Todo comienza cuando los santos de plata le avisan a Aioria sobre un macabro descubrimiento, y tras cruzar la información con la que tienen, indican que Mati y Lizzie se encuentran en peligro inminente. Esto moviliza a los santos. Gómez en cambio se encuentra al acecho y desesperado por recuperar a Lizzie. No tiene nada que perder.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Y no, creo que no me llevo bien con los links pegados en mi perfil ùOu ._. Trataré de referirlos a esa galería… ÓAÒ ¡EKLÉCTIKAAAA! ¡AYUDAAAA! SOY UNA INÚTIL… TAT En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 14: Instinto Peligroso

Santuario de Athena. Coliseo.

Tres días después. 6 de abril.9:03 horas.

"Estabas menos distraído."

Marín parecía sonreír coqueta bajo la máscara, de eso estaba seguro. Aioria infló el pecho seductor y se inclinó hacia ella en un gesto galante, mientras tomaba a Héctor y lo acunaba en los brazos. La amazona, lejos de tener una actitud ruda, estiró el cuello como respondiendo al coqueteo del león. El bebé, en cambio, puso la indignada expresión propia de un nene tan pequeño que ha sido perturbado de su siesta. Hasta ese momento había estado bien amarrado a la espalda de su mamá mientras entrenaba pero, por alguna razón desconocida, ella de pronto había decidido que tenía que despertar.

"Viniendo de ti, es un cumplido… más porque me distrajiste con tu entrenamiento, amazona."

"¿Yo te distraje?"

"Claro. Niégalo todo lo que quieras, pero que te quede claro que con esa belleza letal tuya cuando te mueves, me hipnotizas." Le dijo mientras le acariciaba la mejilla.

"Je, seguro se lo dices a todas, Aioria." Marín apartó el rostro en un gesto tranquilo, para quedarse viendo a Héctor quien taimado trataba de volver a dormir. "Nunca he entendido porqué tengo que despertarlo para que coma." Comentó a la pasada. "Sé que tiene hambre, pero da la impresión que…"

"¿Prefiere seguir durmiendo? También lo he notado." Apoyó Aioria curioso. "¿Y si le preguntamos al pediatra? Hace rato que llama mi atención."

"Tienes razón. Acompáñame a un lugar más privado, no me gusta alimentarlo aquí en medio del coliseo. Además está pegando mucho el sol."

Asegurando a su hijo en brazos y tratando de mantener la cercanía con su esposa, Aioria comenzó a caminar hacia fuera de la arena, apenas lanzando una mirada hacia las gradas, donde solían reunirse los dorados. En esos momentos solo estaba Shaka meditando, mientras los cuatro restantes entrenaban repartidos por la arena o fuera del Coliseo. Él en cambio siguió a Marín hasta un sector con hierba que estaba por fuera del edificio y que a esa hora de la mañana tenía una agradable sombra. Había un sector similar al otro extremo del Coliseo, pero allí la sombra estaba durante la tarde.

A Marín le gustaba amamantar allí a Héctor cuando estaba en el Coliseo. Solía ser lo bastante privado como para poder hacer esto con calma sin tener que preocuparse por miradas indiscretas (o intolerantes) y no se sentía encerrada. Aioria solía acompañarla en estas ocasiones, como apoyo y silencioso guardián. Si bien no solían ir santos a pasar allí el rato, menos desde que intuyesen que a Marín le gustaba dar pecho allí (por respeto trataban de no ir a esas horas), no faltaban los intolerantes, santos o guardias, que le reprochaban por amamantar en público. Ya había tenido un encontrón con un par de bronceados a quienes no les gustó la presencia de la amazona allí.

Conste: Marín no habría tenido problemas poniéndolos en su sitio, pero ni siquiera les dio bola. Aunque como andaba sensible comenzó a lagrimear en su afán por ignorar lo que le decían, por lo que la intervención de Aioria (que llegó minutos después) detuvo todo ataque.

Creo que todavía tienen las marcas de la patada que les dio el león.

