Isabella despide a su familia en la estación de autobuses, quizás dispuesta a continuar con la comunicación. Y mientras los adultos discuten el negro futuro de cierto par de villanos, Kyrus vuelve a lucirse con Lizzie, aunque no entienda porqué los dorados le sacan fotos y hacen bromas. En Aries en cambio, la vida parece haberse asentado.
¡HOLA A TODOS! Creo que al final de este capítulo me van a odiar un poco o.o. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Lo trágico de lo trágico… este capítulo es cortito… y encima el final comienza a vislumbrarse en el horizonte. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Mención especial para Maytelu, quien insisto, es la única médico que conozco que tiene pacientes en el Santuario. Sus consejos me guían.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. Alessandro Ferraro es un personaje original de Ekléctica, quien me lo ha facilitado para que use (y abuse) de él. Aparece en su spin off "Familia". Del mismo modo, el personaje de Lizzie es creación de Seika Lerki y dejó que la usara para los fines de este fic. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 17: Las mareas se calman.
Atenas. Estación de Buses.
Tres días después. 9 de abril. 8:00 horas.
De nuevo los nervios la carcomían. Apretó la mano de Kanon unos instantes antes de inspirar profundo. No lo comprendía, de verdad que no. Desde los trece que había despotricado pestes y plagas del más diverso tipo, argumentando que no necesitaba padres, que éstos la habían dejado a su suerte y que por ello estaba bien sola. Puede incluso que se haya convencido de aquello, pero ahora que los despedía sentía que no quería que se fueran. Su orgullo tampoco la dejaba en paz, conste. Era una bipolaridad tan rara que hasta estaba canalizando los dolores de estómago de Matilda.
Shion había conversado con ella. No se explicaba qué había motivado al Patriarca a acercársele, pero bueno, al menos la había aliviado bastante, brindándole incluso un punto de vista en el que no había pensado, lo que hasta le dio esperanzas. Seguía con rencores, cierto, una herida tan grande como la que llevaba en el corazón no se elimina de una semana a otra, pero, se sorprendía a sí misma anhelando recuperar lo que había perdido. El Patriarca le había dicho que eso era porque para empezar nunca se había creído ella misma el cuento de que no necesitaba padres y que en su fuero interno nunca dejó de anhelar volver a su familia… solo que no supo luego como hacerlo, y que su orgullo tampoco ayudó a resolver el dilema. Y que le diera tiempo paciencia, y por sobre todo, tuviera mente y corazón abiertos, que el camino que venía era difícil, pero que valía la pena. Y que el resto de las preocupaciones se las confiara a Athena: la diosa era buena con las estrategias y siempre podía consultar con su tía Hestia para la búsqueda de soluciones. Que aprovechara que ambas diosas se llevaban bien.
¿Qué miércoles tenía el Patriarca? Cuando se ponía en ese plan, imposible no escucharlo. En serio, como que esa faceta suya no calzaba con la que a veces infería por los reclamos de Idril. ¡Condenado lemuriano viejo!
Razón tenía.
"¿Entonces vendrás de visita?" Preguntó su madre.
"Quizás. Tengo que ver como me calzan los tiempos." Explicó Isa. Le dio un codazo a Kanon. "Capaz me deje caer cuando éste tarado vaya a ver a Sebastián."
"¡No le digas así! Es tu prometido."
"Deberías hacerle caso a tu madre, Flaca." Se burló Kanon, haciendo notar que en vez de flaca quiso decir bruja.
"No te aproveches del pánico, Kanon." Gruñó Isabella.
"Cuando quieras, sabes que llegas a tu casa. ¡Porque sigue siendo tu casa!" Lagrimeó la mujer.
"La niña irá cuando guste, no la presionemos, Constanza." Añadió Alexandros con triste calma. "Al menos ya sabemos que está viva y en buenas manos." El hombre quedó mirando a Kanon. "Porque supongo que está en buenas manos…"
"Claro que sí." Sonrió Kanon con travesura.
"¡Opa! Me cuido sola, no se olviden. Kanon es un añadido extra."
Ante el evidente mal humor de la chica, Kanon solo se limitó a sonreír con simpática travesura. Alexandros también, pero él tenía un dejo de tristeza en su voz. Constanza volvió a abrazar a Isabella, por más incómoda que se pusiera.
"Es problema del género masculino, ignóralos." La mujer le peinó el flequillo. "Como sea, y cuando quieras, eres más que bienvenida."
"Creo que hasta Bere se va a poner contenta." Dijo Seba de pronto. "Te extraña, estoy seguro."
¡Ah, Berenice! Isabella ni siquiera había querido pensar en su hermana mayor. Ahí sí que había un problema grave, pues si de algo estaba segura es que no sabía si quería verla. Y no, pensar así ni siquiera le daba cargo de conciencia: nunca tuvo mucha cercanía con ella al fin y al cabo. Sí tenía que reconocer que no le había hecho mucha gracia saber que la pobre había estado a punto de morirse en más de una ocasión, o que ahora estaba en silla de ruedas, pero de todos modos, ¿verla? Hmm…
Nope.
