Estaba en frente de ella e iba a abrir la boca para decirle algo pero, de pronto, la mujer que se encontraba a su lado se interpuso entre nosotras dos.

— ¿A dónde crees que vas, princesa? —dijo con mofa al ver mis intenciones de acercarme a Lexa.

—Anya, no te preocupes —contestó Lexa afectuosamente dirigiéndose a aquella mujer —. Sólo quiero mantener una conversación en privado con su alteza.

Después de esas palabras, Anya sonrió y me envió una mirada de desdén, a la vez que Lexa estaba intentando aguantar la risa. Estaba fijándome en las comisuras de Lexa que luchaban por intentar enseñar su reservada sonrisa, pero notaba cada vez más como mi cabreo iba aumentando. Me molestaba increíblemente que aquellas dos se estuvieran riendo en mi cara tan descaradamente. Y todo porque Bellamy me había llamado en un par de ocasiones "princesa".

Anya se alejó de nosotras y se dirigió a la esquina donde se encontraba Lincoln, el cual estaba observando aquella escena y parecía estar divirtiéndose con ello. No quise girarme para mirar a mis amigos, pero sabía con certeza que estaban observándome. Seguramente todavía no comprendían qué narices hacían encerrados con la gente que les había obligado a venir aquí. Hasta a mí me costaba entenderlo.

Lexa notó mi enfado, y se me pasó por la cabeza darme la vuelta y dejarle con aquel corte en su muñeca y que siguiera sangrando, pero entonces, ella posó su mano sobre la mía. Se me erizó la piel en un segundo, me había pillado de improvisto.

—Clarke, no te lo tomes a mal. Llevamos tanta tensión acumulada que creo que necesitábamos un momento de desconexión.

Dejó de tocarme la mano y me miró esperando una respuesta por mi parte. Aquel acto me causó un incomprensible nerviosismo. Bajé la mirada, ya que sus ojos verdes me incomodaban y me armé de valor para contestarla.

—Ve a la mesa y siéntate en una silla. Quiero echarte un ojo a esa herida del brazo —dije seriamente (aunque procurando no mostrar lo nerviosa que estaba) ignorando su intento de disculparse por haberse burlado de mí.

Después de escuchar mis palabras, Lexa volvió a recuperar su apariencia severa y se encaminó hacia la mesa.

Ya tenía lo que quería, que era apartarme de los demás con Lexa para poder hablar con más intimidad, así podría explicarme mejor todo lo que había ocurrido.

Yo la seguí detrás, observando la increíble ligereza que tenía al andar. Se sentó en una silla y yo me coloqué en otra en frente de ella. Le tomé su brazo derecho y lo situé encima de la mesa, con la palma de la mano hacia arriba. Después le quité con el máximo cuidado la muñequera manchada de sangre. Mientras recorría mis dedos por su antebrazo, noté como ella empezó a tensarse.

Le examiné el corte que tenía cerca de la muñeca y que le subía verticalmente hacia el codo, no parecía muy profundo, quizás le tendría que dar un par de puntos. Mientras lo hacía, podía percibir como Lexa me estaba contemplando, y eso me alteraba.

— ¿Cómo te lo has hecho? —pregunté intentando sonsacar alguna información de lo sucedido cuando yo me encontraba atada a la pata de la cama.

—Fue Roan, mientras le estábamos intentando parar cuando iba a matar a Finn.

— ¿Por qué no fue sólo Lincoln cómo me dijiste? ¿Por qué fuisteis tres personas más? —le repliqué al instante. Lexa me miró con desconcierto ante la rapidez con la que le había preguntado.

—Cuando nos enteramos de que Pike había mandado a Roan para ejecutar el plan, tuvimos que hacerlo. Sabíamos que Roan acabaría sin ninguna dificultad con todos los que estaban en la casa en cuestión de minutos. Es muy peligroso —miró el corte que tenía en el brazo—, y bueno, esto es lo mínimo que podría habernos hecho.

Sonrió al decir esas últimas palabras. ¿Había sonreído de verdad? Podría acostumbrarme a que lo hiciera más a menudo.

