Fue un día difícil. Desde constatar lesiones y la toma de declaraciones por parte de la policía, pasando por médicos que sugieren tratamientos y víctimas que se enfrentan a sus agresores. Al final del día, Matilda y Lizzie solo quieren cinco minutos de paz y que Mu las mime. Ya es hora de descansar.
¡HOLA A TODOS! No tengo nada personal contra los dentistas, pero creo que en su fuero interno, muchos de ellos son torturadores frustrados. En estricto rigor me fue bien, pero… tuve una crisis de ansiedad que se me escapó de control. Odio cuando eso me pasa, más cuando quien me atiende no tiene mucha empatía al respecto. No le deseo mal pero ojalá que tenga un exorcismo intestinal cuando vaya en el metro. ._. Y lo peor es que tengo que volver. TmT Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Lo trágico de lo trágico… este capítulo es cortito… y encima el final comienza a vislumbrarse en el horizonte. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 16: Repercusiones.
Hospital de Atenas
6 de abril.10:25 horas.
Sobra decir que aquél callejón se llenó de actividad ni bien llegaron las dos patrullas y la ambulancia que habían acudido al llamado de emergencia de Isabella. Para aquél entonces ya no era necesaria la fuerza bruta, pues tanto Gómez como Jackson estaban más que reducidos por la acción de los santos, pero sí fue necesario procesar la escena para que quedase constancia oficial y escrita de lo sucedido. De momento, estos dos quedarían en custodia de las leyes griegas y no del Santuario, pero los santos presentes no se hacían mucho problema, pues… eventualmente saldrían y desaparecerían sin que nadie los echara de menos. Matilda y Lizzie fueron indicadas en seguida como las víctimas del ataque, y en virtud de ello, las llevaron a ambas al hospital a constatar lesiones y por cualquier cosa que pudiera surgir en el camino a consecuencia de los golpes y sacudidas recibidas.
Los paramédicos se habían preocupado especialmente, pues Matilda y Lizzie no tuvieron las mejores reacciones ni estaban respondiendo a las preguntas como deberían. La primera parecía estar en otro planeta, lo que bien podía achacarse al susto y al golpe en la cabeza, y la beba… cada vez que intentaban revisarla para ver como estaba, se aferraba a Mati con ferocidad y miedo: sencillamente no quería que nadie que no fuera su mami la manipulara. Esto despertaba una muy mala reacción por parte de Mati, quien simplemente no la soltaba y miraba tan feo al que intentaba acercarse a ellas que Medusa se habría sentido envidiosa. Lümi no ayudaba nada a separarlas tampoco, argumentando que ya lo harían cuando se sintieran seguras.
Y seguras se sintieron una vez en el hospital. En un principio las atendió un médico más o menos joven, pero a poco andar y al enfrentarse a este problema, su inexperiencia le jugó en contra: cuando le quitó a Lizzie de los brazos en un descuido, Mati armó un berrinche de proporciones (en el que nuevamente Lümi no ayudó en nada al ponerse de lado de su nuera), por lo que forzosamente le tuvieron que devolver a la beba, quien lloraba por su mami. El joven médico, avergonzado, prefirió llamar a otro galeno, bastante mayor y con aparente más experiencia que la suya, quien supo manejar la situación y controlarla, aunque no fue fácil.
Las reacciones de Matilda tenían mucho de hormonal, pero como que eso era esperable, sobre todo en una situación como la suya. El hombre comenzó por tratar a Matilda como lo haría cualquier médico que se enfrenta a la víctima de una paliza, poniendo especial atención en la herida de la cabeza ya que, aunque parecía un simple corte, prefería ser precavido. Al mismo tiempo que trataban eso, le tomaron algunas muestras de sangre que enviaron al laboratorio y le dieron algunos ansiolíticos, que hicieron maravillas calmando sus nervios. Todo bajo la atenta mirada de Lümi, que no se perdía detalle.
La lemuriana aún no definía bien si odiaba o no a los médicos, por lo que de momento les daba el beneficio de la duda. Además Mu estaba retomando sus estudios, así que tan malos no podían ser.
Eso la calmó lo suficiente como para que dejara que revisaran a Lizzie, quien al notar a su mami más tranquila, también se relajó. Además abuelita estaba ahí. De hecho, Mati solo dejó que Lümi tomara a la beba por lo que fue la ex amazona quien se llevó a la niña a otro cubículo para que la revisara un pediatra y así permitir que Mati pudiera conversar con quien la examinaba en ese momento, de manera más privada.
"Le voy a dar unos días de baja laboral, jovencita." Le dijo de pronto el médico. "Así descansa de los golpes y del susto junto con su pequeñita."
"Se lo agradezco… aunque dudo que me hubieran dejado salir de casa con lo aprensiva que es mi familia… ¿Doctor?"
"Dígame."
"Lamento mucho el berrinche de cuando llegué… no… no quería soltar a Lizzie. ¡No sé qué me pasó! ¿Ella está bien?" Le preguntó bastante compungida. El médico la miró con mucha compasión y negó con la cabeza.