"No sé si quiera verla. Y lo digo con respeto." Gruñó Isabella frunciendo el ceño. "Ya veremos qué pasa."
Obviamente los padres suspiraron apenados, pero intuían que al respecto no tenían mucho control. Kanon se sopló el flequillo con algo de escándalo para llamar la atención. En cierta ocasión había escuchado decir a su maestro que las peleas entre mujeres eran más ácidas. Algo de razón debía haber tenido si les había dado a él y a su hermano ese consejo, considerando que Telémaco no hablaba a menos que estuviera nervioso o fuera importante. La generalidad decía que cuando dos hombres se odiaban a muerte, la mayor parte de las veces bastaba con que se trenzaran a golpes y ya, hasta podrían ser amigos luego, pero… ¿dos mujeres? Se odiaban hasta después de muertas y reencarnadas un par de veces. Mejor no presionaba con Isa, ella ya sabría resolver las cosas con su hermana, estaba seguro.
"Gente, tienen que darse tiempo todos. Esto es un camino largo y seguro van a pelearse más de una vez en lo que recalibran su familia." Dijo Kanon fingiendo impaciencia. Alexandros le encontró razón, pero no hizo aspavientos. Todavía no sabía qué sentir respecto de este hombre que no solo tenía el corazón de su hija, sino que además entrenaría a su muchacho.
"Creo que puedo comprenderlo." Dijo Constanza. "Pero por favor que no te detenga de ir a casa… me gustaría verte de nuevo. A mi y a tu padre… y a Sebastiancito también."
"¡¿Sebastiancito?! ¡Mamáaaaa!" Rezongó el adolescente algo avergonzado.
"Lo pensaré mamá. Deja que coordine bien mis tiempos." Isa miró a Kanon con ojos grandes y amorosos. "Kanon siempre puede llevarme. Quizás me dejo caer."
Ni bien terminó de decir eso, un escalofrío le recorrió el espinazo. Kanon la rodeó con un brazo: sabía que no había que presionar a su flaca en cosas así, pero tampoco podía no hacerle saber que la apoyaba. Ciertamente no se le ocurrió nada mejor que un abrazo.
"¿Podemos visitar?" Preguntó Alexandros. En ese momento el celular de Sebastián dio la alarma que el muchacho había configurado para que no perdieran el autobús.
"Supongo que sí… Ya los tuve durmiendo en casa una vez, pueden volver." Isabella aprovechó para despeinar a su hermano. "Sé que a ti te voy a estar viendo seguido, pero de todos modos no vuelvas a escaparte de casa así." La chica frunció el ceño. "Todavía me quedan amigos en la policía, conste."
Constanza volvió a abrazar a su hija, antes de colgarse un par de bolsos de mano. Alexandros hizo lo mismo, pero además puso la mano sobre la cabeza de su hija, en señal de bendición, cosa que tomó a Isa por sorpresa y tuvo que disciplinarse para reprimir un puchero. Sebastián le dio un abrazo fuerte después de eso.
"Ya verás que buen dragón marino resulto ser… ¡te voy a cuidar cuando mi maestro no pueda o no quiera!"
"¡OPA, MOCOSO!"
"¡Ya lárguense de una vez!"
"Estaré pidiendo a Poseidón para que vele por ti." Le dijo su madre. Isabella tuvo que hacer uso de toda su autodisciplina para no largarse a reír: conociendo a Julián, seguro iban a ser ellos los que lo iban a terminar cuidando que no se lastimara.
"Llegando haremos algunos sacrificios en su honor." Añadió Alexandros, cargando con las maletas. Se volvió a Kanon. "¿Te veo en dos semanas?"
"Sí. Aunque Sebastián ya se va con tareas." El menor de los gemelos lo miró intenso. "O te acostumbras al horario o te acostumbras. Sé que tienes que recuperar clases y dos exámenes en el colegio: Sube las notas, que me avergüenzas, aprendiz. Va en serio."
"Sí maeeestro…" Rezongó Sebastián rodando los ojos al cielo. Su madre le dio un zape. "Digo, ¡Sí Maestro!"
Kanon entrecerró los ojos, con algo de sórdida travesura. Le había pasado instrucciones a Sebastián con varias indicaciones de horarios y cosas que esperaba de él a partir de ahora… pero si su aprendiz creía que no lo iría a despertar cada mañana a las cinco, o que no se convertiría en su pesadilla, estaba muy equivocado.
Pobre Sebas que ni se imaginaba la que le esperaba. Porque no, ni sospechaba.
"Mejor." Gruñeron todos los adultos, menos Isa, que se masajeó las sienes.
"Será mejor que partamos." Les conminó Alexandros.
"Denle mis saludos a Berenice, supongo."
La familia volvió a darse un último abrazo y se separaron como si nunca más en la vida se fueran a volver a ver. Kanon e Isa esperaron a perderlos de vista (y quizás un rato más) hasta que la policía abrazó a su prometido con fuerza y se largó a llorar refugiada en ese pecho. Kanon la dejó llorar nada más, regocijándose en la cercanía y en la muestra de confianza que le daba su novia. Así pasaron unos quince minutos.
