Las horas siguientes se me hicieron eternas. Me encontraba en aquel habitáculo, sola. Resultó ser la habitación donde dormía Lexa. Me dejó encerrada allí porque, según ella, la última vez que dejó a uno de sus rehenes en los cuartos de aislamiento, apareció misteriosamente asesinado por asfixia. Parecía que en aquella comunidad tenían algún que otro problema interno…

La verdad es que le agradecí aquel gesto, aunque no me duró mucho aquel sentimiento de gratitud cuando me encadenó las manos a la espalda y sujetas a una pata de la cama. Y no, no podía mover la cama porque estaba fuertemente adherida al suelo.

Me dolía el trasero de estar sentada en el compacto suelo de piedra, y encima sentía que la vejiga me iba a explotar. No sé cuánto tiempo más podría aguantar así y, sinceramente, no me apetecía orinarme encima… Joder, Lexa, me podrías haber dejado un cubo a mano o algo.

Para matar el tiempo, volví a recordar lo que había ocurrido un par de horas atrás: Lexa me había dicho que yo era su garantía y que si salía algo mal de lo que habíamos planeado, entonces ya podría irme despidiendo de este mundo. Bueno, o así lo interpreté yo.

Que yo era su garantía… era lo más bonito (y a la vez un tanto estremecedor) que me habían dicho hace mucho tiempo. Clarke, céntrate ¿quieres? Al final, después de reflexionarlo mucho, desvelé el lugar donde se encontraban mis amigos, y también le dije cuántos éramos. Después de eso, Lexa llamó a Indra, la cual resultó estar al otro lado de la puerta, como si la hubiera estado custodiando todo ese tiempo en el que Lexa y yo habíamos estado conversando.

Hablaron entre ellas casi susurrando y sólo conseguí oír con claridad el nombre de Pike y Lincoln. Después Indra se retiró, supongo que para avisar a Lincoln de cuál era su nueva misión. Pero entonces pasó algo que me pilló con la guardia baja. Lexa empezó a desvestirse delante de mí. Me daba la espalda mientras deslizaba sus manos bajo su camiseta, y posteriormente tiró de ella hacia arriba.

Dejó al descubierto su torso desnudo, no llevaba sujetador. Recorrí con la mirada sus curvas femeninas mientras ella agarraba una banda elástica y se cubría los pechos (los cuales no tuve la ocasión de ver) con ella ágilmente, dándola un par de vueltas por detrás de la espalda. El cabello castaño le caía sobre uno de sus hombros formando juguetonas ondulaciones. Después se quitó los pantalones grises, mostrando unas braguitas oscuras que se amoldaban perfectamente a sus atléticos glúteos. Comencé a sentir una leve presión en mi entrepierna ¿Cómo no me había fijado antes en lo jodidamente atractiva que era aquella chica?

Con rapidez, se puso unos pantalones ajustados que marcaban a la perfección su esbelta figura, seguido de una camiseta negra. Se calzó unas botas altas y se colocó unas muñequeras. Cuando ya estaba completamente vestida, se dio la vuelta y descubrió cómo la estaba mirando descaradamente. Encima, sin darme cuenta, me estaba mordiendo el labio inferior mientras la observaba. Velozmente, aparté la mirada de ella y noté como me empezaba a enrojecer.

Ella ignoró mi gesto y se dirigió hacia la mesa, de la cual cogió un par de cuchillos de encima. También agarró un palo enfundado que tenía apoyado en la pared. Entonces recordé que esa fue la especie de vara con la que la vi la noche anterior usando contra los caminantes. Lexa se disponía a salir al exterior, justo en ese mismo momento.

Le… Lexa —la voz me temblaba un poco, todavía no me había recuperado de lo que acababa de ver —. Creía que sólo Lincoln iba a salir a por Finn.

Cambio de planes —me informó a la vez que me ataba a la pata de la cama —. No te preocupes —dijo infiltrándose con osadía en la profundidad de mis ojos, los cuales la miraban desconcertados. Después salió por la puerta dejándome sola en su habitación, sin darme la oportunidad de preguntarle nada más.

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Definitivamente la había cagado. Le había dicho todo a Lexa y seguro que iría a contárselo a Pike. Yo misma acababa de sentenciar a muerte a mis amigos, mi gente… mi familia. ¿O si no por qué tendría tanta prisa Lexa por abandonar el lugar? Hasta se había cogido aquel dichoso palo con el que zurraba a los caminantes. Eso significaba que iba a salir al exterior, a por mis amigos. Me dejé engañar, joder, no debería haber abierto la puta boca. Quizás lo de la huida de Finn había sido un bulo para que yo cantara, aunque me parecía bastante rebuscado, pero en este mundo me podía esperar cualquier cosa.

No te preocupes…

Sus palabras resonaban en mi cabeza. ¿Debería confiar en ella?

De repente, oí una serie de pasos por el pasillo. Había gente corriendo y dando voces, algo gordo estaba ocurriendo. Súbitamente, la puerta de la habitación de abrió y entró un hombre alto y corpulento. Se dirigió con prisa hacia mí, pero yo intenté gritar, estaba segura de que me iba a matar.