"La están revisando en estos momentos, mi colega es buen profesional. Y no se preocupe por lo de hace un rato." El hombre dejó la ficha a un lado y se acercó a ella. "Ese arranque se debe al susto y a lo que creo que es una subida de instinto materno." El hombre se puso muy serio, pero nunca acusador. "Creo que las pruebas de sangre que pedí lo van a confirmar, pues sospecho que tiene una subida algo anormal de hormonas, pero forzosamente debemos esperar los resultados. Quizás me equivoco."
"¿Huh?"
"Asumo que su pareja es lemuriano."
"Sí… él adoptó a Lizzie hace unas semanas, fue… una suerte de accidente, pero pasó."
"¿Ustedes dos están casados?"
"…"
"Disculpe mi atrevimiento. Entiendo lo de las semanas secretas, pero confíe en que no voy a divulgar nada de lo que me diga. ¿Están casados?" Añadió en voz baja, tratando por todos los medios no ser intrusivo.
"No… ¿por qué la pregunta?"
"Los lemurianos no adoptan si no se sienten a gusto con su pareja. Lo he visto un par de veces en mi carrera. Además… la beba también la adoptó a usted, o no se explica su berrinche de cuando llegó, con susto o sin él." El hombre se quedó un rato en silencio, como meditando como decir lo siguiente, sin que sonara muy ofensivo. "El proceso de adopción hormonal que inician los bebés lemurianos puede detenerse en humanos. Si gusta puedo iniciar ese tratamiento."
Matilda abrió los ojos sorprendida. Le dio la impresión que aquél médico no le había dado esta noticia con ánimo racista ni nada, sino motivado por el deber ético de plantearle todas las opciones disponibles para su caso. Su cerebro comenzó a funcionar a mil por hora y sintió como el corazón se le aceleró un poco. Hizo un rápido repaso a todo lo que le había pasado durante el último mes y cerró los ojos, imaginando por momentos como habría sido si Lizzie no hubiera aparecido en su vida.
Recordó entonces como la había llamado cuando Gómez se la llevaba. Dejó escapar un lagrimón.
"NO. No puedo… como sea, aunque legalmente no sea mía, no puedo. Se lo agradezco en serio, pero no puedo. ¡Lizzie es mía!"
El médico asintió con calma y paciencia. Volvió a tomar la ficha y escribió algunas observaciones. Mati lo ignoró por completo, había fijado sus ojos en sus manos y se concentraba en ella misma. Le extrañaba que no le doliera el estómago, pero seguro era por las medicinas que le habían puesto. Hizo algunos pucheros y comenzó a mirar de lado a lado, en busca precisamente de la pequeña que sabía estaba en el cubículo de junto.
"Tiene mi respeto, señorita Katsouranis. Esa niña tiene suerte." Le dijo con una sonrisa calma, que no supo cómo interpretar. "Sugiero que pida una cita con su ginecólogo, pues sospecho que su examen de sangre saldrá alterado, y él podrá ayudarla a manejar mejor los efectos de la adopción. Sugiero que su pareja también se haga un chequeo hormonal, si es que no lo ha hecho ya: el proceso no se puede detener, pero hay tratamientos que ayudan a que la adaptación sea más fácil. Ahora… aquí le dejo unas indicaciones y medicamentos. Mucho reposo y déjese cuidar por su familia. Ponga atención a si vomita o tiene jaquecas muy fuertes las próximas veinticuatro horas: venga en seguida si eso ocurre. Ese golpe en la cabeza me preocupa."
"Lo haré."
"La policía quiere hablar con usted. Debo dejarles pasar…"
"No hay problema, mientras antes mejor."
"¿Ya puedo entrar?"
"AGÚUUUUU."
Lümi hizo notoria su presencia justo por fuera de las cortinas. Matilda se descubrió a sí misma sonriendo, lo que hizo sentir bien al médico que la atendía. La muchacha estaba mucho más alerta y en contacto con lo que la rodeaba de lo que había estado cuando llegó. El hombre hizo una señal con la cabeza.
"Llamaré al detective, si me disculpa." El doctor se dispuso a salir, aunque no antes de detenerse unos instantes junto a Lümi. "Ella está bien, más aterrizada y coherente. Le di unas indicaciones… le ruego que no deje que el policía sea muy intrusivo con ella, a veces se ponen pesados con los pacientes."
"No tiene que decirme eso." Gruñó la lemuriana, acomodando a Lizzie. "Pero gracias."
El doctor asintió y siguió su camino, al tiempo que Lümi entraba al box de atención. Lizzie estaba muy despierta, pero con los brazos estirados hacia Mati y con claras intenciones de largarse a llorar si no volvía con ella en ese segundo. Rápidamente cumplieron su deseo y pronto la beba se acurrucó contra su mami, de paso oliéndola como para asegurarse que era ella y no otra persona.
"No he visto a muchos bebés en mi vida, pero creo que eso de oler tanto no es normal." Comentó Lümi, mientras le acariciaba la cabeza. "Hace lo mismo con Axl y conmigo, pero sobre todo contigo y Mu."
"Le gusta oler, eso es todo. Debió ser como aprendió a conocer el mundo al principio." Comentó Mati mientras acunaba a la niña. "¿Me echaste de menos, gordita?"
