió de inmediato. Se quedó rumiando un rato las palabras de Alphonse, aunque decidió que de momento no les daría conclusión alguna, sino que luego les prestaría más atención. Confirmó una vez más que Alphonse no lo detestaba, sino que lo recelaba y era increíblemente aprensivo con sus hijas. En ese sentido ahora comenzaba a comprenderlo más que nunca. Suspiró y miró al techo.

"Si le interesa saber… quien le hizo eso a Lizzie ya no puede caminar." Murmuró por inercia. Alphonse lo miró de reojo y asintió.

"¿Está muerto?"

"No. Pero desea estarlo."

Alphonse asintió neutral, aunque pronto puso expresión de pregunta.

"¿No sabe la que le espera en el Inframundo?"

"Nope." Respondió el lemuriano.

Luego de tres minutos pensando, tanto Mu como Alphonse pusieron idénticas sonrisas.

"¡Pobre tipo!" Dijeron al mismo tiempo, llenos de sarcasmo.

Bueno, al menos estos dos estaban de acuerdo en algo. Mu se desperezó un poco y arregló sus ropas, disponiéndose a pedir permiso para pasar a las habitaciones, en caso que las mujeres necesitaran ayuda con la beba. Por lo general no tenía problema con los silencios extendidos, pero con su suegro se inquietaba. Alphonse tenía esa extraña habilidad.

"Me preguntaba si podría ir…"

"Puedes." Le dijo Alphonse sin dejarlo terminar, pero en seguida añadió. "Yo me preguntaba cuando pueden tus padres venir a cenar… Con Catalina queremos conocerlos."

"¿Mis padres?"

"Entiendo que los revivieron hace poco, por extraño que suene." Alphonse resopló de mala gana. Mu parpadeó perplejo. "Ya que lo de ustedes parece que va para largo, nos gustaría mucho conocerlos."

"Puedo preguntarles cuando pueden, dudo que tengan problemas."

Mu ladeó la cabeza, dispuesto a preguntar a qué se debía la invitación nada más por desconfiado. Estaba a punto de abrir la boca cuando las risitas de Lizzie resonaron más cerca de lo esperado. Ambos hombres miraron en esa dirección a tiempo para ver a la beba, siempre en los brazos de Mati, luciendo un fresco vestidito primaveral, de usanza lemuriana, a todas luces nuevo.

"¿Y eso de dónde salió?" Preguntó Mu con una sonrisa.

"¡Mira que linda se ve!" Exclamó Mati, modelando con Lizzie en los brazos. "¡Le quedó perfecto!"

"¡Agú!" Exclamó Lizzie llena de sonrisas, como si supiera que su vestido nuevo le quedaba bonito.

"¡No te aguantaste!" Exclamó Alphonse entre risas.

Catalina se sonrojó bastante. La verdad tiene que ser dicha: la noticia de que Mu había adoptado había angustiado mucho no solo a Alphonse, sino también a ella, y la perspectiva de que Matilda tuviera que hacerse cargo también de esa enorme responsabilidad sin que fuera suya le quitó el sueño varias noches. Más cuando veía a su sobrina tan angustiada (pues hasta había llorado en las noches creyendo que nadie la oía).

Sin embargo con el pasar de los días y a medida que Mati pasaba del rechazo a la aceptación y de ahí al entusiasmo, algo en su cerebro primordial parecía haber cambiado y por lo visto, aquella neurona que dicta que ya se puede pasar al modo abuelo se había encendido en el cerebro de Catalina y bueno… se había descubierto a sí misma comprando cosas para su nieta.

Claro, no llamaba a Lizzie su nieta abiertamente, pero mientras más veía a Matilda y a Mu interactuar con la nena, más ganas le daban. Incluso había tenido que morderse la lengua en más de una ocasión para no llamarla de ese modo y que eso no se interpretase como presión para los nuevos padres.

A Alphonse le pasaba lo mismo, pero se controlaba un poco mejor.

"Le compré ese vestidito en una tienda del centro. Pensé que pronto va a comenzar a hacer calor y bueno…"

"Compraste kilos de ropa, tía, ¡No tenías por qué!" Dijo Mati mientras se acomodaba a Lizzie. La peque por cierto, parecía haberle gustado el vestido, pues no dejaba de verlo y acariciarlo.

"¡Gú!" Exclamó mientras miraba a Mu con una sonrisa, y sujetaba la tela.