"¿Ya estás mejor, Izzy?"
"Ya sabes lo que dicen." Dijo Isa, mientras se refregaba la cara. "Más vale afuera que adentro." La mujer le miró con un puchero. "Creí que no los necesitaba, que no los volvería a ver y que yo no les importaba… y aquí va el destino y me prueba lo contrario."
"La señora Ananké es troll, nada que hacer."
"Pasa mucho tiempo hilando fibras, divaga mucho con eso." Dijo de pronto Julián. "Seguro tanta lana le afectó el cerebro."
"Deberíamos regalarle unos cuantos gatos, así se distraería un poco." Añadió Paulina. "Hola Kanon, Isa." Saludó Paulina. "¿Todo bien?"
Isa terminó por sacudirse la pena de encima y asintió sonriente. Kanon por su parte le hizo una seña a ambos dioses con las cejas a manera de saludo, notando que a una distancia prudente Eo y Kaysa les saludaban con simpatía.
"Bastante mejor, Pau. Tengo mucho que digerir: la vida me ha cambiado un montón estos meses." Reconoció Isabella.
"Te aseguro que son cambios para bien, Isabelita." Le dijo Julián muy amable. Miró con cariño a Paulina, antes de abrazarla y besarle la mejilla. "No es fácil reconciliarse con tu familia, pero vale la pena."
"El señor Solo sabe de eso." Comentó Paulina dejándose querer. "Hay que puro poner voluntad no más."
"Aaaaah, ustedes saben de eso." Comentó Kanon con travesura. "¿Cómo están los dos por cierto?"
Julián se sonrojó un momento y sonrió, al tiempo que Paulina se reía y acariciaba detrás de la nuca a su marido. El dios carraspeó y asintió de nuevo.
"Estuvimos conversando algunas cosas. Creo… que eso nos trajo paz."
"Comenzaba a hacerme ideas. Notaba a Julián algo extraño y me estaba asustando." Confesó Paulina muy seria antes de entrecerrar los ojos. "Me llevé un buen susto. Debieron decirme antes."
"Debimos hablar antes." Julián se rascó la nuca. "Decirle a Pau me hizo sentir mejor."
"Y a mi." La diosa resopló con ganas. "Ahora si nos dicen qué hacer con esa mujerzuela de cuarta estaríamos felices. Como que hacerle caso a Hera es algo extremo."
Solo para saciarles la curiosidad, Hera había sugerido que podía enviarle a la tal Susana el azote de la endometriosis, hemorragias abundantes y que no se le quitara.
Creativa la mujer para las venganzas, se reconoce.
"Eso tienen que resolverlo ustedes." Dijo Kanon, sin querer saber qué idea se le había ocurrido a Hera, solo por salud mental.
"Pero nada como tomar a tu chico por sorpresa y darle un beso bien puesto de esos que no dejan dudas allí donde todos vean." Añadió Isabella. "Eso siempre manda un mensaje fuerte." Todos se quedaron mirando a Isabella con algo de perplejidad. "¿Qué? Le funcionó a Afro."
"Luego me cuentan esa historia." Dijo Poseidón curioso. Anfitrite le dio un codazo.
"¡Pero si te contamos el otro día con Tethys!" Le recriminó Paulina con dureza, pero pronto resopló resignada. "Aunque estabas jugando al juego de los autos con Baian cuando lo hicimos…"
"¿Ah sí?"
Kanon echó un par de carcajadas y despeinó a Julián con la confianza que se tenían. Puede que el dios no haya apreciado mucho el gesto, pero prefirió dar un par de aletazos con los brazos en señal de protesta y reírse de buena gana.
"Entonces." Dijo de pronto Julián. "Si bien siempre cuido a Isabelita… ¿Alguien dijo algo de un sacrificio para mi?" Preguntó emocionado. "¡Con el hambre que tengo!"
"¿Para qué preguntas si ya sabes, Juliancito?"
"¿Nos das la dirección de tus papás en Litoxoro? Queremos ir." Afirmó Paulina con una sonrisa. "Voy a llevar ensaladas."
Kanon e Isa intercambiaron miradas entre traviesas y cómplices, pero ambos suspiraron al mismo tiempo. Mejor le avisaban a la familia Dellas que el sacrificio que planeaban para honrar a Poseidón iba a contar con visitas divinas.
"Te mando un mensaje con la dirección, Juliancito." Le dijo Isa con paciencia. "Solo no causes líos."
"¡Gracias!"
La inocente expresión que puso el dios finalmente les terminó por convencer. Sí, definitivamente era mejor si les avisaban desde ya.
Santuario de Athena. Coliseo.