"Agú, gúuuuu bu. Brrrr."
"Uy. Toda una frase. Se nos hace mayor." Se rió Lümi, mientras le acariciaba un rizo. "A propósito, me encontré con Aioria: viene en un rato a pasarte el teléfono que Mu muere por verlas a las dos. Mencionó algo llamado escaip…"
"¿Escaip?" repitió Mati entrecerrando los ojos, aunque pronto levantó una ceja, como si hubiera caído en cuenta de algo. "¿Skype quizás?"
"Supongo… la tecnología sacó nombres muy raros los años que estuve muerta. Aún no logro ponerme al día. ¿Qué es eso?"
"Una videollamada." Explicó Mati con una sonrisa. La lemuriana pareció entender bastante bien en todo caso.
"Eso mismo. Viene enseguida." Lümi suspiró con calma. "Mu está más tranquilo, pero muere por venir. Manda mucho amor y ñoñerías por el estilo." Añadió con ternura.
"Yo sé… ¿Cómo está Lizzie? ¿Qué dijo el doctor?"
"Está asustada, sacudida, pero no tiene heridas graves. Va a tener algunos moretones y dieron una tremenda lista de cosas a las que poner atención." Lümi sonrió de costado. "También quería estar con su mami." La ex amazona sacó pecho de orgullo. "Es una pequeña valiente."
"Va a necesitar mimos extra." Añadió Mati, quien se quedó en silencio algunos instantes y no pudo evitar un puchero, mientras mecía a Lizzie, quien aunque tranquilita, no se perdía detalle de nada. El repentino cambio de humor de Mati puso nerviosa a Lümi: no era buena dando consuelos, nunca lo había sido y su estilo era demasiado bruto y carente de tino.
En cierta ocasión Erich la había visto consolando a una aprendiza a la que le hacían bullying, y considerando sus métodos poco ortodoxos, el escorpión le había dicho unas horas más tarde que tratara de suavizar sus modos, pues más que consuelo, lo suyo parecía una bronca termonuclear e incitación innecesaria a la violencia que solo dejó a la aprendiza más asustada que antes.
¡Alacrán metiche!
"Ya pasó Matilda y siéntete orgullosa, que no cualquiera hizo lo mismo que tú. ¿Sabías que…?"
"Señorita Katsouranis, somos de la policía…"
"¿Ustedes No Saben Pedir Permiso Antes de Pasar? ¡¿Y Si Hubiera Estado Desnuda?! Salgan de Inmediato de Aquí y Pidan Permiso Como la Gente Decente." Explotó Lümi de pronto, escaldando con la mirada y la palabra a los recién llegados.
Los dos policías que se habían acercado al cubículo pusieron cara de sorpresa, pues no se esperaban dicho recibimiento. Matilda parpadeó un par de veces, pero hizo un gesto de desprecio y maldijo por lo bajo: había reconocido a uno de los policías de aquella ocasión cuando se habían llevado preso a Mu y que la habían ignorado en sus afanes justicieros. Ambos hombres se quedaron perplejos, pero no retrocedieron. Lümi no cedió ni medio palmo y al alzar la cabeza, su máscara destelló amenazante.
"¿Tienen Problemas Para Procesar La Información O Qué? Salgan y Pidan Permiso Para Pasar. Lo Cortés No Quita Lo Valiente Ni Se Les Va A Caer La Hombría." Lümi enarcó una ceja y puso las manos en las caderas. "Si es que la tienen, claro." Añadió con desdén.
Mati no hizo aspaviento de nada y se concentró en mimar a Lizzie quien se había acurrucado de gusto en su regazo, legitimando el accionar de su suegra. Solo tenía ojos para su niña, quien comenzaba a suspirar quedito, evidentemente más tranquila. Los policías mantuvieron la mirada con Lümi varios minutos, pero finalmente hicieron lo que se les pedía. Retrocedieron unos seis pasos y se ubicaron detrás de la cortina. No digamos que era mucha la distancia, pero bueno, el gesto lo valía.
"¿Podemos pasar? Nos gustaría hacerle algunas preguntas a la señorita Katsouranis."
"Pueden pasar." Gruñó Matilda desde la camilla.
"Que sea rápido." Ladró Lümi muy decidida.
Los policías ni chistaron y comenzaron sus preguntas. Mati no tenía mucha idea de lo activo que estaba aquél hospital. Las cosas solían salirse de control cada vez que había un incidente relacionado con santos de Athena. Era como cuando se recibían a las víctimas de choques múltiples o intoxicaciones masivas, simplemente se llenaba y no solo necesariamente de heridos. A veces se llenaba de santos, otras de sus parientes. A veces venía la policía, a veces la prensa o ambos al mismo tiempo. Esta ocasión era relativamente nueva, pues habían llegado las víctimas de un intento de secuestro y los victimarios, quienes por cierto… eran los que más peligro corrían.