"¡Mira que te ves bonita!" Exclamó Mu mientras tomaba a la peque en brazos, cuidando de no alterar su pierna. "Señora Nikolaidis, no tenía por qué. Le agradezco mucho el gesto que ha tenido con mi hija."

"No… no es nada. Es para ayudarles un poco. Los bebés usan mucha ropa y no pude evitarlo."

Mati abrazó a Catalina por impulso. La chica aún no tenía ni idea de qué hacer con una beba, seguía bastante intimidada, pero la confianza de que a lo mejor sí podía hacerlo estaba latente en su corazón. Este gesto de su tía, este apoyo, significaba un montón, porque al mismo tiempo era una suerte de aceptación de parte de su madre de crianza a la relación que mantenía con Mu. Lizzie se estaba posesionando de su corazón, y saberse apoyada por Catalina era valiosísimo.

"Gracias tía." Le dijo disimulando un puchero. Entonces se volvió al dorado. "¡Vieras Mu! Mi tía se volvió loca. ¡Compró un montón de cosas!"

"Espero no importunar. Me imaginé que a lo mejor no habían tenido tiempo de salir de compras o que ya tenían mucho reciclado…"

"Sí, pero…" Comenzó Mu algo avergonzado y emocionado por el gesto.

"Un bebé tiene derecho a cosas nuevas." Gruñó Alphonse desde su esquina, hinchando el pecho y cruzándose de brazos. "Son solo unas pocas cosas." Añadió algo avergonzado y cohibido."

"Gracias tío…"

"¡Nada! Fue todo idea de tu tía."

"… por las ideas de mi tía y por los juguetes." Añadió Matilda con una sonrisa. Esto hizo que Alphonse se enrojeciera hasta las orejas.

"¡Solo son unas baratijas!"

"¿Qué compró?" Preguntó Mu estupefacto.

"Un móvil de animalitos para la cuna y algunos juguetes educativos de madera. Unos cubos de colores y formas geométricas."

"¡Baratijas, insisto!"

No, no eran baratijas. Alphonse, en contra de su voluntad, también había caído bajo el embrujo del modo abuelo, y como que no quiere la cosa había comprado esas baratijas. Mu puso una honesta sonrisa y se acercó al hombre, aun cargando a Lizzie en brazos, y bajando la cabeza, le ofreció la mano derecha. Alphonse arrugó el rostro unos instantes, pero le dio unos topecitos en la palma con los dedos.

Matilda sonrió quedita. Ese gesto era muy lemuriano y no le sorprendía que su tío lo supiera. De hecho, él le había dicho que así se saludaba a los suegros y que era una forma de respeto. Presentar la palma vacía de la mano indicaba que no se llevaban armas y simbolizaba que no se quería hacer daño a la familia; los topecitos en la palma de parte de los suegros indicaban que se reconocía y se aceptaba al pretendiente. Alphonse había aprendido esto de su propia familia: su chozno, el abuelo en cuarta generación ascendiente, era lemuriano, pero sus descendientes se habían diluido hacia la rama humana.

Pocos genes lemurianos, sino ninguno, quedaban en el ADN de su familia; de hecho, por esto era que Ana María podía escuchar a las armaduras (y por lo visto Alphonse también, considerando que en cierta ocasión respondió una pregunta de Crisomalón, creyendo que la había hecho Mu). Los rasgos culturales en cambio eran otra cosa, pues permanecían porfiados en el subconsciente familiar, lo cual incluso había sido incentivado por dicho lemuriano, quien había fallecido cuando Alphonse tenía unos cuatro o cinco años por causas naturales.

Recuerden, los lemurianos tienen esperanzas de vida que rondaban los 270 años. Si no me creen, miren a Shion, quien llegó a avanzada edad antes que lo asesinaran.

Fue cuando Catalina tuvo una epifanía.

"¡Cierto! ¿Cómo no pensé antes en eso?" Exclamó de pronto Catalina, al reconocer el gesto lemuriano que acababa de ver. "¿Saben lo que pasó con los padres biológicos de Elizabeth?"

"Errr… No. La policía aún no libera esa parte de la investigación, pero tengo entendido que no hay pistas." Explicó Matilda. "¿Por?"

"La heterocromía puede tener rasgos genéticos. Por supuesto se puede deber a un sinfín de otras causas, pero si es genético puedo rastrear a su familia a través de la genealogía." Explicó la mujer. "No hay muchos lemurianos en el mundo. Alguien con ojos diferentes colores seguro resaltó entre sus pares; eso no pasa desapercibido en comunidades tan pequeñas y con tan reducida poza genética."