—Calma, chica, Lexa quiere verte —explicó aquel hombre a la vez que me desataba las manos de la pata de la cama.

Iba a preguntarle lo que estaba pasando, pero me quedé sin habla. No sabía si me estaba ayudado o no, pero me dejé llevar. El me sujetó de los hombros y me condujo fuera de la habitación. Corrimos por el pasillo entre la gente que se desplazaba de un lado a otro, parecían asustados. Vi a mujeres y un par de ancianos, incluso a algún niño. Cuando notaban mi presencia, se apartaban mirándome con cautela, como si fuera una extraña, un peligro. Bueno, de hecho sí que era una extraña para ellos, pero no sabía por qué me veían como una amenaza ya que yo estaba tan asustada como ellos.

El hombre seguía sujetándome por los hombros, hasta que me condujo a una sala bastante amplia, llena de ventanas rectangulares. Parecía que aquel lugar era la entrada del edificio, el recibidor. Entonces bajé la vista y allí los vi enfrente de mí, en la puerta principal. Estaban Octavia, Bellamy, Wells, Murphy y Finn, pero también se encontraban a su lado Lexa, Indra, un hombre y una mujer que no conocía. También había otro hombre, arrodillado, pero estaba atado por las manos.

Entonces Bellamy se dio cuenta de mi presencia, así que eché a correr hacia ellos, esquivando las manos de aquel hombre robusto que me había conducido hasta allí. Pero Lexa vio mis intenciones y gritó:

—¡Gustus, retenla! —ordenó a ese hombre que me había desatado. Pero él no me detuvo.

O sea que aquel gorila musculoso que me había liberado minutos atrás, era el que me dejó inconsciente con un golpe en la cabeza… ¡Menuda lógica! Pero en ese momento no quería entender nada de todo aquello, sólo quería reencontrarme con mis amigos y saber si estaban bien.

Llegué hasta Bellamy, y lo abracé hasta quedarme sin aliento. El me rodeó la cintura con sus brazos apretándome con fuerza contra él.

— ¡Ay! Cuidado princesa —gruñó él sonriendo, y me di cuenta de que le estaba presionando la herida que tenía en el vientre con mis caderas.

—Lo… lo siento, ¿cómo estáis todos? —balbuceé separándome de él e intentando impedir, sin éxito, que una lágrima de desahogo cayera por mi mejilla.

— ¡Oh, dios mío, Clarke! Estás bien, joder, menos mal —exclamó Octavia cogiéndome por las muñecas —. ¿Qué es este sitio? ¿Por qué estamos aquí?

Fui a contestarle, aunque no sabía cuáles eran las respuestas, pero Wells y Finn se abalanzaron hacia mí en ese mismo momento. Por el rabillo del ojo, observé cómo Murphy se mantenía alejado de mí, clavándome la mirada. Me estremecí ante su reacción.

Pero, de repente, apareció Pike acompañado de una decena de hombres y mujeres armados con pistolas y alguna que otra escopeta. Porras, también sostenían porras. Nos rodearon a todos, incluidos Lexa y sus compañeros.

—Dejad las armas en el suelo —ordenó Pike a Lexa y los demás —Seréis acusados de traición.

Observé como Indra sujetaba un pequeño revolver con su mano derecha, y lo escondía detrás de la espalda. Nadie se movió ante tal mandato y, en respuesta, Lexa alzó la voz, tan firme e imponente como nunca antes la había oído.

— ¿Traición? Fuiste tú el que violó nuestro acuerdo y enviaste a Roan para que ejecutara el plan y matara al chico —En ese momento, Lexa apuntó con el dedo índice al hombre que yacía en el suelo arrodillado y maniatado. Supongo que ese debía de ser Roan, el hombre que siguió a Finn hasta nuestro hogar y que después tenía la misión de asesinarle. Me dio una arcada cuando le miré a la cara.

Un murmullo empezó a brotar entre la gente que se había colocado para ver tal escena. Dichas personas no iban armadas, y entre ellos había algún niño y anciano, quizás con alguno de ellos me habría cruzado anteriormente por los pasillos cuando iba con Gustus.

Pike apretó los puños con fuerza. No debió de gustarle que aquella información se revelara delante de toda esa gente.

—No sabemos quiénes son estas personas, podrían venir de Arkadia… ¡Y tú te atreves a traerles a nuestra casa! —vociferó Pike, y continuó— Nos habéis puesto en peligro, a todos nosotros.

Las voces de los espectadores se hicieron cada vez más sonoras. La gente nos lanzaba miradas de desprecio… de miedo.

Indra dio un paso al frente, lo que provocó que bastante gente comenzara a callarse. Parecía que tenían un gran respeto hacia ella.

—No sabemos quiénes son estas personas, tú bien lo has dicho, Pike. Por eso no es justo prejuzgarlos sin tener ninguna prueba contra ellos —declaró Indra, acaparando la atención de todos los oyentes de la sala —Hagamos esto de manera civilizada. Es absurdo que peleemos entre nosotros. —Después de decir estas últimas palabras, arrojó el revolver al suelo.