No, no por sus heridas, sino por las que podrían causarles los santos, pues los plateados que porfiaban en vigilarlos, los miraban con ganas de romper varios huesos. Ni bien se supo que Matilda y la niña estaban relacionadas con un santo dorado, se infirió en seguida que estos dos tenían los días contados, por lo que como medida de precaución, la policía decidió ponerles una guardia de agentes, y no solo porque estuvieran arrestados. Esa era la excusa, pero en serio querían evitar que los plateados les dieran un repaso de la paliza que ya les habían dado. Como Aioria no confiaba ni de chiste en las precauciones policiales, le ordenó a Jamián y a Dio (Asterión había regresado al Santuario) que no dejaran de vigilar a los sujetos.
Porque estaban arrestados, decían. Para que no se escaparan, decían.
"A propósito, ¿Dónde te habías metido, Dio?"
"Me retrasé en el burdel ese, la Camaleónica o algo."
"¿Tú en esas andanzas?"
"¡No qué crees!" Ladró Dio de pronto. "Creí que podríamos encontrar más datos."
"¿Y encontraste algo?"
"Sí… chicas sin pasaporte. Tuve que llamar a la policía."
"¡Argh!"
Tanto Jamián como Dio no dijeron más, pues sabían que el policía que estaba allí con ellos cuidando de Gómez y Jackson estaba más que atento a sus palabras, pero ambos parecieron llegar a un mudo acuerdo… les darían una visita cuando llegaran al calabozo del Santuario. Cierto, puede que no fuera ese día ni el siguiente, o incluso dentro de esa misma semana (los tipos estaban bajo custodia policial después de todo), pero en algún momento llegarían.
La verdad de cómo o cuándo llegaran los tipos al calabozo era irrelevante. Pero cuando llegaran, irían a hacerles una visita. Y no serían los únicos. Mejor sacaban número desde ya.
Gómez ni se quería mover de la camilla. Hacía un rato que estaba despierto y muy consciente de que era hombre muerto caminando. Le temblaban las manos y sudaba frío: necesitaba fumar, pero por obvias razones no lo dejaban. Jackson no lo miraba y se esmeraba en no hacerlo. Entendían demasiado bien que tenían un negro pronóstico.
"Tengo una hija de la edad de la pequeña que atacaron." Dijo de pronto el policía, como que no quiere la cosa. "Soy devoto de Artemisa y ella protege a las niñas. Agradecería si en algún momento de la vida les dan un saludo de mi parte."
Dio y Jamián lo miraron neutrales y al cabo de unos segundos asintieron levemente.
"¿Eso no es conspiración para cometer un crimen?" Preguntó Jackson con sarcasmo. "Eso no lo tolera ningún dios."
"Como tampoco el abuso infantil." Retrucó el policía. "Sobre todo mi diosa."
"Tu diosa asesinó a las nióbidas."
"Menos a la menor, a la que acogió, precisamente por ser una niña." El policía entrecerró los ojos. "Sigue ofendiéndola y verás cómo te va."
Los plateados permanecieron mudos con el intercambio, pero sus miradas decían muchas cosas. Dio hizo un gesto despectivo y apartó el rostro. A lo lejos observó que Isabella caminaba por entre el caos no de muy buen humor. Porque no lo estaba. Debería estar de mejor ánimo, porque en serio las cosas habían resultado más que bien, considerando las circunstancias. A Matilda bien pudieron haberla matado y ellos haberle perdido el rastro a Lizzie, pero las habían rescatado, aunque hubo un poquito de exceso de fuerza. Incluso la policía y la ambulancia habían llegado más o menos rápido una vez que los llamó, PERO… uno de los policías que había llegado a la escena no era otro que Zagorakis.
Su violador.
"No puedo creer que siga trabajando como si nada." Siseó Isabella entre dientes, apretando las mandíbulas y puños.
La chica dio pisotones en el suelo mientras se dirigía a su padre. Alexandros en esos momentos daba su testimonio nada más ni menos que al mismo Zagorakis y con la mejor de las disposiciones, sin siquiera imaginar que el sujeto en cuestión casi había destruido la vida de su hija.
Al menos podía sacar algo positivo de todo esto. Uno de sus grandes temores había sido volver a encontrarse con este sujeto en el transcurso de su vida. Isabella siempre había tenido dudas sobre su reacción y eso le daba miedo. A veces tan solo pensar en tal cosa le daban ganas de vomitar y terminaba precisamente en eso en el baño, sin poder calmar sus nervios, pero… aunque no se lo esperaba y se encontró de frente con la desagradable sorpresa de verse cara a cara… no tuvo miedo.
Un asco inigualable tal vez, desconfianza y desprecio, pero ¿miedo? No. Ni siquiera odiaba al sujeto: una escoria tan lamentable como él, que no podía estar con una mujer sino forzándola no merecía algo tan importante como su odio. Si se reconoció a si misma que si se lo hubiera encontrado algunos meses antes habría tenido mucho miedo y hasta se habría descompensado. No entendía qué había cambiado, pero no lo cuestionaba.
"… ¿La agente no disparó su arma?"
"No señor, solo apuntó a aquél hombre, que la apuntaba de vuelta. Lo conminó a que soltara el arma, pero el hombre no parecía querer hacerlo. ¡Fue muy intenso! Entonces apareció el dorado."
"¿Y la víctima?"
"Detrás de mí, con su hijita. Traté de ponerla lo más a salvo que pude, pero no se quería mover del susto."
"¿Cómo redujeron al sujeto?"