"Ya hicieron las consultas a la comunidad lemuriana ateniense, señora Nikolaidis." Se lamentó Mu algo a la defensiva. "Nadie sabe nada de Lizzie."

"En algún momento Lizzie querrá saber sobre su origen… puedo rastrearlos." Catalina cerró los ojos como meditando. "Quizás no en Atenas… aquí hay una comunidad bastante grande, pero no es la única que hay en el mundo. ¡Alguien tiene que saber algo!"

"Amor… No te emociones: Lizzie ya tiene una nueva familia."

"Conocer el origen ayuda a enraizar a la persona. Es importante y ayuda a formar la identidad." Explicó Catalina. "¿O acaso no piensan decirle a Lizzie que es adoptada?"

"Pues…"

"Puede incluso ayudar a la policía a buscar pistas sobre qué pasó con los padres y porqué Lizzie terminó en ese horrendo lugar." Catalina ensombreció el rostro. "Me atrevería a decir que los mataron, conociendo como los lemurianos cuidan a sus niños."

Inconscientemente Mu aferró más a Lizzie, quien llevaba un rato dormitando en los brazos de su papá. Matilda se angustió de sobra, sin querer asumir que a lo mejor los padres de la beba pudieran estar vivos. Quizás hasta pedirían a su nena de vuelta y tanto Mu como ella quedarían con el corazón destrozado. Pero si aquella pareja estaba muerta… no era justo para Lizzie que no supiera qué había sido de ellos.

"Supongo que tiene razón, señora Nikolaidis. Creo que me gustaría tener una respuesta cierta sobre qué pasó con los padres de mi hijita…"

"Eso no hará que sea menos tuya." Gruñó Alphonse. "Padres son quienes crían, no te olvides."

Mu cruzó miradas con Matilda y ambos asintieron al mismo tiempo. Se volvieron hacia Catalina que los esperaba expectante.

"¿Tarda mucho en hacer esa investigación?"

"¿Con mis contactos y experiencia? Denme unas semanas para estar segura."


Burdel "Camaleónica"

Esa noche. 22:34 horas.

PAAAF.

Jackson entró de golpe y cerró la puerta con estrépito. Gómez dio un brinco y casi soltó su cigarro. Apretó los dientes y se limpió la nariz con el revés de la manga, absorbiendo aire sonoramente por sus fosas nasales. Toda la oficina se había perturbado con la urgencia que traía su colega, quien se veía pálido del susto.

"¿Qué se supone que haces, Jackson?"

"¡¿Te estás drogando, Gómez?!" Siseó el recién llegado. "¡Con toda la nicotina que te metes dentro ya es bastante! ¿Encima te drogas?" Jackson dio un par de zancadas y tras sujetar a Gómez por el cuello de la camisa, le dio un bofetón. "¡Tienes que Estar Lúcido!"

"¡NO me Estoy Drogando, Jackson! Y si lo estuviera, ¿Qué te importa? ¡No eres mi madre!"

"¡NO hay tiempo para esto, Gómez! ¿Escuchaste las noticias?"

Gómez le dio un empujón a Jackson y avanzó hacia unos archivadores. Recuperó su cigarrillo y le dio una nerviosa fumada. Dejó escapar el humo por entre sus fosas nasales, sin prestar mayor atención. Aparentaba estar calmado, pero en verdad ni comer de los nervios podía y los cigarros comenzaban a ser insuficientes para sosegar su ansiedad.

"¿Rango casi fue atrapado por ese dorado? Es noticia vieja. El muy maldito perdió gran parte de su operación. Se quedó sin financiamiento y está tan muerto de miedo que no se atreve a salir del agujero en el que se metió. Va a necesitar reabastecerse pronto. Supongo que bajará los precios." Gómez ladeó la cabeza pensativo. "Aunque dicen que va a cumplir ese encargo de las bombas en el metro de todos modos."

"¡¿NO SABES?!"

"¿Saber qué?"

El sonido de alas alertó a los hombres. Un cuervo de lustroso plumaje aterrizó por fuera de la ventana y emitió un graznido de orgullo, mirando hacia el interior de la oficina con sutil inteligencia. A Gómez no pareció importunarle el animal, pero Jackson sintió frío en la espalda. Agarró el cenicero que tenía más a mano y lo lanzó contra el ave, quien salió volando, emitiendo graznidos indignados.