Cuando llegaron, Marín fue derecho a su lugar favorito y no tardó en acomodarse, quitándose incluso la máscara. Odiaba alimentar a su hijo con eso puesto, le gustaba tener contacto visual y que el pequeño la viera. Aioria le entregó al nene, quien protestó de nuevo por el cambio y, se sentó junto a ella, en silencioso respeto. Héctor, cuando cayó en cuenta que era hora de comer, despabiló por completo y muy contento comenzó a amamantar. Adoraba dormir pero también comer, por lo que se abocó a la tarea con el mejor de los gustos mientras su mamá lo arrullaba. Hasta ahora el nene no había presentado problemas de salud: crecía a buen ritmo y cumplía cada etapa de su desarrollo sin mayores traspiés. No era muy llorón, solo lo necesario y desde ya mostraba la típica porfiadura de un capricorniano… sobre todo a la hora de dejar de comer.

Eso comenzaba a ser un suplicio para la pobre Marín.

"Héctor ha crecido un montón en estos meses. Me pasma a la velocidad a la que lo hace." Comentó Aioria.

"Y a mí: antes que nos demos cuenta va a estar corriendo detrás de Kyrus." Dijo Marín con suavidad. "A todo esto, supe lo que pasó el otro día con Lizzie y el escorpioncito. ¡Vi la foto! Cosa más adorable."

"AH SÍ. Fue muy simpático: con todo el descaro del mundo Kyrus fue y se metió a dormir en el moisés." Rió Aioria de buena gana, aunque no tanto al recordar el llanto que le siguió. "Ahora hay que andar con cuidado, porque el enano lo ha hecho al menos dos veces más. Lizzie solo llora, pero el otro día casi se defendió."

"Pobre Kyrus, deberían tenerle un lugarcito para que duerma su siesta. Le quitaron el moisés muy pronto."

"Jejejeje, aunque no digamos que se queja por la nueva ocupante del que era el suyo." Aioria rió entre dientes. Milo había sido la insospechada víctima de muchas bromas por las actitudes invade siestas de su hijo. "Nada que hacer, le gusta dormir con Lizzie."

"AHEM. ¿Señor Aioria?"

La voz de Jamián del Cuervo fue precedida por el aterrizaje de tres de sus mascotas, una de las cuales tenía un moño rosa en el cuello. Los cuervos no se veían agresivos ni parecieron importunar a la pareja. Simplemente se posaron en la hierba y en las salientes en actitud pasiva, uno incluso acicalando sus plumas. Jamián no se acercó más por respeto a Marín, pues sabía que no le gustaba que la importunaran cuando amamantaba a su pequeño. La pareja intercambió una mirada: solían dejarlos tranquilos cuando estaban en ese lugar, pero esto parecía importante. Aioria se puso de pie y se acercó al origen de la voz.

A unos diez metros de distancia, Jamián, Asterión y Dio esperaban con calma, pero evidentemente tenían noticias que darle, por lo que se veían muy alertas. Se puso serio cuando llegó al trío, apenas fijándose en un cuarto cuervo que Jamián sostenía en sus brazos.

"¿Qué ocurre?"

"Creo que dimos con algo, aunque… no sabemos qué hacer con eso exactamente." Dijo Dio.

"Explíquense y vamos a ver qué hacemos. ¿Qué pasó?"

"Desde hace varios días que algunos de nosotros comenzamos a notar a un turista frecuente en el límite del Santuario. Al principio no le dimos mucha importancia más que darnos cuenta que estaba allí… pero algunos de nosotros comenzamos a preocuparnos." Explicó Dio.

"Fueron varios quienes se dieron cuenta. Cruzaron la información y resultó ser el mismo tipo a diferentes horas." Continuó Asterión. "Creo que no hubiera pasado de ahí si Junet no se hubiera dado cuenta que el tipo parecía reconocer a Isabella y a esquivarla."

"¿Hace cuánto que está pasando eso?" Aioria entrecerró los ojos. No le parecía tan sospechosa la situación, pero sí ameritaba que se le brindase mayor atención.

"Desde hace unos diez días. Hace unos pocos… comenzamos una pequeña investigación. Para ver qué nos encontrábamos." Dijo Dio sin mucha ceremonia.

"Ahí entramos Asterión y yo." Intervino por fin Jamián. "Ubicamos al tipo y comenzamos a seguirlo de lejos… Asterion usando a sus perros y yo a mis cuervos. Lo que encontramos nos perturba un poco."

