Miré el botiquín de primeros auxilios que estaba encima de la mesa, entonces supe a lo que se estaba refiriendo.
—Lexa, yo…
—Dijiste que sabías poner puntos —me cortó ella rápidamente.
—Sí, bueno, suturé a algún que otro paciente en prácticas…
— ¿Estudiabas medicina? —volvió a interrumpirme.
—No, no, enfermería —Cuando acabé de hablar, me miró de arriba abajo como si no se estuviera creyendo lo que oía.
—Me vale —dijo y seguidamente se sentó en la cama.
En ese momento no sabía si sentirme halagada porque me había dado el visto bueno o tomarme ese "me vale" como si dijera que no le quedaba otra que confiar en mis dudosas habilidades.
Me senté a su lado en la cama, no sin antes acercar la mesa para poder tener a mano todos los instrumentos que necesitaría para realizar la faena.
— ¿Cómo es que me pides a mí que te cosa la herida? ¿No tenéis a ningún médico aquí que pueda hacerlo? —pregunté mientras le quitaba la venda del brazo que llevaba puesta.
—Algo así. Es un veterinario, pero no quiero deberle nada a nadie y mucho menos a ese desagradecido —miró mi cara de confusión mientras le limpiaba el corte, y prosiguió—. Así funcionamos aquí, él me cura la herida y yo le debo un favor.
Agarré la aguja y el hilo y lo preparé todo para empezar a suturar.
—El trueque… —mascullé mientras le clavaba la aguja con suavidad. La miré para ver su reacción, pero ella permanecía impasible, como si no hubiera sentido absolutamente nada.
—Exacto. Todos aquí tenemos un trabajo, y es así como nos ganamos la comida. Pero el señor veterinario ya tiene una ocupación para ganarse el pan, y hace sus servicios de sanidad a parte para obtener unos beneficios extras —dijo Lexa con una mezcla de desprecio y asco.
Empezaba a entenderlo. Sentía la rabia de Lexa ya que aquel hombre estaba lucrándose de las personas que más lo necesitaban en este nuevo panorama donde la salud era tan importante. Y no, no quería imaginarme los favores que le pediría a una chica tan joven y atractiva como Lexa. Me percaté de cómo ella le daba mucha importancia a su… ¿honor? No sé si esa era la palabra correcta, pero lo que era innegable es que Lexa se hacía respetar entre esas paredes pese a su corta edad. No había más que ver cómo Gustus, un hombre fornido y temible, hacía lo que le pedía aquella chica mucho más joven que él sin vacilar; o cómo se enfrentó a Pike en dos ocasiones desacreditándole como líder. Aunque todavía no tenía muy claro si Pike era el verdadero líder después de todo.
Tenía apoyado su brazo en mi pierna y me sorprendió que aquello no me pusiera nerviosa, estaba tan concentrada en hacer mi trabajo bien e intentando hacerle el menor daño posible que no me había parado a pensar en que Lexa estaba tocando mi muslo. Desvié la mirada a su sugerente escote. Vale, retiro lo de que no me había puesto nerviosa...
—Bueno, entonces, según vuestras reglas, cuando termine de darte los puntos me deberás un favor ¿no? —dije levantando una ceja mientras me encontraba con sus ojos verdes que me miraban con curiosidad.
La idea de que Lexa me debiera algo se me hacía muy provocadora, pero entonces me acordé del veterinario y me dio un poco de grima pensar así, aunque yo nunca le pediría nada que ella no quisiera hacer. Nunca.
—Borra esa sonrisa de la cara, Clarke. Con ésto has pagado la deuda que me debías a mí —respondió desenfadada, parecía que le divertía la situación. Yo la miraba sin entender a qué se refería—. ¿O no te acuerdas de que os he salvado la vida a ti y a tus amigos?
De repente, vino a mi memoria de golpe todo lo que me había replicado Murphy hace alrededor de una o dos horas.
—Lexa, hay algo que no entiendo todavía —traspasé la piel de nuevo con la aguja— ¿Por qué nos secuestrasteis a Finn y a mí?
—Porque creíamos que veníais de Arkadia—dijo fríamente. Su cambio brusco de humor me provocó un nudo en la garganta.
Arkadia, habían pronunciado esa palabra un par de veces, pero nunca me había parado a pensar en ello.
—Nosotros no somos de allí…
—Indra y yo sabemos que no sois de allí —me interrumpió—, pero Pike no confía tan fácilmente, por eso muchas veces prefiere matar a gente inocente que arriesgarse a equivocarse. Como él dice, mejor prevenir que curar.
—Pero… ¿Qué es Arkadia? —dije a la vez que Lexa me miraba dubitativa.
—Cuanto menos sepas, mejor. Así tenéis más posibilidades de que Pike realmente crea que no venís de allí. Ya te lo explicaré en su momento.
Tanto misterio me estaba matando, pero no quería presionarla para que me lo contara. Si ella estaba diciendo la verdad, había arriesgado muchísimo por ayudarnos. Terminé de suturar, ella me dio las gracias y llamó a Gustus para que me condujera hasta la sala donde estaba mi gente.
Al día siguiente nos abrieron las puertas y entraron varios hombres junto con Pike. Reconocí a Lincoln, Lexa, Anya e Indra.
—Hoy empezaréis el trabajo. Si queréis comer, tendréis que sudar para conseguirlo, así son nuestras reglas —explicó Pike andando de un lado a otro—. Os damos esta oportunidad para que os podáis integrar en nuestra comunidad, así que espero que la aprovechéis.