Más tarde ese día. 9 de abril. 15:30 horas
Los dorados tenían un buen motivo para preferir aquél sector y no otro en las gradas del Coliseo cuando estaban allí. En un día como ese, cuando el sol comenzaba a pegar con fuerza, aquél sitio tenía una sombra de lo más cómoda gracias a un par de columnas ubicadas estratégicamente. Si bien no necesitaban poner nada extra que les ayudase a tapar el sol, desde que tenían niños con ellos habían comenzado a instalar toldos que reforzasen el efecto de aquellas columnas, que por cierto… era más que suficiente para ellos, santos dorados fuertes y resistentes, pero no para aprendices frágiles en entrenamiento. ¡Cómo se habían reído de Milo la primera vez que había puesto uno! Ya arrastraba fama el escorpión de ser muy aprensivo, pero ni bien lo vieron instalando el toldo la primera vez las carcajadas habían resonado en estéreo por toda la arena y más de uno había recibido una aguja de recuerdo.
¡Ouchie!
Largo tiempo soportó Milo las burlas por querer proteger a su hijo del sol (ni hablar de la cantidad de bloqueador que le ponía encima), pero luego apareció Thanos y Máscara comenzó a notar la utilidad del toldo, más cuando el pobre chiquillo sufrió una fuerte insolación. Luego Aioria comenzó a notar las ventajas y tanto él como Aioros y Shura pensaron que era buena idea lo de la sombrita extra para que Héctor la aprovechase. Aún seguían las burlas, pero estas eran cada vez referidas al hecho que Milo era un aprensivo paranoico sin remedio (aunque no peor que Alisa) y no al toldo en cuestión.
"¡On'Ta'Bebéeeeeee!"
Héctor se quedó mirando a su tío Aioros expectante, como si realmente no supiera que el tipo estaba detrás de la capa con la que se estaba tapando la cara. Estalló en risas cuando lo vio aparecer de súbito.
"¡AQUÍ'TÁ!"
El pequeño Simba vibró de risas como si no tuviera más preocupaciones en el mundo. Aioros jugaba fascinado con su sobrino, quien no parecía cansarse de ver desaparecer y reaparecer a su tío tras la capa. Máscara rezongó.
"¿En serio tienes que hablarle como si fueras retrasado?"
"¿De qué hablas Máscara?" Gruñó Aioros. "Héctor no es ningún retrasado."
"Te lo decía a ti. Le estás hablando como si tú fueras el tarado." Insistió Máscara enarcando una ceja. "¡On'TaBebé!" Añadió imitándolo, mientras buscaba a Thanos con la mirada, quien corría alrededor del Coliseo.
Y como viera a Héctor mirándolo fijo, Máscara no tuvo corazón para no ocultarse tras la capa, cosa que hizo a regañadientes. De un tirón Aioros lo destapó, causando las alegres carcajadas del bebé. A poca distancia de ellos, Saga se paseaba llevando a Kyrus de la mano, quien exploraba todo con la mayor de las curiosidades. El santo de Géminis ponía especial atención a su labor, tratando de relajarse un poco, pues se notaba tenso. Quería sacar toda la práctica que pudiera cuidando bebés antes de cuidar al suyo propio, además de honrar la confianza que el siempre aprensivo Milo ponía en sus manos. Tenía la impresión que estaba arruinándolo todo y que Kyrus lo detestaba, pero en lo que al escorpioncito respectaba… su tío Saga lo dejaba tomar más cosas del suelo que su papá y no lo hacía nada mal. Mu seguía al gemelo mientras cargaba a Lizzie en los brazos. La beba dormitaba sobre el pecho de su papá, abrazando a Tips y masticando cada tanto su chupete. Adoraba su chupete.
¿Dónde estaban los padres de las criaturas? Pues entrenando en la arena, dándose una paliza que resonaba por todo el recinto.
"Kyrus parece el bebé de pruebas de todos los que lo cuidan." Comentó Mu con bastante humor.
"Más o menos, hay que aprovechar que Milo está confiando más en nosotros." Saga atajó una caída del pequeño. "Cuidado, fíjate donde pones los pies…" El dorado se agachó unos instantes para revisar que el nene no se hubiera lastimado antes de volver a erguirse.
"Está dicho, Saga: Eres tan aprensivo como Milo."
"Le llega a pasar algo a Kyrus, me dejan como coladera. Kanon dice que duele mucho." Saga miró de reojo a Mu. "Tú no lo haces mal, carnero."
"Sin duda, pero tienes que relajarte un poco." Mu infló un poco las mejillas. "No soy aprensivo."
Saga lo miró con cara de circunstancias, pero no dijo nada. Solo sonrió de costado, lo que hizo que Mu se amurrara un poco más. No obstante lo dejó pasar, al tiempo que se acomodaba Lizzie en los brazos, quien acababa de suspirar y gimotear. El lemuriano le acomodó el vestido (de un color verde suave) y se aseguró de que su piernecita no doliera tanto.
"¿Cómo estás Mu? ¿Y el resto de tu familia? Vi a Kiki esta mañana: estaba molesto."