Pero había algo que no lograba entender, algo que no me encajaba en toda la historia que me estaba contando.

— ¿Por qué habéis traído a mi gente aquí? Creía que habíamos quedado en que los dejarías marchar, y ahora estamos todos retenidos.

—No habíamos quedado en nada de eso —hizo una pausa al darse cuenta de que lo había dicho de manera cortante—. Tenemos normas, Clarke, y cuando Pike averiguara que habíamos golpeado y atado a uno de los nuestros (Roan) y que os habíamos dejado escapar…

—Os acusarían de traición —añadí, y ella asintió, aunque yo continué—. Bueno, pero ahora también os han acusado de lo mismo.

—Ya, pero la diferencia es que estáis con nosotros y tenéis una oportunidad para defenderos. Si os hubiéramos dejado huir, Pike habría ido detrás de vosotros y no pararía hasta acabar con vosotros. Según su lógica, no huyes si no tienes nada de lo que esconderte.

—Bueno, que te peguen en la cabeza para dejarte inconsciente y que luego te secuestren, creo que es motivo suficiente para querer huir —dije irónicamente, a lo que Lexa volvió a sonreír.

Le he hecho sonreír. Parecía una persona completamente diferente cuando lo hacía… parecía una chica joven, normal y corriente, que solo quiere vivir la vida y pasárselo bien.

—Y si les hubiéramos dejado escapar —bajó la mirada hacia el suelo y continuó— no podría haber asegurado tu protección.

Sentí un golpe en el pecho al escuchar aquello. No sabía si se preocupaba por mí de verdad, pero tenía que reconocer que no me había tratado tan mal después de todo, aunque obviando el hecho de que, horas atrás, me había amenazado con un cuchillo en el cuello.

No supe que contestarle, así que cambié bruscamente de tema y me centré en su herida.

—Tendré que darte un par de puntos, pero no tienes nada grave —dije casi susurrando. Se me notaba en la voz lo nerviosa que me ponía al estar con Lexa, y odiaba tener esa sensación delante de ella, odiaba que percibiera la inquietud que despertaba en mí.

— ¿Sabes dar pun…

De repente, se abrieron las puertas de la sala. Posteriormente entraron una serie de personas armadas. Entre ellos reconocí a Gustus. Mientras se adentraban en la sala, Octavia y Wells cogían a Bellamy para levantarlo del sofá y alejarse de los recién llegados.

—Por orden de Pike, podéis volver a vuestras habitaciones —gritó uno de ellos—. Los forasteros os quedaréis a pasar la noche aquí hasta que se os dé una nueva orden.

Gustus se acercó a Lexa con indiferencia y le habló sin mirarla y murmurando para que nadie se diera cuenta de que le estaba dirigiendo la palabra:

—Indra ha conseguido convencer a Pike de que retire la imputación de traición.

Lexa permaneció impasible ante tal información y Gustus se dirigió hacia la puerta. Se levantó de la silla con sutileza y me buscó con los ojos.

—Hasta dentro de poco, princesa —dijo, pero sin ninguna intención de burla, sino con total amabilidad.

.

Nos habíamos quedado Octavia, Wells, Murphy, Bellamy, Finn y yo encerrados, otra vez, en aquella sala gigantesca. Se habían llevado también a Roan, cosa que agradecí inmensamente.

El silencio invadía toda la atmósfera, hasta que fue Murphy el que rompió tal tranquilidad.

—Entonces ¿cómo fue, Clarke? ¿Te torturaron para que nos delataras? Ah, espera, que yo te veo estupendamente. Es más, parece que te llevas tan bien con nuestros secuestradores que hasta quieres jugar a ser enfermera con ellos.

Murphy me clavaba la mirada con odio mientras pronunciaba esas palabras, pero no podía recriminárselo, en parte entendía su enfado.

—Eh, déjala en paz, tío —exclamó Finn interponiéndose entre nosotros dos—. Si no llega a ser por ellos, yo estaría muerto y posiblemente todos vosotros también.

