¡Nunca un taser cumplió tan bien su objetivo! Aunque si no hubiera tenido que tranquilizar a su nena, Matilda habría freído a Gómez de buena gana. El peligro sin embargo aún no pasa y Mu, por más que quiera, no puede ir en su ayuda, cosa que lo tiene loco, pero… para esto están la familia y amigos.
¡HOLA A TODOS! Mañana tengo dentista. Cierto, es irrelevante, pero les tengo terror. TmT Voy a morir. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Lo trágico de lo trágico… este capítulo es cortito… y encima el final comienza a vislumbrarse en el horizonte. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 15: A Matón, matón y medio.
Callejones de Atenas.
6 de abril.9:30 horas.
Lizzie se puso a chillar tan frenéticamente que por momentos incluso tuvo dificultades para respirar. Dejó los gritos de golpe y comenzó a tratar de tragar aire a como diera lugar. Su corazón se le aceleró a tal punto que hasta se sentía morir: la pequeña atravesaba por una crisis de pánico tan horrorosa, que Gómez pensó en serio que le iba a dar un infarto. Lizzie buscaba a Mati con la mirada, con los ojos hinchados y la piel rojiza, llena de pánico. No podía respirar bien, no quería estar cerca de este hombre y su mami no estaba a la vista.
"¿Qué pasa contigo, engendro?" Le gruñó entre dientes, extrañando no tener su cigarro con él.
El sujeto no alcanzó a alejarse mucho. No temía represalias por parte de la mujer que había dejado en el suelo más atrás: seguro ese golpe le había apagado las luces. Alzó en el aire a la niña para verla, preocupado de esta extraña reacción que estaba teniendo. Ya antes se le había muerto un bebé de ese modo y en serio, no le convenía que Lizzie se le muriera justo ahora: ¡ahí sí que se podía dar por muerto!
Lizzie tenía terror. Se quedó mirando a Gómez y comenzó a tragar aire, como buscando sus pulmones para poder gritar, sintiendo como el corazoncito se le desbocaba en el pecho. Gómez gruñó por lo bajo y lamentó de nuevo no tener su cigarro consigo. Lo había perdido en algún punto del forcejeo con la mujer que había noqueado. Miró a la niña y entrecerró los ojos, resoplando para sí. ¿Qué le pasaba? ¿Estaría funcionando bien? Solo necesitaba algo de disciplina. El hombre apretó la mandíbula y se dispuso a sacudirla para hacer reaccionar a la pequeña. De buena gana le hubiera echado una bocanada de humo de cigarro, pero tuvo que lamentarse para sí.
"Vas a dejar de llorar y…"
"¡Dámela, 'Joep**a!"
Fue una advertencia con voz casi primitiva, simple, pero que de aquellas que prometían un infierno en vida si no se la obedecía. Un fuerte empujón lo sorprendió, dos brazos rodearon a la niña y se la quitaron de súbito. Matilda, con el labio roto y un corte en la frente, recuperó a Lizzie con más facilidad de la esperada y la cobijó contra su pecho, mientras desafiaba al maldito con tanta intensidad como si lo estuviera retando a que se la quitara de nuevo, a ver cómo le iba. Estaba hecha una fiera. En una fracción de segundo intercambió miradas con Gómez y, antes de que el tipo pudiera reaccionar, Matilda estiró su brazo derecho de golpe, encajándole algo en las costillas con fuerza, pero antes que Gómez pudiera quejarse del dolor que le significó eso… sintió una fortísima descarga eléctrica que sin duda no se esperaba.
"¡AAAAAAAAAAAARGH!"
"A MI HIJA NO."
El grito de Gómez pasó de ser vocal a gutural y puso los ojos en blanco. Se le paralizaron todos los músculos y todas sus terminaciones nerviosas acusaron recibo de la descarga eléctrica. Cayó al suelo momentos después, inconsciente. De buena gana Matilda lo hubiera freído con el taser hasta gastarle toda la carga, pero soltó el aparato, dejándolo caer al suelo, para concentrarse solo en abrazar a su beba, cambiando su asesina actitud por una más amorosa. Lizzie sintió de inmediato el cambio, como las manos de su mamá la revisaban por completo, como buscando heridas con el tacto, y como Mati la arrullaba con ternura para así calmar sus miedos. Lloró quedita, sabía que estaba a salvo, mientras Mati la cargase, estaría libre de peligro: su mami no iba a dejar que le pasara nada, ni que el hombre aquél se le acercase de nuevo. Matilda por su parte le echó una última desdeñosa mirada al tipejo, pero no le dio importancia, comenzó a alejarse en dirección de una calle más abierta en donde poder pedir ayuda, con pies temblorosos, pero cada vez más seguros.