"De un golpe en la cara. Francamente no vi el movimiento, pero sí cuando cayó al suelo. Entonces aparecieron los otros santos arrastrando al otro." Alexandros suspiró como agobiado. "Pero no sé cómo redujeron a ese o si ellos lo hicieron."
Isabella puso las manos en las caderas. Zagorakis, junto con sus colegas, estaban haciendo las mismas preguntas a todos, para cruzar versiones y detectar incoherencias. Estaban recién comenzando las indagaciones y seguramente los contactarían luego por si encontraban algo que llamase su atención. El policía miró a Isa por el rabillo del ojo, quien no evitó sisear de disgusto cuando vio una sonrisa torcida en sus labios. La mujer se acercó a su padre.
"¿Cómo te trata interpol, mi querida Isabelita?"
"No soy tu querida."
"Oh sí, lo eres, y sabes a qué me refiero."
"¿Terminaste con el testigo?"
"No, me quedan algunas preguntas para el señor Dellas, Isabelita querida."
Alexandros enarcó una ceja y cambió la actitud de su rostro. No sabía nada de la violación, pero aun así no le gustó ni el tono que usó Zagorakis ni la actitud defensiva que había tomado su hija. La intuición comenzó a darle botes por el cerebro, más al ver como Isa erizaba la espalda y tenía ese sutil temblor en las manos.
"¿Qué esperas? Termina con esto pronto que estás sacando la vuelta."
"No decías eso anoche, mi querida Isabelita."
"¡Serás Bastardo!"
"No quiero que vuelvas a hablar así con mi hija." Ladró Alexandros con el ceño fruncido. "Tenga presente que además voy a dejar un reclamo formal contra usted."
"¿Reclamo por qué? Estas cosas pasan entre los adultos." Sorprendido Zagorakis se fijó en Isabella. "¿Tu padre? ¡¿De dónde lo sacaste?! ¿O acaso te está manteniendo a cambio de favores?"
"¡Qué Falta de Respeto! ¿Cómo se atreve?" Si Alexandros no le reventó la cara de un golpe, no fue porque no pudiera, sino porque Zagorakis seguía siendo un policía en servicio activo. Ganas no le faltaban.
"¡Cierra la Boca, Zagorakis!" Exclamó Isabella furiosa, con las manos empuñadas, mientras sentía un helado vacío en el pecho.
Sus niveles de indignación se estaban yendo a las nubes, junto con los de su padre. ¡Tantas ganas que tenía de hacerlo callar a balazos! La ansiedad comenzó a comprimirle las emociones. ¿Cómo era posible que este tipo siguiera tan campante con su vida? ¿Qué acaso no veían que era una desgracia para la Institución, una vergüenza para la placa, y un peligro para los demás? Zagorakis podía ser muy buen policía, pero eso no compensaba el hecho que era incapaz de aceptar un no por respuesta… o que hostigara de tal manera a su víctima. El hombre estiró el brazo, burlón, como en actitud de querer acariciar la mejilla de Isabella, quien de la sorpresa retrocedió un par de pasos.
"Vamos Isabelita, no te pongas así o tendré que… ¡OMPH!"
Sebastián se interpuso entre él y su hermana y le dio un buen empujón que no se esperaba.
"¡Aléjate de mi Hermana!"
Zagorakis no alcanzó a procesar que un adolescente de quince años le había dado un empujón. Tenía otro problemita y ese era Kanon, quien erguido en toda su altura lo miraba amenazante hacia abajo, a muy corta distancia, con ojos peligrosos y bien fijos en los suyos, tentándole a que le hiciera algo para ver cómo le iba. Zagorakis se vio a sí mismo retrocediendo cuando Kanon comenzó a avanzar.
"¿No te dije que soy alérgico a los violadores?" Siseó Kanon tan bajo que pareció que no dijo nada. Zagorakis frunció el ceño y trató de mirarle con la misma autoridad, pero no logró el efecto deseado.
"¿A quién llamas violador?"
"Adivina."
"¿Sucede algo?"
Dos policías se habían acercado a ver qué pasaba, pensando en intervenir al ver la situación, por si las cosas se iban de las manos. Kanon los miró de costado y algo burlón se alejó de Zagorakis. Se enfrentó a los policías con calma.
"Nada oficiales. Tan solo informaba al señor sobre mis alergias."
"¡Deténgalo! Intentó atacarme para que no interrogara al testigo."
"¡Mentira!" Reclamó Isa pateando el suelo. "¡Ni siquiera te ha rozado!"
"¡Los dos intenta evitar que interrogue al testigo!"
"Yo estaba cooperando perfectamente y…"
"Satán Imperial."
En un movimiento demasiado rápido como para ser visto, Kanon aplicó aquella técnica y modificó los recuerdos de los policías recién llegados, haciéndoles pensar que no habían visto nada extraño, ni escuchado mentira alguna. Isabella dio un leve respingo y abrió los ojos a todo lo que dieron, mientras su padre y Sebastián no se perdían detalle. Los policías afectados parecieron caer en una suerte de trance en lo que calibraban sus mentes a la nueva realidad.