Parecía que Indra había conseguido calmar los humos de Pike después de todo, no era una mala noticia, aunque notaba las caras largas de mis amigos, sobre todo el mosqueo de Murphy.
—Para ello seréis supervisados por las personas que os trajeron aquí —dijo Pike refiriéndose a Indra y compañía.
En aquel momento recordé una de las normas que me dijo Lexa: "Si yo te encuentro, yo me hago cargo de ti." Bien jugado.
—Por último deciros que tengáis extrema precaución, estos días una nueva horda de caníbales se ha presentado y todavía tenemos que reforzar el cercado —informó Pike, y dejó de hablar por fin.
Lincoln dio un paso al frente y le dio una señal a Octavia para que le siguiera. Ella nos dedicó una mirada llena de preocupación.
Bellamy le tocó irse con Indra, y Murphy siguió a Anya.
Y, cómo no, a mí me tocaba irme con Lexa… y también a Wells.
Pero Finn se quedó en la habitación, mientras los demás salíamos. Mierda, Finn había sido encontrado por Pike, así que era de su "propiedad".
Lexa nos llevó a Wells y a mí a la azotea. Había tres hombres armados montando guardia. También tenían varias placas solares desperdigadas por aquel sitio. Eso explicaba la luminosidad del edificio. Si tenían electricidad, podría ser un buen sitio en el que vivir.
Lexa nos hizo cargar unos sacos de cemento que había amontonados, entre otras cosas, y llevarlo con las carretillas a la planta baja, fuera del edificio. Ella permanecía impasible, no parecía la misma chica con la que hablé la noche anterior.
Estuve mirando los alrededores del edificio donde nos encontrábamos, y me di cuenta de que estábamos en las afueras de Macon. Y que donde estábamos viviendo podría ser una fábrica (o lo fue en su anterior vida).
Habían construido una valla con tablones de madera sujetos por unos pivotes oblicuos, un tanto inestable, alrededor de una zona donde había ventanas en las paredes del edificio. Supongo que servía para que los caminantes no pudieran romper aquellos cristales y entraran así en la construcción.
Podía oír a esas aberraciones detrás de la valla, arañándola.
De repente, todo pasó muy deprisa. Wells se resbaló y volcó la carretilla con los sacos de cemento. Éstos golpearon uno de los pivotes que estaba mal fijado al suelo, haciendo que el tablón de madera se desplazase. Los caminantes oyeron aquel ruido y empezaron a reunirse en ese punto, empujando fuertemente hasta derribar definitivamente el tablón y comenzaron a entrar.
Uno de los hombres de Pike se encontraba abajo con nosotros, sacó la pistola pero no le dio tiempo a disparar ya que dos caminantes se echaron encima de él. Se le cayó el arma al suelo, así que rápidamente la cogí mientras observaba como agonizaba entre mordiscos y borbotones de sangre.
Su grito de dolor me retumbó en la cabeza. Era el aullido de la muerte. Los hombres de la azotea estaban disparando, pero lo que conseguían era atraer con el sonido de los disparos a más y más caminantes que entraban por el hueco de la valla.
Estábamos atrapados entre la valla y la pared de cristales. La puerta para entrar al edificio estaba bloqueada por los caminantes.
Entonces Lexa reaccionó y se encaramó a uno de los tablones de madera, pero era el que estaba más alejado del hueco por donde seguían colándose los caminantes.
—¡Vamos! ¡Saltad! —dijo y desapareció por el otro lado de la valla.
Ya lo entendía, el hombre que estaba siendo devorado por los caníbales nos había servido como distracción ya que con sus gritos llamaba la atención de los caminantes, así que nosotros aprovecharíamos para escapar.
Salté la maldita valla y Wells me imitó.
Al otro lado estaba Lexa, acuchillando a los caníbales que se iban acercando. Había muchísimos ya que estaban siendo atraídos por los continuos disparos. Se iban a abalanzar hacia nosotros, teníamos que huir.
Corrimos entre las calles de la ciudad, pero no había ni un solo lugar que no estuviera infestado de esos bichos. Íbamos sin rumbo, esquivando cada cuerpo putrefacto que nos perseguía.
De repente, Wells se tropezó y cayó al suelo. Empezó arrastrarse por el suelo pero un caminante le agarró el pie y le mordió en el tobillo.
Se le desencajó la mandíbula mientras gritaba de terror.
Se aproximaban más caníbales por detrás de nosotros y se dirigían famélicos hacia mi amigo. Fui a por él, pero Lexa me detuvo.
—Clarke, no puedes hacer nada por él —tiró de mí para seguir adelante.
Wells luchaba por quitarse de encima al segundo caminante que le intentaba hincar los dientes en la cara.
—¡Corre, Clarke! ¡Corre! —chilló.
Y le obedecí.
Nos perdimos entre las callejuelas, hasta que nos vimos rodeadas por completo. No podíamos avanzar. Eran tantos que luchar contra ellos sería morir absurdamente.
Repentinamente, Lexa corrió hacia nuestra izquierda, donde se situaba un pequeño cobertizo de metal que tenía la puerta entornada. No me había percatado de la existencia de su arma hasta que la desenfundó. Con la vara, se abrió camino entre los muertos vivientes hasta llegar al cobertizo.
Entramos en él y ella encasquilló la puerta con la vara.
Unos rayos de luz entraban por los resquicios de la puerta.
Perfecto, ahora sí que estábamos bien jodidas.
Subiré el Capítulo 8 en breves. Ya os explicaré el porqué en el siguiente capítulo. ¡Un saludo!