"Mati está aquí, Lizzie, no voy a dejar que nada te pase. ¡Ya pasó, mi gordita!"
Lizzie resoplaba en silencio, bien aferrada de Matilda, aunque aún con claros signos de no poder controlar bien el miedo que sentía. Llegaba a tener los nudillos blancos de tanta fuerza que hacía al sujetar las ropas de Matilda. El olor de la mujer, eso sí, estaba haciendo maravillas para calmarla, lo mismo sus arrullos y la ternura con la que la sujetaba. Lizzie miró hacia arriba, con el puchero más grande de su vida y los ojos que se le deshacían en lágrimas.
"… mami."
Esto hizo que el corazón de Mati le diera otro vuelco y la motivara a caminar más rápido, sin notar que su corazón se saltó algunos latidos de la emoción y una lágrima se le arrancó de uno de sus ojos. Solo quería pronto llegar a alguna calle más principal, salir de esos laberínticos callejones y pedir ayuda. Sentía que todavía no estaba…
"¡Detente!"
… a salvo.
Mati abrió los ojos de par en par, pero no dijo nada. Se detuvo y entrecerró los ojos, peligrosa. Para ella el mundo había estado recuperando colores, pero ese tono de voz la hizo ver de nuevo en rojo. Frente a ella había otro hombre, le había salido al paso, de uno de los callejones y tenía una actitud desesperada. Quizás se le veía más delgaducho, pero ya había pasado un buen susto y no tomaría riesgos. Lizzie se acurrucó más contra su pecho, su mami la protegió entre sus brazos, mientras retrocedía y se preparaba para salir corriendo.
"Esa niña es mía."
Desafiante, Matilda frunció el ceño y retrocedió de nuevo. Pensó en el taser que había dejado caer y en cómo diantres lo haría para defenderse ahora. Intentó aflojar la mano derecha, flexionar los dedos por instinto, como si quisiera hacer crecer sus uñas y defenderse de necesitarlo, pero Lizzie comenzó a gemir de miedo y más se aferró de ella. No, esta vez no sería una opción ni el taser ni sus uñas. ¡Pero no le iban a quitar a su hija de los brazos de nuevo! Jackson se aflojó el cuello de la camisa y, por la amenazante expresión que tenía en el rostro, Mati supo que no se detendría con palabras.
"Lo diré una vez más. ¡Dame a la niña!" Exclamó Jackson llevándose la mano al cinto y sacando un arma, apuntándole a la cabeza. Matilda dio una patada en el suelo.
"¿La quieres? ¡Ven Por Ella!"
No, no era el momento que le bajara el espíritu espartano, pero lo hizo y lo dijo muy en serio. Si querían quitarle a su hija, se la tendrían que arrancar de sus brazos muertos, porque de otra manera no iban a poder siquiera tocarle un cabello. Esto lógicamente enfureció al hombre, quién se abalanzó sobre ella, por lo que Mati no perdió tiempo alguno en echar a correr a todo lo que podía en la dirección contraria, con la beba llorando en sus brazos, pero más decidida que nunca a no dejar que se la quitasen.
"¡QUE ME LA DES!"
Jackson estiró el brazo y sujetó a Matilda por el abrigo que llevaba, preparándose a darle un golpe en la cabeza con el revés del arma que tenía en la mano.
"¡NO!"
La chica giró sobre sus talones y ladró aquella negativa con tanta vehemencia que llegó a asustarlo en serio y consiguió que la soltara. Algo dio un salto en el aire en ese instante y cerró sus fauces en el brazo de Jackson.
"¡GRRRRRRRRRRRRR!"
"¡AAARGH!"
¡¿Pero qué brujería…?!
Casa de Aries.
En esos momentos.
Cinco minutos. No habían pasado ni cinco minutos. ¡Seguro que Aioria ya habría encontrado a Mati en ese tiempo! Era más que suficiente para encontrarla. ¡Eran solo cinco malditos minutos! ¿Por qué no llamaba ni nada? ¿Acaso creía que él era adivino? Mu miró la hora para descubrir que el condenado minutero seguía pegado donde mismo y él ahí sudando balas. ¿Y si le preguntaba de nuevo a Aioria por la cosmonet?
"No lo hagas, lo vas a desconcentrar." Advirtió de pronto Lümi.
La amazona estaba cruzada de brazos y apoyada en una de las columnas. Se la veía tranquila y en paz, pero era tan solo una apariencia, pues ver a su hijo tan inquieto comenzaba a afectarla. Porque Mu estaba literalmente caminando por el techo de la preocupación.