Los santos plateados se quedaron en silencio unos instantes, como si no supieran como continuar. Aioria continuó prestándoles atención, pues se notaba que se habían esmerado en conseguir esta información. Jamián se quedó mudo, mientras acariciaba el plumaje del cuervo que tenía en los brazos y Dio apretó la mandíbula.

"Al tipo lo seguimos por toda Atenas de tugurio en tugurio. ¡Estaba bien vestido! No parecía ser de esos… el asunto es que llegó a un burdel y subió derecho a una oficina. Mandé a dos de mis cuervos, uno con una grabadora y otro que sirviera de distracción y bueno…"

"Es mejor que escuche el audio, señor Aioria." Le dijo el santo de Canes Venatici casi en un murmullo.

Asterión sacó una grabadora pequeña y liviana, ideal para que un cuervo la llevase de un punto a otro sin problemas. No tenía mucha capacidad, pero cumplía el objetivo. La manipuló muy poco y activó la grabación.

"Ese dorado agitó el hormiguero. No se sabe nada del dentista ni del pediatra y Rango perdió gente en su huida. La policía dio con información que creo obtuvo de aquél dorado y pudieron rastrear a Grandchild hasta Noruega, en donde quedó expuesto a la policía." Decía la agitada voz en la grabación. "Huyó porque es un maldito con suerte, pero perdió la mitad de su financiamiento y dejó información sensible expuesta. Creo que la filial en Norteamérica quedó vulnerable."

Aquél mensaje de voz fue suficiente para que Aioria erizara todo el espinazo y mandase un toque de alerta a la cosmonet. Todos los dorados prestaron atención.

"Eso… nos quita presión de encima." Dijo la voz de otro hombre, que tras estar en tensión, por fin se aliviaba. "Grandchild se va a concentrar en reagruparse, reconstruir su imperio… se va a olvidar de nosotros. Cuando vuelva arriba, le demostraremos lealtad y todos contentos."

"Grandchild le dio nuestros nombres al comprador de la niña. El sujeto es un magnate jefe de una mafia china muy peligrosa y envió sicarios por nosotros. No sé cuánto tiempo tenemos, pero sí sé que esa niña es nuestro seguro de vida…"

"…"

"¿Me estás escuchando?"

"Esa niña dejará de interesarle cuando cumpla el año. Nuestro seguro de vida tiene fecha de vencimiento y está casi encima."

"Tenemos que recuperarla lo antes posible. ¡Olvídate de Grandchild! O entregamos la mercancía o nos hacen tragar nuestras propias tripas."

Asterión apagó la grabación y se guardó el aparato en el bolsillo. Los tres plateados se veían sombríos, pero prestos a tomar algún curso de acción apropiado. Aioria entrecerró los ojos.

"La grabación es un poco más larga. Es cierto, tiene interferencias: un conocido en Atenas me ayudó a procesarla para que se escuchara mejor, pero…" Asterión resopló y negó con la cabeza. "Creemos que se refiere a Lizzie. No la menciona, lo sacamos por descarte."

"¿Quién más podría ser?" Añadió Dio. "Ese sujeto ha estado demasiado tiempo en nuestras fronteras, mirando hacia el Santuario, hablan de una pequeña que deben recuperar, pero no se ven paternales y ese burdel… Eeew. No me dio buena pinta."

"Además que tenemos entendido que la señorita Isabella está trabajando en uno de esos casos sórdidos de trata de blancas. A la señorita Lizzie la rescataron en una redada. ¡Creemos que la amenaza es para la peque! Además mencionan a un dorado." Graznó Jamián. "El señor Shura estuvo de caza hace unos días."

Aioria asintió, apretando los dientes. Tenía sentido lo que le explicaban los plateados, y mucho. Empuñó las manos.

"¿Tienen alguna pista sobre la identidad de esos dos?"

Dio sacó de su bolsillo una tarjeta del dueño del bar "Camaleónica", un tal Ernesto Gómez, y un par de recibos en donde se distinguía el nombre de otro sujeto, Horace Jackson, objetos que evidentemente habían sido recuperados por los cuervos de Jamián. También habían recobrado un sinfín de monedas, alfileres, pedacitos de aluminio y chucherías, pero no digamos que tenían mayor relevancia, por lo que no se las mostró al león.

