Volvía a estar encerrada en otra habitación, pero esta vez era más acogedora que la anterior. No era muy grande, pero había una cama individual, y una mesa rectangular no muy ancha con ropa amontonada encima de ella, y al lado de la indumentaria se encontraba una serie de cuchillos dispuestos en paralelo, muy bien colocados. Si pudiera llegar a ellos, podría cortarme la cuerda con la que me habían atado las manos…

De repente, se abrió la puerta de la habitación violentamente y, justo después, entró la chica que me había salvado de ser noqueada por aquel hombre llamado Pike.

Antes de poder reaccionar, se dirigió hacia mí con una increíble impasividad en su rostro y me agarró de las solapas de la chaqueta obligándome a levantarme. Cuando ya me había puesto en pie, me empujó contra la pared y me sujetó el cuello con la mano izquierda, mientras que con la mano derecha, con una velocidad increíble, sacó un cuchillo de algún bolsillo de su ropa y colocó su hoja en mi garganta. Presionó con fuerza y noté cómo un hilillo de sangre se deslizaba por mi cuello. Su cara se encontraba a pocos centímetros de la mía. Sentía el ritmo de su respiración, pausada y gélida.

—Vas a contármelo todo —dijo penetrándome con la mirada.

Aquello hizo que me recorriera un escalofrío por toda la columna vertebral. Cogí aire y levanté el mentón mostrando más el cuello para desafiarla. Quería aparentar que sus amenazas no me atemorizaban, aunque luchaba por no caerme al suelo, ya que mis piernas empezaban a flaquear.

—Apártate de mí —dije lo más serio que pude, rezando para que ella no hubiera notado el miedo en mi voz.

Para mi asombro, se quedó unos segundos más inspeccionando mi mirada, y después se alejó de mí. Quizás ella no esperaba aquella respuesta. Guardó un metro de distancia entre nosotras dos; entonces aproveché para espirar profundamente. Sentí un gran alivio en el pecho.

Mi cerebro empezó a funcionar de nuevo. Analicé la situación en la que me encontraba. Aquellas personas no parecían ser unos atracadores, ya que podían habernos robado a Finn y a mí todo lo que teníamos cuando nos encontraron en la ciudad y dejarnos allí para, posteriormente, ser devorados por los caminantes. En cambio, nos habían secuestrado y llevado a su guarida. Tampoco nos habían matado… aún. Tal vez nos habían confundido con otras personas, aunque también cabía la posibilidad de que quisieran descubrir dónde nos alojábamos para asaltarnos y llevarse todos nuestros recursos.

Me di cuenta de que ella seguía delante de mí, esperando una respuesta, así que rompí el silencio:

— ¿Qué es lo que queréis de mí… —me acordé de Finn—… de nosotros?

—La verdad —contestó al momento.

Para nada me esperaba esa respuesta. ¿La verdad? ¿Qué verdad? No tenía nada que esconder, excepto la ubicación de mis amigos, cosa que no iba a revelar jamás.

— ¿Qué quieres saber? ¿Qué me dejasteis inconsciente en la ciudad? ¿Qué me trajisteis aquí y me encerrasteis en un cuchitril de mierda en contra de mi voluntad? ¿Qué me acabas de amenazar con clavarme un cuchillo en la garganta? —el corazón se me estaba acelerando de nuevo.

— ¿Qué hacíais en la ciudad tu amigo y tú? —me interrumpió, ignorando todo lo que le había dicho anteriormente.

—Sobrevivir —la espeté, sin saber qué debía contarla y qué no.

—Espero que seas más específica y no pretendas engañarme, porque entonces te devolveré a manos de Pike.

Me repudiaba el hecho de que me tratara como un simple objeto que pudieran pasarse de unos a otros, pero sin duda prefería estar con aquella chica, en vez de con el cabrón que golpeó a Finn.

—No diré nada hasta que vea a mi amigo. ¿Cómo está?

—Eso depende de ti —respondió—. Contesta a mis preguntas con sinceridad y quizás podáis salir con vida.

Un "quizás" no me valía como garantía de nuestra supervivencia, aunque, siendo realista, era lo único a lo que me podía aferrar en ese momento, así que lo tomaba o lo dejaba.

—Muy bien, pero antes quiero saber quién eres y por qué no dejaste que ese tal Pike me golpeara —dije, esperando que mis preguntas no fueran inoportunas.

—Mi nombre es Lexa, y puedo asegurarte que tu supervivencia en este Nuevo Mundo dejará de ser tu peor preocupación como no me digas lo que quiero saber.

Su tono severo, pero tranquilo me causó una mezcla de sentimientos. Su presencia imponía diez veces más que la de Pike, y eso que ni siquiera me había levantado la voz, además ella era bastante más joven que él; parecía ser un par de años mayor que yo. En realidad, creo que eran aquellos ojos suyos los que me hacían temblar.

—No me has contestado a la segunda pregunta —Me sobresalté al decir aquellas palabras, salieron de mí con total naturalidad; pero, al poco rato, me arrepentí de haberlas pronunciado.

Ella hizo un amago de sonreír, pero recobró la compostura y noté como se irguió a la vez que sacaba pecho.

—Gustus, mi acompañante, te encontró detrás de un coche. Fue el que te golpeó en la cabeza. Así que técnicamente me perteneces y me debo hacer cargo de ti.

—Ah, vale ¿qué ahora soy un objeto con el que puedes trapichear? ¿O una esclava?

Lexa notó mi enfado y prosiguió:

—No lo entiendes. Nuestras reglas son así —empezó a andar alrededor de la habitación— Si yo te encuentro, yo me ocupo de descubrir todo sobre ti. Pero mis métodos son muy diferentes a los de Pike, si es que todavía no te has dado cuenta, y si no compara cómo te encuentras tú con el estado físico de tu amigo ahora mismo.

Me agitaba cada vez que mencionaba a Finn, pero sin duda lo que intentaba era intimidarme.

—Ahora resulta que te tengo que dar las gracias ¿no? No sabía que en el "Nuevo Mundo" existía esa técnica tan desgastada del poli bueno y el poli malo.

De repente, su expresión del rostro cambió bruscamente y se tensó. Se acercó a mí y su mirada se volvió sombría y hermética.

—Esto no es un juego, Clarke, y aquí no hay personas buenas ni malas. Todos queremos sobrevivir, y muchos lo harán a cualquier coste. Y si tú eres un impedimento para mí, no dudaré en borrarte del mapa.

Me quedé sin aliento. Ella volvía a estar muy cerca de mí, atravesándome con aquellos ojos verdes. Sabía mi nombre, quizás lo oyó cuando Finn me llamó al verme de nuevo, delante de Pike. Aquella reacción me dejó sin palabras y noté que, de nuevo, me volvía a faltar el aire.

De pronto alguien llamó a la puerta y entró sin esperar a que Lexa le autorizara pasar a la habitación.

—Indra, ¿qué ocurre? —dijo Lexa a la mujer que acababa de asomarse por la puerta.

—Es el chico… ya se ha fugado —dijo la mujer, mientras me echaba una ojeada.

— ¿Finn? ¿Ha conseguido escapar? —pregunté, intentando esconder mi sorpresa mezclada con alegría.

Entonces observé en el rostro de Lexa una expresión que todavía no había visto en ella; parecía… ¿decepcionada? Al cabo de unos segundos me miró y me dijo:

—Ese era el plan.