"No me dice nada. ¡Hace cinco minutos partió por Mati y no me dice nada!"
"Puede que todavía no la haya encontrado. ¡Le enviaste una ubicación aproximada! Quizás tomó un atajo o algo y la está buscando." Intentó razonar Axl.
"Aioria se concentra mucho cuando está de cacería, lo sabes: aunque lo contactes, no te responderá si no ha dado con su objetivo." Le recordó Aldebarán, que había bajado a Aries en señal de apoyo. Blanquita se relamió los bigotes y pareció asentir con la cabeza, como apoyando a su enorme amo.
Mu se sentía mal. Ese día tenía turno de templo, tenía que quedarse a fuerza en la Primera Casa y no podía salir de allí a menos que lo convocara el Patriarca al Templo Principal, lo que no iba a ocurrir. Desde que Aioria le insinuase que Matilda y Lizzie podrían estar en aprietos que su ánimo se había desplomado y hasta había comenzado a sentirse mal físicamente. Cierto era que la presión le había subido un tanto y el pecho le quemaba de la acidez que tenía. Moría por salir él mismo a ayudarles, pero por su deber de dorado simplemente no podía hacer tal cosa. El Turno de Templo implicaba no poder salir de Aries, ni aunque se partiera el mundo. Estaba nervioso y tan cargado de energía que hasta tenía estática en el cabello.
"Sí, Sí, Eso Lo Entiendo. ¡Todo Lo Entiendo! Pero ¿Por Qué Se Tarda Tanto Decirme Que Las Encontró?" Mu se tapó brevemente la cara y se refregó los ojos. "¿Y Si Les Pasó Algo?"
"La ausencia de noticias es buena señal. Las malas se saben en seguida." Le dijo Axl.
"¡ESO NO ME CALMA!"
"Pero debería. Siempre nos dices lo mismo, Mu." Afirmó Alde, encogiéndose de hombros.
Los demás dorados estaban muy atentos. Poco a poco los detalles de la súbita misión de Aioria comenzaron a filtrarse y todos estaban más que dispuestos a acudir en bloque a ver si podían ayudar. Cierto, habría sido una exageración, pero al menos la intención estaba, y si no les era posible hacer tal cosa, al menos se encargarían que Mu supiera que todos lo apoyaban. Apenas había pasado un cuarto de hora desde que el león diera el primer toque de alerta, pero el silencioso apoyo era tangible.
En todo caso, la imagen mental de doce santos dorados dispuestos a repartir ensalada de patadas, es épica.
"Nunca Más Se Lo Digo A Nadie. ¡Lejos De Calmar Eso Irrita! No Necesito Estar Irritado."
"Algo bueno que saquemos de esto." Comentó Aldebarán tranquilo, encogiéndose de hombros.
"No es broma, Aldebarán."
Mu siguió caminando por todo el templo, mientras sus padres y Alde lo seguían con la mirada. Kiki se teletransportó junto a Axl y miró a los adultos con nerviosismo. También estaba preocupado. Estaba jugando solo por ahí cuando la cosmonet llamó su atención, por lo que había decidido prestar atención en caso de que algo importante surgiera, pero cuando se dio cuenta que la red cósmica se había quedado muda al respecto y que las únicas novedades que había era cuando los dorados le daban un toque a Mu, decidió interrumpir su juego (era su hora libre) y volver a Aries.
"¿Alguna novedad?" Preguntó el muchacho, poniendo especial cuidado en no acercarse mucho a Blanquita. Alde lo despeinó con cariño, pero negó con la cabeza, sin emitir comentario.
"Todavía no se sabe nada, pero Aioria está buscando." Le dijo Axl.
"El león está tras su objetivo, con eso debería bastar." Gruñó Lümi con un desdén, sin moverse de su posición.
"Lo más probable es que estén de lo más tranquilas las dos." Le dijo Axl con calma. "Es cosa de…"
Justo en ese momento, las decoraciones de los brazos de la armadura comenzaron a brillar. Al ver esto Mu perdió varios colores del rostro, pues sabía bien qué significaba eso. Las esclavas de Aries que llevaban Mati y Lizzie estaban pidiendo ayuda, y a mayor gravedad, más brillo de las decoraciones.
"… Eso no es bueno…" Murmuró Kiki, tragando saliva. Alde le dio un topecito disimulado en el hombro para que se quedara callado.
"¿Qué es eso?" Preguntó Axl alarmado.
"Es una reacción a las esclavas de Aries." Explicó Aldebarán, al ver que Mu palidecía varias tonalidades. "Ya sabe, esas pulseras que sirven como salvoconducto a los civiles emparentados con algún santo."