"Kiki tiene que botar mucha tensión, se molestó mucho con lo que le pasó a Mati y a Lizzie." El lemuriano suspiró. "¿Yo? Más tranquilo, aunque todavía no se me pasa el susto y sigo pensando en lo que pudo haber pasado. Matilda está con dolor de estómago y Lizzie…"
"La noto más callada. Como cuando llegó." Saga reaccionó a tiempo para evitar que Kyrus se tropezara y volvió a ponerlo sobre sus pies. El pequeño ni se mosqueó y siguió tironeando al dorado en direcciones aleatorias.
"Sí." Reconoció Mu. "Al menos no se ha embotellado el miedo, y le ha costado dormir en las noches." El lemuriano bajó los hombros. "A veces Mati la trae a la cama y la acuesta entre los dos para calmarla, y cuando se duerme, me la llevo a su cuarto."
Saga no supo qué responder, pero no por falta de empatía. Fijó su mirada en Lizzie: la nena lo miraba con los ojos a medio dormir, pero sin miedo. Un ojo verde y el otro lila llenos de vacía curiosidad. La peque se sentía cobijada y segura, pero aún no se le pasaba el susto. Recordó algo que había dicho Shaka el día anterior y que decía que la beba había tenido pesadillas. Entonces le sonrió quedita.
¡Maldita sea! Menos de un año y ya con traumas.
"¿Cómo estás tú?" Saga ladeó la cabeza. "¿Más acostumbrado a la idea de ser padre de familia?"
Mu le miró de reojo con una sonrisa torcida. Tuvo el gesto de arrullar más a su hija y mimarla con toda su inexperiencia, pensando incluso en Mati y Kiki. Puede que no fuera la más convencional de todas, pero era su familia.
"Al principio no quería, algo dentro de mi se resistía… pero si algo me demostró lo que pasó el otro día… es que ya no tengo vuelta: es mi familia, no puedo pensarla de otro modo." Se confesó con alegría, aunque pronto lo miró feo. "Y mucho cuidado con sermonearme, que tienes techo de vidrio."
"¡JAJAJAJAJA! Ya aprendí mi lección, pierde cuidado." Saga apartó un rizo del rostro de Lizzie. La niña le revoleó las pestañas y esbozó una sonrisa detrás del chupete. "No todo está perdido, esta peque tiene buenos papás… por cierto: ¿ganó peso?"
"Un kilo setecientos de los dos que debió subir. Pero para allá vamos."
Mu acomodó a la beba de nuevo, pero este movimiento hizo que la niña soltara a Tips. Al ver caer el muñeco al suelo, la nena abrió los ojos como platos y soltó el chupete para lucir un tembloroso puchero, al tiempo que pataleaba, vocalizaba y estiraba las manitas en dirección del caído. Los dos dorados iban a reaccionar para primero calmar la angustia de la niña y segundo para recuperar a Tips. Pero se les adelantaron.
Tips cayó a los pies de Kyrus.
El nene, al ver el muñequito en el suelo, ladeó la cabeza, pero no pensó mucho. Se agachó y tomó a Tips de un brazo y sin esperar a que le dijeran nada, miró hacia Lizzie y se lo estiró. La niña sofocó su llanto y absorbió aire por la nariz un par de veces, fijando la mirada en los ojos azules de Kyrus, quien seguía ofreciéndole el muñeco, mientras masticaba su propio chupete. Saga entonces lo tomó y alzó en brazos, para que estuviera a la altura de Lizzie y que esta pudiera alcanzar mejor su juguete. Dos celulares captaron el momento desde ángulos diferentes: Aioros ingeniándoselas para obtener la captura con su sobrino en brazos, y Máscara de cerca.
"¡Sin duda es hijo de Milo! Desde ya un picaflor." Comentó Máscara mientras enviaba la foto al whatsapp.
"Está bien educado, seguro es mérito de Alisa." Rió Saga dejando a Kyrus de regreso en el suelo. Mu se volvió hacia Lizzie, quien abrazaba a Tips, contenta por tenerlo de regreso.
"Se dice gracias, Lizzie, no te olvides nunca."
Lizzie miró a su papá con ojos grandes, pero por toda respuesta solo le dio una sonrisa antes de abrazar a Tips y acurrucarse en su pecho, escondiendo su carita.
"Creo que ya fue suficiente sol para ti, ovejita" Le dijo Mu mientras le ajustaba el vestido.
"Como si no la hubieras estado protegiendo del sol con tu cosmo." Dijo Máscara divertido. "Esta bambina está cada día más linda y coqueta." El santo de cáncer le guiñó un ojo a Kyrus. "¿Ya la apartaste para ti, bambino?"
Kyrus solo ladeó la cabeza sin entender mucho.
"Invade camas, atosiga siestas, devuelve muñecos… todo un galán." Aioros dijo con simpatía, refiriéndose al pequeño escorpión. Entonces meció a Héctor y lo miró con ternura. "Igual ella es muy mayor para ti, leoncito."
Héctor solo parpadeó inocente antes de echarse un buen bostezo. Se pasó ambas manos por la cara y buscó con la mirada a su papá o mamá… como que le estaba dando hambre. Ahora que lo pensaba bien, mejor se concentraba en encontrar a su mamá. Kyrus en cambio comenzó a tironear de nuevo a Saga en dirección de lo que fuera había llamado su atención.