"Pásate de listo conmigo, Giorgio Zagorakis." Le gruñó Kanon. "Estoy esperando una excusa. ¡Y Aléjate De Mi Prometida!" Exclamó dándole una sacudida.
"¡¿Pero qué…?!"
"¿Qué acaba de pasar?" Balbuceó Alexandros. El hombre se volvió a su hija. "Kanon te estaba defendiendo, no atacando. ¡Él policía empezó!"
"¿Voy a aprender a hacer eso?" Preguntó Sebastián pasmado, con la vista fija en lo que ocurría. Kanon le dio un zape.
Los policías afectados parecieron reaccionar con suavidad y ambos se llevaron las manos a la cabeza. Tenían la impresión que habían caído al mar y salido en seguida. Parpadearon unos instantes y se fijaron en su colega.
"¿Pasa algo?" Preguntó uno de ellos.
"¿Terminaste ya, Zagorakis? Tenemos que ir a la estación y empezar el papeleo."
"¡¿Qué Cosa?! ¡Deténganlos! Este sujeto me atacó." Insistió Zagorakis algo pálido, señalando a Kanon y luego a Sebas. "Lo mismo el mocoso.
Kanon puso su mejor cara de inocente borrego y se encogió de hombros, como si no supiera de qué hablaba Zagorakis, quien tenía un tic en el ojo. Sebas fijó y perdió la mirada en el techo, fingiendo déficit atencional. Los colegas bufaron de hastío.
"Ya vamos, Giorgio, no te estés haciendo ideas."
"¡Es un irrespetuoso! Trató a mi hija y a mí en términos inadecuados. ¡Quiero Hablar con su Superior en Este Momento!" Añadió Alexandros muy severo.
La sorpresa de los policías fue evidente. No parecían conocer a Isabella, pero se miraron entre sí sin saber qué hacer. Uno de ellos se sobó las sienes hastiado mientras el otro se acercó a Alexandros y le dio una tarjetita.
"Me tendrá que disculpar, señor, pero el conducto regular está indicado en la página web del departamento. Tenga, mi tarjeta: venga hablar conmigo y atenderé sus quejas en la oficina si gusta. Lamento el inconveniente…"
"¡NO fue así! NO he tratado a nadie de manera irrespetuosa. ¡Él me atacó!"
"Vamos Zagorakis."
"Eso Zagorakis, ve con tus amigos." Dijo Isabella muy burlona.
Los policías se llevaron a un muy tostado Zagorakis, a quien le costó recuperar la compostura. Se fue alegando por todo lo ancho, olvidando incluso que no había terminado de tomar la declaración de Alexandros. El padre de Isabella estaba bastante engrifado, pero se obligó a sí mismo a confiar en lo que sucedía. Despeinó a Sebastián con la mano mientras se mesaba una sien con la otra. No era ni medio día y habían pasado tantas cosas que daban para escribir un libro de misterios.
"¿Voy a aprender a hacer eso, Kanon?"
"Maestro y la boca te queda donde mismo." Gruñeron Kanon y Alexandros al mismo tiempo. Sebastián tragó saliva.
"¿Voy a aprender a hacer eso, Maestro?" Se corrigió. Kanon lo miró neutral.
"Solo si te portas bien y te aplicas. Pero te lo tienes que ganar." Le dijo severo. El menor de los gemelos se quedó mirando a su suegro. "Lamento que haya tenido que ver eso."
"Yo no: al menos sé que mi hija estará en buenas manos." Reconoció el hombre aún perplejo. "Igual iré a interponer una queja formal y contundente."
Kanon asintió con calma, antes de volverse hacia Isabella, quien seguía mirando fijo en la dirección en la que Zagorakis se había alejado. El dorado le acarició el brazo.
"¿Cómo estás, flaca?"
"Bien. Aunque estaré mejor cuando me duche."
Y acto seguido, Isabella abrazó a Kanon y se refugió en su pecho.
Templo de Athena. Casa de Aries.
Esa tarde. 6 de abril. 18:03 horas.
Ni bien el Reloj de Fuego anunció que ya había terminado su turno, Mu literalmente se hizo humo y se teletransportó directo al piso residencial de Aries, sin siquiera molestarse en hacer el tramo a pie. Había tenido un día del terror que hasta parecía haber avanzado más lento a propósito, así que ni bien pudo, un exacto segundo después, Mu prácticamente se vaporizó.
Matilda no se había quedado mucho rato más en el hospital. Luego de constatar lesiones y de asegurarse que ni ella ni la beba se caerían muertas si dejaban de vigilarlas, Mati quiso ir a ver a su tía, por lo que Aioria y Lümi la llevaron sin reclamar nada. Como trabajaba desde casa, no tuvieron problemas en encontrar a Catalina, quien casi se murió de la impresión al saber el motivo de la visita. Ambos dorados entendieron perfecto la necesidad de Mati por ver a su tía, le urgía ese tipo de contención y no reclamaron nada. Así que entre que Catalina corría por toda la casa repartiendo abrazos y echándole más agua a la sopa (llegaron a la hora de almuerzo y la mujer no los dejó irse sin comer), Mati pudo relajarse un poco más. Y darle el biberón a Lizzie por cierto, para lo cual se encerró en su habitación.