"¿Qué te ha hecho el bicho ese? ¿Y qué es lo que no sé?" Gómez se asomó por la ventana, tratando de descubrir donde había caído el cenicero, cosa que no logró desde donde estaba.

"¡Ese Bicho Me Está Siguiendo! Lleva Días En Eso. ¡Y si no es ese, es un cuervo parecido! ¡NO HAY CUERVOS EN ATENAS! Lo mismo los perros. ¡Hubo un chucho que me siguió por cuadras mirándome fijo! Quería morderme, te lo aseguro."

"Estás paranoico, Jackson. ¡Hazte ver!"

"NO ESTOY PARANOICO. Y tú deberías estar asustado. MUY ASUSTADO."

"Tengo la cabeza ocupada en un sinfín de cosas. La niña maldita esa, este burdel… ¿crees que es muy fácil mudar la operación y encima rendirle cuentas a Grandchild al mismo tiempo? Este lugar nos genera dinero: hay que cuidarlo."

"Grandchild quedó expuesto. Tuvo que huir a Rumania."

"¿QUÉ COSA?"

Jackson apretó los dientes y se aflojó el cuello de la camisa, mirando para todos lados, como si temiera la presencia de micrófonos ocultos en la oficina. De pronto no confiaba ni en sus propios ojos.

"Ese dorado agitó el hormiguero. No se sabe nada del dentista ni del pediatra y Rango perdió gente en su huida. La policía dio con información que creo obtuvo de aquél dorado y pudieron rastrear a Grandchild hasta Noruega, en donde quedó expuesto a la policía." Explicó Jackson agitado. "Huyó porque es un maldito con suerte, pero perdió la mitad de su financiamiento y dejó información sensible expuesta. La filial en Norteamérica está vulnerable."

Gómez palideció hasta casi la transparencia. Ni seguir fumando pudo. Se pasó ambas manos por la cara y tomó aire.

"Eso… nos quita presión de encima." Dijo aliviado, casi en un susurro. "Grandchild se va a concentrar en reagruparse, reconstruir su imperio… ¡se olvidará de nosotros! Cuando vuelva arriba, le demostraremos lealtad y todos contentos."

"Grandchild le dio nuestros nombres al comprador de la niña. El sujeto es un magnate jefe de una mafia china muy peligrosa y envió sicarios por nosotros. No sé cuánto tiempo tenemos, pero sí sé que esa niña es nuestro seguro de vida…"

"…"

"¿Me estás escuchando?"

"Esa niña dejará de interesarle cuando cumpla el año. Nuestro seguro de vida tiene fecha de vencimiento y está casi encima."

Jackson entrecerró los ojos.

"Tenemos que recuperarla lo antes posible. ¡Olvídate de Grandchild! O entregamos la mercancía o nos hacen tragar nuestras propias tripas."

Gómez tuvo un tic en el ojo.

Menos de diez minutos después, Gómez y Jackson hacían abandono del burdel. Camuflado entre los clientes del bar, Ferraro se fijó en la hora de dicho suceso.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Instinto Peligroso.

"Deténgase o gritaré. ¿Quién se ha creído que es?" Matilda aferró a Lizzie contra su pecho, sintiendo como la niña temblaba en sus brazos y se aferraba a sus ropas. Miró en todas direcciones, como buscando una salida de emergencia.


Nota Mental: Gente, aquí la nueva actualización que en serio espero les haya gustado, o que al menos no a hayan encontrado tan aburrida. Creo que podrán imaginar que en los próximos capítulos las cosas se van a poner algo… movidas. Ahora, tendrán que tenerme paciencia, pues la próxima actualización toca el domingo. Guardo estos días, así que espero que me comprendan. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Te dije Yamid, que Mu iba a ser un digno aries que se precia de tal. Y sí, increíblemente quedó algo. Lo horrible es que cada dos días Aioria baja a curar huesos rotos para que puedan quebrarlos de nuevo. Sobre Amnistía… ni sospechan, pero ni bien les llegue sospecha de lo que pasa en ese calabozo….¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En esta ocasión, la definición llega de la Real Academia de la Lengua Española. ¡Y Olé!

Chozno: Hijo del tataranieto de una persona. (WTF?!)

¿Simple no? También sirve el cuarto abuelo ascendiente (abuelo, bisabuelo, tatarabuelo, chozno)