"Colegas dorados… por cierto. No es por ensombrecer el ánimo, pero…" Comenzó Máscara. "¿Cuándo van a sacar de la cárcel a esos malditos que atacaron a Matilda y a Lizzie?"
"Cuando pase la novedad." Dijo Saga. "Pusimos un abogado para que los sacara de la cárcel por falta de pruebas. Cuando salgan libres… van directo al calabozo."
"Tengo paciencia." Dijo Mu. "Más de la que creen." Añadió peligroso, antes de fijarse en su hija, a quien miró con exceso de ternura. "Estás a salvo, mi muñequita."
Lizzie solo suspiró.
Casa de Aries.
Madrugada siguiente. 10 de abril. 3:30 horas.
¿Se han fijado que cuando las cosas tienen que ocurrir en la madrugada, generalmente es hacia las 3:30 horas? Esa no es una hora decente, uno está durmiendo de lo mejor y… algo te despierta. No tiene ni madre ni padre que te despierten a esas horas. Una emergencia se comprende, pero a veces no es tal la situación y aun así no es nada lindo que te despierten tan temprano.
Aunque ahorita parecía haber sido, en efecto, una emergencia. Mu despertó con la sensación de haber estado escuchando llorar a Lizzie, pero fue tan lejano y estaba tan cansado que no fue capaz de abrir los ojos. Sin embargo quedó como en un estado de seminconsciencia, solo despertando completamente al sentir el peso de Mati al regresar a la cama… y con añadidos.
"Agúuuuuuu. Gú."
"¡¿Trajiste a Lizzie?!"
"No se duerme la pobrecita, ¡no reclames!" Gruñó la chica mientras ella misma se acomodaba. "Ni bien lo logre, la vas a dejar y todos contentos."
"Mati: Tiene que aprender a dormirse sola… y a pasar la noche en su cuna." Se quejó el lemuriano.
"Mu. Es solo un ratito. ¿O estás celoso de tu hija?"
Mu hizo un puchero, pero cedió. No era secreto que no le gustaba cuando Mati llevaba a Lizzie a dormir con ellos, no porque no quisiera a la beba o porque fuese un insensible, solo no le gustaba, se sentía incómodo con la peque allí. Pero se tragaba su orgullo, ya que Matilda toleraba muchas de sus excentricidades culturales sin chistar.
"¿Celoso yo? ¿Por qué, si tengo a mis dos mujeres conmigo?" El lemuriano medio se incorporó y apoyó la cabeza en una mano, fijándose en Lizzie. "¿Qué pasó ahora, ovejita?"
Lizzie, como comprendiendo las palabras de su papá, hizo un enorme puchero pero, aunque derramó unos lagrimones no se largó a llorar. Lo que sí, entre balbuceos y vocalizaciones queditas pareció narrarle un elaborado cuento.
"Fue una pesadilla, supongo." Matilda suavizó su expresión. "Ayer tuve una." Mu le acarició el rostro.
"Yo sé… lamento mucho no haber estado contigo. Debí haber ido." Le dijo con los ojos llenos de emoción. Matilda negó con la cabeza.
"Me habría molestado mucho contigo, porque sé a qué te expones si dejas tu puesto. Más te habría dolido romper tu juramento."
"Pero no estuve contigo…"
Usando telequinesia, Mu le arregló algunos mechones del flequillo a Mati, ganándose una sonrisa y una caricia de su chica.
"Sí estuviste, de alguna manera te sentí conmigo." Le dijo con calma. "Además… mejor que no hubieras estado allí físicamente: Sé cómo dejaste al renegado ese cuando creíste que me había lastimado y sé como reaccionas. Si hubieras estado conmigo te habrías metido en un problema legal gravísimo. Aquí solo fue objeto de sumario, porque es el Santuario, pero en Atenas…"
"Por Athena, por ti, Lizzie e incluso Kiki feliz encaro eso." Afirmó Mu más decidido que nunca.
"Pero me habrías hecho llorar."
"Agú, guuuuu bl blu glu… ¡agú!"
Ambos se quedaron viendo a Lizzie, quien yacía sobre su espalda. La beba adoraba cuando Mati la llevaba a dormir al medio de su cama, era una sensación que la hacía sentir muy segura, sin mencionar que podía estar tanto con ella como con su papá. La niña dio algunas pataditas con ambas piernas e incluso intentó sujetarse el pie izquierdo, pero Mu eligió ese momento para hacerle algunas caricias.
"Está vocalizando más… Quizás quedito y solo cuando está con nosotros, pero volvió a vocalizar."
"Se tardó poco. Con el susto que las dos pasamos creí que se retraería mucho." Matilda hizo un puchero. "¡Mi pobrecita!"
"Esta tarde en el taller mantuvo una interesante conversación con mi papá y Kiki, conste." Afirmó Mu. "Aunque así de quedita."
Mati le sujetó una manita, ganándose la adorable mirada de Lizzie, quien sonrió segundos antes de bostezar de lo lindo.