"Mis perros han estado siguiendo a este Jackson desde ayer. Sabemos dónde está." Dijo Asterión. "Es cosa de ir a buscarlo." El plateado inclinó la cabeza hacia un costado y pareció utilizar su técnica de lectura de mentes por unos instantes: solía usar este método para obtener información que podrían tener sus perros. "… Comienza a moverse. Creo… que ronda una calle no tan céntrica o algo así. Me dicen que busca a alguien y que hay olor a medicinas cerca."

"Matilda llevaba hoy a Lizzie al médico. La llevaba a un oftalmólogo infantil o algo por el estilo." Dijo de pronto Marín, con su máscara puesta, que se había acercado al grupo sin que se dieran cuenta. Acomodó al niño en brazos. "Mu no podía llevarla hoy, pues tiene turno de templo, por eso la llevaba Mati."

Esto alarmó al grupo y Aioria no tardó en dar la voz de alarma a la cosmonet. El dorado se concentró rápidamente en el guardián de Aries, mientras era bombardeado por mensajes de curiosidad y preocupación. Dio por su parte, decidió además enviar la alerta por celular a todo el grupo de santos.

"¡Mu! ¿Dónde está Matilda?"

"Llevó a Lizzie al médico…" Confirmó el lemuriano por la cosmonet. "¿Qué pasa?" Añadió alertado.

"¿Te molesta si voy por ella? Podría estar en un aprieto."

Mu se tomó unos minutos para responder, pero quedó claro que su estado de ánimo había desmejorado un montón con esta noticia y se tensó más de la cuenta. Aioria recibió la imagen mental de un mapa.

"Tenía hora a las 8:30, son las 9:25, debería estar regresando… Mati fue a pie y esta es la ruta que le gusta usar, no es la primera vez que va. ¡No suele haber mucha gente en esa calle! ¡Por favor tráelas a salvo!" Suplicó Mu tratando de controlar la urgencia.

"Lo haré, te lo prometo." Aioria se volvió hacia los plateados. "Iré por Matilda, ustedes busquen y neutralicen a nuestro turista frecuente. Lo quiero vivo para interrogación." Los plateados asintieron con la cabeza y en seguida partieron a toda velocidad. El león se volvió a Marín y la besó a la altura de los labios. "Si me disculpas…"

"¡Largo y trae a esas dos a salvo!" Gruñó la amazona.

Aioria asintió con la cabeza y desapareció.


Calles de Atenas.

Momentos antes. 9:20 horas.

Isabella miró hacia arriba y dejó que los rayos del sol bañaran un poco su cara. Había una brisa tibia y como los árboles comenzaban a reverdecer, el ánimo general de la población estaba bastante animado. Ella se sentía extrañamente aliviada: estaban cerrando el caso que destapó aquella red internacional de prostitución y pedofilia de la manera más bizarra de todas. De ser complicado, crudo y por momentos inescrutable, apenas tenían pistas y estas se estancaban, todo comenzó a irse por un proverbial tobogán las últimas semanas desde aquella fatídica redada.

Eran buenas noticias: los sucesivos golpes que dieron a aquella organización los sacaron del negocio, y pudieron acceder a ramales que ni sospechaban que existían. Claro, aún faltaba atar cabos sueltos y que cayeran algunos peces gordos, como ese tal Grandchild que se le escapó por poco a la policía noruega, pero había redadas en curso y se planeaban varios arrestos.

Un poco más y el caso estaría cerrado. Lo único que faltaba era averiguar de dónde había salido Lizzie, quienes eran sus padres biológicos, donde estaban, qué había pasado con ellos y si se había tratado o no de un rapto.

¡Qué horror! Quizás qué iban a hacer con la pobrecita. Le dio un escalofrío nada más pensarlo.

"¿Mucho trabajo?" Preguntó Alexandros con calma.

"Bastante menos ahora que estamos cerrando el caso." Isabella suspiró. "Eso me alegra, aunque todavía quedan diligencias."

"¿Sueles trabajar en este tipo de investigaciones?"

"Sí. Son desafiantes y eso me incentiva."

"¿No te cargan demasiado la mente?"

"A veces, pero se maneja. Se aprende a hacerlo… más cuando no hay de otra sino salir adelante o saltar por el barranco."

Alexandros suspiró de nostalgia, más por lo que Isa dejó implícito en aquellos dichos. Se hubiera cortado la pierna con tal de haberle evitado aquellos dolores a su hija, todos, y la culpa le cortó otro pedazo de corazón. Nunca iba a poder perdonarse el hecho de haber creído que su hija estaba muerta. Ese error era irreparable y le costó dolor innecesario a toda su familia.