Al menos Lümi y Catalina tuvieron la oportunidad de conocerse.
Cuando tuvo que comenzar a correr, Mati había dejado atrás el coche y el bolso. Este abandono le había dado pistas tanto a Isa como a Aioria para empezar a buscarla, y había sido recuperado luego por los plateados, quienes a la primera oportunidad que tuvieron le regresaron todo.
Algo almorzó Matilda luego, no quiso comer mucho, como temiendo el inminente intento de asesinato que emprendería su estómago más tarde y quería tenerlo lo más vacío posible. Luego de eso, y pese a la negativa de Catalina y de Alphonse (quien apareció en casa ni bien supo de la noticia) hacia las tres de la tarde que por fin habían vuelto a Aries, para soberano alivio de Mu. Fue un encuentro bastante sentido y no tan breve, pues Matilda se quedó un buen rato en la salita de estar, donde aprovecharon de informarle todos los pormenores de lo ocurrido, desde el fatídico encuentro con Gómez y hasta las instrucciones que dieron los médicos, hasta que un súbito cansancio no la dejó seguir más y se la llevaron al piso residencial junto con la beba a descansar un poco. Si el día de Mu había sido agotador emocionalmente, el de Mati con mayor razón.
"¡Alto! Primero te calmas."
Ni bien se materializó en el piso residencial, Mu tenía toda la intención de ir corriendo hasta su familia, pero Lümi lo atajó en seco. Iba a protestar cuando Axl puso la mano sobre su hombro, irradiando calma con su mera presencia.
"Está con Lizzie en el cuarto de la nena." Le dijo Axl.
"¿Papá?"
"Que entres con calma, Mati sigue nerviosa." Añadió tranquilo. "Lizzie está cambiada y ha dormido un poco, igual Matilda, y hemos jugado los dos un poco con la beba."
"Mati entró hace un rato a darle un biberón. Anda algo saltona, así que ve con cuidado." Le explicó Lümi.
"Gracias a los dos… en serio." Mu suspiró cansado. "Creo que puedo encargarme a partir de ahora."
"¿Podrás hacerte cargo, Mu?" Le preguntó Lümi con las manos en las caderas.
"Sí… no lo dudes."
Axl y Lümi intercambiaron una mirada y asintieron al mismo tiempo. Le dieron abrazos a su hijo y anunciaron su partida, pidiéndole que los despidiera de Mati y que los llamaran por cualquier cosa. El dorado esperó hasta que sus padres cerraron la puerta y contó hasta treinta, antes de enfilar hacia la puerta del cuarto de la nena y abrir con cuidado. La habitación estaba a oscuras, pero aun había luz natural y fácilmente pudo distinguir la silueta de Matilda junto a una ventana, mientras mecía a Lizzie, a quien tenía recostada sobre su hombro y luchaba por no dormirse.
Fue cuando la nena lo miró.
"¡Gú!" Exclamó abriendo los ojos a toda su capacidad y estirando una manito en su dirección.
"Mati, Lizzie…"
La chica giró la cabeza en su dirección y parpadeó unos instantes, como si no lo reconociera, tendiendo a arrullar a Lizzie contra sí. Pero segundos más tarde sonrió cansada… e hizo un puchero. Antes que se diera cuenta, Mu las estaba abrazando con fuerza.
"¡Cuánto lo siento, Mati! Debí ir con ustedes."
"No… Yo debí tener más cuidado." Lloriqueó Matilda.
"Pero lo tuviste… no dejaste que se llevaran a Lizzie…" Mu le acarició la cara, poniendo especial atención a su labio y luego a la herida que tenía en la frente, apenas pasándole los dedos.
"Tuve mucho miedo." Confesó cerrando los ojos. Mu la cobijó en sus brazos, cuidando de no atosigar a Lizzie, que observaba el intercambio calladita, pero muy atenta.
"También yo." Admitió Mu al cabo de un rato. Inspiró una buena bocanada de aire y sepultó su nariz en el cabello de Matilda. Las soltó con cuidado, poniendo una breve distancia para poder verlas mejor, pero en seguida quiso abrazarlas de nuevo, pero… un fuerte reclamo los sorprendió.
"¡AGÚUU!"
Lizzie de pronto balanceó todo el peso de su cuerpo y se colgó de Mu. Se dejó abrazar por el lemuriano y en seguida puso su oído en el pecho de su papá, para escuchar sus latidos, vocalizando con decisión, como si le reclamara su tardanza. Esto sacó una sonrisa a los papás.
"¡Oye! Era mi abrazo, Lizzie. Interrumpiste." Dijo Mati divertida, cruzándose de brazos.
"Guuur, agú. Buuu. Gu." Protestó Lizzie de vuelta, haciendo un puchero para mejor efecto. Mati le arregló un rizo.
"Yo lo vi primero, Lizzie, nunca te olvides."
"Jejejeje, No se me pongan celosas, tengo abrazos para las dos." Sonrió Mu, acomodando a Lizzie.
"¡AGÚ!" La niña reclamó y escondió la cara en el pecho de su papá, ocultando a medias unas sonrisas coquetas.