— ¿De verdad lo estás diciendo en serio, Finn? —dijo Murphy riéndose sarcásticamente—. ¿Has borrado de tu mente la parte en la que nos obligaban a punta de pistola a seguirlos a donde ellos querían que fuésemos?

—Tú no eres el más indicado para dar lecciones de ética después de lo que hiciste hace cuatro noches —dijo Finn intencionadamente.

Octavia, Wells, Bellamy y yo nos quedamos con la boca abierta. No creíamos que Finn le hubiera echado en cara eso a Murphy, ya que quedamos en no volver a hablar de ello nunca más. Pero ya era tarde, Finn había lanzado la bomba y sólo era cuestión de tiempo de que explotara.

Observé como Murphy estaba perdiendo los nervios. Apretó la mandíbula con fuerza. Sabía cuál era el siguiente paso, pero Wells se adelantó y sujetó a Murphy.

—Calma. Venga tíos, no nos peleemos entre nosotros —expresó Wells agarrando fuertemente a Murphy de los brazos, ya que éste seguía rígido, con los puños apretados y mandando a fin una mirada desafiante.

Wells se llevó a Murphy hacia la mesa, para separarlo de Finn e intentar que se calmara. Finn, en cambio, se quedó con nosotros en el sofá, pero no quise decirle nada después de lo ocurrido.

Estuvimos un periodo de tiempo en silencio. Bellamy estaba pensativo, pero Octavia tenía el ceño fruncido mientras me miraba, parecía que quería decirme algo.

—Va, suéltalo —le dije para incitarla para que hablase. Octavia siempre me decía lo que pensaba, era lo que más me gustaba de ella.

—Clarke, sé que nunca nos traicionarías, pero Murphy tiene parte de razón, y eso que me cuesta reconocérselo. Quiero que nos expliques lo que ha pasado, Lincoln no parecía mala persona, ayudó a Bellamy, pero es que esto es como un secuestro y yo…

Boom. Volvió a abrirse la puerta de la sala. Esta vez sólo se asomó una persona, era Gustus.

—Clarke, requieren tu presencia —dijo Gustus apartándose hacia un lado de la puerta para dejarme pasar por ella.

Todos me observaban confundidos, excepto Murphy que lo hacía con hostilidad.

Yo también estaba estupefacta ¿Qué querían de mí ahora? ¿Quién requería mi presencia?

Gustus me cogió del brazo y me condujo por los pasillos. Esos tramos me los conocía, ya había pasado por ellos. Al final nos paramos ante una puerta que me resultaba familiar. Gustus llamó a la puerta, la cual se abrió unos segundos después. Al otro lado se encontraba Lexa, recibiéndome con una camiseta blanca ajustada con escote. Llevaba también unos pantalones largos y anchos. Se supone que Lexa me tendría que imponer mucho más con el uniforme negro que se ponía para salir al exterior y con la serie de armas que tenía como accesorios, pero era de esta manera como iba vestida lo que me hacía ponerme mucho más nerviosa.

—Gracias Gustus, nos vemos mañana —dijo ella al hombre barbudo.

Después, Gustus el orangután desapareció por los pasillos.

Lexa vio mi cara de desconcierto, así que se dispuso a hablar.

—Pasa Clarke, creo que ya conoces mi habitación —se puso de lado para dejarme entrar. No me había dejado mucho sitio, así que al pasar, rocé sin querer mi brazo con sus pechos.

—Lexa, ¿necesitas algo de mí? —dije insegura, era una situación un tanto incómoda para mí.

Ella cerró la puerta detrás de mí y se situó justo en frente de mí. Nuestros ojos se encontraron. Tragué saliva. Después acercó una mano a mi cuello y con el dedo pulgar acarició el arañazo superficial que me había hecho ella con el cuchillo cuando me había amenazado hace un par de horas en ese mismo lugar.

Sus dedos estaban fríos, pero sus caricias me quemaban la garganta. Las piernas me temblaban, y simplemente me había quedado sin habla.

—Te voy a dar la oportunidad perfecta para que te puedas vengar de mí —dijo medio sonriendo y giró la cabeza para mirar hacia la mesa donde se encontraba un botiquín de primeros auxilios.