"Papá: ¿Sigues haciendo esas rutas de caminata al Parque Nacional?"

"No me gusta ir solo. A Sebastián no le gusta ir, prefiere la patineta y estar con sus amigos. A tu mamá le daba pena y a Berenice…" Alexandros suspiró. "Es difícil llevarla. Ni le gusta salir."

"Te gustaba mucho ir a caminar allá… tenía la impresión que preferías ir solo."

"También yo. Estuve mucho tiempo sin ir luego que falleciste, pero cuando por fin se dio la oportunidad de ir… no fui capaz de ir solo."

Isabella se tragó un nudo en la garganta. Era ella quien acompañaba a su padre a recorrer las rutas establecidas del Parque Nacional cercano a Litoxoro. Había sido una actividad que ambos habían disfrutado mucho pues, a pesar que en el último tiempo se habían peleado tres cuartas partes del día, cuando iban de excursión nunca discutían y hasta lo pasaban bien. Alexandros nunca lo iba a decir, pero recorrer esos caminos sin su hija le había desgarrado el alma. La noción que la niña que siempre lo había seguido con entusiasmo por esos caminos simplemente ya no caminaría jamás; lo mucho que la había juzgado sin conocerla y haberse quedado sin compañera de cordada casi lo había matado de dolor allí mismo. No fue capaz de continuar y los guarda parques tuvieron que evacuarlo.

La pérdida de un hijo no se puede describir, puede llegar a enloquecer a una persona. No solo había perdido a su hija por un error tan evitable, sino que tenía otra hija cuya vida peligró a rabiar. Emocionalmente quedó muy vulnerable.

Casi sin pensarlo, Isabella se sujetó del brazo de su padre. Ambos caminaron en silencio por algún tiempo, como dejando pedacitos de orgullo innecesario en el camino. Alexandros tomó aquella mano y le dio unas palmaditas.

"Estoy preocupado, 'Bella, con todo esto de Sebastián…"

"Kanon es un maldito, pero lo conozco. Es un buen maldito… y será buen maestro."

"Pero… pero… ¿y si le pasa algo a Sebastián?"

Los señores Dellas habían tenido dos días para rumiar y aceptar la idea que Sebastián se convertiría en el Dragón Marino. Aquella noche en la cena habían tenido mucho que procesar: desde el compromiso de su hija, la identidad de su prometido y las decisiones que su hijo menor había tomado respecto de su vida. Julián ayudó a aclararles muchas cosas, pero las dudas persistían. No en el sentido que motivasen a Alexandros o a Constanza a ir en contra de los designios de Poseidón, eso nunca, sino porque les preocupaba el destino de su hijo y el maestro que los dioses le habían asignado al muchacho no les parecía muy de fiar.

Ya, vale que Poseidón estuviera de acuerdo y hasta hubiera hecho las gestiones para conseguir sus servicios, pero… como que no confiaban mucho en Athena.

"Los santos de Athena tienen mucha experiencia educando aprendices. Cierto, tienen un régimen brutal de entrenamiento, pero es integral: mente, cuerpo y espíritu." Explicó Isabella, quien adoptó una expresión pensativa. "Es un régimen bien exigente, aunque creo que Saga y Aioros están trabajando en una reforma educacional o algo así, pero no van a bajar las exigencias ni de chiste. Es más, creo que las van a subir incluso y hacer que seguir una carrera técnica o universitaria sea obligación y no sugerencia como es ahora."

"Sí, eso lo entiendo, nos lo explicaron la otra noche, pero ¡Sebastián es muy mayor para ser aprendiz! Ellos empiezan de pequeños. Al menos los santos de Athena. No sabía que el señor Poseidón también tuviera activa su guardia."

"Kanon tiene experiencia entrenando a aprendices mayores que empiezan de cero, sabe qué esperar. Es un buen maestro para Sebastián, papá. Además… no es que se lo vayan a llevar de casa."

"No… aunque sospecho que veremos bastante a Kanon. Me deja tranquilo porque Sebastián terminará el colegio."

"Va a tener que subir las notas."

"Son buenas, el chiquillo estudia. No son las mejores, pero aprueba holgado."