"Claro que las conozco, yo mismo tengo una: me la dieron cuando con Lümi anunciamos que estábamos casados."
"Telémaco se la dio antes que pasara un día." Recordó Lümi. "Pero no recuerdo que hicieran eso."
"Lo implementamos hace poco." Explicó Mu con voz lúgubre. "Cuando el usuario de una de las esclavas está en peligro, pide ayuda al santo o amazona que corresponde."
"La pulsera comienza a brillar en caso que el portador no se haya percatado que podría estar en peligro." Continuó Alde. "Cuando eso pasa, las decoraciones de nuestras armaduras reaccionan del mismo modo, como lo está haciendo la armadura de Aries ahora, brillando."
"Por Athena…"
Mu puso una mano sobre su cadera y con la otra se quitó el casco. Lümi abrió los ojos preocupada. No veía bien a Mu, su hijo estaba con los nervios de punta, pálido y lo comprendía muchísimo. Axl cruzó miradas con ella y supo en seguida que no era la única muriendo de la preocupación. Matilda era importante para el dorado, demasiado, y le dolía el corazón no poder ir en su ayuda. Solo una fuerte noción del deber estaba manteniendo a Mu de Aries firme en la Primera Casa, pero aquello le estaba carcomiendo el alma. Solo le quedaba confiar en Aioria, quien no se comunicaba.
"Mu." Lümi dio un paso al frente y se ubicó delante de su hijo. "Sé que le enviaste un mapa mental a Aioria por la cosmonet. Quiero verlo."
"¿Mamá?"
"Muéstrame el mapa. Iré a ver a Matilda y a Lizzie y me quedaré con ellas."
"No… no puedo pedirte eso, yo…"
"¿Por qué no? Soy tu mamá: no me discutas." Lümi le acarició las facciones. "Te contactaré en cuanto las vea."
"Hijo." Dijo de pronto Axl muy serio. "Hazle caso a tu madre."
"Te estás matando por dentro porque te debates si ir o no. Pero eso no es una opción, tienes un deber con la diosa. No puedes dejar Aries, pero yo sí: te diré mejor que nadie como están esas dos."
"… Mi Mati y mi Lizzie… mamá, yo…"
"¡Mándame El Maldito Mapa Mental Y Ya!"
Tan directa la buena Lümi.
Mu pareció despabilar y le mostró el mismo mapa mental que antes le mostrase a Aioria por la cosmonet, esta vez destacando rutas alternativas que recordaba. Acto seguido, Lümi le tomó la cabeza y le besó la frente, sonriéndole por unos instantes antes de retroceder.
"Te mando un mensaje en cuanto las encuentre."
Y sin decir más, desapareció.
Axl dejó escapar aire en ese momento y se acercó a Mu, a quien le palmeó el hombro. Crisomalón daba gemiditos de preocupación, por lo que los siguientes topes fueron para consolar a la armadura. Mu miró la hora… las 9:31… ¡¿Acaso se había detenido el tiempo o qué cosa?!
"Tu mamá va a dar con ellas, te lo aseguro."
"¿Y si no las encuentra?"
"Las va a encontrar: no va a dejar mono con cabeza de lo contrario."
"Mati está bien protegida. Van dos dorados en su ayuda." Trató de animarlo Alde. "Y quizás un par de plateados también."
Mu suspiró y volvió a ver la hora, que obviamente no había cambiado. Resopló angustiado.
"Hace seis minutos que no sé nada… excepto que están en peligro…"
Axl suspiró y meneó la cabeza. Acto seguido lo abrazó.
Callejones de Atenas.
9:31 horas.
Para la soberana sorpresa de Matilda, Jackson cayó al suelo entre gruñidos guturales. Un perro callejero salido quizás de donde, atacaba sin piedad al tipo, quien entre patadas y manotazos intentaba quitarse al chucho de encima. Éste no le soltaba el brazo y bien hincados le tenía los dientes, logrando que la sangre fluyera por entre la mordida. De la sorpresa a Mati se le había olvidado correr, paralizada por segundos, pero ni bien lo recordó, no tardó en…
"¡ATRÁS, PERRO!" Jackson le dio un golpe al perro que lo dejó gimiendo de dolor, se apresuró en recuperar su arma y apuntar a Matilda con ella. Se puso de pie con dificultad y las facciones desencajadas de rabia. Por mera precaución Matilda se detuvo, pero lo enfrentó enfurecida.
"Ahora quietecita, me entregas a la niña y…"
"¡MANOS ARRIBA! Suelta el Arma." Ordenó Isabella de súbito. La mujer apareció desde otro callejón, y no tardó en apuntarle a la cabeza con su propia arma. Con ella iba otro hombre, algo mayor, quien se veía muy grave y alerta, pero que no tenía aspecto de ser un policía. "Matilda, ponte detrás de mí." Ordenó severa.