"Tú deberías dormirte, ese fue el trato. ¡Ya, a dormir!" Le dijo Mati con tierna severidad, al tiempo que se acomodaba mejor y comenzaba a acariciarle la cabecita.
En protesta, de pronto Lizzie no quería dormirse, parpadeó seguido para no dejarse dormir. Le echó una mirada a Mu como pidiéndole ayuda, pero el lemuriano solo se acomodó en la cama, dejándole un espacio y procurando que estuviera cobijada, pero no aplastada. Mati comenzó a tararearle una canción.
"Duérmete hijita… las aprendizas duermen a estas horas." Le dijo Mu con suavidad.
"buuu, glu… MMMMh." Le llamó Lizzie, haciendo un esfuerzo por pronunciar el nombre de su papá. Luego miró a Mati. "¿Mami…?"
"Shhhh, a dormir."
Mu no dijo nada. Oyó perfectamente como Lizzie había llamado a Matilda y eso le dio un vuelco en el corazón. Se sintió sonreír como idiota eso sí, pero se mantuvo tranquilo, cada tanto apoyando a Mati para que la nena se durmiera. Media hora después, cuando su mujer estaba a punto de quedarse dormida, Mu se levantó sin ganas y con Lizzie en los brazos, quien dormía profundamente. La llevó a su cuarto, la acomodó en la cuna y le pasó a Tips antes de salir. Al regresar a la cama, Matilda yacía sobre su espalda con las manos entrelazadas sobre su estómago, mirando el techo. Mu miró la hora… aún le quedaba tiempo para dormir. Se metió en la cama y en seguida se acurrucó contra Matilda para abrazarla.
"¿Escuchaste como me llamó?"
"Sí…" Mu hizo un puchero. "Eso me llegó directo al corazón…"
"Eres muy bueno Mu… y no te hagas ideas." Añadió entrecerrando los ojos. "No va a pasar: ya tenemos a Lizzie, concentrémonos en ella."
"Soñar es gratis." Le dijo con travesura. Mati gruñó de lo lindo, pero se quedó pensando. Segundos después la chica giró sobre su costado, enfrentando a Mu, muy seria.
"¿Mu? Arriesgando a que te hagas ideas…" Comenzó diciendo con mucha seriedad. "¿Cómo crees que me hubiera visto con panza?"
"¡PRECIOSA!" Exclamó con una ilusionada sonrisa y los ojos iluminados.
"Sin hacerte ideas dije." La cara de Matilda era un poema a la desertificación. Entonces hizo un puchero. "Es que me estaba preguntando… sobre los papás de Lizzie. Quiero creer que la hicieron con cariño y…" Mati detuvo sus pensamientos y miró feo al lemuriano. "¡Saca la mano de donde la pusiste, Mu! ¡Esto es serio!"
"Jejejeje, perdón, no pude evitarlo." Travieso, Mu le hizo caso a Mati y de paso le acarició la mejilla. "¿Qué te agobia?"
"No es agobio, al menos no con respecto a Lizzie… es solo que me pregunto por sus papás. ¿Qué le vamos a decir cuando nos pregunte qué les pasó? ¡¿Te fijaste que me dijo mami?! No soy lemuriana, ¿Qué le voy a decir cuando me pregunte por qué no soy de su raza, o igual a ella o…?"
Mu la besó con ternura y aprovechó el impulso para atraerla hacia sí, abrazándola sin que le pusieran quejas. Mati simplemente se dejó mimar.
"Mati… Lizzie es nuestra. Tanto tuya como mía. Ya veremos lo que le diremos cuando nos pregunte esas cosas." Mu le puso la mano encima del corazón. "Lizzie está aquí, aunque no haya estado en tu panza."
"¿No me la vas a quitar, verdad?"
"¿QUÉ? NO. ¿Cómo se te ocurre que te la voy a quitar? ¿De donde sacas eso?"
"No soy lemuriana, Mu. Me siento insegura y me encariñé demasiado en poco tiempo. ¡Me dice mami! Ya no puedo dejarla sola." Confesó con los ojos brillantes. Mu volvió a besarla.
"Quizás por raza no eres, Mati, pero tienes mi corazón… eso te hace lemuriana. Kiki te considera su tía y Lizzie te dijo mami antes que me dijera papi a mí. Eso te hace su madre, y por extensión, lemuriana."
Matilda hizo un puchero y se dejó abrazar por el dorado, quien intentó transmitir toda la seguridad que podía. Se quedaron un rato mimándose de ese modo cuando Mu tomó más aire del normal, al tiempo que sentía algo extra en su corazón. Algo le dijo al oído… Mati abrió los ojos como platos y aguantó la respiración. Se aferró a Mu hasta con las uñas antes de hacerle su propia pregunta al oído, que el dorado le respondió hasta con cosquillas. Se quedaron tranquilos un buen rato, como acompasando sus corazones. Mati esta vez levantó la mirada y lo besó en los labios, sin dejar de mirarlo a los ojos…
… algún pensamiento intercambiaron, o al menos la chica hizo esfuerzo para transmitir algo, pues Mu a veces era telépata. Le costaba, cierto, pero a veces acertaba… y puede que haya adivinado lo que Matilda le dijo, pues se ilusionó como nunca y la abrazó con ganas de no dejarla ir nunca más, antes de sepultar su nariz en su cabello… gesto que imitó Mati.