"Tienen que ser perfectas. Papá, entiende que el entrenamiento es exigente en todo ámbito, físico e intelectual… Kanon lo va a exprimir. Pero no lo va a matar ni lastimar."

Alexandros suspiró y bajó los hombros. Miró a su hija enternecido y decidió confiar en ella. ¿Qué perdía? Nada, y se lo debía por todas las veces que no le había creído. Le sonrió con cariño.

"Se nota que estás enamorada de él. Me alegra que cuide de ti."

"Más bien yo lo cuido a él."

Padre e hija continuaron caminando por aquellas calles sin prestar mayor atención por donde iban. Este paseo les estaba sirviendo mucho más de lo que creían y secretamente ninguno quería que terminase. Incluso Isabella fue más allá y apoyó la cabeza en el hombro de su padre, gesto que emocionó a ambos. Ninguno pudo evitar tratar de reprimir las lágrimas, e iban a comentar aquello cuando…

"¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

… Resonó aquél grito. Ambos prestaron inmediata atención y levantaron la cabeza como tratando de adivinar de donde venía. Isabella incluso se llevó la mano al cinto en busca de su arma de servicio. Su corazón se heló por momento.

"Conozco esa voz… ¡Matilda!"


Ciudad de Atenas. Callejones cercanos.

9: 25 horas.

Encendió con rabia aquél cigarrillo. Había estado a punto de mandar a buena parte el encendedor que tenía y que justo había decidido fallar. Ernesto Gómez iba por el tercer o cuarto cigarro en quince minutos y su mirada parecía por momentos desenfocada. En dos días todo su mundo había colapsado ante sus ojos, sin que pudiera frenar la caída. Y la amenaza a su vida que Jackson advirtiese dos días antes se había vuelto tan real que parecía que la muerte lo acechaba a cada paso que daba, y que su asesino se encontraba en cada mirada sospechosa y extraña con la que se encontraba.

Lo peor había ocurrido esa mañana.

Había acudido a su trabajo "normal" en los juzgados de menores pero, cuando había estado a menos de una cuadra de los mismos, notó que el edificio estaba tan lleno de una actividad que encendió todas sus alarmas: la policía lo estaba buscando y no se quedó a preguntarles por qué. Se alejó lo más sigilosamente que había podido, con el estómago desencajado de miedo. Ya no tenía nada que perder. Eso lo hacía peligroso.

Y desesperado. ¡NECESITABAN A LA NIÑA!

Jackson esa mañana no había llegado al punto de encuentro, pero a través de mensajes crípticos le había advertido que recuperara a la nena, lo más urgente que pudiera, que ya no tenían más tiempo. ¡Oh Sí! Lo haría. Su plan era desaparecer en el submundo criminal y desde allí reinventarse, pero con el Comprador de la niña respirando sobre él, y sin la protección de la red de Grandchild no podía hacer tal cosa. Necesitaba entregarla ESE DÍA para al menos así conservar la vida, por lo que debía tomar medidas extremas.

Estaba a punto de lograr su objetivo.

Matilda iba un poco más adelante, ajena al hecho que la seguían, empujando un cochecito y disfrutando el día con bastante alegría. Llevaba al menos unos diez minutos siguiéndola: solo tendría una oportunidad de quitársela (que la calle se desocupara un poco más y quizás alcanzar esos callejones), y si la chiquilla se resistía, creía que con sus noventa kilos bien podría imponerse en fuerza. Aquella mujercita no parecía pesar más de sesenta: bastarían dos golpes y ya.

Ya. La calle estaba en su punto justo… conocía los callejones cercanos. Tomaría a la niña y desaparecería en un santiamén.

"¡Señora!"

Gómez corrió hasta Matilda y se puso por delante de ella. Todavía mordía el cigarrillo y el humo se le escapaba por entre las fosas nasales y la boca.

"¿Sí?"

"¡Señora Lüntz! Qué bueno que la encuentro. Soy Ernesto Gómez, trabajo en los juzgados de familia. Por poco no la alcanzo."

Matilda frunció el ceño e hizo retroceder el coche. ¿La llamó señora Lüntz? Ella no estaba casada con Mu. ¿Quién era este sujeto? Arrugó la nariz.