Es increíble como tantas cosas pasan en tan poco rato. Matilda sosegó su respiración y se acomodó a Lizzie en sus brazos, quien resoplaba agitada. Esperó a calmarse un tanto antes de comenzar a caminar con toda la calma y dignidad del mundo hasta donde Isabella le había pedido. La situación era tensa, pues Jackson, de apuntar a Matilda pasó a apuntar a la recién llegada y ambos no parecían querer ceder. Alexandros estiró el brazo y atrajo a la joven detrás de él, procurando esconderla con su cuerpo. Tampoco perdía de vista a Jackson, y parecía meditar internamente como saltarle encima y reducirlo en caso de que se necesitase, y que Poseidón lo ayudara.
"¿Están bien las dos?" Le preguntó Alexandros a Mati en un cauto susurro. Fue cuando notó que la pulsera que la chica llevaba puesta, la esclava de Aries, brillaba con intensa insistencia, igual que la que llevaba la peque. Matilda negó con la cabeza.
"No lo sé."
Alexandros asintió grave, pero no insistió en el asunto. Miró hacia atrás, se concentró en su hija y en el hombre armado que la apuntaba. Se pronto sentía sus tripas gélidas de la preocupación. Isabella y Jackson no dejaban de analizarse mutuamente. No fue algo que le gustase: sintió como su sangre se convertía en ácido de la preocupación. Nadie decía nada, la tensión podía cortarse con un cuchillo. Lo único que faltaba era que soplara un poco más de brisa y pasara rodando algún arbusto seco.
"Baja el arma. Es una orden." Advirtió Isabella una vez más.
"Quiero a la niña."
"Suelta el Arma, Pon las Manos Donde las Vea y No Te Resistas Al Arresto." Isabella no le quitaba los feroces ojos de encima. "No lo diré de nuevo."
"¡QUE ME DEN A LA…!"
¡POW!
Un certero puñetazo en la cara le apagó las luces. Jackson fue impulsado contra la pared cercana y cayó al suelo por completo inconsciente. Un par de dientes cayeron junto a él segundos después. Si Aioria de Leo se había tardado en llegar, se debía a que se tardó algunos minutos en ubicar exactamente por donde andaba Matilda y en dilucidar el complicado rastro que había dejado en su huida, casi orgulloso al notar que la chica se había resistido como nadie pese a sus desventajas. Lo mismo le había pasado a Isabella, por eso no había llegado antes. Pero ciertamente, y a diferencia de la prometida de Kanon, el león no tenía la paciencia para lidiar con matones de patio por lo que, sin esperar un segundo, decidió intervenir y darle su merecido al sujeto, antes que pasara mucho rato o que las armas se disparasen.
Aioria se acercó a Jackson con una expresión de asco en la cara, solo para asegurarse de que no lo había matado con el golpe, pues tenía la ilusión de llevárselo al calabozo del Santuario y para eso lo necesitaba vivo. Lo topó con la punta del pie y al asegurarse que no lo había matado, le dio un puntapié en las costillas. Se sopló el flequillo: de hecho, hasta se había medido con el golpe. La escoria respiraba, por lo que no le dio un segundo pensamiento. Cruzó miradas con Isabella, quien guardaba su arma en esos momentos.
"¿Vive?"
"Sí. Desperdicia oxígeno. Lo puedes arrestar, Isa."
Isabella asintió y sacó su celular para llamar al número de emergencias de la policía. Aioria le pasó por el lado, dándole a la policía un topecito de camaradería en el hombro, antes de pasar de largo a ver a Matilda. Alexandros, al verlo, negó con la cabeza como pidiéndole en silencio que fuera delicado y Aioria, aunque no lo conocía, entendió bien. Ambos asintieron mutuamente y al mismo tiempo. El león se acercó a Matilda, quien no soltaba a Lizzie ni por si acaso, y le puso una mano en el hombro.
"¿Matilda? Soy yo, Aioria. ¿Estás bien?"
"Creo que necesita su espacio, joven: un susto de esos es brutal… ¡Lo sabré yo!" Opinó Alexandros con cautela.
"¡UGH!"
En ese momento, Gómez cayó al suelo como si se tratase de un costal de papas. Jamián del Cuervo le puso el pie encima y se llevó las manos a las caderas. Varios cuervos aterrizaron no lejos, algunos incluso sobre los hombros del plateado.
"Miren no más con lo que nos encontramos a medio despertar." Comentó Jamián triunfante.
