Abrí los ojos. Mis pupilas luchaban por acostumbrarse a la intensidad de luz que llegaba hasta ellas. Sentía como la cabeza me iba a explotar de dolor. Cuando fui a levantarme noté que algo me lo impedía. Resulta que tenía las manos atadas a un poste con unas cadenas, las cuales me impedían escapar. El corazón empezó a palpitar rápidamente. ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era una extraña mujer y después… después sólo había oscuridad.

Inspeccioné el lugar donde me encontraba con la mirada, para ver si podía localizar algún objeto que pudiera usar para liberarme. Estaba sentada en el suelo, mugriento y lleno de manchas resecas que posiblemente fueran restos de sangre, en una habitación cuadrada y claustrofóbica. A mi izquierda, varios rayos de sol penetraban con timidez una diminuta ventana. ¿Ya era de día? Parecía que había pasado toda la noche en esté cubículo inmundo y sombrío, pero no sabía el motivo de por qué estaba aquí, y no tenía intención de averiguarlo, así que tenía que buscar la manera de salir de allí cuanto antes.

.

De repente, oí un estruendo en la puerta; alguien se acercaba. Sin pensarlo dos veces, cerré los ojos para intentar parecer inconsciente. Alguien abrió la puerta con rapidez. Dio un par de pasos hasta colocarse a mi lado y me dio un pequeño empujón con la pierna para asegurarse de que no estaba despierta. Seguidamente, empezó a desatarme las manos. Cuando por fin las tuve liberadas del poste, pero todavía tenía las cadenas de hierro rodeando mis manos, abrí los ojos y arreé con los grilletes la cara de aquel hombre que, un minuto atrás, me había desatado.

Él cayó al suelo hacia el lado derecho; entonces aproveché para salir corriendo por la puerta, la cual había quedado entornada. Mientras corría desesperada por el laberinto de pasillos, me desenredé las cadenas de las manos, pero las conservé por si en un futuro próximo tenía que usarlas como arma improvisada.

Pero, de repente, llegué a una especie de almacén donde había grandes recopilaciones de… ¿eran latas de comida? ¡Qué barbaridad! Desde que ocurrió la catástrofe, no había visto tal cantidad de comida junta. Con todo lo que había allí, yo podría sobrevivir, junto con Bellamy y los demás, durante tres o cuatro meses.

Inesperadamente, un sonido retumbante me sacó de mi ensimismamiento haciendo que saltara del susto. Parecía un sonido de alarma; quizás habían dado la señal de mi escapada y ya estaban trabajando en mi busca.

Cuando iba a reanudar mi marcha, varios hombres entraron en aquella habitación. Algunos tenían pistolas, otros sólo sostenían porras (parece que el presupuesto no daba mucho de sí…)

Estaba completamente rodeada, era imposible salir de allí, así que tiré al suelo las cadenas y no me resistí cuando me agarraron de los brazos, aunque de regalo me propinaron un puñetazo en el vientre.

Me llevaron a otra estancia donde se encontraba un hombre de una estatura no muy alta, aunque con una imponente figura debida, en gran parte, a su desarrollada musculatura.

—Vaya, vaya. Nunca habíamos tenido una huésped tan problemática —dijo aquel hombre con un tono burlesco mientras sus lacayos me ataban las manos a la espalda y me obligaron a arrodillarme ante él.

—Será porque el servicio de limpieza es una mierda —le dije con tono acusador.

Su expresión facial cambió bruscamente. Ahora su mirada era fría.

—No quiero perder el tiempo. ¿Dónde están los demás?

— ¿Pero qué estás diciendo? —le pregunté sin entender nada.

— ¿Estás sorda o qué? Dime donde están tus compañeros, y cuántos sois. Y espero que no me mientas porque entonces desearás no haber sobrevivido a este Fin del mundo.

Su voz denotaba seriedad y noté que sus palabras no eran una simple amenaza, sino que era una afirmación, que me estaba informando de qué me pasaría si no acataba su mandato. La cabeza me daba vueltas, no comprendía por qué me encontraba allí, pero tenía claro que no iba a revelar la ubicación de mis amigos.

— ¿Qué compañeros? Yo estoy sola —le miré fijamente mientras se lo decía, para ver si se creía tal patraña.

Él me clavó los ojos como cuchillas.

— ¿De verdad? Traed al chico —ordenó a dos hombres que se encontraban allí.

Después de unos minutos, volvieron con un tercero. Le sostenían por ambos lados, agarrándole del brazo. Le tiraron al suelo de bruces. Observé que aquel chico estaba lleno de magulladuras. Cuando intentó levantarse, dirigió su mirada hacia mí y abrió los ojos como platos. Era Finn.

Recé para que Finn no reaccionara al verme, para que fingiera que no me conocía, pero, de pronto, gritó mi nombre y corrió hacia mí desesperadamente y… boom. El hombre que me estaba interrogando propinó un sonoro puñetazo sobre la cara de Finn. Observé como su cuerpo inerte chocaba contra el suelo.

Sentí como la rabia se apoderaba de mi ser, y me levanté para ir hacia donde yacía Finn, tumbado. Entonces aquel hombre musculoso se dio la vuelta y se dirigió hacia mí, con la intención de hacerme lo mismo que le hizo a mi amigo.

— ¡Me has mentido! —exclamó él, mostrando su enojo.

Levantó el brazo y lo lanzó hacia mi cara. Cerré los ojos, pero nunca llegó aquel golpe. Miré desconcertada. Era ella, la chica de la noche anterior. Estaba delante de mí y había parado el puño de ese hombre, sin ninguna dificultad, y lo miraba desafiante.

—Pike, ella es mía —dijo la chica mientras sostenía la mirada al hombre, el cual, con rabia y resignación, bajo el brazo al suelo.

Aquella chica se estaba refiriendo a mí. Entonces se dio la vuelta y me clavó la mirada. Por un momento me olvidé de todo lo que estaba pasando a mi alrededor y me sumergí profundamente en sus ojos, de color verde celeste, que me observaban con gran serenidad, pero que a mí me produjeron un nerviosismo inexplicable.


Siento la tardanza, no he tenido mucho tiempo para seguir con la historia, pero intentaré subir los capítulos lo más rápido que pueda. Gracias por los que seguís la trama, gracias ¡Me hace mucha ilusión! Un saludo!