"Le agradecería que retrocediera." Le dijo Matilda entrecerrando los ojos. Poco a poco la mujer comenzaba a tomar la actitud de una piedra. "¿Qué necesita?"

Lizzie iba en el coche, y hasta hacía unos instantes estaba bastante cómoda con la vida, incluso dormitaba. Pero el olor a cigarro alertó sus sentidos, y tan característico aroma la puso en modo de alerta. Recordaba al hombre con ese olor, eso no le gustó. Comenzó a gimotear, tanto que Mati de un solo movimiento la sacó del coche. Su instinto combustionó en total alerta cuando sintió el aterrado agarre de su hija.

"Vengo por la niña, debo llevármela. Sus padres aparecieron y la quieren de regreso." Gómez intentó cortar la distancia, estirando los brazos, rogando para que la mujer cayera en su engaño.

"¿Quién dijo que era usted?" Matilda retrocedió con la niña en brazos, tratando de mantener la distancia. No le gustaba nada esa situación y comenzó a mirar para todos lados. La calle estaba desocupada, pero a lo mejor si salía corriendo, podría usar esos callejones a su ventaja.

"¡Deme a la niña!"

"Deténgase o gritaré. ¿Quién se ha creído que es?" Matilda aferró a Lizzie contra su pecho, sintiendo como la niña temblaba en sus brazos y se aferraba a sus ropas. Miró en todas direcciones, como buscando una salida de emergencia.

"Agúuuuuuu…" Lloriqueó Lizzie asustándose.

"Ya le dije, trabajo para los juzgados de menores." Gruñó Gómez dando otro paso al frente y estirando los brazos, como para tomar a la pequeña. "Debemos devolver a esta niña a sus padres y…"

"¿Dónde está la policía? ¿La maldita orden del juez? ¿Dónde está todo eso?" Mati apretó la mandíbula, sin deja de retroceder, pero por cada paso que se alejaba, Gómez daba dos. "¿Me viste la cara que crees que te voy a comprar ese cuento? ALÉJATE."

"¡Dame A La Maldita Niña!"

"WAAAAAAAAA…"

Gómez se abalanzó sobre Matilda con los brazos extendidos, pero la mujer giró sobre sus talones y comenzó a correr con su hija aferrada contra su pecho, sujetándola lo mejor posible para que no se agitara mucho, sin mirar atrás, ganando por momentos una sutil ventaja. Se introdujo por los callejones con la esperanza de cortar camino hacia una calle más poblada. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso este hombre creía que iba a dejar que le pusieran las manos encima a su Lizzie?

"¡Te Atrapé!"

"¡SUELTEME! ¡AUXILIO!"

Gómez no pudo creer su suerte cuando logró sujetar a Mati por el brazo y detener su carrera. Lizzie explotó en llanto al sentir como la mujer era sacudida por el violento agarre e intentaba protegerla con todo lo que podía. El terror se apoderó de su corazoncito al sentir los remezones que soportaba Matilda para no soltarla (hasta mordía). ¡Porque estaba decidida a no hacerlo! Primero la mataban antes de permitir que le hicieran daño a Lizzie, pero así de decidida estaba ella por protegerla, Gómez estaba decidido a quitársela.

"¡SUELTEME! ¡SOCORRO!"

"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Mati sintió como le apretaban el cuello con una mano en un claro afán de cortarle el suministro de oxígeno, mientras intentaban separarla de Lizzie. Nunca supo qué hizo Gómez, solo que se resistió como una fiera, pero aun así no logró evitar que le quitasen a Lizzie. En algún punto de la sacudida, gritó con inusitada fuerza… que por cierto, fue escuchada por Isabella, quien por lo visto estaba en las cercanías.

"¡ES MÍA!"

"¡NO HAS PAGADO POR ELLA!"

Con el revés de la mano, Gómez le dio un bofetón tan fenomenal a Mati, que por la fuerza se estrelló contra una pared, golpeándose la cabeza. Cayó al suelo a medio desmayar, totalmente indefensa.

"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

"CÁLLATE."

Matilda alcanzó a girar la cabeza, sintiéndose desfallecer por momentos, junto con la enorme desesperación que le significó ver como ese maldito infeliz se llevaba a su niña, quién chillaba de pánico. Respiró agitaba e intentó sacar fuerzas de flaqueza para ir detrás de ellos. ¿Cómo fue que permitió que le quitaran a su preciosa bebita tan fácil? ¡¿Qué clase de…?!