"… ya no… ¡más!" Gimoteó adolorido. Por lo visto se había ganado una plateada paliza momentos antes al querer huir.
"Ooooh, pobrecito, ¡Mira cómo te dejaron!"
Asterión fue directo al perro callejero que había ayudado a Matilda, y que estaba en un rincón, encorvado sobre su pata. Por lo visto el chucho no era parte de las mascotas del santo de Canes Venatici, pero al igual que todos los perros del área, había recibido el encargo de rastrear y ayudar como fuese a Matilda. Le movió la cola y bajó la cabeza en una clara y sumisa actitud, logrando que el santo se conmoviera.
"No se diga más. Te vienes conmigo al Santuario: le vas a caer bien a mi jauría. Te daré un baño y comida, que te la ganaste." Le dijo Asterión, mientras revisaba al perro. "Mejor le aviso al veterinario que voy contigo."
"Deja la adopción para más rato, Asterión, y ayúdenme." Gruñó Isabella quien había esposado a un muy inconsciente Jackson, mirando al aludido y a Jamián. "Acerquen esa cosa para que lo amarre a este infeliz." Ladró refiriéndose a Gómez.
Jamián se encogió de hombros y tomó a Gómez del brazo. Aunque el tipo quiso resistirse, bastó una advertencia del plateado para que se quedara calladito, así que a medio arrastrar lo llevó junto a Isa, quien no perdió tiempo en esposarlo junto a su colega. La mujer no tuvo mucho cuidado en esto, y se puso de pie en seguida.
"Confío en que no van a dejar que escapen." Les pidió Isa a los plateados. "Ya viene la policía y una ambulancia."
Jamián asintió en vista de que Asterión no dejaba de revisar al perro nuevo, quien no dejaba de moverle la cola a su nuevo amo. Isabella les dio la espalda y a zancadas cubrió la distancia hasta llegar a Matilda, quien seguía sin responder nada. ¿Le habría pasado algo? A medida que se acercaba, Isa notó la sangre en el labio y en la frente de la chica. La niña en cambio parecía estar bien, aunque muy aferrada a su mami, a quien no soltaba ni de chiste, y con la carita surcada de lágrimas.
Bueno, ninguna de las dos parecía querer soltar a la otra.
"La policía viene en camino, también pedí una ambulancia." Explicó Isa mirando a Aioria y a su padre a la cara. Se acercó a la chica. "Mati. Ya…"
¡PLOF!
El característico sonido que anunciaba una teletransportación los hizo a todos a mirar en aquella dirección. Lümi de Aries recorría con la mirada alrededor suyo y se la notaba con ganas de machacar algo. Tanto Jamián como Asterión señalaron a los dos hombres caídos, como temiendo que la amazona los atacase. Lümi gruñó bajo la máscara y empuñó las manos, pero no se acercó a ellos. Llegó hasta Matilda y se abrió paso entre quienes la rodeaban.
"Matilda… Reacciona." Lümi la miró seria, pero amable, aunque por la máscara no se notase. "Soy yo, Lümi." La amazona le puso las manos sobre los hombros. "Estás a salvo."
Aioria alzó las cejas al tiempo que Mati por fin levantaba la mirada y la fijaba en Lümi. Se notó a todas luces que reprimió un puchero, pero no pudo hacer nada por las lágrimas que se le cayeron de los ojos. Lizzie por fin comenzó a moverse y a gemir ella misma de nuevo. Eso llenó de ira al león, ¿cómo se atrevían a atacar a Mati y a su niña, con lo inofensivas que eran?
"Casi me la quitaron, tía Lümi… ¡se la querían llevar quizás dónde!"
"No se la llevaron. La tienes aquí contigo. Les diste una merecida lección." Lümi bajó la mirada y le echó una rápida revisión a Lizzie. La pobrecita temblaba como una hoja, pero al juzgar por cómo se sentía su pequeña presencia, comenzaba a calmarse al verse rodeada por gente que asociaba con protección.
Le iba a costar, pero lo estaba haciendo.
Lümi abrazó a Mati, cuidando de que Lizzie no se sofocara. Eso provocó que ambas llorasen por fin, pero a salvo. La mujer intentaba no exagerar con su desahogo, mantenerlo a raya, pero los llantos de la pequeña desgarraban el alma. Alexandros se sentía impactado, pero no menos conmovido: en seguida buscó los pañuelitos desechables que siempre llevaba consigo y se los ofreció. Luego buscó a su hija con la mirada, sintiendo un extraño orgullo de padre.
"Esto no debió pasar nunca." Gruñó Isabella.