Lexa imitó a Indra dejando caer la vara que tenía en la espalda. El hombre y la mujer que la acompañaban también se despojaron de sus cuchillos. Mis amigos estaban desarmados totalmente, así que sólo se dedicaron a mirar la escena con gran confusión. Lo mismo hice yo ¿Qué leches estaba pasando?

Pike se movía de un lado a otro nervioso. Se paró en seco y exclamó:

—Muy bien —masculló para sí mismo—. Nos reuniremos urgentemente para debatir sobre lo que debemos hacer con los forasteros — dijo alzando la voz mientras giraba levemente la cabeza y clavaba la mirada a Lexa—, y también sobre el destino de aquellos que les han ayudado a llegar hasta aquí.

Posteriormente, se levantó un nuevo revuelo entre la gente que estaba observando el panorama; en ese momento pensé que sólo les faltaban las palomitas y la Coca-Cola para disfrutar del acontecimiento que estaban presenciando.

—Excepto Indra —dijo Pike en alto, dirigiéndose hacia ella—. Tú te reunirás con nosotros para discutir, como siempre haces. Alguien tendrá que defender vuestra postura —dijo él sonriéndola amargamente, aunque Indra hizo caso omiso a su gesto. —Mientras tanto, los demás permanecerán en la sala de aislamiento, hasta que lleguemos a una resolución.

Mientras Indra se alejaba con Pike, varios hombres nos agarraron por los hombros. Vi cómo a Lexa y a sus compañeros les hacían lo mismo, pero ella no opuso resistencia alguna, así que yo también me dejé trasladar. Nos encerraron a todos juntos en una habitación bastante espaciosa, teniendo en cuenta que éramos unas diez personas, incluida yo. También habían metido a Roan con nosotros, y seguía atado… eso estaba bien.

Aquel lugar estaba provisto de una mesa grande, y alrededor de ella había cuatro sillas. En una esquina se encontraba un sofá bastante viejo, aunque todavía se distinguía el color azulado de la tela que le recubría.

Nada más entrar, cerraron la puerta de aquel lugar. Octavia y Finn sujetaban a Bellamy por los brazos, y le dejaron caer en el sofá.

— ¿Qué le pasa? —pregunté preocupada a Octavia.

—Es la herida, creo que de tanto andar y con la fricción de los pantalones, se le ha podido abrir más —explicó ella, mirando a su hermano con malestar.

La herida, es verdad, me había olvidado completamente de ella.

Me acerqué hasta Bellamy para echarle un vistazo. Seguía sentado en el sofá, así que me puse de rodillas y me coloqué entre sus piernas para poder echar así un mejor vistazo a la herida. Le levanté la camiseta y tiré de sus pantalones un poco hacia abajo, para dejar al descubierto la parte de arriba de la ingle, donde se encontraba la lesión. Bellamy gimió en bajo cuando le rocé si querer la herida.

De repente, sentí un malestar en mi nuca. Me giré un momento y allí la vi. Lexa me estaba escrutando de nuevo con la mirada, desde el otro lado de la sala. Sacudí la cabeza y me centré en Bellamy.

—Está enrojecida, debe de haber sido por la fricción de los pantalones, pero tiene buena pinta, aunque todavía está infectada —miré a Octavia— ¿Por casualidad no habréis traído las cosas que cogimos de la farmacia?

Octavia, en vez de contestarme, echó una mirada hacia donde se encontraba Lexa con sus dos compañeros, el hombre y la mujer misteriosos, que todavía no conocía.

De repente, el hombre que estaba con Lexa se acercó a nosotros. Metió su mano en el bolsillo y sacó un bote de antibióticos que me resultó familiar. Sin pensármelo mucho, tendí mi mano y cogí la medicación. Después, él se alejó. Miré a Lexa, la cual parecía bastante sorprendida por lo que había visto.

—Clarke, el que te acaba de dar los antibióticos es Lincoln. Cuando vinieron a por nosotros, le rogué que me dejara coger el bote, que era para mi hermano. Él me hizo caso y se lo guardó sin que nadie más se enterara —murmuró Octavia al ver mi ceño fruncido.

"Interesante. Gracias Lincoln, me caes bien" pensé.

—Gracias, princesa —me dijo Bellamy cuando le di su ración de pastillas, mientras me alborotaba cariñosamente el pelo.

Pero me sentía incómoda, y sabía por qué era. Lexa no me había apartado la mirada ni un solo segundo. Me armé de valor para afrontar una vez más los ojos de aquella chica, quería aguantarle la mirada. Entonces lo hice, volví la cabeza hacia ella y ahí estaba aquel verde celeste, quemándome las retinas. Aparté la mirada hacia su cuerpo, no podía soportar tanta intensidad. Pero de repente observé que Lexa tenía una herida a nivel de la muñeca, estaba sangrando y ella se sujetaba en brazo con fuerza. Me levanté de entre las piernas de Bellamy y me dirigí hacia ella para echar un vistazo a su corte.

No me lo creía. ¿De verdad estaba andando hacia ella? Me molestaba demasiado no saber por qué su presencia me incomodaba, por qué no dejaba de observarme de esa manera.

Ya estaba cerca de ella, sólo faltaba un metro para tocarla.