"¡MAMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! ¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

"¡CÁLLATE!"

Matilda abrió los ojos y sintió como la adrenalina comenzaba a fluir en mayor cantidad por su torrente sanguíneo. Parpadeó perpleja y comenzó a sentirse mejor de golpe, lo bastante como para incorporarse, con los sentidos tan agudos que no lograba darse crédito. Nunca supo si se levantó lento o rápido, o si tuvo alguna dificultad. Medio segundo después estaba de pie.

¿Cómo la había llamado Lizzie? ¿Dijo Mati o Mami?

No… seguro dijo Mati, todo el mundo la llamaba así, no podía haberla llamado…

"¡MAMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!"

Pudo ver la carita de Lizzie, llena de terror, estirándole las manitos a medida que se alejaba. Le dijo mami

¡Le dijo Mami! ¡No Mati!

Lizzie la llamó mami.

Le dijo mami.

"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Sin querer, o quizás por instinto, se palmeó con violencia el bolsillo del delgado abrigo que llevaba, distinguiendo un regalo que Anneke le había hecho días atrás. Las pupilas se le dilataron, se le aceleró el corazón y la respiración. De un momento a otro tenía tanta energía que no sabía qué hacer con ella. Solo tenía oídos para Lizzie. Apretó los dientes y gruñó. Enfurecida, enfocó la mirada en su hijita que le habían arrancado de los brazos, sin poder ver otra cosa y dejó de pensar, al menos racionalmente. ¡No Dejaría Que Se La Llevaran! ¡SOBRE SU MALDITO CADÁVER! Y así como no se dio cuenta que había echado a correr a toda velocidad, tampoco notó que todo el mundo alrededor suyo estaba en rojo y que no pararía hasta recuperar a su hija.

Entonces encendió el taser.

Dicen por ahí que el instinto materno es una fuerza de la naturaleza.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: A Matón, matón y medio.

Aioria se acercó a Jackson con una expresión de asco en la cara, solo para asegurarse de que no lo había matado con el golpe, pues tenía la ilusión de llevárselo al calabozo del Santuario y para eso lo necesitaba vivo. De hecho, hasta se había medido con el golpe. La escoria respiraba…


Nota Mental: Aaaaah, ya sé que me odian por haberlo dejado hasta ahí, pero bueno, cosas que pasan. Queridos lectores, nunca hagan enojar a una mamá, sea humana, sea animal. He escuchado historias impresionantes sobre madres de muchas especies defendiendo a sus crías a muerte y créanme, que no es una ira que quieran provocar. Tampoco a un papá cegado por la necesidad de salvar a sus hijos (en ambos casos, cuando son buenos padres, obviamente, que hay de todo en el mundo). Dos casos humanos emblemáticos: mamá ataca a un puma que quiso cenarse a su hijita de tres años (le ganó, conste, aunque quedó ella herida y la nena con un susto apenas… y el puma huyó por su vida) y mamá reduciendo a golpes a un peligroso criminal que la chocó y asustó a su hijo de doce. Ejemplos del reino animal, por montón, aunque las osas se llevan el premio. No Hagan Enojar A Una Osa con Oseznos. Ahora… espero en serio que hayan tenido un lindo domingo y que quienes celebran estos días, sobre todo el domingo, hayan tenido todo lleno de bendiciones. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


La primera vez que escuché esa palabra, Yamid, creí que era un insulto, pero no, existe. Yo me conformaba con decir tátara – tatarabuelo. Pero como ves, nuestro idioma nunca deja de sorprender. Lizzie tiene toneladas de carisma, que por fin está aprovechando ahora que se siente segura y querida. Es un encanto de nena… ._. Con papá aprensivo. También apoyo al tío de Mati, pero bueno, mientras ellos no decidan, nada que hacer. Sobre Kanon… conociendo al tipo, no me extrañaría que se dedique a trolear a sus suegros. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

¡Hola Marianne! Y bienvenida aquí. Me alegra mucho que estas locuras mías que escribo te agraden. Saber que logré sacarle una sonrisa a alguien me hace feliz. Mari, como acabas de leer, está a segundos de usar el taser, y créeme que no va a dudar ni un solo instante en hacerlo. Ese Gómez se lo tiene bastante merecido. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!