Mu y Matilda intercambiaron una mirada y compartieron algo de silencio, antes que la mujer suspirara tranquila. Se pasó la mano por el cabello, pensando brevemente en los radicales cambios que había tenido su vida en los últimos seis meses… sobre todo en el último tiempo. Se sorprendió a si misma feliz con esa vorágine, aunque feliz hubiera obviado el intento de rapto de su hijita.
Porque era su hijita. Punto. ¡Y no había sido un intento de secuestro, sino de RAPTO!
"Mu… Quisiera darle otro biberón a Lizzie, creo que tiene hambre… ¿Podrás cuidarla?"
"Claro, yo la veo… pero no te tardes… no te quiero lejos de mi lado."
"Yo sé, pero igual necesito un rato a solas." Le dijo Mati con franqueza. "Solo serán cinco minutos y…"
La manita de Lizzie aleteó hacia atrás y quiso sujetarla. Un cristalino ojito verde la miraba oculta desde las profundidades de su refugio. Hizo un puchero y cuando Mati le tomó la manita, se la sujetó con ganas. La beba intuyó que Mati quería alejarse un ratito, pero ella no quería eso, quería estar con sus papás al mismo tiempo.
"Creo… que no quiere que te vayas."
"Tan linda mi gordita." Mati se le acercó y le besó la cabecita a Lizzie, al tiempo que abrazaba a Mu. "Es una consentida… pero se lo dejo pasar por hoy."
"Yo no la consiento, eso lo haces tú."
"¿Yo la consiento? Tú eres peor."
"Y a mucha honra." Mu suspiró tranquilo. "Kiki me dice por cosmonet que está a dos minutos. Le dije que hiciera él el biberón…"
"Eso lo hará feliz."
"Seeeee…" Mu suspiró profundo, disfrutando a su familia. "Mati… ¿Lizzie?"
"Dime…"
"Te amo. A las dos."
"Y yo, lemuriano."
"Agú."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Las Mareas se Calman
"Te aseguro que son cambios para bien, Isabelita." Le dijo Julián muy amable. Miró con cariño a Paulina, antes de abrazarla y besarle la mejilla. "No es fácil reconciliarse con tu familia, pero vale la pena."
"El señor Solo sabe de eso." Comentó Paulina dejándose querer. "Hay que puro poner voluntad no más."
"Aaaaah, ustedes saben de eso." Comentó Kanon con travesura. "¿Cómo están los dos por cierto?"
Nota Mental: por culpa de mis traumas causados por dentistas varios, me confundí y puse la brújula cultural que debía ir en este capítulo, en el anterior. ¡Oooopsie! No voy a repetirla, así que les sugiero que le echen un ojo si así lo estiman. Hay algunos datos nuevos en esta, pero son breves. En otras noticias, tuve que asegurarle a Shura y a Dohko que no los haría sufrir, pues justo cuando estoy escribiendo los últimos capítulos del próximo fic, se pusieron aprensivos y estaban convencidos que les tenía planeada una tragedia. Por eso se resistían a que los escribiera. Y hablando de los últimos capítulos… ya falta poco para que este fic acabe n.n. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Ya no quiere más guerra, Yamid, te lo aseguro. A partir de ahora, Mati dejará que Mu sea el que reparta piñas, porque ella no va a mover ni un dedo. Y si tiene que hacerlo, creo que va a mandar al lemuriano derechito al sofá, así que mejor se porta bien. Sobre Lizzie… este será su último susto en mucho tiempo, de momento solo quiere que su familia la arrulle. El castigo para esos dos… ya viene, amigo mío, ya viene. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Aioria no quiso ir conmigo, Nice, el único que me acompañó fue Shun. Y fue horrible, en serio, no tengo nada contra los dentistas, pero no es divertido ni digno tener una crisis de ansiedad mientras te atienden. Por Dios que no puedo controlarlo. TmT… Y lo peor es que tengo que volver. ù_u Pudo ser peor. oOo Shura dice que de todos modos iba a tu casa, invitado o no. Aprovéchalo, que pronto puede que adquiera otras distracciones. XB… ._. También adoro a los perros, y mi perrita es la niña mimada de la casa. Te comprendo. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Y que conste que Mati decía que no tenía instinto materno, Sagitarius, y bastante bien que defendió lo suyo. Lizzie eligió una buena mamá, sin duda. Sobre Mu, no tienes idea lo que costó calmarlo, el pobre estaba con los nervios de punta. TmT Y gracias por lo de desearme suerte con el dentista… pudo haber sido peor. OmO Aioria no quiso ir conmigo.¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.
Secuestro: También conocido como plagio, es un delito que consiste en privar de la libertad de forma ilícita a una persona o grupo de personas, normalmente durante un tiempo determinado, con el objeto de obtener un rescate o el cumplimiento de otras exigencias en perjuicio del o los secuestrados o de terceros. Las personas que llevan a cabo un secuestro se conocen como secuestradores o plagiadores.
Rapto: Es el delito en el cual se sustrae o retiene a una persona por medio de la fuerza, intimidación o fraude, con la intención de menoscabar su integridad sexual. No debe confundirse el rapto con el secuestro pues a diferencia de éste el rapto exige un fin sexual.