"Está fuera de nuestro control: no pasó nada más, ¡Gracias a Athena!" Dijo Aioria muy serio. A lo lejos, escuchó sirenas acercándose y bajó los hombros. Iba a ser un largo día. "Ojalá no reclamen mucho: no les gusta cuando los santos interferimos en su jurisdicción."
"Hmpf. Pues que se banquen si no les gusta." Gruñó Isabella cruzándose de brazos.
Aioria asintió y le echó una mirada a Gómez y Jackson, siseando entre dientes. Ya se las ingeniaría para que esos dos terminaran de cabecita en el calabozo del Santuario. Dudaba que alguien los echase de menos.
Por cierto…
… hora de contactar la cosmonet para avisar novedades.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Repercusiones
"¿Y ustedes no saben pedir permiso antes de pasar? ¡¿Y si hubiera estado desnuda?! Salgan de inmediato de aquí y pidan permiso como la gente." Explotó Lümi de pronto.
Los dos policías que se habían acercado al cubículo pusieron cara de sorpresa, pues no se esperaban dicho recibimiento. Matilda parpadeó un par de veces, pero…
Nota Mental: Tengo trauma mental por lo del dentista mañana, así que apenas pude darle una releída a esto para hacer las modificaciones de último minuto. Voy a morir bien muerta. No quiero ir al dentista. ¡SÍ! D8 ¡LES TENGO TERROR! No es algo que controle. TmT… me lo merezco por haberlos dejado en ascuas. XDD… ._. Será mi fin. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Cuando los atrape, Yamid, ahí sí que Mu se va a divertir. O más bien a cobrarse revancha por tan vil atentado contra su familia, un aries enojado literalmente no es algo bonito. Sobre los cuervos, también dale algún crédito a Jamián, es él quien los cuida y entrena. Nadie le reconoce sus méritos, pobre. Fue bueno que el papá de Isabella estuviera con ella cuando oyeron los gritos de Matilda, al menos pudo ver que su hija no está exactamente indefensa. Sobre aquél puma… supongo que decidió que comer cachorros humanos era perjudicial para su salud. Una sabia decisión, si me lo preguntas. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
¡Hola Guest! Matilda tuvo una subida de adrenalina de aquellas, que aprovechó para confirmarla en su rol de madre. Después de esto, te aseguro que no tendrá más dudas: Lizzie es su niña y ¡AY! del que diga lo contrario. De verdad, el instinto de mamá–osa es de temer. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Por cada lágrima que Lizzie derramó por su culpa, Gómez va a pagar con tres, Sagitarius, al tipo sí que le llega, y merecido todo lo que le pase a partir de ahora. Al menos Isa y su papá están conversando y tratando de pasar tiempo juntos, aunque no es por nada, pero mejor se acostumbran a tener interrupciones bastante… imprevistas y escandalosas. Al menos llegaron a tiempo. Sobre el Puma… el animal decidió que mejor dejaba a los humanos fuera de su dieta. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Sabía que te gustaría esa escena, te dije que venía una, Nice. Una pequeña compensación por todo lo que te he hecho esperar. Creo que mimas demasiado a Shura, me lo vas a malacostumbrar. De todos modos, la torta no pasó de Leo: creo que muchos sacaron bastantes tajadas, como forma de "peaje". Alisa está racionando lo que le diste a Kyrus y Niké… digamos que estará castigada hasta que reconozca que ella fue la que botó un jarrón enorme que había en uno de los pasillos. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.
Artemisa: o Ártemis (en griego Ἄρτεμις) fue una de las deidades más ampliamente veneradas y una de las más antiguas. Algunos investigadores creen se trata de una diosa originalmente pregriega. Homero alude a ella como Artemis Agrotera Potnia Theron, 'Artemisa del terreno virgen, Señora de los Animales'. En el periodo clásico de la mitología griega, Artemisa fue descrita a menudo como la hija de Zeus y Leto, y la hermana melliza de Apolo. Fue la diosa de la caza, los animales salvajes, el terreno virgen, los nacimientos, la virginidad y las doncellas, que traía y aliviaba las enfermedades de las mujeres. A menudo se la representaba como una cazadora llevando un arco y flechas. El ciervo y el ciprés le estaban consagrados.
En época helenística posterior, asumió incluso el papel de Ilitía como ayudante de los partos y acabó siendo identificada con Selene, la titánide de la Luna (razón por la cual en ocasiones aparece representada con una luna creciente sobre la cabeza). También fue identificada con la diosa romana Diana, con la etrusca Artume y con Hécate.
La infancia de Artemisa no está completamente recogida en ningún mito conservado. La Ilíada reducía la figura de la pavorosa diosa a la de una muchacha que, tras haber sido azotada por Hera, buscaba consuelo en el regazo de Zeus. Un poema de Calímaco dedicado a la diosa que se deleita en las montañas con el arco imagina algunas escenas encantadoras.