Y ya no volvieron a soltarse.
Continuará.
Por
Misao–CG
No hay adelanto del próximo capítulo… es el último. XB
Nota Mental: Así casi sin darme cuenta estamos al final de esta historia. Y todavía queda una sorpresa por ahí, así que con calma. Todavía tengo que terminar de escribir el próximo fic, del que ya pueden leer un mini resumen en mi profile. Los últimos capítulos se han resistido mucho, además… que cierto personaje que no debería porqué comenzar a molestar ya comenzó a insistir en que quiere aparecer, aunque ya se le ha insinuado una vez en el fic del Sueño de Saga. Paciencia, paciencia… Sobre la próxima actualización, no prometo nada, pero debería ser el lunes próximo, pero en serio… tengo que volver con el dentista y eso me está revolviendo las tripas. Debería poder actualizar, es solo una radiografía, pero en serio… ruego comprensión. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Después de un susto como ese, necesitaban un reencuentro, Nice. Y sobre el tipejo ese que no vale la pena nombrar, Kanon espera la excusa perfecta, pero al mismo tiempo necesita sujeto de pruebas para que su aprendiz aprenda como acosar, golpear y atormentar como se debe, ¿No lo crees? Tiene que ser buen maestro a fin de cuentas. Ahora, y sobre Shura, ¿puedo acompañarlo? Me dieron ganas de ir a esa comilona. OmO Aunque desde ya advierto que Julián y Paulina también tienen ganas de dejarse caer a pechar comida. No es mala idea lo que me sugieres del dentista, debí imaginarlo como panda… o derechamente elegir uno infantil: tienen más paciencia. La próxima vez me voy a tragar los armoniles como si fueran caramelos antes de ir.¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Kanon tiene negros planes para ese sujeto, Yamid. Solo espera la oportunidad perfecta, pero en lo que espera para darle la excusa, tiene planeado enseñarle a su nuevo aprendiz como atormentar a un sujeto y hacerle la vida de a cuadros escoceses. Necesita un voluntario después de todo, ¿no? A propósito… Lümi pregunta si acaso dudabas de sus habilidades. ._. Sobre la sangre… habrá un buen regadero, pero dejo mucho a la imaginación. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.
Sacrificios en la antigua Grecia: El sacrificio constituye el corazón de la mayor parte de los rituales religiosos de la Antigua Grecia y, al igual que los otros ritos, adopta también formas diversas, hasta el punto de que, en Grecia, resulta más apropiado hablar de los sacrificios.
Sin embargo, durante la Grecia Clásica, se impuso sobre los demás un tipo especial de sacrificio en la práctica colectiva de la polis, para expresar al mismo tiempo los lazos de solidaridad entre los ciudadanos y la comunicación con el mundo divino, y que la armonía con este último permite y garantiza el funcionamiento de la comunidad humana, a la distancia debida de los animales y de los dioses.
Este sacrificio, que se podría definir como un sacrificio cruento de tipo alimentario, consiste en el degollamiento ritual de uno o varios animales, una parte de los cuales se ofrece a los dioses por medio de la cremación sobre el altar y el resto es consumido por los participantes en el sacrificio, según distintas modalidades. Iniciado con un gesto de consagración, se termina en la cocina. De hecho, sin las reglas de este sacrificio, el hombre no puede comer la carne de los animales sin correr el riesgo de caer a su vez en la animalidad.
O sea, básicamente son comilonas. Sagradas, pero comilonas al fin y al cabo.
El sacrificio puede ser ofrecido por un particular y dar lugar a una fiesta doméstica, por ejemplo con motivo de un matrimonio; puede tener lugar en un santuario, a petición de un particular o de una asociación, o incluso a petición de una ciudad.
El sacrificante puede ser el mismo cabeza de familia, en el primero de los casos, o un mágeiros: un profesional contratado para la ocasión, que actúa como sacrificante y cocinero a la vez. En los santuarios, en general, suelen ser los sacerdotes encargados del culto los que realizan los sacrificios en nombre de los sacrificantes.
Las víctimas naturalmente varían en importancia y en número de acuerdo con las posibilidades económicas del sacrificante y la importancia de la celebración. Pero también dependen de la naturaleza del culto, que a veces exige un tipo específico de animal.
Sin embargo, sólo los animales domésticos son sacrificables. Las víctimas oscilan desde una cabra, un cerdo o un cordero, incluso un gallo (la ofrenda más modesta), hasta un buey, el animal de sacrificio más prestigioso, o a muchos bueyes, durante las celebraciones cívicas, ocasión en la que un personal especializado asistía al sacerdote.
Nada como una buena comilona para mantener contento a un dios griego. Con razón Julián y Paulina no se los pierden.