A los tres años, Artemisa pidió a su padre, mientras estaba sentada en sus rodillas, que le concediese siete deseos: permanecer siempre virgen; tener multitud de nombres para diferenciarse de Apolo; ser la Phaesporia o 'Dadora de Luz'; tener un arco y flechas, y una túnica hasta las rodillas para poder cazar; tener sesenta «hijas de Océano», todas de nueve años, para su coro; y veinte ninfas amnisíades como doncellas para cuidar de sus canes y su arco cuando descansase. No pidió que se le dedicase ciudad alguna sino gobernar sobre las montañas, y también el poder de ayudar a las mujeres en los dolores del parto.
Artemisa creía que había sido elegida por las Moiras para ser comadrona, ya que había ayudado a su madre en el nacimiento de su hermano. Todas sus acompañantes debían permanecer vírgenes bajo pena de implacables castigos, y la propia Artemisa guardó celosamente su castidad. Sus símbolos incluían el arco y las flechas de plata, el perro de caza, el ciervo y la Luna.
Calímaco cuenta cómo Artemisa pasó su niñez buscando lo necesario para ser una cazadora, obteniendo su arco y flechas en la isla de Lipara, donde trabajaban Hefesto y los Cíclopes. Las hijas de Océano estaban llenas de miedo ante la visión de los monstruosos herreros, pero la joven Artemisa se acercó valientemente y solicitó sus armas. También cuenta Calímaco cómo Artemisa visitó a Pan, el dios de los bosques, y éste le dio siete perras y seis perros. A continuación ella capturó seis ciervos de cornamenta plateada para tirar de su carro, y comenzó a practicar con su arco disparando primero a los árboles y después a las bestias salvajes.
Artemisa, la diosa de los bosques y colinas, fue adorada en toda la antigua Grecia. Sus lugares de culto más famosos fueron la isla de Delos (su lugar de nacimiento), Braurón (en el Ática), Muniquia (cerca de Pireo) y Esparta. A menudo se la representaba en pinturas y estatuas en un escenario forestal, llevando arco y flechas, y acompañada de un ciervo.
Los antiguos espartanos solían dedicarle sacrificios como una de sus diosas patronas antes de emprender una campaña militar.
Las niñas y muchachas atenienses que se acercaban a la edad del matrimonio eran enviadas un año al santuario de Artemisa en Braurón para servir a la diosa, época en la que eran llamadas arktoi ('oseznas'). Un mito explicando esta servidumbre cuenta que un oso había adoptado la costumbre de visitar regularmente la ciudad de Braurón, cuyas gentes lo alimentaban, de forma que con el tiempo el oso fue domado. Pero una niña provocó al oso y éste, según la versión, la mató o le sacó los ojos. En cualquier caso, un hermano de la niña mató al oso y Artemisa se enfureció, exigiendo que las niñas actuaran como osas en su templo como expiación por la muerte del oso. Otra explicación alternativa decía que a causa de la muerte del oso había una peste en Atenas y un oráculo había dicho que la peste solo cesaría si las jóvenes atenienses expiaban la muerte del animal.
Nióbidas: En la mitología griega, son los hijos que Níobe tuvo con Anfión. Homero establece su número en doce, Eurípides y el pseudo–Apolodoro hablan de catorce, y otras fuentes, como Safo, dan un número de veinte, o dieciocho. Por lo general la mitad de los hermanos son varones y la otra son mujeres.
El mito narra que Níobe se había burlado de Leto porque ella había tenido dos hijos (Artemisa y Apolo) o poca descendencia mientras ella tuvo catorce o mucha descendencia. Por esta razón Apolo y Artemisa, para vengar la honra de su madre, mataron a todos sus hijos, dejando vivos sólo a dos de ellos, quienes al momento de la masacre, eran solo unos niños. Se les perdonó la vida solo en virtud de esto.
Siguiendo la versión de Homero en que se especifican doce hijos, Apolo mató a cinco varones de Níobe mientras practicaban atletismo, y dejó vivo al pequeño Amiclas, quien fundaría la ciudad del mismo nombre. Por su parte, Artemisa mató a cinco de las hijas de Níobe, dejando viva sólo a la pequeña Melibea, quien al presenciar la muerte de sus hermanos adquirió una palidez que no abandonaría nunca y por la cual fue llamada Cloris a partir de entonces. Se casó con Neleo, rey de Pilos, en quien tuvo a Nestor, uno de los protagonistas aqueos de la guerra de Troya.
